— COMO ENTRENAR A TU VIKINGO —

9


¿Alguna vez os ha pasado? ¿Cuándo te ocurre algo extraordinario y de repente, como si no lo merecieras, la vida te da un sopapo y te vuelve lo que te hacía feliz en tu contra?

Ah, los Alphas deben de odiarme, ¿quién les culpa? Ya podía volar de nuevo, pero anoche, después de aterrizar, descubrí que sin Hiccup no podía hacerlo. Perfecto, eso me trajo de vuelta a mi nueva realidad, no estaba curado. Nunca lo estaría. Soy un invalido dependiente de mi mascota.

No os confundáis, no era eso lo que me traía con el animo por los suelos, a eso ya me había hecho a la idea. No. Fue la forma en la Hiccup apareció aquella mañana en Raven Point con más de esos inventos suyos, era la calma negra que avecinaba el tifón. Pretendía ocultarlo de mi, pero yo era capaz de oler su depresión a kilómetros de distancia.

— ¡Hey, Toothless! ¿Listo para desayunar?

Al igual que la primera vez y el resto después de esa, me sirvió un buen surtido de salmón. Pero no le hice ni un gesto a la comida. Ahora que Hiccup me mantenía bien alimentado, ya no tenía esa necesidad acuciante de los primeros días. Ahora solo quería saber...

— ¿Qué te ha ocurrido? —gruñí.

Él se tensó.

— Oye, ¿solo vas a quedarte ahí, mirándome con ojos acusadores? —me preguntó nervioso y obviamente exagerando. No le estaba acusando de absolutamente nada. También note un poco de irritabilidad en su mirada, lo que significa...

— ¿Cuánto has dormido esta noche? —pregunté mientras me acercaba más a él, queriendo observarle mejor por si notaba alguna otra anomalía.

Lo que vi anoche, el vikingo que vi anoche me dejó sumamente preocupado. Ya desde la primera vez que vi a Hiccup me dio la impresión de que había algo en él que no estaba bien (aparte del obvio dato de que era humano, pero eso no tenía solución). Era demasiado pequeño para ser un macho a punto de alcanzar la edad adulta, tal y como su aroma me decía que era. Demasiado delgado y débil también. Toda la fortaleza que pudiera guardar en su corazón (y creedme, Hiccup guardaba mucha ahí) no le salvaría, si mis temores con respecto a él eran fundados. De repente recordé a los pobres dragoncitos que salían del huevo mal formados por alguna causa u otra. Por muy buena que fuera la forma en que nuestros adultos los cuidaban, los pobrecitos acababan muriendo a los pocos días. Y sí... ¿podría ser Hiccup un humano deforme? ¿Era por eso que el resto de los suyos lo despreciaban? Me di cuenta de que sí, así era.

Malditos despreciables.

— P-pues muy mal, porque el desayuno es la comida más importante del día y... —él seguía tratando de cambiarme de tema, pero ese tipo de tretas no funcionaban conmigo.

— Hiccup —gruñí ligeramente, un poco enfadado.

Me daba igual si me veía como una madre gruñona en ese momento, él tenía que entender que con la salud no se jugaba, lo decía yo que había estado al borde de la muerte. Ya era lo suficiente mala su situación, para que aun por encima no durmiese todo lo que debía.

Él no me contestó.

— ¿Siquiera has comido?

Él me siguió mirando con la boca cerrada, pero noté un sonrojo de vergüenza en su rostro. Suficiente respuesta para mi.

Me senté en el pasto, dejando un notable espacio entre él y yo. Hiccup suspiró aliviado. No había forma. Definitivamente, yo no podía ser el único que se preocupaba por él, ¿verdad, verdad?

— Que voy a hacer contigo... —suspire, negando algo divertido con la cabeza.

Esa fue la primera vez en mi vida que me preocupaba por otro que no era yo, pero ya que íbamos a ser dos, suponía que tendría que acostumbrarme a eso. Hiccup ya hacía suficientes cosas por mi, tendría que corresponderle. Es lo que un buen amigo haría... un momento, ¿acababa de decir que quería ser un buen amigo para Hiccup? Recuerdo perfectamente que me extrañé bastante en ese momento. Inevitablemente me pregunte si era normal querer ser amigo de tu mascota. También recuerdo que decidí no darle más vueltas (de ser humano me habría encogido de hombros) y con mi hocico separé varios salmones y los empuje en dirección a Hiccup.

— Oh —soltó él, algo sorprendido—. ¿Me los ofreces?

Me di cuenta con su mirada que quería rechazarlos, pero él mismo debió notar en la mía que no iba a dejar ningún hueco para un "no".

— Está bien..., entonces los guardaré para cocinarlos después —y volvió a guardar esos pescados en la cesta.

Me resigne y comí mi parte, me di cuenta de que en esa pequeño tira y afloja no iba a lograr más sin pisar hielo fácil de quebrar.

— Sí, bueno —me decía, mientras se colocaba a su alrededor extrañas cintas que no tenía ni idea de lo que eran—, puede que me haya descuidado un poco de mi mismo, ¡pero estoy tan cerca de encontrar la solución! —eso me dejo extrañado, yo pensaba que ya estaba solucionado. A lo mejor, ¿había algo más de lo qué me estaba perdiendo?— No fui capaz de dormir, estaba demasiado emocionado así que, antes de acostarme, idee esto —pronunció la última palabra con gran devoción, mientras agitaba delante de mi hocico un papel con información que, obviamente, yo no comprendía.

— ¿Qué es? —pregunte, muy curioso, cuando ya me había tragado el último salmón.

Esto —sus ojos brillaron— es justo lo que necesitamos para complementarnos por entero al volar —ajá. Interesante. Sí, es cierto que la noche anterior le noté un poco tensó sobre mi, sobretodo cuando tomábamos curvas. Pero no le di mucha importancia, era un humano, era su primera vez en el aire, ya se acostumbraría.

Pero si había una forma más rápida que el tiempo para que Hiccup se encontrará bien en el vuelo, la tomaría. Claro que sí.

Además, noté mucha urgencia en sus ojos (y también algo de miedo) cuando se acercó a mi y casi me susurró, como si tratara de guardan en privado una información en un lugar en el que, ya de por sí, estábamos solos. Tenía que ser realmente importante.

— Poco antes de venir aquí, aviste con un catalejo desde lejos los barcos de mi padre —Hiccup temblaba y no comprendía por qué. Si su progenitor estaba cerca del hogar, tendría que estar alegre ¿no?—. No lo entiendes. Él y sus hombres han estado buscando el Nido, vuestro hogar —un momento, ¡¿Cómo?! Por todos los Alphas, que no lo hayan logrado...—. Sus barcos llegan destrozados, así que es obvio que fue otra misión fallida... con algunos muertos —dijo eso como si no le importase en lo más mínimo la muerte de su gente. Seguramente para Hiccup solo significaba menos vikingos a los que aguantar burlándose de él—. Quien sabe, tal vez incluso él ha... —Hiccup movió la cabeza rápidamente de un lado a otro, quitándose los malos pensamientos, ni siquiera se atrevió a terminar la frase en la intimidad— No, seguro que no... Pero llegará hecho una furia con los dragones y él no sabe... ¿qué haré si me pregunta por qué me paso casi todo el día perdido en el bosque...? No, conociéndole como le conozco, directamente enviara a alguien a seguirme. Eso no es bueno, si nos descubre... —entendí. Eso era lo que Hiccup llevaba tiempo temiendo. Si el progenitor de mi humano descubría que su cría había estado cuidando de mi, un dragón, en su ausencia, mientras varios de sus compañeros humanos morían, se armaría una muy gorda en la que seguramente ninguno de los dos saldríanos bien parados. Yo al menos con la cabeza cercenada, como mínimo, ¿y quien sabría del destino de Hiccup sin mí? Soy su única oportunidad a la libertad— Es por eso que vamos a aprender a volar juntos como nadie, en el menor tiempo posible. Pasé lo que pasé, tendremos que prepararnos.

¿Y a qué estamos esperando?

— De acuerdo —asentí solemne, mientras me ponía en posición para que él pudiera subir sobre mi grupa y alzamos el vuelo, juntos, por segunda vez.


— Muy bien, amigo —me dijo Hiccup en cuanto estuvimos a una altura suficiente sobre el mar, al otro lado de la Isla donde vivían los humanos y que ninguno de ellos frecuentaba. Escore un poco por la sorpresa, porque él me había llamado "amigo", algo que no me esperaba para nada. Pero agité mi cabeza como Hiccup solía hacerlo para tranquilizarse y oye, funcionó. Aunque también pudiera ser porque él tuvo el detalle de acariciarme un tanto en el sitio mágico. Jum—, vamos a hacer esto... despacio. ¡Ahí vamos, ahí vamos! Posición... tres. ¡No, cuatro!

Después de hacerse ese pequeño lío mental, cambió sus artilugios metálicos concorde a esa "posición cuatro" y la aleta falsa se desplegó, brindándome un equilibrio perfecto. Volé durante unos segundos sobre las nubes, permitiéndome ir por libre (más bien era Hiccup el que me permitía ir por libre). No me moví muy rápido ni tomé demasiados cambios de dirección, era mejor no tentar a la suerte.

— Ahora sí, más rápido, mas rápido... —murmuró sobre mi, tan expectante como yo a lo que pudiera pasar con cada movimiento.

Tal y como el movimiento de su cuerpo me indicó, volé hacía abajo, dando la impresión de que quería chocar con el agua. Pero ese no era el caso. En cuanto pude rozar el líquido con una de mis alas, tome vuelo recto y deje de caer.

— ¡Bien, bien amigo, bien amigo! —exclamó encantado, pero en ese momentó mi atención estaba en otra parte.

No me había dado cuenta que en la dirección que había tomado había dos grandes rocas justo enfrente, que solo dejaban un pequeño camino para cruzar. Me tense un tanto. Seguramente sí... pero a lo mejor no... Un momento, ¡lo pasamos sin problemas!

— Si funciona —Hiccup puso en palabras lo evidente.

Él estaba tan emocionado, que por un momento perdió el control de lo que hacía y por accidente me envió la orden de girar gusto cuando no debía hacerlo y choqué contra una roca. Estuvo bien, no hubo heridos, ¡pero aun así dolió!

— Oye...

— ¡Ay, lo siento! —me exclamó y como soy tan bueno, no le di importancia...

¡Hasta que chocamos otra vez! ¿Dónde tenía el cerebro portentoso ahora?

— Fue mi culpa —claro que fue su culpa.

Le golpee con una de las aletas de mi cráneo para que espabilase.

— Sí, sí, ya voy. Posición cuatro. ¡No, tres!

"¿Va en serio? —tenía ganas de gritarle— ¡Aclarate!"

Pero supuse que estaba tan nervioso como yo por povar su invento, así que le di otra oportunidad.

En cuanto cambió a la posición, esa tal tres me impulso a ir hacía arriba, todo recto.

— ¡Sí, más arriba, más arriba! —me pidió, euforico. Aunque no hacía falta que lo hiciera, ya que no me quedaba de otra, así que seguí subiendo y subiendo hasta sobrepasar las primeras nubes— Haa.., esto es maravilloso, el viento en... ¡Mis notas, no!

Antes de que pudiera esperarme lo inesperado, el hecho de que en ese momento Hiccup soltase las improvisadas riendas y, además, girase su cuerpo hacía abajo, cuando yo estaba suspendido en el aire en un ángulo exacto de 90°... sí, realmente fue una experiencia que no quisiera repetir. Y la verdad, es que tampoco recordar. Lo bueno es que, milagrosamente, mientras los dos caíamos en picada, esta vez a una distancia del mar y las rocas que podría matarnos, Hiccup consiguió de alguna manera desesperada volver a tomar las riendas y el control justo antes de besar el agua... arboles... rocas... Todo lo que pasaba por debajo y frente a nosotros mientras Hiccup no era capaz de hacerse totalmente con el control. En cuanto lo hizo, nos habíamos quedado atrapados en un laberinto de rocas que no dejaba pasar la luz del sol. Pero no me amedrente e Hiccup no fue menos. Note que cambiaba de nuevo a la posición cuatro y... ¡logramos salir! ¡Y de una pieza! Uff, que emoción tan fuerte.

Y que subidon de adrenalina.

Si habíamos superado eso entonces, era oficial, podíamos con cualquier cosa. Esa era la creación definitiva.

Para entonces, el demasiado emocionado era yo y además, quería vengarme un poco de Hiccup por ser un imprudente. Así que solté una bola de plasma que en el aire no pudo esquivar, aunque de esa manegra era inofensiva, le molestaría bastante.

— ¡Oh, venga ya! —exclamó, a lo que yo solté una pequeña risa entre dientes.

Oh, sí, que venga.

Además, otra cosa movía mi corazón en ese momento.

Tal y como Hiccup había dicho, ahora corriamos más peligro de ser expuestos que antes. Pero ya estábamos preparados y en ese momento nada me podía quitar de la cabeza que él no podía seguir más tiempo con los otros humanos. No le merecían.

Bueno, él me había mostrado el hogar de su gente, ahora que podía desplazarme, le llevaría a conocer a otros dragones.

Ellos creían que éramos monstruos destructivos, que les robabamos porque sí. Ja, no podían ni imaginarse nuestra situación de esclavitud. Pero quería que Hiccup la conociese, quería presentarle a otros dragones y que se diera cuenta de que no era solo yo. Todos sufríamos.

Deseaba más que ninguna otra cosa que sus ojos se abrieran, sin darme cuenta de que los míos tampoco se habían abierto del todo todavía.

De momento, me conformaba con saber que podía volver a volar, la vida me había dado una segunda oportunidad y la iba a tomar. Nunca más le volvería a dar la espalda a mi raza. Si había que morir, no lo haría solo.