Había prometido subir otro capi si tenía tiempo y aquí está :D aplausos por favor, gracias gracias!

Bueno estoy feliz de la buena acogida del capítulo anterior, no estaba muy segura de si iba a gustar ese Edward tan posesivo y celoso.

Como siempre, gracias por leer esta historia sin finalizar, que ha empezado como una adaptación y ha terminado siendo una historia original. Para los que me seguís en twitter ya sabeis lo que os espera al acabar el capi, para los que no...sorpresa!

Capítulo dedicado a:

-AzuMar

-BookwormRTP

-Daniluu

-Bereniizze03

-BookwormRTP

-Esmely

-Nairelena

-SabrinaCullenBlack

-andy-cullen

-carocomepanqueques

Y como siempre a mis reviews: dark side of everyone, Andre22-twi, cavendano13, yolabertay, Mon de Cullen, est cullen, Danielle Franks y carocomepanqueques.

CAPITULO DEDICADO ESPECIALMENTE E INSPIRADO A UN REVIEW DE : Danielle Franks.

GRACIAS.


Capítulo 10: Perdiéndolo todo.

El comienzo de semana siempre era igual de tedioso, mujeres y hombres corriendo por Times Square, Starbucks humeantes y taxis, millones de llegar a la oficina no pude encontrar a Miss Pechos Operados (MPO)* sentada limándose las uñas, hábito de todos los lunes a las ocho y media; en su lugar estaba otra secretaria, una treintañera de mediana estatura con unas curvas bien pronunciadas a través de su caro vestido de Dior. Su pelo largo casi negro caía en ondas a lo largo de su espalda y su tez era de un tono oliva, al igual que sus rasgos bien marcados con labios carnosos en un tono rojo sangre. En esta oficina todas las secretarias parecían modelos, definitivamente tendría que operarme entera si seguía trabajando aquí.

—Tú debes de ser Isabella —la mujer se giró sonriéndome ampliamente mientras me daba un beso en cada mejillas, su acento sonaba fuerte y remarcado, posiblemente fuera española—. Mi nombre es Carmen, soy la secretaria de Jasper.

—Claro…Bella, soy Bella, la asistente de Edward. ¿Y Tanya?

—Edward ha creído conveniente darle la semana libre puesto que yo atenderé el teléfono y Jasper me necesita cerca…

—Claro, claro.

Genial, yo tenía que lidiar con todo el trabajo mientras mi jefe le daba una semana de vacaciones pagadas a la MPO*.

—Bueno, si me disculpas…. —Sonreí ligeramente mientras entraba a la oficina donde ya estaba Jasper, sentando en el escritorio muy concentrado en el ordenador tecleando sin parar—. Buenos días Jasper…

—Querida Bella, buenos días.

Durante las siguientes horas Jasper se dedicó a repasar la puesta a punto del número que saldría esta semana correspondiente al mes que viene. Por mi parte, tuve que lidiar con groseras secretarias de la Upper Side y Wall Street entre otras, para cuando finalizó mi jornada de trabajo, llevaba las dos cuartas partes de la agenda organizada y sentía que realmente no llegarían con los tiempos de organizar todo.

Edward, nunca llamó, ni el lunes, ni el martes…tampoco el miércoles.

Para el Jueves a la mañana me desperté con ligeras náuseas que acabaron una hora más tarde con mi desayuno vomitándolo en los baños de la oficina, sería la comida china de anoche, que me había sentado mal o tal vez las dos botellas de vino que había compartido el martes a la noche con Rosalie…Mm.

Y por fin el viernes llegó, uno de Octubre y el número de la revista en la calle. Amaba Octubre, no sabía bien el motivo, pero simplemente era mi mes favorito del año, en pleno otoño, temperatura ideal, Halloween, calabazas, manzanas caramelizadas…hojas secas. Podría ir a Central Park a leer el sábado por la mañana con la nueva bufanda que me había regalo Alice, podría salir a correr con Rosalie por las calles del Distrito de la Moda sin pasar calor…

Pero viejos recuerdos vinieron.

Ángela y yo por España paseando por las calles comiendo castañas calientes.

Ángela y yo por Portugal comprando jerseys tejidos a mano.

Ángela y yo por Londres buscando un bar a las doce de la noche un lunes.

Ángela y yo…

Eran muchos recuerdos, de toda una adolescencia vivida, sería mi primer otoño sin ella después de tantos años.

Y de repente todo había acabado, con la peor de las mentiras.

.

.

Carmen se despidió de mí con un largo abrazo, empezaban sus merecidas vacaciones, realmente era una buena compañera y para nada superficial ni hueca como MPO*. Jasper me dejó salir antes del trabajo al ver mi mala cara, realmente las náuseas esta vez no habían cesado y a duras penas conseguí llegar a casa. Todo daba vueltas, no pude más que tirarme en la cama, luego cocinaría…

Mi teléfono me despertó a las nueve y media de la noche, aún estaba tirada en la cama con la ropa del trabajo, busqué en los bolsillos de mi pantalón y contesté sin mirar extrañada.

— ¿Si?

—Isabella Swan, la próxima vez iré personalmente a Nueva York a gritarte. ¿Cómo se te ocurre amenazar a tu ex?

— ¿Mamá? ¿De qué estás hablando? —Bostecé sutilmente mientras miraba mi reloj de mesa.

—Alguien ha llamado a Mike amenazándole, le ha dicho que si volvía a llamarte a tu teléfono de la empresa sacaría a relucir mucha bazofia respecto a las finanzas de Mike. Le ha dicho que ahora estás con gente que te defenderá, ¿andas en alguna banda de esas raras? Le han hackeado el teléfono a tu ex-prometido, ha venido quejándose a mi, sobre que lo habían llamado…

Me enderecé de repente abriendo mucho los ojos.

— ¿Qué a pasado qué?

—No lo sé, Mike dice que eso no es verdad, pero sabes como son los banqueros…Isabella, me preocupa con que clase de gente estás trabajando.

—Tienen todo el derecho a amenazarlo, Mike me ha llamado a una línea privada, exclusivamente para la oficina y para los más allegados.

— ¿Y yo no soy una persona allegada? ¿Por qué no me lo diste?

—Mamá…

—Desde que te has ido a Nueva York no te reconozco, no has tocado el dinero que te he dejado, ¿de qué estás viviendo? Tu padre me ha dicho que no puede decirme donde estás, que es mejor así. Isabella, ¿estás en drogas?

— ¿Qué? Mamá estas paranoica…

—Ese trabajo tuyo de asistente, no me cuadra, ¿tu que sabes de administrar el tiempo y las citas de un jefe?

Ahí estaba mi madre, como siempre, subestimándome.

—Mamá, tengo que colgar.

—Me ha dicho Ángela que hay fotos tuyas en una fiesta de Ralph Laurent con una modelo y Alice, ¿es cierto? ¿Es famosa? ¿Cómo entraste?

—Adiós mamá.

Me quedé viendo unos segundos la pantalla y bufé, realmente mi madre podía ser detestable cuando quería. Por otro lado…Edward había amenazado a mi ex, ¿lo habría investigado? Oh no, sabría ya como cortamos…que vergüenza.

¿Vergüenza? Si es él el que se comporta como si fuera un loco psicópata llamando a mi ex y amenazándole a lo Al Capone, empezaba a pensar que lo que Emmett y Jasper habían dicho en el avión era cierto.

Un ligero mareo y ganas de vomitar me hicieron levantarme de golpe directa al baño. Luego de casi vomitarme en la mano decidí que era hora de ir al médico, miré el calendario que me habían regalado con el seguro privado de la empresa buscando el número para pedir una cita. En Estados Unidos era imprescindible tener seguro médico ya que irme directamente a un hospital por una urgencia, podía llegar a costarme mil doscientos dólares. De repente miré los días pasar, comencé a contar mentalmente cuantos días faltaban para mi periodo.

Gemí por lo bajo, mirando mis dedos, si mis cálculos estaban bien, llevaba una semana de…

.

.

.

— ¿CÓMO QUE HAS TENIDO UN RETRASO? ¿QUÉ QUIERE DECIR ESO?

Rosalie le tapo la boca a su amiga mientras miraba a su alrededor, comprobando que estaban completamente solas.

—Pero no lo grites en medio del pasillo —siseó Rose mientras destapaba la boca de Alice, ambas acababan de llegar—. Explícate Bella.

—Pues, eso. Que no me ha bajado este mes y yo soy siempre exacta, que esto no es normal...Gr-gracias por venir.

—Tranquila Bells, hiciste bien en llamarnos. —Rosalie me abrazó dándome un beso en la frente.

—Vamos que estás embarazada.

Alice suspiró por lo bajo llevándose las manos a la cara, realmente era una dramática. Las tres nos encontrábamos en la madrugada del sábado en un Hospital privado, uno de los mejores de Estados Unidos a pocos minutos de Manhattan para que me atendieran de urgencia luego de mi breve desmayo en el baño.

—Primero, no debemos suponer nada, de seguro hay otra explicación. —Rosalie se sentó a mi lado sacando su tablet del bolso.

— ¿Hace cuanto vienes sintiendo así? —Alice asintió ligeramente no muy convencida.

—Unos dos o tres días… —susurré mientras me sentaba en una de las elegantes sillas en la sala de espera.

— ¿Crees que tu jefe y tú…? —Alice se puso en la silla vacía restante, a mi lado mientras acariciaba mi espalda bajando la voz.

—No, no…no por dios Alice —llevé una mano a mi pecho negando parpadeando varias veces intentando tragarme mis lágrimas que amenazaban con salir.

—No, aquí pone que es a partir de los dos meses más o menos que puedes empezar a sentir náuseas…Bells… —Rosalie dejó su tablet a un lado y nos miró con temor.

Las tres pensamos lo mismo, el cerdo infiel.

Gemí mientras me colocaba mi capucha completamente aterrorizada. Podría ser, las últimas veces había sido tan…directo y rápido que no nos había dado tiempo, mi última inyección anticonceptiva había sido hace más de tres meses…mierda.

— ¿Isabella Swan?

La enfermera me sonrió fríamente mientras me hacía una seña para que pasara al consultorio. Asentí y eché un vistazo a mis amigas que me sonrieron intentando no parecer nerviosas, caminé sintiendo mis rodillas temblar mientras la puerta era cerrada tras mi paso.

— El doctor está por llegar, acaba de salir de una urgencia, tome asiento en la camilla por favor.

Caminé despacio sentándome sobre la misma y suspiré mirando mis pies, iba a joder una relación entre el cerdo infiel y su nueva novia, ¿sería este el castigo divino del que tanto habla la gente? No me hacía a la idea, no quería creerlo. No estaba preparada.

—Perdón por la tardanza Srta. Swan, puedes dejarnos solos ya.

Al levantar mi vista pude ver a un hombre apuesto de metro noventa más o menos con un increíble pelo rubio nórdico, una mandíbula fuerte y una sonrisa que de seguro, deslumbraba en la oscuridad cerrar la puerta una vez que la enferma se había ido del cuarto. La palidez de su rostro me recordó mucho a los 3C (3 Cullen).

—Buenas noches, soy el Dr. Cullen —Él me sonrió de manera familiar y acogedora mientras miraba los papeles que había rellenado al llegar—. Presenta síntomas de mareos y vómitos en las últimas 48 horas…

—Así es…yo, he tenido que retirarme antes esta mañana del trabajo porque no podía más con las náuseas. —Mi voz salió débil mientras miraba fascinada al hombre que estaba frente a mí.

—Entiendo, ¿ha cambiado recientemente su dieta? ¿Le sienta mal alguna comida en especial?

—Yo…no, bueno, me he mudado de Londres hace un mes y medio…mas o menos.

—El cambio de alimentación, agua, tiempo…puede influir en su organismo, veamos, puede cambiarse y ponerse la ropa de hospital que le traerá la enfermera, le haremos un chequeo general, ¿trabaja en la parte de producción o en la oficina, hace una actividad física que requiera mucha energía?

—No, no…soy asistente personal del señor…Cullen.

Espera, ¿había dicho que era el Dr. Cullen? Eso quería decir…

—Oh, usted debe de ser Bella, mi mujer me ha hablado de usted —él sonrió asintiendo lentamente—. Hija de Charlie Swan, claro.

Era el padre de los 3C, madre mía, menudos genes.

Y yo con estas pintas, dios mío.

—Si…trabajo para el señor Edward Cullen.

—Si, claro, bueno, mi hijo ahora está de viaje…Claro, ahora entiendo su pedido.

— ¿Pedido?

—Me ha pedido que venga personalmente a verla, no había caído en que sería su asistente.

Me puse roja, roja como un tomate. Edward… ¿Cómo sabía que estaba en urgencias? Maldito psicópata.

—Saldré un momento a pedir que preparen todo Bella.

—E-espere…yo, hm…también tengo un problema.

—Dime.

—Tengo un retraso.

El Dr. Cullen asintió clavando sus ojos en mi vientre y anotó algo en sus papeles.

—Te haremos una ecografía pues, pero tranquila, el retraso puede deberse a múltiples factores.

Asentí viéndolo salir y comencé a desvestirme detrás del biombo, la enfermera terminó de vestirme y me condujo por los pasillos hacia otro consultorio, Rosalie y Alice habían bajado a por un café según lo que me había dicho la recepcionista al pasar.

Luego de pesarme y sacarme muestras de sangre, de hacerme la ecografía y de vestirme, me tuvieron 45 minutos esperando los resultados, Alice y Rose estaban dormitando a mi lado mientras un nudo en mi estomago crecía y crecía, no quería tener un bebé de Mike…ni de nadie. No era un buen momento, mi vida era un caos….

El Dr. Cullen me hizo pasar a su consultorio mientras revisaba sus papeles y sonreía a modo de consuelo.

—Presentas menos peso del adecuado para tu altura, tendrás que comenzar a comer apropiadamente porque por culpa de la anemia has tenido todos estos problemas. Es algo muy común cuando cambias tus hábitos alimenticios de un país a otro y lleva de dos a cuatro meses que tu organismo se acostumbre a tu nueva alimentación, pero aún así te pido que al salir solicites cita con nuestra nutricionista, para que pueda guiarte en una dieta rica en hierro que es lo que te está faltando. En cuanto a tu retraso, no estás embarazada, posiblemente haya sido por algún tipo de estrés y eso ha influido en tu período, puede recetarte reposo pero lo más recomendable es que hagas alguna actividad para combatir el estrés ocasionado del día a día. Otra cosa, no puedes tomar alcohol mientras estás anémica, es muy importante que recuerdes esto.

Sus ojos se clavaron en mí y me miraba entre serio y divertido. De seguro en esos análisis había salido que me había bebido hasta el agua de los floreros. Que vergüenza madre mía…

—Si, no se preocupe.

Luego de pedir una cita, salir de allí como alma que lleva el diablo, las tres suspiramos aliviadas mientras volvíamos hacia mi casa, menudo comienzo de fin de semana.

.

.

.

.

.

A las nueve y media una llamada de Edward me hizo despertarme, que podía querer mi resucitado jefe psicópata.

—Isabella.

Sus palabras me hicieron tener un leve escalofrío haciéndome gemir por lo bajo, joder, no me podía afectar así.

— ¿Si?

—Sé que es sábado y es tu fin de semana, pero ¿podrías venir a las once a la oficina a aclararme los horarios que me has puesto? ¿Cómo que tres reuniones en un día? ¿Quieres matarme?

Algo así, maldito psicópata.

—Claro, allí estaré…

Y gracias a mi jefe, allí estaba, subiendo por el ascensor del edificio fantasma de RK con medio café en la mano y mi tablet en la otra, a las diez treinta de la mañana; que manera de joderme el sábado. Cuando las puertas se abrieron, todo estaba en penumbras y susurré por lo bajo una maldición, ¿podía dar más miedo la oficina? Al parecer sí. Caminé entre los pasillos vacíos hasta dar con la puerta entreabierta de mi jefe al final del pasillo.

— ¿Edward? Ya estoy aquí… —Era consciente de que no me podía haber escuchado, casi lo había susurrado.

Comencé a caminar sintiendo el sonido de mis tacones contra el suelo haciendo eco en las paredes, se escuchaban leves gemidos de fondo, respiraciones pesadas y eso comenzó a asustarme, realmente no tendría que haber venido ¿y si le estaban robando?

Abrí la puerta decidida mientras tenía marcado en mi teléfono el 911 por las dudas.

Mi café se derramó en el impecable suelo machando la moqueta mientras de mis labios salía una exclamación. Allí, sobre el escritorio encima de mi jefe se hallaba una mujer de pelo castaño claro, bronceada, con pechos voluptuosos y con su vestido a medio subir.

No pude evitarlo y el recuerdo de Mike en el coche volvió a cobrar vida, los mismos ojos desorbitados, la misma expresión de sorpresa, gemí. Gemí mientras pequeñas lágrimas se amontonaban para salir.

—P-perdón.

Edward rápidamente se sacó a la mujer de encima, aún seguía vestido y su boca intentaba articular alguna buena excusa.

Me dí la vuelta y corrí hacia el ascensor al final del largo pasillo con Edward siguiendo mis pasos.

—Bella, espera. —Me cogió de mi cintura girándome evitando que entrara al ascensor.

—Suéltame bastardo psicópata.

—Déjame que te lo explique…

—SUELTAME MIKE.

Edward se quedó de piedra y yo también, mierda que había hecho, abrí mis ojos de repente recordando que mi jefe, no era Mike, no era mi novio y no me debía poner así y mucho menos gritarle. Aproveché su despiste para meterme en el ascensor y pulsar la planta baja; Edward me miró, estaba enfadado, tenía su mandíbula desencajada y en sus ojos podía notar una chispa de ira, tapó con su mano el sensor para que no se cerrasen las puertas.

—No sé que mierda tengo que explicarte. —Sentenció.

—Eso mismo me pregunto yo.

—Claro, perdona pero yo no soy el que se acostó contigo teniendo novia, esa fuiste tú, paseando por TriBeCa con tu novio latino, como una vulgar…

— ¿Qué? ¿Qué dices? —Me quedé helada sin comprender nada.

—Que fuiste tú la puta que se me tiró encima suplicándome que te follara, Isabella, a sabiendas de que en casa te esperaba tu chico.

Mis lágrimas dejaron de caer de repente y mi dolor se convirtió precipitadamente en ira, sentía mis manos picar, tenía ganas de pegarle, yo no era así, nunca perdía el control y mucho menos pegaba a nadie.

—Fuiste tú el que me metió la polla tan hondo como un puto animal, que aún me duele te informo.

Su cara pasó de la sorpresa a la vergüenza e intento explicarse.

—Pero déjalo, si veo que tú tampoco te quedas atrás… —Limpié mi cara con mi mano libre intentando no hipar.

—Yo no soy el que tiene novio.

—QUE NO ES MI NOVIO, JODER. ES UN AMIGO, ES MI MEJOR AMIGO. PERO ERES TAN GILIPOLLAS QUE NI SIQUIERA TE HAS DIGNADO A PREGUNTAR ANTES DE SEGUIRME COMO UN PSICÓPATA Y AMENAZAR A MI EX.

—YO NO SOY ÉL QUE HUYE CADA VEZ QUE ME ACUESTO CONTIGO, MALDITA SEA. ES LA SEGUNDA VEZ QUE ME DEJAS TIRADO.

—SI TOTAL TIENES A MILES EN TU CAMA, ¿QUE MÁS TE DA CON QUIÉN ME ACUSTE? ES MI VIDA EDWARD Y YO DECIDO QUIÉN SE METE EN MI COÑO.

—Claro y si tus pruebas de embarazo daban positivas, ¿me ibas a pedir a mi las pruebas de ADN, al latino o a tu ex? No me quedó muy clara esa parte.

Lo miré completamente sorprendida y conmocionada, como se atrevia a nombrar algo así. Eso era pasarse. En un ataque de ira tiré la tablet y el teléfono móvil a su cara, cayendo al suelo rompiéndose en pedazos, él ni siquiera lo miró, su vista seguía perdida en la mía.

—Vete al infierno Edward Cullen, RENUNCIO.

Él se apartó alterado y las puertas, poco a poco se cerraron, a medida que bajaba, lágrimas contenidas resbalaban por mis mejillas. Acababa de renunciar a el único trabajo que podría tener… mi jefe se estaba acostando con una mujer por eso me había pedido llegar a las once…y yo había actuado como si fuéramos algo, ¿es que estaba loca? A menos que…

Edward Cullen me gustara.

La idea en mi cabeza no sonó tan mal, pero mi corazón negó en rotundo.

No iba a enamorar de Edward Cullen, no lo volvería a ver, nunca más.

FIN


FIN DE LA PRIMERA PARTE.


Esto ha sido todo con lo correspondiente a la primera parte de esta historia, más de 35.000 palabras, 10 capítulos, más de 13.000 lecturas, 75 añadidos a favoritos,112 alertas y 89 comentarios.

Gracias.

Estoy contenta, de que esta idea que nació allá por el 2011, 3 años más tarde cobre vida nuevamente y termine siendo parte de mi y de vosotros...es nuestra.


.

.

.

.

.

Me tomo un descanso, para continuar con Imprimandome de ti, yo no paro xD , al menos 15 largos días o más... Estoy nostálgica, no puedo evitarlo, ya son 4 meses con esta historia que comenzó como una mini-historia y terminó siendo algo grande al menos para mi :D

Como siempre me podeis encontrar en twitter (evelinaaa20) para saber la fecha en la que volveré a estar activa con la segunda parte o las subidas de los nuevos capítulos de la segunda parte de Imprimandome de ti :D

Un pequeño adelanto de lo que sucederá en la segunda parte...


—Pero...yo te amo Bella.

—Yo no. E-estoy...estoy enamorada de alguien más...

De repente, allí estaba él, bajo mi ventana, apoyado sobre la barandilla mirando directamente a mi ventana, sonriendo sólo para mi; pequeños rayos de sol se filtraban en su pelo bailando con el viento frío, era realmente él. Había llegado antes de lo previsto...

Se sentía bien, se sentía correcto.

Sonreí desviando mi mirada al espejo, estaba preparada.

—Debo colgar, nos vemos.