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- Hiei, escúchame. Si no nos vamos de aquí pronto...

Su voz fue cortada por los presentes que vociferaron cuando Kuwuabara fue arrojado de lo alto para impactar con la pared. Su espalda se deslizo dejando una marca, como si hubiera peleado con Toguro el Menor.

- ¡Kuwuabara!- Yusuke olvido la cautela y sus manos se pusieron en forma para disparar.

- ¡No lo hagas!- pidió Tooya, con tensa voz.

Yusuke hizo oídos sordos a los consejos y disparo.

- ¡Cúbranse!- grito Tooya, creando una pared de hielo para protegerse a él y a los otros.

- ¡Vámonos de aquí, Yukina!- Ella asintió y Botan maniobro su remo para escapar.

- Yu...Yukina- Kuwuabara se sintió impotente. Por suerte para él, el ninja expandió su poder para protegerlo de la futura exposición de poderes.

- ¡Hiei!- Kurama no supo de donde salió el impulso, solo se lanzó sobre el pelinegro y ambos dieron con el suelo de espalda.

El ataque a Gran Apostador arraso.

Un segundo después, el Reigan de Yusuke exploto en fragmentos de energía espiritual, repartiéndose en cientos de pedazos a cualquier dirección.

- ¡Pero que…!

Igual que una lluvia en el cielo, las estrellas explosivas cayeron estrepitosamente dentro del estadio. Tooya tuvo que reforzar sus escudos de hielo. Para mala suerte muchos presentes resultaron heridos o tocaron la muerte al instante.

- ¡Kurama, quítate!

Hiei jalo a Kurama de su rojiza cabellera y lo volcó al otro lado para defenderse del bombardeo, que continuo unos minutos más hasta que se acabó la tragedia.

- Eso estuvo cerca...- murmuro Tooya, lamentándose de las perdidas en su turno.

- Ese miserable, ¡Uso mi ataque en mi contra!- Yusuke se hizo una furia.

- Yukina- balbuceaba Kuwuabara- Ojala estés bien.

- Kurama, ¿Sigues vivo?

- Estoy bien. Gracias por cubrirme, Hiei.

- Veo tanto desastre- Dijo una voz, oyéndose como si usase un amplificador- No debí llamar a las Fuerzas Espirituales si hubiera sabido que esto pasaría.

- ¿Que está diciendo ese tipo ahora?- Yusuke busco al dueño de esa voz- ¡Aparece, maldito! ¡Ven, da la cara!

Gran Apostador se hizo presente, flotando a la altura del techo. No había ni un solo rasguño en su indumentaria, un escudo protector que rodeaba su cuerpo.

- Debo admitir que verlos por debajo de mi es divertido- murmuro Gran Apostador para el público bajo sus zapatos, animado por las miradas que le lanzaban.

- ¡Cállate!- Alguien lo ataco con bolas de energía, pero el escudo lo absorbió como si nada.

- ¡No, este lugar se demolerá si continúan atacando!- Demando Tooya, alterado.

Gran Apostador hizo una mueca tediosa, recibiendo los ataques que pronto se hicieron pedazos y regresaron con sus dueños e inocentes. Yusuke tomo protección en uno de los muros de hielo que Tooya creaba sin cesar. En uno, estaba Kuwuabara y aprovecho para preguntarle que le había pasado.

- El...Él le hizo algo a mi cuerpo.

- ¿Qué? ¿Te lavo la cabeza, que te hizo?

- ¡No lo sé!- Kuwuabara estaba abatido- No puedo combatir contra alguien al que no puedo tocar.

- Kuwuabara...- Yusuke no solía ver esa actitud perdedora de su amigo con regularidad. Aparto la vista, era lamentable verlo así- Maldición, ¿Quién diablos es ese?

- Hiei- Kurama paro a su compañero antes que diera el paso para iniciar una contienda- No lo hagas. Te destrozara.

A Hiei le sorprendió el temor en su voz.

- ¿Y qué propones?

- Debemos salir. Todos, hay que huir.

A distancia, Kurama le hizo señas a Tooya. Ambos se estaban de acuerdo con que la retirada era su mejor opción para sobrevivir, nadie deseaba perder la libertad a manos de Gran Apostador. Este pareció darse cuenta de sus planes de escape y apunto al pecho de Yusuke. El moreno salto para atrás, alarmado.

- Detective, ¿No desearía unirse a mí?

Yusuke tuvo que mirar a Gran Apostador un minuto entero para darse cuenta que no bromeaba, quedándose perplejo. Cuando logro despabilarse, Yusuke le enseño su desprecio absoluto.

- Ni de chiste. Me recuerdas a un hombre que conocí. Se llamaba Sakyo y era un retorcido como tú.

- Ese es un error, detective. Nadie se compara conmigo- Miro a Yusuke por un rato, como intentando doblegarlo con su mirada de plomo, hasta que se dio cuenta que nada lo haría inclinarse por el- Ya veo. Ni su sangre Masoku esta tentada.

- Escúchame bien, empresario de porquería. Seré lo que soy pero tengo bien claro lo que es ser un demonio de verdad y eso nadie me lo quita.

- Me asombra tu determinación. Te respeto por eso, lamento mucho si ofendí tu orgullo- Admitió el demonio, descendiendo a cuatro metros del suelo- Pero no es momento de pelear. Mi deseo pronto se cumplirá.

De pronto, Yusuke escucho gritos de ansiedad.

- ¡Todos, salgan!- Era Tooya, apurado- Ya, ya, ¡Salgan! ¡Kuwuabara-san, sujétate de mí! …Oye, ¿Estás seguro que puedes levantarte?

- ¡Soy un hombre, puedo levantarme solo!- Se quejó el pelinaranja, arqueando la espalda de dolor. Una lágrima acabo por resbalar de sus mejillas.

- Hiei, vámonos- pidió Kurama, a punto de jalarlo del brazo cuando se le apartó de manera brusca.

- Yo me quedo aquí.

Gran Apostador se peinó su flequillo.

- Todos, ¿Podrían quedarse quietos? Por favor- El montón hizo lo que creyo mejor; la mayoría intento huir aterrada, otros se quedaban en el lugar, curiosos y estúpidamente valientes para ver qué haría Gran Apostador ante semejante falta de respeto- ¿Porque no son educados y se quedan quietos?

Viendo que no había remedio, levanto ambos brazos a sus costados y los observo sin rastro de sonrisa.

- ¡Expansión de poder, nivel tres! ¡Parálisis, once millas!

Yusuke abrió por completo los ojos.

Hiei gruño.

Kurama se amilano.

Kuwuabara cayó al suelo.

Estaban, estaban...

Yusuke sudo frió, con la pose de su Reigan a medio ejecutar. Su alrededor estaba igual; nadie se movía. Los que hace unos instantes estaban saltando quedaron paralizados, igual que los que iban a tropezar o defenderse.

Fue un poder expansivo y brutal. Kurama apenas pudo mover la cabeza para ver el escenario. No se trataba de una habilidad dolorosa para las víctimas, aun conservaban la vista y la audición, pero no podía mover ni los dedos de los pies.

Kuwuabara, bueno él abrazaba el suelo. En su cabeza le creció un chichón y se desmayó.

"Esta clase de poder no es natural. Ha detenido el movimiento de cada youkai aquí adentro", medito Hiei con rabia. Como ansiaba tomar su katana y terminar con el problema, sus manos apenas le respondían para llevar a cabo su deseo.

"¿Este es...es el poder un rey?", se encontró pensando Yusuke, perplejo.

"Nada de esto se ve bien", reflexiono el kitsune, tratando de mover sus brazos detenidos en el tiempo. "Esta habilidad debería servir con demonios inferiores, no con youkai de clase A como nosotros. ¿Qué significa esto?"

"Debimos escapar cuando pudimos. El Gran Apostador es tal como dicen los rumores", se tensó Tooya, arrepentido de no haber salvado a más gente.

- Cuando todos están quietos se ven... ¿"Tolerables"? Sí, tolerables.

El patrocinador de Subastas de Jack bajo de modo elegante y camino entre ellos, hablándoles sin recibir respuesta.

- Veamos. ¿Cuál de ustedes...?

El paso de sus rehenes inmóviles, admirando el miedo y la rabia impresa en sus caras. Nadie podía hacer nada contra su maldición. Gran Apostador se tomó su tiempo observando atentamente a cada uno.

Se detuvo frente a Yusuke. "Si hubieras aceptado mi oferta...". Yusuke apenas entorno los ojos del coraje, por desgracia su cuerpo no respondió a sus impulsos violentos y Gran Apostador paso de él, yendo por Kurama.

- Antes fuiste un demonio respetable, solo que aún me debes tu cuenta- Dejo fluir su voz, antes de alejarse del kitsune y subir por las escaleras, tirando a varios estorbos de una patada. Ellos no cambiaron su posición al caer, tal como estatuas.

- Tú eres mejor- Hiei repudio que le sonriera con simpatía- ¿Sabes? Me recuerdas a mi hermano.

Acerco su mano a la cara de Hiei. La mirada amenazadora y furiosa del demonio de fuego lo detuvo. Por alguna razón, eso encanto a Gran Apostador.

"¡Déjalo!"

Sabía que era incapaz de moverse, lo que no sabía era como podía sentir perfectamente a Youko intentando emerger, acelerando el ritmo de su corazón. "No te atrevas a tocarlo", oyó a Youko rabioso como nunca.

De pronto, Hiei recuperó su libertad y la capacidad de hablar.

- No tan rápido- El comerciante previno que iba a desvainar la espada y utilizo su habilidad para atrofiarle el movimiento de los brazos- Quiero hablar de un asunto contigo.

- Si es lo que hablaste con Urameshi, olvídalo. No me uniría a una escoria como tú.

- ¿También te has dejado influenciar por los sentimientos? Que decepcionante. Eres el único demonio decente aquí. Te daré una oportunidad.

Hiei gruño para sí, sus pies estaban pegados al suelo.

- Necesito compañía. Lo confieso, extraño la lealtad, el compañerismo, la amistad. ¿Puedo tener eso contigo?

- ¿Qué clase de pedido es ese? Eres patético.

Miro a Hiei intensamente, acunándole el rostro entre sus manos.

- Quiero un compañero en quien confiar, en quien valerme, que me responda y no esté siempre a mis órdenes. Sé que tienes las cualidades que busco.

Gran Apostador le enseño una fotografía, causándole gran asombro.

- ¿Quién lo diría? Para ser un demonio despiadado, tienes nobleza- Toco los mechones negros, su voz cargada de curiosidad y sutil persuasión- Eres una criatura muy interesante. Me gustaría descifrarte.

A espaldas de Gran Apostador, una multitud de demonios se libraron de la maldición. Al igual que una flor quemada que es tocada por el viento, al segundo se volvieron cenizas. Sus pobres almas de color azul pálido emergieron, cada una cargado energía demoniaca.

- Sus almas son mías- Las mismas se balancearon alrededor de Gran Apostador- Mi naturaleza es de los pocos demonios que pueden alimentarse del espíritu de los youkai. No es un hecho bonito pero es lo que soy.

"El poder de Gran Apostador, ¿Es así de grande?", se preguntó Tooya, desesperanzado. Contra todo ese espeluznante espectáculo, Hiei sobresalía de insensible.

- ¿Y que con eso? ¿Pretendes comerme?

- Te lo dije, quiero que seas mi compañero.

- Búscate un loco con tu mismo genio.

- ¿Prefieres convertirte en un alma bajo mi servicio?

La esencia de los entes robados se arrimaron al korrine de fuego, que probó el frió de la muerte. Esas almas lucían iguales a los fantasmas que acompañaban a Gran Apostador cuando lo vio por primera vez.

- Hazlo, jamás cedería.

El estadio entro en conmoción. ¿Quién rechaza a Gran Apostador, el demonio más poderoso del Oeste del Makai? Ser compañero suyo era una honra, convertirse en su siervo un privilegio, estar de su parte significaba salvarse de ser un esclavo. Por anormal e insólito que parezca, por primera vez en la historia alguien le dijo que no.

- ¿Esa es tu respuesta final?

Los ojos de Hiei hablaban por él.

Gran Apostador se inclinó a su cara, al punto que sus narices se rozaban. El espadachín bramo, malhumorado por el acercamiento.

- Puedo darte lo que pidas, lo que desees y mucho más.

Gran Apostador lanzo la fotografía que le mostró antes a Hiei. Docenas de imágenes suyas; sus desempeños con la espada, su puesto en el equipo Urameshi, Yukina de niña, postres fríos y helado, Shigure implantándole el Jagan, Mukuro agradeciéndole por su perverso regalo, Kurama dándole la bienvenida en el cuarto de su casa. Todas las peleas que tuvo, las mejores y que más recordaba. Un collage dentro su cabeza unificada en una sola imagen.

- Puedo dártelo todo. Te daré mi fe, te brindare eternidad.

Gran Apostador le quito la venda, descubriendo el Jagan que brillaba de color ámbar.

- Se mío, Hiei Jaganshi.

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