Segunda parte: Cambios radicales—


=9. Deberes olvidados=

Domingo por la tarde (6:00 PM)

Sheraton Yokohama Hotel

Desde el día en que aceptó esa primera cita que Tsubasa le pidió, Sanae había tenido más que claro, que ser novia del chico que le gustaba sería —por mucho— lo más difícil que hubiera hecho en la vida. Incluso más que amarle desde la infancia. Y con el tiempo, dicha suposición se había vuelto realidad.

Pero ¿no esperaba que las cosas cambiaran un poco al casarse? No, en realidad no lo hacía. Porque Tsubasa siempre sería Tsubasa y con todo y todo ella lo amaba. Si parte de él era el soccer, no tenía más remedio que aceptarlo y amarlo por ello también. Sin embargo, amar extremadamente a alguien no quería decir que tenía que aguantar todo lo sucedido y ese día, Sanae Nakazawa —porque no usaría su apellido hasta pasado el coraje— no estaba dispuesta a aguantarle nada a su querido marido.

Justo en el momento en que cruzó las puertas del hotel, su celular comenzó a vibrar y la melodía de 'Dígale' de David Bisbal no se hizo esperar. Tsubasa la estaba llamando, pero no le iba a coger el móvil, justo como él que decidió ignorarla hasta que su partido terminó. ¿Por qué en realidad había creído que la engañaría? Sanae podía ser cariñosa, algo despistada en ocasiones, pero nunca tonta.

Haciendo a un lado el impulso de responder, se decidió a subir al buffet y comer algo, había pasado —al menos— uno rato agradable con su suegra y con Daichi, había accedido a comer con ellos, pero de volver a su habitación no sería capaz de sitraerse con nada y lo que más anhelaba, era justamente una distracción. Grande fue su sorpresa, cuando al entrar al restaurante, encontró ahí a Jaqueline, Cho y a Lorean, charlando mientras degustaban algo parecido a la macedonia de frutas.

— Hey, ¿qué no habían salido?— preguntó la señora Ozhora, tomando asiento al lado de Lorean.

— Nos botaron. Los partidos en Tokio y Yokohama son más importantes— bufó Cho con expresión emberrinchada.

— ¿En Tokio?— cuestionó Sanae.

— Ajá. ¿Tsubasa no te lo dijo?— le preguntó Jaqueline.

— Sabía que había ido a ver un partido, porque solo por eso el muy tonto habría olvidado vernos a mí y a su madre, pero no que era en Tokio— resumió con amargura. Lorean le extendió un platito con frutas y el hambre que ya tenía pareció resurgir con más ímpetu. Dejó el móvil en la mesa y cuando escuchó a sus amigas narrarles sus aventuras, no pudo sino mostrarse de acuerdo en estar de un humor de pocas pulgas.

Pasaron una media hora más en el buffet, despotricando en contra de los muchachos, e ignorando todas —a partes iguales— las múltiples llamadas que los japoneses les hacían llegar. ¿Quería ver sus partidos no? Pues ellas no querían hablarles luego de ello. Y es más que sabido, que cuando una mujer está en plan «no existes», es como si en realidad, no existieran.

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Lunes por la mañana (10:00 AM)

Campo de entrenamiento de Japón.

La práctica había ido tranquila al inicio de la mañana. Como el próximo partido que jugarían se llevaría a cabo el miércoles por la tarde en un estadio que todavía no se les confirmaba a los jugadores, Gamo había acudido a la reunión informativa, y dejado el entrenamiento en manos de Tsubasa. Y pese a que el capitán japonés no se encontraba en su mejor estado de ánimo, la práctica no había estado mal; aunque el descanso ya era necesario.

— Tsubasa, ¿te pasa algo?— preguntó Soda al acercarse a la banca y mirar a su capitán, taciturno con el móvil en la mano.

— No. ¿Por qué lo dices?— respondió el pelinegro.

— Bueno, miras el móvil como si te hubiera roto el corazón— aseguró Makoto— ¿Acaso…? Sanae se molestará si sabe que le coqueteas al celular— se mofó

— Ella ya está molesta y no precisamente por…— susurró Tsubasa pero su argumentó se cortó de tajo cuando Taro tomó asiento a su lado.

— Jackie no me coge el móvil. Así que… ¿O está muy ocupada o se cabreó ayer? De todas formas, ya convencí a Genzo de ir a verlas cuando la práctica termine. ¿Vendrás, no es así?

— ¡Sí, claro!— el ánimo de Tsubasa pareció volver, porque ir al hotel, significaba obligar a Sanae a recordar que no era bueno que se molestara tanto y a que le perdonara el ser un bruto amante del deporte rey.

Con un capitán más animado y la aparición de Gamo que anunció que su estadio elegido sería el Gran Cisne en Niigata, la práctica continuó y los jugadores llegaron al acuerdo de viajar a Niigata el miércoles por la mañana y regresar, el jueves por la tarde. Quizás incluso, disfrutar la mañana de jueves para relajarse antes de viajar a Shizuoka a preparar todo para la boda de Hikaru.

Y justo antes de que el reloj marcara las 2, hora final de la práctica, Hikaru miró el calendario. Al día siguiente realizaría la llamada de confirmación para el alquiler de la carpa. Porque el asunto del juez, estaba arreglado.

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Cuando el Altima, el Corolla y el Sedán se estacionaron frente al hotel, para que el valet parking los llevara a sus cajones, ninguna de las doce chicas que se habían montado en ellos, intuyó que dentro encontrarían a los doce caballeros que desesperadamente les esperaban desde hacía tres horas.

El reloj marcaba las 5 de la tarde, cuando Allison dejó caer las cuatro bolsas de distintas tiendas al suelo y clavó la vista en el portero de gorra negra y mirada agresiva que la abordó al llegar al lobby. Una a una, las chicas fueron ahogando grititos de sorpresa, exclamaciones con los nombres de sus parejas o soltando las bolsas que cargaban.

Y es que, a decir verdad, aquella mañana del lunes, durante el desayuno, las doce habían llegado a la severa conclusión de no acudir a la práctica de los muchachos. Habían perdido su día recorriendo el Landmark Tower en busca de accesorios, bolsos, vestidos, tacones y maquillajes para la boda, conseguido todas sus compras y rematado con una comida en un buen restaurante, dónde brindaron por apagar los móviles todo el día, para ignorar a sus novios; con deliciosos daiquiris fresa y mango.

— Genzo. ¿Qué haces aquí?— cuestionó Allison, cuando su novio se acercó y se plantó frente a ella. Por única respuesta el portero miró sus cuatro bolsas y cogió las asas. Se dio la media vuelta y echó a andar con las compras hasta el elevador. Allison lo siguió mientras las demás se reunían con sus parejas. Lo último que la americana vio, fue a Aimeé con rumbo al bar, en compañía de Hyuga.

[…]

En realidad, no estaba molesto, tampoco se sentía rencoroso, simplemente y Jacqueline debía entenderlo, estaba preocupado por ella. No había sabido nada de su novia, ni sabía dónde buscarla en una ciudad tan grande, así que no podía recriminarle que no le hablara, mientras subían las escaleras al piso de la castaña.

[…]

Podría haber tolerado que Aimeé se desapareciera. Podría haber tolerado que no le llamara o cogiera el móvil. Incluso esperaba que no fuera a la cancha. ¿Pero hacerlo esperar tres horas enteras? Eso era algo que rebasaba su capacidad de ser paciente. Y Kojiro en realidad, era muy poco paciente.

[…]

Izawa y Aoi se miraron el uno al otro, con el mismo sentimiento grabado en los ojos. Cho y Jin los miraban, como quién no está dispuesta a echarse para atrás, pero más nerviosas incluso, de lo que podían aceptar. Estaban en el lobby y los chicos no parecían dispuestos a dirigirles la palabra.

[…]

Sawada cerró la puerta de la habitación de Naoko y respiró, dispuesto a no sonar duro o molesto. Lorean observó a Kazuki en su propia habitación evitar mirarla para no soltarse a hablar. Ken no sabía si arrojar las bolsas de su novia sobre la cama o dejarlas delicadamente bien metidas en el baño, porque cada que las veía, se sentía cambiado por las compras.

[…]

Existen ciertas reglas entre las parejas. Como que ella tiene derecho a molestarse si él sale con la amiga que su novia odia. Y por es Ryo no salía con esa porrista del Shimizu que Yukari detestaba. O esa regla que dice que él chico tiene derecho a hacer de las suyas cuando ella olvida milagrosamente una fecha importante. Y por eso Jun, llegó entrada la noche luego de una cascarita con sus amigos y unas copas en el bar, cuando Yayoi olvidó el aniversario de siete meses de recién casados (vivir juntos, pues).

Pero esa regla, esa que estipula que cuando el novio la lía —y la lía bonito— ella puede desquitarse. Como Hikaru y Tsubasa sabían Sanae y Yoshiko habían hecho. Esa regla iba en contra de lo que en esos momentos sentían. Pero claro, tenían que ser fuertes y prevalecer. Porque las reglas de pareja, no son nada junto a las reglas del ego masculino.

Si la regla de pareja dice que él la caga, ella se desquita y el ruega. La regla masculina dice que si él la lía y ella se desquita, él reclama. Y no hay que olvidar que la regla femenina dice, que no importa que pase, ella siempre gana.

Pero ¿qué importaban las reglas? En sus propios escenarios, con los mismos pensamientos y las mismas seguridades, Genzo, Taro, Hyuga, Ken, Sorimachi, Sawada, Izawa, Aoi, Hikaru, Ryo, Jun y Tsubasa, estaban decididos a seguir la regla.

Porque si ellos la lían y ellas se desquitan… ellos…

—Perdón— dijeron los doce. Ellos se arrepienten y ruegan.

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Martes por la noche (9:00 PM)

Sheraton Yokohama Hotel

Luego del dramático episodio ocurrido la tarde del lunes, las cosas habían mejorado cuando los chicos aseguraron que estaban arrepentidos y las chicas obviaron el hecho de que ninguno prometió que no volvería a pasar, para besarles, mostrarles sus ropas o incluso salir a dar un paseo.

Aquella mañana había sido mejor, porque ellas se habían dirigido a por la reservación, pago y contratación de un muy buen equipo musical que se ocuparía de la banda sonora y el manejo de las luces durante la boda, además de contratar al fotógrafo y a su equipo profesional para retratar el acontecimiento. Todo eso, antes de pasarse por el campo a eso de las 3, para el descanso de los chicos, la comida y mirarlos entrenar arduamente, preparándose para el encuentro contra México. Acostumbrados ya a la manera de guardar la portería, Ken y Genzo habían llegado al acuerdo de seguir jugando un partido uno y otro partido otro, pero Ken había estipulado que si en algún momento llegaban a jugar contra Brasil, Genzo le dejara —sin importar nada— salvar la meta de los americanos. El SGGK, no se había mostrado renuente y había acabado por aceptar, dada la emoción de Ken.

Sobre el encuentro con los aztecas, el partido se llevaría a cabo en Niigata y jugarían a las 5, pasarían la noche ahí y el jueves, convencerían a las chicas de acompañarles al partido de las 10 de Tailandia, antes de dedicarles la tarde.

Yoshiko que ya imaginaba una situación así —y pretendía advertir a sus amigas—, se encontraba justamente arreglándose para bajar a merendar con las chicas, quienes hubieran decidido a estrenar el Bar Bay West del hotel que antes no habían visitado.

Iba a tomar la llave de la habitación cuando desde la cama el móvil comenzó a vibrar, con un número que no supo reconocer.

Buenas noches. Con la señorita Yoshiko Fujizawa, por favor— dijeron al otro lado de la línea.

— Ella habla. ¿Quién es?

Señorita Fujizawa, mi nombre es Tooru Fujimori, le llamo de Alquileres Inuwashi con motivo de su previa reservación no confirmada— le dijeron y esa simple frase logró hacerla caer de golpe sobre la cama— Usualmente, no llamamos para confirmar con tanta insistencia pero su reservación se hizo a nombre de Hikaru Matsuyama, debido a ser quién es, es que nos inquieta su repentino olvido—

— ¿Olvido? ¿Quiere decir, que no ha recibido anticipo alguno por la reservación?— cuestionó, intentando olvidar que la tarde anterior, Hikaru le había asegurado que tanto el juez como el alquiler eran un hecho pagado y preparado para el sábado.

Me temo que no hay anticipo. El señor Matsuyama, acudió a nuestra sucursal, realizó un pedido y dejó una fecha dada. No tenemos, sin embargo, ni dirección ni pago y me temo que de no confirmarlo, a más tardar mañana, no podremos atenderles para este sábado— anunció Fujimori. Yoshiko apretó los puños.

— Entiendo, no sé preocupe. Yo realizaré el pago, la dirección y daré la mirada al pedido mañana en la mañana. ¿Puede darme sus datos?— Tooru respondió con su número, su dirección y le dejó un gran agradecimiento, mientras Yoshiko apagaba el móvil, lo arrojaba al cajón y dejaba la habitación, algo más que molesta.

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Miércoles por la mañana (09:00 AM)

Complejo de concentración de Japón.

Una vez más, miró su teléfono con el texto de Yayoi abierto y las cejas muy juntas. Según había confirmado, su novia como las de sus amigos habían escrito el mismo mensaje y lo habían enviado en punto de las 11 de la noche. Su SMS, rezaba:

Te veré mañana en Niigata. Las chicas han decidido que quieren conducir y mirar mejor el panorama de carretera. Los alcanzaremos en Niigata. Ve con cuidado. Bye—

No sabría decirlo, pero si alguien le preguntara, Jun aseguraría que Yayoi, estaba algo… cortante. Después de todo, ¿qué tanto cambiaba una carretera a un viaje en tren bala hasta Niigata? Dos horas de diferencia, muy aparte de todo.

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Horas más tarde. (04: 45 PM)

Estadio Gran Cisne; Niigata, Japón.

Apagó el motor del Corolla sin más y se desabrochó el cinturón de seguridad. Echó una mirada por el retrovisor y apreció el rostro de Yoshiko aun endurecido por la molestia. Sonrió con ternura, Yoshiko, en muy poco tiempo, como todas las demás (incluida Aimeé) se había ganado su cariño y amistad.

— No le reclames. Ya lo solucionamos. No es necesario reclamarle, ¿no crees?— Yoshiko alzó la vista. Sanae, Yayoi y Jackie miraron a la novia. Tras pensar un poco la respuesta, la castaña acabó por acceder.

Habían decidido viajar en auto porque tenían que arreglar el asunto del alquiler y pasar a la florería a confirmar el pedido que días atrás, habían hecho con los centros de mesa, las flores para el altar y los adornos para la casa. Esa tarde además de todo, estaban dispuestas a sonsacar su derecho a no mirar más que el partido de Japón y a viajar desde el jueves a Shizuoka como había sido el plan original desde que se dieron las fechas de la boda. Nada de soccer extra. Como castigo por olvidar el alquiler.

Bajaron del auto poco después y juntas, las trece (porque Azumi les acompañaba) entraron al estadio y tomaron rumbo a los vestidores. Sanae había prometido que se pasarían por ahí antes del encuentro, dado el hecho de que no se habían visto, chicos y chicas, desde el día anterior, en la tarde.

Cuando se detuvieron en el pasillo, esperando a los japoneses, el equipo mexicano que se disputaba el encuentro con los nipones, pasó de largo de ellas hasta la entrada a la cancha y las miradas de los cinco guerreros aztecas, más el portero Espadas se detuvo en ellas por unos cuantos minutos. Más específicamente en Aimeé, Allison, Jin, Hye Sun y Lorean. Aunque eso para ella fue completamente pasado por alto.

Cuando el reloj marcó las 5 en punto y los japoneses la hubieron recibido, ellas tomaron rumbo a sus lugares en primera fila y ellos a la cancha. El momento simbólico comenzó en breve, el himno de México sonó al principio y le siguió el de Japón. El sorteo indicó patada inicial para los aztecas y cancha para los nipones.

Las alineaciones dejaban del lado de los americanos, a Ricardo Espadas en la portería. Alvez y López en la delantera, Zaragoza y Suárez en el medio campo y con Pancho García en la defensa. Japón, llevó a Wakashimazu a la portería, a Hikaru, Jun, Ryo y Jito en la defensa; Tsubasa, Taro y Aoi en el medio campo y a Sawada, Hyuga y Sorimachi en la delantera.

Apenas se pitó el inicio del encuentro, México tomó la delantera, sus delanteros eran guiados por el mediocampista Suárez y rápidamente Tsubasa y Hyuga fueron marcados de cerca. Sawada y Sorimachi, acostumbrados al juego en dupla por su participación en el Urawa, tomaron el esférico en un descuido de Alvez y se dirigieron a la portería, llegaron al medio campo con Alvez pisándoles los talones (en busca de recuperar el balón) y enviaron la pelota a Aoi que les esperaba al otro extremo. El tiro alto, logró que Zaragoza se acercara y sonriera, a sabiendas de que el pequeño Shingo no podría alcanzar el tiro alto.

Desde la banca, Jin sonrió con victoria pues ella misma había entrenado a Aoi para el juego aéreo, logrando al final, saltos espectaculares y cabezazos perfectos.

Como era de esperarse, Aoi logró el remate y su tiro llegó a pies de Taro que desmarcado se enfrentó a García, conocido por su afición a la lucha libre (de la que no había decidido volverse profesional). El minuto 20' llegó con un fuerte bloqueo de Pacho que envió a Misaki al césped y le valió ensuciarse la camiseta y rasparse el codo. Más no así, perder el tiro. Tsubasa que ya se había desmarcado logró interceptar la pelota y con un brillante tiro con chanfle logró acercar el balón a la red, pero fue la atajada de Espadas, un portero al que no resultaba bueno subestimar, la que decidió no marcar en favor de Japón.

El minuto 40' llegó con una patada en pies de Suárez, que con ayuda de sus cinco guerreros que bien valían el mote dado, había penetrado en terreno japonés, tras la patada de Zaragoza. Justo cuando llegaba a su línea de tiro y sin haber enfrentado a la defensa, Espadas gritó maldiciendo a Misugi y no se sorprendió cuando el árbitro marcó lo obvio. México no había penetrado en terreno nipón. Los habían engañado para aplicar el conocido fuera de lugar.

El fin del primer tiempo se anunció con una gran atajada de parte de Ken que detuvo en seco el tiro de López.

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Finalmente, el minuto 90' llegó con el silbatazo final y la marcación decisiva. Japón se alzó con la victoria, con un rotundo 2-0 sobre México, gracias —principalmente— al buen juego aéreo de Aoi, que llevó al gol de Sorimachi al minuto 76' y al tiro potente del águila del mar del norte, que se vio realizado al minuto 89'.

Ni Espadas ni los guerreros aztecas se acercaron a los japoneses, aunque Tsubasa no esperaba chocar manos con el portero mexicano. En Mundiales atrás no habían logrado llevarse bien, aunque no porque Tsubasa fuera el renuente. Ese año, más que nunca, Espadas se llevaba el orgullo herido cuando al minuto 65', Ken detuvo su aparición en el campo (dejando sola su portería) y atajó el increíble disparo que le envió a la esquina superior izquierda de la portería, hueco perfecto dado que Ken era diestro.

Cuando los chicos y las chicas se reunieron en la salida del estadio, el incidente del alquiler había parecido olvidarse para Yoshiko que festejó abiertamente el gol de su prometido. Todos juntos se dirigieron al Okura Hotel Niigata, donde pasarían la noche.

Por primera vez en largas dos semanas, las doce parejas principales podrían pasar la noche juntos y retomar sus viejas costumbres de parejas individuales. Genzo y Allison aprovecharon para hablar sobre las buenas nuevas de Arianne y su firma con Marvel, Jackie y Taro jugaron al igo en su recámara y el mismo Tsubasa disfruto de esos momentos frente a la cámara con selfies en compañía de su amada esposa.

Acaban de anunciarse las 8 de la noche, cuando los chicos bajaron al bar para ordenar bebidas y reservar una gran mesa para que toda la selección y las chicas se reunieran. Además de todo, los doce principales tenían la difícil tarea de convencer a sus novias, para acudir a las 10 en punto al juego del otro día. Y quizás, lo habrían logrado…

Mientras Sanae esperaba junto a Yoshiko a que Yayoi terminara, ambas charlaban acerca del juego sentadas en la cama de Yayoi y Jun, cuando el móvil de Yoshiko sonó una vez más.

— Oh, espera— pidió Yoshiko al ver el número— ¿Hola?

Con Yoshiko Fujizawa, por favor. Soy Mei Madarame, del registro civil— respondieron.

— Soy yo. Muchas gracias por llamarme— dijo Yoshiko, sonriendo.

Bueno, lo prometido es deuda. Verá, señorita Fujizawa, he revisado todos nuestros listados y el nombre de Hikaru Matsuyama figura en la lista, sin embargo, mucho me temo que no hay fecha, hora ni lugar para su evento. Si gusta confirmarme al juez y los gastos, o en su defecto, cancelar el evento, por favor, estaré agradecida— la sonrisa que hasta entonces Yoshiko había mantenido se esfumó y un par de lágrimas amargas se acumuló en sus ojos.

— Yo… ¿Podría llamar mañana temprano para confirmar? No quiero cancelar, pero no estoy segura de la hora exacta y ya no quiero darle más molestias. Si me da el número de cuenta para el pago, yo me comunicaré temprano con usted— aseguró entonces, porque de tener que decir o no, no estaba segura de responder cuerdamente.

Por supuesto señorita…—

Escribió los números en el móvil de Sanae y se despidió. Salió de la habitación con Yayoi y Sanae tras y no se atrevió a mirarlas hasta estar segura de no llorar. Acaban de abrirse las puertas del ascensor en su piso, cuando las demás aparecieron y se reunieron en torno a una Sanae que acababa de abrazar al Yoshiko porque al final, el llanto la traicionó.

— Hey, ¿qué pasó? Yoshiko ¿qué tienes?— cuestionó Aimeé cuando se acercaron. Sanae respondió por su amiga.

— Hikaru lo olvidó. No confirmó ni el alquiler ni al juez. Yoshiko llamó esta mañana pidiendo esa información luego de pedírsela a Hikaru quién dijo que el juez era tema pasado porque estaba arreglado—

— ¡Ese…!— Aimeé no maldijo, lo guardó para sí. Pero a su lado, Allison ya había montado toda una caravana de planes en su mente.

— No llores más Yoshiko. Lo vamos a arreglar…

— No, no quiero arreglarlo. Es más que claro que Azumi tenía razón y yo no voy a obligar a Hikaru a casarse si no lo quiere. Y por lo que veo, no quiere, si olvida dos simples tareas— se quejó la castaña separándose de su amiga. Allison sonrió de medio lado y sus ojos grises brillaron al responder:

— Oh, no. No lo vas a obligar, simplemente, haremos que se dé cuenta que eres más importante que el soccer. Después de todo, dicen que nadie sabe que tiene hasta que lo pierde…

Continuará…


N/F:

*El alquiler Inuwashi no existe, es un invento propio y significa 'Águila Dorada' en alusión al apodo de Hikaru (águila del mar del norte).

*El Igo es un juego de tablero estratégico para dos jugadores que se originó en la antigua China hace más de 2.500 años que con el tiempo se extendió por Corea, hasta Japón.

*Mei Madarame y Tooru Fujimori son OC's propiedad de JulietaG.28


N/A:

Sin mucho que decir, solo que este capítulo me ha encantado. Creo que con esto, dejamos claro que ninguna de las chicas está dispuesta a ser segunda opción y ya verán ustedes la gran aventura que les tengo para el plan de venganza.


GRACIAS A:

PrincesaLirio, Candy


Con cariño, JulietaG.28


¡El balón es nuestro amigo!—