Invest in Love/ Invierte en Amor

-Los espero mañana en la biblioteca, revisaremos estudios de caso para el próximo examen.

Subraya dos veces la última palabra de su escrito, y hace una nota mental. Escribe tantos detalles cómo le es posible, pues pretende dejarle a Ginny todos sus apuntes una vez que ella vuela a la escuela.

No fue fácil decidirlo pero luego de pensarlo mejor, y cómo de todas maneras se vería obligada a hacer una pausa cuando naciera el bebé, su pelirroja amiga se inclinó por hablar con servicios sociales y pedir una baja temporal. Lo que a todas luces dejaba más tranquila a la castaña, puesto que implicaba tener a Ginny fuera de la presión y el estrés de la escuela en su estado.

El profesor Lupin, al frente, repite la información para unos cuantos estudiantes distraídos en el fondo del salón y se despide con su característico brío formal pero no serio.

Sale enseguida para evitar el tumulto en la puerta, avanza por el pasillo presurosa con dirección hasta la salida del edificio. Una vez fuera y con la mente ocupada en su compañera de apartamento, se detiene a rebuscar en su mochila un poco de cambio para el autobús y su celular, aunque está más que segura que Ginny no ha llamado.

Está en ello cuando choca de costado con alguien, y rebota con la fuerza suficiente para soltar su mochila y que caiga estrepitosamente al suelo. Bufa exasperada mientras recupera uno de los tirantes de la bolsa, casi soltando todo un discurso acerca de lo mal educado que es caminar sin prestar atención a los demás. Cuando se endereza por completo deja su discurso a medias.

-Déjame decir "lo siento", por lo menos—se defiende Ron.

-¿Qué haces tú aquí?—reclama más que preguntar.

-¿Por qué siempre comenzamos así nuestras conversaciones?—sonríe él un poco.

-Porque insistes en parecerte así como si nada en mi vida—recupera sus cosas y posiciona su mochila de nuevo en su hombro.

-No sabía que tenía que pedir permiso. ¿Cómo es que conoces gente nueva? ¿Les asignas una cita en tu agenda o qué?

-Claro que no—responde molesta.

-Bueno, está bien—se rinde con el humor—vine porque busco a…

-Ya sé a quién buscas, y solo voy a decir que ella no quiere ver a nadie—reanuda el paso tratando de ignorarle.

Ron la sigue de cerca sin perder su paso.

-Pero es que ya pasaron un par de semanas desde lo que paso con mis padres y yo creí que…

-¿Y sabes que más ha pasado en estas semanas?—le interroga deteniéndose para mirarlo con rencor—Tus hermanos le han llamado por teléfono cuando se enteraron, y honestamente, pensé que serían más comprensivos.

-¿Qué? ¿Qué dijeron?

-Que tus padres tenían un "poco" de razón con sugerirle dar al bebé en adopción, según Charlie—haciendo comillas con los dedos—y Bill dijo que se mantendría al margen de todo, para no incomodar a sus padres ni a Ginny, aunque eso se traduce como "no me molesten".

Ella estudia la expresión de Ron, que es más de sorpresa y estupefacción.

-Y Percy… ¡ah Percy! Te juro que si lo veo soy capaz de golpearlo…

-¿Por qué? ¿Qué dijo?

-Que Ginny resulto ser "una deshonra para su familia"—y tiene que apretar los labios para no decir improperios.

Ron se queda pensativo por un momento, dando ligeros asentimientos. Hermione cree que está acordando silenciosamente con la opinión de sus hermanos, y justo cuando se prepara para iniciar con una discusión, el chico habla.

-Si me lo permites, seré yo quien le rompa la cara. Es un idiota. Todos lo son.

Lo que tiene claro con Ron Weasley, es lo impredecible que resulta. Siempre. Todo el tiempo. Por más que lo intente y justo cuando ya cree empezar a conocerlo, dice y hace cosas que la dejan expuesta y con la guardia baja.

-Pero bueno, ¿Dónde está ella? Fui a su departamento y me dijeron que se habían ido de allí.

-Es que nos mudamos—explica retomando precipitadamente su andar—necesitábamos otro lugar, no quiere ser encontrada, ¿si?—y es una parte del motivo, sí. Por no mencionar que ya no podrían pagar el antiguo alquiler—Esta… enojada y triste… es cambiante la verdad, está pasándola muy mal con todo esto.

-Bueno, entonces vamos allá—la observa esperando a que le indique el camino.

-Espera—detiene su avance tan repentinamente como lo había iniciado antes—No pensaras que voy a llevarte con ella ¿o sí?

-¿Y porque no? ¡Es mi hermana!

-¡¿Es que acaso no escuchas?!—cuestiona impaciente—A cabo de decir que no quiere ver a nadie ahora. A ninguno de ustedes, al menos.

-Tú no puedes solo prohibirme no verla—y su tono retador solo la inquieta más—Si es necesario te seguiré

-¡¿Qué?! ¿Pero qué parte de "GINNY no quiere verte" no entiendes? Esto no es mi decisión—hace un esfuerzo por contenerse, si algo le provoca Ron a veces es exasperación desbocada—No tiene que ver conmigo. Ella me hizo jurarle que no iba a decirle a nadie de su familia dónde estábamos. ¡No quiere verlos!

Se obliga a respirar profundamente para poder calmarse y ser capaz de regresar el golpe de argumentos que seguro le tiene preparada el pelirrojo. Tal vez le corresponda con un grito cómo el de ella, tal vez solo siga haciéndose el cabezota para molestarla.

-¿Sabes que fue lo que me dijo cuando supo que Lavender me engaño?

No está molesto, no es un grito, ni una ofensa. Es una pregunta extraña e ilógica para la situación. Pero lo que la hace detener toda la revolución de pensamientos en su cabeza es la manera en que sus ojos la examinan, y la forma en que habla.

-Me dijo… "Eres una buena persona. Te mereces algo mejor"

Es cómo un tiempo muerto, donde decenas de personas pasan a su alrededor, autos suenan el claxon, bullicio llena el espacio. Y ellos se limitan a verse a los ojos y atar cabos sobre lo que dice uno y otro, y porque no, sobre lo que siente uno y otro.

-Hermione, Ginny es una buena persona y se merece algo mejor que… este desastre.

Ahí está otra vez esa parte de Ron que es impredecible y genuina. La parte que la hace querer pasar horas y horas estudiándolo de pies a cabeza, querer estar ahí donde él este.

-Lo sé—responde débilmente—sé que se merece la vida de sus sueños, pero por ahora lo que tiene es una amiga que no la va dejar sola. Y espero que, con el tiempo, vuelva a tener una familia. Pero por ahora esto tendrá que bastar.

Ron se ve más conforme y convencido, no del todo, pero es bastante significativo.

-Siendo así, no es cómo que la tenga muy mal entonces—concede, haciéndola ruborizar un poco—pero… quiero saber… ¿crees de verdad que el tal Harry aparezca? Porque yo no quiero hacer otra cosa que matarlo.

-Por eso justamente debes mantenerte al margen un tiempo más—le explica—Tu hermana no está dispuesta a renunciar al chico. Se alejara de ti si intentas convencerla de lo contrario. Y no importa en realidad si yo creo en él o no. Yo tengo que creer.

-No es verdad—replica Ron—tienes derecho a odiarlo, si yo fuera tú lo haría. Se odia a la gente que lastima a los que amas.

-No si los que amas también aman a quien los lastima—razona distraída en los frondosos árboles encima de ellos

-¿Entonces es por obligación?

-Es porque eso es lo que necesita. Ginny necesita creer en cuentos de hadas, en finales de novela y en el amor inmortal para seguir adelante—habla mientras examina los rayos luminosos del sol atreves del follaje verde de la fila de árboles frente a ellos—Y justo ahora, voy a hacer lo que sea que ella necesite para seguir adelante.

Ron dirige su mirada al mismo lugar que Hermione, como si así pudiera seguir el mismo hilo de sus pensamientos. De reojo se permite un par de vistazos a su rostro, a algo que nunca había notado. A la chica junto a él, y a esa peculiar forma de ver la vida. Explicar que es lo que le produce esa fascinación sería cruelmente imposible. Es todo. Todo en ella.

-Es lo que se hace por los que amamos—concluye él al fin, ganándose una mirada de aprecio de la castaña.

A lo lejos ambos distinguen el característico autobús de la ciudad, y terminan de recorrer el camino hacia la banca techada que marca una parada oficial para el transporte. Antes de que el vehículo llegue hasta ellos Ron hace su último movimiento.

-Entonces te veo aquí mismo, a la misma hora el próximo viernes—apresura a debatir la mirada de desconcierto y alarma de Hermione—¡Eh! no acepto un no por repuesta. Yo ya acepte tu punto ahora acepta tú el mio. Me tendrás actualizado cada semana de cómo va Ginny , es lo menos que puedes hacer por mí.

Ella se contiene de emitir cualquier contraria. En parte porque tiene razón, Ron merece tener noticias semanales de Ginny, aunque sean escasas y a escondidas. Y en parte también, porque el autobús ha llegado y el chofer la mira esperando a que suba pronto.

-Está bien, pero solo serán 5 minutos cada semana, no más.

-Puedo con eso—se conforma y le sonríe triunfal.

Una vez arriba, mirando por la ventanilla y en movimiento, Hermione vuelve a hacerse un lio. Culpable por que tendrá que mentirle a su amiga, preocupada porque las cosas no se pongan peor por este nuevo acuerdo, y nerviosa porque el próximo viernes tendrá que ver a Ron Weasley otra vez.

Y eso es algo, para lo que honestamente, nunca se sentirá lo suficientemente preparada.

A pesar de que no es el lugar mejor decorado y elegante, le gusta el nuevo edificio donde vive.

Dobla la esquina donde ha bajado del autobús y lo observa de frente, con sus 5 pisos y bastantes apartamentos. Entra y la recibe el cordial saludo del administrador Sirius Black, hombre maduro y bastante bien parecido que resulto ser sorprendentemente amable apenas se mudó junto con Ginny hace un par de semanas.

-¡Buenas tardes señorita Granger!

-¡Buenas tardes señor Black!

-¡oh!, por favor. Dígame Sirius, el señor Black era mi padre—pide con humor.

-De acuerdo Sirius—acepta, sorprendida por lo fácil que resulta hablar con este hombre—en esa caso, puede llamarme Hermione.

-Muy bien señorita Hermione—dice satisfecho—por cierto, su amiga acaba de llegar, por poco se la topa aquí mismo.

-Qué bueno, entonces nos vemos Sirius, gracias.

Tal vez era por esto. El edificio resultaba increíblemente cómodo porque tenía gente así. Era raro, la verdad, considerando que ella no era precisamente una persona cálida y cercana con los demás.

A mitad de las escaleras dejo el tema en paz, y su amiga regreso a instalarse en sus prioridades de nuevo. Hoy había ido a su primera revisión con el médico, le habría gustado ir con ella, pero tenía clases importantes de las que no podía desistir. Ansiosa por saber cómo había ido todo, llego hasta el tercer piso y abrió la puerta marcada con un 8.

Por poco se da de frente con el pobre de Neville, que estaba en la misma posición y cercanía a la puerta, aparentemente listo para girar la perilla y salir.

-¡Ah! Lo siento Neville—se disculpa con una mano en el pecho por el repentino sobresalto.

-N-no te preocupes, soy yo el que no se fijó—corresponde amable, y cómo habitualmente se pone cada vez que tiene a una chica a menos de un metro, pálido.

-No tienes por qué disculparte, ha sido culpa mía. Vengo de prisa y con la cabeza en otro lugar—insiste ella.

-Bueno… es tu departamento después de todo… así que… técnicamente yo fui quien…

Ginny carraspea ruidosamente, y mira a Neville desaprobatoriamente. Este traga saliva y se recompone.

-Bueno, nos vemos Hermione—se despide—Ginny—asiente hacia ella y desaparece.

-¿Qué ha sido eso?—pregunta la castaña confundida.

-Nada, vino a ver como estábamos, nada más—resta importancia.

Hermione se encoge de hombros y deposita en la mesa su mochila. El nuevo lugar es más pequeño, pero es más acogedor. El color de las paredes, la simpleza del diseño. Comparten habitación, igual que antes; incluso cuando en el anterior lugar se podían permitir tener cada una su propia habitación, preferían dormir juntas, por lo que una habitación única no les molesta.

La cocina y el comedor prácticamente son la misma pieza, con lo más indispensable. Solo en una esquina el espacio de trabajo de Hermione: el escritorio, computador y lámpara de noche, el pasillo al baño y enseguida el mullido sillón de Ginny que se negó a desechar y la mesita ratona que marca la sala. Todo es cómodo y practico.

-Y bien, ¿Qué tal te fue?—interroga Hermione sirviéndose un vaso de agua.

-Todo en perfectas condiciones—declara feliz acomodándose en el sillón—tengo 8 semanas, el crecimiento es normal, sin aparentes malformaciones y… es… diminuto—y señala con el índice sobre un pequeño recuadro de papel.

Se acerca hasta allí para ver mejor. Es la impresión de una ecografía.

-¿No es precioso?—exclama Ginny con ternura.

-Es… diminuto aún Ginny, no lo sé.

-Oh vamos, es perfecto—nunca ha visto tanta emoción en una de sus expresiones—sé que es muy pequeño todavía pero va a ser perfecto cuando crezca. No sé si será una niña o un niño, dijeron que hasta después de los 4 meses sabrían con exactitud, pero yo no quiero saberlo porque eso no importa—y agrega—Escuche su corazón.

Parece imposible que hoy en la mañana Ginny estuviera algo triste y decaída, si ahora sus ojos resplandecen de una especie de brillo difícil de describir. Toma asiento a su lado, dispuesta a continuar deleitándose con el agradable cambio de actitud de su amiga.

-¿A si?

-Sí—susurra, mirando la ecografía.

-¿Y qué tal estuvo?—le pregunta curiosa.

-Fue…-Ginny voltea a verla fijamente, con una sonrisa—fue… como uno de esos momentos en los que sabes que toda tu vida te ha preparado para estar ahí. Para sentirlo todo a la vez. Felicidad y amor por tenerlo, por saber que es tuyo—explica—y al mismo tiempo sentir pánico, como si de pronto cualquier cosa pudiera arrebatártelo. Fue tan extraño… y a la vez tan conocido. Antiguo. Como si siempre hubiera estado ahí…

Ginny recorre su vientre, que todavía no muestra gran cambio, con los dedos de la mano izquierda mientras habla. Hermione pone sus ojos en la imagen del feto en la ecografía y en su amiga alternativamente. Y de pronto ambas se sienten mejor, a pesar de que los últimos días fueron agotadores. Sentadas juntas en el sillón, comienzan a reír. A soltar la tensión de la mudanza, de la escuela, de los planes médicos, de todo.

-Me habría gustado estar ahí—confiesa Hermione después de un rato.

-No te preocupes, la próxima cita la programé un sábado en la mañana—reconforta su amiga.

-Me parece bien. Ya quiero conocer a mi sobrino—y lo dice en serio. De pronto se ha maravillado por ello.

-Todo va salir bien, ¿no?—pregunta Ginny, que se ha quedado pensativa.

-Claro que sí—le asegura Hermione—vamos a sobrevivir, tu bebé estará bien, tu Harry regresara y vivirán felices para siempre—termina imitando la narración de un cuento.

Ginny le da un codazo fingiendo enojo.

-Sí va a pasar. Regresara y seremos felices—asegura después—y luego veremos que hacer contigo, te buscaremos a alguien bueno, ¿sí?

Hermione ríe.

-De acuerdo, de acuerdo—se levanta y le da un beso en la mejilla rápido—ya me tengo que ir, se me hace tarde.

-¿A dónde vas?—cuestiona sorprendida.

-Me voy al trabajo. En la biblioteca cerca del parque necesitaban recepcionista por las tardes y el pago está bastante bien así que…

-Hermione no quiero que te presiones tanto con el trabajo y luego el colegio, yo empiezo a trabajar la próxima semana y…

-Un momento, ¿a trabajar? ¿Dónde? Porque de hecho estuve pensando y haciendo cuentas, resulta que podemos arreglárnosla bien si solo trabajo yo.

-¡Ah no! Eso sí que no—se pone de pie para estar ahora en la misma posición-¿Crees que solo me quedare en casa mientras tú lo resuelves todo? No. El señor Sirius me ofreció ser asistente de administración por las mañanas.

-¿Asistente de administración? ¿Y qué harías exactamente?

-Bueno, no estoy segura. Dijo que podría encargarme de atender la puerta en recepción, o supervisar el correo.

Es muy raro, en realidad. No parece que el administrador (y quien también es dueño del edificio) Sirius necesite ayuda. Más bien parece que quiere despilfarrar el dinero por algo que seguro el mismo puede hacer. ¿Por qué?

-Además no tendría que ir a ninguna parte, estaría siempre en el edificio—insiste Ginny.

-Mm… está bien, luego vemos exactamente qué pasa con ese empleo tuyo. Ya me voy, entro a las 4. Hay comida en el refrigerador—dice cruzándose una mochila de correa y tomando las llaves.

-¿Qué hay de ti? Acabas de llegar y no has comido nada.

-Comí algo antes de la última clase, no tengo mucha hambre. Mejor te veo para la cena—y tiene que elevar la voz para hacerse oír cuando ya ha cruzado el umbral—Nos vemos.

-Nos vemos—dice Ginny enseguida al ruido de la puerta, ya para nadie en especial.

Se vuelve a acurrucar en el sillón, con la ecografía en sus manos. Se mira el vientre cómo si así pudiera ver a esa cosita viva dentro. Y luego mueve la cabeza de un lado a otro.

-Espero que no le demos tantos problemas a tu tía—susurra.