Uoolaa a todos de nuevo! Después de três días de espera ( lo siento -_-' ), os dejo el cap nr 10! Personalmente me gusta mucho este capítulo pq explora bien los paisajes, climatologia y demografia características de Escocia, y yo soy fan de ella xD bueno no os cuento más y os dejo leer! Espero q os guste :)
Gracias por leer! ^^
Apenas habían acabado de desatar amarras y pasar por las murallas poryuarias de Arendelle, cuando Elsa caminaba nerviosa por los pasillos de la carabela buscando un sitio para estar sola y resguardarse, así no correría el riesgo de congelarlo todo, o a todos.
-Así que, al final decidiste venir…- Escuchaba de nuevo aquella voz familiar que le aceleraba el corazón, la que que su dueña, siempre conseguía cogerla por sorpresa. –No sé por qué diablos mi madre te ha dado el permiso de venir...? No le habrás hechizado con tu magia, verdad majestad?- Reprochó la princesa de Dunbroch.
Elsa se giró para encararla y soltarle una buena respuesta, pero al igual que hacía ultimamente, no lo pudo evitar y quedó unos segundos admirándola... El cabello de Mérida impresionaba a Elsa; siempre que veía la voluminosa melena rojiza moverse con el viento o incluso cuando algunos pocos mechones se interponían en la visión de Mérida escondiendo un poco su rostro, ella parecía perder el aliento, le cortaba la respiración, le fascinaba la diferencia entre ese cabello y el suyo. Podría decir que hasta le hacía gracia, de cierta forma la robusta cabellera.
Elsa intentó concentrarse de nuevo. Cerró los ojos y sacudió la cabeza.
-Mi magia, sólo congela a la gente, princesa. Mi poder de convicción es mérito propio por los muchos años de práctica… Créeme, sé bien cómo convencer a la gente para que cumplan mis voluntades. Pero está bien, me merezco el ataque.- Respondió firme y elegantemente la rubia.
-Y encima de todo es petulante.- Balbuceó entre dientes la princesa y se cruzó de brazos.
La reina no pudo contener la risa y la soltó delante de Mérida. No sabía cómo ni por que, pero le encantaba el modo infantil y enfadón de la princesa cuando se llevaba una buena respuesta o cuando las cosas no salían como ella quería.
-Qué?- Preguntaba incómoda la pelirroja.
-Nada, nada, discúlpame Mérida!- Dijo Elsa aún aguantando la risa.
Se hizo una corta pausa en silencio.
-Cuándo me vas a perdonar y empezar a hablar conmigo de nuevo sin que me ataques?- Preguntó Elsa en un tono um tanto seductor.
-Cuando me pidas perdón por tu horroroso comportamiento de anoche.- Replicó la princesa sin mirarla y aun con los brazos cruzados.
Elsa cogió uma de las manos de la princesa y se la puso en el pecho, repitiendo el mismo gesto que había hecho aquella noche en el jardín al confesarle sus sentimientos.
-Esto, no puede ser sólo un "capricho amoroso"… Siento haberte dicho aquellas cosas anoche.-
Mérida la miró levantando una ceja, aún con cara de desaprobación.
-Pensaré en tu caso.- Replicó la pelirroja orgullosa.
-Oh vamos Mérida! Estoy en una carabela en medio del mar, yendo a un país desconocido, prácticamente sola! Estoy aquí, por ti…- Suspiró Elsa como en una súplica por um poco de consideración.
Bahh qué más da! Tiene razón.. ha dejado su cargo real por mi, para estar conmigo. Ya se ha disculpado y tampoco quiero perder el poco tempo que tendremos… Pensó Mérida. Además, no podría negarse mucho tiempo frente aquellos ojos azul celestes que la hipnotizaban, aquel rostro angelical que juraba ser más bello que el de Afrodita y aquella piel de seda blanca que moría por besar y tocar cada vez que la veía…
-Se te va a caer la baba, princesa…- Soltó Elsa divirtiéndose por la cara que estaba haciendo la pelirroja.
-Oh cállate, reina creída!- De un jalón, Mérida la atrajo hasta si por la cintura y le robó un salvaje beso, que instantes después le fue retribuido, pero de forma dulce y delicada.
Llegaba el atardecer y todos en la embarcación ya habían almorzado. Elsa lo pasó muy bien durante el manjar, escuchando historias y cantorías antiguas sobre los cuatro reinos que incluían Dunbroch. Los hombres de Escocia eran tipos robustos por su mayoría, brutos y toscos de forma general. Contaban sus anécdotas por mar y tierra siempre articulando demasiado y hasta poniéndose de pie frente a la mesa del comedor, como si estuvieran ensenando una obra de teatro.
La reina de Arendelle se estaba divirtiendo bastante, pero no dejaba de notar que Elinor, su anfitriona, la miraba por el rabillo del ojo demasiadas veces. Elsa entonces se dio cuenta de que estaba siendo analizada y observada detalladamente. Fuera ese detalle, el viaje fue tranquilo y ella consiguió mantenerse distraída y calmada.
Break Scene
En el castillo de Arendelle, todo marchaba bien, por ahora… Anna hacía lo mejor que podía llevando tanta gente a su cargo. En sus pausas, ella y Kristoff jugaban a tirarse bolas de nieve que "cogían prestadas" del cuerpo de Olaf para romper la seriedad del trabajo. Parecía que realmente todos se habían olvidado de que Hans seguía allí.
Por lo tanto, en el calabozo, el ex príncipe no dejaba de mirar por la pequeña ventana, ansioso, aguardando algo que sabía que no tardaría…
La carabela escocesa atracaba a la puesta del sol en el majestuoso puerto de Dunbroch. Por fin Elsa conocería el origen de aquella pelirroja que le robara el corazón.
La arribada del barco fue ruidosa y muy conmemorada por los nativos. El sonido alto de tambores y gaitas enzurdecía el ambiente. Mujeres, hombres, niños y niñas gritaban animados el nombre del clan y de su reina, hasta que entre la multitud, dos filas de guardias daban paso a un hombre tremendamente grande, tenía el mismo color de cabello que Mérida y su porte físico era de asustar a cualquiera. Vestía piezas grotescas de piel, cuero y tela mezclados en colores verde y marrón, cosa que Elsa no extrañó em realidad, ya que la princesa y la reina la mayoría de las veces vistieron de verde durante su estancia en Arendelle, o como poco, sus vestidos y joyas lucían detalles en verde.
-Cariño!- Rugió el "gigantesco" hombre mientras abrazaba a Elinor.
–Jáhh! Mi pequeña arquera, ven aquí! Os echaba de menos!- Concluyó la gruesa voz.
Elsa estaba de piedra, no podía creer que aquel hombre era el regente de su reino, un hombre de casi dos metros de altura y por lo menos, metro y veinte de anchura. Ese era el padre de Mérida y rey de aquel lugar!?
-No te sientas pequeña Elsa! Tú eres gigante por tus poderes y mi padre por su tamaño!- Dijo la pelirroja en tono burlón, como si hubiera leído la mente de la rubia.
Allí mismo se hicieron las presentaciones formales entre el rey local y los invitados.
-Entonces, tú eres la que congeló todas nuestras cosechas y ríos!?- Preguntó el rey dejando a Elsa avergonzada.
-Sí, su majestad. Le ruego acepte mis más sinceras disculpas...- Contestó apiadada y haciéndole una reverencia.
-Hahaha es una broma mujer! Es de mi conocer que Elinor ya ha esclarecido todo esos temas contigo!-
-Fergus! Dónde están tus modales!? O el protocolo!? Por los cielos….!- Gruñó Elinor.
Elsa no consiguió evitar soltar una corta sonrisa divertida y luego agachó agacho la cabeza nuevamente.
-Reina Elsa, de Arendelle, majestad. Es un honor ser invitada a pasar los próximos días en vuestro reino.-
-Rey Fergus, del clan Dunbroch.- Se agachó hacia Elsa y le dijo al oído, -No se preocupe por los modales y protocolos conmigo joven reina, no son mucho de mi agrado, me gusta más tratar a mis invitados de manera más coloquial para hacerlos sentirse en casa.- Susurró el rey guiñándole el ojo.
Mérida reía a carcajadas trás de su padre, viendo la cara de espanto de Elsa mientras asimilaba lo ocurrido.
Tomaron rumbo a su castillo, Elsa rodeada por sus guardias y Mérida siguiéndola justo detrás montada en Angus; en seguida y por último, la comitiva de Islandia, la cual había sido también invitada ese año para asistir a la fiesta nacional. Durante el trayecto, Elsa quedaba maravillada por el paisaje que envolvía aquel reino. Con el oscurecer de la tarde, sus colores se veían oscuros y tenues, lo que le daba un aire de misticismo al local, pero cuando la última luz del día irradió la puesta del sol, Elsa vio como el ambiente cambiaba del místico al alegre y acogedor. Le proporcionaba una mezcla constante de colores y sensaciones que ella no supo describir para sí misma. Admiraba cómo la geologia y la flora eran diferentes a la de Arendelle. La tierras de Dunbroch estaba localizadas en un planalto montañoso, al igual que en su alrededor, se veían colinas, montañas y valles y acantilados gigantescos, cubiertos de un verde y grisáceo oscuro debido a que su superfície estaba cubierta de árboles y pasto, haciendo del entorno un ambiente totalmente natural y rústico.
Cuando llegaron a las murallas de la entrada del reino, los invitados de Arendelle quedaron admirándo por varios minutos aquel castillo. Era totalmente diferente a lo que habían visto en su país; se basaba en una construcción robusta y tosca de formas circulares. No lucía una arquitetura báltica como solía ser en Noruega, apenas se denotaba el uso de bloques medianos rectangulares de roca color grisáceo en su fachada y sus techos eran de madera y tejas oscuras. Elsa reconoció el estilo Normando y Renacentista en aquella construcción por lo que había estudiado, pero nunca había tenido la oportunidad de ver algo así en persona. Estaba completamente maravillada. Era verdad también que aquello no se veía como un castillo "real" noruego, pero imponía bastante, eso sí! Era gigantesco al igual que su rey.
Entraron en él y tal como lo hicieron, dieron de cara con el salón del trono, no mucho más colorido o adornado que su exterior, donde les esperaba una mesa enorme, abastecida con varios tipos de comidas, bebidas y postres, cada uno se veía más apetitoso que el otro. Si no fuera por las cabezas de ciervos, osos y jabalís que adornaban las paredes y las extremidades de la mesa, el gran salón luciría mucho más acogedor y agradable...
Fergus estaba posicionado en la cabecera de la mesa, Elinor a su lado derecho y Mérida se colocaba a su izquierda.
-Atención!- Pidió el rey.– A mitad de la frase, se quedó sin palabras al ver que todas las miradas se habían vuelto hacia él. –Ehh… yo…ahm...-
Elinor, volteando los ojos por alto, se levantó de su asiento.
-Queremos dar la bienvenida a nuestros invitados! Esperamos que la estancia en nuestro reino sea de vuestro agrado y que podamos finalizar las fiestas con éxito! Bienvenidos sean! Siéntanse y disfruten del manjar. –Concluía la reina.
Todos empezaban a acomodarse en las grandes sillas alrededor de la mesa cuando Elsa notó que Mérida le hacía señas con la mano, para que se sentara a su lado. Dudó un momento pero al fin cedió, así por lo menos estaría al lado de alquien conocido para reconfortarla.
La cena transcurrió igualmente bien que el almuerzo en el barco; fue incluso más divertido gracias a las travesuras que los trillizos, hermanos menores de Mérida, les hacían a unos pocos invitados por debajo de la mesa, incluso a su propio padre.
-No tenía ni idea de que tuvieras tres hermanos menores! Ha sido una sorpresa!- Recalcaba la rubia.
-Hay muchas sorpresas sobre mis tierras y mi gente esperándote en este viaje Elsa…- Respondió la princesa con aire misterioso y divertido. -Por eso quería tanto que vinieras!-
-Sólo por eso?- Elsa le miraba levantando una ceja y con una sonrisa un tanto depravada, esperando respuestas.
Mérida no dejó que el rubor de sus mejillas le impidiera de responder a la altura, así que sacando su lado más seductor respondió.
-La demás sorpresas se darán entre cuatro paredes y probablemente de noche, alteza... Debéis esperar hasta entonces!-
Elsa se sonrojó aún más que la princesa, agachó la cabeza y volvió a comer de su plato, evitando así la mirada provocante de Mérida.
Acabada la cena, todos fueron invitados a salir a la avenida principal del pueblo, para ver el desfile de apertura del Festival Vikingo del fuego. Se apresuraron por salir, y seguir los reyes de Dunbroch, cada uno de los regentes acompañados por su comitiva, pero Mérida no quitaba ojo a Elsa, la estaba vigilando, se sentía responsable por ella mientras estuviera allí, la estaba… cuidando. Cosa que ella misma extrañaba pues nunca antes había tenido que desempeñar tal tarea ni tenido esse tipo de obligación. Mérida notaba cómo ella misma se hacía más "mujer", más adulta cuando estaba con Elsa... Y eso le desconcertaba.
Llegaron al local, los invitados y los reyes locales tenían un stand en una plataforma alta de madera preparada para que pudiesen ver el desfile desde primera fila.
Elsa se veía nerviosa, pero no en un mal sentido, por lo contrario! Estaba entusiasmada, el interés por ver el desfile, por curiosear cada rincón de aquel precioso reino la mantenía inquieta y agitada; podía decirse que la reina, volvía a sentirse como una "niña"; lo que era totalmente comprensible ya que ni ella ni Anna habían salido de Arendelle a viaje, o siquiera del castillo... A no ser por la "excursión" hasta la montaña del norte en aquella época nevada.
De pronto empezaron a pasear por la avenida, hombres grandes y fuertes sujetando una antorcha encendida en cada mano, tirándolas hacia arriba y abajo como si no pesaran nada. Iban vestidos por unos trajes de pieles pesadas y que les cubría casi por completo sus cuerpos, incluso sus rostros. Mérida había hecho por dónde para sentarse de nuevo al lado de la reina de Arendelle y le iba explicando cada detalle, cada dato que conocía sobre el desfile. Por lo que la princesa le dijo, los hombres iban vestidos siguiendo el estilo de los "guizing", los primeros vikingos noruegos que colonizaron esas tierras.
La noche pasaba y el reino estaba despierto, las fiestas parecían no tener fin, pero los reyes y las comitivas ya se recogían hacia el castillo, ya que a la mañana siguiente habría más festividad por el pueblo.
Una de las empleadas reales acompañaba a Elsa hacia su alcoba, ésta le agradeció con una reverencia y cerró las puertas. La habitación era enorme, poco amueblada pero elegante. Una inmensa cama adornada con sábanas de seda celestes y almohadas de pluma de ganso le sacaron un suspiro de la reina.
-Por fin un descanso…!- Suspiró.
Terminada la frase, el forcejeo de la mazaneta de la puerta tomó a Elsa por sorpresa, ésta se puso en posición de ataque, lista para congelar lo que fuera que intentaba entrar y…
-Hey hey, baja las manos! Vas a acabar congelando a alguien!- Le advirtió la princesa de Dunbroch.
-Mérida! Por los dioses! Cuántas veces te tengo que pedir por favor, que no hagas eso! No me tomes por sorpresa! Puedo ser peligrosa cuando me asusto Mérida!
-Ya, ya, tranquila… Soy sólo yo!- Respondió la pelirroja divertida. –Te echaba de menos…-Finalizó.
Elsa dejó un soplo de aire escapar entre sus lábios mientras cerraba los ojos con fuerza. La verdad es que estaba cansada y quería un poco de paz, pero la presencia de Mérida también le daba cierto tipo de paz que no podría recusar...
-Yo también! Necesitaba un poco de tu abrigo… Pero no puedes estar aquí, te descubrirán!- Apuntó la reina.
-Estoy en MI castillo, en MI reino… Puedo hacer lo que me plazca!- Dijo la pelirroja acercándose demasiado a Elsa. La tomó por los puños levantándolos y pegándolos contra la pared.
-Tendré que mantenerte atada, majestad.- Le susurró Mérida al oído.
Elsa estaba extasiada por el contacto, se sorprendió al notar la fuerza de sus brazos, el aliento de la princesa en la parte superior de su cuello hizo que sus rodillas flaquearan.
-Por qué?- Consiguió preguntar en un suspiro.
-Porque, lo que te haré sentir ahora, va a despertar tus sentimientos más intensos, reina, y no puedo ni imaginar lo que eso puede acarrear.- Respondió dedicándole una sonrisa traviesa.
La pelirroja se aproximó aún más del rostro de Elsa, pero desvió la dirección de su boca hasta alcanzar el lóbulo de la oreja de la rubia, aplicándole leves mordiscos. Ésta sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal y por reflejo, emitió un leve gemido al oído de la princesa.
Mérida no esperó un segundo siquiera y lanzó la reina contra la cama, se apoyó con las rodillas en el colchón, rodeando el cuadril de Elsa y dejó caer su peso sobre ella, sujetándole de nuevo los puños contra la cama, alcanzándole los lábios y besándole intensamente. Ésta se soltó con dificultad y agarró a la pelirroja por el pelo con una mano, y con la otra, su cintura, aun sin despegarse de su boca. El cuerpo de Mérida se estremeció ante el toque salvaje de la reina.
Toda la habitación empezó a helarse demasiado rápido y el pelo de la princesa se fue congelando poco a poco. Mérida reía ante la situación y se veía obligada a disminuir el ritmo a menudo, para que Elsa no congelara el cuarto (o a ella) por completo. La reina se ruborizada, muerta de vergüenza por lo que hacía involuntariamente. Pero la escocesa siempre conseguía tranquilizarla y desviarle la atención, haciendo con que volvieran a la acción.
Así estuvieron durante un tiempo, entrelazándose en medio a las sábanas, entre una mezcla de movimentos bruscos y delicados, parecían fundirse en una sola persona.
-Vas a conseguir acabar con mis fuerzas, princesa.- Susurró Elsa echándose a un lado, recostándose en el hombro de Mérida.
-Te quiero Elsa…-
Elsa se volteó hacia ella asustada e incrédula, la miró por unos segundos, pero Mérida no cambiaba su semblante sonrojado y enamoradizo.
-Estás bien? Qué te pasa?- Volvió a pronunciar la pelirroja.
La respiración de Elsa aumentaba al mismo tiempo en que el hielo por las paredes iba haciéndose más grueso. La princesa la miraba buscando respuestas pero sólo notaba la mirada perdida de la reina.
-N-no…no puedes decir algo así!-
-Algo como qué? Que te quiero...?-
Elsa asintió con la cabeza.
-Cómo que no puedo? Acaso no ves lo que nos está pasando? Lo que me está pasando!?- Reluchaba la pelirroja.
Si Elsa le temía a algo, era a comprometerse sentimentalmente, pues ya le había hecho daño más de una vez a la única persona que amaba, y no quería correr el riesgo de tener un segundo ser querido al que lastimar. Mérida intentaba dialogar.
-Por qué tienes tanto miedo a lo que eres Elsa!? Así no vas a conseguir controlar nada! Tienes que hacerte con ello, tienes que amar y dejar que te amen!-
Elsa la miraba, miraba a su alrededor, el hielo predominaba de nuevo, miraba sus manos y las escondía contra sí.
-Recuerdas lo que me dijiste sobre lo que sientes cuando estoy contigo? Argumentaba la princesa. –Pues yo también lo siento Elsa!-
Antes de terminar la frase, Mérida sujetó la mano de Elsa y la puso contra su propio pecho.
-N-no! No me toques!- Gritó Elsa desesperada.
Había prensado fuertemente sus parpados en el movimiento. De repente, se hizo silencio. Abrió los ojos despacio y notó que su mano aún estaba apoyada en el pecho de la princesa. Cuando enfocó la escena, soltó un ruido de horror.
Mérida respiraba con mucha dificultad y, bajo la mano de Elsa, se había formado una fina capa de hielo quebrantado, cubriendo parte del pecho de la princesa.
-Mérida!- Gritó asustada.
-Estoy bien, tranquila! Estoy bien!- Intentaba relevar la pelirroja. –No ha sido nada... No há sido... en el corazón…
De hecho, la mano de Elsa estaba un poco más arriba, pero aun así, el temor dominaba los ojos de la reina.
-Me conozco la historia de tu hermana… No va a pasar de nuevo, tranquila! Pronto esto se va a descongelar y…-
-Mérida, lo siento.- Le interrumpió Elsa temerosa y arrepentida.
Puso sus dos manos en el pecho de la pelirroja mientras le daba un beso en la frente, y de pronto la capa de hielo se deshizo en el aire en minúsculos copos de nieve de un blanco resplandeciente.
-Woow… eso sí que ha sido una pasada!- Decía la princesa ya recuperándose.
-Tienes que irte…-
-Qué? Que estás diciendo?-
-Tienes que volver a tu habitación Mérida, lo siento.- Y de unos cuántos empujones levantó a la princesa de la cama, le dio su vestido y la empujó afuera de la habitación.
-No voy a ninguna parte Elsa! Ya lo has descongelado, no ves que estoy bien!? No me moveré de aquí!- Retrucó la joven en vano, pues con un movimiento de manos, Elsa creó una pequeña pero potente ventisca que obligó la joven a retroceder, tapándose el rostro y caminando de espaldas hacia la salida del cuarto.
El estruendoso ruido de las puertas de la habitación cerrándose en su cara dejó a Mérida inmóvil delante de la alcoba cerrada, sin entender muy bien qué demonios había pasado. Estaba cansada, con sueño y molesta, verdaderamente molesta, pues Elsa sólo sabía hacerla a un lado desde que empezaron su "romance secreto", y eso no era para nada la mejor manera de empezar una relación.
Se fue a su cuarto mosqueada y un poco perdida, repasando los detalles de la noche, pero el cansancio la venció y quedó dormida aún vestida en posición fetal, encogida por la frustración. Su historia con Elsa era una montaña rusa de sensaciones, pero estaba empezando a perder fuerzas para seguir con una relación de ese tipo, y no se lo haría esconder a Elsa al día siguiente...
Lo siento por las/los fans de Mérida (me incluyo), pero Elsa tiene un carácter muy difícil de llevar y una personalidade muy fuerte... además de ser muy testaruda.
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y no prometo nada, pero intentaré postar otro esta noche para remidimirme por la tardanza d estos días xD
Bsos y gracias por leer! ^^
