Las luces se encendieron. Alcé la mirada hacía la pared. Tres agujeros la habían perforado. Damon no dejaba de observarme atónito. Me traté de levantar, pero su presión en mí cintura no me dejaba.

Elevó una mano a mi rostro y lo acarició. Estaba ido en en sus pensamientos.

—Damon ¡Debemos levantarnos! —dije, desesperada.

Parecía como si todo el bullicio que había en nuestro alrededor se había congelado. Matt llegó corriendo al lado de nosotros. Al igual que Stefan. Me tomaron de los hombros y me impulsaron hacía arriba. Tenía la cabeza entumida. Matt ayudo a Damon a levantarse, pero sus ojos seguían en los míos. Ellos nos hablaban, pero no podíamos escucharlos.

—¡Elena! ¡¿Estás bien?! —la voz alarmada de Stefan me hizo volver a este mundo. Asentí con el rostro.

—¡Maldición! ¿Qué fue eso? —dijo Matt, con los ojos tan expandidos que daba miedo.

Los gorilas de Damon, se nos acercaron rodeadonos. Le hicieron señas a Damon para que caminara hacía afuera del salón. Las personas seguían asustadas.

Damon se giro en sus talones y me tomo de la muñeca, arrastrándome con él. Stefan y Matt, nos siguieron.

Llegamos a su oficina. Los gorilas, nos dijeron que nos quedáramos aquí, hasta que la policía llegará. Ellos debían inspeccionar el lugar para ver si encontraban al culpable. Yo estaba temblando, literalmente. Mí cuerpo parecía una maraca.

Todo había pasado en segundos, que apenas estaba asimilándolo. Sentí algo acobijar mis hombros. Alcé la vista algo asustada. Era el sacó de Stefan. Me había puesto su sacó en los hombros.

—Estas empapada —su voz salió suave.

—Gracias —le respondí, acomodándolo.

Matt estaba en el teléfono. Mientras Damon estaba en su silla sentado, con los dedos entrelazados. Hundido en sus pensamientos. Alguien había intentado matarlo, o alguien, había intentado matarme a mí. Aunque desechaba la segunda opción. Yo no era nadie, él por el contrario era un hombre de negocios, tanto como legales, como ilegales. No me sorprendía que contará con una lista de enemigos.

Stefan camino hasta la orilla del escritorio. Pego con los puños en la madera.

—¡¿Qué fue lo que paso?! cuando me ibas a decir que tenías un tratado de muerte, o mejor dicho, que volverían a querer tu cabeza —Damon lo acribillo con la mirada. Exhaló aire elevando su pecho, y lo dejó salir cansado.

—Stefan ¡No me jodas! —sus ojos viajaron hacía mí dirección. Se levantó de su sitio y camino hacia dónde estaba. Con brusquedad removió el saco de Stefan. Se lo aventó de vuelta. Me quede helada—. ¡Matt! —su voz me hizo brincar—, dame tú saco —le dijo con un tono intimidante. Matt se removió su saco y se lo entregó. Lo puso en mis hombros y me haló del brazo—. ¡Nos vamos! —murmuro en mi oído, se portaba como un chiquillo.

—¡Espera! ¡Damon!... No podemos ser tan irresponsables. Él que trato de matarte puede aún andar por allí —Damon no presto atención a las palabras de Matt, y salió casi corriendo de la oficina, arrastrándome con él.

Escuche a los dos hombres rezongar atrás de nosotros.

Salimos del hotel para encontrarnos con todo el lugar lleno de policías. Uno dé los oficiales se nos acercó.

—Señor Salvatore. ¿Cómo se encuentra? —Damon removió su agarré de mí brazo. Eleve mi mano a este, sobándolo. Me pulsaba terriblemente.

—Estaré mejor cuando llegue a mí casa y me remueva ésto —señalo a su traje empapado de champaña y quién sabe cuantas porquerías mas.

El policía cuadro los hombros.

—Una patrulla lo acompañara. Tiene que ir mañana directo a la estación, levantaremos un reporte, seguiremos este caso. Alguien intento matarlo —el oficial hizo una gran pausa. Respiro tratando de llenar su pecho—, y es la segunda vez —me atragante con mi propia saliva. ¿Como? era la segunda vez. Maldición, Damon estaba condenado desde ya.

—¿No pudieron agarrar al responsable? —la espalda de Damon se tenso.

—Lo siento Señor Salvatore, pero no. Huyo —soltó un gruñido. Giro el rostro y puso una mano para que se la tomara. Sin pensarlo lo hice—. Cuídese, por favor. La patrulla lo seguirá y estará vigilando su hogar —Damon se giro y caminamos hasta la limusina. Antes que pudiera cerrarla, Stefan apareció, poniendo un pie en la puerta.

—Damon, debemos informarle a nuestro padre —dijo, tan solo asomando su cabeza por la entrada.

Damon gruño de nuevo.

—No, no aún —los ojos de Stefan viajaron a mí.

—Yo puedo dejarla en su casa —me señalo con la mirada, ofreciéndose—. Tú deberías ir directo a la tuya, y cuidarte —le reprendió a Damon.

Volvió la mirada a mi. Me sonrió. Una carcajada burlesca se escapo del pecho de Damon. Lo observe con los ojos abiertos. La comisura de sus labios se elevaban hasta topar con sus orejas.

—No te preocupes por Mi asistente Stefan, ella vive cerca de mi casa —esas palabras se las había remarcado muy bien. Se escuchaba como si estuviera marcando su territorio—, ahora muévete por que apesto, y lo único que quiero es quitarme esta sensación —Stefan suspiro resignado.

—Bien. Que pasen buena noche —rezongo, todavía con la mirada en mi.

—¡Oh! no lo dudes hermano —le guiño el ojo, y el sarcasmo en su tono envió miles de sensaciones a mi estomago.

La atmósfera se congeló a nuestro alrededor.

Después de venir enmudecidos en tono el camino. Llegamos a la mansión.

Damon salio primero, pero esta vez espero afuera, esperando a que saliera. En la puerta ya estaban Rose y Matt. Ni siquiera lo había visto subirse con nosotros. De seguro otro auto lo había traído.

Caminamos hacia adentro, mientras Matt discutía con Damon y Damon le daba ordenes a Rose.

—¡¿Qué demonios vamos hacer?! Esto, esto, ¡esta pasando de nuevo! —Damon se detuvo, se acerco a Matt y elevo sus manos a sus hombros.

—Mírame, Matt —él elevo su mirada a la de Damon. Lo vi suavizar su expresión—. Tranquilízate. Nada paso.

—¡Esta vez! y fue por ella —me señalo—. Ella te salvo la vida —los ojos de Damon viajaron a donde me encontraba parada.

No sabia si había sido toda esta situación, pero yo aun me encontraba como en un estado de shock, aun no me la creía, que nos habían disparado. Mejor dicho, que le habían disparado a Damon.

Él sonrió. Viéndome, con algo distinto en su mirada.

—Lo se. Ahora vete a casa, descansa y mañana resolveremos esto —camino de nuevo hacia mí, me tomo de la muñeca y me arrastro hacia arriba.

Entramos en su habitación. Gire los ojos algo confundida. Unas empleadas salieron del baño, informándole que todo estaba listo. Bajaron el rostro y se retiraron. ¿No entendía, que hacia yo aquí?

—Bueno, creo que me retiro —dije, disimulando mi nerviosismo.

Me gire y empecé a caminar hacia la puerta.

—¡Ven acá! —me detuve en seco. Su voz siempre me hacia cuestionarme todo.

Me gire lentamente. Él estaba removiendo su camisa. Mis ojos se expandieron el doble de su tamaño. ¿Qué demonios hacia?

—¡Damon! Si no lo has notado, yo también estoy empapada ¿de quien sabe qué? —me tome las puntas del cabello y las olí. Hice un gesto de asco, olían bastante mal. Toda esa mezcla era asquerosa.

—Lo se —removió su cinturón. Tragué en seco.

—Muy bien.

Mi corazón empezaba a rebotar en mi pecho. Me moví algo confundida. De repente las imágenes de lo que había pasado en la biblioteca me arrasaron. Mierda. Había jurado que lo enterraría en un lugar oscuro de mi subconsciente, para no pensar mas en eso. Bajo sus pantalones y el corazón me salto a la boca. Había quedado tan solo en sus calzoncillos. Gire mi cabeza de un lado al otro, parecía estúpida y me comportaba como estúpida. Actuaba, como si nunca hubiera visto un hombre casi a medios cueros. Baje la cabeza y me rasque la nuca.

—¡Te dije que vengas! —volvió a ordenar.

Arrastre mis pies hasta donde estaba él. Mis ojos en todo lo que se pudieran concentrar, menos en su cuerpo. Sí, menos en ese hermoso y rico cuerpo. Golpeé a mi lujuriosa, ella había dicho esas palabras, no yo. Sentí su mano tomar la mía, y la electricidad corrió hasta la punta de mi cabello.

Camino conmigo hasta el baño. El jacuzzi estaba lleno, y el vapor que salia del agua me indicaba que estaba caliente.

Desconcertada me centre en el rostro de Damon.

—Okay , ¿No se que demonios hago aquí? pero de verdad debo ir a darme un baño. Además, ¿no creó, que no puedas bañarte por tu cuenta? —él frunció las cejas.

—¿Qué es? —me rodeo—, ¿lo que crees?—su voz salia en pausas—, ¿que haremos aquí? —me mordí la lengua.

Miles de cosas se podían hacer aquí. Removí la idea. Él quería que me bañara aquí. ¡¿Qué carajos le pasaba?!

Lo sentí, tomarme de la cintura y voltearme con facilidad. Me agarre del lavamanos, casi me hacia tropezar. Removió el saco de encima de mis hombros y empezó a pasar un dedo por mi hombro. La piel se me erizo completa. Sentí sus dedos al ras del cierre, y empezó a impulsarlo hacia abajo.

—¡Espera! —le dije alarmada. Mi estomago estaba en lucha en estos momentos. Miles de sensaciones se revolvían en mi interior—. ¿Qué vas hacerme? —eleve la mirada al gran espejo que tenia enfrente de mí. Sus ojos me observaban con chispa en ellos. Curvo una sonrisa, haciendo a mi pecho explotar.

—Yo —dijo, corriendo un dedo por mi espalda hasta llegar al cierre que aun no bajaba por completo. Respire—. Solo quiero agradecerte. En verdad salvaste mi vida hoy. Eres una mujer increíble —me hundí en sus palabras.

Una cantidad de emociones hicieron vibrar a mi cuerpo. Volvió a centrarse en mi cierre, bajándolo por completo. ¿Por qué no estaba poniendo resistencia? No lo sabia. Él podía ser un maldito cabrón en un momento y al otro segundo podía ser todo un ángel. No, un tremendo conquistador.

¿Quien era el verdadero?

Trate de encontrar mi voz.

—No, no fue nada —balbuceé como estúpida. Sus toques me embriagaban de adrenalina pura—. ¡No! ¡Espera! Si, si quiero algo —sabia que era mi oportunidad. Sentí el vestido caer a mis pies. El estomago me brinco. Se arrodillo y puso sus manos en mis pantorrillas, lentamente las empezó a deslizar sus dedos se movían con delicadeza, acariciando mis piernas. Sentía que en cualquier momento me derretiría, como mantequilla caliente. Removió mis zapatos—. Y-o-o —no podía hablar, la quijada me temblaba al punto que no podía decir palabra alguna. Sentí la humedad de su lengua correr por mi pierna, haciendo un recorrido quemante. Mi mente se estaba haciendo papilla. Apreté el lavamanos con fuerza, mientras trataba de controlar los jadeos de mi pecho. ¿Como demonios él sabia prenderme? Se levanto. Pego su cuerpo a mi espalda. Su calor envió electricidad a mi interior. Su cercanía, su calor, me volverían loca. Elevo su mano a mi cabello, con sus largos dedos empezó a peinarlo, bajando lentamente hasta mi espalda. Cerré los ojos dejándome arrastrar por sus acciones.

—Tan hermosa —murmuro cerca de mi oído, mordiendo. Escuche el "click" de mi sostén desprenderse y caer a mis pies. Me quede inmovilizada. Deslizo sus manos por mi cintura hasta mis senos, los tomo con su palma, apretándolos. Ahogue un gemido—. Tan lindos —volvió a murmurar. Mis piernas no iban a resistir mas, estaban hechas gelatina. Miles, y miles de sensaciones me arrasaban, tal como una ola.

Sus manos de nuevo se deslizaron por los costados de mis caderas. Metió los dedos por el ras de mis bragas, empezó a bajarlas. Cerré los ojos y apreté los labios. Un cosquilleo empezó inundar mi vientre. Estaba desnuda. Con él tocándome como ningún otro lo había hecho antes. Volteo mi cuerpo para que lo viera de frente. Me perdí en sus ojos, me hundí en sus llamativos ojos. Elevo una mano a mi mejilla acariciándola. Bajo su rostro y deposito un beso tierno en mis labios.

—Da-m-on... —jadee.

Me trague el aire con olor a él. Siguió besándome. Llenándome de su aliento, de su sabor. Con delicadeza, con cariño. Algo, que hasta ahora, no había hecho. Se separo de mi rostro. Sus ojos hacían recorrido por cada parte de el mio. Me tomo de la muñeca y me dirigió hacia el jacuzzi. Lo vi bajarse y removerse los calzoncillos. El estomago se me hundió. Se metió al jacuzzi y me haló para que entrara con él. Se sentó y me puso entre en medio de sus piernas. Yo era como un juguete en sus manos. Ya no estaba protestando, ya no estaba pensando. Mi lujuriosa había tomado el trono y no me dejaría escapar. Sentí su mano moverse hacia un lado y tomar el jabón. Lo puso en una esponja y empezó a desplazarlo por mis hombros, bajando por toda mí espalda. Depositando leves besos en el proceso. Me inunde en todas las sensaciones. Él sabia como hacerme caer. Paso shampoo por mi cabello, masajeando mi cuero cabelludo. Sentí sus labios en la linea detrás de mi cuello. Mi piel empezó a erizarse. De nuevo, empezaron el recorrido hasta que llegaron a mi oreja. Lo sentí entreabrirlos.

—Elena, ¿con cuantos hombres has estado? —murmuro.

Abrí los ojos y la realidad me golpeo como perra. Con eso mato todo lo que en estos momentos me había hecho sentir.

—¡¿Disculpa?! —pregunte indignada.

Me Volteé ferozmente para enfrentarlo. El agua del jacuzzi se movió como marea. Su sonrisa pedante relumbraba en su rostro.

—¿Te pregunte con cuantos hombres has estado? —me trague el aire. Qué le importaba.

—¡¿Eso que tiene que ver?! ¡¿Porqué debo responder a eso?! Es-e-s una pregunta tan estúpida y que además, no te interesa —espete molesta.

Mi visión se empezaba a poner roja. Él me hacia ver todo rojo.

—¿Tan pocos? ¡eh! —alzo una ceja en picardía. Su sonrisa maliciosa y burlesca llenando aun mas mi coraje—. Ahora veo por que te prendes con tan solo rozar tu piel. Nunca has tenido un buen amante. Pero se acabo Elena, veras que conmigo jamas te vas arrepentir —empuñe las manos enterrándome las uñas en las palmas. El tono en su voz, hacia que quisiera morirme de todo.

Me levante molesta, no importándome que estaba desnuda. Salí del jacuzzi y tome una de sus batas. Me envolví en ella.

—¡Escúchame! ¡Damon! El que haya estado tan solo con un hombre sexualmente. ¡No te importa! —después que le dijo eso, me arrepentí. Se lo había dicho, mierda que idiota era.

La comisura de sus labios se elevo tanto, que arrugo los lados de sus ojos. Sentí mi rostro calentarse al punto, que sentía que me saldría sangre por la nariz. Todos los colores de la vergüenza me arrasaron.

—¿Uno solo? —alzo una ceja sorprendido. Tratando de no reírse fuerte, pero el desgraciado no lo soporto, se soltó en carcajadas. Se burlaba de mí—. Maldición Elena, yo apostaba que al menos unos tres —sus hombros se movían de tanta risa, elevo sus manos para limpiar las lágrimas que se le asomaban por lo ojos.

Me agache y empecé a tirarle agua en el rostro. Sus carcajadas seguían inundando el baño. Mi coraje se elevo aun mas.

—¡Cállate! ¡maldito idiota! deja de burlarte. Deberías estar agradecido que salve tu miserable vida —su risa se detuvo.

Me observo penetrándome con la mirada. Me quede helada. Su expresión había cambiado de risa y burla, a una que daba temor.

—No Elena, no salvaste mi vida. La condenaste aun mas —me quede colgada en esas palabras.

Él se levanto del jacuzzi, tomo una toalla, la puso alrededor de su cadera y salio del baño.

¿Qué demonios había sido todo eso? Me quede analizando sus palabras.

Salí del baño, pero no vi a Damon en ningún lugar.

Caminé maldiciéndome a mi misma hasta que llegue a mi habitación.

En verdad estar con él, era como estar en una montaña rusa. Tenia que ver la forma de salir de este lugar antes de que me volviera loca, igual que él.

Después de darme una ducha y cambiarme en una pijama, me recosté al borde de la cama. Me deje caer en el pensamiento y en las palabras de Damon. "Lo había condenado" ¿Acaso él quería morir? Me impulse hacia arriba agarrando mi pecho. ¿Por qué me dolía el pecho? el pensar que él quería morir, hacia que me doliera el pecho. Además, había puesto mi vida en riesgo por protegerlo, bueno, sentía que había actuado por instinto. Pero no, Damon se había convertido en tan poco tiempo, en alguien quien consumía mis pensamientos totalmente, quien me abría un nuevo mundo que jamas había explorado. Si, él me gustaba, pero un gustar, a un querer, era muy diferente. A que chica no le iba atraer un millonario con unos rasgos de modelo de Calvin Klein. Claro que a muchas. Pero para mi, se estaba convirtiendo en algo mas, algo que me decía a gritos que necesitaba ayuda.

Me golpee la cabeza para dejar de pensar, pero ya era muy tarde. Mi pies estaban caminando solos.

Llegue a la puerta de Damon. Tome una gran respiración. No había estado aquí cuando me fui. Pero al menos creía que había regresado. Abrí la puerta cautelosamente, me introduje de puntillas en la habitación. Camine hasta la cama, pero estaba vacía. ¿No había vuelto? Me rasque la cabeza pensando. Camine hasta el baño y lo abrí, pero tampoco estaba allí. Puse un dedo en mi barbilla, tenia que pensar. Una loca idea me cruzo por la sien. No quería volver a ese lugar después de lo que había pasado. No podía superarlo, a cada momento pensaba en eso. Pero ahora si estaba segura, que él estaba allí.

Baje tratando de hacer el menor ruido. Me sentía como ladrona. Caminando de puntillas para que no me descubrieran. Todo estaba oscuro. Rozaba la media noche, así que todos estaban ya dormidos. Camine por el pasillo y me acerque a las enormes puertas dobles. Gire la perilla lentamente, hizo un chillido al girarla, se me encresparon los cabellos. Mierda, maldije tantas veces que de verdad debía lavarme la boca con jabón.

Entre en la enorme biblioteca. Estaba medio oscura, ya que la luz de la luna entraba por la enorme ventana, alumbrando naturalmente la habitación. Lo busque con la mirada y lo encontré. Estaba acostado en un sillón, con un libro en su pecho. Lucia tan indefenso. Me acerque en puntillas hacia él. Estaba profundamente dormido. Con la punta de mis dedos acaricie su mejilla. No se movió. No sabia que tenia Damon, que me atraía tanto. Era como la miel a las abejas. Deje salir el aire.

Él era un idiota. Sabia y tenia en claro que no podía enamorarme de un hombre como él. Cuando él se aburriera de mí, me votaría. Maldición, que demonios estaba diciendo. Mi cabeza me decía que huyera, que huyera lejos de él. Él era de los hombres que lastimaban y dejaban desastres a su paso. Pero mi cuerpo y corazón me traicionaban. Era ilógico, ya que todo se regia por el cerebro. Nunca me había creído que el corazón tuviera voluntad propia. Pero ahora lo dudaba. Mi corazón brincaba en mi pecho cada vez que él me tocaba, cada vez que él me acariciaba.

Exhale aire. Me senté en el suelo, a un lado de él. Tome con cuidado el libro el cual estaba leyendo. Lo asome aun a mi rostro para poder leerlo mejor. "Orgullo y Prejuicio" de "Jane Austen" Me cubrí la boca para no reírme. No me creía que Damon estuviera leyendo esta clase de literatura. Él me sorprendía cada día mas. Me lo imaginaba leyendo alguna de las obras del Marques de Sade, o para ser mas modernos, Cincuenta sombras de Grey. Me reí de mi propia broma.

De repente, sentí un abrazo por detrás. Él me tenia abrazada. Su aliento me pego en la mejilla.

—¿Qué demonios haces aquí? —su voz me hizo temblar.

—Yo-yo, buscaba algo para leer —mentí.

Lo bueno era que se me había ocurrido una mentira rápida.

Él me dejo ir. Me levante de golpe y me volteé a encararlo. Sus ojos brillaban. La luz de la luna se reflejaban en ellos. Baje la mirada a lo que vestía, traía una simple jersey blanca y unos pantalones de pijama negros. Se levanto estirándose, sus huesos crujieron. Movió la mirada a mis manos.

—¿Y se te antojo leer lo que yo estaba leyendo? —un malestar me bajo por el estomago.

—Bueno, Orgullo y Prejuicio es mi libro favorito —la comisura de sus labios se ladeo. Se levanto acercándose a mí. Quise darme la vuelta y huir. ¡Pero no! Estaba aquí por una razón. Quería saber por que había dicho, que lo había condenado—. Damon... —murmure, él se acerco a mí en lo que parpadeé.

Puso un dedo en mis labios.

—Shh... Elena, no mas, no mas —removí su dedo de mis labios. Alce la mirada para verlo fijo en los ojos. Estábamos demasiado cerca y la tensión sexual vibraba en nuestra piel, se sentía en nuestras respiraciones. Su mirada ardía mientras me observaba. Bajo la cabeza, rozó mis labios y olvide como respirar. Me quede sin aire, de igual forma baje la mirada a sus labios.

—¿Como sabes?—pase saliva—, ¿que es lo que deseo preguntarte? —ronronee. Él entreabrió los labios, pero no dijo nada.

Sus labios eran tan llamativos, estaban tan mojados. Sin pensarlo me abalance a estos. Lo bese. El libro se cayo de mis manos. Él se tenso, quiso echarse hacia atrás pero lo sostuve. Tome su rostro y lo enterré aun mas en mi boca, presionándolo. Sentía el rostro caliente por el acto que acababa de hacer, pero no me arrepentía. Él se fue relajando poco a poco, desatando su fiera interior, entregándose al beso, a la pasión y al deseo que nos envolvía el estar tan cerca. Me tomo de las caderas y me impulso hacia arriba. Enrede mis piernas en su cintura. Me sostuvo de los muslos mientras seguíamos saboreando nuestras bocas, ahogándonos con nuestras respiraciones, solo separándonos levemente para poder coger aire. Camino conmigo hasta el escritorio y me dejo caer en este. Tumbamos miles de papeles. Gemí, mientras mi mente se hundía en un hoyo profundo, del cual sabia que no saldría sin ningún rasguño.

Pero no me importaba, ya nada me importaba. La pasión que nos envolvía, era mayor. Sentí sus dedos rozar los lados de mi cintura y elevar mi blusa tratando de tirarla fuera de mí. Alce los brazos para que la quitara por completo. La aventó hacia un lado. No traía sostén, así que mis senos quedaron expuestos. El frió me erizo la piel. Con las manos temblorosas, deseosas, tome las puntas de su playera, la deslice sin delicadeza, tirándola hacia arriba. Juraba que si me detenía lo mataría. Pero él elevo los brazos para que pudiera removerla por completo. La quite y la tire al suelo, pase mis manos en su pecho, tocándolo, acariciando cada fina linea de este. Calentándome con el calor que traspiraba.

Había deseado tanto tocarlo de esta forma. Él clavo su intensa mirada en mí. Me sostuvo de la parte trasera de la cabeza, me impulso hacia enfrente, enterrándome en sus labios. Envolví mis brazos alrededor de su cuello. Mí piel pego con la de él, el calor me arraso, ahora ya no era el frió el que me erizaba la piel, era el calor ardiente que nuestros cuerpos emanaban.

Con los pies, tire de sus pantalones hacia abajo. Él se separo de mis labios con una amplia sonrisa. Divertido. Le puse los ojos en blanco. Pego su frente en la mía. Su aliento entrando en mi, enloqueciéndome, embriagándome, mas y mas. Su sudor caía en mis mejillas. Sus labios bajaron a los míos.

—¿Estas segura? —murmuro entre mi boca.

¡Por un demonio! ¡Quería matarlo! Lo tome de los cabellos y lo atraje aun mas en mi.

—Damon, si no haces esto, pensare que eres gay —jadee contra sus labios. Mordiéndolos— , y no solo eso —gemí—, pensare que mi ex novio era mejor amante que tú —sonrió ampliamente, mientras escuchaba un gruñido salir de su pecho.

Sin mas interrupciones, volvió a hundirse en mi boca, mas agresivo que la primera vez. Sentía los labios pulsarme de tan hinchados que los tenia. Bajo las manos por los costados de mis caderas, tirando de mis pantalones fuera de mis piernas. Sí, yo estaba lista. Lo quería ya. Con mis piernas alrededor de su cadera, lo atraje aun mas a mi cadera. Gemí suave, dejándolo saber que lo quería. Se acoplo a mi cuerpo con su ganas pulsando en mi por poseerme, y las mías pulsando por sentirlo. Deslizo sus manos por los costados de mis piernas enterrando sus dedos. Quemándome. Me haló hacia adelante con fuerza, y entro en mi sin ninguna delicadeza.

Me agarrare de sus brazos enterrando mis uñas. Los gemidos se amontonaban en mi garganta, galopeando para salir. Me convulsioné de placer. Era tan brusco, tan agresivo, tan salvaje, pero eso me encantaba. Mordió mis labios mientras sus estocadas se hacían mas rápidas y mas intensas. Mas y mas mi cuerpo lo reclamaba. Nos moldeábamos perfectamente. Habíamos deseado y esperando esto, lo podía sentir. Sus ganas hacia mí ardían y las mías hacia él me descontrolaban.

¡Maldición, si que había valido la pena! Si besarlo era mágico, sentirlo era una cosa tan sobrenatural, ni siquiera podía describirlo, me había hecho viajar a otra dimensión. Su respiración jadeante, áspera, contra mi pecho desnudo, me llenaba las venas. La sangre me burbujeaba sin control. Me hizo arquearme de placer y retorcerme toda. Con fuerza, sus envestidas se hicieron mas rápidas, me sostuvo de la espalda, mientras los dos llegábamos al clímax. Apreté aun mas sus brazos, trayéndome algo de su piel en mis uñas. Me dejo caer en el escritorio tumbándose arriba de mí. Su respiración golpeando mis sentidos, mientras los míos trataban de volver a la tierra.

Sentí su rostro elevarse, deposito un beso en mi frente mientras me liberaba de su peso. Me impulse con los codos. Estaba acalorada, avergonzada. En verdad, había tenido sexo con él.

Maldición, la culpa empezó a llenarme el cerebro, a comerme completa.

Él busco su ropa y se la coloco. Yo seguía momificada en el escritorio, aun tratando de recuperar mi aliento. Se agacho y tomo mi blusa del suelo, me la entrego. La tome arrebatándosela. Trate de pasar saliva, pero mi garganta estaba seca. Me la puse rápido. Me baje del escritorio y busque mis pantalones, los encontré al mismo tiempo que él. Los dos rozamos los dedos, no quería verlo, pero no podía evitarlo. Alce la mirada y su sonrisa era enorme. Sentí el corazón estancado en la garganta.

Mierda. Esto, estaba mal.

—¿Quieres dormir en mi habitación? —pregunto en un tono tan tierno, que me apretujo el pecho. Su voz aun sonaba agitada.

Le arrebate mi pantalón y le negué con el rostro. Bajando la mirada.

—Est-o, no volverá a pasar —le dije, con coraje y veneno. Me puse velozmente el pantalón. Él soltó una risa nerviosa—. Hablo enserio, no volverá a pasar —espete.

Me di la vuelta y salí corriendo de la biblioteca sin voltear a verlo.

Me sentía tan idiota. Tan manipulada. Pero no por él, si no por mi misma, por ese deseo que me había llevado hasta este punto. Me sentía como una persona que no conocía. Una completa idiota.

Corrí hasta mi habitación, entre en esta y cerré la puerta con fuerza. Le puse seguro a la puerta. No quería ver a Damon. Me moría de vergüenza, y era estúpido sentirme de esta forma, por que al final, había sido yo misma la que le había rogado que me tomara.

Me tumbe en la cama y solté el llanto. llore y llore. No podía evitarlo. Quería abrir la tierra y enterrarme en un hoyo profundo y jamas salir de allí. Entre sollozos me entregué al sueño.

Los movimientos de que algo se desplazaba en mi habitación, fue lo que me despertó. Me alce algo nerviosa y soñolienta. Me frote los ojos para poder ver mejor, que era lo que se movía con agilidad en todo el lugar.

Era Rose, ella estaba sacando algo de mi armario. Cuando vio que la observaba, me regalo una de sus suaves y amables sonrisas.

—Hola, Buenos días —le sonreí. ¿Como demonios había entrado? Estaba segura que anoche, había cerrado la puerta. Anoche, recordé. Los colores se apoderaron de mi rostro. Anoche, había tenido sexo con Damon. En la biblioteca. Apreté el cobertor y me hundí de nuevo en la cama. Después de eso, no quería verlo. Y no era que hubiera estado mal, todo lo contrario, ahora lo deseaba aun mas. Me moriría de vergüenza pensar que ahora solo pensaba en eso. Ahora si, consideraba la opción de que me encerraran en el sótano. Sentí a Rose acercarse a la orilla de la cama—. ¿Estas bien? —pregunto. Me destape levemente.

—Si, bueno, no ¿No lo se? —dije de nuevo cubriendo mi rostro.

—Eres tan rara —dijo riendo. Había escuchado bien. Ella me había llamado rara, cuando yo pensaba que todos ellos eran raros—. Tienes que bajar a desayunar. Damon me dijo que irán a la estación de policía, tienen que levantar el reporte —me destape por completo.

Me senté en mi cama.

—Rose, ¿es cierto que es la segunda vez que intentan matar a Damon? —ella bajo la mirada, y vi su rostro tornarse triste.

¿Acaso ella estaba enamorada de él?

—Así es —volvió a elevar sus ojos, tomando una profunda respiración—. Gracias por lo de ayer —me quede atónita ante su agradecimiento.

Sus ojos estaban algo llorosos.

—Lo quieres ¿cierto? —pregunte, con poco de pique en mis palabras.

—No es lo que te imaginas —acaso mi rostro mostraba que era lo que me imaginaba. Alce una ceja confundida—. Quiero a Damon como un hermano, tengo años que lo conozco, bueno, que Matt y yo lo conocemos —me levante de la cama.

Ella se paro rígida.

—Perdón por ser tan metida. Se que no tengo ningún derecho —ella bajo la mirada de nuevo.

—Aunque no lo creas, creo que si lo tienes —gire el rostro y me reí sarcásticamente.

—Claro, ¿entonces por qué te hace trabajar como su mucama? —ella cambio de expresión.

—No soy su mucama, soy la que cuida de su casa, sus intereses. Trabajo desde aquí. Antes trabajaba en el hotel, pero por razones fuertes, Damon me saco de allí —bueno esto se ponía raro. Tanta intriga, tantos secretos que rodeaban a Damon me mareaban. Ahora estaba mas que decidida, que los descubriría—. Báñate y cámbiate en eso —me señalo un conjunto de ropa—Damon me dijo que te pusieras ese conjunto —le rodé los ojos.

Lo maldito controlador, no se lo quitaría ni con una revolcada conmigo. Me bajo un sensación hasta los pies.

—Bien, ya bajo —le dije caminando hasta el baño.

Baje después de cambiarme en una falda rosa entubada y una blusa algo floja color blanca. Unos tacos dorados. No entendía, por que Damon tenia que elegir hasta lo que quisiera vestir. La furia empezaba a llenar mi cabeza, pero la vergüenza le gano.

Me quede parada antes de llegar al comedor

¿Como haría cuando lo viera? ¿que le diría? ¿Tenia que actuar como si nada? Sí, eso era lo mas inteligente. Pretender que no había sido la gran cosa para mí. Exhale aire profundamente y di un paso.

Los ojos que se encontraron con los míos, no eran los que esperaba ver. Su rostro se arrugo, pero después se alumbro. Me veía algo desconcertado.

—Elena —murmuro mientras se levantaba y caminaba hacia donde me había quedado estancada.

—¿Stefan? —dije nerviosa —¡Que sorpresa! —él frunció ambas cejas.

—La verdad, la sorpresa es mía. ¿Qué haces aquí? —sus ojos estaban en todo mi rostro. Interrogándome.

Abrí la boca para contestarle, cuando su voz y sus pasos contestaron por mi.

—¿Qué no sabes Stefan? Elena vive aquí —cerré los ojos y apreté los labios para que el corazón no se me saliera—. Buenos días, querida —murmuro cerca de mi oído, pasándome al lado. Su olor me golpeo los sentidos, las piernas me temblaron. No quería abrir los ojos, pero lo hice. Mis pupilas se toparon con esa sonrisa burlona, esa que alumbraba su rostro, en burla hacia mi.

Estaba ya bien cambiado en sus trajes.

—¿Así que vives aquí? —Stefan no lo creía.

Sentí mi cuero cabelludo picar. Asentí con el rostro, tragándome la vergüenza.

—No te preocupes hermano, entre ella y yo no hay nada —alzo una ceja, y sus ojos viajaron por mi rostro, me guiño un ojo y sus labios se curvaron—. ¿Cierto, Elena? —las ganas terribles que tenia de golpearlo me estaban ganando.

Trate de tranquilizarme.

—Stefan, tu hermano me esta brindado su gentil ayuda. Veras, mi departamento fue robado por un malnacido asqueroso, sin escrúpulos y sin decencia —Damon deslizo una gran sonrisa. Prendiendo aun mas mi coraje—. Que claro, no vale nada como persona, y que desearía se atragantara con veneno o mejor aun, con ácido —el rostro de Stefan era un poema, mientras trataba de comprenderme.

—¿Por como te refieres a él, debías haberlo conocido? —nerviosamente me pase una mano por el cabello.

—La verdad muy poco. Pero si sabia que era un cretino, un verdadero desgraciado —Damon soltó una carcajada.

Empuñe mis manos.

—¿Tu lo conocías, Damon? —Stefan le pregunto intrigado a su idiota hermano.

—No tuve el placer. De seguro, si era todo eso que dice ella —me alzo ambas cejas en complicidad.

—No te atormentes Stefan, ese ladrón era un jodido idiota, un cabrón de cabrones. Ojala lo atropelle una manada de burros —le respondí.

Stefan metió sus manos en sus bolsillos y volvió a caminar a su asiento. Me senté del otro lado.

—¿Así que terminaste aquí?

—Así es —los ojos de Damon viajaban de mi a Stefan. Mientras reía.

—¡Ay! pero esto es lindo. Parece una novela romántica —puso sus manos en su barbilla. Haciendo pucheros.

—¿De que demonios hablas? —le espeto Stefan molesto.

—Vamos Stefan, crees que puedes engañar a tu hermano mayor. Desde que conociste a Elena no le despegas los ojos —Stefan se sacudió los hombros.

—Es una mujer muy hermosa —me sonrió.

Mis mejillas se empezaron a calentar. Damon me clavo la mirada. ¡Quería salir de aquí!

—Lo es —se paso la lengua por los labios y a mi el estomago se me hundió—. Vaya que lo es —me alzo una ceja quiñandome un ojo.

Tomo su periódico y lo elevo a su rostro. Stefan puso los ojos en blanco, me sonrió y me hizo señas con su dedo de que Damon estaba loco.

Tome una profunda respiración. Maldito idiota, él en verdad estaba actuando como si nada. Si quería jugar de esa forma le seguiría el juego. No le daría la ventaja de verme desecha por él.

El desayuno llego. Comimos en un ambiente tan incomodo, que casi no toque mi comida. Además cada vez que podía, Damon me daba de esas miradas, que me daban a entender que no me dejaría de joder por el suceso de la biblioteca.

Stefan había venido, por que quería asegurarse de la seguridad de Damon, al menos era lo que me había dicho.

Nos fuimos los tres a la estación de policía. Entramos en esta. El lugar estaba frió, daba la sensación de que si movíamos un solo musculo, todos iban a saltar encima de nosotros.

Damon se introdujo por el pasillo. Él siempre traía esa aura de Dios todo lo puedo. Stefan y yo lo seguimos. Entramos a una oficina. Un oficial se levanto de su asiento, lo saludo y nos dijo que tomáramos asiento.

—Señor Salvatore. Lo esperábamos —Damon se sentó. Me hizo señas para que me sentara a su lado. El oficial giro sus ojos a mi—. ¿Así que es ella? —volteé la mirada a Damon.

—Si, es ella —¿yo que? No entendía.

—Sabe que para poder darle una arma, tiene que probarme que puede manejarla —me trague el aire a mi alrededor. ¿Como que me darían una arma? Apreté mis manos.

—Ella es experta. ¿Cierto Elena? —asentí con el rostro, curve una falsa sonrisa.

—Muy bien. La traeré, mientras tanto llenen este formulario —el oficial se levanto y salio de la habitación.

Me gire completamente hacia Damon.

—¡¿Me puedes explicar que es esto?! —tome el papel y se lo frote casi en el rostro.

—Tu expediente decía que eres buena con las armas. Así que la policía me dará una arma para que me protejas —su sonrisa se ladeo, sus ojos me sonrieron. Le negué con el rostro.

—¿Pero...?

—¿Qué no eres buena con las armas? —acerco su rostro al mio. Tanto, que casi su nariz estaba rozando la mía. Su aliento entro en mi boca. Me lo trague, embriagándome de él. Mi vista bajo de sus ojos, a sus labios. Pase saliva, mordiéndome el labio inferior. Quería besarlo.

Un carraspeo nos saco de esa tensión. Mierda me había olvidado de que aquí estaba Stefan. Me removí y me hice hacia atrás.

—Era buena con las armas, en tiempo pasado. Mi padre me enseñaba a usarlas, pero eso tiene mucho. Hace mucho que no toco una —Damon se cruzo de brazos.

—Pues ahora lo harás. Aparte de que eres mi asistente, seras mi guardaespaldas.

—Que no te bastas con el montón de gorilas que te siguen a donde vayas.

—No, quiero a alguien mas intimo —gire mis ojos a Stefan, el tenia un rostro contraído. Todo esto era un show tan confuso para él.

—¿Damon, que pretendes? —Stefan, al fin había podido hablar. Sin girarse a verlo le contesto.

—Simple, ella es buena con las armas, quiero que mi asistente personal porte una arma.

—Eso es peligroso.

—Eso no te importa Stefan. Yo hago lo que quiero —giro los ojos a mi rostro—, con mis cosas —sentí que me habían golpeado. Claro, yo era un objeto para él.

—Eres un idiota —le bufo Stefan. Me gire en mi asiento y me hundí en mis pensamientos. Si, yo era eso para él. Su juguete o su objeto, comprado en una subasta. Me usaría de conejillo de indias. El pecho me empezó a doler. El sexo, solo había sido eso, sexo, nada especial.

Escuchamos la puerta abrirse y el oficial entro con una arma.

—Bien, por aquí. Veremos que tan buen tiro tiene —Damon me tomo del brazo y me hizo acelerar el paso al lado de él. Estaba, tan dolida y molesta que no quería que me tocara. Me removí brusca de su agarre. Él me reprendió con la mirada. Entramos a una sala de tiro. El oficial nos entregó orejeras y a mi me dio el arma —. Quiero que apuntes al blanco —me dijo. Tome el arma y me acerque a un figura negra en forma de sombra que quedaba enfrente de mi. Levante el arma y apunte al blanco. Presione el gatillo y los disparos hicieron estruendo.

—¡Wow! —dijo Stefan emocionado. Baje el arma y aclare mi mirada.

—Sorprendente —dijo el oficial—. Tienes un tiro excelente, además la manejas muy bien —le entregue el arma.

—Mi padre me enseñaba a tirarle a botellas bastante pequeñas. La verdad pensé que ya había perdido el tacto —los ojos de Damon estaban centrados en mí. Era como si de pronto me había vuelto un experimento raro, del cual él quería descubrir. Bueno, eso no era del todo estúpido, él quería saber de mí, tanto como yo quería saber de él.

—Llenaremos las formas para que puedan entregarle el arma.

—¿Así que me darán el permiso? —le pregunte incrédula.

—Con ese tiro y esa exactitud, seria buena oficial —el oficial nos mostró la salida. Damon, se acerco a mi odio, mientras caminábamos.

—Ves, eres una mujer sorprendente —me guiño un ojo y adelanto el paso hasta llegar al lado del oficial. Me había dejado con un cosquilleo en el estomago.

Maldición jamas entendería a Damon. ¡Jodido bipolar!

Después de llenar formas. Levantar el reporte del intento de asesinato y entregarme todo para portar el arma. Nos marchamos de la estación.

Stefan iba enmudecido en todo el camino, mientras Damon iba con el teléfono pegado a la oreja, hablando de negocios.

Llegamos al hotel. Damon fue el primero que salio, dejándonos atrás a Stefan y a mí. Era un idiota. Stefan se acerco a mi antes de subirse de nuevo a la limusina que lo llevaría al set, donde estaba filmando en estos momentos.

—Me gustaría invitarte a comer —dijo viéndome fijo. Le sonreí.

—Bueno ¿es que...?—volteé el rostro de un lado hacia el otro lado.

—Puede ser aquí en el hotel. No creo que mi hermano no te deje ni comer.

—Tienes razón. Esta bien —me pase las manos una arriba de la otra.

—Tengo filmación, ¿pero para la hora del almuerzo te veo en el restaurante? —le asentí con el rostro.

—Genial —se acerco a mi y deposito un beso en mi mejilla. Me bajo un frió por la espalda. Me hice unos pasos hacia atrás, y me recordé de algo.

—¡Espera! ¡Stefan! —él se giro y puso de nuevo su atención en mí—. Tú ayer me advertiste. Me dijiste que tenia que tener cuidado. ¿Acaso sabias que a Damon lo querían matar? —él volteo el rostro y ladeo una sonrisa nerviosa.

—Te lo dije por que ya había sucedido una vez. Estar cerca de mi hermano es peligro eminente —me acerque a el invadiendo su espacio.

—¿Que sabes de él? —le pregunte, hundiendo mi mirada en la suya. Ladeo el rostro.

—¿Que sabes tú de él? —me hizo la misma pregunta. Pero su mirada era mas tenebrosa.

—Yo —reí nerviosa—, lo único que se, es que es un cabrón —él soltó una carcajada.

—Eso es lo mismo que yo se —sabia que mentía. Con el suceso de ayer me había dado la impresión de que él sabia lo que pasaría.

—Bueno, entonces nos vemos en el almuerzo —suavice una sonrisa en mi rostro y el suavizo una de igual forma en el suyo. Pero era falsa.

Él estaba tratándome con amabilidad por que quería saber algo. Ahora comprendía, por que el repentino interés. Tenia que cuidarme de Stefan, algo dentro de mi me lo decía. Mierda y no solo de él, si no que también del idiota bipolar de Damon. Si quería salir viva de todo este embrollo donde me habían arrastrado, debía actuar inteligente. Pero sobre todo, debía evitar la tensión con Damon. No debía flaquear. Tenia que meterme en la mente, que él solo quería sexo y diversión conmigo.

Suspire y camine hasta la oficina de Damon. Quería hablar con él.

Abrí la puerta y las entrañas se me licuaron. Él estaba en grandes y apasionados besos con la maldita rubia. Todo dentro de mi, se quebró.