CAPITULO 9 NUBE NEGRA

CHICAGO

Albert tenía un humor de los mil demonios. Caminaba a lo largo de su oficina, murmurando maldiciones a lo bajo. Desde muy joven aprendió a tener las situaciones y las emociones siempre bajo su control. A todo problema le encontraba una solución, o se la trataba de encontrar o se olvidaba del asunto.

No le gustaba lamentarse por lo que no tenía remedio, se detenía y emprendía otro camino, pero en esta ocasión… en esta ocasión ¡Estaba perdido!

¿Cómo no se pudo dar cuenta de que Rose ya estaba comprometida? Pensaba que sabía juzgar a las personas tan sólo al mirarlas ¡Su instinto nunca le había fallado! No le falló cuando decidió adoptar a Candy, no le falló en considerar amigo a Terry, o de que tenía que tener cuidado con los hermanos Leagan ¡Pero Rose!... Se llevó la mano al pecho ¡Nunca había sentido ese extraño dolor!

Cuando lo había decepcionado alguna persona, simplemente se daba la media vuelta y la olvidaba ¡Pero Rose! ¿Por qué no podía hacer lo mismo? ¿Por qué no podía obligar a su tonto corazón que dejara de latir como loco por ella?

Siempre había tenido suerte con las damas, como vagabundo, había conocido mujeres que lo quería tener bajo su protección, y de hombre de negocios, el asedio fue mayor. Ninguna mujer que hubiera conocido desde entonces le había interesado realmente ¡Pero Rose!

Cansado de caminar por toda la oficina, se dejó caer sobre su sofá favorito, puso sus codos sobre las rodillas y hundió su rostro entre sus manos.

-Ahora sé lo que han de sentir Candy y Annie. El desamor es insoportable. Lo tengo que reconocer ¡Estoy enamorado de Rose Robinson! Y aunque me haya engañado, no puedo dejar de amarla-.

El llamado a su puerta lo hizo tratar de recuperar la compostura y el control de la situación.

-Señor Andry- Le dijo Mabel, la secretaria –El sastre acaba de llegar, le trae su traje para el evento del gobernador.

-Hazlo pasar, por favor, Mabel-.

La eficiente secretaria hizo lo que se le ordeno y se retiró discretamente.

-Señor Andry, aquí le tengo el traje para su evento y la dirección de donde puede encontrar los más hermosos vestidos de gala para dama-.

-Gracias, maestro- le dijo tomando la tarjeta que le ofrecía –Pero creo que ya no voy a necesitarla-.

-Es una lástima, quizás para alguna otra ocasión-.

-Quizás-.

-Entonces, con su permiso-.

Y el gentil hombre se retiro dejando a Albert observando la tarjeta, para después romperla en pedazos.

NUEVA YORK

Terry estaba de muy buen humor, en el teatro todos lo notaron y se alegraron que su agrio carácter se hubiera calmado un poco. La Sra. Baker no le pudo sacar la verdad de porque sonreía mientras leía un libreto ¡Al revés! Para Susana fue doloroso comprobar que esta nueva gira, mantenía a Terry más amable y conversador.

-Y entonces, Robert nos convenció a todos de leer algún libreto de comedia ¿Te imaginas a mí, haciendo comedia?... Creo que ya es tarde, me retiro. Nos veremos mañana-.

Como siempre, Terry se despidió besándoles la mano a Susana y a su madre y salió presuroso.

-Madre- Habló Susana sin quitar la vista de la puerta por donde salió Terry -¿No te parece que Terry está "demasiado" alegre?-.

-Quizás le emocione la próxima gira-.

-Al principio pensé lo mismo, pero… Su cambio fue apenas un par de días-.

-¿Y no le preguntaste nada?-.

-¿Tú crees que me dirá la verdad?-.

-Y entonces ¿Qué piensas hacer?-.

-Mañana iré al teatro-.

CHICAGO

El hospital Rollaly se encontraba en sus acostumbradas actividades. Todos concentrados en sus deberes, pero el cambio de actitud de dos personas les llamó la atención.

-Doctora Robinson ¿Me podría informar porque ha solicitado su renuncia del hospital?- Pregunto intrigado el director del Hospital.

-Doctor Callery- Rose respondió evasiva –Son razones personales, sólo eso-.

-Pensé que se encontraba contenta en éste hospital ¿O alguien la ha incomodado?-.

-En absoluto, Dr. Callery. Todos los doctores y enfermeras de este hospital me han tratado de maravilla, a pesar que al principio no fui muy popular por mi condición de mujer-.

-Entonces no entiendo-.

-Le pido mil disculpas, la razón de mi renuncia es ajena al hospital-.

-¿Y no hay manera de hacerla cambiar de opinión?-.

-No lo creo doctor, y le pido mil disculpas si con esto le ocasiono trastornos al Hospital-.

-¿Su hermano…?-.

-Él se quedará aquí, no tenga pendiente-.

El galeno se dio por satisfecho y se retiro a sus actividades. Una nube negra se apoderó del ánimo de Rose.

-Extrañaré a este hospital, tanto como a Albert-.

Y parpadeo repetidas veces para evitar que se le salieran las lágrimas, así poder trabajando. En el mismo pasillo se encontró con Candy, la cual en cambio, estaba realmente feliz. Canturreaba por todos los rincones y el brillo de sus ojos era innegable.

-Doctora Rose, me acabo de enterar de su renuncia ¿Puedo saber qué sucedió?-.

-Candy, tú has sido buena niña conmigo- le dijo tomándola de las manos –Y eres de las personas que más extrañaré-.

-¿Puedo hacer algo por ti?- Preguntó realmente preocupada-.

-No hay nada que hacer, es una decisión tomada… y no tiene nada que ver con el hospital, te lo aseguro-.

-Entonces hay un culpable ajeno a este hospital-. Dijo con mucha certeza. –Dime quién es y hablaré con él-.

Rose no supo que decir. Albert le había contado que Candy era muy intuitiva y que cuando se proponía ayudar a alguien era a muerte.

-¡No, Candy, no te preocupes!-.

-¡Claro que me preocupo! ¡Si esa persona la está obligando a renunciar a lo que más le gusta, debemos hablar con ella!-.

-Candy…- Y apretó más sus manos –No es necesario que hables con nadie, me voy en paz con la decisión que tomé-.

En ese momento, un murmullo fue creciendo, alertando a las damas.

-¡Doctora Robinson!- le llamó una enfermera -¡Hay una emergencia!-.

-¿Qué sucede?-.

-Un pequeño se cayó de una barda, y no vuelve en sí-.

-¡Llévame a verlo!-.

Y presurosas emprendieron su labor.

NUEVA YORK

Susana aguardaba cerca del teatro con su doncella, esperó hasta ver partir a Terry al almuerzo en compañía de otros actores. Fue entonces cuando entro al teatro, recorrió los conocidos pasillos, respirando profundamente ese olor inolvidable de la alfombra, de las butacas… la madera del escenario. Se detuvo un instante a observarlo.

-¿En qué momento dejó de interesarme estos tesoros?-.

Desde su accidente, había cortado de tajo todo aquello que le recordara su truncada carrera, si no fuera por Terry, ella estaría muy lejos de ahí, y no soportando el dolor de transitar por ese camino tan querido desde hace mucho tiempo.

-¡Señorita Marlow!- habló una conocida voz -¿Buscaba al señor Terrance?-.

-Hola Sra. Black. No, no buscaba al Sr. Terrance, sólo pasé un momento, para recordar viejos tiempos-.

-Aquí siempre es bienvenida, señorita ¡Pero no fue hace mucho que usted brillaba como el sol!-.

Susana suspiro recordando los momentos vividos en ese escenario.

-Para mí lo es, Sra. Black… un largo tiempo… ¡Pero la vida sigue! No le estoy quitando mucho tiempo al estar aquí ¿Verdad?-.

-¡Para nada, señorita! Como todos los actores están preparándose para la gira, ya casi no hay ensayos, así que tengo tiempo suficiente para limpiar este lugar-.

-Deben de estar muy emocionados por esta nueva gira ¿No es así?-.

-Así es, pero creo que el Sr. Terrance es el más contento, no para de darle ánimos a todos para que esta gira sea un éxito-.

-Sí, lo sé, lo sé, él me lo ha dicho infinidad de veces que está encantado de viajar a… a…-

-A Chicago, señorita-.

-A… ¿Chicago?- .

Y su mundo se hizo pedazos.

CHICAGO

En el almuerzo Albert permanecía muy callado. Pese a su costumbre de acribillarlo con preguntas, Candy sólo lo observaba… y finalmente le habló.

-Albert ¿No crees que ese pan ya tiene suficiente mantequilla?-.

-¿Qué?- Respondió saliendo de su trance.

-Que llevas un buen rato poniéndole mantequilla a ese pobre pan-.

-Lo siento. Tengo la cabeza en otro lado, ¡Tú sabes, los negocios!-.

-Negocios, sí, por supuesto… Albert… ¿Te acuerdas de la doctora Robinson?-.

-¿La doctora Robinson?- Y volvió a ponerle mantequilla al pan –Vagamente… ¿Qué ocurre con ella?-.

Candy lo miró sorprendida, pero continuó como si nada.

-Renunció al hospital-.

-¿Qué renunció al hospital? ¿Por qué? No me lo digas… Tendrá algún interés particular mucho más importante-.

Albert no se daba cuenta del sarcasmo con que hablaba.

-Al parecer alguien la está obligando a renunciar a lo que más le gusta, que es salvar vidas-.

-¿Quién la está obligando?-.

-No estoy segura, quizás no está obligada, quizás ella… quiera hacerlo por alguna… decepción amorosa-.

-¿Tú que sabes de eso?-. Preguntó tratando de no parecer muy interesado

-Nada en realidad, la doctora Rose siempre ha sido una persona muy reservada en su vida personal, pero por lo general siempre había sido una persona positiva, alegre, llena de energía en su trabajo, pero hace días que la veo triste, ausente. Yo sé que ama su trabajo, lo pude comprobar el día de hoy. Le salvó la vida a un niño que se cayó de una barda, y vi en sus ojos la satisfacción de haberlo logrado-.

-Candy… ¿Por qué no cambiamos de tema?-.

-Tienes razón, no debemos de meternos en la vida de alguien que recordamos "vagamente", después de que salimos a tomar un helado con ella… y de que atendió a la tía abuela en su casa, pero en fin…- le dijo enfatizando la palabra "vagamente" -¡Y deja en paz a ese pobre pan!- concluyó quitándole la pieza de pan de las manos.

-¿Invitarás a John a la cena del gobernador?-.

-No, John tendrá guardia ese día… así que me conformaré con ser tu pareja-.

-Mi pareja será la tía Elroy-.

-No, hable con ella el día de ayer y me confirmo que no está de humor para fiestas. Con todos los problemas de Neil, no tiene ánimos de salir…Al menos que tú tengas otra opción-.

-No la tengo. Entonces tú serás mi pareja esa noche-.

-Pues aprovecharemos para darle la despedida a Rose-.

-¿A qué te refieres?-

-El niño que salvó esta mañana, es el nieto del gobernador, y en agradecimiento la invitó a la fiesta-.

-¿Rose irá a la fiesta? ¿Y quién será su pareja?-.

-No lo sé, lo sabremos ese día… Aunque no entiendo tu repentino interés por alguien que recuerdas "vagamente"-.

Y Albert se estampó en la boca el pan bañado en mantequilla.

NUEVA YORK

En la soledad de su cuarto Susana tenía la mirada perdida. Se había pasado horas enteras encerrada, sus ojos ya estaban secos tras haber llorado a mares. Pronto tomó una decisión, se acercó a su pequeño escritorio, y del cajón sacó papel y tinta. Por breve momento sólo miró el papel blanco… Y se decidió a escribir. Concluida su carta la guardó en un sobre, en la cual escribió su destino final…

-"Srta. Candice White Andry, domicilio Mansión Andry" Aunque no sé la dirección exacta, confío que esta carta le llegue a sus manos-.

-¡Caty! ¿Podrías venir un momento?-.

-Dígame señorita- Contestó la doncella entrando a la habitación.

-Quiero que lleves…- Y dudó -¡No, olvídalo!... ¡Espera!... Lleva esta carta al correo-.

-Sí, señorita-.

Susana vio partir a su doncella sabiendo que ya no había vuelta atrás.

CHICAGO

Pasó una semana y el cumpleaños del gobernador llegó. La fiesta se estaba realizando en un majestuoso salón, lleno de cristal fino y terciopelo. Los anfitriones recibieron a los Andry. Albert, quien lucía tremendamente guapo, arrancó suspiros de las damas presentes. Candy estaba bellísima, con su vestido color aguamarina, que le acentuaba la breve cintura y resaltaba más sus ojos verdes. Con ellos venía Archie, elegantísimo como siempre, quien venía acompañado de una muchacha bonita de cabello castaño.

Archie se las presentó como su amiga Sara. Candy no quiso hacer comparaciones con Annie, además la chica resultó ser muy agradable. Si ella resultaba la elegida en el corazón de Archie, Candy y todo el resto del mundo lo tendrían de aceptar.

Los meseros les ofrecieron Champagne y mientras lo saboreaban, cada uno de los Andry tenía su pensamiento en otro lado.

-¡En cualquier momento, Annie aparecerá acompañada del idiota de Joel!-

-¿A qué hora llegará Rose?-.

-¿Por qué me siento tan contenta sin tener motivo alguno? ¡Mejor me concentro en el encuentro de Annie con Archie! ¡Tengo que hablar con ese cabeza dura!-.

-¡Hola!- saludo Candy alegremente a Sara y Archie, quien se habían apartado un poco de Albert y ella –Sara ¿Me permites hablar un momento con mi primo? Albert te acompañara-

-Cambio de parejas- Archie trató de bromear mientras Candy lo conducía a una de las terrazas para poder hablar con cierta privacidad.

Mientras tanto Albert conversaba con Sara.

-Espero que estés disfrutando de la fiesta, Sara-. Le dijo sinceramente.

-Para serle sincera, Señor Andry- Habló suavemente –Me siento un poco incomoda-.

-Llámame Albert- Le dijo tratando de darle confianza –Los amigos de Archie, pasan a ser amigos de la familia-.

-Gracias, Albert, pero…-.

-¿Sucede algo malo?-.

-¡Por favor, Albert! No sea tan duro con Archie-.

-Algo se trae entre manos ¿verdad?-.

-Pues…- Y Sara retorció su pañuelo –Archie quiso que lo acompañara para que entretuviera a Joel. Joel es mi primo y viene acompañando a la señorita Annie y…-.

-¡No! Ya no me cuentes más ¡Ese sobrino mío me va…!-.

Y no termino la frase, porque una sensual mujer de ojos verde olivo se cruzo frente a él.

-¿Rose?-

Rose llevaba un vaporoso vestido color perla, con algunos toques rojos y un escote en uve con los hombros al desnudo. Albert no pudo detener su mirada hambrienta de ella, quien la escudriñó desde la cabeza a los pies, y su corazón comenzó a latir como caballo desbocado.

-Señor Andry… Albert ¿Se encuentra bien?-

Rose detuvo su andar y voltio hacia donde estaba Albert. Su rostro usaba un poco de maquillaje que enmarcaba más sus finas facciones, una sutil sonrisa apareció y se volvió a voltear desapareciendo entre la gente, dejando a Albert petrificado.

-Albert ¿Quiere que llame a Archie?-.

-Sara…- Pudo reaccionar –Es algo muy grosero de mi parte dejarte sola… pero necesito hablar con una persona-

-No se preocupe, Albert… Yo estaré bien-.

Albert se introdujo en la maraña de invitados y meseros, tratando de localizar a Rose. Pero la escurridiza doctora había desaparecido. Albert no tuvo más remedio que regresar al lado de Sara, justo a tiempo, ya que Archie y Candy regresaban de hablar en la terraza.

Y los Britter a parecieron. Adelante iban los padres de Annie y ella atrás acompañada por un joven muy apuesto. Annie lucía realmente muy cambiada, de vestir siempre discreta a lucir sofisticada y muy segura de sí misma. Archie estaba embobado con ella, tanto que Sara lo tuvo que sacar de su trance jalándolo de la manga de su saco.

Albert se dio cuenta de todo y tuvo que actuar.

-Archie- Albert jaló a su sobrino hacia un rincón del salón –Sara me conto sobre tus intensiones con Annie y su acompañante-

-¡Traidora!-

-¡Sara es una chica mucho más sensata que tú, y de antemano te digo…!-.

-¡Seré un caballero! Lo prometo-.

-Además, recuerda que Sara es tu pareja esta noche, aunque no sea tu novia, le debes respeto-.

-Y lo tendrá, te lo juro-.

-¿Por qué no mejor vamos a nuestra mesa?- Interrumpió Candy - Los demás ya lo están haciendo-

Al hacerlo quedaron tres mesas separados de los Britter, cosa que resulto favorable para mantener la paz, por el momento.

NUEVA YORK

Terry se encontraba en el pequeño estudio de su casa cuando llamaron a la puerta. Al abrirla los brazos amorosos de su madre lo cubrieron.

-¡Hijo! Perdona que venga a visitarte antes de que tú fueras a mi casa, pero…-.

-¿Qué sucede, madre? ¿Te sientes bien? ¡Pasa por favor!-.

Madre e hijo se acomodaron en el pequeño estudio y la Sra. Baker fue muy directa.

-Terry, estoy muy preocupada por ti-.

-¿Por qué?- pregunto muy sorprendido.

-Llevas más de un año en el país de la amargura y de pronto cambias radicalmente, están de buen humor, sonríes a cualquier provocación…-.

-¿Y eso es malo?-.

-Lo es si no existe alguna justificación para tu cambio. Sé que no tenemos mucho tiempo de haber convivido realmente, pero creo que he llegado a conocerte y aunque me alegro de que hayas abandonado ese estado de depresión, el no saber el por qué me tiene desconcertada-.

Terry permanecía en silencio, abriendo más los ojos con cada frase que su madre le decía.

-Bueno, madre…- habló titubeando –La verdad no te he dicho nada, porque ni yo mismo aun estoy seguro de lo que voy hacer-.

-Por favor, explícate-.

-Madre… comenzaré diciéndote que la gira cambió de ruta… iremos a Chicago-.

-¿Chicago?- murmuró –Eso explica todo…-.

-Entonces te imaginaras que estoy hecho un lío, no sé ni cómo debo sentirme. Tal vez debería simplemente cumplir con la gira sin inmutarme el hecho de que estaré en la misma ciudad que ella-.

Terry se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro.

-No existe ningún cambio en los planes de boda con Susana, pero…-Y esbozó una gran sonrisa –Mi tonto corazón se siente feliz y no lo puedo evitar-.

-¿Y no te has puesto a pensar que el destino nuevamente te está dando otra oportunidad?-.

-No puedo deshacer el compromiso con Susana-.

-¿Por qué no?-.

-Ella atentaría contra su vida-.

-¡Esa mujer está loca!... ¿Y ella sabe que irás a Chicago?-.

-¡Por supuesto que no! No quiero ni pensar en lo que sería capaz-.

-Entonces cuando llegues a Chicago, deja que tu corazón dirija tu destino… y que sea lo que Dios quiera-.

-¿Qué dices madre? Pensé que me pedirías prudencia y…-.

-¡Escúchame!...Primero siéntate, aquí, a mi lado-.

Terry la obedeció como niño pequeño. La Señora Eleonor tomó el rostro de Terry entre sus manos para que la mirara a los ojos.

-¿Dices que no sabes qué hacer? Entonces hazle caso a tu madre… Cuando llegues a Chicago… búscala-.

-Pero, madre…-.

-Déjame terminar… Cuando estés frente a ella… tendrás la respuesta que buscas. Ahí no importara la promesa que se hicieron, sino los sentimientos que guardan ustedes dos-.

-Y…-Una duda nació desde lo más profundo de su ser- ¿Y si ella ya me olvidó?-.

-Esa será tu respuesta-.

-¡No podré soporta su rechazo!-.

-No lo des por hecho. Espera a tenerla frente de ti. Si sus sentimientos no han cambiado, como sé que no han cambiado los tuyos… Tendrán que defender su amor-.

-Susa…-.

-¡Sí! A pesar de Susana… Si ella atenta contra su vida, será su decisión, eso ya no te compete-.

Terry tenía las palabras de su madre taladrando su corazón y su cerebro.

-Tienes razón, madre. Es hora de comprobar si tengo todavía el amor de Candy, si este amor es suficientemente fuerte para sobrevivir a la promesa dada… o si ella ya me olvido-.