Bueno, pues llegamos al final de esta jornada. Aquí tienen el último capítulo de esta secuela que me dejó una satisfacción enorme y muchas ganas de seguir escribiendo para ustedes. Muchas gracias por todo su apoyo; por sus comentarios, por seguirme y/o seguir la historia, y por por incluirnos -a la historia y/o a mí- entre sus favoritos. Cada persona que me lee es un punto de luz que ilumina mis días difíciles, pero cada persona que me honra con su amable comentario, es mi inspiración y el depositario de mi gratitud.
Les aviso que ya tengo en proceso el siguiente fic, que constará de sólo tres capítulos y que tendrá como base uno de mis capítulos favoritos de Castle: el 4x07, COPS AND ROBBERS (Sí, el de la toma de rehenes en un banco entre los que se encuentran Martha y Rick). No voy a decir más que será pura dulzura, a diferencia de la angustia con la que suelo manejarme en mis fics de capítulos múltiples. Será publicado en algun punto de la primera mitad de la semana entrante.
Dicho lo anterior, los dejo con el final de esta historia, esperando que les guste y, desde luego, que me lo hagan saber a través de sus comentarios.
Castle y sus personajes son propiedad de A.W. Marlowe y ABC Studios.
CAPÍTULO 10
-Esto –le dice Rick con cierta chispa pícara flotando en las brillantes y azules lagunas que la miran con adoración- pretendía ser un regalo sorpresa para una mujer muy hermosa a la que conozco.
El corazón de Kate sigue latiendo desbocado. Está segura de que sus mejillas empiezan a teñirse de rosa y que sus ojos brillan con una humedad que le resulta difícil evitar en virtud de la miríada de emociones fundiéndose a fuego vivo dentro de su alma que anhela a pesar del freno implacable con que intenta frenarla la voz fría y ecuánime de la razón. Nunca pensó estar en una situación así... Jamás creyó llegar a añorar y a temer tanto al mismo tiempo. Hace dos años que esa -ahora tan esquiva- propuesta de matrimonio estuvo a su alcance de su mano y de su corazón; que un anillo de diamantes esperaba, descansando sobre una minúscula cama de terciopelo, a que ella dijera una sola palabra para ser deslizado en su dedo como símbolo y promesa de un futuro pleno, valioso, merecedor de toda lucha y esfuerzo. Y hace dos años también que ella, neciamente, lo despreció todo; desde la joya y la propuesta hasta la voz de sus sentimientos y del hombre que le ofrecía su vida a cambio de ninguna otra cosa más que su amor sin reservas. Y la verdad es que más tardó en negarse y negarle la dicha, que en volverse víctima del remordimiento, la soledad y una espantosa melancolía que se adhirió a su vida como un parásito voraz y destructivo contra el que la única cura era precisamente ese ser al que le destrozó los sueños y al que no tenía ni cara de volver a buscar.
Ahora, muchos meses y lágrimas después, la vida la pone nuevamente ante las posibilidades que antes se dio el estúpido lujo de despreciar. Tiene frente a ella unos hermosos y expresivos ojos claros que siguen mirándola –a pesar de todos los pesares- con la misma adoración y esperanza que...que siempre; una sonrisa chispeante y alentadora que alcanza cada rasgo del rostro exultante, travieso, profundamente enamorado; y una caja rectangular de terciopelo con cuyo contenido ya no se atreve ni a soñar siquiera. Y entonces las fervientes aspiraciones se mezclan con el miedo a una decepción nacida de expectativas falsas. No. Definitivamente en este no es momento para soñar despierta. Mejor es no esperar nada y ya lo que escurra será miel. La parte pragmática de su mente –esa que suele silenciarse con efectividad siempre que Rick está alrededor- obliga a su lado soñador e iluso a postergar el vuelo y a centrarse en disfrutar lo que sea que Rick le tenía guardado en forma de una sorpresa y que ella se encargó de malograr,
-¿Ah sí? –Responde con un tono ligero que pretende hundir muy adentro la revuelta emocional en la que lleva debatiéndose minutos interminables-. ¿Y quién será esa afortunadísima mujer que es merecedora de un obsequio por parte del apuesto y encantador Richard Castle? ¿La conozco? ¿Te interesa mucho esa chica?
El divertido interpelado toma de entre las manos de su novia el pequeño estuche al tiempo que, sin despegar su mirada del bello rostro en el que lee cierta aprensión como si se tratara de un libro abierto. Con delicadeza lo abre de frente a él, observa el contenido y, con reverencia, lo gira hasta dejarlo a la vista de la que espera con impaciencia mal disimulada, mientras le asegura con ternura:
-Esa mujer extraordinaria para la que estas joyas fueron mandadas hacer especialmente es merecedora de mucho más que un obsequio de mi parte; le bajaría el cielo y las estrellas si pudiera con tal de dibujarle una sonrisa. Sí, sí la conoces; la conoces como a nadie y la ves cada vez que te paras frente a un espejo. Y por supuesto que me interesa... es una de las tres personas más importantes en mi vida. El hecho de que ella exista es la causa de mi alegría. Tenía la intención de entregarte esto en una ocasión mucho más adecuada... Después de una cita inolvidable y digna de ti, Kate; pero ya que tu curiosidad pudo más, tendrá que bastarte con una mañana de domingo, los dos recién levantados, a medio vestir y a punto de salir corriendo rumbo a la escena de un crimen, como el marco para esta entrega.
Qué surreal resulta sentir al mismo tiempo decepción y euforia. No. No se trata del anillo de diamantes ansiado como símbolo de un compromiso de por vida. No es la señal de una propuesta que significaría el arranque del camino elegido... No es el sueño recurrente empezando a cristalizarse. Duele un poquito. Desencanta la posibilidad de tener que seguir en compás de espera. Pero rodeando esas sensaciones agrias, está también el bálsamo suave y dulce de recibir de manos del hombre amado un regalo que prueba su devoción y su amor; el hecho sublime y significativo de que algo haya sido creado por instrucción de él, pensando en ella y sólo en ella. Y es que no hay manera de regodearse en el desaliento cuando la belleza del regalo es tal, que basta para ahogar la decepción y la impaciencia en un mar de admiración y gratitud.
Un par de pendientes soberbios, cuyos solitarios diamantes de corte peldaño fueron pulidos magistralmente hasta adquirir la forma de cuadros perfectos con esquinas pulcramente delimitadas, pabellones poco profundos, sin culata y con un marco lustroso de platino en forma de cuadro también. Las setenta y cuatro facetas impecables en las que las preciosas piedras fueron cortadas con pericia indiscutible, confieren a las joyas el brillo del diamante llevado a su máximo esplendor. Es un finísimo aro de platino del que penden para ser sujetados al lóbulo de la oreja y son, en conjunto, una obra artesanal y un alarde de diseño. Son un deleite a los sentidos y una caricia para los sentimientos. El que dos maravillas así hayan sido bosquejadas y elaboradas especialmente para quien ahora las admira, habla a gritos de un amor que rebasa el tiempo, la distancia, las adversidades y todo cuanto el destino pueda arrojarles a los pies. No, definitivamente la decepción inicial pasa a un segundo plano ante semejante despliegue de generosidad y amor sin límites. Los ojos de Kate se cuajan de lágrimas instigadas por el gesto y por las emotivas palabras que lo han acompañado. Toma entre las manos el pequeño tesoro, baja la tapa de la caja para protegerlo y, sin mayor ceremonia, le echa los brazos al cuello al hombre para el que no puede guardar más que lo mismo que él le brinda. Él le devuelve el abrazo con ternura, estrujando suavemente los cabellos castaños entre sus manos anchas, prodigándole confort y toda la seguridad que bien sabe que necesita. Con clarividencia casi imposible ha notado Rick en esa cara de diosa los signos del sueño temporalmente fisurado y de la batalla cruenta por meter a varas a la desesperanza. Una vez más, como tantas otras últimamente, lucha el enamorado contra el deseo ferviente de ceder al anhelo de darle todo lo que pide de una sola vez, a despecho de los planes largamente fraguados; pero se contiene, dándose ánimos con el pensamiento de que cuando el momento llegue, todas estas pequeñas decepciones habrán valido la pena. De modo que se conforma con estrecharla fuerte, vertiéndole al oído ternuras y vagas promesas a las que ella no acaba de encontrarles sentido pero que, por alguna razón, la confortan y le devuelven la fe en que el futuro que tanto desea está próximo a llegar. Al cabo de unos minutos se desenredan del íntimo abrazo, disponiéndose ambos –no con poca renuencia- a salir de su burbuja para ponerse en acción y acudir a donde el deber los llama. Antes de dar el primer paso hacia la habitación, Kate le dice en voz muy baja y con la emoción a flor de labios;
-Gracias, Rick. Son el regalo más hermoso que me han hecho nunca...y es especial y único para mí por venir de ti. Te amo.
-Yo también te amo, Kate. Pero...
-¿Pero...?
-Es que ese regalo tenía una intención. Era como una forma de predisponerte antes de preguntarte si...
-¿Si qué, Rick? –Sospechas se despiertan cuando Kate ve en ese rostro tan amado, seriedad y algún vestigio de temor a ser rechazado.
-Kate... Yo... –Respira hondo y decide soltarlo sin más ni más. Lo peor que puede pasar es que no pase nada-. ¿Querrías venirte a vivir conmigo?
Pasan algunos segundos de silencio tenso mientras que las palabras escuchadas son registradas por el cerebro de Kate, que intenta deshacerse de la niebla que lo rodea debido a la falta de sueño, la emoción del momento y la felicidad que la abruma cuando está con él, así, soñando despiertos con una vida que se abre de par en par ante ellos. Finalmente, una sola sílaba resonante y firme emerge entre besos y caricias que amenazan con echar por tierra las intenciones de acudir a trabajar en algún momento cercano.
-Sí... Sí, sí, sí, Rick; claro que quiero vivir contigo.
-Entonces vamos a darnos prisa en resolver el nuevo caso que nos espera... Cuanto antes lo hagamos, más pronto podemos sentarnos a planear la mudanza.-Es él quien se dirige al cuarto del baño, dejándola ahí, anonadada, extática, dejando escapar el alma por los ojos que lo siguen como si con él se le fuera la vida-. ¿Vienes, Kate?
Y es así como ella sale del estupor y lo sigue... Lo sigue sin vacilación ni demora, dispuesta como nunca y más que nunca a caminar a ciegas y sobre brasas siempre y cuando el destino sea él.
-Kate, se nos hace tarde. ¿Aún no estás lista?
-Ya casi, sólo me pongo los pendientes y los zapatos y ya está.
Rick espera impaciente, paseando por la sala, fuera de la puerta de la recámara que, desde hace tres semanas, comparte con Kate. Han sido días maravillosos los que han pasado desde que decidieron que vivirían juntos; en realidad, reconoce el escritor, han sido meses maravillosos desde que tuvieron la enorme fortuna de reencontrarse en España, a pesar de los pequeños obstáculos que han surgido en el camino. Pero lo cierto es que lo que él ha podido ver en Kate a partir de que decidieron darse una segunda oportunidad es...maravilloso. La mujer que ha visto florecer sobre los escombros de la coraza dura tras la que solía blindarse, es impresionante y muy grato de contemplar. Su musa es feliz; a nadie le cabe duda de eso. Está exultante prácticamente todo el tiempo, plena, ilusionada, enamorada...feliz en el sentido más amplio de la palabra. Y él también lo está, como nunca y más que nunca. Detalles tan pequeños como ver sus cosas y las de ella mezcladas en el closet, en el baño, en las mesillas de noche; ver objetos decorativos que solían adornar el departamento de Kate, ahora ocupando lugares de honor en el loft, es una constante fuente de entusiasmo y motivación. Desde luego que viviendo con ella ha sido mucho más difícil mantener en secreto sus planes; Kate es tenaz y, además, es una detective entrenada y extremadamente capaz. De modo que él ha podido ver como lo observa, atenta y alerta a cada llamada, a cada acción que se sale de su rutina, sometiéndolo a escrutinio con la pura mirada siempre que las sospechas se levantan. A duras penas ha contenido la pobre su curiosidad y suspicacia. Sabe bien Rick que muere por interrogarlo con técnicas que, está seguro, irían desde lo más sutil hasta lo más drástico para hacerlo hablar de una buena vez de –es obvio- que ella sabe se trae entre manos. Pero se ha contenido en beneficio de demostrarle confianza y ese amor enorme del que él ni siquiera podría albergar dudas. Mas la espera ha llegado a su término y hoy es el gran día; si todo sale bien, dentro de unas pocas horas, espera haberla compensado por los secretos de los pasados meses. Claro que para eso hace falta dar algunos pasos previos al momento culminante... y el primero parece estar tomando más tiempo del previsto. Eso cree Rick hasta que...
-¡Richard Castle! –El aludido se detiene en seco al escuchar la voz de su novia entre asombrada y urgente, y una sonrisa indulgente se dibuja en sus labios mientras se dirige a encontrarla-. Me quieres decir ahora qué es esto.
Kate está de pie junto a uno de sus cajones en el amplio espacio que hace de vestidor. Tiene los zapatos ya puestos y en las manos sostiene una pequeña cartera a juego con su vestido de corte elegante y refinado, de la cual acaba de extraer algo que, aparentemente, no tendría por qué estar ahí. Otro estuche muy similar al encontrado hace casi un mes en el cajón del escritorio de Rick, descansa ahora sobre la palma de la mano de Kate mientras ella la mira con ojos en los que ya no se lee más que una alegría sin sombras. No hay expectativas esta vez –bueno, no tantas como las hubo con la anterior sorpresa-; no espera un anillo, o más bien es que no quiere esperarlo aun cuando lo sigue deseando con alma y vida. Pero hoy, a diferencia de antes, le cuesta menos trabajo encontrar un placer genuino sin que la impaciencia lo enturbie. Siente acercarse al que, con toda seguridad, es el responsable de este nuevo descubrimiento, y es entonces cuando levanta la vista para encararse con un rostro alegre y satisfecho.
-Una vez más vuelvo a preguntar, Rick... ¿Me quieres explicar qué es esto? –el pretendido tono de desafío se pierde entre los matices alegres que la detective no logra ocultar aunque con desgano lo intenta.
-Bueno... Se trata de otro regalo sorpresa para la misma mujer a quien le entregué unos hermosos pendientes –le dice al tiempo que toca con cuidado las preciosas joyas que adorna los oídos de Kate- semanas atrás. Afortunadamente esta vez parece que sí salió todo como lo planeé.
Se repite el ritual de quitarle de las manos el obsequio, abrir el estuche, apreciar brevemente el contenido para ponerlo luego frente a quien ha de recibirlo y lucirlo como complemento de una belleza que, a pesar de llevar tantos años admirando, nunca dejará de sorprenderlo hasta dejarlo sin habla. Y una vez más la hermosa mujer siente que el corazón se le contrae ante la magnitud de ese amor inconmensurable del que tiene la dicha de ser depositaria. La belleza de la joya que se presenta ante ella, es casi tan inmensa como la grandeza de los sentimientos que simboliza. Un hermoso dije con un diamante solitario, engastado en el delicado marco de platino, pende de una cadena muy fina del mismo metal. Es, tal y como lo son los aretes con lo que hace perfecto juego, una pieza maestra de orfebrería y diseño. Con manos trémulas la retira de la caja e intenta desabrocharla para ponérsela, pero el temblor que la recorre no le ayuda. Es entonces cuando Rick sale del trance al que suele entrar siempre que la contempla, y la releva de la tarea de adornar su cuello con el valioso colgante.
Ambos se giran hasta quedar de frente al espejo del vestidor, que les devuelve la imagen majestuosa de una Kate preciosa, sonrojada y con ojos que brillan de excitación y dicha. Detrás de ella, Rick la abraza por la cintura, hundiendo su rostro en el cuello fragante que se le ofrece ávido de de esas caricias que jamás la cansan. Las manos de él descansan sobre las de ella, trazando círculos perezosos sobre el dedo anular izquierdo mientras sus miradas chocan a través del espejo; Kate sonríe hasta casi partirse la cara en dos, al leer en los ojos tan amados lo que le parece una promesa por la que había preferid ya no esperar. Esta noche es un completo misterio para ella. Rick, apenas hace pocas horas, le llegó con el vestido que ahora lleva puesto, envuelto cuidadosamente, con zapatos a juego, y le dijo que a las 6 de la tarde iban a salir a un evento, sin decirle nada más por mucho que ella pidió, rogó y exigió saber. Son ahora las 5:35 y están listos ya para partir con rumbo a... a donde sea; da igual mientras sea con él. Pero en este momento un delicioso presentimiento empieza a tomar forma en su mente; no sabe cómo ni por qué, pero sí puede apostar a que tienen por delante una velada maravillosa. Y como con trabajos puede seguir esperando para descubrir de qué va tanto secreto, se da la media vuelta y se dirige con afectada solemnidad a su guapísimo acompañante.
-Gracias... –Acompaña su agradecimiento con un beso tierno, tomándole la cara entre las manos-. ¿Nos vamos? Ya no creo poder mantener a raya mi curiosidad por más tiempo.
-Vamos.
Le ofrece el brazo galantemente y recorren así el camino hasta la salida del loft, dispuestos a disfrutar de la que será una de las noches más trascedentes de sus vidas.
Todavía no puede Kate dar crédito a todo lo que ha pasado en las últimas dos horas. El vaivén de los meseros con copas más bien vacías; los miembros autorizados de la prensa que siguen disparando fotografías siempre que ven la oportunidad de una buena toma; los fans más afortunados que tuvieron la indiscutible prerrogativa de asistir al evento exclusivo y que no se resignan a dar por terminada la ocasión; libros y más libros apilados artísticamente en puntos estratégicos... Ediciones de lujo en cuyas pastas aparece ni más ni menos que su silueta en pretendido movimiento, sosteniendo un arma, con un fondo azul hielo sobre el que se lee el nombre del autor y el título de la obra. En medio de ese animado caos, está la musa, la fuente de inspiración de la tan ansiada secuela, asida firmemente de la mano de su autor favorito, sosteniendo un ejemplar con la otra -como si no se convenciera de que el objeto realmente existe-, y con una sonrisa embelesada que se ha negado a deshacerse en su rostro desde que se percató de qué se trataba lo que Rick le tenía preparado. A penas si presta atención a la conversación que mantiene él con alguna otra persona desconocida para ella, hasta que el susodicho se despide de ambos cortésmente, dejándola a solas –por fin- con el objeto de sus ensueños; mismo que se apresura a abrazarla por la cintura, depositándole un beso en la sien y murmurándole al oído con voz que no oculta su pasión y su deseo.
-¿Y si nos vamos a casa a celebrar en privado el lanzamiento de tu nuevo libro?
-No tienes que decírmelo dos veces –le responde seductoramente, dándole un beso fugaz en los labios-. Los dos tenemos mucho que celebrar y yo tengo tanto qué agradecerte que te puedo asegurar que la noche te va a parecer muy corta...
-No tienes que agradecerme nada... Pero si tú dices que esta noche va a ser intensa, no seré yo quien se queje. Te ves tan feliz que presiento que voy a sacar mucha ventaja de tu estado de ánimo.
-Tengo que agradecerte todo, Rick –le dice con sinceridad, mirándolo de frente y acariciando su mejilla-. La alegría que me acabas de dar es... No voy a olvidar esta noche nunca ¿sabes? Tenía tantas ganas de volver a sentirme realmente tu inspiración; y me engañaste tan bien que ni siquiera vi venir todo esto. No sé ni cómo te perdono por haberme tenido todo este tiempo haciéndome ideas de por qué actuabas tan raro.
-Quería que todo fuera así como ha sido, preciosa; perfecto para ti. Desde que estábamos aun en España empecé a trabajar en los diseños de las joyas que ahora llevas. Quería darte algo único que fuera hecho especialmente para ti y que te recuerde siempre lo mucho que significas para mí. Pero no podía adelantarte nada o arruinaba la sorpresa. Y por otro lado tenía que trabajar a marchas forzadas en el siguiente libro de la saga de Nikki Heat si quería terminarlo antes de que tus sospechas fueran suficientes como para que acabaras torturándome con tal de saber la verdad. Las ideas eran tantas y fluían tan fácilmente que en realidad lo más complicado fue ocultarte que lo estaba escribiendo.
-Me hiciste sufrir un poquito pero ha valido la pena...así que te perdono, pero con una condición –hace una pausa en la que él le indica con la cabeza que siga-. Llévame a casa, a la recámara, a la cama y...
-Eres mala conmigo, Kate –le dice, tomándola de la mano y encaminándola a la salida sin detenerse-. ¿Cómo pretendes que logre aguantar el viaje a casa comportándome apropiadamente cuando estás poniendo semejantes imágenes en mi mente?
-Ahora sí estamos en la misma página, cariño; y, créeme, no tengo ni la menor intención de permitir que te comportes durante el viaje de regreso a casa.
Están ya a la salida del lugar cuando, antes de poner un pie afuera, Rick le quita de las manos el libro que Kate sostiene, pero ella opone resistencia mientras en su rostro se dibuja una adorable mueca de desagrado y confusión.
-No, Rick, es mi libro y se va conmigo –le afirma mientras lo aprieta contra su pecho-. Leerlo está en el segundo lugar de mi lista de actividades prioritarias para mañana.
-¿Ah sí? –le pregunta, ejerciendo esta vez más fuerza para retirarle el ejemplar- Y ¿cuál es la actividad número uno de tu lista de prioridades para mañana, Kate?
No hay necesidad de palabras cuando la mirada elocuente y tentadora de Kate le dice todo lo que necesita saber. Esta noche será todo lo que podría esperar y más; la madrugada y buena parte del día también... Especialmente si la última etapa de su plan se lleva cabo sin contratiempos.
-Cariño –le dice con la dulzura con que se le habla a un niño que se niega a soltar su juguete favorito-, en el loft hay un ejemplar de este libro que es exclusivamente para ti... firmado por mí.
Los ojos de Kate se iluminan hasta lo imposible. La idea de que, además de la dedicatoria impresa de la obra, haya palabras escritas de puño y letra de Rick especialmente para ella, la emocionan profundamente. Ahora sí suelta el libro y es ella quien tira de la mano de Rick para salir de ahí y dirigirse cuanto antes hacia lo que ella se encargará de que sea la mejor parte de su noche.
Una vez cruzado el portal del loft, los planes de Kate son puestos en pausa debido a que la grata primera impresión no sólo la deja muda sino también incapaz de dar un paso más allá del vestíbulo. El amplio espacio abierto está cubierto por centenares de velas que descansan sobre cuanta superficie horizontal fue encontrada. Las llamas trémulas emiten destellos dorados que bailan con las sombras en cadenciosa armonía. Y añadiendo el toque de color a la escena, cientos también de flores fragantes y exquisitas complementan lo que resulta en una imagen de ensueño que acaricia los sentidos y los enajena hasta volver casi imposible hilar los pensamientos. Kate sólo recorre con los ojos, cargados a partes iguales de amor y asombro, el paraíso en el que se ha convertido la amplia estancia del que ahora es su hogar. No sabe qué decir ni tampoco es que esté muy segura de poder articular palabra. Esta noche ha sido perfecta; uno más de sus sueños se ha convertido en una realidad cuyos efectos rebasan por mucho sus más aceradas fantasías. Le cuesta conciliarse con la idea de que al fin podrá volver a leer una historia más inspirada en ella; esa certeza la marea, la llena de una satisfacción que no puede medir ni explicar... No está siendo tan fácil contenerse de simplemente encontrar la copia que Rick tiene reservada para ella, sumergirse en la historia de su alter ego y no emerger hasta no haber leído incluso la última palabra de los agradecimientos. Por encima de casi todo, ella es una fanática del trabajo de Richard Castle; siempre lo ha sido. Y desde que nació Nikki Heat, sus ansias por perderse en los mundos creados para ella por Rick ha sido difícil de refrenar; de hecho ha fortalecido su voluntad hasta volverla de acero a punta de tener que morderse la lengua para no rogar por adelantos, especialmente desde que empezó a compartir su vida diaria con el autor. Y ahora que al fin Castle ha retomado la saga inspirada en ella, es casi compulsivo el deseo de devorar las páginas una y otra vez hasta empaparse de la nueva trama como lo ha hecho con todas las anteriores.
Pero, por esta vez, la lectura puede esperar. Hay algo mucho más urgente en que emplear su energía y su tiempo: el autor de esas palabras que tanto significan para ella. No hay nada –ni los maravillosos productos de esa mente privilegiada- más importante para ella que Rick, sus caricias, sus besos, la forma en que la posee más allá del cuerpo, llevándola a dimensiones que, para ella, sin él no existen. Es tanto lo que quiere expresarle esta vez, que las horas que le restan a la noche no serán suficientes. Las hermosas gemas que lleva encima como recordatorio de que ahora, otra vez y gracias a su buena suerte, lo tiene a su lado aun cuando ya lo había dado todo por pedido; el lugar que ahora comparten, en el que duermen y despiertan juntos, sueñan juntos, cocinan y comen juntos y que es el bendito preámbulo de lo que ha de venir después como un porvenir prometedor; otro libro escrito pensándola; todo eso tiene que agradecerle. Tantas cosas que llegó a pensar que nunca más tendría y que él le ha devuelto generosamente y sin resentimiento, sólo por amor y por el deseo eterno de hacerla feliz a toda costa. Ni toda la vida le alcanzaría para expresarle su gratitud, pero al menos puede vivir tratando...y quiere que ese intento empiece ahora mismo, De modo que se gira hasta quedar frente a él, coloca sus manos en las mejillas masculinas y se dispone a entregar el beso con el que han de iniciar –una vez más, el ascenso al cielo, cuando él la detiene a medio camino, preguntándole con un tono que no deja lugar a debates:
-Cariño, antes de sumergirnos en una noche que no tengo planeado que acabe hasta muy entrada la mañana... ¿harías algo por mí?
-Lo que sea siempre y cuando no nos tome mucho tiempo –le responde en un suspiro que habla de su necesidad y su deseo-. Dime.
-Permíteme entregarte una última sorpresa hoy. -La toma de la mano y la guía hasta la mesa de centro de la sala donde, además de velas y flores, hay una caja de regalo, adornada con un lazo simple de gasa en color violeta-. Toma, esto es para ti; adentro está tu copia firmada por mí y...algo más. Ábrelo.
Kate, siente que llega al límite de su capacidad para sorprenderse, y que no sabe cómo contener dentro de sí tanto amor por ese hombre extraordinario. Batallando para concentrarse en desarrollar la simple tarea de levantar una tapa, lo consigue al fin y con reverencia extrae el contenido: un libro y, una vez más, un estuche de terciopelo negro similar a los dos que ha recibido antes. Su mente vuelve a divagar, pero esta vez con menos ímpetu. Las dos sorpresas anteriores, que llegaron en presentaciones similares, le han templado los nervios y los ánimos de manera tal que ahora opta por enfocar su atención en el libro, creyendo que esta vez la joya puede ser una pulsera o cualquier otra cosa excepto lo que ella quisiera que fuera. Pone la cajita aterciopelada en manos de Rick, quien la mira con una expresión que no logra descifrar, y abre el libro ceremoniosamente, buscando con ansiedad la dedicatoria manuscrita por el escritor.
"Quiero caminar el resto de este camino contigo...siempre.
¿Te quieres casar conmigo?
Rick."
Algo como mitad sollozo y mitad suspiro brota de los labios empapados por lágrimas que descienden a raudales de los bellísimos ojos castaños; alza la vista de la página para buscar la de Rick, pero lo que se encuentra a medio camino la cautiva y sólo intensifica el caudal silencioso por donde escapa la plétora de emociones que la colman como la más bienvenida de las invasiones. Un anillo de compromiso. Una sólida banda de platino con dos diminutos diamantes custodiando al irrefutable protagonista que se alza orgulloso, engastado en el cuadro de metal, luciendo sus magníficos cortes, refractores de luz y de belleza. El diseño y el trabajo artesanal le son ya muy familiares. Son el sello de ese trío precioso que se acaba de completar y que representará para siempre el momento más importante de su vida: la realización de sus sueños y el inicio de un futuro por el que ya no puede ni quiere esperar más. En medio del torrente de lágrimas, risas y suspiros, se recuerda que debe una respuesta que ha estado guardada por mucho tiempo, esperando el momento de emerger diáfana y contundente; pero no encuentra su voz ni la capacidad de articular una simple sílaba con la que el mundo estará a sus pies, y el cielo sobre ellos –ahora comprende la dedicatoria del libro que acaba de recibir-. Recurriendo a un esfuerzo titánico y haciendo alarde de una voluntad férrea, atina a responder como en una exhalación:
-Sí... sí quiero casarme contigo. –Ofrece su mano izquierda que se estremece al contacto del metal frío.
El anillo ocupa el lugar para el que fue creado, y los labios se unen en un beso salado por las lágrimas y endulzado por la promesa de eternidad. El ciclo está completo y un nuevo sendero se abre ante ellos, promisorio y lleno de una luz que, esta vez, no van a dejar escapar.
FIN.
Si alguien quiere darse una idea de cómo son las joyas que describo en este capítulo, pueden ver las imágenes en mi perfil de tumblr; me encuentran como val2920. Como siempre, gracias infinitas por leer y comentar. Un abrazo desde México y feliz inicio de octava temporada.
Valeria.
