Cuarto Menguante

Temer un golpe en su puerta era ilógico.

Yuri no recordaba haberse tensado de esa manera siquiera en las contadas ocasiones en las que dentro de su maletín se había encontrado un traje y una máscara cuya procedencia no podrían ser explicadas con ninguna excusa.

Sin embargo, cada par de golpes ahora creaban en él una tensa expectativa que lo hacía contener su respiración y aguardar hasta saber quién estaba al otro lado.

Esta vez se trataba de Jones.

—Señor Petrov —dijo el pasante al entrar, alzando una mano para mostrar el sobre sellado—, llegó la transcripción de los testimonios del caso Dumas.

La falta de noticias sobre algún visitante inesperado bastó para que Yuri se relajara y permitiese que su mente se enfocase en el inusual deber que eran los casos que carecían de relación con los héroes.

El caso Dumas era simple; lo único que requería era de una intervención conciliatoria y no de un verdadero juicio, mas los abogados de ambas partes, deseosos de adquirir renombre gracias a un potencialmente notorio proceso corporativo, lo habían alargado innecesariamente y podía convertirse en un pleito incluso más extenso, que también le daría momentos de sobra para pensar si así lo quería o lo necesitaba.

Aun así, decidió Yuri al recibir el sobre, haría lo posible para evitarlo con una advertencia antes del juicio formal.

—¿Y los archivos del caso Stevenson? —preguntó tras agradecerle a Jones con un gesto.

El caso Stevenson, por el contrario, requería mayor cuidado.

No podía contar con que el jurado comprendiese el enrevesado conjunto de testimonios contradictorios, evidencias que solo podían ser consideradas circunstanciales si se olvidaba quiénes eran los acusados y la básica duda que producía ver a los gemelos lado a lado con expresiones de inocencia.

Y si fallaban en favor de los Stevenson, si ambos hermanos lograban escapar del castigo de la ley gracias a la confusión causada, Lunatic tendría que encargarse de ellos; del mayor por sus tres asesinados, del menos por protegerlo y ayudar a crear una coartada que escudó a su hermano hasta el cuarto intento fallido de acabar con la vida de un joven inocente.

¿O acaso había otra opción, como siempre decía Kotetsu? ¿El fiscal encontraría una pieza clave que convencería a cualquier jurado de condenarlos?

—En seguida.

Yuri apenas notó la respuesta de Jones, mas el sonido de la puerta al ser cerrada lo sacó de sus pensamientos con brusquedad y lo llevó a observarla por unos segundos, casi esperando un nuevo ruido que indicara la llegada de alguien; sin embargo, eso no ocurrió.

Con un suspiro, Yuri se levantó de su asiento y se alejó de su escritorio, decidido a preparar una bebida mientras apartaba de su mente esa constante distracción.

Si planeaba estudiar el caso Stevenson, al fin de cuentas, no podía estar aguardando una visita que quizás no sucedería.

Desde la noche que Yuri había visitado a Kotetsu en su apartamento, el héroe había dejado de buscar su compañía de manera constante, pero no había desaparecido de su vida.

En vez de eso, sus anteriores visitas al comienzo de la noche, que siempre lo llevaban a pasar una o dos horas en su compañía, habían sido remplazadas por encuentros ocasionales y charlas de solo unos minutos.

No le había parecido un mal cambio, en un comienzo, pero la imposibilidad de predecir en qué instante aparecería Kotetsu había hecho de la nueva rutina un inesperado inconveniente, pues todos los días la misma inquietud pasaba por su mente: ¿cuándo aparecería Kotetsu esta vez?

Hasta el momento, Kotetsu había ido a buscarlo tras un juicio, temprano en la mañana, al medio día, en plena hora laboral para Yuri y un par de noches, si es que no contaba las veces en que el azar los había llevado a que se topasen en un lugar inesperado y que Kotetsu había decidido aprovechar para acercarse a hablar. Lo único seguro era que el número de encuentros diarios oscilaba entre uno y cero.

La incertidumbre que eso le causaba era una distracción por sí sola y como si eso no fuese suficiente, Barnaby Brooks Jr. había decidido imitar a su compañero, aunque solo una vez y con intenciones más precisas que las de Kotetsu.

Yuri masajeó su entrecejo por unos segundos y en un impulso, en lugar de hervir agua para su té, sacó la poca usada cafetera.

Todo indicaba que hoy necesitaba algo más fuerte que lo usual.

Encargarse de la preparación del café fue algo que Yuri hizo de manera automática y una vez todo lo que quedó por hacer fue esperar, dejó escapar un nuevo suspiro al tiempo que se recostó contra la pared más cercana.

La visita de Brooks había sido una sorpresa que le había hecho ver una nueva rama de inconvenientes relacionados con Kotetsu que en su momento no había creído posibles, mas el que la atención de Brooks se hubiese posado en él era un problema por sí mismo.

Cualquier sospecha de parcialidad por sí sola no causaría mayores daños, por supuesto, pero levantar dudas de cualquier tipo podría sacar a la luz alguna verdad que podía interrumpir, al menos de manera temporal, su misión personal.

Pero el centro de todo seguía siendo Kotetsu.

Incluso manteniendo cierta distancia, Kotetsu continuaba siendo una constante en su vida, una distracción, una influencia de la que no podía deshacerse. Y ni siquiera necesitaba estar presente para convertirse en un obstáculo.

¿Y cómo podía acabar con eso si era imposible hacer desistir al héroe más persistente de la ciudad, si no podía convencerlo de la validez de la justicia que él seguía, si considerar la opinión de Kotetsu —la justicia de Wild Tiger— se había convertido en un hábito para él?

Yuri notó tardíamente que la cafetera había terminado su trabajo y se sirvió una taza a la cual le agregó un par de cucharadas de miel para después dirigirse de regreso a su escritorio, consciente de que una vez más su atención se había apartado de su trabajo para dirigido a Kotetsu.

Tenía que concentrarse.

Repitiéndose eso, Yuri tomó sorbos de su bebida mientras usó su computador para pedir los archivos ya digitalizados del caso Stevenson.

Repasar los tres asesinatos, la evidencia que había quedado en cada escena del crimen y la investigación inicial le tomó casi una hora, en la que la única interrupción fue un golpe en la puerta, mas el que se tratase de Jones, llevando dos folios llenos hasta el tope, y no de Kotetsu, con una de sus sonrisas, ayudó a que solo se viese obligado a hacer una pausa de un corto minuto antes de proseguir.


No era inusual que un juicio se prolongase por varios días.

Por el contrario, los que terminaban pronto eran la excepción y solían ser los de los héroes, que carecían de jurado en parte debido a la inevitable parcialidad de los fans y en parte gracias a la evidencia grabada que no dejaba lugar a dudas sobre lo ocurrido.

Para su suerte, el caso Dumas logró ser llevado a su fin con prontitud, pues tras la advertencia que les había dado antes del juicio, ambos abogados habían concordado un acuerdo de confidencialidad y una compensación monetaria para cerrar el caso, lo que le había dado el tiempo necesario para dedicarse por completo al caso Stevenson.

Al estar encargado del proceso de ambos gemelos, Yuri no solo tuvo que presidir ambos largos juicios, que se extendieron por días, sino también lidiar con dos abogados y dos fiscales, pilas de nuevas evidencias y testigos que uno quería presentar y el otro quería que fuesen desestimados, además de dos peticiones de postergación que él había rechazado debido a las pocas bases que habían dado los abogados defensores para ellas.

Durante esos días, Yuri solo recibió un par de mensajes de Kotetsu, los cuales ignoró para concentrarse en cada alegato, cada prueba, cada testigo y cada objeción, los cuales cimentaron más y más una verdad que solo un ciego no vería y que lo invitaba actuar.

Aun así, eso no fue necesario.

Los gemelos mismos se encargaron de convencer al jurado cuando intentaron suplantarse mutuamente en un truco cuyo propósito era un sinsentido para él.

Una vez el ardid quedó expuesto gracias a una verificación de huellas antes del que iba a ser el testimonio del hermano menor en favor de su hermano mayor, cualquier duda del jurado desapareció y llevó a un veredicto inevitable en ambos juicios: culpables.

Yuri no podía negar que anunciar la sentencia que no permitiría que ninguno de los dos saliese de prisión durante el resto de sus vidas le trajo cierta satisfacción, aun cuando no era una pena verdaderamente comparable a sus crímenes y además, estaba seguro de que más de un abogado bien pago haría lo posible para apelar.

Pero era un resultado que Kotetsu aprobaría.

Y ese simple hecho cada vez le producía menos conflicto interno.

Quizás sus dudas —el aceptar la justicia de Kotetsu— solo significaban que todavía era capaz de juzgar según cada caso, que no castigaba de manera desmedida, que seguir firmemente el camino de su justicia no lo había enceguecido y que continuaba consciente de la razón por la que era necesaria y por eso, no dejaría de actuar mientras la ciudad requiriese de Lunatic.

Considerar eso tras dar la sentencia fue un alivio, al punto de que al final de la noche, cuando estaba terminando de revisar las transcripciones del último juicio, escuchar dos golpes en la puerta no lo sobresaltó de la misma forma que lo había estado haciendo recientemente.

—Buenas. —La puerta fue abierta en el mismo instante en el que el intruso saludó y entró a la oficina.

Kotetsu.

Que incluso se tomase la libertad de no esperar por una respuesta antes de ingresar debería ser irritante, mas Yuri dirigió su mirada hacia el héroe con total calma y le dedicó una pequeña sonrisa.

—Buenas noches, Kotetsu.

Kotetsu se detuvo en medio de la oficina con sus ojos abiertos por completo y tras un momento, sus labios se curvaron en una amplia sonrisa que iluminó su rostro.

—Estás de buen humor —afirmó al tiempo que recorrió el lugar con tres zancadas hasta que pudo dejarse caer en uno de los asientos de visitantes.

Por un segundo, Yuri contuvo su respiración.

Estaba seguro de que había actuado con la usual cortesía que usaba cuando trataba con cualquier héroe; no obstante, Kotetsu lucía convencido de lo que acababa de decir.

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó con cautela.

—Te conozco —replicó Kotetsu con seriedad. Aun sabiendo que eso no era del todo cierto, tal afirmación fue suficiente para que Yuri se tensara, mas no tuvo tiempo para idear en una respuesta adecuada para tales palabras, pues Kotetsu, como si no quisiese dejar que el silencio se prolongara, cuestionó—: ¿Un buen día?

—Sí —confirmó Yuri luego de una corta pausa. Que todo indicase Kotetsu era capaz de discernir entre sinceridad y diplomacia era desconcertante, mas Yuri no veía ninguna razón para mentirle en ese momento.

La mirada expectante que Kotetsu le dedicó parecía ser una petición de que añadiese algo más y tras reflexionarlo, Yuri decidió ser sincero, al menos en parte.

—Se hizo justicia. —Dentro de los límites legales de un sistema corrupto y deficiente, pero que por esta vez había funcionado y llevado a un resultado aceptable pese a distar de ser perfecto.

—Realmente te encanta tu trabajo —dijo el héroe con un tono pensativo que también sonaba cargado de admiración.

—Podría decir —replicó Yuri con lentitud, observando con fijeza a Kotetsu para examinar su reacción— que me interesan más los resultados.

Kotetsu asintió con su cabeza de manera ausente, mas un segundo después hizo un mohín.

—Y a pesar de eso —comentó en un tono dramático—, me cobras los daños en lugar de felicitarme por hacer una captura.

Yuri resopló con suavidad, conteniendo una risa sin gracia sin mucha dificultad.

Era de esperarse que Kotetsu no hubiese notado ninguna de las implicaciones ocultas en sus palabras, pero escucharlo contestar de esa manera le produjo un alivio que bastó para que Yuri se relajara y decidiese no ahondar en el asunto, prefiriendo enfocarse en replicar de una forma apropiada.

—Sabes bien que eso es algo distinto.

Aunque Yuri había pretendido sonar severo, quedó claro que no lo había logrado, pues la sonrisa que se formó en el rostro de Kotetsu carecía de vergüenza.

—¿Y bien? —preguntó Kotetsu, cambiando el tema repentinamente mientras se removió en su asiento— ¿Hoy vas a salir temprano?

En esta ocasión, Yuri se tomó un largo momento para considerar las posibles respuestas.

Negarlo usando su trabajo como excusa sería sencillo, pero ¿no había dicho Brooks que Kotetsu estaba "decidido a acercarse a él"? Y a él mismo le constaba que eso era, quizás, verdad, por lo que un «no» solo aplazaría el enfrentar a Kotetsu por un corto tiempo; asentir, en cambio, sería volver a la rutina que había precedido las distracciones que lo habían llevado a evitarlo.

Y pasar más tiempo con él tal vez haría más fácil aprender a lidiar con Kotetsu y sus creencias, y eso solo podría resultar en acabar con cualquier tipo de distracción e incluso, eliminar sus ocasionales dudas...

—Tenía pensado preparar algunos documentos para mañana —replicó al fin con trepidación, consciente del riesgo que estaba tomando—. Pero supongo que hoy podría ir a comer algo.

Kotetsu lo observó con su boca ligeramente abierta por unos segundos, antes deslizarse en su asiento hasta quedar sentado en el borde de éste e inclinarse un poco hacia adelante.

—Eso —pronunció, haciendo una corta pausa para humedecer sus labios con su lengua— sonó como una invitación, Yuri.

Yuri reconoció el interrogante en esas palabras y también notó la oportunidad de retractarse que éstas le daban, mas decidió reafirmar su sugerencia y dejar la decisión en manos de Kotetsu.

—Si tienes algo que hacer...

Si Kotetsu mismo rechazaba esa invitación y comenzaba a alejarse...

—¡No! —exclamó Kotetsu de inmediato—. No —reiteró en voz más baja con una sonrisa nerviosa—, bueno, a no ser que haya alguna emergencia...

Eso lo decidía.

Yuri tomó aire lentamente al tiempo que guardó bajo llave en un cajón los archivos que aún se encontraban en su escritorio y tomó su maletín.

—¿Vamos?

No tuvo que esperar un solo segundo a que Kotetsu se pusiese de pie con brío y comenzara a liderar el recorrido hacia la salida.

Por sugerencia de Kotetsu, se dirigieron a un restaurante cercano, el cual resultó estar casi desierto debido a la hora.

La conversación que llenó el recorrido y la comida fue banal e impulsada por Kotetsu, quien parecía querer aprovechar para hablarle de todos los temas que no había tocado durante el tiempo en que apenas se habían visto de manera ocasional.

Yuri estaba seguro de que, en menos de una hora, se enteró de todos pormenores de la segunda liga que nunca habían llegado a los informes que todos los héroes que trabajaban en ella entregaban a diario. También fue puesto al corriente de las novedades de la familia Kaburagi e incluso terminó escuchando las más recientes noticias de la vida de Brooks, incluyendo su adquisición de un nuevo sofá, cosa que Yuri no consideraba digna de mención.

Toda esa cháchara debería ser abrumadora; sin embargo, Yuri se encontró prestando atención y haciendo comentarios varios y cuando Kotetsu finalmente pareció quedarse sin qué más decir, el silencio se le antojó extraño, mas no hizo nada para romperlo mientras acabó de comer.

—¿Y no me vas a contar? —cuestionó Kotetsu una vez los platos ya terminados fueron levantados y todo lo que quedó frente a ellos fueron sus respectivas bebidas.

—¿Contar? —repitió Yuri, confundido.

A pesar de que Kotetsu le respondió haciendo una mueca de impaciencia, Yuri tuvo que detenerse a pensar en a qué podía estar refiriéndose y solo lo comprendió tras una larga pausa: Kotetsu le estaba preguntando sobre su día.

Aunque Yuri no se oponía a hablar de ello, pues los juicios que habían ocupado su tiempo habían sido públicos, dudaba que Kotetsu quisiese escuchar sobre los detalles de los crímenes de los Stevenson o tuviese curiosidad sobre el proceso judicial, y enunciar su opinión al respecto podría llevarlo a un callejón sin salida si llegaba a descuidarse.

—No fue un caso agradable, Kotetsu —dijo, eligiendo sus palabras con cuidado.

—Pero terminó bien —insistió Kotetsu, luciendo poco convencido.

—En parte, sí. —Proseguir era una mala idea, por lo que Yuri se dedicó a beber sin prisa su agua aromática frutal; aun así, el rumbo que la conversación había vuelto a tomar lo tentaba a no retroceder, a aprovechar la oportunidad para interrogar a Kotetsu y descubrir si él había afectado a Kotetsu tal como Kotetsu lo había afectado a él, si Kotetsu también tenía dudas...

Yuri dejó la taza sobre la mesa y tras repasar en su mente lo que diría, habló:

—Si pudieses detener un crimen antes de que ocurra, ¿lo harías?

Kotetsu parpadeó, perplejo, dejando claro que no había esperado tal pregunta.

—Ese es prácticamente mi trabajo, detener al que intenta uno —señaló, encogiéndose de hombros—. O bueno, parte de.

—Hm. —Eso no era exactamente lo que Yuri había querido decir, mas entendía por qué Kotetsu se lo había tomado de esa manera.

—Pero es imposible prevenir todo, ¿no? —continuó Kotetsu, cruzándose de brazos y enderezándose como si estuviese analizando el tema con la seriedad que ameritaba—. A no ser que podamos ver el futuro y no conozco a ningún NEXT que lo haga. Lo más que podemos hacer es atrapar a los malhechores y tú les das un juicio justo y...

—Y simplemente esperar que no lo repitan —finalizó Yuri, indiferente ante el hecho de que Kotetsu parecía olvidar al resto de los jueces de la ciudad y menos decepcionado de lo quizás debería estar por la persistencia de las ingenuas ideas de Kotetsu.

Pero su justicia era inquebrantable y eso era algo que Yuri respetaba.

Y admiraba.

Kotetsu negó con su cabeza.

—Me gusta pensar que todos son capaces de entender que lo que hicieron está mal y aprovecharán una segunda oportunidad —dijo con firmeza, mirándolo a los ojos—. Hasta Lunatic.

Sin duda, que Kotetsu mencionase a Lunatic no era más que una coincidencia; no obstante, fue suficiente para que Yuri se tensara.

Tal vez, pese a lo mucho que se lo había repetido a sí mismo, había olvidado que tenía frente a él a Wild Tiger, que aquel héroe estaba en su contra, que Kotetsu era su mayor peligro, que debía tener cuidado con cada palabra que pronunciase frente a él, que...

—Kotetsu...

—¿Yuri?

La voz de Kotetsu lo sacó de aquel remolino de pensamientos y la expresión preocupada del héroe bastó para hacerle notar que acababa de cometer un error.

Yuri se levantó de inmediato, consciente de que necesitaba un momento lejos de Kotetsu si no quería empeorar la situación y decir o hacer algo de lo que se arrepentiría.

—Ya regreso.

Si bien Kotetsu lució confundido por un instante, no lo detuvo y lo único que dijo mientras Yuri se alejaba de la mesa fue:

—Pediré la carta de postres para ti.

A su pesar, Yuri no pudo evitar una pequeña sonrisa que se esforzó por borrar de su rostro, recordándose una y otra vez el peligro al que le había dado cabida en su vida, antes de volver.