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Haiiro no Shinju

.:*:.:*Capitulo 10*:.:*:.

.:*:.:*:.."Y vivieron felices para siempre"..:*:.:*:.

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Vi sus ojos color carbón observando fijamente lo que ocurría a un lado suyo, ignorándome… ¡Ignorándome a mí! No pude soportarlo, fue como una navaja que atravesaba mi alma ó como las bofetadas de Oto-san, un sentimiento tan frío… y a la vez tan doloroso…

Siguió su camino, pasando a mi lado, sin siquiera verme con disimulo, sentí mi cuerpo tambalearse al sentirlo tan cerca nuevamente ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde eso? Un mes… un mes exacto desde lo ocurrido, en una semana seria la boda de Naruto-kun y Sakura. Y de alguna forma, ya no me afectaba tanto el hecho de pensar en ellos, ahora me sentía ligeramente aliviada por tener una excusa para deshacerme de esta obsesión dañina.

Volteó con rapidez para verlo fijamente, esperando que él diera la vuelta, que me dijera algo; un deseo sale de mi interior, sin embargo, no sale del corazón, mi deseo… es como si no fuera mío.

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-N-No me… -Susurró tartamudeando, pero ya es tarde, él ya está lejos, apenas puedo apreciarlo entre los oscuros pasajes del bosque-

Lágrimas amargas escapan de mis pupilas, empapando mis mejillas del salado liquido. Duele, duele mucho, este sentimiento tan amargo, tan dulce por el alivio que me da el no tener que conversar con él y al mismo tiempo, un sentimiento al no poder decir que no me deje.

-¿Por qué? –Preguntó al viento, sin obtener respuesta alguna, las nubes oscuras como sus ojos empiezan a inundar el lugar, ocultando mi dolor- No… No es justo –Llevó ambas manos a mi rostro, dando un grito silencioso, un grito que proviene de mi interior, pero que no es mío.

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"Lo que ocurrió esa noche, fue un error, olvídalo"

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Era lo que yo deseaba escuchar, solo eso, una simple frase, solo quería escuchar eso, para odiarlo, para odiarle a él. Sin embargo… Creo que nunca podré odiarlo, él me hizo una mujer. Los dos somos tan iguales y tan diferentes a la vez. Jamás podremos estar juntos… el secreto de esa noche ¡La noche que prometiste no olvidar! ¡La cita que me pediste esa misma noche!

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¡Todo era mentira!

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Tus caricias, tus besos, tu aroma y tu cuerpo…

-Mamá…

Quedaron en mi piel, en mí ser

-¿Mami? Ya es tarde… ¿Mami, estás bien?

Jamás me desharé de ellos.

-¡Uchiha-san, Okka-san no despierta! ¡Y-Y, está llorando!

Creo que esto es una promesa

-Tranquiló, Shinju, no debe ser nada.

-Onegai, mami, despierta.

El único hombre que me ha poseído

-Hinata, hey, despierta.

-Mamá…

Será la última persona que lo haga

-Que despiertes, Hyuuga.

-Ma-Mamá… snif… ¡Mami!

Porque sé, que nadie podrá, nunca…

-Onegai, despierta, mamá, despierta

Hacerme tan feliz como mujer

-¡Hyuuga, despierta de una vez!

Más que "él"

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-¡Hyuuga!

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La voz acelerada del Uchiha le llamó a la realidad.

Despertó en su alcoba, exaltada por los gritos que se habían infiltrado a su sueño. Su respiración se encontraba entrecortada debido a la dificultad que le tomó gritar en medio de su pesadilla, sintió sus mechones azulinos pegados a su rostro y garganta debido a la fría transpiración de la que se encontraba cubierta por completo. Se incorporó de golpe en la cama, moviendo sus brazos y piernas en busca de escapatoria a aquellos recuerdos que le atormentaban.

Buscaba protección de los sucesos ocurridos en su juventud, buscaba algo que le hiciese pensar que aun tenía diecisiete años y que aun no había sido rechazada –Indirectamente- por el rubio de ojos color cielo.

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-¡Tranquilízate!

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Sintió sus brazos ser oprimidos por las manos de él, trayéndole nuevos recuerdos sobre lo ocurrido, un sentimiento agridulce se formó en su boca al fijar sus ojos color perla en los del portador del Sharingan, quien le veía con mirada severa y una chispa de desesperación inundada por sentimientos indescriptibles para ella. Ese calor varonil la invadió unos segundos, haciéndola desear que el contacto no acabara, no obstante, los recuerdos volvieron a atacarla sin piedad.

Esos ojos… aquellos ojos color carbón, oscuros como la noche, esa piel pálida y la luz de la luna bañándolo de perfil… como aquella noche, en la que estuvo con "él". Como esa maldita noche que siempre le atormentaba.

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-¡Suél-Suéltame! –Reaccionó al fin, empujando levemente al moreno.

Este frunció el seño ante la acción de la mujer, sin embargo, se relajó al ver que esta empezaba a recobrar la calma después del terror, provocada por la pesadilla- Ya se encuentra mejor –Pensó al ver que ella se despojaba de los mechones que se encontraban en su mejilla, las cuales, de cierta forma, la hacían ver de forma infantil a pesar de ya ser una madre.

-¿Mami?

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El pequeño de la casa, quien se encontraba sobre la cama, se acercó a quien le dio vida a corta edad y la abrazo con fuerza. De forma instantánea, casi sin reaccionar, la peliazul le abrazo con fuerza, hundiendo su rostro en la melena azabache con mechones azulinos.

Shinju era su hijo, no importaba nada más.

Nadie le podía quitar a su hijo, ni siquiera "él", Shinju era suyo y de nadie más. No importaba sí "él" no quería saber nada de su propio hijo –lamentablemente, "él" sí quería estar presente en la vida del niño- Nadie le podría arrebatar a su hijo, él era su fuente de fuerza, su esperanza, su única razón para vivir, él y solo él, Shinju, era la razón de su vivir.

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-N-No es nada… -Susurró con lentitud, arrastrando las palabras en gesto temeroso- Só-Sólo tu-tuve… una pesadilla…

Hinata soltó con lentitud a su hijo, intentando regularizar su pulso y respiración, mientras, el Uchiha no apartaba sus ojos de ella.

No fue una simple pesadilla –Pensó este, analizando cada gesto y respiración de la mujer, comparando el estado de ella con el suyo en cada una de sus pesadillas de la infancia, en donde aparecía Itachi, destruyendo el lugar, matando a todos los integrantes del Clan Uchiha- Fue un recuerdo -¿Pero que recuerdo podría ser tan tormentoso como la muerte de todos tus seres amados como para despertarte en medio de la noche? Lo único que pasaba por la mente de él, era la concepción de Shinju.

-¿Qué-Qué hora es…? –Preguntó al fin la ojiperla, buscando el reloj con la vista, dándose cuenta que la luz estaba prendida y que afuera todavía estaba oscuro.

-Las tres de la mañana –Contestó de forma instantánea el Uchiha.

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Hinata lo vio sorprendida, dándose cuenta, por primera vez, que su hijo se encontraba con su pijama blanco con negro y que el dueño de la mansión se encontraba únicamente en pantalones.

El sonrojo fue instantáneo ante aquella imagen de las que pocas mujeres podrían resistirse, ver a un perfecto ejemplar del género masculino mostrando un torso notablemente entrenado no era algo que se viera todos los días.

Bajó la cabeza apenada, sin atreverse a gritar, ya que su hijo estaba presente ¿Cómo le iba a explicar que una mujer no debía ver a un hombre semi desnudo porque tenían cuerpos diferentes? Shinju "sabía" como nacían los bebés, pero no como se llegaba al nacimiento, debido a una mentira que cierta persona dijo sin autorización materna.

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-Go… Gomen –Murmuró avergonzada- P-Por despertarlos… -Su pequeño mostró una sonrisa al instante, mientras el Uchiha bufaba por lo bajo.

-No te preocupes, mami –Limpió las lágrimas que aún recorrían el rostro de su progenitora- Nos preocupaste.

-¿"N-Nos"? –Volvió a tartamudear, observando con asombro al azabache mayor, quien se negaba a verle.

-Está exagerando –Se limitó a contestar esté.

El niño de ojos grises pestañeo dos veces, confundido, para luego volver a tomar atención a su madre- ¿Tenias un sueño feo? –Preguntó con ingenuidad, recibiendo un asentimiento por parte de ella- ¿Quieres que dormamos juntos?

Al terminar la pregunta, el ojinegro interrumpió- Es "Durmamos", no "Dormamos".

El sonrojo fue instantáneo ante el error de pronunciación del pequeño- ¡Pe-Pero! Se dice "Dormir" no "Durmir".

Hinata se tranquilizó ante el ambiente y se dedicó a contemplar como Sasuke le enseñaba al menor que no todas las palabras se escribían similares a sus sinónimos.

-Solo fue un sueño –Pensó más tranquila, suspirando sonoramente y cerrando sus ojos.

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-¡Deja de llorar! –Alzo mi mirada, observando a la hermosa mujer de cabellera ondulada y de mirar lila similar, a los ojos de un felino sofisticado. Me quedé unos momentos mirándola, atontada por sus palabras, para luego sentir como me ponía un pie en la cabeza- ¡Deja de estar llorando como magdalena herida en este sucio puente! –Parpadeé sorprendida al verla, de inmediato, casi como si me lo hubiese ordenado, me levanto y la observé confundida, de pies a cabeza, su atuendo, provocador y al mismo tiempo conservador llamó mi atención, al igual que sus rápidos movimientos de manos y astuta mirada- Este es el camino más rápido para llegar a mi bar favorito –Me explicó, cruzándose de brazos y dirigiéndome una sonrisa- No es muy divertido ir a un bar si en tu mente está rodando la memoria de una niña pequeña llorando en el puente –Se encogió de hombros, logrando que me sonrojara en el acto, no sabía que alguien pasaba seguido por ese lugar- ¿Me escuchas? –Me empujó levemente la cabeza con dos dedos de su mano izquierda, dirigiéndome una sonrisa.

-Ha-hai (si) –Ella sonrió aun más, la primera palabra que vino a mi mente tras conocerla fue: Bipolar.

-Bien –Me despeinó los cabellos, algo que me desoriento- ¿Cuál es tu nombre?

-Hyuu… Hyuuga Hinata –Tartamudeé

-¿La princesita Hyuuga? –Habló sorprendida- Escuché que te habían rechazado pero bien fuerte –Sentí como una gota resbalaba por mi espalda ante ese comentario tan directo, de cierta forma, recordó la espontaneidad de Naruto-kun, solo que…- ¿Bebes? –Mis ojos se abrieron como plato ante la pregunta.

-¿Na-Nani? So-Solo tengo… diecisiete años… -Mi voz sonó como un susurro, a decir verdad, no había tomado nada desde "esa noche" y esa era la misma razón por la que me encontraba en ese lugar, porque "él" me prometió venir, aunque de eso ya ha pasado tiempo, sigo viniendo todos los días a esperarlo…

-Hmm… -Meditó unos momentos y luego sonrió- Casi la edad para beber –Nuevamente iba a gritar confundida, definitivamente, ella no me recordaba a Naruto-kun, era como una mezcla de Lee-kun, Naruto-kun e Ino. Me tomó del brazo en gesto de confianza y empezó a arrastrarme en dirección a unos barrios en los que nunca había estado- Verás que con esto te olvidas de todos tus males –Entonces lo entendí, el olor a licor llego a mí en cuanto me pose a su lado con torpes movimientos.

-E-Etto… disculpa… -Ella murmuró una pequeña canción en respuesta- ¿Tomaste… Tomaste algo… antes de…?

Soltó una pequeña risilla- Sólo una botella de whisky, nada importante –Sentí como pequeñas gotas aparecían en mí alrededor: Ella ya se encontraba en estado de ebriedad.

Pensé en huir, en pedir ayuda o atacarla para que me dejara, no obstante, algo me empujó a seguirla. Una extraña sensación me impulsaba a seguir el rumbo que ella me estaba mostrando, un camino oscuro y delicado, un sendero agridulce.

¿Cómo describir lo que me empujo a seguirla?

-Por cierto… -La vi sonreír.

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Como Neji-oniisan diría…

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-Mi nombre es Hoshi…–Me pareció un hermoso nombre en cuanto lo escuché, significaba estrella, Hoshi seria la luz en medio de mi oscuridad. La estrella que acompañaba a la luna en su soledad- Algo me dice que seremos grandes amigas.

-S-Si…

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Fue obra del destino

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-¡Mami!

El grito ensordecedor de Shinju le trajo nuevamente a la realidad, observando como el pequeño le jalaba de su pijama color azul cielo.

-¿Qué pasa, amor? –Preguntó en tono cariñoso Hinata, tomando a su niño en brazos y acurrucándolo en ellos, provocando un pequeño sonrojo en esté.

-Es-Este… Te dije que si querías que durmieron juntos –Le ofreció con una sonrisa, intentando persuadir con facilidad a su progenitora, lo cual no tomó mucho tiempo, porque de inmediato ella asintió con la cabeza y le dio un espacio en el lecho- Así no tendrás mas sueños feos.

-Shinju…- Habló para sus adentros la Hyuuga, ampliando su sonrisa-Me alegro de haberte tenido.

-Uchiha-san –El nombrado, quien se preparaba para salir de la habitación, se detuvo al escuchar al ojigris llamarlo- Usted también puede dormir con nosotros –Ante el ofrecimiento, el Uchiha observó a la peliazul oscura en busca de una respuesta, ya que, aunque fuera el deseo del niño dormir los tres juntos, la ojiperla tenia la última palabra.

-Si… está bien…

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No hubo más palabras al respecto.

El Uchiha se acercó a la cama, a paso lento, percatándose de la ilusionada mirada del niño. Sasuke observó por el rabillo del ojo el estado de la ojiperla, percatándose de que ella tenía ambas manos empuñadas sobre su regazo; Con la vista gacha, mantenía sus ojos semiabiertos, mientras su mandíbula se mantenía rígida para evitar cualquier descuido en la que pudiese gritar llena de cólera.

Aquellas acciones, ya comunes en ella frente al portador del Sharingan, no dejaban de incomodarle a esté en gran medida, sí vivían bajo el mismo techo era por la felicidad de Shinju, nada más los ataba, Shinju y nadie más.

El azabache mayor se acomodó entre las sábanas blancas del lecho, provocando que el pequeño soltara una sonrisa ante el subir y bajar de las ondas que producía el nuevo peso en el mueble.

Una vez que el antiguo Vengador se acomodó a un lado de Shinju, cerró los ojos dispuesto a dormirse, sintiendo la calidez que el pequeño desprendía. El niño de ojos de nubes llorosas observó a su madre, quien, con una sonrisa dijo: "Duérmete tú también". Ante la orden, el azabache de tonos azulados, asintió con la cabeza y se acurrucó en medio de ambas figuras.

Pasaron los segundos, minutos e inclusive horas, pero, la mujer con ojos similares a la luna seguía despierta, en la misma posición en la que había mandado a dormir a su hijo. Su mente naufragaba por lugares incógnitos para cualquier otra persona que no fuera ella.

Los secretos del alma son como lagunas negras a las que pocas personas se osan entrar, sin importarles las espeses, profundidad u oscuridad de estos.

Las horas corrieron como un reloj parado en el tiempo, perdido en busca del camino verdadero, en momentos así, en que se siente el silencio de la mansión , la Hyuuga se atrevió a pensar en su futuro.

Hinata observó a Shinju dormir, mil pensamientos cruzaron por su mente, tantos que no se podrían mencionar, sin embargo, tales pensamientos, íntimos de ella, lograron que derramara lágrimas amargas de sus ojos color luna ¿En qué pensaría? Eso se preguntaría quien la viera. La mujer observó a aquel que se encontraba dormido a un lado de su hijo, el único Uchiha conocido en Konoha, se mordió el labio inferior al verlos, ambos durmiendo igual de tranquilos, con la misma expresión de seriedad en el rostro. Eran iguales. Hinata desvió la vista, no quería ver esa imagen, esa no, todas menos esa… verlos juntos, a ellos dos, era como si Kami-sama se burlara de ella, como si le dijera: "Todo lo que has hecho fue un error y aquí está tu castigo". Sintió un nudo en la garganta ante tales pensamientos, debía ser una broma, nadie sabía la verdad, únicamente ella, Kami-sama e Itachi, nadie más, era su secreto, un secreto que nunca saldría a la luz: La paternidad de Shinju.

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-¿No puedes dormir? –La ojiperla alzó su cabeza de forma instantánea al escuchar la grave voz del Uchiha, volteó con cuidado la cabeza para verlo.

Él se encontraba sentado en la cama, al igual que ella, con una pierna doblada y el brazo apoyado en este, añadiendo que con su mano empuñada sostenía su cabeza, que se encontraba levemente ladeada. La observaba, la estaba observando con sus penetrantes ojos color ónix, ojos capaces de hipnotizar a cualquiera que posara por accidente sus ojos en ellos.

-E-Es que… -Trató de excusarse, decir algo que lograra que el Uchiha no le tomara atención, pero era algo torpe en encontrar buenas excusas, al igual que en las mentiras, cuando se trataba de Shinju era fácil, había pensado mil y un excusa a los largo de los años, planeó cada una de sus mentiras para no levantar sospechas, sin embargo, cuando se trataba de improvisación, le era imposible.

-Pensabas en el padre de Shinju –Habló el moreno, sorprendiendo a su interlocutora ante tal afirmación.

-N-No es… verdad –Se mordió la lengua ante su tartamudeo, tantos años buscando la forma de deshacerse de él, solo para que el Uchiha apareciera y le flaqueara las fuerzas ante su sola presencia.

-Hmp –Fue lo único que dijo este, quien posó sus ojos negros en el rostro del niño que dormía con ambos brazos extendidos, como si quisiera tomar a ambos adultos al mismo tiempo, obedeciendo a los deseos del niño, el ojinegro dejó de afirmarse con su mano y le paso dos dedos al niño, quien los apretó con fuerza y esbozó una sonrisa- No eres un buen ejemplo sí mientes –Hinata, de igual forma, miró a su retoño dormir y con una simple sonrisa empezó a acariciar el rostro

-Shinju te quiere –Se limitó a contestar ella.

-Él te ama –Fue la respuesta a una pregunta inexistente- No te lo arrebataré –Fue la conclusión que dio, lo cual tranquilizó de sobremanera a la madre soltera.

-Gracias –Hinata se acercó un poco más a su pequeño, inclinándose levemente para rozar sus labios contra la frente de su hijo- Shinju lo es todo para mí.

Una media sonrisa se escapó de los labios del portador del Sharingan- Se parece a ti –Aquel comentario logró sacarle un sonrojo a la ojos de luna.

-¿En-En serio? –Se sentía feliz, saber que algo tan hermoso era similar a ella le parecía inhumano y mágico a la vez.

-Sólo que Shinju si sabe decir lo que piensa –Ante esa observación ella sonrió.

-Sí, Shinju es especial –La Hyuuga siguió acariciando a su pequeño, logrando que el Uchiha ampliara su sonrisa.

-Ahora parece que está tranquila, es el momento –Sasuke se acercó un poco más al niño que apreciaba, moviéndose un poco para que este le soltara los dedos que le había ofrecido- Él no es muy feliz

-¿Na-Nani? –Alzó la vista, sorprendida por las palabras del azabache- ¿Por… Por qué lo dices? –Vagó unos instantes por su mente, buscando algún instante en que no hubiese hecho algo bien, buscó algún error, algún gesto de tristeza: Nada- Shin-Shinju es feliz, tiene todo lo que quiere –Habló insegura de sus propias palabras.

-Tal vez –El azabache se encogió de hombros, sin apartar la vista del niño- Todo menos una cosa

-¿Qué? –Frunció levemente el seño, no importaba lo que Shinju quisiera, ella lo conseguiría.

-Que nos llevemos bien.

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Una frase. Cuatro palabras. Siete silabas. Diecinueve letras. Tres silencios.

La Hyuuga sintió como la respiración le faltaba unos momentos, que no supo si eran segundos o minutos. El ambiente se transformó en una atmosfera tensa, como siempre ocurría entre ambos, ella logró recuperar la respiración a los segundos, sintiendo como un sudor frío bajaba por su garganta. Tal vez era sólo su imaginación, o tal vez realmente tenía esa reacción ante un comentario proveniente de él.

Sasuke, por su parte, se quedó en silencio unos instantes, observando de reojo la reacción de la madre, quien no se dignaba a decirle algo como "Métete en tus asuntos" o "¿Por qué habría de serlo?" ya que ella no era como las demás mujeres, la Hyuuga no gritaría de forma empalagosa diciendo "¡Ho! ¡Sasuke-kun, si querías que fuéramos más cercanos lo hubieses dicho antes!" o "¿Te parece que dejemos a Shinju aquí y vayamos a conocernos mejor?". Ante esos pensamientos, el Uchiha se dio un golpe mental ¿Cuándo la Hyuuga en su sano juicio diría algo así? Bien, era cierto que ella era madre soltera, que tras una borrachera se acostó con "X" sujetos y en "Y" lugar tuvo "Z" situación y de esa noche de lujuria nació Shinju- No es tan santita como todos creen –Pensó él al recordar lo que decía el dobe y los demás tras la "supuesta muerte" de ella.

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-Es… Es difícil –Habló Hinata tras unos segundos, sacando de sus análisis mentales a su interlocutor.

-¿Por? –Fue la breve pregunta de Sasuke, quien intentaba destrozar el cristal que los separaba.

La relación de ambos era como un grueso cristal, del que Shinju era consciente.

-Porque… Porque tú… -La respuesta cruzó su mente unos momentos, al igual que las consecuencias de este, al decirlo, las preguntas que vendrían, la negación, el desprecio de los demás- Tú y yo nunca fuimos… muy amigos… -Eso era una vil mentira, ella era consciente de eso, mas, la verdad no podía salir a luz, nunca.

-Hmp –El Uchiha asintió con la cabeza. Él comprendía la mentira de la Hyuuga, nunca se hablaron más que un "buenos días" en la academia o un "Sasuke-kun" en una ocasión cuando él todavía estaba con Orochimaru- Aun así –Su voz se tormó firme y decidida, lo cual provocó un pequeño sobresalto en la ojiperla- Eso no hace feliz a Shinju –Su orgullo era muy grande como para decir: "Intentemos llevarnos mejor", es cierto que tal vez se había ablandado un poco gracias al pequeño, sin embargo, no dejaba de ser un Uchiha y los Uchiha eran, por sobre todas las cosas, orgullosos.

-Tienes razón… -Aceptó al fin, sabía que las palabras del azabache eran verdaderas, la felicidad de Shinju ahora no solo dependía de ella, sino de Sasuke- Shinju-kun te quiere… -Su mirada entristeció, sabía que aunque intentara separarlos, sólo lograría hacer sufrir a su hijo si lo hacía- De-Demo (Pero)… Cues-Cuesta acostumbrarse a algo que no imaginaste nunca –Esas palabras fueron sinceras, nunca, en seis años, imaginó compartir parte de su vida con otro Uchiha que no fuera Itachi… bueno, tal vez con Madara, ya que después de aquello ¿Quién sabe dónde estaría? ¿Murió? ¿Se evaporó? Solo Kami-sama lo sabía ¿Qué tenían los Uchihas que parecían no morir nunca?

-Siempre hay una primera vez para todo –Aquel pensamiento solo era una murmullo en la mente de él, no obstante, aquella simple frase salió de sus labios de forma involuntaria, sorprendiendo a su compañera y a él mismo- No hay que temer a lo desconocido –Concluyó la frase, consciente de lo que decía.

-"Siempre hay una primera vez, Hyuuga, no temas" -No eran las mismas palabras de esa noche, pero no por eso dejaban de tener el mismo significado, e importancia, en especial por salir de la boca de él… de la boca de Sasuke, era como una orden para ella, y, aunque sonara masoquista, de cierta forma le gustaba recibir órdenes- Ha-Hai (Si) –Sonrió de forma sincera, confiaría en él, confiaría aunque eso podría llevarle a su propia perdición- Tienes razón, Sasuke-kun, in-intentaré… que nos llevemos mejor.

No hubo más palabras, aunque tampoco era necesario presendir de ellas. Lo único necesario para disfrutar aquel momento en que ambos eran protagonistas, era la presencia del otro, tal vez a ojos ajenos el ambiente sería extraño, sin embargo, para ambos era un momento de calma, la tormenta que los torturaba se había calmado… en parte… Aún existía aquel pozo sin fondo en la mente de Hinata, pero si ambos podían convivir bien un tiempo…. Con eso bastaba, por ahora.

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Una sensación cálida le invadió parte del rostro, para ser específicos, por el lado izquierdo, intentó moverse para cubrirse de aquella molesta sensación, pero, al intentar sacar el aire sus cortos brazos de infante, solo logro sentirse aun más cómodo en los brazos en los que era acurrucado con un amor solo comparable con el de su madre, no obstante, aquel bienestar que sentía, excedía a la calidez a la que acostumbraba. Nuevamente, intentó moverse sin despertar a quien le sujetaba, hasta que cayó en cuenta que no era aprisionado por los brazos de su progenitora, sino que, por un solo brazo de ella y uno no tan desconocido para él.

El niño, extrañado por aquellas cosas que percibía, abrió los ojos con lentitud, pestañeando de forma consecutiva mientras se acostumbraba a los rayos que el sol posaba en su rostro.

Lo primero que vio le sorprendió en un principio, el azabache de ojos color onix se encontraba dormido, sin embargo, eso no fue lo que le sorprendió, sino, la cercanía del rostro de este con él. Shinju se sonrojó levemente ante la cercanía. Sacudió un poco la cabeza para lograr desaparecer su sonrojo y, a continuación, siguió curioso el camino del brazo del mayor, hasta encontrar la mano del Uchiha posada sobre su diminuto cuerpo, la cual se encontraba unida con una mano más femenina.

Shinju forcejeó un poco los brazos sobre protectores de quienes lo tenían, hasta que logró incorporarse un poco en la cama, con cuidado de no despertar a ninguno de los adultos a su cuidado.

Su rostro no mostró más sorpresa jamás en su vida, una oleada de emociones no conocidas le invadieron ¿Qué debía sentir al ver las manos de las dos personas que mas amaba juntas? Su cuerpo tiritó de emoción al verlos, tomados de la mano, ambos parecían estar en calma con el otro. Lágrimas involuntarias se asomaron en los ojos grises del niño, sin saber cómo expresar tal alegría sin gritar y saltar por toda la habitación, aunque eso le impulsaba su cuerpo, gritar su felicidad al mundo, no quería arruinar aquella hermosa escena y más aun por estar al medio de ambos, como el túnel que los unía.

Fue entonces que con torpeza decidió limpiar sus ojos, no quería despertarlos y preocuparlos, pero… Verlos juntos era la escena más hermosa que había visto en su corta vida; Empezó a sentir un nudo en la garganta de la felicidad y cosquillas en la boca del estomago le invadieron, la sangre se le acumulaba de manera moderada a su rostro, mostrando un tierno sonrojo en su rostro que nunca antes había tenido más que la vez en que aprecio los fuegos artificiales por primera vez o cuando le pidió al Uchiha ser su padre por un sólo día.

Decidió hacer lo más sensato que su corta edad pudo decirle, se acomodó nuevamente y fingió dormir. Eligió disfrutar la escena él solo.

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Pasó una hora hasta que ambos morenos mayores empezaron a despertar.

Sus ojos se abrieron casi al mismo tiempo como si el despertar del otro fuera su impulso a seguir el día. En cuanto ambos abrieron los ojos, se miraron de frente, ya que el pequeño se encontraba una cabeza debajo de ellos.

Hinata no pudo evitar sonrojarse al ver al Uchiha enfrente suyo, nunca había estado tan cerca de él en una situación así, ambos, en una cama.

Por su parte, Sasuke la analizó, esperando que ella profiriera un grito que despertara al menor de la casa, cosa que no ocurrió, en cambio, la mujer se avergonzó al verlo. Una sonrisa de medio lado se asomó por los labios del portador del Sharingan, quien de inmediato se percató de que sus manos se encontraban entrelazadas, guardó silencio esperando que su compañera se diera cuenta de eso, más que nada para ver cómo reaccionaba.

Los deseos del Uchiha no se hicieron esperar, al cabo de unos segundos la madre se percató de que ambas manos se encontraban entrelazadas, un pequeño gemido de sorpresa se fugó de sus labios ante eso, el bochorno era inminente ante eso ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que tomó la mano de un hombre que no fuera su hijo? Mucho…

Ambos esperaron que el otro deshiciera la unión, cosa que no ocurrió, pero tras minutos de eterno silencio, ellos dos, al mismo tiempo, rompieron el contacto físico de forma lenta, evitando asustar al otro, más que nada para que no se confundiera con segundas intenciones.

Se acomodaron, uno antes que otro, haciendo diversos gestos.

La peliazul oscura no pudo ocultar su sonrojo, se acomodó el cabello como pudo, evitando ver al azabache a los ojos. Él, por su parte, desordenó sus cabellos para que adquirieran el estilo de siempre, aquel que se asemejaba a una cacatúa, pero quien se atreviera a hacer ese comentario podría despedirse de este mundo.

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-Hola –Saludó el Uchiha, sin dirigirle la mirada a su compañera.

-Buenos… Buenos días, Sasuke-kun –Respondió la mujer, sintiendo como la sangre se acumulaba, aun más, en sus mejillas- Etto… yo… -Empezó a jugar con sus dedos al tiempo que se levantaba para empezar a preparar el desayuno, mas él se le adelantó.

-Yo preparo el desayuno –Seguía sin verle, no obstante, le resultaba incómodo, jamás había tocado a una mujer de no ser por necesidad en una misión o para felicitar, pero en general no tenía contacto con las mujeres y menos físico.

-Pero… -Se levantó de la cama una vez que el Uchiha lo hizo- No hay problema con que yo lo haga, Sasuke-kun

-Mejor prepárate –Inconscientemente, la peliazul oscura pestañeo confusa- Eres la madrina de bodas, debes llegar temprano a ayudar con los detalles finales –Volteó a verla, alzando una ceja en el trayecto- ¿O no fue eso lo que te dijo el Hyuuga?

-¡Es verdad! –Gritó sobresaltada la portadora del Byakugan al recordar el compromiso con su primo. Observó a su hijo dormir, para luego sonreír al darse cuenta que estaba despierto- Fingiré que me engañó –Pensó sin malicia.

-Parece que ya se dio cuenta –Ambos adultos observaron al más pequeño fingir dormir, mas, su rostro semi sonriente y su reparación poco regularizada le delataba, sin contar que estaba más tieso de lo que un menor en los brazos de Morfeo se encuentra.

Con miradas cómplices, ambos dejaron al niño seguir con su farsa y salieron de la habitación, separándose en el pasillo, uno para ir a la cocina y la otra para darse una ducha para ir al compromiso. Los dos se encontraban con una débil sonrisa en sus rostros, las cosas iban mejorando entre ambos.

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Dentro de la habitación, Shinju esperó paciente hasta dejar de sentir los pasos de ambos adultos, una vez que dejó de escucharlos, se incorporó de golpe en la cama, con una sonrisa arrogante en su rostro- Los engañé –Pensó con ingenuidad, sin sospechar que no había cumplido su misión- Seré un gran Ninja –El ego que poseía se hizo presente en esos momentos, no obstante, a su mente llegó la escena de ambos seres amados por él, tomados de la mano sin ser conscientes de aquello- Quiero contárselo a los demás –Una risilla se escapó de sus labios, mientras sus mejillas volvían a sonrojarse de la alegría. Él ya podía verse contándole a Kiseki lo ocurrido, quien se había encariñado con la Hyuuga a primera vista, al igual que Sarutobi, esté no pudo evitar sonrojarse al conocerla, ya que se le hacía familiar.

- Yuhiko también estará feliz –Claro ¿Cómo olvidar a la niña mas sumisa y tranquila de Konoha? Ella misma le había dado la idea de intervenir entre ambos adultos- Y Tetsuya me dirá "Que aburrido… pero felicidades" –Saltó en la cama unos segundos, soltando una risa de alegría, sabía que si lo encontraban saltando sería regañado, pero valía la pena, se encontraba tan feliz como Naruto en una piscina rellena de Ramen.

Abrazó su almohada mientras sentía su cuerpo temblar de la felicidad de la que era dominado, tanto placer puro no podía ser humano, su diminuto cuerpo de infante no soportaba tanta alegría, incluso pequeñas lágrimas deseaban salir- Me pregunto si mamá sintió lo mismo cuando supo que yo iba a nacer –Se preguntó y se dio a sí mismo la respuesta que debió ser así. Shinju era muy pequeño, entendía que por su culpa su madre escapó de la aldea y que fue concebido sin amor, sin embargo, seguía siendo un niño, un niño que creía ciegamente en que la noticia de su concepción fue la más feliz en la vida de su progenitora.

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El niño de ojos de nube entró a la cocina ante el olor de Canela que invadía la casa a paso lento. Al entrar, Shinju notó la presencia del dueño de los territorios Uchiha, quien cocinaba el desayuno, lo cual extrañó al infante, ya que, su madre era la encargada de cocinar –Modo indirecto de pago por la residencia en el lugar- Pero, eso no fue lo que le extrañó, sino lo que preparaba el Uchiha: "Rollos de Canela", el platillo favorito de la Hyuuga ¿Qué hacia él preparando uno de los platillos favoritos de su oka-san? Fue el pensamiento del niño, lo cual solo logró ensanchar su sonrisa, definitivamente debía contarle sus logros a sus amigos.

-Buenos días –Saludó Sasuke sin verle de frente, solo concentrado en preparar ese desayuno contundente, después de todo, sería un largo día y no podrían comer mucho, después cenarían muy tarde Lo mejor era desayunar lo que más se pudiera.

-Hola, Uchiha-san –Correspondió el saludo el pequeño de cabello azulino oscuro, sonriendo ampliamente ante la simple presencia del mayor, quería reír, realmente era divertido haber sido el único espectador de la escena pasada, era su secreto.

-Shinju –El nombrado respondió con un sonido de afirmación, mientras se sentaba en su silla personal- Serás un buen Ninja –Aquellas palabras ilusionaron al menor, sin embargo…-Pero fingir dormir no es tu fuerte –El sonrojo fue instantáneo- ¿Me…-Me descubrió? Era demasiado notorio –Fueron los pensamientos de cada uno por separado.

-Pero fue un buen intento.

Ambos voltearon a ver a la dueña de aquella voz, encontrándose con la única mujer de la casa, vestida con su ropa habitual, una chaqueta color violeta claro con la insignia de los Hyuugas en cada hombro y unos pescadores negros. Ante tales atuendos, ambos hombres le vieron curiosos, a lo que ella respondió la pregunta silenciosa.

-Voy a regresar para el almuerzo –Explicó recibiendo una afirmación de los otros.

Todos se sentaron en la mesa para desayunar. El Uchiha observó la cara de felicidad de la Hyuuga ante el desayuno, las mejillas de ella se encontraban sonrojadas de la felicidad, en especial ante cada bocado que daba para saborear aquel manjar. Observó con determinación cada acción de ella, desde como tomaba los palillos hasta como masticabas los Rollos, parecía un niña pequeña a la que le compraron su helado favorito antes de irse a la casa luego de un mal día. Sonrió de medio lado ante eso, cocinar aquel platillo era como la firma que declaraba el fin de la guerra y el hecho de que ella los disfrutara significaba que el contrato ya estaba firmado.

Todo esto, era observado por el pequeño de cinco años, que no sacaba la sonrisa de su rostro, el verles juntos, Hinata y Sasuke, era algo que realmente Shinju disfrutaba, aun mas que comer Dangos.

Mientras el desayuno seguía su ritmo quedaron en lo siguiente: Shinju podría ir a jugar al parque, pero debía prometer no ensuciarse mucho para no tener que bañarse nuevamente antes de la boda, además, Hinata lo iría a dejar al parque camino a la mansión Hyuuga y Sasuke le recogería, ya que este último tenía que ir a la oficina del Hokage a ayudar a Naruto a terminar un papeleo antes de la boda.

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-Entonces el príncipe beso a la bella durmiente y el hechizo se rompió.

Eso fue lo primero que escucho Shinju al llegar al parque, él no esperaba que estuvieran todos sus amigos, pero al escuchar los gritos de Inuzuka Takeshi y la narración de Sarutobi, supo al instante que todos estaban, aunque se extrañó al no escuchar algún comentario rudo por parte de Hatake Akane, pero sospechó que ella llegaría tarde, como siempre.

Se acercó a los columpios, donde todos estaban rodeando a Sarutobi, quien se encontraba leyendo un pequeño libro color verde.

-La bella durmiente abrió los ojos y al ver al príncipe se enamoró de él –Shinju se acercó hasta quedar detrás de Tetsuya, quien poseía esa cara de aburrimiento en su rostro que tanto le caracterizaba- Todos en el reino despertaron –El cuento iba a terminar y parecía que nadie se había percatado de su presencia- Al poco tiempo, la bella durmiente y el príncipe se casaron –Los gritos femeninos no se hicieron esperar, nada entusiasmaba más a las niñas que ver que había un final feliz- y vivieron felices para siempre.

Todos presentes aplaudieron, a excepción de Sarutobi quien había leído el cuento infantil a los demás, se veía cansado de hablar tanto.

-¡Shinju-kun! –Un gritó al unísono se escuchó, lo cual hizo palidecer al niño nombrado. No pudo ver nada cuando ya era abrazado por Kiseki y Takeshi.

-Déjalo, mujer

La misma rutina de siempre, ambas le abrazaban y Tetsuya tomaba a Takeshi y la alejaba lo más que podía ¿Celos? ¿Quién sabe qué era lo que impulsaba al niño de cabello negro a alejar a la Inuzuka del ojigris? Celos de amigos tal vez, era lo más seguro. Luego, Akane o Sarutobi alejaban a Kiseki del azabache.

Pero esta vez no ocurrió nada de eso. Extrañado, el niño de ojos similares a las nubes observó a los presentes, percatándose de la presencia de dos pares de ojos desconocidos para él.

-Él es Shinju-kun –La suave voz de Yuhiko tomó la atención del nombrado, quien observó la razón de que nadie le ayudara con las niñas. Dos niños desconocidos para él se encontraban con sus amigos.

El menor, de unos tres años se encontraba con el seño fruncido, cabello cobrizo, entre el color sangre y el castaño, no poseía cejas, lo cual le hacía ver muy extraño en opinión de Shinju, también, tenía unos profundos ojos color aguamarina, similares a los de Tetsuya y con el contorno de sus ojos marcados con color negro. Aquel niño veía al azabache con el seño fruncido, como si le odiara por el simple hecho de nacer.

Shinju desvió la vista, que le vieran de esa forma no le apetecía.

El mayor, de cuatro años como máximo, tal vez rozando los cinco. Él tenía el cabello color castaño claro, casi convirtiéndose en rubio y de ojos color azul oscuro, casi negro, como él en noche de tormenta. Shinju se mordió la lengua al verlo ¿Por qué lo molestaban las niñas a él y no a ese niño desconocido? Aquél niño era una cabeza más alta que Shinju, lo supo con solo verlo. El niño se encontraba al lado de Yuhiko, quien le hablaba como si fuera lo más normal del mundo, algo que al niño sin padre le llamó la atención, pues, la niña de ojos color noche solía ser extremadamente tímida, en especial con los hombres, era como si les temiese y aun así, ella se veía muy relajada con aquél desconocido.

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-Shinju –La voz de Tetsuya le sacó de sus pensamientos, este se encontraba mirándolo con curiosidad.

-¿Man-Mande? –Tartamudeó el azabache, intentando separar la vista de ambos descocidos

El pelinegro de ojos color azul suspiró, al parecer, él le había hablado durante largo rato- Te decía que ellos son Eiji y Hiroto –Los presentó en orden, apuntando primero al pequeño y luego al mayor.

-Eiji… Eiji significaba… "Prosperidad y paz"…

-El menor es hijo del Kazekage –Le informó el de ojos color cielo, tomando por sorpresa al niño- Es como tú –Aquel comentario sorprendió al ojigris- Solo que él no tiene madre, murió cuando él nació.

-Me mira feo –Susurró Shinju sin temor, solo algo incómodo.

-Es que le gusta Kiseki –Tetsuya puso cara de asco ante eso- Las niñas son aburridas, no sé porque le interesa- Pensé que a Tetsuya-san le gustaba Takeshi –Fue el humilde pensamiento de Shinju ante eso.

Un par de ojos se posó sobre ambos, causándoles un escalofrió, observaron de reojo al dueño de esa mirada, aquél niño de cabello cobrizo estaba al lado de Kiseki, escuchando como ella hablaba a mas no dar con él, contándole sobre lo agotador que era ser hija de un Hokage y que ella también lo sería cuando fuera grande, que sería la Hokage más joven en la historia de la Hoja. Eiji, sólo se limitaba a verla y sonreír levemente, enviando una que otra mirada de desprecio a Shinju.

-Kiseki le habló mucho de ti –Susurró Sarutobi acercándose a ambos- No te acerques mucho a él, tiene un escudo de arena que le protege –Shinju le observó con sorpresa- Lo heredó de su padre, una vez por poco me caí encima de él y su arena me empujó, no entiendo cómo funciona, pero es temible –Ante cada palabra, el asombro del ojigris aumentaba, una mezcla de celos y admiración se sumó a sus ojos Impresionante Pensó sin pudor, si Eiji no controlaba su arena, cuando la controlara seria mas fuerte Yo seré más fuerte, para proteger a mamá.

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El momento fue arruinado por una tímida risa, las diversas miradas se posaron, esta vez, sobre Yuhiko y el niño que respondía al nombre de Hiroto. "Gran persona" Era el significado de ese nombre. Él y Yuhiko se encontraban jugando a las cosquillas, causando, nuevamente, sorpresa en el hijo de Hinata, quien observó con algo de recelo la escena, nunca había visto a Yuhiko reír de esa forma, de hecho, nunca le había visto reír, ni siquiera con las tonterías de Takeshi, esta última, se encontraba hablando con Kiseki y Eiji.

-¿Qué es eso? –Fue la pregunta impotente que esbozó Shinju al ver como Yuhiko le daba un juguetón beso en la mejilla al tal Hiroto, no le agradaba la escena, claro que no le gustaba.

-¿Qué cosa? –Preguntó Tetsuya bostezando sin tomarle importancia a la pregunta

-¡"Eso"! –Apuntó con el dedo al niño al lado de Yuhiko, causando desconcierto en sus dos mejores amigos.

-Hiroto –Respondió el niño mayor de ojos color rojos.

-Es mi primo –Concluyó Tetsuya- Al igual que Eiji, pero no son hermanos.

Eso no le importaba a Shinju, quien fuera y con quien tuviera familiaridad no le era de mayor importancia, pero…- ¡¿Por qué esta abrazando a Yuhiko? –Gritó lleno de cólera.

Los niños son celosos y posesivos, en especial antes de los 8 años. Son conscientes de que las demás personas no son objetos, pero de alguna forma, los etiquetan como "Propiedad" y este caso no era la excepción.

Kiseki podía hablar con Eiji sin causar celos de amigos en Shinju, porque, esté último era consciente de que Kiseki le prefería a él y no al extranjero, ya que le había saludado y abrazado al notar su presencia. Shinju seguía siendo un signo de efusividad en Kiseki.

Mas, el caso de Yuhiko e Hiroto era diferente, ella no lo había saludado con su tímido "Hola… Hola Shinju-kun" Ni tampoco se había acercado a preguntarle porque estaba sonriente, únicamente le ignoró, ella prefirió seguir hablando con el "cara de idiota" Según Shinju. Si le hubiese saludado, al menos con algún gesto de la mano, era pasable, sin embargo no hizo nada, solo dijo "Él es Shinju-kun" ¿Quién se creía ella? Yuhiko le había animado en momento de tristeza, le daba buenas ideas y solía hacerle sonreír ante los errores gramaticales de ella.

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Ante el gritó de Shinju, todos dejaron sus acciones para observarle, causando un sonrojo en el menor al darse cuenta que no había controlado sus impulsos ¿Pero cómo era posible controlarse si era un niño?

Era inevitable, seguía siendo un niño y los niños cometen errores.

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Quien le abrió la puerta a los territorios Hyuugas fue una Hyuuga del Bouke, que sonriente gritó: "¡Hinata-sama!" y le abrazó con efusividad, seguido de eso, varios Hyuugas de diversas edades se le acercaron, los menores se le quedaban viendo y le preguntaban a sus padres quien era ella. Escoltada de curiosos Hyuugas entró a la mansión de la rama principal, escuchando como los pequeños preguntaban porque entraba con tanta naturalidad, se rió internamente ante eso, hacia años, los pequeños le criticaban por entrar con desconfianza a su "hogar". Es impresionante lo que la maternidad hace, el dar origen a una nueva vida ayudó a Hinata a confiar más en ella.

Caminó por los pasillos a paso paciente, seguida por unos cuantos Hyuugas, algunos se quedaron atrás a divulgar la noticia que la verdadera heredera del Clan estaba de regresó, aunque la noticia era sabida, hasta el momento, ella no había tocado tierra en el lugar.

Hinata observo maravillada el lugar, con un aire de nostalgia veía que la decoración no difería de la última vez que estuvo allí. Sus ojos no dejaban de examinar los corredores, el patio, las habitaciones con puertas entreabiertas, era maravilloso, se sentía una niña de diecisiete años nuevamente. Joven y llena de vida.

-Hinata-sama –La voz grave y servicial de algún hombre llamó su atención. La peliazul giro con rapidez en busca del dueño de esa voz, lo conocía bien, aquél hombre que le acompañó antes de su declaración pública a Naruto, hacia más de ocho años.

-¿Ko? –Preguntó al aire la ojiperla, encontrando al nombrado y, abriéndose paso entre la multitud que le observaba.

Al verlo le reconoció, su piel pálida y su cabello tapado por una pañoleta negra y sus ojos tan blancos como los de ella, con ese pequeño toque a lavanda, sin contar con su ropa de Jounnin. Hinata sonrió al verlo y sintió el impulso de abrazarlo, pero aguantó sus impulsos infantiles.

-Hinata-sama –Volvió a repetir cuando estuvo frente a ella- A pasado tiempo –Saludó con una sonrisa

-Hai (Si), Ko, ha pasado mucho desde la última vez que nos vimos –Ambos sonrieron ante el pequeño encuentro.

-Supe lo de su hijo, Hinata-sama –Ante ese comentario, todas las ancianas cercanas empezaron a cuchichear entre ellas diciendo cosas como: "Que vergüenza para Hiashi-sama", "Y tan ejemplar que se veía esta niña" o "La mala junta, nomás, la mala junta". La nombrada arrugó el seño ante esos comentarios ¡Hacían parecer que Shinju fue un error! Y aunque fue así, Shinju era el más hermoso y maravilloso error que alguna vez cometió- Lo lamentó –Las palabras de Ko la sacaron de sus pensamientos, quien le veía con seriedad- Yo también fallé, debí protegerla.

Sus palabras eran sinceras, y de eso la peliazul estaba segura, muchos Hyuugas de la rama secundaria se culpaban por su embarazo, tal vez era momento de expirar las culpas.

-No, Ko, no tienes porque culparte –Una maternal sonrisa se hizo presente en su rostro- Yo elegí tener a Shinju, porque lo amo –Las miradas color perlas cambiaron sus gestos serios a gestos de confusión y el de algunas mujeres, de orgullo ajeno- Si no tuviera a Shinju… no sé qué sería de mi –Aquellas palabras llenas de amor dejaron perplejos a mas de algún Hyuuga de corazón de hielo- Con permiso, Otou-san me espera.

A paso firme y confiado, Hinata, se alejó de los miembros de la rama secundaria tras una reverencia. Su corazón empezó a latir con fuerza y se sintió levemente mareada ante tanto valor acumulado, sin contar con sus piernas que querían flaquear. Ella se sentía tan liviana como una pluma, tan bien se sentía que no pudo evitar esbozar una sonrisa.

Si algún día revelaba la paternidad de su hijo –Lo cual no ocurriría mientras ella viviera- Estaba segura que se sentiría de una forma similar. Con un gran peso liberado.

-"Esa es una madre de verdad"

Escuchó a lo lejos, aumentando su sonrisa ¿Una madre de verdad? Eso no tenía sentido, ella no era una "madre" era una "mamá". Términos diferentes y a la vez similares.

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El Uchiha entró al edificio del Hokage a paso calmado, ignorando a todos los que posaban su mirada en su persona, lo único que le interesaba era ver al dobe de su amigo y ayudarlo a acabar con el trabajo para ir a buscar a Shinju cuanto antes y tal vez pasar tiempo juntos antes de la boda.

Saludó a Shizune, quien se encontraba ordenando unos archivos. Sasuke se detuvo unos momentos a hablar con ella, nada mas por cortesía, cosa que la pelinegra captó y dijo que fuera a ayudar a Naruto o no llegarían a la ceremonia a tiempo.

El portador del Sharingan siguió su trayecto, hasta que llegó al pasillo para llegar a la puerta de la oficina de Tsunade y, junto a esta habitación, la de Naruto, quien aún debía terminar sus papeleos semanales para convertirse en Hokage al mes entrante.

De la oficina de la Hokage salió esta misma, que se veía algo atareada, ya que no venía con ninguna botella de Sake, sino con unos papeles y gritando algo sobre el trabajo.

-¡Shizune, falta el papel seis del contrato de intercambio con Ninjas que le ofreceremos al Raikage! –Claro, el hombre de tez morena y de cabello rubio de carácter fuerte, tras la derrota de Akatsuki y la extinción oficial de Orochimaru, ambos países firmaron un contrato de paz e intentaban llevarse mejor, pero no era muy posible considerando que en Konoha estaba el Uchiha Vengador.

-Tsunade-sama, buenos días –Saludó el moreno cuando la rubia se percató de su presencia.

-Hola Sasuke ¿Vienes a ayudar a Naruto? –Preguntó con una sonrisa mientras esperaba que Shizune trajera lo que pidió. El de ojos color negros como la noche asintió con la cabeza- ¿Cómo van las cosas con Hinata? –La pregunta llevó un aire pícaro ¿Y cómo no? Un hombre y una mujer sin lazos sanguíneos viviendo juntos, cualquiera pensaría mal o diría que entre ambos pasa algo de vez en cuando.

-Hmp… Es una baka –Una gota le salió por la nuca a la Quinta, quien no pudo evitar ver al Uchiha como si fuera el especímen de hombre más extraño que hubiese visto- Al menos estoy acostumbrado a estar con dobes.

La Hokage esbozó una sonrisa ante eso, eso significaba que las cosas iban mejorando.

Se despidieron con cortesía una vez que Shizune llegó con lo encargado. Sasuke se dirigió a la habitación continua a la de la rubia, sin tocar la puerta, el portador del Sharingan abrió la puerta, encontrándose con un Uzumaki enterrado en papeles, literalmente y con una banda que decía "¡Si se puede, dattebayo!" en la frente. El Uchiha puso sus ojos en blanco y bufó ante la escena, ahora recordaba porque Naruto era el peor alumno de la clase.

-¿Qué haces, dobe? –Preguntó entrando a la oficina y cerrando la puerta tras de sí. Caminó rodeando los papeles revueltos en el lugar.

-¡Teme! –Gritó el rubio hiperactivo con una mirada esperanzadora- ¡Qué bueno que viniste, ttebayo! ¡Ayúdame a ordenar o no podré llegar a tiempo a la ceremonia! –El Uchiha suspiró agotado, debió sospechar que la ayuda que solicitó el próximo Hokage era la limpieza del lugar.

-¿Por qué no se lo pides a Sakura, baka? –Observó el lugar, realmente era un asco, inclusive, en una esquina, habían pilas de tazones de Ramen y café, que aparentemente era cargado.

-Últimamente está muy enojada conmigo –El Uzumaki volvió a los documentos, despreocupado del carácter reciente de su esposa- ¿Por qué no me extraña? –Sasuke, en vista que no se libraría de tener que ayudar a su amigo, rival y hermano de diferente sangre, empezó a recoger los papeles que le impedían moverse, ni siquiera los revisó, sólo los junto en pilas y los puso sobre uno de los muebles que estaban en la habitación- Creo que Sakura-chan está embarazada, ttebayo –Habló de la nada Naruto, logrando que el portador del Sharingan, por pocos segundos, casi se le cayeran los papeles que llevaba ¿Cómo el rubio podía hablar de un tema tan importante con tanto descuido? –Está actuando igual que cuando esperaba a Kiseki-chan –Como una gata en celo. Muchos definieron a la antigua Haruno como eso, una gata en celo, ya que no aguantaba ni un error de su marido y era distante, gritona, llorona y sobre todo, extremadamente agresiva. Pero aun así, el rubio zorruno decía que su esposa nunca se había visto más bella.

Pasaron los minutos y Naruto seguía hablando de lo maravillosa que era su esposa y lo poco que le estaba viendo a causa del papeleo para asumir su rol de Hokage de la hoja. Convertirse en líder de una aldea no era tan fácil como Gaara y Tsunade le hicieron ver, se debía hacer varios trámites antes de todo, en especial ahora que reinaba la paz, aunque fuera temporal. Tsunade asumió el mando de la aldea sin mucho papeleo ya que el Tercero se encontraba muerto, lo mismo con Gaara, ante la ausencia de un Kazekage no hubo mayores inconvenientes, Danzo fue lo más fácil de todos los casos, como era un momento de crisis, a nadie le importó la legalización y distribución del nuevo mando.

-Por cierto, Sasuke –El nombrado hizo su típico gesto de asentimiento, dando a entender que escuchaba, aunque escuchar e importar son cosas completamente diferentes- ¿Cómo está Hinata-chan y Shinju?

-Están bien –Fue la única respuesta, a pesar de los años y la confianza entre ambos, no diría todos los inconvenientes que tenia con la Hyuuga.

-No he podido hablar con Hinata-chan desde lo del hospital… Tsunade-obaasan la ha mandado a muchas misiones que duran el día entero –Parecía deprimido. Naruto necesitaba hablar con su antigua compañera de academia, debía liberar su conciencia, al igual que muchos, él se sentía culpable por la "supuesta muerte" de ella y ahora del embarazo no deseado.

-No es buena idea A Sakura no le agradará la idea de que hables con una antigua enamorada tuya –La relación de los tres seguía siendo tan unida como siempre, por eso, él sabía perfectamente que la mujer de cabello rosa se volvería loca ante la sola idea de pensar en Hinata y Naruto hablando a solas.

Sakura confiaba en la Hyuuga, sabía que ella no era capaz de interponerse entre un matrimonio y mucho menos si ellos tenían un hijo de por medio, pero la inseguridad estará siempre presente al ver a su ser amado con la antigua o alguien que sintió un fuerte amor por la persona amada.

Sasuke era consciente de la forma de ser la ojos de luna; Ella no era como otras mujeres, aunque sintiese amor por el Uzumaki –Cosa que ya no existía- no sería capaz de robarle el amor que le pertenecía a la mujer de ojos verdes desde el matrimonio. El Uchiha sabía que Hinata deseaba la felicidad de sus amigos y Sakura con Naruto eran parte de sus amigos.

-Pero me pregunto... –Ordenó los papeles en un estante, observando que el lugar empezaba a verse de forma decente- Si alguna vez pensara en su felicidad, sin creerse egoísta.

La única vez en que la Hyuuga pensó en su felicidad, en la de ella y en la de nadie más, fue cuando se declaró a Naruto, la única vez que lo hizo, dijo que era egoísta por querer la atención de alguien a cualquier costo.

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-Son amigos de toda la vida, gusano gris.

Los tres niños que estaban hablando voltearon a ver a la recién llegada, Hatake Akane, quien se venía a paso tranquilo. Sarutobi suspiró al verla, mostrando una sonrisa de cansancio, Akane era un antónimo a puntualidad.

-Disculpen la demora, es que cuando venia me encontré con un pajarito que se cayó de su nido, busque el nido, pero como no lo encontraba… -En medio de la excusa fue interrumpida por Tetsuya.

-No nos interesan tus mentiras –Ante ese comentario, la peliblanca deseó tirarse encima del Nara, sin embargo, Sarutobi le sostuvo antes que hiciera algo.

-Akane-san –Habló Shinju, con las mejillas sonrojadas y observando a otro lugar- ¿Yuhiko-kun y esa cosa se conocen desde hace mucho? –Preguntó con pudor, intentando no verlos, pero le era imposible, su orgullo de amigo, hombre, llámenlo como quieran. Shinju era egocéntrico, no le gustaba llamar la atención, pero le gustaba que hablaran de él; Algo que seguramente sacó de su padre; No obstante, no le agradaba la idea de ser ignorado o que lo superaran en cosas que le interesaban.

-De toda la vida, cuando Yuhiko nació, Hiroto estaba de visita aquí con su padre… Canguro.

-Kankuro –Corrigió Sarutobi y Tetsuya.

-Como sea –Escupió las palabras la niña- Ambos son los mejores amigos –Tomó el cuello de la camisa de Sarutobi y lo puso a su lado- Como esté y yo.

-¡Pero no es justo! ¡Yuhiko es mi amiga! –Tan fuerte gritó, que todos los niños posaron sus ojos sobre él, que no parecía darse cuenta que era el centro de la atención. Sólo Hiroto y Yuhiko no se percataron del grito ni lo que decían aquellas palabras, porque ambos estaban ocupados jugando con unas marionetas que Hiroto había traído.

-¡Por Dios, gusano! –Gritó la Hatake- ¡Deja de actuar como un idiota celoso!

-¡No estoy celoso! –Gruñó, mientras, Kiseki, Eiji y Takeshi se le acercaba - Sólo que esa cosa no me da confianza ¡Puede hacerle daño a Yuhiko-kun!

Ante ese comentario, en la nuca de Akane, Tetsuya y Sarutobi salió una gota de incredulidad. Kiseki se entristeció porque Shinju no se preocupaba tanto por ella. Eiji sonrió de forma malvada ante el sufrimiento del ojigris. Y Takeshi mostró apoyo en su mirada.

-Como que si estas algo celoso… -Pensó en voz alta Sarutobi.

El azabache escondió sus manos en los bolsillos, mascullando por lo bajo que no estaba celoso- Shinju-kun… -Pensó Kiseki, con tristeza, mientras, Takeshi pensaba- Estoy contigo mi amado Shinju-kun, Yuhiko está muy cómoda con Hiroto ¡Y no me está tomando en cuenta! ¡Mi hermosa Yuhiko-hime! Esta haciendo sufrir a mi adorado Shinju-kun!

-Oye, tú –El niño de ojos grises tomó atención al hijo del Kazekage de Suna, observando sus ojos color aguamarina- No actúes como si fueras el centro del universo –Expresó el niño de cabello color cobre rojizo, provocando que el niño sin padre le viera con seriedad.

-No me creo el centro del universo –Shinju frunció el seño- Tampoco es algo que te incumba.

-Me incumbe… Hiroto es mi primo mayor… -Entrecerró los ojos, combatiendo con los grises de su interlocutor- Tenle respeto.

-¿Y quién te crees que eres para pedirme respeto? -Esta vez fue Eiji quien gruñó, mostrando su disgusto.

EL ambiente se empezó a poner algo tenso. Sarutobi pensó que debía intervenir, después de todo, era el mayor y tenía que hacer algo, conociendo el carácter sobre protector de Eiji por sus primos, debido a su gran cariño por ellos. Shinju era una persona equilibrada, pero si se metían con él, podía pasar cualquier cosa, desde que el azabache empezara a insultar al otro hasta hacerlo llorar o que intentara hacer alguna técnica Ninja y fracasara por hacer más de lo que estaba a su alcance en ese momento.

-Este… -Vaciló Sarutobi, rascando sus cabellos castaños como los de su difunto padre- ¿Akane?

-¿Si, Sarutobi? –Contestó intentando sonar amable, ella tampoco quería ver una pelea verbal que no llevaría a golpes.

-Bueno, yo… -Los otros dos seguían en su aura de rivalidad, el ojirojo buscó con la mirada algo de qué hablar, hasta que recordó que tenía el libro de cuentos- ¡Es cierto! No llegaste a tiempo para escuchar el final del cuento.

Los demás empezaron a tomar atención a la conversación de los mayores- ¿Para qué? siempre terminan igual.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Takeshi, olvidando que los otros dos niños estaban que se mordían- Los cuentos no se parecen en nada –Puso sus ojos en blanco unos segundos- ¿Qué tiene que ver los tres cerditos con la bella durmiente? Nada –El ladrido de la cachorra Yamaki le acompañó, aquella cachorra blanca que siempre se escondía entre las prendas de su dueña.

-No me refiero a eso, boba –Akane puso ambas manos en su nuca- Me refiero a que todos terminan con un "Y vivieron felices para siempre".

-Y con una boda –Agregó Kiseki, con voz risueña- Amo las bodas, dattebayo –Sus ojos se volvieron cristalinos ante la ilusión de una boda de princesa. Ella ya se podía ver vestida de blanco junto a azabache- Una mujer es feliz cuando se casa –Habló feliz de la vida, captando la atención del dueño de sus fantasías, quien no dudo en dejar su disputa de miradas para tomar atención a la conversación.

-No es necesario casarse para ser feliz –Protestó Sarutobi, consciente de que su madre no se había casado con su padre.

-Pero… -La sorpresa no fue menor cuando Akane abrió la boca para hablar- Una boda es el día más importante en la vida de una mujer –En sus mejillas apareció un pequeño sonrojo y ladeó la cabeza para no verles- Inclusive alguien como yo quiere casarse.

-¿Para qué casarse? –Preguntó con indiferencia la Inuzuka- Al final te divorcias, no le veo el caso –Una opinión válida, mas, Kiseki interfirió.

-¡No es cierto! ¡Mamá y Papá se aman, dattebayo, ellos no se separarán nunca! –Sus palabras eran seguras, no era el tono chillón de siempre, hablaba del corazón, la pelirosa-rubia apostaría en que sus padres jamás se divorciarían- ¡Papá ama a Mamá y ella a él!

Una nueva discusión iba a empezar, no obstante, esta duraría menos. Todos esperaban escuchar a Kiseki defender el amor de sus padres versus la falta de esperanza en el matrimonio de Takeshi.

-¿El matrimonio es importante?

Esa pregunta desorbitó al grupo, quienes observaron a Shinju con curiosidad, este les veía con gesto ingenuo e incrédulo en su cara, como si no supiera la respuesta a esa pregunta de la que un niño de un año respondería sin dudarlo.

-¿Las mamás son felices cuando se casan? –Volvió a preguntar, todos intercambiaron miradas, sin saber.

-Sí, las mamás son felices cuando se casan –Contestó Sarutobi- Mamá me dijo que amaba a papá y que si se hubiese casado con él, hubiese sido la mujer más feliz del mundo, pero que no se arrepentía de nada.

-Toda mujer piensa eso –Concordó Takeshi mal humorada- Genma-otosan y Hana-okkasan se casaron, aunque no duraron mucho, Okka-san siempre habla feliz de su boda.

-Es aburrido… pero a las mujeres les gusta.

-La madre de Yuhiko lloró cuando se casó –Rió Takeshi- Y se arruinó todo su maquillaje, fue divertido.

Ese último comentario desoriento un poco al pequeño descendiente del Clan Hyuuga, quien no entendió como Takeshi estuvo presente en la boda de los padres de Yuhiko, sin embargo, no le tomó atención a eso.

Shinju pensó en su madre.

Hay mujeres que le temen al matrimonio, por miedo a no amar a alguien para toda la vida o por miedo a estar cometiendo un error; Otras, detestan el matrimonio por miedo a sufrir maltratos por parte de su pareja o, en otros casos, a depender de alguien que pudiese dominarlas. Pensamientos que a veces pueden hacerse realidad o no.

El niño de ojos grises pensó en su madre, intentó verla con un vestido de bodas, de blanco enfrente de un altar, sosteniendo un ramo de rosas rojas o blancas, con un tierno sonrojo en sus mejillas y con alguien al lado suyo, observándola con amor. Fue entonces que él cayó en cuanta de una dolorosa verdad, su madre nunca había pensado en amar desde que perdió a su primer amor.

Pero eso se puede arreglar. Si alguien podía amar tanto a su madre como él mismo, era Uchiha Sasuke, y su tierna mente de infante ya tenía claro cómo hacer que estuvieran juntos más rápidamente.

Shinju recordó algo importante:

"Quien consigue el ramo de la novia, es la siguiente en casarse"

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En ese pequeño poblado en medio de la nada, todos se conocían, mantenían sus relaciones de forma estrecha y todos eran conscientes de lo que le ocurría al otro, se mantenían alejados de las grandes civilizaciones como Suna, Iwa y Konoha. El pueblo se valía por sí mismo. Ellos, también, ayudaban a cualquier extranjero mal herido que encontraran en el camino.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?

Y un extraño, de ojos negros como la noche y cabellera color carbón, no era la excepción en cuanto a ayuda se refiere.

-Tres meses.

No tenían un hospital, ni mucho menos una clínica, pero si tenían a un médico, este no podía salvarles la vida en un ataque Ninja, pero si los curaba de heridas profundas o resfriados intensos. El doctor atendía en su humilde cabaña, donde, estaba alojando al más nuevo de sus pacientes, un hombre de unos veintinueve años.

El doctor era un hombre ya entrado en edad, canoso y con la espalda ligeramente encorvada y que se ayudaba con un grueso bastón.

En esos momentos, el doctor se encontraba en la habitación de su paciente, quien seguía en reposo, mas, este se quería ir, sólo había que ver su expresión seria para saberlo.

-Sé que debes estar preocupado por tu esposa e hijo, pero estoy seguro que están bien, este viejo lo puede sentir en sus malgastado huesos –Bromeó el doctor, consiguiendo que el paciente gruñera ante ese comentario- Realmente me sorprende que estés casado, te vez muy joven, pero cuando despertaste e intentaste escapar, repitiendo el nombre de tu esposa e hijo me sorprendiste –El anciano soltó una risa seca, incomodando al joven- ¿Cuál era tu nombre?

-Itachi –Respondió tras un suspiro el nombrado.

-Si, Itachi, realmente me sorprendiste cuando dijiste… ¿Cómo eran los nombres?

El nombrado llevó una mano a su cara, si no fuera por sus heridas, se hubiese ido cuanto antes, ese anciano era pero…. que Kisame o Deidara, sin embargo, guardó silencio, no tenía que responderle nada a ese señor.

-Veo que todavía no me tienes confianza –Por Kami-sama, Itachi ya podía ver florecitas y arcoíris alrededor del anciano, se notaba que no tenía muchas visitas, sino, no conversaría tanto- En fin, me sorprendió cuando Kira y Satoshi te trajeron, te encontraron flotando sobre el río que sigue al acantilado ¿Te caíste?

-Me tiré… -Respondió el ojinegro, no iba a dejar que creyeran que era un debilucho, claro que no.

-¡Ho! Entonces, deduzco que te tiraste para salvar a tu esposa e hijo.-Habló con picardía el anciano, causando una sensación extraña en el joven, tal vez asco por escuchar a una persona en la tercera edad con tono de "conquista".

-Ella no es mi esposa…

No, Hinata no era su esposa, Hinata era sólo Hinata.

No podría estar nunca con ella, ya que, el recuerdo Hoshi seguía fresco en la mente del pelinegro.

Hoshi, su Hoshi, la primera mujer que no se fijó en su imagen y la única mujer que le gritó: "Sólo eres un estúpido egocentrista que cree que tendrá todo con una sexy sonrisa y una mirada seductora" acompañado de un "¡Te detesto!" Tal vez esa fue la primera vez que el deseo de estar junto a una mujer nació en su interior; años más tarde, un sentimiento similar se creó con Hinata.

Pero a pesar que Itachi amaba a Hinata y a Shinju… El recuerdo de Hoshi seguía fresco en la mente de él.

La historia de ambos, el desprecio que los unió al principio, el amor que nació, la comprensión del otro, el fruto de su amor que nunca llegó a florecer y sobre todo, las últimas palabras que Hoshi le dirigió a Itachi: Te odio.

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-¡Hinata!

La nombrada entró al jardín de ceremonias del Clan Hyuuga, a continuación escuchó su nombre siendo gritado por la novia, quien no se inmutó al ver la ancha puerta de la entrada privada abrirse con lentitud.

La Hyuuga dada por muerta hace más de seis años observó a su antigua amiga de infancia.

Tenten se veía en todo su esplendor, usaba un Kimono de novia tradicional de Japón, con pliegos de tela sobre todo su cuerpo, dejando, únicamente, a la vista sus manos y cabeza. El cabello lo usaba suelto, dándole un aire más maduro; no obstante, el maquillaje era ligero pero elegante y los labios estaban pintados con un hermoso color carmín entre rosa y sangre.

-Tenten… -Susurró Hinata una vez que dejó de contemplar a la nombrada- Estás hermosa.

-Gracias –Se le veía nerviosa y feliz, con las mejillas tan sonrojadas como nunca se le habían visto- Me alegro que hayas llegado temprano, no te imaginas lo agotada que estamos nosotras –Expresó, dándose la vuelta- Neji quería todo de forma tradicional, pero logré convencerlo de decorar el lugar de forma que me gustara a mí.

Hinata, entonces, tomó atención al lugar.

En el jardín había, como mínimo, cien sillas blancas, cincuenta de cada lado, enfrente de estos, un altar blanco. La decoración del lugar no le importó mucho, más que nada, eran millones de flores decoradas de forma que resaltaran la belleza de las otras flores sin opacar ninguna- Ino –Pensó la Hyuuga, buscando con la mirada a la susodicha, sabía que seguiría por ahí, pues habían flores sin arreglar por el suelo.

Yamanaka Ino se encontraba en una esquina del lugar, arreglando un gran ramo próximo al gran pastel de bodas que era de tres pisos. La rubia de ojos azules tenia puesto un vestido negro que le hacia lucir joven, pero, algo llamó la atención de la ojiperla y eso fue que se veía una diminuta barriga abultada por debajo del vestido que, de por sí, era suelto.

-Está embarazada –Pensó en voz alta la peliazul, recibiendo una mirada de sorpresa de su nueva cuñada, no por la información, sino porque la barriga de la Yamanaka aun no crecía.

-¿Cómo lo sabes? –Preguntó curiosa.

-Sólo… sólo lo sé –Tartamudeó. Es increíble que cuando una mujer da a luz por primera vez, crea un sexto sentido que le permite saber cuándo otra mujer está en estado de espera o no. Ino se acercó a las dos mujeres, con una sonrisa en su cara y tarareando una canción infantil.

-Exacto, Hinata –La rubia de ojos cielo sonrió al estar junto a ellas dos- ¡Tengo cuatro meses! –Aquella información desconcertó a la Hyuuga, quien no pudo evitar abrir levemente la boca ante eso- Me enteré hace una semana ¿No es genial? –La ojiperla observó el rostro radiante de la Yamanaka, sintió celos.

-Ino quiere tener a su bebé –Fingió una sonrisa vacía, observando el rostro de su antigua compañera de academia, mientras esta hablaba sobre que no se había percatado de su estado hasta que Sakura se lo confirmó.

Hinata sintió celos de la felicidad de la rubia, le hubiese gustado haberse sentido tan feliz ante su embarazo no deseado, ojalá lo hubiese disfrutado, sin embargo, le ocurrió todo lo contrario. Quise deshacerme de Shinju, deseé matarlo, para mí era un estorbo… el resultado de una noche, lo quería matar, quería asesinar a mi propio hijo. Tenten e Ino se miraron confusas al percatarse de las lágrimas que empezaban a asomarse por los ojos color perla. Por poco lo hago… por poco asesino a la razón de mi existencia, si no fuera por Hoshi e Itachi… si no hubiese tenido el apoyo de ellos dos, si no me hubiesen obligado a tener a Shinju…

-¿Hi-Hinata? –Tartamudeó sorprendida Ino, al ver como la susodicha la abrazó en un impulso.

-Felicidades, Ino –Dijo en un sollozo de alegría la peliazul- Serás una excelente madre.

Porque ya lo amas sin que tu hijo haya nacido…

Aunque por lo general… los niños no queridos son los más amados al nacer.

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Sasuke y Naruto siguieron su conversación trivial, aunque, era el Uzumaki el único que hablaba, el Uchiha le escuchaba por muy aburrido que fuera el monólogo de su amigo y rival. De pronto, el sonido de la puerta siendo tocada por afuera los distrajo, seguido de los sonidos se escuchó unos ruidos de alguien gritando: "¡Oigan! ¿Están allí?". Ambas personas que estaban en la oficina intercambiaron miradas fugaces, el "Naruto de Suna", como le nombró Temari un día, había llegado en compañía del Kazekage.

-¡Gaara, Kankuro, entren, dattebayo!

Los nombrados no se hicieron de rogar, entrando a la habitación. El Kazekage, el menor de los dos hermanos, entró a la habitación primero, a paso tranquilo y sereno como siempre, por otro lado, el mayor de los hermanos entró haciendo gala de su actitud infantil ante momentos de paz ¿Quién creería que esa misma persona animada era uno de los más fuertes de la arena y los más serios a la hora de pelear? Sólo lo creería aquel que lo viera en plena acción de guerra.

-Hola chicos –Habló Kankuro sonriente, moviendo ligeramente su pintura de cara que, como siempre, mostraba una imagen diferente- Disculpen la demora, pero fuimos a dejar a Hiroto y Eiji al parque principal de Konoha.

-¡Llegan justo a tiempo, dattebayo! –Gritó emocionado el próximo Hokage, recibiendo como respuesta la voz seca y grave de Gaara.

-No –Fue todo lo que dijo, cosa que desanimó al rubio y dejó algo desconcertado al castaño recién llegado.

-En fin… -Balbuceó el hermano del pelirrojo- Nos enteramos que Hyuuga Hinata está de vuelta.

-Así es –Asintió Naruto, intentando parecer serio, pero una sonrisa se le escapó, a pesar de todo, la Hyuuga seguía siendo su amiga- ¿No es genial, ttebayo? Hinata-chan no ha cambiado en nada, aunque creo que ahora está un poco más gorda…

El sonido de un golpe en la cabeza se escuchó en el instante en que el ojiazul terminó la oración anterior. Sasuke le había golpeado con una fuerza similar a la de Sakura, mostrando el seño fruncido, claramente, molesto por el comentario de su hermano de otra sangre.

-Dio a luz, dobe –Expresó como si fuera lo más obvio del mundo y lo era- Las caderas de las mujeres crecen al tener un hijo.

-¡¿Qué, de verdad? –Gritó el hermano del Kazekage en compañía del rubio de Konoha- No tenía idea, pensé que Maya había subido de peso –Continuó el castaño tembloroso.

-Con razón Sakura-chan me golpeó cuando le pregunte si había engordado… -Los dos miembros más infantiles de sus respectivos equipos empezaron a lamentarse.

Por otro lado, Gaara observó como su amigo y su hermano empezaban a contar en lamentos las veces en que les pegaron o insultaron por decir cosas sobre la aparente subida de peso de sus esposas tras el parto. El pelirrojo observó por el rabillo del ojo izquierdo al Uchiha, que en silencio seguía con su tarea.

-también se dice que el hijo de Hinata estuvo a tu cuidado –Comentó al ojinegro, quien sonrió de medio lado.

-¿Acaso Sunagure está al tanto de todo lo que ocurre en Konoha? –Ironizó sin malicia.

-Si cuando se trata de una especie de clon en miniatura.

Aquellas palabras desorientaron al Uchiha, había pasado un buen tiempo desde la última vez que alguien llamó a Shinju "Mini-Sasu-clon" realmente debía darle méritos a Naruto, había esperado encontrar un buen seudónimo para el niño, lástima que ya nadie lo usaba.

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Ya eran las doce del mediodía y los niños empezaban a dejar el parque para ir a arreglarse para la ceremonia que se llevaría a cabo en dos horas. Algunos niños se fueron solos como de costumbre, mientras otros, como, Akane y Sarutobi se fueron juntos. Llego Naruto al rato, en compañía de Gaara y Kankuro, quienes no dudaron en ver sorprendidos al niño, realmente era igual a Sasuke; Debido al apuro, ellos tuvieron que irse rápidamente, tomando a Kiseki, Eiji y Hiroto, esté último recibiendo una mirada de rencor del ojigris. Naruto le dijo a Shinju que Sasuke le vendría a buscar en unos minutos, pues, la Quinta quería hablar de él sobre un asunto de importancia.

Al final, sólo quedaron Yuhiko y Shinju, quienes esperaban a sus adultos de cuidado.

Shinju se sentó en el pasto, observando las nubes pasar como si fuera lo más interesante del mundo. La niña se sentó a un metro de distancia del pequeño azabache.

-Me ignoraste –Soltó de la nada Shinju.

La castaña oscura desorientada por eso volteó con rapidez a verlo, tan rápido fue su acción que cayó al suelo ante el mal movimiento- ¿Nani…? -Se incorporó un poco, quedando de rodillas en el suelo y apoyándose de las palmas de sus diminutas manos- ¿Yo…?

-Hai (si) –Afirmó mal humorado el azabache- Por estar con ese tal Hiroto. –Escupió el nombre con veneno, él estaba acostumbrado a ser el centro de atención de sus amigos y no le agradaba la competencia ¿Contradictorio? Si, lo era. No le gustaba la atención de los desconocidos o adultos, pero si la de sus amigos.

-Es… Es que no le veo mucho –Se excuso la niña, siendo ignorada por su amigo.

-Yo te quería contar algo muy importante –Hizo un puchero que mostraba que estaba ofendido, logrando que la pequeña entristeciera.

-Gomen nasai (disculpa)…

-No te lo diré porque me ignoraste –Sentenció el niño, mostrando una sonrisa de superioridad- Pero sabrás lo que es, en la boda de Neji-jisan lo verás.

El viento sopló con fuerzas, dando aviso a que el otoño empezaba, los cabellos de ambos niños se menearon con la brisa. Un escalofrío recorrió la espalda de la menor, empezando desde el fin de su columna hasta la nuca, dándole una fría caricia similar al toque de la muerte; era un presagio, lo sentía por todo su cuerpo, fuera lo que fuera, lo que imaginaba el niño de ojos color nube, no terminaría bien.

La idea, esa idea podría causar dolor en alguien, decepción o incluso lágrimas a una persona que Shinju amara, o tal vez a él mismo.

-Shinju-kun… -Llamó la ojos de onix- Por favor… Por favor no lo hagas… -Sus ojos se humedecieron, tenía un mal presentimiento, lo que iba a pasar sería malo para Shinju, ella lo presentía- Podría… Podría pasar algo malo…

El de ojos grises frunció el seño con fuerza, no le gustaba que criticaran sus ideas- No pasará nada malo –Dijo en medio de un gruñido- Al contrario, mamá estará feliz y Uchiha-son también –Su rabia cambió rápidamente a felicidad.

-Pasará algo malo… -Insistió, sintiendo una opresión en el corazón.

Shinju gruñó en el acto, no le gustaba que le llevaran la contra y mucho menos si se trataba de una niña- ¡Funcionará! –Se levantó de golpe, apretando los puños. Él estaba enojado, la niña de cabello castaño oscuro dudaba de las ideas de él ¿Quién se creía? Ella sólo era una niña que no sabía defenderse sola y que lloraba ante la soledad- ¡Yuhiko, eres una molestia!

Hubo otro silencio, esta vez más prolongado.

Shinju mantuvo su seño de forma temblorosa, acaba de decir algo cruel para su amiga, sabía que ella era sensible, se preocupaba mucho por los demás y se ponía nerviosa con facilidad, también le agradaba no defraudar a los demás; él sabía que la había lastimado, mas, jamás pediría perdón a alguien que no fuera su madre o el Uchiha.

Por su parte, la hija de Shizune, abrió sus ojos a más no poder, mientras pequeñas lágrimas cristalinas empezaban a escaparse por sus ojos color carbón; Observó a su amigo con el corazón latiéndole a mil por hora, palabras tan crueles nunca esperó escuchar de él.

-perdón… -Balbuceó, sin despegar sus ojos de los grises de su amigo- No… No me meteré mas en tus… cosas.

-Mejor vete –Dió vuelta sobre su propio eje, dándole la espalda a la niña, quien seguía temblando.

-perdón –Repitió Yuhiko, mientras lloraba a lágrima suelta- Shinju-kun, lo siento…

-Te dije que te fueras ¿Sabes irte sola a la oficina de tu madre o no? –La niña asintió levemente con la cabeza, sin atreverse a articular palabra alguna- En ese caso ve de una vez.

La castaña obedeció sin protesta alguna, sin apartar sus ojos del niño de cabellera azulina, hasta que dio por completo la vuelta, dispuesta a marcharse del lugar- Gomen nasai… -Volvió a repetir, recibiendo caso omiso del niño. Con la cabeza gacha, Yuhiko se alejó del lugar, volteando cada cierto tiempo para ver si Shinju le observaba, cosa que no ocurría; mas lágrimas saladas salieron de los ojos de ella.

Shinju era su amigo y ella haria lo que fuese por sus amigos, inclusive morir.

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Los invitados empezaron a llegar a la mansión en cuanto fueron las tres de la tarde en punto; la emoción se sentía por el lugar, aunque muchos pensaran que era a causa de la boda del orgullo del Bouke, Neji, esas personas se equivocaban, la verdadera razón por la que se causaba tanto furor en una ceremonia que debía ser privada era la presencia del Kazekage de Suna y la desaparecida Hyuuga Hinata. Ambas figuras, pocas veces vistas por Konoha, ignoraban el escándalo que provocaban, cada uno a su forma. El pelirrojo, líder de su aldea, hacia caso omiso a la población de Konoha, mientras, la peliazul se sonrojaba y escondía su rostro con su flequillo y hablando con su hijo sobre que debía quedarse muy calladito mientras su nueva tía caminaba rumbo al altar.

El Uchiha llegó en compañía de la Hyuuga y del niño al que tanto aprecio tenia, ambos adultos, a un costado diferentes del pequeño ojigris, quien parecía ajeno a todo lo que ocurría.

-No debo sentirme culpable… Ella se lo buscó por ser tan pesimista –Esa era la clase de pensamientos que ocupaba la mente del niño, quien poseía un diminuto kimono azul oscuro con el signo del Clan Hyuuga en la espalda y daba torpes pasos a causa de las sandalias que su madre le había forzado a usar. Apretó con fuerza la mano de su madre, en señal de molestia.

- Tranquilo… Es por tu jii-san –Le dijo su madre. Hinata usaba un kimono color celeste blanquecino, que combinaba a la perfección con sus ojos color perla, su oni era color violeta gentil, y su nudo era en forma de rosa florecida en plena primavera, indicando que era de un clan importante.

-No creo que esté así por la boda –Pensó Uchiha Sasuke, vestido con un kimono masculino negro, dejando al descubierto la mitad de su bien formado pecho.

Todos los presentes se les quedaron viendo con cierta sorpresa y otros con ternura. Ellos tres realmente parecían una familia y más aun por sus atuendos, era como si el yin se hubiera fusionado con el yang para crear el equilibrio perfecto entre ambos. Uno que otro invitado de menor importancia comentaba el cómo se veían los tres y entre las mujeres apareció un nombre singular para aquella fusión: "Yiang"; Ese nuevo término provocó burla entre los varones, quienes se limitaron a decir que: Si Hinata era la luz y Sasuke la oscuridad, Shinju debía ser la penumbra: Haiiro (Gris).

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La ceremonia empezó a los pocos minutos en que llegaron todos los invitados.

Neji poseía un kimono masculino negro, tradicional en las bodas, sin tener ninguna insignia en el atuendo. Neji se veía bien a ojos femeninos, provocando que su propia prima se sonrojo levemente al verlo.

Tenten entró al jardín, por la puerta que daba al salón principal del lugar, siendo admirada por todos los presentes, hombres, mujeres y niños le vieron fascinados ante la belleza de la que era portadora ese día en especial, era como si toda la belleza que había mantenido escondida hubiera salido a flote para esa ocasión.

Los ojos inocentes de Shinju observaron maravillado como se concretaba la boda, mirando como la novia se situaba al lado de su futuro marido, admirando él como el sacerdote daba las bendiciones, ambos novios mirándose con un amor del que él nunca fue testigo y en especial, como se besaban en entrega mutua llenos de una pureza y castidad de la que solo veía entre sus amigos.

Eso era amor.

Un amor tan fuerte y puro, que ni el más oscuro deseo podría destruirlo, de eso estaba hecho el matrimonio.

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La ceremonia concluyó al cabo de una hora, no hubo inconvenientes, cosa que extrañó a la mayoría de los nueve novatos y a Sai, ya que en las bodas que ellos tenían, siempre ocurría algún escándalo y pensaron que esa no sería la excepción. No obstante, al parecer, la reaparición de la Hyuuga ya era todo el escándalo que se produciría en la ceremonia.

Todos los invitados pasaron a la sala de eventos, hablando animadamente y riéndose.

Hinata acompañó a Shinju en todo momento, cosa que le extrañó ¿Por qué su hijo no quería estar con sus amigos? La respuesta era el nombre de una niña. Shinju no dejaba de ver por el rabillo del ojo a la castaña de eterno chaleco amarillo, esta, desviaba la vista cada vez que notaba la mirada ojigris sobre ella, el presentimiento de sufrimiento todavía no abandonaba su ser, mas, se limitó a ocultar sus lágrimas frente a sus padres, igual que todos los días.

Shinju intentó concentrarse en la fiesta, los globos, la tarta, recientemente partida por el nuevo matrimonio, sin contar con los bailes que efectuaban todos a su alrededor, sin embargo, su madre no bailaba con nadie, únicamente se limitaba a hablar con su hermana, Hanabi, quien había ido en compañía de Konohamaru, una especie de imitación de Naruto.

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-¡Ey, Hinata! –El azabache de reflejos azulinos observó al que llamaba con tanto furor a su madre, Inuzuka Kiba, ese hombre era agradable a plena vista, se notaba alguien muy impulsivo y animado- ¿Quieres bailar? –Sonrió ampliamente una vez que estuvo frente a la peliazul, quien ni siquiera se sonrojó, más bien, se limitó a sonreír con nostalgia, pero su rostro cambió a duda al posar sus ojos sobre su hijo.

-Yo puedo quedarme con él –Se ofreció Hanabi, sonriente de poder cuidar a su sobrino favorito, y único- ¡¿Nani? ¡¿Mami bailará con tío Inuzuka? –abrió su boca en gesto infantil para retener a su madre, quien ya le había besado la frente y con un "regreso pronto" Cosa que dejó al pequeño boquiabierto.

-Hanabi-obasan –Habló sin despegar sus ojos del hombre que le había arrebatado a su madre en un descuido- ¿Quién es él?

Hanabi sonrió ante esa pregunta, era obvio para ella que Shinju nunca se había encontrado con un "pretendiente" para su madre- Es Kiba, era amigo de tu madre cuando eran niños –El dato llamó la atención del niño, quien no dudó en seguir observando cómo ambos adultos bailaban al compás de la música; odiaba admitirlo, pero su madre se veía feliz al lado del castaño de mejillas pintadas- Que ni lo sueñe, mami será para Uchiha-san –Pensó con ira al ver como Kiba le susurraba algo en el oído a Hinata-, provocando que esta se sonrojara y negara con fuerza con cabeza y manos.

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El día siguió de la misma forma. Entre risas y bailes los adultos siguieron festejando la ocasión, mientras los niños comían dulces y se burlaban de lo mal que bailaban Maito Gai y Rock Lee. Sasuke hablaba con Shikamaru y con Chouji.

Todo parecía normal en la fiesta, hasta que llegó el momento que tanto espero Shinju: Cuando la novia tiraba el ramo y se predecía quien sería la siguiente en unirse en sagrado matrimonio.

-Al fin -Sonrió Shinju al ver que por fin tendría la oportunidad de hacer su cometido. Miró a todos lados, en busca de su madre, encontrándola en una mesa apartada del lugar donde se encontraban las solteras dispuestas a atrapar el ramo- Perfecto –Mostró una sonrisa de medio lado, mientras buscaba al Uchiha con la mirada, quien hablaba con Chouji y Shikamaru- Se van sorprender –Por poco soltó una risa burlona, ya se imaginaba la escena, con su madre feliz y el azabache mayor abrazándolos; formarían un abrazo entre los tres, él, Uchiha-san y su madre.

-¿Listas? –Preguntó entre risas Tenten, amontonando a las solteras en mitad de la habitación- Ahora sabremos quién será la próxima afortunada.

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Shinju se acercó con sigilo al lugar, entre tanta gente nadie notó su infantil presencia, ni como se subía sobre una silla que estaba justo al lado de la esposa de Neji, quienes le vieron pensaron que el ojigris sólo quería ver con detalle cómo era una boda, mas, nadie imaginaba la locura que estaba por hacer. Observó a su alrededor a ver si alguien sospechaba de sus intenciones, notando algo fuera de lo común: Una mujer de cabello castaño y ojos negros se encontraba apartada de todos, de largo cabello amarrado con una coleta baja, al parecer era soltera, ya que nadie le acompañaba, su única compañía era Sakura y Naruto, aun así, la mirada de la mujer era triste cada vez que se detenía en algún niño del lugar o veía a un hombre que se encontraba lo mas posiblemente apartado de ella, un moreno de ojos negros y cicatriz en la nariz; la mujer se veía triste al verlo, pero él no la miraba y si lo hacia la veía con cierta nostalgia y decepción Shinju no supo notar.

Shinju se detuvo un momento al verla, y por un segundo pensó que tal vez ella era merecedora de atrapar el ramo, sin embargo, luego pensó que si ella no estaba en el grupo de solteras, debía ser porque no quería casarse ¿Entonces porque estaba tan triste?

Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos de su infantil mente, él no era egoísta, solía preocuparse por los demás y no le gustaba ver a alguien triste, mas, por esta ocasión se permitiría ser egoísta y hacer algo que le haría feliz a él, y a las personas que amaba.

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El momento decisivo llegó, Tenten extendió sus brazos tomando el ramo con firmeza, dispuesta a tomar fuerzas para aventarlo lo más lejos posible, sería divertido ver como las cuarentonas se peleaban para ser la próxima en casarse.

El ramo de la novia fue lanzado, pero no se escuchó ningún grito, sólo un golpe seco, similar al de un saco de harina cayendo al suelo y rompiéndose.

Todas las miradas se dirigieron a lo que había caído, más bien, a la personita que había caído al piso tras atrapar el ramo de la novia. Shinju había atrapado el ramo en cuanto la nueva señora Hyuuga lo soltó y no solo eso, se había caído al saltar de la silla.

-¡Shinju-kun! ¡¿Estás bien? –Preguntaron algunas personas al verlo en el suelo. Hinata ya iba en busca de su hijo para ver qué había ocurrido, al igual que el Uchiha, quien casi corriendo se acercó al lugar.

El ambiente se volvió tenso, el corazón de muchos se aceleró, el presagio se estaba cumpliendo.

En cuanto la Hyuuga y el Uchiha se acercaron al niño, entre preguntas y miradas de interrogación y preocupación, el niño sonrió ampliamente, le dolía todo su cuerpo del lado izquierdo, no obstante, la ansiedad que sentía disminuía el dolor de su cuerpo.

Shinju extendió el ramo a su madre- Ten, mami, lo atrapé para ti –Un silencio se hizo presente en la habitación, los niños confundidos y los adultos intercambiando miradas de preocupación y ternura, mientras la ojiperla sonreía ante el inusual regalo- Ahora te puedes casar, tienes el ramo.-La sonrisa se desvaneció de los labios de la mujer, cambiando por una mirada perpleja.

-Shinju… -Susurró, sintiendo como la garganta se le secaba en el acto.

-¡Te puedes casar con Uchiha-san!

Fue entonces que el ambiente se volvió aun más pesado de lo que ya estaba, algunos, comprendieron la situación en la que el niño ponía a su madre, empezaron a tomar atención a lo que ocurriría.

El ojigris sonrió, poniendo el ramo de novia en las manos de su madre, luego, tomó las manos del portador del sharingan y las posó junto a las de la madre soltera, uniéndolas como las vio esa misma mañana.

Hinata enrojeció a más no poder unos segundos y observó al Uchiha de reojo, quien se veía tan sorprendido como ella, para luego fruncir el seño levemente; Ella se quedó absorta, mirándolo sin verlo, verlo sin observar. Miles de escenas traspasaron su mente, desde risas hasta lágrimas, de pureza a entrega y de lágrimas a muerte; aquellas escenas la sacaron de la realidad, mas, regresó al instante en que sus recuerdos llegaron al momento preciso del nacimiento de su único hijo. Hinata se estremeció levemente, desviando su mirada del Uchiha hacia su hijo, quien se mantenía risueño esperando su respuesta. Un nudo se formó en su garganta ¿Qué hacer? ¿Qué sentir?

-¡Teme, reaccionar! –El grito de burla de Naruto la despertó por completo, dándose cuenta de la situación, todos esperaban una respuesta- ¡Complace los deseos de tu nuevo hijo y bésala, ! –Bromeó el Uzumaki, sin saber que esa broma era el detonador de la paciencia de la Hyuuga.

Ésta se paró de golpe, ocultando con su flequillo sus puros ojos e inclinando levemente la cabeza, encorvándose un poco, como un conejo que buscaba refugio entre su pelaje. Dio media vuelta sobre su eje, dándole la espalda a su hijo, a su propio hijo. Dio un paso dudosa, tentada a voltear y verlos de frente, al portador del sharingan y a su hijo, pero se abstuvo de hacerlo, si lo hacia la verdad podría escapar de sus labios. Soltó el ramo, dejando que este cayera al suelo, deshaciéndose.

-¿Mami? –Murmuró el pequeño, incorporándose un poco para tomar el kimono de su madre, al sentir como su hijo le sujetaba, ella volteó a verlo. Hinata le dirigió una mirada hueca con una sonrisa vacía y forzada, tal dolor expresaba su mirar que Shinju se soltó de ella al instante, sintiendo como sus ojos empezaban a cristalizarse ¿Había dicho algo malo? Recordó sus miradas y no encontró nada malo, se preguntó por qué su madre estaba así, mas, no supo el porqué.

A cada paso que la Hyuuga daba, los demás retrocedían uno, dejándole el camino para dejar pasar su pesar.

-Hinata –El Uchiha intento intervenir a su estilo, hablándole con firmeza y rudeza- Serás una baka si crees que Shinju lo dice en serio –Él sabía que mentira, Shinju hablaba en serio, sin embargo, también comprendía la situación en la que se encontraba la mujer.

La peliazul oscura se detuvo unos momentos, para luego ver al azabache por encima de su hombro; amplió su sonrisa escasa de vida y gotas de agua salada acariciaron sus mejillas, empezando un tierno recorrido que acabó en la punta de su barbilla ¿Dolor? Esa palabra era muy pequeña para el sentimiento que la Hyuuga sentía en su corazón.

Hinata se dio vuelta y salió de la habitación tal cual fantasma entrando por las puertas del purgatorio.

Dejando a todos con una estaca en el corazón.

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Los invitados se habían retirado a ritmo moderado, en especial tras la escena en que todos fueron testigos.

Shinju había permanecido junto al Uchiha todo ese tiempo, en silencio, observando como los demás reían e intentaban olvidarse de lo ocurrido, mas, el dolor que su tierno corazón de infante sentía no se disolvió con nada, ni con disimuladas caricias del ojinegro, ni con las travesuras de Kiseki, quien intentó alegrarle toda la tarde, pues, ella no había entendido de que se trató la escena.

-¿Qué hice mal? –Preguntó el pequeño al azabache mayor, sin atreverse a verlo.

-Sí –Cualquiera diría que era cruel ser tan directo con un niño de solo cinco años, sin embargo, a veces las cosas eran mejor aclararlas que dejarlas a medias.

-¿Por qué? –Casi hizo un puchero, pero se abstuvo a hacerlo.

-Creo que sintió que te fallé –Era increíble lo que sucedía, cada día que transcurría Sasuke sabía un poco más acerca de la madre del niño, no era algo que hubiese sido intencional, simplemente esas cosas pasaban, vivían los tres juntos, era normal aprenderse los gustos de los demás integrantes de la casa.

-¿Por qué? –Volvió a preguntar el niño, escondiendo su gris mirada bajo su flequillo.

Los minutos se hicieron eternos, ninguno de los dos hizo comentario alguno, únicamente se quedaron en silencio, cada uno ahogado en sus propios pensamientos.

"Ahora te puedes casar, tienes el ramo ¡Te puedes casar con Uchiha-san!"

El Uchiha se quedó meditando aquellas palabras dichas por el niño, en aquel momento no supo cómo reaccionar o que decir, sólo frunció el seño en cuanto se recuperó de la impresión por la situación; Él quería a Shinju, odiaba admitir sus sentimientos, pero ya consideraba a aquel niño de ojos grises como su propio hijo. Todo era difícil de creer, muy irreal para su gusto.

-¿Cómo estará mi mamá? –Fue la pregunta al aire que soltó el pequeño azabache de reflejos azulinos.

Sasuke se paró al instante, despabilando al niño, quien se le quedo viendo como se iba del lugar, dejando solo a Shinju.

El Uchiha debía ver como estaba la portadora de ojos color luna ¿Preocupación? No, por supuesto que no estaba preocupado por ella, lo hacía por Shinju, no sintió absolutamente nada al verla tan destrozada ante palabras inocentes, al verla llorando mientras su sonrisa carente de vida no sintió nada, absolutamente nada ¿Por qué se preocuparía por aquella mujer? ¿Sólo por verla sufrir? Claro que no… era por Shinju… únicamente por Shinju.

O al menos eso era lo que se decía a sí mismo.

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-Mañana Shinju y yo nos vamos –Itachi me vio con curiosidad y serenidad.

-¿Por qué?-Me preguntó con cierto recelo en sus palabras.

Ambos nos encontrábamos cenando, mientras Shinju dormía plácidamente en su pequeña cuna de madera hecha por el mismo Itachi.

Mis palabras parecieron afectarle, pues apretó con fuerza el vaso de agua que tenía en su mano derecha, sin embargo fingió neutralidad al seguir comiendo como si el tema no le importara, pero yo sabía que eso era mentira, a él le afectaba que yo estuviera con él o no, y más si me llevaba a Shinju conmigo.

-No quiero que te diga "papá" un día de estos –Arqueó una ceja, confundido.

-Shinju sólo tiene un año, Sasuke habló al año y medio –No pude evitar sonreír ante eso, siempre hablando de su hermanito menor, se nota que Itachi-kun es todo un hermano mayor- Podemos esperar unos meses más.

-Hanabi-neechan aprendió a hablar a los nueve meses, cada bebé tiene su propio ritmo –Apretó su mandíbula, estaba molesto.

-Les acompañaré –Dijo decidido, pero yo no quería eso, quería alejarme de él y de todo Uchiha existente.

-No –Habló sintiendo como un nudo se formaba en su garganta, impidiéndole hablar con fluidez- No quiero… no quiero que te diga papá… -Shinju jamás comprendería la verdad de su nacimiento, tal vez lo sabría, pero el saber y el comprender son dos términos muy diferentes- No podría soportarlo –Tanto dolor sentiría en cuanto Shinju dijera esa palabra, que estaba segura que me rompería el alma- Entiéndelo, onegai (por favor)

Itachi-kun se levantó de golpe, causando un sobresalto en mí, le vi caminar por la habitación, meditando el asunto.

-No los dejaré solos –Fruncí el seño ante esa respuesta, de cierta forma la esperaba, no obstante, no quería recibirla- Iré con ustedes.

-¡No! –Grité en voz moderada para no despertar a mi bebé- ¡Itachi-kun, Shinju y yo nos iremos…! –Sentí mi voz quebrarse y las lágrimas querían escapar de mis ojos.

-¡¿Por qué? ¡¿Qué vas a ganar con eso, Hyuuga? ¡Sólo lograrás que Shinju sufra! –Itachi-kun se acercó a mí, cada uno intentando no gritar demasiado fuerte.

-¡No quiero que un Uchiha sea su padre!

Admití en llanto.

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Sasuke llegó al jardín, donde la decoración de la ceremonia seguía tal y como estaba al momento del término de esta, el lugar era como una vieja foto en blanco y negro, un ambiente lúgubre, deprimido y las nubes negras, que indicaban el término del otoño y el acercamiento del invierno, le hacían lucir aun mas melancólico el lugar que fue protagonista de gran alegría. En medio del lugar encontró a Hinata, quien miraba el altar con una mirada perdida, muerta. El Uchiha se le quedó viendo, para ser más precisos, veía su espalda, no era necesario verla de frente para apreciar su dolor.

"Una madre soltera no puede darse el lujo de amar a alguien que no sea su hijo o el padre de este"

Fueron las palabras de que Shizune comentó al tener a Yuhiko, tal vez la asistente de la Hokage decía eso por su situación pero…

"Ahora te puedes casar, tienes el ramo ¡Te puedes casar con Uchiha-san!"

Las palabras de Shinju le causaron el mismo efecto en la Hyuuga, seguramente ella pensaba lo mismo que Shizune: Que una madre soltera jamás será amada por ningún hombre.

Los hombres que conocen a madres solteras por lo general les toman por mujeres fáciles, que solo sirven para una aventura o un amor pasajero; y eso tiene sentido ¿Qué hombre querría una mujer que ya tiene un hijo? ¿Qué hombre podría ser tan noble como para amar el hijo de otro hombre? ¿Quién sería tan comprensible como para entender que esa mujer es la más valiente y pura de todo el mundo como para aceptar cuidar el producto de una noche?

"Las mujeres que abortan son peor que los traidores"

Fue lo que dijo Iruka en una ocasión, nadie entendía el por qué de sus palabras, sólo se sabía que las dijo después de terminar con Ayame, la nueva dueña del Ichiraku.

Sin embargo, esas palabras eran sabias. Una mujer que abortaba era una mujer sin corazón que mataba a un ser humano que crecía en su interior, un bebé que iba a nacer, que ya sentía, que ya sufría, que ya le dolía el no sentir amor o se alegraban de recibirlo.

El aborto, una opción que muchas mujeres tomaban, porque eso les daba libertad para amar y ser amadas, una mujer que aborta a un bebé ajeno a las nuevas parejas, en la mayoría de los casos, es perdonada por sus nuevos amores y que muy pocas son odiadas por matar un niño en su vientre.

Tal vez esa era la verdadera razón del dolor de Hinata, que ella no podía amar, porque al tener a Shinju, se negó a si misma a amar y ser amada. ¿Quién la querría? Ella se metió en el vicio del alcohol y tras una noche de lujuria, quedó embarazada a la corta edad de diecisiete años ¿Quién la amaría? Ni siquiera sabía, a ojos ajenos, quien era el padre de ese niño.

-Hyuuga –Le llamó en vano, pues ella seguía mirando el cielo que empezaba a tornarse negro como la profundidad del mar- Nos vamos –Ordenó aumentando el sonido de su voz, mas, la nombrada seguía sin hacerle caso.

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Estaba rota

Hinata estaba rota como la muñeca que era

Las palabras de Shinju le dieron

Pero no tanto por lo pedido, sino por la persona que le acompañaba en esos momentos

Sasuke

Sasuke le causaba dolor, le causaba sufrimiento, impotencia, arrepentimiento

Sasuke su sufrimiento

Incluso le causaba más dolor que vivir con Itachi

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Pasaron unos minutos de absoluto silencio, cuando el cielo se tiñó de oscuridad, Hinata giró en su propio eje y caminó rumbo al interior de la mansión, pasando al lado del portador del Sharingan.

Ella no podía culpar a Shinju, él no tenía la culpa de nada

Ella era la única culpable de tanto dolor, ella y sólo ella.

Entró a la habitación, donde únicamente se encontraban el equipo de Gai, Tsunade y la familia protagonista del elemento tierra, quienes intentaban controlar a la Hokage. Hinata siguió con la mirada cada una de las sillas, hasta que encontró a su hijo sentado en una esquina, jugando con sus pies de forma melancólica, parecía que iba a llorar, cosa que conmocionó a la Hyuuga, tal vez Itachi tenía razón, tal vez sí causaba dolor en su hijo la ausencia de un padre.

Caminó a paso lento hasta quedar enfrente de su hijo, a quien le dirigió una sonrisa cuando éste le observó con los ojos cristalinos y un culpable sonrojo en sus mejillas- perdón –Se disculpó Shinju, sintiendo como sus mejillas empezaban a humedecerse.

Hinata se inclinó un poco y extendió sus brazos, esperando ser correspondida por su pequeño, cosa que no tardo, pues, de inmediato el niño se lanzó en sus brazos, abrazándola con fuerza y repitiendo varias veces que lo sentía. La madre se limitó a decir "discúlpame a mí" y lo cargo en brazos, dispuesta a marcharse del lugar en compañía de ambos azabaches.

Sasuke sonrió de medio lado, posando al lado de la peliazul para ver el rostro avergonzado del niño, la escena era de lo más enternecedora ante cualquiera que no supiera que el Uchiha era ajeno a madre e hijo.

Cuando se despedían de los pocos invitados presentes, Shinju le pidió a su madre que se detuviera un segundo y que le bajara; ella hizo caso confundida y observó como su hijo se acercaba a la única niña del lugar, quien se sobresaltó y entristeció al verlo junto a ella.

-Yuhiko-kun –Habló con el seño fruncido y apretando la mandíbula, lo que provocó desconcierto en los espectadores- Yo…. –Tartamudeó, no era lo mismo disculparse con su progenitora que con una niña- Lo lamento -La pequeña castaña abrió sus ojos ante la sorpresa, observando como el niño empezaba a tartamudear- Tenias… Tenias razón… puse triste a mamá –Admitió de mala gana, lo cual causa una pequeña risa en Sasuke, sin poder creer que el pequeño se tragara su orgullo ante una mujer.

-No hay… No hay problema –Contestó Yuhiko desorientada- Fue mi culpa… -Ambos niños se sonrojaron al escuchar la risa de ambas madres- Shinju-kun –Llamó la niña, estrujando su chaleco amarillo- Estoy segura que… que tendrás tu "Y vivieron felices para siempre".

Intercambiaron sonrisas tímidas y se despidieron.

Cada uno se fue con su respectiva "familia".

Shinju fue tomado por el Uchiha, y salieron de la mansión, en medio de un acogedor silencio.

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Tal vez mañana no tendría su final feliz.

Pero algún día, no muy lejano, lo tendría.

Shinju tendría su "Y vivieron felices para siempre, los tres juntos como una familia"

Aunque en su infantil mente jamás imaginó que tendría que pasar obstáculos más grandes de los que él podría soportar.

Grandes problemas se avecinaban.

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Gracias por leer el fic.

Me disculpo porque como se esta editando el fic hubo un problema y se borro este capitulo durante unos días, perdónenme.