-¿Y qué te dijo?

-Me preguntó que era para él.

-¿¡Y qué le respondiste!?

-Que era un bastardo.

Fratello!

-Es broma. Simplemente le dije la verdad para variar y ahí me pidió salir.

-¿Y después?

-Me hizo besarle.

Italia sonrió tontamente tras soltar un pequeño grito de emoción.

-Sois adorables.

-Sólo cállate.

Romano, al igual que su hermano, también sonreía ligeramente. No podía evitar mostrar su emoción. No le gustaba mostrarse así de emocionado porque se sentía como una colegiala.

-¿Y después?

-Después dormí en mi habitación y volví aquí.

-¡Qué aburrido eres! Pensé que habríais hecho cosas.

El mayor se sonrojó al escuchar a su hermano decir tales palabras y se dirigió a su cuarto. Veneciano le siguió el pasó.

-Vamos, hermanito. No te enfades. ¡Sólo era curiosidad! ¿Eres tú el pasivo, verdad?

La puerta se cerró en su cara.

Mientras, Romano no pudo evitar sentirse incómodo ante aquellas preguntas. No había pensado nunca que tendría que practicar sexo con su nueva pareja, y uno de los dos debería ceder la integridad de su trasero. Prefirió no darle más vueltas al asunto y pensar que España sería el pasivo, aunque en el fondo estaba seguro de que no sería así.

Había pasado una semana desde lo ocurrido el catorce de Febrero. La asamblea mundial mensual comenzó ciertamente pronto, por lo que al ver la hora nada más despertarse, el español maldijo a los cielos por no haber hecho funcionar su despertador.

"B. TOMATE: Lo siento mucho. Mi despertador no sonó y me quedé dormido"

Romano dejó el móvil sobre la mesa del congreso, murmurando insultos ya que quería ver al moreno.

-España dice que se acaba de despertar ahora y que llegará tarde.

-Como siempre- Comentó Alemania en voz alta, algo molesto.

-Bien que criticas la impuntualidad de España pero no la ausencia de Veneciano.

El rubio se sobresaltó al escuchar semejante acusación, para después ver como Romano le dirigía una mirada y sonrisa de "Te acabo de joder y lo sabes."

-Eso es porque sois dos y ambos representáis al país. Si uno no viene, al menos tiene a un sustituto.

España entró en la sala medio moribundo por la carrera que acababa de realizar. Al recuperar un poco el aliento, dirigió una amplia sonrisa a los presentes, un saludo y una disculpa, para después sentarse al lado del italiano. Llevaba la corbata mal atada y el pelo todavía más despeinado de lo habitual.

-No tienes remedio.

-Fue porque no me sonó el despertador, tomatito. No me acuses.

Sus dedos se entrelazaron con los de su reciente pareja, haciendo que este le dedicara una mirada molesta. Mientras, por el fondo, se escuchaba a las mayores potencias mundiales hablar sobre principalmente capital y negocios.

Cuando la reunión dio el descanso, ambos salieron despavoridos de allí. Pasearon unos minutos alrededor del recibidor, hasta que Romano comenzó a hablar.

-Espero que hayas traído algo para comer. Me muero de hambre.

España agarró la mano de su novio y le dedicó una sonrisa burlona.

-Yo también, la verdad. He traído empanada. No me dio para más.

-Algo es algo.

Volvió a notar como su pareja agarraba su mano y la apartó, molesto. ¿Cuántas veces iban ya?

-¿Por qué me rechazas los gestos de amor?- preguntó el español inflando las mejillas.

-Estamos en una conferencia. No podemos actuar de forma cariñosa.

-Es un descanso… ¿Te avergüenza que sepan que estamos saliendo?- Ante el silencio que recibió por parte de su compañero, suspiró algo molesto para proseguir hablando- Pues si te molesta, no lo haré. Ah, sí. Pensaba compartir mi comida, pero como no eres mi pareja fuera de casa…Supongo que tendrás que comprarla tú. No hay problema con eso, ¿verdad?

El moreno podía ser realmente cruel en algunos momentos. El menor, molesto, agarró el meñique de este, para después ver hacia otro lado y comenzar a refunfuñar. España, por su parte, sonreía de forma triunfal. Desde lejos, Estados Unidos veía curioso mientras Inglaterra alzaba sus enormes cejas, confuso por ver a la reciente pareja.

-¿Ves cómo aunque lo haya criado en parte no quiere decir que sea su hijo?- Comentó el de gafas, señalando descaradamente mientras el otro se cubría la cara con una mano, exasperado.

Ambos se sentaron, uno con su característica sonrisa en los labios, mientras que el otro simplemente mostraba fastidio. Al menos recibió el almuerzo. Mientras Romano saboreaba un pedazo de empanada que ciertamente le recordaba al sabor de una pizza, una persona que no era de su agrado se acercó y llamó por España.

-Sí. Te acompaño un momento- Giró hacia su pareja-. Lo siento, Roma. Tengo que irme un momento junto a Francia. Vuelvo ahora, ¿vale?

-Lo que sea.

Ambos se alejaron y salieron de allí, dejando al italiano solo. Comenzó a sentir que el estómago le dolía y sus pensamientos no dejaban de ir a aquella conversación que había tenido con el francés hacía una semana y poco, además del comentario de España, diciendo que Francia tenía cierto interés en él desde hacía tiempo. Aquellos pensamientos le hacían crear teorías conspiradoras respecto a la fidelidad del joven de ojos verdes. "Seguro que me engañará cuando tenga la ocasión. Es el país de la pasión, va a querer pasión y yo no se la pienso dar. Se aburrirá de mí, como todos."

Un par de minutos después regresó la persona que Romano estuvo maldiciendo si este le era infiel en algún momento. No parecía muy alegre, por lo que supuso que no.

-Oye, bastardo. ¿Qué ha pasado?

-Temas financieros. No te preocupes por mí.

-¿Y con Francia? ¿Pasó algo? No es que tenga curiosidad ni nada, idiota. Es solo que tengo que fingir tenerla.

El español esbozó una leve sonrisa ante el comentario y sonrojo del menor. Lo rodeó por los hombros con un brazo y agarró un trozo de empanada.

-Temas financieros, te he dicho. ¿Piensas que entre Francia y yo hay algo o así? Eres adorable. Sólo somos amigos.

Una lluvia de besos cayó sobre el indefenso italiano, haciendo que comenzara a golpear al otro con toda la fuerza que pudo para sacarselo de encima.