Hola. Bueno, lo se, llego tarde, pero mejor tarde que nunca. Este cap es un poco raro pero aquí se acaban muchos problemas. Se que después de este me odiareis algunas pero, ya lo solucionaré como pueda.

Espero que os guste.


LA LUZ DE MI SALIDA

by ANDAIRA

CAPÍTULO 10

Una puerta ¿el fin de toda una vida?


Resaca. Tenía una resaca como un demonio. Me miré en el espejo. Parecía una muerta en vez de una viva. Estaba blanca, tenía los labios color rojo sangre y unas ojeras con un metro de ancho. Estaba fatal. Me lavé la cara por quinta vez consecutiva y levanté la mirada de la taza del lavamanos y me volví a mirar al espejo. Tenía la cara toda mojada. Me la sequé y me encaminé a la habitación. Miré el reloj y caí como una muerta en la cama. Las 12:32. maldito alcohol, maldito Sol que entraba por la ventana de mi habitación dejándome cegata, malditos vecinos con la música Rap a todo trapo. Era una mañana horrible, la peor mañana de la historia. Me levanté de la cama para quedarme sentada mirando los muchos collares de perlas que colgaban de un palo horizontal para ser un improvisado colgador de collares. Los miraba como si en ese momento fueran la cosa más bella e importante de todas las cosas que habían en mi habitación. Bueno, en realidad tenía la habitación hecha un asco. La miré un poco de reojo. Tenía un montón de ropa en el suelo, las zapatillas una al lado de la ventana y la otra en la otra punta de la habitación, el bolso colgaba de una percha que a su vez colgaba de la manivela de la puerta. Del ordenador colgaban cinturones y un montón de papeles. Dejé de mirar mi habitación por que me daba hasta pena.

Me dolía la cabeza, la música me iba ha perforar los tímpanos y estaba harta de vomitar. Me levanté y bajé las escaleras a un ritmo fúnebre, muy lento. Si alguien entrara en casa ahora y me veía, seguro que me internaría en un manicómio o algo así. Estaba hecha un asco. Me había puesto una camiseta dos tallas más grande que la mía y unos shorts cortos que me llegaban por los muslos de color rosa. No es que soliera vestir así, es que solo tenía esos shorts disponibles y no veía bien ni el color de estos.

Entré en la cocina y me puse el café en una taza. Había parado de hacer café para subir a vomitar por quinta vez consecutiva. Miré el café y miré el azúcar. Pasé del azúcar y cogí una cuchara y la leche. De leche solo le puse un poco para que no fuera muy amargo y me puse a removerlo. Miraba el preciado contenido de la taza planteándome por que era tan pequeña la taza, o por qué era de ese color. Solo darme cuenta de lo que estaba pensando me hizo dejarlo estar y beberme el contenido. Miré la cocina. Hoy no quería cocinar, no estaba con ánimos. Me fui al salón y me tumbé en el frío suelo boca abajo. A mi lado coloqué el móvil ya encendido. Solo en media hora me salieron un montón de perdidas y llamadas de hoy. ¿El demandante? Inuyasha, que por lo visto se acordaba de lo de anoche. El teléfono de casa solo había sonado unas tres veces nada más, se ve que se habían dado por enterados de que no estaba, por lo que solo me llamaban al móvil. Pobrecitos, buscándome por ahí. Levanté un poco la mirada al video de la tele y me quedé mirando la hora. Molaba ver como los minutos se añadían a la hora. Me di cuenta de que mi mp4 estaba encima del mueble de la tele. ¿qué hacía ahí? Bueno, hay veces que no se sabe como llegan las cosas a depende de que sitios, así que me incorporé lo justo para cogerlo. Me puse los cascos y conecté la primera canción que estaba seleccionada. Una cosa es escuchar música que no te va a todo trapo y otra diferente es escuchar música que valoras y te gusta a un volumen aceptable. La canción empezó, Stand in the rain de Superchick. Esa era una canción memorable que me encantaba.

No supe cuanto rato estuve en el suelo tirada. Puede que una hora o dos o tres.... Pese a que estaba mirando el reloj del video no me fijaba en la hora que era o en el tiempo que llevaba ahí, en el suelo, solo supe que se estaba de muerte ahí tirada.

De lo que también estaba consciente era de las múltiples llamadas a mi móvil por distintos demandantes. Inuyasha el primero, Sango, Miroku... incluso Rin, que me llamaba sin que se lo cogiera para bien hablar de James o para saber dónde estaba. No cogí ninguna, es más, solo veía el móvil moverse a causa del vibrador.

En una de esas veces en las que el móvil se empezó a mover volví a mirar el demandante. Houshiro. Fruncí el ceño. ¿para que me llamaba? Bueno, solo había unas razones muy concretas por las que él me podía llamar y todos y cada una de esas posibles razones me eran muy importantes. Justo antes de que dejara de sonar lo cogí.

—¿KAG?

—Si dime. ¿ha pasado algo importante?

La verdad es que si pero... ¿dónde narices estás? Ninguno de tus amigos lo sabe

— En casa pero...¿estás con ellos ahora?

—Si, están aquí, me piden que te los pase...

—No lo hagas, no quiero hablar ahora con nadie más que tu.

—¿Qué hago?

—Haz como que no tienes cobertura o que has de decirme algo importante, no lo se, pero ni se te ocurra decirles que estoy en casa.

—vale, ¿entonces no estás en casa? Lo dijo para ir a verte y decírtelo-empezó a actuar Houshiro para disimular- bueno, pues espera que voy al coche para decírtelo mejor- se oyeron quejidos de fondo y voces conocidas demandando mi ubicación o que le pasaran el móvil. Después de un rato de caminata, por lo que se oía de fondo, se oyó el cerrar de una puerta- ahora estoy solo en el coche.

—¿Qué es eso tan importante?

Mira, Kag. Esto te lo he de decir cara a cara. Voy para tu casa. En diez minutos estoy ahí.

—Vale, te espero, ¡pero que no te siga nadie, diles que estoy en Barcelona!

Vale, vale.

Dejé le teléfono en su sitio, osease en el suelo , y seguí a lo mío.

Fue al cabo de media hora cuando llamaron a la puerta. Cuando le dije de venir a casa no había pensado en el palo que me daría levantarme a abrir la puerta. Me levanté con mi parsimonia y fui hacia la puerta. Al abrirla me encontré a un Houshiro en chándal. Arqueé una ceja y le miré. ¿él en chándal?

—¿Qué me miras así? Es fiesta en toda España y me iba a jugar al fútbol con las niñas.

—Lo siento.- le dije, en ese momento me sentí mal por haberle robado el padre a las pequeñas- no es justo que les fastidies las fiestas.

—No pasa nasa, además, esto es importante... vaya pinta tienes-me dijo mirándome de arriba abajo

—Que pasa. ¿Nunca has tenido resaca?- le dije en tono borde. Sabía perfectamente el aspecto que tenía, solo me faltaba que me lo recordara o se riera de mi.

—Si, si se lo que es, solo que me sorprende.

—Pues deja el tema de la resaca, que estoy muy cansada.

Cerré la puerta cuando la traspasó. Me fui hacia la cocina y miré el reloj. La una del mediodía. Ya tenía que hacer algo para comer. Tenía hambre, pero me daba palo cocinar. Abrí la nevera y miré su interior. Algo rápido y nada costoso. Bueno, habían hamburguesas y tenía bolsas de patatas. Pues ala, eso haría para comer. Saqué el paquete de hamburguesas y el queso, encendí la sartén y le eché el aceite. Me giré y le miré. Houshiro estaba sentado en la mesa de la cocina mirando la nevera como si fuera un cuadro de estos importantes y él un súper entendido en la materia y se impresionara por el cuadro. Fui hacia él y le pasé la mano por delante de sus ojos, inmediatamente se puso en situación y me miró.

—Joder, parece otro el que tenga la resaca- le dije riendo y yendo hacia la sartén.

—Es que se me ha ido la pelota un poco.

—¿Qué quieres para comer?

—¿Tan tarde es?- yo asentí y le señalé el reloj de pared- pues no lo se ¿qué haces para ti?

—Una hamburguesa con queso en bollo con patatas de bolsa- le dije aplastando la hamburguesa en mi mano.

—Pues otra- me dijo y se levantó para situarse detrás de mi—¿en que ayudo?

—Puedes poner la mesa, tu mismo, ya sabes donde queda todo- no era la primera vez que venía a casa tarde y comía aquí. Pero eran otros tiempos y no solo era por motivos graves, sino también por que estaba cuidando a sus niñas.—¿cómo están las niñas?

—Pues la verdad es que bien, pero es complicado. ¿por qué sois tan complicadas?

—¿Qué pasa, te has dado cuenta de lo difícil que es cuidar a unas niñas?

—Es que no las entiendo. Ahora se han vuelto, según ellas, independientes. Tienen ganas de salir más con sus amigos y menos con Clarie y yo- Clarie era su esposa- no lo se, están un poco raras, se pasan el día en el ordenador o fuera y hablan poco con nosotros.

—Es que ya no son unas niñas. Piensa que es normal a su edad. Les gusta más salir y les aburre salir con los padres, es normal, a esa edad, todos lo hemos pasado.

—Ya, pero tu no lo has hecho.

—Lo se, soy única en mi especie. Fui también una niña, pero la diferencie es que mis padres no me hablaban o querían, por eso estaba siempre sola y me cuidaba sola. Llega un momento en la vida que uno se da cuenta de que hay más cosas en la vida que hombres y juerga. Yo la pasé antes.

—Lo siento, es solo que es frustrante.

—Nada, hombre. Ellas crecen, pero eso no significa que no os quieran, solo que han de volar. Pero cuidado, hay que estar encima pero no encima de ellas, ha distancia, cuando pase algo que les preocupe vendrán a donde saben que podrán ir sin problemas.

—No pareces de dieciocho años.

—Ya, pero bueno, lo se por Souta.

Nos quedamos en silencio mientras yo me peleaba con la sartén. No entendía como era que no se calentaba el aceite si llevaba un buen rato en el fuego. Al cabo de unos tres minutos reparé en que había puesto la sartén con el aceite pero no había encendido el fuego. Bufé y lo encendí. Estaba tan espesa que me estorbaba toda a mi alrededor. No bebería nunca más. Tardé cinco minutos en prepararlo todo y ponerlo en la mesa. Una hamburguesa con queso y patatas, esto parecía un Mac Donal's.

—¿Por qué no querías que los demás supieran donde estabas?-dijo cuando yo levantaba mi hamburguesa para morderla. La hamburguesa quedó solo a tres milímetros de mi boca, abierta, apenada por no poder ser devorada por mi.

—Pues porque no. Tengo una resaca de narices, no quiero saber ni hablar con nadie por ahora.

—Les tenías preocupados, sobretodo a Inuyasha. Estaba que parecía loco de la angustia por saber donde te habías metido.

—No creo que se mueran por no saber de mi un día como mínimo-le dije mordiendo por fin mi hamburguesa. La saboreé, en ese momento no tenía el mejor sabor de boca del mundo, pero la hamburguesa me supo como una fresa con chocolate- ¿qué es lo que me habías de decir que te ha traído hasta aquí abandonando a tus niñas?

— Tal y como lo has dicho suena muy mal- remarcó mirando el reloj. Por un momento me pareció que lo que le había traído hasta aquí era algo importante que a él le costaba explicar. Punto malo. Él era un hombre que sabía decir las cosas bien y las decía directas, era como yo en ese asunto, le gustaban las cosas claras, que en una situación se pusiera así, no era nada bueno- pues la verdad es que...

—Houshiro- le dije y le toqué la mano. Puede que pareciera un poco raro mi trato hacia él, puesto que era un adulto casado y con hijas, pero le conocía des de que tenía un año o más, casi des de que nací. Él me conocía de una manera impresionante, incluso era él hace tiempo el que me trataba de esa manera tan afectiva, para mi era como un padre y él, en muchas ocasiones me decía que me veía como a una más de sus hijas.- sabes que me lo puedes decir ¿verdad? Por muy difícil que sea lo soportaré- el me miró interrogativamente- se cuando estás nervioso, por la manera en como estás, creo que es algo muy complicado, pero no te preocupes. Dímelo

—Es que es muy complicado, Kag. No se como decírtelo, en serio.- respiró y empecé a asustarme.- bueno, primero y ante todo cálmate, déjame explicártelo todo antes de precipitarte o ponerte nerviosa.

—Te lo prometo- le dije sonriendo para calmarle.

—Bien. Se ha fijado la fecha para el juicio.- me quedé blanca- eso significa que lo de la casa está más que sentenciado. El juicio no tiene una solución favorable ni para ti ni para tu padre. Con eso me refiero a que lo más seguro es que sus bienes pasen a ser del banco por la deuda que tiene.

—...Estoy en la calle...- musité perdida en mi propio caos. ¿qué haría ahora? Eso no me podía estar pasando. No sabía que hacer, como salir de ahí, estaba bloqueada y por primera vez en mi vida no sabía que camino tomar pues no veía ninguno, estaba en un callejón sin salida de esos que se van cerrando y te van asfixiando poco a poco. — no puede ser- le dije desesperada pero en voz baja, como para mi misma. Él se levantó y me cogió las manos acuclillándose ante mi. Solo entonces me di cuenta de que estaba blanca como la pared y que temblaba. Que no era el suelo o algún terremoto el que hacía que temblara. Era yo la que estaba estremeciéndome ante el miedo, el acorralo, la pesadilla en la que estaba viviendo. Pero me pareció más sorprendente aún que no temblaba exteriormente, sino que lo estaba haciendo por dentro. Exteriormente solo estaba pálida y muda, sumida en mi propia desgracia y miseria. En parte eso me pareció adecuado, no quería que él supiera lo que interiormente me estaba pasando, tenía que ser fuerte aunque me muriera o estuviera aterrada por dentro. Llegué incluso a pensar que no me había despertado, que aún estaba dormida en la cama teniendo una de esas tantas pesadillas que había tenido de pequeña y me había levantado después bañada en sudor frío llorando para acurrucarme en una esquina de al habitación sola, sabiendo que no vendría nadie a abrazarme y decirme que estaba bien, que solo era una pesadilla. – Houshiro no puede ser... tengo dos trabajos y tengo que pagar lo de la casa, la comida y demás porque mi madre no me da dinero ahora que no está... ¿qué haré con Souta?...¿dónde viviremos?... yo no puedo con eso, es imposible que pueda comprarme un piso ahora en una semana... yo n...

—Cálmate, Kagome- me dijo cogiéndome la cabeza con ambas manos- me has prometido que te calmarías, que me dejarías acabar de hablar.- suspiró mirando al suelo y volvió a levantar la vista- he pensado en eso, Kag. Se esto des de hace una semana, pero no podía venir aquí y ponerte así sin una posibilidad o una pequeña esperanza. Por eso he encontrado una solución. Pero es muy complicada y sacrificada, tiene un pero muy preocupante.

—Pues tienes más que yo- le dije un poco más calmada pero con los nervios plasmados en mi voz- ¿qué posibilidad es? Puedo hacer lo que sea, te lo juro, pero dame una salida, auque solo sea pequeña.- le dije en un estado de ausencia y aferrándome a esa posibilidad aunque no fuera viable —dame algo a lo que agarrarme, por favor-le imploré.

—Bien-suspiró y me volvió a coger las manos- tengo un amigo des de hace muchísimo tiempo. Es íntimo amigo de la familia, de mucha confianza. Él sabe de ti, Kag, lo sabe por mis niñas, que le hablan de ti, lo sabe por mi y por Clarie. Él tiene una empresa grande, con la empresa madre Londres y la filial aquí en Barcelona y le va de maravilla. Se me ocurrió el otro día mientras comía con él. Le hablé más de ti y le pregunté si te podía echar un cable. Quiere hablar contigo, hoy, es posible que te ayude.

—No Houshiro, no quiero meter en mis problemas a terceros, suficiente es que te meta a ti- le dije negando con la cabeza.

—¡Deja ya tu orgullo, mujer! Se que eso te ha llevado a lo que eres ahora y no puedo estar más orgulloso de ti, pero ahora él es el único que te puede ayudar. Además, yo no soy una tercera persona cualquiera, para mi eres como mi tercera hija, la mayor, te quiero y te considero como tal, y te aseguro que esto es lo que haría por mis niñas, incluso Clarie está al corriente y está de acuerdo, sabes que te adora.

— Houshiro...- le sonreí ante lo que me había dicho. Para mi era como un padre y me gustaba saber que el sentimiento era mutuo. La verdad es que sabía que él tenía razón en esto. Yo ya no podía hacer nada más por mi misma, la única puerta que tenía con una posibilidad de abrirla y traspasarla era confiar en él, que ya lo hacía- de acuerdo, siempre he confiado en ti y ahora no será la excepción.

—Me alegra saber eso- me dijo sonriendo, miró mi plato de comida con la hamburguesa a medio comer y me miró a mi- creo que te vendría bien comer algo, que luego irás a ver a mi amigo

—¿Hoy?

—Si, hoy, sabía que accederías a lo que yo te dijera y hablé con él antes para ver si te podía ver hoy y él quiere conocerte en persona antes de hacer nada.

—Nunca te podré agradecer esto de la manera correcta- le dije agradecida

—Si tu lo dices... pero si quieres, puedes empezar por acabar de comer y cambiarte, en una hora hemos de estar en Barcelona

—A sus órdenes mi capitán-le dije más tranquila, auque el nerviosismo y el ansia estaban aún a flor de piel.


Habían pasado unos tres cuartos de hora des de que Houshiro me había dicho lo del juicio. Estábamos en Barcelona. Bueno, en realidad estábamos en la Gran Vía dirección a donde quiera que estaba mi salvación. Me había arreglado en un cuarto de hora, quizás un poco más. Me había duchado, vestido y habíamos salido pitando por la puerta hacia el coche. Miré por la ventana del copiloto. La gente iba y venía por las grandes calles de Barcelona riendo, corriendo... todos felices. Los grandes edificios brillaban como saludándome, el sol reflejados en sus cristales iluminaban con sus luces la gran avenida.

Esto parecía una gran pesadilla, una de esas de las que quieres despertar. Pero, siendo realista, eso era imposible. No había más realidad que esa, no había otra.

—¿Donde está el hombre ese?

—Ja, ja- rió pasando por la plaza Cataluña y aparcando un momento en doble fila- está en una de las chocolaterías de el Carrer Talleres para abajo. ¿sabes la que te digo?

—Si. ¿pero no es muy mayor para estar aquí a estas horas?

—Le encanta el chocolate y Barcelona. Es un poco como tu en ese aspecto.

—Yo no soy adicta al chocolate

—Pero lo eres a Barcelona

—...-Hice morros y giré la cara

—¿Que esperas para bajar?

—¿Ya hemos llegado?

—Si- hice ademán de salir del coche después de quitarme el cinturón- espera. –me giré y esperé- puede que te resulte un poco raro pero... es muy buena persona. Te quiere conocer, así que se tu misma

—Siempre- le dije y bajé del coche. Me asomé a la ventanilla para decirle adiós.- no se como te lo voy a agradecer, de verdad

—No me hagas repetirte lo de antes. Para mi esto no es nada, es más, creo que te lo mereces.

—De todas maneras, gracias, de verdad.

—De nada. Has de preguntar por un tal Glosum Takeshi - me sonrió y de repente se puso serio- hazme un favor, Kag- yo asentí- sea cual sea la solución que él te de, llámame. ¿lo harás?

—Te lo prometo.

—Adiós, cielo.

Vi como el coche se alejaba otra vez por la gran vía. Gran hombre, Houshiro, uno de los mejores adultos con los que tenía relación. Me giré y bajé por las Ramblas hasta encontrar el principio del Carrer Talleres. La gente iba como loca, a trabajar, de paseo... la cuestión era salir. La gente solía tener mucha prisa por ir a los sitios. Un error pero una necesidad a la vez. Las prisas no llevan a ninguna parte, al menos en según que casos. No era la primera vez que iba a esa chocolatería, era una de mis predilectas, pero no la mejor de todas. Era un local con la fachada de color marrón y la puerta de negro, se le daba un aire de cafetería antigua, pero el olor y el gentío que día tras día la ocupaba, era un claro ejemplo de la frase que dice que lo antiguo no es malo, sino al revés. Me quedé delante de la puerta mirando el interior. Suspiré y me adentré en ella. De repente y como era de esperar, un golpe de olor a chocolate más todo lo que le pueda acompañar, me entró por las fosas nasales. En una circunstancia normal, me sentaría y me pediría un chocolate negro con un poco de leche, muy poca, con unas pastas para untar, pero la resaca que, pese a mis arreglos y lo que hacía una buena ducha, seguía teniendo, me revolvió el estómago. Miré a la barra y encontré una mujer que estaba sirviendo la comida. Me dirigí hasta ella y le pregunté.

—Hola- ella levantó la mirada y me prestó atención- Busco a un cliente llamado Glosum Takeshi. ¿sabe donde está?- Ella me miró raro y con mala leche

—¿Me crees un buscador humano o que? ¿has visto cuenta gente hay aquí? ¿tengo yo la pinta de apuntar los nombres y la mesa donde están sentados de los que entran y salen?

—Oiga- le dije enfadada, no estaba el horno para bollos y no quería liarla pero... eso me jodió- ¿La he hablado mal o que? ¿Para trabajar aquí le hicieron un curso de bordes? Dios ¿qué se ha hecho de la amabilidad con el cliente? ¿Le dieron el trabajo en una borsa de trabajo para amargadas o que?

—Mira monada- me replicó cabreada- No eres quien para m...

—Creo que la señorita tiene toda la razón, es de mala educación no ser amable con quien lo es con uno. Le debería de dar vergüenza- interrumpió un señor.

Me giré a mirarle sorprendida. El hombre de unos cincuenta años vestía de traje negro con una camisa debajo de la americana. Parecía un hombre de negocios. Tenía el cabello blanco debido a las canas y un principio de barba con el aspecto de ser así con intención. Un olor a colonia de Hugo Boss llegó a mis fosas nasales, pero no el olor de la sobredosis de colonia, sino el sutil aroma de una persona que sabe como perfumarse. Cuando le miré a los ojos, unos ojos verde me devolvieron la mirada. Si no fuera mayor, me atrevería a decir que el hombre era todo un cuerpazo. En realidad no lo era, era la típica persona que se conservaba bien pese a su edad, pero ese hombre era lo que se llama, un hombre con presencia, apuesto y con un encanto que suple al aspecto físico.

—Gracias- le dije agradecida por la defensa.

—De nada señorita. ¿dado que la dependienta de este establecimiento se niega a ser amable y a cooperar. ¿en que le puedo ayudar?

—Bueno, la verdad es que vengo buscando a una persona. Su nombre es Glosum Takeshi, ¿no se si sabe dónde está? en teoría ha de estar aquí.

—Claro que le conozco. Glosum Takeshi es un conocido mío, un muy conocido amigo, es más, somos íntimos en todo.

—Que alegría- le dije sinceramente- ¿cree que me puede llevar hasta él?

—Por supuesto- me dijo y me sonrió- le tiene usted delante.

Me quedé totalmente pillada. Dios. Me ruboricé hasta mas no poder y me quedé sin saber que decir o como reaccionar. Él me miraba y me sonreía de una forma amable, como si fuera un regalo par él. Yo, no sabía que hacer.

—Lo siento.-me dijo sinceramente al ver que estaba estática- Se que ha sido una manera un poco grosera de presentarme, pero me había parecido una buena manera par hacerlo y saber un poco mas de usted para empezar.

—No se... No se preocupe- Le dije saliendo de mi estupor pero aún estando en el trance-Siento haberme quedado así.

—No, el culpable he sido yo. Pero vamos a lo interesante, que creo que ha venido aquí por un motivo mas importante que el de hablar de cosas tribales conmigo.- Me extendió la mano para darme a entender de que pasara delante suyo.

Me condujo hasta una pequeña mesa para dos que había en un extremo del establecimiento. Nos sentamos y yo dejé el bolso en mi regazo. Me paré a observar como se sentaba y pedía algo a la estúpida camarera a la quien yo había preguntado antes. Su tono de voz para comunicarse con ella destilaba el total desagrado y desconformísmo con su presencia. La pobre estaba muerta de vergüenza por su anterior comportamiento. Ella era la típica amargada que solo había encontrado trabajo de camarera en ese antro que parecía su prisión. Pobre de ella, pero eso no era excusa para ser desagradable en exceso. Glosum Takeshi se comportaba de una manera sutil, con modales pero sin excederse en ellos, de forma educada que atraía la atención de mucha gente por su perfil. Me pareció una persona, gustosa, con conformidad y talante. Su manera de moverse, nítida y remarcable le hacía ver una persona importante en lo suyo, pero sin el aspecto repelente y petulante de los que estaban en la misma situación social.

—¿Le gustaría tomar algo, señorita?— el tono amable, sofisticado y educado que usaba, hacía que me sonrojara con una facilidad que hasta ahora era inexistente, me sentía como una niña delante de su amor platónico.

—No gracias- logré decir al fin. Su modesta sonrisa hizo que pasara de un rojo chillón a uno sangre, que se percibía a kilómetros. Me acribillé a mi misma por comportarme tan penosamente mal.

—Es una pena, el chocolate de aquí es el mejor de Barcelona.

—Creo que no estoy de acuerdo con eso-le dije y el me miró raro- el mejor chocolate de Barcelona es el que hay en una chocolatería entre Vía Layetana y la plaza St Jaume.

—Veo que conoce Barcelona- me dijo afablemente

—Si, creo conocer las mejores chocolaterías de la ciudad, soy fan del chocolate, pero sin abusar- añadí, no ser que se pensara que era una obsesiva compulsiva al chocolate.

—Iré un día de estos para verificarlo. Me encanta el chocolate- concluyó.

La camarera volvió al terminar él la frase y los dos callamos. La camarera, roja de vergüenza y rabia sirvió con cara de mona la taza de chocolate blanco para el señor Glosum, ese gusto me recordó al de Sango, fanática del chocolate blanco. La camarera se fue de nuevo sin obtener sonrisa o agradecimiento alguno, solo hostilidad y silencio. El señor Glosum bebió un poco de la taza y cerró los ojos, deleitándose del sabor inigualable de aquel chocolate. Seguidamente, dejó la taza y me miró.

—Bueno, señorita... —

—Higurashi Kagome, señor Glosum

—Si, Kagome, creo que es oportuno decirle que me apetecía mucho conocerla. Es una pena, no obstante, que sea en una situación tan desagradable.

—Ya... Houshiro me ha dicho que sabe usted mucho de mi

—Creo que ese adjetivo es demasiado grande. Se algo, pero no mucho, en concreto lo justo, por ejemplo, que es usted una excelente niñera.

—La verdad...- dice sonriendo ante el recuerdo de las hijas de Houshiro— es que las niñas son una preciosidad y una maravilla de chiquillas, señor Glosum, me ha sido siempre muy fácil cuidarlas.

—En eso creo que le daré la razón, Higurashi- me dijo amablemente- pero bueno, eso no quita que le adoren y lo mismo con Houshiro y Clarie, creen que es increíble.

—El sentimiento es mutuo- le contesté

—Si. Pero bueno, vamos con lo que es importante. Houshiro me ha comentado los problemas que tiene. En mi opinión son importantes y lastimeros. Creo que una persona como usted, y lo digo por lo que se de Houshiro y de vista, es inaceptable. No es justo. Me han comentado que es orgullosa y lo ha sobrellevado todo sola.

—No me gusta meter en mis problemas a terceros- le dije

—Pero en esta ocasión no le queda otra- dijo suspicazmente

—No estoy solo yo, mi hermano lo está también, y por él, creo que no me queda otra

—¿Qué estaría dispuesta a dar por salir de este embrollo?- me preguntó

—Todo. Soy capaz de todo lo que sea. Llevo 18 años cuidando de mi y luego de mi hermano, tengo dos trabajos y siempre he hecho lo que he podido, no creo que ahora me dé de algo mas.

—Inteligente, Higurashi.- se quedó un rato callado, como pensando- Creo que puedo ofrecerle mi ayuda, aunque claro, todo tiene sus condiciones, como un pero.

—Le escucho.

—La cuestión es esta. Soy el jefe de una empresa importante. Bueno, no muy importante pero con unos beneficios extraordinarios bastante favorables. Es una empresa de Tecnología. Fabricamos móviles, ordenadores... innovamos con lo que la población es mas dependiente. Como sabrá, la gente es muy dependiente de los móviles, ordenadores... Nosotros nos dedicamos a esto, la gente, por mucha crisis que haya no se está de renovar o comprar estas cosas. La empresa madre está situada en Londres pero tengo la filial aquí. Solo tengo estas dos y los talleres en Alemania para fabricar, controlados por una empresa pequeña, como otra filial mía, pero de menos importancia respecto a lo que hemos de tratar.

¿cómo se le da la gestión?

—La verdad es que normal. He acabado el Bachillerato Económico y estoy pendiente de la nota de Selectividad a la que me presenté hace poco. Llevo mucho tiempo llevando la gestión de mi casa, con lo que eso comporta y actualmente ayudo a mi jefa de uno de mis dos trabajos con el local que tiene.

—Bueno, eso es una buena experiencia y... dado por lo que ha pasado, su capacidad de adaptación es muy buena, incluso remarcable.- dijo pensativo- si, creo que puede funcionar. El trato es el siguiente. Yo me iré esta noche a eso de las 24:00 hacia Londres, dejo Barcelona por una larga temporada, aparte de que se me requiere allí. Le ofrezco venir conmigo. Le daré un puesto de ayudante del director de financiación de mi empresa en Londres. Eso le dará un conocimiento a la larga bastante buena y ampliará los estudios que ya tiene, será como la Universidad práctica. Le daré alojamiento en una casa allí y cobrará a la larga, cuando deje de evaluar y adaptarse para trabajar.

—Sinceramente esto no es lo que me esperaba- le dije- creo que es una coincidencia demasiado exagerada, como en los libros o películas. ¿qué peros hay?

—Los hay, eso está claro, y son bastante sacrificados. Uno es muy obvio, mientras trabaje tendrá que estudiar Ingles.

—Hay otro punto que no me ha dicho ¿verdad?

—¿Qué se lo hace pensar?- me dijo sorprendido

—Pues que es muy fácil y muy poco realista. Creo que ha de haber un punto mas importante que aún no me ha dicho, un pero mas conflictivo.

—Pues si. Tendrá que irse sola, su hermano no podrá venir.

—Creo que eso me es imposible- le dije usando un tono verdaderamente molesto. Él me miró pero no ofendido, sino mas bien comprensivo- Yo no me voy sin mi hermano.

—Lo dijo por dos motivos. El primero y mas importante es que no puede obtener su custodia- abrí al boca contrariada- Es mayor de edad sin duda, pero no tiene los recursos necesarios y mínimos para serlo. Querida, eso es lo importante. Por lo tanto se lo negarían y vaya a saber a dónde lo mandarían. Por eso no puede llevárselo.

—Houshiro no me lo había dicho.

—Por que me dejó que se lo dijera yo. Creyó que era lo mejor. Otro de los motivos es que quiero que deje todo atrás. Me explico. Dejará aquí a sus amigos, su hermano, sus contactos, empezará de nuevo. Eso creo que es lo mejor por una razón. Ir a un país lejano totalmente externo a uno es muy difícil, pero mas lo es llevando recuerdos y contactos con uno, eso solo hace mas duro el comenzar de nuevo, el avance y, lo mas importante, el cambio.

—No lo se. No se si podría dejar a mi hermano y a mis amigos. Muchos de ellos son mi única familia, la única que he tenido.

—se que es muy difícil, pero no se lo puedo permitir.

—Entonces, en el caso de que aceptara el irme con usted ¿cuando podría volver?

—Hasta que pueda. Piense que es una posibilidad única, no solo tendrá un trabajo para el futuro muy bueno, sino que no dejará los estudios, sin contar el nivel de Ingles que obtendrá.

—En lo referente al Inglés, creo que eso es seguro, mi Inglés es muy pobre. ¿qué pasaría con mi hermano? ¿No es lo mismo que me quiten la custodia a que me vaya dejándole aquí solo?

—La custodia la obtendrá Houshiro- me dijo sacando un papel de su maletín hasta ahora invisible para mi- Houshiro contaba con ese punto. Él aceptó se el tutor legal de su hermano e hizo estos papeles con los que, en el caso de que estuviera conforme con el trato, solo habría de firmarlos. Usted estaría en contacto con él, porque es su abogado y sabrá lo que pasa con su hermano en todo momento. Al volver usted, solo tendrá que pedirle ser la tutora legal y punto.

Me quedé unos momentos en silencio. Era un posibilidad única y muy sucosa. No solo tendría un trabajo estupendo sino que solo serían ventajas en un futuro. ¿qué mas podía pedir? Ir con mi hermano, estar con él. Pero eso era una condición irrefutable, no me podía negar a ella si accedía. Pero mi hermano no se quedaría solo, estaría con alguien viviendo y su tutor sería Houshiro que estará en contacto permanente conmigo. ¿entonces? Tendría que dejar todo lo que era aquí, desaparecer y olvidarme temporalmente de lo que dejaba atrás. ¿Pero eso no me dejaba descansar de todo, no me dejaba libertad? Podría descansar de todo, empezar de nuevo una vida con mejores expectativas y reforzar la persona que era para ser mas fuerte. ¿qué me apenaba entonces?

—Acepto- le dije- señor Glosum, acepto el trato, pero alguien aparte de Houshiro habrá de saber que me voy.

—¿Quien?

—Mi hermano por supuesto y un amigo íntimo. Él no me estorbará, pero él cuidará de mi hermano dándole alojamiento, por lo que habrá de saber el porque me voy.

—Estoy de acuerdo.

—Y una cosa mas.- le dije- Tendré derecho a mandarle un sueldo a mi amigo para los gastos de mi hermano, no pienso dejar un muerto en la casa ajena. Si lo han de cuidar necesitarán mas dinero para mantenerse, y no quiero que eso les dañe. Por lo tanto recibirán en una cuenta un poco de dinero.

—Me parece una acción muy responsable y digna, Higurashi.

—bueno...-le dije un poco cortada- creo que he de irme. He de prepararme la maleta y aclarar las cosas con mi hermano, mi amigo y por descontado con Houshiro.

—por supuesto- dijo mientras se levantaba para esperar a que yo lo hiciera también- hablaré esta tarde con él. Quieres que pase ha buscarte o te pasa a buscar él.

—no lo se- le dije levantándome y cogiendo el bolso a la vez- creo que le hará ilusión llevarme él.

—pues de acuerdo- me dijo y me dio dos besos de despedida- entonces nos vemos en el aeropuerto de Girona a eso de las doce. El avión sale a la una de la madrugada, pero se han de pasar controles y... bueno, creo que ya sabes el resto.

—si, muchas gracias de verdad.

Salí por la puerta sin mirar atrás casi. Todo esto era demasiado irreal. Estaba a unas horas de dejar todo lo que conocía y amaba. Bajé sin parar por La calle Talleres, que dio a salir a la puerta del Ángel y bajé por el paseo. Esa era la última vez que podría hacer ese trayecto, me iba para volver no sabía cuando. Quizás por esa razón me entretuve mirando mejor la ciudad, con sus gentes, ajenas a todo lo que pasaba. La catedral era imponente y destilaba brillantez y recuerdos pese ha estar en obras con esa estúpida y fea tela en la fachada. Bajé por Vía Layetana, calle transitada y llena de bullicio. Llegué a correos y baje para el puerto, al llegar, me paré mirándolo.

Siempre lo había dicho. Barcelona no se podía comparar con otras ciudades con mar, cada una tenía su encanto, yo, me quedaba con esta.

La tranquilidad en verano era especial, los barcos, amarrados en el puerto, se balanceaban encima del mar a causa de la suave brisa que soplaba. Paseé por el paseo Marítimo, por sus calles hasta dar a la parte del Poble Nou. El aspecto, no obstante, era el mismo, solamente cambiaba que la zona era mas playera. El paseo se abría ante mi como una calle interminable a la ribera del mar. El mar, a la hora que era, brillaba como un cristal azul con brillantes, la gente, como era de esperar en esa época, se bañaba o simplemente paseaba por la orilla mojándose los pies. Me miré la ropa, un pantalón corto que me llegaba a los muslos, una camiseta de tirantes con una de tirantes gordos mas caída y unas sandalias de esas con tacón bajo. Bajé las escaleras que conectaban el paseo con la playa. Al llegar a la arena me agaché y me quité las sandalias para dirigirme con ellas en la mano hasta la orilla.

Fresca, el agua estaba fresca, increíble. Caminé mirando el mar por la orilla sorteando todo tipo de personas, niños, ancianos, personas haciendo deporte...

Bordeé la playa hasta llegar al límite, mas allá, estaba el paseo corto que llegaba como pasarela al rompeolas, donde la gente se sentaba a mirar el mar romper en las rocas o a leer, al otro lado, estaba el cacho de playa del Bogatell, una playa artificial que seguía hasta perderse en el horizonte, pero con menos espectacularidad. Me lavé los pies en una ducha y me senté hasta que se me secaron. No tardé mucho, pues los puse al sol. Me puse las sandalias y me encaminé pasarela adentro, para llegar así al extremo mas alegado del rompeolas, donde la pasarela, en forma de L, seguía hasta la derecha. Me alejé un poco de la esquina hasta sentarme en mi sitio fijo y favorito justo delante de una columna. Para mi sorpresa, mi sitio estaba ocupado.

—¿no sabía que eras aficionado a estar aquí- le dije haciendo que se girara hacia mi

—es que has desaparecido- me dijo Miroku.

—lo se, pero tengo razones de sobra par haber desaparecido

—lo se, es lo mínimo que has de tener.

—la verdad- le dije sentándome a su lado- es una cosa muy importante. No creo que te guste, por eso, pero es lo único que se puede hacer.

—te escucho.

Durante unos diez minutos me puse a contarle todos los problemas que había tenido. Lo de mi padre, lo de mi padre, la deuda. Él me escuchaba atentamente, eso si, poniéndome caras de disconformidad en todo momento. Yo no le miraba, miraba el mar que tantos momentos me había brindado, recuerdos, valor. La reacción de mi hermano fue la esperada al contarle lo que haría esta noche y que no tenía un período de caducidad definido.

—no puedes hacer eso- me bramó enfadado- Kagome, eso es inconcebible, no te dejaré, no te puedes ir

—Si puedo y lo haré- le dije callándole- ¿sabes lo que eso significa para mi? Significa una oportunidad, una salida, una estabilidad a mi hermano, una salida y un empezar de nuevo para mi. Empezaré de nuevo, tendré una formación, un trabajo, estudios y un futuro óptimo.

—pero lejos de lo que amas y lo que eres, dejarás atrás a mucha gente, a mi, a Sango a –Inuyasha- el último nombre me sobró en la lista- no puedes

—no me lo impedirás. Sabes lo que me conviene, tuve la culpa de no buscarle una buena solución a esto y he llegado a este punto, pero sabes que no me puedes impedir irme. Solo quiero que me hagas dos favores.

—...

—quiero que cuides a mi hermano, yo te ayudaré con los gastos- le córtela replica- se que no te importa, pero me da igual. Mi segunda petición es simple, quiero que le digas a el resto el por que me he ido pero que no les digas donde estoy, irían a por mi, solo eso, y que no me odien, aunque lo entendería mucho la verdad- añadí y él hizo una mueca.

—no te odiarían, te conocemos. Pero Inuyasha puede que si- hice otra mueca ante ese nombre- ¿te ha hecho algo, verdad?

—...

—os vi en el She al bailar y lo de después, pero él no lo sabe, no se lo he dicho.

—me sentí horrible- le dije

—Él está histérico perdido, no para de buscarte para pedirte perdón. ¿te irás sin decirle nada, verdad?

—...- le miré y no le dije nada. Entre nosotros, las palabras sobraban.


—no quiero que te vayas

—lo siento, cielo. Ya hemos hablado de esto, sabes que no puedo hacer nada mas.

Estaba en casa. Souta había llegado para merendar y quedarse a cenar, pero las cosas no le salieron como él había pensado. Yo había llegado entonces para hacer mis maletas con un Miroku que se empeñaba en acompañarme para despedirme al aeropuerto. Pero la cuestión era explicarle el porque me iba a Souta. La reacción fue la misma que la de Miroku, negación, pero después de una media hora de hablarlo le había convencido. Pero no, ese niña era un tozudo en potencia, se había puesto a llorar y ha decir que lo abandonaba.

— Pero me abandonas. No volverás.- me acuclillé y el cogí de los hombros sonriéndole.

—¿sabes que pasa con los mocos?- él negó_ yo soy como los mocos, volveré. Cariño, no pienso olvidarte ni abandonarte, solo me voy por un tiempo a trabajar y a estudiar fuera. Te prometo algo- él abrió los ojos como platos después de reírse con lo de los mocos. Que yo le prometiera algo era muy raro dada lo que pensaba de las promesas.-Cuando vuelva, nos iremos a vivir a Barcelona, tendremos un pisito muy guapo para nosotros dos. ¿qué te parece.

—¿Viviré contigo?

—claro que si, solo me voy una temporada, cuando vuelva todo será igual.

Souta sonrió y empezó a coger la mochila con la ropa para unos días. Tendría que mudarse completamente para ir con Miroku, peor no cabía todo en un viaje, por lo que Miroku se había comprometido a trasladar todas las cosas que fueran de valor y necesarias a su casa para que no se las quedaran los deudores. La puerta se abrió dejando ver tras ella a Houshiro. Él se detuvo y miró la escena que se le presentaba. Un Miroku sentado en la escalera mirándome a mi acuclillada cogiendo por los hombros a Souta y con una maleta enorme a mi lado. Sonrió con un deje de tristeza y me miró.

—He venido todo lo rápido que he podido, Kag. Clarie quería venir, pero se ha tenido que quedar con las niñas.

—no pasa nada. Puedes ir tu también, Miroku se ha empeñado en llevarme.

—De eso nada, yo te voy a despedir en el aeropuerto.

—Pues te encargarás de dejar a Souta en casa de Miroku- le dije – Él no puede ir, sería muy sospechoso y yo no quiero. Luego de dejarle, vienes.

—me parece bien. ¿te has despedido del resto- yo bajé la cabeza y negué.

—No quiere.- dijo Miroku- seré yo quien le diga lo que ha pasado.

Recogimos las cosas que necesitaba mas y subí a mi habitación. Como me iba a costar dejar todo aquello. Mi habitación era como mi vida. Miré el montón de fotos que había colgadas en la pared. Cada una de ellas inmortalizaban momentos memorables. Mi cumpleaños numero 18, el de Souta... Cuando nos fuimos con los padres de Inuyasha, en la playa... Todos recuerdos increíbles. Me giré y me fui hacia la estantería llena de libros a rebosar. Los de Zafón, mi escritor favorito, los de Crepúsculo, los de Harry Potter, los cómics ¿quién iba a decir que no necesitaría una nueva estantería para ellos? Miré mi maleta y la sopesé. Llevaba una maleta enorme y aún me quedaba sitio. Me encaminé a mi estantería y cogí los cómics y los libros del Zafón para ponerlos en la maleta, por suerte, mi maleta solo se abriría el llegar a donde viviría, sino explotaría. Me llevaba el Mp4, que llevaba una hora cargando canciones para ponerlas en avión y para tenerlas en Londres.

Me fui hacia la ventana y me asomé. Me encantaba tener la ventana abierta y que me entrara el aire. Ahora que el dolor de cabeza había desaparecido, la luz del sol se me antojaba perfecta.

Fruncí el ceño, Pese a que sabía que no me quedaba otra opción que irme, algo me apenaba. No solo el hecho de tener que irme sin despedirme de mis amigos, sino de irme sin afrontar las cosas. Según Miroku, Inuyasha estaba como desesperado

Buscándome. ¿Por qué no le quería ver? ¿Des de Cuando yo me había vuelto cobarde? ¿qué me apenaba entonces? Me apenaba que si me lo encontraba me dijera que fue una equivocación, que me dijera que fue un error y que lo sentía. Eso, solo me haría quedar mas mal de lo que ya estaba, al menos mi orgullo, lo quería tener intacto. ¿Pero que orgullo mostraba no afrontando las cosas y yéndome sin aclararlo? ¿sería una cobarde?

Pero no podía hacerlo, no me daba tiempo. Habían unas dos horas de aquí hasta el aeropuerto, no podía pararme a hablar con él, aparte de que no me dejaría ir.

Suspiré y miré el Sol ponerse en el Horizonte tras las montañas que veía des de la ventana. Un crepúsculo digno de observar que marcaba el final de lo que era mi vida. ¿tenía miedo? Si, tenía miedo de irme olvidando a la gente importante dejando todo atrás. Tenía miedo a olvidar quién era o en parte, cambiar mucho. Pero los miedos no pueden condicionar las decisiones, sino, la gente no haría las cosas. La idea de irme a un lugar, país en este caso, extranjero diferente a lo que había visto hasta ahora, me producía grima, pero no tenía otro remedio.

Des de allí vi como mi hermano se iba con Houshiro y miraba a la ventana donde estaba asomada. Él me había querido decir adiós, pero yo me había negado a despedirme mas de lo necesario, sino, me arrepentiría de separarme de él. Le vi diciéndome adiós con la mano, gesto que yo le correspondí, e irse al coche de Houshiro con una mirada triste.

No te penes nunca, Souta – le había dicho al despedirme de el con un abrazo- no quiero que sientas tristeza por esto, piensa que volveré.

No sabía como le había dicho aquello si yo estaba rota de la tristeza. Oí la voz de Miroku, que estaba recogiendo la maleta y salir por la puerta para ponerla en el maletero, que decía que me diera prisa que no llegábamos. Me di la vuelta y me fui hacia el ordenador para quitar el mp4. En el correo me llegaron mensajes de mis amigos histéricos por saber de mi. Apagué el ordenador y recogí las cosas que me faltaban, dejando la habitación casi vacía, salvo por dos objetos que habían en el escritorio.

Al cerrar la puerta, no solo cerré la puerta que separaba una habitación de la exposición al resto de la casa, cerraba una vida de 18 años, la vida que pese a todo, había estado orgullosa de vivir hasta el final. Dejé una vida en suspense, con cabos a medio atar dispuesta a atarlos al volver, porque volvería, con una nueva vida, pero lo haría, y al volver, recuperaría mi vida abandona aquí y todo lo que dejaba. Cerraba una puerta, para abrir otra mas grande.

Solo si alguien entraba a la habitación después de yo salir se habría dado cuenta de lo que me dejaba. Encima del escritorio, una carta. La carta, una conversación para una persona, para que mi orgullo no se fuera tan al traste, para que esa persona supiera de mi, porque me iba, que pensaba y que volvería.


pov inuyasha

Estaba desesperado. Llevaba un día entero mirando, buscando, intentando averiguar donde se había ido, donde se había metido esa mujer. ¿una persona puede esfumarse? No, no puede, está en algún lado, escondida. No, ella no es así. Estaba en casa de Miroku. Miré a mi derecha, Sango estaba intranquila, como yo, llevaba un día buscando a Kagome, pero como nadie, Miroku, su novio, no había llegado des de después de comer. A mi izquierda dos personas, Rin y Sesshômaru. Ella estaba como todos, preocupada, con la marcha de su hermano, la desaparición de su mejor amiga le era asfixiante, su novio y mi hermano, me miraba sabiendo que algo malo había pasado y me echaba las culpas con todo tipo de palabras y miradas. ¿yo tengo la culpa? Si, nunca me había sentido tan miserable en la vida, pero ese no era el momento, la tenía que encontrar. Miré el reloj. Las dos de la mañana. Muy tarde y Miroku sin aparecer.

—¿dónde demonios estará Miroku?-dijo Sango levantándose.

—¿y Kagome?-dijo Rin- porque tampoco ha aparecido en todo el día.

—si, tienes razón. Nunca ha hecho esto, al final, siempre avisa o coge el telefono, nunca pasa tanto tiempo así, sin aparecer.

—¿No será que está enfadada por algo y no quiere estar localizable?-dijo Sesshômaru

—no, no hubiera enviado a Souta a dormir aquí, no es propio de ella-dijo Kaede, que acababa de entrar en salón- ¿y tu que, Inuyasha, nada que añadir?

—feh-dije. No podía añadir nada mas, todo estaba dicho. No era propio de Kagome desaparecer así y enviar a Souta porque si.

Los pensamientos de todos se vieron interrumpidos por Miroku, que abrió la puerta de la entrada y se nos quedó mirando a todos.

—a buenas horas llegas, hijo- dijo Kaede que fue hacia él y le dio un beso en la mochila. Él le dijo algo al oído y le dio un beso, dejando a Kaede un poco preocupada y triste, pero luego sonrió y se despidió de todos nosotros con un beso.

—¿Dónde demonios has estado? – dijo una furiosa Sango

—lo siento es que...- parecía encontrar la mejor manera de decir algo, indeciso era el mejor adjetivo en ese momento- he ido a buscar a Kagome por ahí

—¿La has encontrado?- le dije yo rápidamente, esa parte me era muy interesante.

—pues... si, le he encontrado

—oh dios, ¿le ha pasado algo?-dijo una nerviosa Rin

—si y no, es muy complicado- dijo dejando las llaves en la mesita y la chaqueta en el colgador.

—¿como que si y no? Creo que si le ha pasado algo nos lo has de decir ya- dije preocupado-

—¿donde está? Souta no está aquí así que o está sola en casa o está fuera- dijo Rin poniéndose la chaqueta

—no está en casa y no creo que la puedas ver- dijo Miroku.

No entendía nada de lo que pasaba, aunque no era el único. Solo sabíamos que algo malo había pasado. Miré a Miroku con mas detenimiento, estaba consumido, triste y muy preocupado. Miroku siempre había sido una persona alegre que se sobreponía a los problemas, que estuviera así, no era nada bueno.

—¿Dónde está Kag?-dijo Sesshômaru levantándose.

A veces me impresionaba como le caía bien a él Kagome. Des de la primera vez que se vieron ella se hizo respetar y él lo hizo. Reían juntos y se cuidaban juntos. No solo se llevaban por el hecho de compartir a una persona, sino que en carácter se llevaban. No me sorprendía, pues Kagome se llevaba con todo el mundo de maravilla, a excepción de Kikyô, pero con Sesshômaru, simplemente me sorprendió, ya que él no es muy dado a hablar con la gente y menos por una novia, aunque Rin lo merecía, con Kag hablaba de todo. La saturación le afectaba hasta él, que, como todos, ya sabía que no pasaba nada bueno.

—Kagome..- dijo Miroku- Kagome se ha ido


Lo se, acaba muy mal y triste, pero no pasa nada, este es un mundo feliz. Como muchos habréis notado, se acaba con un pov de Inuyasha, que es posible que siga en el próximo cap, que aún no tengo ni pensado. Esta vez no saludaré a nadie, puesto que estoy en época de exámenes y suerte que he publicado, tarde, pero lo he hecho. Solo diré que muchos besos a todas y que espero que me lo comentéis mucho, que me van los reviews largos.