Descargo de responsabilidad: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.


Capítulo X


Calma.

El bosque se ha sumido en una calma sobrecogedora, casi perturbadora. Parece el silencio que pronostica el desastre.

Los soldados empiezan a notarlo, alterándose de manera casi imperceptible. Hay demasiado silencio, demasiado para ser normal. Minutos atrás los titanes que se habían agrupado bajo sus pies habían huido al interior del bosque en una loca carrera, ante el llamado desesperado de una criatura en peligro mortal.

Ymir sabía de donde provenía aquel grito bestial. Y aprovechó la confusión del momento para huir.

—Debo encontrar a Christa —se dijo mientras se abría paso entre las ramas de los árboles.

Su habilidad con el equipo de maniobras era admirable. Era como una danza en el aire, fluida, veloz, grácil. Se anticipaba a los obstácuos como un paso aprendido de memoria, esquivaba las ramas y las hojas como si supiera de antemano que estaban ahí. Gastaba poco gas y sabía utilizr su figura larga y delgada para moverse con eficiencia. Ymir era en realidad de los mejores soldados, pero había decidido opacar sus habilidades a propósito por motivos personales.

Un motivo llamado Christa.

El mismo por el cual había abandonado su puesto, desobedeciendo las órdenes de su superior.

—¡A la mierda la líder de escuadrón! ¡A la mierda la legión! ¡A la mierda— tú!

Nickolas Clton venía siguiéndola. Tan hábil como ella, se abría camino entre los árboles. La mirada impasible, los ojos fijos en ella, sin perderla de vista ni un segundo.

Ymir madijo por lo bajo y se desvió hacia el interior del bosque. Tendría que perderlo antes de continuar, o de lo contrario, luchar con él, mas no se sentía segura de poder ganarle en una pelea cuerpo a cuerpo en condiciones normales. Pero tenía que hacer algo, no podía permitir que se interpusiera entre sus planes, entre ella... y Christa. No entendía muy bien porqué se había tomado a título personal el enfrentarse a ella, nunca habían cruzado caminos y su única conexión era un diario gastado donde una tal Ilse mencionaba que un titán había hablado y la había llamado Ymir. Claro, también estaba el asunto del dibujo de la muchacha en cuestión, pero podría tratarse de una simple coincidencia. Aunque bueno, con el Comandante Erwin Smith nada era una simple coincidencia, más bien hechos fortuitos. ¡Y todo por un diario! Ahora este hombre literalmente no le había quitado la vista de encima desde que llegó y parecía morirse de ganas por caerle a puños, pese a su fachada fría y desinteresada.

Pero Ymir conocía muy bien esa mirada. Siempre escondía algo más.

"Yo no maté a tu amiga, así que déjame en paz de una maldita vez" quiso gritarle. Pero eso sería totalmente inútil. Él seguiría detrás de ella como un cazador insaciable, persiuiéndola hasta que solo uno de los dos quede en pie. Y si por él fuera, ella sería la primera en caer.

Ymir continuó desviándose del camino, adentrandose más y más en el bosque. Aquella maniobra le restaba tiempo vital, pero necesitaba deshacerse de él primero antes de buscar a Christa. Tal vez con ago de suerte lograra encontrarse con los titanes que habían entrado mintos atrás. Eso sin duda distraería al joven y le daría a ella tiempo de escapar. Incluso tal vez fuera devorado por alguno de ellos. Tanto mejor. A Ymir no le importaba lo que ocurriera con él. Solo quería que la dejara en paz.

Por su parte, Nickolas no le quitaba la vista de encima, como un titán acechando a su presa. Sabía que al menor descuido la perdería para siempre, y no podía permitir que eso sucediera. Sus órdenes eran vigilar a Ymir. Y ella se había dado a la fuga apenas aquel horrible chillido los alcanzó. ¿Acaso era una señal? ¿Se trataba de un cómplice? ¿En verdad podría ser ella la identidad secreta tras el titán colosal o el acorazado? Nickolas esperaba averiguarlo pronto.

Sin embargo, aquella pecosa flacucha era bastante más hábil de lo que pensaba. Se decía que las mujeres dominaban mejor el equipo de maniobras, y a juzgar por cómo se movía entre los árboles debía darle la razón a dichos rumores. Él, en cambio, era más grande y más pesado, lo que ralentizaba en cierta medida sus movimientos. Tendría que apresurarse si quería alcanzarla. Luego pensaría en lo que haría luego de que le pusiera las manos encima. Aquella maniobra le costaría más gas de lo que quería, pero no tenía otra opción si queía detenerla.

Nickolas ejerció un poco más de presión, liberando más gas. De inmediato se impulsó con más fuerza, adelantándose y acercándose más a Ymir. Se deslizó de árbol en árbol con más fuerza, esquivando las ramas a su paso, sin perder de vista su objetivo. Ymir hiz lo mismo, liberando más gas también, zigzagueando entre las ramas para perderlo. Pero su esfuerzo era inútil. El soldado era tenaz.

Ymir apretó los dientes y se concentró en el camino que tenía en frente.

—¡Ríndete! ¡No tienes escapatoria! —le oyó gritar.

"Por supuesto que la tengo" pensó Ymir.

Observó su mano por un momento, sus nudillos estaban blancos dee apretar con fuerza los mangos que sostenían las cuchillas, las palmas estaban húmedas de sudor. Solo tendría que tomar una, sujetarla entre sus dedos con fuerza y...

El conocido ruido de una explosión interrumpió sus pensamientos. Era una transformación. A lo lejos, Ymir vio emerger de entree el humo una figura alta y majestuosaa, sin piel y cara protegidas por puro músculo. Una cabellera corta, rubia y femenina adornaba su cabeza. Debía ser el titán femenino.

Nickolas también la vio. En su rostrro una expresión de asombro remplazó su máscara habitual de frialdad, sin poder dejar de observarla.

Era la oportunidad que Ymir estaba buscando. En aquel breve segundo de distracción, Ymir desapareció entre los árboles, justo a tiempo antes de que Nickolas se concentrara de nuevo en su objetivo y continuara persiguiéndola.

—Maldción —suspendido en el aire, Nickolas buscó alrededor, en vano. La había perdido—. ¡Maldición, maldición, maldición!

Golpeó el aire y cerró los puños con fuerza. Había fallado. Se había fallado a sí mismo, a la legión, a Eren.

Eren.

El nombre despertó algo en él. Aquel titán que había causado estragos en el ala derecha, donde algunos soldados creían que allí se encontraba el chico titán. Aquel monstruo buscaba a Eren, sin duda.

Nickolas cambió de rumbo y se dirigió hacia donde había visto al titán por última vez. Si lograba retrasarle aunque solo fuera un poco podría darle tiempo a Eren de huir. Luego se encargaría de Ymir. Esperaba que Nanaba lo entendiera. Y si las cosas se complicaban, aun contaban con Christa Lenz para pararle los pies a Ymir.


Si antes el terror no se encontraba en el espectro de emociones que Eren había sentido alguna vez, ahora empezaba a conocerlo. Aquella criatura de mirada inhumana volvía al acecho. ¿Cómo algo podría ser tan hermoso y cruel a la vez? Gunther estaba muerto. Asesinado como si se tratara de un titán mś. La horrenda imagen del soldado colgado de su equipo, chorreando sangre y sin la mitad de la nuca, seguramente le persiguiría por largo tiempo. Lágrimas sin derramar se acumularon en sus ojos, acaso por la velocidad del viento golpeńdole en la cara, o quizá por perder a alguien a quien había empezado a apreciar.

—Eren, tienes que irte —la orden vino de parte de Eld—. Nosotros nos encargaremos.

El chico quiso protestar, pero fue interrumpido antes de siquiera abrir la boca.

—Nuestra misión es salvarte el trasero, ¿recuerdas? —le regañó Oluo. Incluso en momentos como esse intentaba imitar a Levi. Extrañamente, esta vez sonó bastante convincente.

—Eren, ¿es que acaso no confías en nostros?

La voz suave y a la vez detrminada de Petra fue lo que lo llevó de vuelta al camino. Les había prometido confiar en ellos. Pero, también quería pelear. No podía explicarlo, era algo instintivo, natural, como cerrar los ojos al entrar en contacto con el agua. Eren había nacido para luchar, no para huir. Y no quería ver que nadie más perdiera la vida por su causa.

—Yo...

—¡Eren!

Parecía ofendida. Su mirada lo atravesó como una espada, y se vio a sí mismo cediendo.

—¡Confiaré en ustedes!

Eren dio media vuelta, alejándose. Petra le dedicó una breve sonrisa y se lanzó a la acción.

Eran ágiles, rápidos, certeros. Se desplazaban de un lado a otro con la efectividad que solo años de duro entrenamiento pueden lograr. No trabajabn cada uno por su lado buscando la gloria personal, sino que eran una sola mente, un solo ser. Un equipo. Podían comunicarse sin decir ni una sola palabra, saltaban hacia el siguiente paso como si supieran de antemano lo que tenían que hacer. El escuadrón de Levi era legendario, solo superados por su líder. Verlos en acción era todo un espectáculo. El chillido de las cuchillas, agudo y penetrante, se sucedía golpe tras golpe, a una velocidad que no parecía humana.

Primero cayó un brazo, luego el otro. Los tendones cedieron luego, aflojando la carne, levantando nubes de vapor. Tardaría un rato en sanar. La nuca quedó expuesta, libre para ser atacada. Nickolas apenas podía dar crédito a lo que sus ojos veían a medida que se acercaba al claro donde la batalla se desarrollaba. La persona tras ese titán quedaría expuesta pronto.

Nickolas comenzó a preguntarse si en verdad necesitaban su ayuda, y al no ver a Eren con ellos supuso que el jovencito estaría escondido en algún lado. Desvió entonces la mirada de la pelea para buscarlo, sin éxito. Entonces, un grito de mujer devolvió su atención al escenario. Había llegado al claro.

No vio en que momento sucedió y agradeció internamente no haber presenciado la escena. Solo atinó a ver el cuerpo cayendo al suelo, inerte, desangrándose. Cabello rubio, ojos azules apagándose en un parpadeo. El titán femenino le había partido a la mitad con sus dientes, y ahora iba por la chica.

Estaba inundada por el pánico. Nickolas había visto esa mirada antes, la mirada del miedo en su más pura escencia. La reconocía porque lo había visto en ella, la persona por la que se encontraba allí. Y por ese motivo sabía que esa chica pelirroja —Petra a juzgar por los gritos de advertencia de su compañero—, se quedaría paralizada del terror, y en consecuencia, tendría el mismo destino de su compañero rubio.

Ocurrió en un parpadeo. Arreció el paso, gastando más gas del que se podía permitir, y la sacó del camino.

Oluo soltó el aire que había estado reteniendo. La criatura quitó el pie y observó sin emoción el árbol vacío. Petra reaccionó de repente, y se encontró en brazos de un desconocido que la ponía a salvo en una de las ramas más altas.

—Se regeneró en 30 segundos...

—¿Estás bien?

—Se regeneró en 30 segundos... 30 segundos...

La chica parecía en shock.

—Esa maldita perra no va a rendirse.

La voz provino del hombre que había intentado alertar a su compañera. Su pecho subía y bajaba con rapidez, producto del esfuerzo. Estaba agotado.

—¿Tienen algún plan? —preguntó Nickolas.

El hombre miró a la muchacha —todavía absorta en la escena de momentos atrás—, sin saber qué responder.

—Nuestro plan fracasó. Y ahora irá por Eren —soltó una maldición—. Tenemos que detenerla.

—¿Qué sugieres?

Nickolas apretó los gatillos, listo para ponerse en marcha. El titán les había dado la espalda y ahora se dirigía fuera del claro.

Oluo bajó la vista, hacia donde yacía el cuerpo sin vida de su compañero, y su mirada se ensombreció.

—Hay que proteger a Eren a cualquier costo.

Sin esperar respuesta, Oluo puso en marcha el equipo y se fue en dirección a donde había huido la mujer titán. Nickolas asintió y le hizo una seña con la cabeza a Petra. Esta asintió en respuesta, parecía haberse recuperado. Ambos abandonaron su posición y pronto alcanzaron a Oluo. El titán femenino corría despacio, por lo que lograron alcanzarlo rápidamente.

—¿Qué sabemos de esa cosa?

El otro hombre tardó un segundo en responder.

—Primero dime porqué demonios habríamos de confiar en ti. Saliste de la nada y no sabemos quién eres. ¿Cómo puedo saber que no eres nuestro enemigo?

—Salvé su vida, ¿no? —Nickolas señaló a Petra con la cabeza.

—No respondiste a mi pregunta.

Nickolas lo pensó un momento antes de responder.

—Sé cuál es el veradero propósito de la expedición.

La respuesta pareció impactar a sus nuevos compañeros, y Nickolas no tardó en comprender porqué.

—¿No lo sabían?

Oluo intentó mantener una expresión indiferente, pero ya era tarde. Nickolas lo había descubierto.

—¿Cómo si quiera sabes si hay "una verdadera misión"? —preguntó a la defensiva.

—Porque el Comandante en persona me lo dijo. Creía que lo sabían, son el escuadrón que protege a Eren —dijo.

El comentario no le sentó bien a Oluo, y estaba a punto de protestar, pero fue interrumpido por su compañera.

—Miren —señaló al frente— está acelerando.

—Debió haber visto algo —comentó Nickolas.

—Es lista y cruel —Oluo respondió a la pregunta que le había hecho segundos atrás—. Masacró a la retaguardia sin pesañear.

—Sabe lo del punto débil —añadió Petra—. Y también sobre el tiempo de regeneración. No la subestimes.

Lo último pareció una súplica. Nicolas asintió y mantuvo la vista al frente.

—Nos adelantaremos y le cortaremos el paso —indicó Oluo—. La cegaremos, pero esta vez dejaremos clavadas las cuchillas. Tardará más mientras estén allí, y no podrá quitarlas hasta que sus brazos se hayan regenerado.

Petray yo atacaremos el brazo izquierdo, mientras tú cortas el derecho. Cuando terminemos, irmos a ayudarte. Esta vez los arrancaremos por completo. Luego continuaremos con los talones y la parte trasera de las rodillas, y si no funciona... uno de ustedes deberá buscar a Eren y ponerle a salvo.

"El resto se quedará aquí y tratará de retrasarle tanto como pueda" completó Nickolas en su mente.

—No te aceques demasiado a su rostro —añadió Petra con un dejo de tristeza—. Aun puede usar sus dientes.

Los tres soldados se dedicaron una última mirada, y devolviendo la vista al frente, aceleraron el paso para enfrentarse a su nuevo enemigo.

—¡No mueran! —les gritó Oluo, ants de tomar su posicón hacia la izquierda.

"Todos los hombres deben morir" recordó Nickolas, tomando su puesto del lado derecho.


Volví.

Vamos a ver si puedo acabar con esto antes de que termine este año.

PD Te odio pinche Gabi qlera.

—Fanfiction 14 de noviembre de 2018