Capítulo 10. ''Guardias interminables''

(Punto de vista de Pepa)
Llevabamos seis horas de guardia, simplemente parados con el coche delante del orfanáto y no pasaba absolutamente nada. Como ya era de esperar la guardia estaba resultando un auténtico tostón.

Yo estaba sentada en el asiento del conductor limpiándo la magnum, mientras que Aitor mandaba mensajitos en su móvil.

- Cuando salgamos de aquí, ¿te gustaría ir a tomar unas cañas o unas copas?- le pregunté a Aitor con la mirada centrada en la magnum.

- No puedo.- contestó concentradísimo en la pantalla de su móvil.

- ¿Y eso?- pregunté siguiendo con lo que estaba haciendo. Al ver que no contestaba, me giré y ví como tecleaba con una sonrisa embobado.

- ¿Con quién estás hablando tú?- dije en un tono de guasa, mientras le quitaba el teléfono de las manos.

- ¡Pepa, dame eso!- gritaba mientras intentaba recuperar su móvil.

- ''No puedo esperar a verte esta noche, te hecho de menos. Besos.''- leí en voz alta el SMS de Aitor con un tono muy cursi y burlón.- Oins ¡Qué bonito Aitor! ¿Y para cuándo la boda?.- dije burlona mientras me reía.

El consiguió quitarme el móvil de la mano.

- No tienes ni puta gracia...- dijo Aitor con la mirada baja.

- Uy... lo siento, perdóname. Anda mejor dame un besito.- dije poniéndole morritos.

- ¡Vete a la mierda!.- dijo Aitor alterado apartándose de mi.

- No te enfades, que era broma hombre.- contesté riendome.- ¿Entonces unos chupitos después o qué?- pregunté guiñándole un ojo.

- Ya te he dicho que no puedo.- dijo sonriente.- Me voy a casa con una... amiga.- hizo una pausa.- Y tú deberías hacer lo mismo. Es Silvia la que le pidió a su padre que nos dejara terminar la guardia antes para librarnos de este marrón, seguro que te estará esperando.- dijo cambiando su expresión por una algo más seria.

- Uff... Que va... A Silvia ya no le importp.- dije ahora con una expresión notablemente triste y bajando la mirada.

- ¿Pero qué dices Pepa? Si tú para Silvia lo eres todo. No te quiere más porque no puede.- dijo poniendo una mano en mi hombro.

- Eso pensaba yo pero... pero ya no lo veo.- dije negando con la cabeza.- El otro día llegué a las tantas y ella ya estaba acostada casi durmiendo. Y al día siguiente ni me preguntó donde había estado.- proseguí.

- Estaría cansada, un día tonto lo tiene cualquiera.- dijo Aitor optimista.

- Que no Aitor, que pasa completamente. Si yo soy la primera que quiere que las cosas vuelvan a ser como eran antes, pero no se puede.- contesté cada vez más emotiva.

- ¿Por qué no?- preguntó Aitor con una mirada de compasión.

- Porque ya no somos las misma que éramos hace 6 meses.- contesté con lágrimas en los ojos que amenazaban con salir.

Aitor que tenía una mirada preocupada, quitó la mano que tenía en mi hombro y me sujetó de la barbilla girándo así mi cara cuidadosamente hacia él.

- ¿Y por qué no se lo dices?- preguntó mirándome, a pesar de que mi miraba estuviera baja.

- Por el miedo a perderla.- dije yo subiendo mi mirada hasta mirarlo y empezar a llorar.

Aitor en ese momento de debilidad me abrazó fuerte. Estaba muy agradecida por tener a Aitor, era mi mejor amigo, casi como mi hermano. Sabía que podía contar con él para lo que fuese.

Transcurrieron varios minutos en silencio hasta que Aitor se separó de mí. Después de hacerlo, sujetó mi cara con sus manos, limpió mis lágrimas con sus pulgares y me miró a los ojos.

- Ya verás como todo sale bien. Si hay algo díficil de definir en esta vida es el amor, pero la mejor definición que he visto de este no ha sido con palabras, sino tu relación con Silvia. Nunca he estado tan seguro de que existía el amor verdadero, hasta que te ví con Silvia. Esas miradas y muestras de amor mútuas entre vosotras son inquebrantables.- dijo Aitor en un tono muy dulce y acto seguido beso mi frente.

- Aitor.- dije yo terminando de secarme las lágrimas.

- Dime.- dijo él con la mirada entrada en mí.

- Te agradezco esto, pero con tanta mariconada me vas a hacer vomitar.- dije hechando una medio sonrisa. Aitor quitó las manos de mi cara para ponerlas en la suya y sonreír.

- Pepa Miranda, eres toda un caso.- dijo Aitor empezando a reír.

En aquel momento sonó el móvil de Aitor. Tras unas pocas palabras este colgó el móvil.

- Era Don Lorenzo, que ya podemos volver a casa. Por lo que yo me voy.- dijo Aitor guardando sus cosas en una mochila. - Y tú vuelve a casa con Silvia, ¿vale?.- dijo tras salir del coche, mirándome con su típica mirada dulce de preocupación.

Asentí con una medio sonrisa algo forzada mientras arrancaba el coche.

- Y llámame cuando llegues.- dijo este antes de cerrar la puerta.

- ¡Que sí pesao!.- dije al fin sonriendo.

- Bueno, hasta mañana.- dijo Aitor soriendo y acto seguido cerró la puerta del coché y fué para su casa.

Arranqué el coche y salí de allí. Aunque a pesar de lo que le había prometido a Aitor no iba a volver a casa, tenía otros planes.