ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.
Capítulo 10
-Soy Lexa Woods. Me gustaría hablar con la jefa de gabinete, por favor.
-Son las 4.30 de la mañana, señora -informó una educada voz masculina-. Con mucho gusto transmitiré su mensaje.
-Tal vez sea mejor que compruebe antes su lista de prioridades -Lexa oyó ruido de papeles. Cuando el oficial de guardia habló de nuevo, lo hizo como si estuviera en posición de firmes.
-La paso inmediatamente, señora.
-Gracias. Cífrelo, por favor.
-Sí, señora.
Abigail Washburn respondió segundos después con voz cortante y enérgica. Lexa no dudó que estaría despierta.
-¿Algún problema, comandante?
-Llámelo precaución, señora. Estoy en Manhattan. Le sugiero que esta tarde ponga más agentes a disposición de Reyes -a pesar de que la transmisión era cifrada y, por tanto, en principio segura, Lexa no dejaba nada al azar cuando se trataba de Clarke. Esperaba que Abigail entendiese lo que quería decir sin necesidad de más explicaciones.
-¿Por algún motivo concreto?
-Es solo una sensación.
-Con eso basta -Abigail suspiró-. ¿Y el Nido?
-Imagino que Tom se habrá ocupado de eso -Lexa sabía que Tom Turner, el jefe de seguridad del Presidente, había suprimido todas las paradas en la primera aparición pública del Presidente después de los ataques. Sin duda todos los agentes del FEI, el Servicio Secreto y el Departamento de Policía de Nueva York habían sido movilizados para la visita del Presidente a la Zona Cero-. Pero Egret tiene tendencia a escabullirse.
-Y tanto -dijo Abigail con un cariño que se percibía a través del teléfono-. ¿No tiene nada concreto?
-Solo llevo aquí unas horas, pero las cosas están mal en el Nido. No me gusta.
-Mierda. A mí tampoco. ¿Estará usted cerca esta tarde?
Lexa esbozó una sonrisa fría y dura.
-Cuente con ello.
-Me ocuparé de que salga de aquí bien custodiada.
-Gracias. Ah, otra cosa.
-Ayer me di cuenta de que quería algo en particular -comentó Abigail-. ¿De qué se trata?
-No se trata de qué, sino de quién.
-La escucho.
-Quiero a Indra Davis conmigo a partir de hoy.
-Eso será difícil. La investigación de seguridad lleva tiempo, y no puedo hacer gran cosa ante el comité especial del Departamento de Justicia.
- Si queremos encontrar a esa gente, tendrá que ser a través de alguna conexión con Green -afirmó Lexa sin titubear-. Necesito a una experta en informática.
-Puede tener a cualquiera ... En el Departamento de Justicia hay un agente considerado el mejor. Al parecer es un poco raro, pero ...
- No me sirve -interrumpió Lexa-. Indra es de las mias. Corrió riesgos durante el ataque, igual que Reyes. Tiene suerte de haber sobrevivido. No puede estar involucrada.
-Veré qué puedo hacer, pero esas cosas tienen un coste.
-Oh, ya lo sé. Todo tiene un precio, y lo pagaré. En cuanto a los otros miembros del equipo ...
Abigail se rió.
-Ha estado muy ocupada desde que hablamos ayer.
-Aquí las cosas están patas arriba -afirmó Lexa.
- Sí. ¿A quién necesita?
Lexa se lo dijo y esperó.
-No creo que haya problema. Considérelo hecho a menos que le diga lo contrario antes de mediodía.
-A esas alturas estarán trabajando conmigo.
- Sí, claro -admitió Abigail-. Buena caza, comandante.
Lexa estaba pensando en la caza mientras se servía la primera taza de café poco después de las siete de la mañana.
-Veo que recuerdas las cosas fundamentales -comentó Zoe a sus espaldas.
Lexa se volvió hacia la puerta de la cocina sonriendo.
-Espero que no te importe.
-Hummm, en absoluto. Me gustan las mujeres decididas, sobre todo por la mañana -Zoe, vestida con blusa de seda verde pálido y pantalones color tabaco, cruzó la brillante cocina de acero y granito modelo Architectural Digest y se acercó a la encimera. Pasó al lado de Lexa para coger la cafetera y, con exagerada cautela, procuró no tocarla. A pesar del tono coloquial de Zoe, a Lexa le pareció detectar rastros de lágrimas bajo el perfecto maquillaje de su anfitriona.
-¿Mala noche?
Zoe se rió y sacudió la cabeza.
-¿Acaso no sabes que eso es algo que nunca debes preguntar a una mujer? Da la impresión de que se me nota la edad o de que tengo una pinta desastrosa.
-No es el caso -dijo Lexa, muy seria-. Pero ha sido una semana horrible.
-¡Oh Dios, sí! -a Zoe le temblaba un poco la mano cuando se acercó la taza a los labios. Bebió un sorbo y apoyó la cadera en el borde de la encimera, mirando a Lexa-. ¿Has dormido algo?
-No mucho -en realidad, no había dormido nada. Después de hablar con Harper, se tumbó en el sofá durante varias horas antes de regresar al balcón, hastiada. Estuvo a punto de dormirse en la tumbona, pero la letanía de cosas pendientes se repetía en su cabeza y le impedía conciliar el sueño. Al final, tras renunciar, llamó a Abigail. En aquel momento, duchada y vestida con pantalones negros y un polo oscuro, había escondido la fatiga bajo la ocupada agenda del día.
-Clarke viene esta tarde con su padre.
-Lo sé, me lo ha dicho -Zoe entrecerró los ojos estudió a Lexa con aire pensativo-. No te gusta nada, ¿verdad?
Lexa sonrió.
-¿Cuál ha sido la primera pista?
Zoe se rió.
-¿Cómo llevas tu preocupación por ella?
En otra época Zoe no habría formulado una pregunta personal, a pesar de que siempre había sido muy curiosa. Respetaba la intimidad de su mejor amiga, aunque a veces envidiaba la evidente pasión reinante entre Clarke y Lexa. y sabía que Lexa era, si cabe, aún más reservada que Clarke. Pero en un mundo en el que el exterminio podía llamar a la puerta una soleada mañana, parecía ridículo regirse por las convenciones. Y para quienes vivían bajo la sombra de la tragedia, la vida había adquirido mayor intensidad, y perdían sentido la cautela y la prudencia.
-Me pagan por preocuparme por ella -respondió Lexa en tono amable. Era la respuesta más sencilla y la verdad. Pero había notado el cariño tras la pregunta de Zoe y sabía que esta quería a Clarke, así que añadió-: Me esfuerzo al máximo por disimular mi preocupación ante ella porque necesita pensar que su vida es normal. Y, cuando surge algo como lo de hoy, me pongo histérica. Hago todo lo posible por garantizar su seguridad.
-Supongo que si Clarke supiera lo duro que es para ti, cambiaría.
-Tal vez -admitió Lexa-. Y eso mataría algo dentro de ella -Lexa lavó la taza en el fregadero y la puso boca abajo sobre las ranuras practicadas en la encimera de granito a modo de escurridor-. Por eso no se lo digo.
-Por supuesto. Ni yo tampoco -Zoe dejó su taza junto a la de Lexa-. ¿Querías hablarme de algo?
-¿Te importa si vamos al balcón? -preguntó Lexa cuando salieron de la cocina.
Zoe se detuvo en seco en medio del salón y miró a Lexa con asombro.
-¿No confías en Harper?
Lexa permaneció callada mientras iban hacia el balcón. El salón estaba vacío, y no se oía ruido en las habitaciones del otro lado del pasillo. Zoe no dijo nada hasta que estuvieron en el balcón, con las puertas correderas de cristal cerradas.
-No se me ocurre ningún modo de decirlo que no sea desafortunado -comentó Zoe sentándose en una tumbona-. Dio la casualidad de que anoche estaba en el salón cuando Harper y tú hablabais aquí y, luego, conversamos.
-Y te contó lo nuestro -Lexa apoyó la espalda en la barandilla; el sol quedaba detrás, de modo que la sombra envolvía su rostro. La técnica interrogatoria fue tan automática que ni siquiera tuvo que pensarla.
Zoe protegió los ojos con la mano frente al sol matutino y asintió.
-En parte -se rió-. Me temo que no hubo detalle Por lo visto todas las mujeres que conozco quieren compartirte. Incluso a toro pasado.
-¿Te dijo que Clarke lo sabe?
-Sí. Me gustaría decirle a Clarke que lo sé. Ocultar secretos a las amigas es la forma más rápida de perder la amistad.
Lexa percibió el pánico en la voz de Zoe.
-Clarke no te lo dijo porque quería protegerme.
-Y ahora tú la proteges a ella -Zoe sonrió-. Tiene una gran defensora en ti.
-No -Lexa se adelantó dos pasos y se sentó en el extremo de la tumbona mirando a Zoe. Luego, se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas-. Yo solo quería que supieras que lo hizo por mí y no para ocultarte nada. En realidad -añadió, con un suspiro-, creo que le ha costado mucho.
-¿Seguro que no te importa si hablo con ella del asunto?
-En absoluto.
-No has respondido a mi pregunta anterior. ¿No confias en Harper?
-No se trata de en quién confío y en quién no -contestó Lexa-. Se trata de proteger la privacidad de Clarke y de preservar su seguridad.
-No creerás que Harper es una amenaza -dijo Zoe a la defensiva.
-No hablo de Clarke delante de nadie -era verdad, aunque también una evasiva.
-No, los que la queremos no lo hacemos. Lo entiendo -Zoe parecía satisfecha-. Dime qué quieres saber.
-Quiero saber los nombres de todas las personas que te preguntaron por Clarke el último año. Quiero saber cuántas personas nuevas han entrado en tu vida en el mismo período, bien por razones profesionales o personales, Quiero saber si alguien te ha llamado la atención por alguna rareza.
Zoe se rió.
-No hablas en serio.
Lexa se limitó a asentir ..
-¡Dios mío! Dirijo una galería de arte. Sheila Blake es una de mis clientas, y todo el mundo sabe, al menos en los ambientes artísticos, que Blake es Clarke Griffin. La gente no para de preguntarme por sus obras.
-¿Alguien que mostrase más interés que los demás? ¿Alguien que hiciese preguntas insistentes o repetidas o que fuese muchas veces a la galería sin motivo?
-No se me ocurre, pero puedo revisar los libros de ventas de la galería, a ver si me refrescan la memoria.
-Bien. Estupendo. Pregunta a tus empleados si recuerdan que alguien se interesase por los proyectos de Clarke o hiciese preguntas personales sobre ella: dirección, teléfono, correo electrónico -Lexa se inclinó aún más, lanzando chispas por los ojos-. Cualquier cosa. Nada llamativo. Esos tipos son profesionales. Explícaselo.
-Lo haré. Hablaré con ellos hoy por la mañana -Zoe frunció el entrecejo-. Has dicho contacto personal. ¿No creerás que alguien con quien ... he tenido relaciones íntimas ... ha participado?
-No lo sé. ¿Has conocido a alguien en circunstancias extrañas o que te parezca demasiado perfecta y encaje excesivamente bien en el tipo de mujer que te atrae?
El silencio se impuso unos momentos mientras ambas se miraban con el nombre pendiendo entre ellas. Como una premonición, las puertas de cristal se abrieron y apareció Harper. Su blusa de color azul hielo resaltaban sus ojos, que miraron con extrañeza a Zoe y a Lexa. Lo que vio en sus rostros le hizo alzar las manos en un gesto de disculpa.
-Lo siento. Por lo visto, interrumpo -se retiró el pelo de la cara sosteniéndolo para que no lo alborotase el viento, y miró a Zoe-. Quería decirte que me marcho. He pedido un taxi.
-¿Ahora mismo? -Zoe se levantó-. ¿Por qué?
-Un asunto de trabajo. Surgió hace unos minutos. Me ha llamado mi cliente -Harper sonrió y se encogió de hombros-. Ya sabes cómo son esas cosas. Cuando a un cliente se le mete algo en la cabeza, no hay forma de desmontarlo. Odio salir corriendo cuando has sido tan amable conmigo.
Lexa se levantó y entró en el salón para dejadas solas.
-Yo también tengo que hacer unas llamadas. Cuídate -dijo al pasar junto a Harper.
-Lo haré. Tú también, Lexa -Harper no apartó la vista de Zoe durante el intercambio de palabras con Lexa. Cuando Lexa entró y cerró las puertas, Harper repitió- Siento todo esto.
-Creí que lo habíamos aclarado anoche -dijo Zoe acercándose a Harper. Estaban cara a cara, ambas con expresión de fastidio y alerta-. Las dos tenemos pasado. Yo no pienso disculparme por el mío, ni espero que lo hagas tú.
-Eres muy considerada.
-Al diablo con la consideración -repuso Zoe-. Sabes muy bien que me siento atraída por ti. Más que atraída. ¿Por qué te vas?
-Ya te lo he dicho ... trabajo.
Zoe la miró sin pestañear.
-En esta ocasión no te preguntaré de qué se trata porque resulta evidente que no te apetece contármelo. Pero sí te preguntaré una cosa y quiero una respuesta sincera. ¿Te volveré a ver?
Harper dudó y, en vez de responder, puso la mano en la nuca de Zoe y la atrajo para besada. Al principio la besó tiernamente, un mero roce de labios, deleitándose en su subyugante sabor hasta que de pronto deseó más. Más que un susurro de despedida. Necesitaba algo que llevar consigo. Sin romper el contacto visual, acarició la boca de Zoe con firmeza, un contacto lento y prolongado mientras la punta de la lengua de Zoe brillaba entre sus labios. Zoe contuvo la respiración,. primero sorprendida y, luego, al notar un nudo en el estómago.
-Oh -murmuró-, no hagas eso para dejarme despues.
-Esperaba que lo recordases -dijo Harper olvidando la sensatez-, hasta que vuelva.
-¿Volverás? ¿En serio?
-Sí, si puedo.
La pena que transmitía su voz era demasiado sincera para que Zoe no la creyese. Zoe rodeó con los brazos la cintura de Harper, contenta al ver que la otra mujer no se apartaba.
-Cuando vuelvas, ¿me dirás qué es eso que según tú no podría afrontar?
-Sí, si puedo -respondió Harper incapaz de contenerse. Besó a Zoe una última vez, deseando con todas sus fuerzas paliar el dolor interior con algo tan simple como un beso. Lo podía justificar, si la presionaban, como una indiscreción momentánea en medio de un mundo enloquecido. Se dio cuenta de que había fracasado estrepitosamente cuando comprendió que solo quería seguir besando a Zoe hasta que la otra mujer ocupó de lleno su corazón y su alma.
-Adiós -murmuró Harper apartándose. Estiró la mano para abrir la puerta sin apartar los ojos de Zoe.
Zoe la dejó marchar. Por motivos que no lograba entender, mientras la veía marchar, susurró:
-Cuídate.
