Mi padre y mis dos amantes


—Se paró frente a mí, su rostro era igual al mío. ¡Te lo juro! —Dejó caer su cabeza en la mesa, haciendo un sonido sordo al chocar contra esta.

—Pudo tratarse de alguna farsa —habló flemático, pero sin restar importancia a las palabras del rubio.

—Lo pensé pero mi madre me llamó para confirmarlo, ella no bromearía con algo así.

—¿Qué harás? —Se cruzó de brazos, tratando de controlar aquel impulso de aconsejarle cuando lo que debía hacer era solo escuchar.

Levantó la vista observando los ojos esmeraldas de Gaara. No tuvo el valor de contarle a nadie más sobre la repentina aparición de su padre, tenía miedo de demostrar la ilusión que le superaba en ese instante y después ser bajado a rastras por la decepción, no quería mostrarse débil o humillado frente a Sasuke y Neji. Con Gaara era diferente, después de todo era su amigo; sabía de sobra que el concepto que tenía de él ya era lamentable, por eso no le importaba continuar derrumbándose ante este, quizá algún día solo quedarían sus cenizas frente al pelirrojo.

—Quiero verle, pero no podría ir solo...

—Sasuke o aquel chico de pelo largo pueden acompañarte. —Desvió la mirada con incomodidad.

—No les he dicho y no quiero que lo sepan hasta que esté completamente seguro —soltó un suspiro con cansancio—. ¿Me harías el favor? Si no puedes lo entiendo, incluso si no quieres puedes decirlo.

El chico frente a Naruto se removió en su asiento, estaban en la cafetería saltándose las clases de la universidad.

—Iré contigo.

No dijo nada más, no quería saber el motivo por el cual solo a él se lo había contado, quería creer que le tenía más confianza, pero en el fondo sabía que se trataba de otra cosa y no haría nada por descubrirlo. Al menos el rubio le tomaba en cuenta en aspectos importantes de su vida y eso nadie se lo quitaría.

—Gracias, Gaara, lamento haberte traído diciendo que era una urgencia, ¿tendrás problemas con tus profesores?

—No te preocupes, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. —Sonrió con melancolía.

Tragó saliva, debía ser una persona horrible por continuar dependiendo de Gaara cuando sabía que le había lastimado. Después de aquel día en que le atrapó con Neji en su habitación todo había cambiado. No hablaron de aquello, ni siquiera lo mencionaron, el pelirrojo pretendió olvidarlo y Naruto no le obligó a enfrentarlo. No hizo preguntas, ni le cuestionó, pero notó el delgado muro que comenzó a formarse entre ellos.

—Tú también, por favor —musitó.

Fingió no escuchar lo último —. Me alegra ver que tu brazo está bien del todo, realmente me asusté cuando te llevó la ambulancia.

Tosió nervioso y con las mejillas rojas contestó:

—Sí, lamento eso.

No había más que decir, las palabras cada vez que se encontraban parecían rehusarse a salir.

—Bueno, me tengo que ir, esperaré tu mensaje para que me digas la hora y el lugar. —Se levantó dejando un billete junto a la taza de café del que solo tomó un trago.

—No, yo invito, es lo menos que puedo hacer. —Le devolvió el dinero.

Asintió sin inmutarse.

—Nos vemos.

Se fue dejándolo solo con aquel té especial que encargó y que al final le pareció muy amargo como aquella sensación en su pecho.

Todo fue tan extraño, aún no creía lo que había pasado. Su padre apareció.

Caminaba con desgana a su departamento, bastante cansado por ir a las clases después de varias semanas de ausencia. Parecía que todos le llevaban ventaja, le costó trabajo concentrarse y entender lo que explicaban. Giró en la esquina donde estaba ese gran roble a un par de calles de su casa, las hojas se levantaron por una fuerte corriente de aire y sintió un toque en su hombro. Al voltear lo primero que vio fue unos ojos sorprendentemente azules, abrió la boca asombrado y distinguió a un hombre mayor que él con el cabello rubio.

Se presentó como Minato Namikaze, le dijo que era su padre y él no reaccionó con coherencia, le pidió una cita para hablar con mayor tranquilidad y después se marchó.

¿Qué se supone que debía sentir? Alivio por saber que tenía un padre, miedo al no saber nada más de él, coraje porque le abandonó, felicidad porque le había buscado, tristeza al mirarle y saber que nunca estuvo a su lado cuando más lo necesitó. Todo eso parecía agolpar en su pecho y en su cabeza, la llamada de su madre no le tranquilizó para nada, tan solo le dijo que el hombre que se presentó ante él realmente era su padre. Quería saber más, quería recibir un montón de respuestas a las preguntas que por años nadie se dignó a escuchar y parecía que aquel hombre estaba dispuesto a responder, pero tal vez la verdad sería cruel.

—Tranquilo, trata de respirar por la nariz y saca el aire lentamente por la boca. —Le enseñó cómo hacerlo.

—Gracias. —Cerró los ojos y siguió su consejo.

Estaban justo en el centro de la ciudad, enfrente de uno de los muchos restaurantes de la zona, lo único que diferenciaba a este en particular era el ambiente silencioso, ideal para tener una buena charla con una persona que no veías por años o para un par de amantes tratando de pasar desapercibidos.

—Me iré a la mesa que está más cerca a la salida, te espero, tomate todo el tiempo que sea necesario. —Le dio una palmada en la espalda para tratar de reconfortarle.

—Si tienes que irte me avisas y yo...

Negó con la cabeza cortando lo que el rubio decía.

—Media hora, dos horas, tres o cinco, el tiempo que sea necesario. —Le miró fijamente.

—En verdad agra...

Volvió a negar.

—Si quieres salir me mandas un mensaje y yo voy a buscarte con algún pretexto.

Después de hablar estiró el brazo para indicarle que pasara primero, a Naruto no le quedó de otra, avanzó con paso ligero al interior.

Un empleado le guió a la mesa donde esperaba su supuesto padre, al verle este se levantó para saludar dando un fuerte apretón de mano. Ordenaron un platillo del que Naruto no prestó mucha atención, una vez solos, Minato tomó la iniciativa.

—Me alegra que decidieras venir, supongo que tienes muchas dudas y otro poco más de preguntas. —Sonrió a modo de disculpa.

En realidad tenía muchas en mente, pero una acudió rápidamente.

—¿En verdad es mi padre?

—La genética en nuestro caso parece ser muy asertiva, pero entiendo que tengas tus dudas —se aclaró la garganta—. Podemos hacernos una prueba de ADN para que estés completamente seguro.

—Me gustaría... ¿A usted no? —preguntó con incredulidad.

—No hace falta, para mí no hay ninguna duda, pero lo haré por ti —contestó con tanta seguridad que por un momento Naruto se sintió tonto.

—Puedo saber el motivo por el cuál hasta hoy le interesa conocerme —habló con voz temblorosa.

El mayor le observó por un instante.

—Lo lamento, no puedo responder eso, podría inventar cualquier cosa, pero no quiero mentir.

—¡¿Por qué no puede?! —alzó la voz enfadado.

—Por respeto a Uzumaki Kushina —dijo con tranquilidad.

—Entonces... ¿Qué es lo que sí puede decir? —Le miró irritado.

—Naruto, me alegra ser tu padre...

Había pensado por mucho tiempo que decir cuando estuviera frente a su hijo, pero estar ahora frente a él era doloroso, había vivido sin saber de su existencia y ahora enterarse de aquello le hacía ver todo completamente diferente. No odiaba a Kushina por nunca buscarle y contarle, después de todo se había hecho cargo de Naruto por sí misma, pero desearía haber vivido junto a él, verle crecer, tomar su mano cuando aprendía a caminar, contarle cuentos antes de dormir, besar su frente antes de marcharse a la escuela, darle consejos y transmitir lo que siempre pensó no tenía a quién.

—Por favor, no me trate como si me conociera. —Apretó los puños.

—Lo siento, lamento todo lo que ocasionó mi ausencia, perdón por aparecer cuando ya no entro en tus planes... Pero me hace feliz ver que eres un gran chico...

—No soy un gran chico, soy gay y muchas personas me odian por eso, mi madre está enferma y yo solo le ocasiono más problemas, no le agrado mucho a mi propia familia, de niño era el más torpe y el payaso de la clase, no tuve ningún amigo hasta los trece años. ¡¿Quiere saber una cosa más escandalosa del chico frente a usted?! Salgo con dos hombres.

Se sumieron en el silencio, el menor había descargado su furia, pero al final se sintió peor, sabía que Minato no era el culpable de sus desgracias, pero si hubiera estado con él, quizá algo habría cambiado.

—No soy un gran chico... —susurró.

—Hace unos días llamé a tu madre, me dijo que caminaste a los nueve meses, que te quedabas en casa en lugar de salir con los demás niños para cuidarla, que encontraste un ave herida cuando tenías ocho años y que tus abuelos te obligaron a abandonarla, pero te escabullías para curarla y darle de comer hasta que murió, ese día me dijo que no lloraste frente a ella, que de hecho nunca lo hacías, me contó que unos chicos se burlaban de ti a los catorce años, pero cuando ellos estaban en problemas no dudaste ni un segundo en ayudarles, que cuando te marchaste del pueblo un grupo grande de amigos te hizo una fiesta de despedida, no solo asistieron jóvenes, asistió una doctora con la que te llevabas muy bien y le decías de cariño abuela, también varios maestros y el director de la escuela, el dueño del puesto de ramen donde te la pasabas comiendo los fines de semana, también un extranjero que es escritor y que le tenías un especial respeto, tantas personas que el jardín se llenó de gente. Naruto vales más de lo que crees.

Bajó la mirada avergonzado, había olvidado todo eso.

—Me gustaría saber más de ti, me gustaría ser parte de tu vida —habló tratando de atraer su atención.

—Esto es realmente confuso, yo no sé nada de usted...

—¿Qué quieres saber de mí? Te contestaré cualquier cosa.

—¿A qué se dedica? ¿Tiene más hijos? ¿Está casado? ¿De dónde es? ¿Dónde vive? —habló atropelladamente, atacando con un montón de preguntas, todas aquellas que se agitaban en su cabeza.

—Soy pintor, eres mi único hijo, nunca me casé, nací en Gales un país de Europa, no vivo en ningún lugar en específico, mi hogar se forma en cada ciudad o pueblo que piso.

—¿Amó a mi madre?

—Es la única mujer que he amado. —Sonrió ocultando la tristeza que le provocaba esa pregunta.

—Está bien... ¿Puedo confiar en usted?

—Si me lo permites, estaré contigo y te prometo que jamás te mentiré. —Sus ojos reflejaban sinceridad.

Se sentía extrañamente renovado, dejó su esperanza crecer con libertad, pero no hablaría del tema con nadie más hasta tener los resultados de la prueba de ADN en sus manos.

Entró a su departamento, las luces estaban encendidas, pero no veía a nadie en la entrada, ni en la cocina y mucho menos en la sala. Su celular al conectarse al Internet de la casa timbró anunciando un mensaje de Kiba: «Estaré en casa de Ino, no creo llegar a dormir, ¿puedes darle de comer a mis peces?, su comida está en una bolsa a un lado de la pecera, ya sabes cuánto darles. Gracias y hasta mañana».

Se fue directo al cuarto de Kiba para hacer lo que le pedía, si lo dejaba para luego al final olvidaría hacerlo como la última vez. Al salir escuchó unos jadeos, pegó su oreja en la puerta de la habitación de Neji y lo que escuchó hizo que se le subieran los colores hasta el rostro.

Sasuke apareció en la biblioteca con una chica pelirosa, buscaron un par de libros y se sentaron a estudiar; las horas pasaron, la chica se despidió del azabache y él continuó estudiando. Esperaba a Neji. Cuando el reloj marcó diez para las nueve el castaño anunció que la biblioteca cerraría. Los chicos dejaron los libros en su lugar, algunos solicitaron llevarse a casa un par, otros se marcharon y Sasuke continuó sentado hasta que todos salieron, era una rutina discreta que había desarrollado el último mes.

Le ayudó a Neji a dejar todo en orden y se fueron juntos.

Querían hablar con Naruto porque le notaban extraño los últimos días, pero les había avisado que hoy saldría con algunos amigos y ellos decidieron esperar por él.

Una vez en el departamento buscaron algo que prepararse para cenar. Después de un rato Neji recibió un mensaje de Kiba: «Tal vez no llegue a casa, estoy con una amiga, ¿puedes recordarle a Naruto que le de comida a mis peces?, es muy torpe y no quiero que sufran de hambre de nuevo. Gracias y nos vemos en la universidad».

—¿Es Naruto? —preguntó Sasuke mientras descansaba su cabeza en el respaldo del sillón.

—Es Kiba, dice que quizá no llegue —contestó mientras escribía una respuesta al mensaje.

—Genial, así podremos hablar mejor con el Dobe.

—Sí, ¿quieres ver algo en la televisión? No sé a qué hora vaya a llegar, últimamente estoy ya durmiendo y no le veo entrar.

—No, me duele un poco la cabeza, creo que veo letras por todas partes. —Cerró los ojos.

—No tenías que esperar por mí...

—No pedí tu opinión, Hyuga.

Se giró un poco molesto, el azabache en ocasiones podía ser muy orgulloso.

—Como quieras, estaré en mi habitación. —Se levantó acomodando la silla donde segundos antes estaba.

—No, quédate porque si te vas al final te dormirás —le dijo con voz autoritaria.

—No haré eso, ni que fuera un niño —habló indignado e ignoró al azabache.

Lo primero que hizo al entrar a su cuarto fue ir al baño a refrescarse la cara, realmente tenía sueño y quizá si pegaba la cabeza al colchón haría justo lo que Sasuke predijo.

Se sentó frente a su escritorio buscando algún libro que leer, pero los había dejado todos en la biblioteca. Escuchó pasos acercarse y vio como Sasuke se recargaba en el marco de la puerta.

—Eres realmente terco, tendré que distraerte para que estés despierto cuando llegue Naruto —habló con tono de fastidio.

Al castaño le causó gracia la palabra entretener usada por el chico frente a él.

—¿Ah, sí? Me contarás algunos chistes o alguna historia. —Rió ante la imagen que se formó en su cabeza.

—No seas tonto, casi cumples veinte años y no tienes una mejor idea —soltó un suspiro de resignación—; dos chicos, solos, tratando de ocupar una cama sin dormir...

—¿A quién le dices tonto? —dijo tratando de ignorar lo demás.

Sasuke se dio la vuelta para regresar a la sala, no insistiría. No avanzó ni dos pasos porque sintió los brazos de Neji retenerlo por la cintura, no fue lo único que sintió porque también la lengua del castaño se paseó por su cuello.

Sonrió satisfecho, dio la vuelta lentamente y se encontró con los provocativos ojos perla. Cerró la puerta y con sus manos le empujó hasta llegar al borde de la cama.

—¿Estás seguro? —preguntó con burla.

El castaño borró cualquier expresión que se formaba en su rostro al tomarlo de la nuca y estrellar sus labios con los suyos. Le devoró, no quería darle más motivos para que le tratara con inferioridad. Le dio un empujón hasta que su espalda se estrelló contra la pared. Metió la mano por debajo de la camisa del azabache, con la punta de sus dedos acarició su piel, era muy suave y se le antojó besarla. El aire comenzó a faltarle y se despegó de Sasuke, bastante agitado y deseoso por continuar.

—¿Sabes?, tienes que aprender a respirar mientras estás en ello o sino... —invirtió la posición—. Serás una presa fácil.

Trató de apartarle, pero Sasuke metió una pierna entre las suyas tocando en aquel punto que le hizo tambalearse. Aprovechó para atacar sus labios, le gustaba la manera en que Neji siempre trataba de retarle, le hacía perder la cabeza. Le frotó con su pierna provocando al castaño a reaccionar, este hizo exactamente lo que esperaba, se acercó a su pecho, subió y bajó sus caderas lentamente aumentando la fricción dolorosa y placentera.

El asfixiante beso terminó y Sasuke subió al castaño hasta que este enredó sus piernas alrededor de su torso, abrió los ojos para mirarle con intensidad y le cargó hasta llegar a la silla donde le encontró hace unos minutos atrás y se sentó con Neji encima, este aprovechó para subir y bajar con mayor facilidad, pegando aún más sus cuerpos.

Le fascinaba su pelo largo, le gustaba jalar de él y escuchar gemir a Neji; por su parte, este disfrutaba enterrando sus dedos en sus cabellos negros, sintiendo aquellas finas hebras y desprendiendo su aroma. El azabache pasó de su pelo a su espalda, quería deshacerse de su playera, pero sí lo hacía no se detendría hasta quitarle todo y acabarían teniendo sexo, él se prometió no hacerlo sin Naruto. «Vamos Dobe, llega», pensó un poco desesperado.

La erección de ambos aumentaba reclamando atención, no solo bastaba con sentir las caricias del contrario, ni con el movimiento provocativo del castaño, tampoco su húmeda lengua en su cuello o dentro de su boca. Necesitaban más.

«Solo una vez», se dijo a sí mismo, tomó a Neji de la muñeca guiándole a la cama.

Desabrochó el botón de su pantalón y bajó el cierre, el castaño rápidamente metió su mano, pero el azabache negó con la cabeza.

—Date la vuelta.

Su corazón se aceleró un poco más, no quería hacerlo sin Naruto, pero en ese momento esa idea no parecía tan importante. Al ver al castaño de espaldas, solo hacía falta que bajara su pantalón junto con sus bóxer, pero una mejor idea cruzó por su mente.

—Vamos, Sasuke —suplicó con los dientes apretados, odiaba pedir atención, pero su entrepierna dolía.

—Lo siento, aquí terminó mi servicio. —Se hizo a un lado, se dejó caer en la cama y observó divertido la cara del castaño.

«¿Es en serio?», pensó confundido, sumió su cabeza en el colchón tratando de despejar su mente, tenía que calmarse y no demostrar las ganas con que le dejó el azabache.

—Puedes ahora entretenerme tú a mí, qué tal si pruebas hacer algún baile sexy o...

—Idiota. —Le aventó una almohada en la cara y se metió en el baño cerrando con seguro.

—Era broma. —Soltó Sasuke con tono burlón.

Al menos logró encontrar la manera de parar a tiempo, si quería que aquello funcionara no tenía que ser egoísta y dejarse llevar por sus impulsos.

El azabache se acomodó mejor en la cama, poniendo sus manos detrás de su cabeza y observó la extraña lámpara que colgaba del techo, por fuera era un cilindro metálico con agujeros en forma de estrellas y con el foco dentro hacía que se formaran sombras en la pared, pensó que era un poco infantil, pero no lo diría.

La puerta se abrió y Naruto entró a la pequeña habitación.

—Realmente eres idiota —dijo con las mejillas rojas y evitando mirarle.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —Golpeó suavemente la cama invitándole a acostarse. Un gesto que le hacía parecer el dueño de la habitación.

—El suficiente como para saber que eres un tonto y que yo en el lugar de Neji te habría dado una patada en el trasero.

Alzó una ceja aparentando inocencia.

—Yo no hice nada malo —se sentó en la cama—, además Neji la está pasando de maravilla en el baño, apuesto a que se está masturbando.

Se escuchó la cerradura del baño abrirse con algo de dificultad y el castaño salió con cara de irritación.

—¿Qué tal estuvo? —preguntó el azabache ocultando cualquier expresión que se quisiera colar en su rostro.

Le ignoró.

—Naruto, ¿tiene mucho que llegaste?

—No, en realidad no. —Se rascó la cabeza mientras sonreía nervioso.

—Bueno, recuerdas que te...

—Kiba no llegará hoy —interrumpió el azabache.

—Sí, me mandó un mensaje diciendo que alimentara a sus peces.

—¿Ya lo hiciste?

—Ya. —Se encogió de hombros.

—Genial. ¿Por qué no aprovechamos su ausencia?

El castaño fulminó con la mirada a Sasuke.

—Naruto, nos gustaría hablar contigo.

Se quedó por un momento congelado en su lugar, no estaba listo aún.

—Creo que coincido con el Teme —dijo tratando de zafarse, porque muy probablemente lograrían hacerle confesar todo, además tenía mucho desde la última vez que lo hicieron y realmente lo necesitaba—. ¿Qué dices, Neji?

Se aclaró la garganta, una parte de él le gritaba que se negara que en ese momento era más importante hablar con el rubio y no darle la razón a Sasuke, pero otra le decía que esta quizá era su oportunidad para proponer lo que por mucho tiempo llevaba deseando.

—Bien, pero alguno de ustedes será el de abajo.

El rubio observó a Sasuke tratando de adivinar lo que pensaba, al ver que definitivamente este no cedería se decidió en contestar.

—Está bien, hoy seré yo.

Era una cama realmente estrecha, al castaño nunca se le cruzó por la mente algún día poseer una cama más grande para que tres personas hicieran el amor en ella; pero eso en ese momento era lo de menor importancia, después de todo eran jóvenes y creativos, podían encontrar miles de formas para acomodarse en ese colchón de proporciones pequeñas. En ese preciso momento lo que más importaba era que Neji tenía que relajarse para no arruinarlo.

—Acércate más —dijo el rubio atrapando con sus piernas la cadera del chico y acercándole a sus labios.

Le pareció increíble la posición, subió su mano y acarició su mejilla. Nunca había penetrado a un chico y por las caras que ponían Sasuke y Naruto al hacérselo a él, sospechaba que era una sensación fuera de este mundo.

No había música, ni algún ritmo que te hiciera olvidar donde estaba, pero no era necesario, en su cabeza la mejor música eran los jadeos del rubio.

«Aquí vamos», se animó a sí mismo, tomó su miembro guiándolo a la entrada de Naruto. Entró lentamente disfrutando hasta la última sensación, respiró entrecortadamente y Naruto gimió fuertemente. Dentro estaba apretado, húmedo y caliente.

Un poco impaciente, el rubio comenzó a mover sus caderas y el castaño perdió todo control que tenía en sus sentidos.

—Todavía te falta mucho por aprender —susurró Sasuke en el oído de Neji.

No se quedaría solo observando, perdió la paciencia con tanta facilidad que se sorprendió a sí mismo; Sasuke era del tipo que pensaba con la cabeza fría, esa definición le iba de maravilla, pero hoy sentía arder todo su cuerpo.

Metió dos dedos en el castaño.

—¿Qué estás haciendo? —Quiso gritar, pero el rubio no paraba de removerse debajo de él y eso en parte lo agradecía, no quería parar.

—No querrás que te duela.

Acto seguido le embistió con brusquedad. Aquello rebasaba los límites de la imaginación de los presentes, se movían al mismo ritmo, los tres disfrutaban, su temperatura cada segundo aumentaba, muy probablemente las ventanas se estarían empañando y sus latidos recordaban a tres caballos galopando sin control alguno.

Si tan solo pudieran prolongar un poco más aquel momento, pero el castaño no resistió más y se corrió dentro de Naruto, al momento contrajo su entrada y provocó que también Sasuke terminara dentro de él y Naruto que estaba haciendo su mayor esfuerzo se dejó vencer como sus amantes y derramó su semen entre su abdomen y el de Neji.

Naruto jaló del cuello de los dos chicos y les abrazó con las pocas fuerzas que le restaban. Ellos correspondieron gustosos.

La noche prometía ser larga, pero ellos que día tras día reprimían cada palabra, caricia, sentimiento y emoción, les pareció muy poco tiempo.

Esa noche con la luna oculta tras las nubes y la temperatura baja, aprovecharon cada segundo.

Besaron desesperadamente los labios ajenos, lamieron cada centímetro de piel desnuda de sus amantes y sus manos tocaron libremente. Ocultos tras esas paredes, alejados de cualquier persona que pudiera escuchar y juzgar, gozaron la privacidad y se dejaron arrastrar juntos.

Escuchó unos pajarillos trinar.

Estaban tirados en el suelo, frente a él estaba Naruto con los ojos cerrados y con una de sus manos tocando su pecho, detrás de él sentía la respiración de Sasuke, le abrazaba por la cintura y él tenía un brazo bajo la cabeza del rubio y sus piernas enredadas con las del azabache.

Era hermoso, lo sentía entrar en cada poro de su piel, esa preciosa sensación la guardaría hasta el día de su muerte y la recordaría al exhalar su último aliento.

Le agobió saber que acabaría en unos instantes, pero se alegró de experimentarlo en carne propia aunque sea una vez, ahora no ocupaba definir el amor ni buscar las palabras exactas para entenderlo, solo bastaba ese momento, ese preciso momento en su vida.

Como una canción que te sirve de vehículo para llegar a una emoción, como cuando un gesto te conmueve hasta las lágrimas. Eso sintió y en alguna parte de su memoria se almacenaría, de eso estaba seguro.

Cerró los ojos, no pretendía dormir, solo quería estar consciente un poco más en aquel momento hasta que los otros despertaran y se apartaran.