Capítulo 10

Tiempo atrás...Oficinas del FBI.

— Me alegra que estés aquí, Inuyasha. —Lo invitó a sentarse el hombre de aspecto duro e imponente, luciendo una sonrisa cínica.

— No fingiré…me sorprende que quisieras verme. Pensé que nunca tendría que volver a pisar este lugar. —"El mismo infierno" Pensó y se sentó enfrente al escritorio desde donde su antiguo jefe lo observaba.

— Todos lo creímos luego de…bueno ya sabes... —Evitó el asunto.

— El caso "Sengoku"… —recordó para sí mismo.

— Precisamente. —convino.

— ¿Entonces que quieren de mí?

— Necesitamos que regreses al equipo.

— ¿Qué? —Interrogó atónito.

— Inuyasha, volveré a abrir el caso y tú mejor que nadie conoces cada detalle.

— ¿Por qué ahora?

— Ha surgido nueva información que cambia el rumbo de la investigación. Nos pone en ventaja.

— No puedo. —abandonó el siento y se puso de pie.

— Inuyasha…—se incorporó.

— No lo entiendo…

— Somos conscientes de lo que pasó hace dos años y como terminaron las cosas pero…

— No pudimos atraparlos en ese entonces…—Lo interrumpió. — ¿Qué le hace pensar que será diferente esta vez? Por mi culpa esa pobre chica está muerta. —sentenció indignado y furioso. —No lo haré. No pueden obligarme.

— No pienso obligarte, Inuyasha. No hará falta, tú mismo querrás ser parte del grupo luego de conocer la nueva información del caso…

— ¿Y cuál es esa valiosa información que poseen? —Había logrado captar su atención. Aunque sabía que bien podía ser un truco.

— Alto ahí… No suelo revelar las cosas tan a la ligera, aun tratándose de ti. Si quieres conocer los detalles deberemos llegar a un acuerdo. —Sonrió con el sabor del triunfo en los labios.

— No dejaré que me chantajeen. Me voy. —Se dirigió a la puerta, pero el hombre junto a él fue insistente y sentenció la última palabra.

— La cantante… ¿Estás seguro que podrás mantenerla a salvo? —Inuyasha se detuvo en seco y volteó a verlo.

— ¿Kagome?… —El terror era el protagonista en el rostro del peliplata.

— Ella misma. —Confirmó asintiendo. — Naraku está detrás de ella.

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Luego del desfile…

El fantasma de lo que había sido una memorable tarde vagaba en el vestidor de la azabache. Era cansador tener que sonreír y posar durante tanto tiempo para las cámaras y más si eres una de las "atracciones" principales del evento. Ahora, la fatiga era la única compañía.

La nostalgia y la melancolía eran dagas que no desaparecían. No podía evitar pensar en Inuyasha y preguntarse si realmente lo había visto en el evento. ¿Por qué no había dicho nada? ¿Acaso no la extrañaba? Ella se moría por volver a verlo. Lo había buscado en cada rincón del lugar cada vez que podía huir del tumulto de gente. La voz de Bankotsu interrumpió sus pensamientos.

— Realmente no quería hacer esto aun. Nos estabas empezando a llevar bien, preciosa —dijo Bankotsu sorprendiendo a la azabache que volteó sin entender de lo que hablaba.

— ¿Disculpa? —Lo miró desconcertada.

— Ay Kagome. Lo siento tanto, encanto.

— ¿Cómo me llamaste?

— No quería que las cosas fueran así…—Su mirada se tornó siniestra, se acercó cada vez más, mientras sacaba del bolsillo de su camisa un pañuelo que luego mojó con un líquido cristalino. —…Pero no puedo arriesgarme a que ese sujeto aparezca y arruine mis planes. Naraku no me lo perdonaría.

— ¡¿De qué hablas?! —retrocedió hasta chocar con la pared del camerino.

— Sin errores esta vez. —Kagome se echó a correr y el muchacho de ojos azules comenzó a perseguirla por toda la habitación.

— ¡Gritaré si te acercas más!

— Adelante, nadie va a oírte. Todos están demasiado lejos de aquí.

Ya no había lugar al que correr, estaba arrinconada. — ¿¡Qué harás!? ¿¡Qué quieres!? —Las lágrimas comenzaron a caer por sus ojos al ver que no tenía escapatoria.

— Algo como eso no es importante ahora. —La sujetó con fuerza de uno de sus brazos. Kagome forcejeó pero al cabo de unos minutos ya estaba completamente sometida bajo la fuerza de su atacante. —Naraku deberá tragarse sus palabras.

— ¡Déjame, Bankotsu! ¡¿Qué crees que haces?! —Pensó para sus adentros…"¡¿Quién diablos es Naraku?!".

— Ya cállate. Tus gritos me molestan, mocosa engreída. —Puso sobre la boca de Kagome el pañuelo con cloroformo y ella cayó inconsciente en sus brazos. La cargó sobre su hombro y salió del vestuario hacia un Audi negro que esperaba afuera. Ambos desaparecieron sin ser vistos, bajo el manto de una espesa noche que se asomaba con lentitud.

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A pocos metros un operativo de alta seguridad se desplegaba.

— Señor, el objetivo se mueve.

— Démonos prisa. No podemos perder de vista ese auto. —dio vuelta y sus ojos se clavaron en los dorados de Inuyasha. — ¿Estás bien?

— Sí. —Respondió con firmeza.

— No te preocupes. No dejaremos que Naraku le ponga un solo dedo encima.

— Eso dalo por hecho. Lo mataré antes de que pueda intentar algo.

Desvió la atención del platinado y se dirigió a su equipo. —Ese auto es nuestra llave para encontrar a Naraku. Las instrucciones son claras. Debemos seguirlo, encontrarlo y atraparlo en cuanto sea identificado. La información que logramos obtener es suficiente para condenarlo de por vida.

— Sí, señor. —se escuchó al unísono, de todo el equipo. Excepto de Inuyasha que se acercó y bajó el timbre de la voz para evitar que terceros escuchen lo que quería decirle a su jefe.

— No estoy de acuerdo en usar a Kagome como carnada. Podríamos rescatarla en este instante, contamos con los medios para hacerlo y evitaríamos un posible desastre.

— Si hiciéramos eso, Naraku escaparía.

— Tendríamos una oportunidad…

— Entiendo que estés preocupado, pero fue por eso que accedí a tu petición de ver a Kagome antes de que el plan entre en acción. Dijiste que con eso estarías más tranquilo y no desautorizarías mis órdenes.

— Y lo agradezco, pero sigue siendo peligroso. No sabemos qué es lo que Naraku quiere de ella.

— Y no podremos averiguarlo si no hacemos esto. Créeme no hay otra opción.

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Despertó sin saber dónde estaba o cuánto tiempo había permanecido inconsciente en aquel lugar. Tenía las manos y los pies atados con sogas. Comenzaba a sentir como se entumecían debido a la mala circulación de sangre.
Levantó la mirada y se vio rodeada por una lujosa habitación.

— Estoy seguro de que el lugar será de tu agrado. —La voz del moreno hizo que la piel de Kagome se erizara del miedo. No se había percatado de su presencia hasta ese entonces.

— ¡Bankotsu! ¡¿Dónde estoy?! —Gritó atemorizada. —Haré que te arresten por esto, maldito.

— Muchos lo han intentado antes. Veremos si tienes suerte, encanto. —Sacó una navaja del pantalón, subió a la cama y se arrojó sobre Kagome.

— ¡Aléjate! ¡No me toques! —Intentó sacárselo de encima, pero momentos después se dio cuenta que Bankotsu no intentaba lastimarla, si no cortar las sogas que ataban sus extremidades. — ¿Ahora muestras algo de compasión? ¿Lástima? ¿O es culpa tal vez?

— Ni una, ni la otra. —Se alejó de Kagome. Ella intentó abofetearlo, pero él sujetó su mano antes de que ésta lo golpease. —Estarás aquí más tiempo del que imaginas. Será mejor que te vayas haciendo a la idea, o de otra forma el encierro te volverá loca… más de lo que ya estás.

— ¿A qué te refieres? No pueden mantenerme encerrada.

— Claro que podemos. De hecho, ya lo hicimos.

— ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Dinero?

— ¿No has visto este lugar? ¿Crees que este sujeto necesita tu dinero?

— ¿Hablas de ese tal Naraku que mencionaste antes?

— El mismo, encanto. —Sonrió.

— Entonces, ¿Qué quieren de mí?

— Eso es algo que ni yo me explico. Deberás averiguarlo por ti misma. —le dio la espalda y se dirigió a la salida de la habitación.

— Espera…—Gritó la azabache.

Se detuvo en seco y volteó. — ¿Qué?

— ¿Dónde estamos? —repitió.

Sonrió con malicia en los labios. —Bienvenida al lugar de tus pesadillas.

Continuará…