Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.
SEGUNDA Y TERCER PRUEBA
— Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el cañón. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando...
"¡PUM!" lo interrumpió la señal de inicio de la prueba. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos. Tres de los campeones se arrojaron instantáneamente al Lago. Alex se desprendió de su túnica, empuñó fuerte su varita y la giró levemente mientras susurraba un "Incarcereta correntus". A todo su alrededor se crearon corrientes de aire como anillos en todo su cuerpo.
La castaña se lanzó al agua y se perdió en las profundidades. Se movía más rápido que una bala, era una corriente marina humana. Se movía con suavidad en esa penumbra, la oscuridad no le permitía ver mucho más allá de su nariz, así que tuvo que agudizar su oído, buscaba el canto de las sirenas, o algo que la guiara.
El lago era mucho más aterrador de como lucía por fuera, debajo habían trampas naturales que amenazaban a los visitantes a no volver a salir, como marañas de algas ondulantes y ocultos pantanos. De vez en cuando se atravesaban cardúmenes en su camino, pero no encontraba rastro de las sirenas, los otros competidores o aquello que le hubieran robado, ni siquiera del calamar gigante.
El agua no era su mejor elemento definitivamente, pero no se iba a rendir. Siguió nadando por un buen rato más hasta que por fin los encontró. De la oscuridad que lo envolvía todo surgió un grupo de casas de piedra sin labrar y cubiertas de algas. En las ventanas se asomaban rostros con ojos amarillos, del mismo color que sus dientes partidos, y llevaban alrededor del cuello unas gruesas cuerdas con guijarros ensartados. "Sirenas, tritones, son tan repugnantes...".
Nadó hasta donde se erguía una tosca estatua que representaba a una sirena gigante tallada en una mole de piedra. Había cinco personas ligadas con cuerdas a la cola de la sirena. Justin era uno de ellos. Potter ya estaba allí, intentando cortar la cuerda de alga para liberar a su pelirrojo amigo. Lo logró.
Nadó de prisa hacia su hermano. Mientras ella se acercaba a los rehenes, vio a Cedric Diggory acercarse a toda velocidad también con una enorme burbuja alrededor de la cabeza, que agrandaba extrañamente los rasgos de su cara.
El castaño sacó un cuchillo del bolsillo y lo usó para liberar a Cho, para luego subir con ella hasta perderse de vista. Alex inmediatamente sacó su varita y con algunos movimientos de su mano, hizo salir una decena de chispas que impactaron en la cuerda que sujetaba a su hermano y se rompió. Cerca de ellos, Viktor Krum con cabeza de tiburón nadaba a toda velocidad hacia ellos. La Russo decidió apresurarse a la superficie si no quería perder. Sin embargo no comprendía por que Potter no salía, si ya tenía a su amigo.
El primero en llegar fue Cedric con Cho Chang.
Detrás de él, el agua empezó a levantarse varios metros sobre su nivel formando un túnel, del cuál salieron disparadas dos figuras, y una de ellas estampó con fuerza en la orilla del Lago, Russo con Justin en sus hombros.
Krum fue el tercero, con Hermione Granger en brazos.
Delacour llegó a la superficie sola, y una vez que había recuperado el conocimiento, no dejaba de hacer alboroto por su hermana, a quien no había podido rescatar.
Pasaban los minutos y Potter no aparecía... hasta que desde las tribunas, la multitud empezó a armar muchísimo jaleo: todos estaban de pie, gritando y chillando. Harry salió del agua jalando a Ron Weasley y a una mini-Fleur, detrás de ellos avanzaban una decena de sirenas. Todos se acercaron a ayudarlo a salir y lo vitoreaban como a un héroe. Por primera vez, Alex sintió envidia del cara rajada, la atención la centraban en él por haber tenido la decisión de salvar a esa niña.
Mientras la Señora Pomfrey atendía a los rescatados, los miembros del tribunal hablaban entre sí y con la que parecía ser la líder sirena. La voz mágicamente amplificada de Ludo Bagman retumbó por toda la explanada. En las gradas, la multitud se quedó de repente en silencio.
— Damas y caballeros, hemos tomado una decisión. Murcus, la jefa sirena, nos ha explicado qué ha ocurrido exactamente en el fondo del lago, y hemos puntuado en consecuencia. El total de nuestras puntuaciones, que se dan sobre un máximo de cincuenta puntos a cada uno de los campeones, es el siguiente: »La señorita Delacour, aunque ha demostrado un uso excelente del encantamiento casco-burbuja, fue atacada por los grindylows cuando se acercaba a su meta, y no consiguió recuperar a su hermana. Le concedemos veinticinco puntos. El señor Diggory, que también ha utilizado el encantamiento casco-burbuja, ha sido el primero en volver con su rehén, aunque lo hizo un minuto después de concluida la hora, por tanto le concedemos cuarenta y siete puntos.
Se escuchaban bramidos de desacuerdo por parte de Hufflepuff. Alex estaba nerviosa porque eso significaba que ella había llegado aún más tarde.
— La señorita Alexandra Russo hizo uso de un hechizo bastante exótico de corrientes de aire para su propulsión y contención de oxígeno para respirar y fue la segunda en llegar, por lo que se le otorgan cuarenta y dos puntos.
Desde el palco Slytherin se escucharon gritos inconformes respecto a la calificación de la castaña.
— El señor Viktor Krum ha utilizado una forma de transformación incompleta, que sin embargo dio buen resultado, y ha sido el tercero en volver con su rescatada. Le concedemos cuarenta puntos. El señor Harry Potter ha utilizado con mucho éxito las branquialgas — prosiguió Bagman—. Volvió en último lugar, y mucho después de terminado el plazo de una hora. Pero la jefa sirena nos ha comunicado que el señor Potter fue el primero en llegar hasta los rehenes, y que el retraso en su vuelta se debió a su firme decisión de salvarlos a todos, no sólo al suyo; la mayoría de los miembros del tribunal están de acuerdo en que esto demuestra una gran altura moral y que merece ser recompensado con la máxima puntuación. No obstante... la puntuación del señor Potter son cuarenta y cinco puntos.
— La tercera y última prueba tendrá lugar al anochecer del día veinticuatro de junio — continuó Bagman — A los campeones se les notificará en qué consiste dicha prueba justo un mes antes. Gracias a todos por el apoyo que les brindan.
Una vez terminado, Justin abrazó a Alex lo más fuerte que pudo y la felicitó por su excelente trabajo en la segunda prueba, lo mismo hicieron los de su casa y sus fans de Ravenclaw y Hufflepuff, pero a la joven bruja nada de eso le importaba, había quedado en tercer lugar y se sentía mal por no haber pensado en los otros rehenes bajo el agua, no había tenido en corazón de Harry Potter, después de todo, era una bruja más.
. . .
Los próximos meses le pasaron como frías ventiscas en la cara. A penas y salía de su Sala Común, dormía toda la tarde en su sofá frente a la chimenea y asistía a pocas clases sencillamente escudándose con un "no me siento con ánimos, además los finales ya los pasé".
Varias veces a la semana Draco le llevaba algunos pastelillos y dulces para comer juntos, pasaban ratos muy agradables charlando pero ni así la convencía de salir con Zabini, Pansy y el resto a Hogsmeade o tan siquiera a rondar por los pasillos del castillo.
En muy pocas ocasiones de su corta vida había hecho algo por el bien de los demás, pero no superaba haber dejado a personas en el fondo de un Lago de muerte por su pequeña ambición de ganar... y ni así había conseguido llegar en el primer puesto.
El mes de mayo llegó y con ello nuevas noticias sobre la prueba final de tan dichoso Torneo. Snape la había hecho llamar para darle el aviso.
— Russo, esta noche a las nueve en punto deberá ir al campo de Quidditch... El señor Bagman se encontrará allí para hablar de la tercera prueba — le dijo con su tono lúgubre de siempre.
Aquella noche, a las ocho y media, abandonó las mazmorras para acudir al campo. Al cruzar el vestíbulo se encontró con Cedric y Harry; los saludó cortante y se mantuvo ligeramente apartada de ellos al caminar. Los escuchaba conversar pero prefirió no prestarles atención. Al llegar al terreno de juego todos se sorprendieron al ver muros largos y bajos en él, ya no era liso.
— ¿Qué han hecho? —exclamó Cedric indignado, parándose de repente.
— ¡Son setos! —dijo Potter, inclinándose para examinar el que tenía más cerca.
— ¡Eh, hola! —los saludó una voz muy alegre. Ludo Bagman estaba con Krum y Fleur en el centro del terreno de juego — Bueno, ¿Qué les parece? Están creciendo bien, ¿no? Dentro de un mes Hagrid habrá conseguido que alcancen los seis metros. No se preocupen — añadió sonriente, viendo la expresión de tristeza de Harry y Cedric — ¡En cuanto la prueba finalice, el campo de Quidditch volverá a estar como siempre! Bien, supongo que ya habrán adivinado en qué consiste la prueba, ¿no?
— Un «laberrinto» — respondió Krum.
— ¡Eso es! — corroboró Bagman— Un laberinto. La tercera prueba es así de sencilla: la Copa de los tres magos estará en el centro del laberinto. El primero en llegar a ella recibirá la máxima puntuación.
— ¿Simplemente tenemos que «guecogueg» el «labeguinto»? —preguntó Fleur Delacour.
— Sí, pero habrá obstáculos — dijo Bagman, dando saltitos de entusiasmo — Hagrid está preparando unos cuantos bichejos... y tendrán que romper algunos embrujos... Ese tipo de cosas, ya lo imaginarán. Bueno, los campeones que van delante en puntuación saldrán primero. — Bagman dirigió a Cedric y Harry una amplia sonrisa — Luego entrarán la señorita Russo, el señor Krum... y al final la señorita Delacour. Pero todos tendrán posibilidades de ganar: eso dependerá de lo bien que superen los obstáculos. Parece divertido, ¿Verdad?
Todos asintieron aunque ninguno parecía convencido.
— Muy bien. Si no tienen ninguna pregunta, volveremos al castillo. Está empezando a hacer frío...
La reunión terminó y cada uno se disponía a ir a su dormitorio, a excepción de Krum, quien se dirigió a Potter y se alejó con él en la dirección opuesta. La espina de la curiosidad se clavó en la Russo, se lo pensó un par de veces y ya que se encontraba más que decidida a seguirlos, una pálida mano (no tan pálida como la de un Malfoy) se posó sobre su hombro y la hizo girar 180°.
— Alexandra... ¿Cómo has estado? Pareciese que ya no existieras, apenas y te he visto en estos meses... — Dijo un castaño de ojos grises.
— Ya. Solo he estado preocupada por la última prueba...
— Emocionante, ¿No lo crees? — la mirada indiferente de la bruja le hizo disminuir su emoción — Claro, que también es alarmante lo del laberinto con trampillas y eso...
— Sabes... no quisiera seguir participando. Potter debería ser el ganador, no tiene sentido que yo siga ahí.
— Eres una bruja excelente, Alexandra, por eso estás en el Torneo, no dudes de ti — la animaba Cedric.
— Tú sí eres un buen mago — decía la castaña — eres como el chico perfecto: llevas buenas calificaciones, eres muy hábil con la magia, buen jugador de quidditch, de los más guapos en todo el colegio que todas las chicas te persiguen, eres quien le da esperanza a Hufflepuff...
— ¿Y tú no lo eres, Alex? — respondió posando su mano en el rostro de ella — hasta lo que sé, tus calificaciones son bastante buenas, tienes talento con los hechizos sobre todo si hablamos de lo creativa que eres, los de Slytherin te admiran a pesar de no ser "sangre-pura" y... eres una chica muy linda, tanto como para que lograras que el narcisista de Draco Malfoy dejase de mirarse al espejo para mirarte a ti — acercó su rostro y la miró a los ojos — me gustas mucho, Alexandra...
En un rápido movimiento, posó sus labios en los de la castaña, dejándola sin aliento por la impresión, a ella le atraía mucho ese chico, era guapo, agradable, sin embargo sentía que la situación era muy apresurada, quería tiempo para pensar. Se apartó con delicadeza del chico, le dio un abrazo amistoso y se despidió de él con el pretexto de sentirse cansada y que ya era hora de irse a su Sala Común.
. . .
El desayuno fue muy bullicioso la mañana de la tercera prueba. Al parecer la ridícula reportera Rita Skeeter había publicado otro artículo en "El profeta" que iba en contra de Harry Potter, y por supuesto los apreciados amigos de Alex, no habían desaprovechado la oportunidad de molestarlo, incluso, al parecer, Draco, Crabbe y Goyle habían participado en ese artículo. Aburrida de las bromas infantiles, la castaña se levantó de su asiento y se dispuso a salir. En el camino a la puerta, la interceptó la profesora McGonagall.
— Russo, aún no te puedes ir, los campeones tienen que ir a la sala de al lado —dijo la bruja de cabello cano.
— ¿Ahora? Pff... — bufó — ¿No se supone que la tercera prueba es en la noche? — inquirió, viendo su muñeca como si tuviera un reloj en ella.
— Así es, Russo. Pero las familias de los campeones están invitadas a la última prueba, ya sabes. Ahora tienes la oportunidad de saludarlos.
La castaña voló a la sala a toda velocidad, abrió la puerta y sorpresa, toda su familia, incluyendo a Harper, estaba ahí
— ¡Alex, tanto tiempo! — gritó emocionada su extravagante amiga mortal poniéndose de puntitas para abrazarla por el cuello — ¿Has crecido? ¡Estás más alta!
— Justin tenía razón, te ves muy diferente a cuando llegaste al inicio del curso — dijo Jerry muy impresionado de ver a su hija.
— Casi podría decir que ya es una adolescente responsable y normal — agregó Theresa con los ojos muy abiertos — ¡Jerry! ¡¿Y si Dumbledore ha hechizado a nuestra hija?! ¡Deberíamos agradecerle! — los esposos Russo se miraron entre sí y lanzaron un gritito de felicidad.
— ¡Mamá! ¡Papá! No estoy hechizada ni nada de eso — aclaró — ¿Y por qué agradecerían si así fuera? — reprochó.
— Sí, eso... ¡Lo que importa es que ya será tu tercer prueba en el Torneo de los campeones! — cambió de tema su padre — Espero que le digas a la prensa mágica que yo fui tu mentor — susurró a la bruja.
— Bonito reencuentro — interrumpió Max — pero ya deberíamos ir a husmear este viejo castillo e ir a comernos ese enorme banquete que vi afuera — sonrió travieso el menor.
Los americanos pasaron toda la tarde en su propio mini tour guiado por Alex y Justin, aunque la mayor parte los llevó Alex porque su ojiverde hermano tenía que asistir a sus clases. Dando la hora de cenar, la peculiar familia volvió al Gran Comedor para el banquete de la noche. Se ubicaron en la mesa de Slytherin. Hubo un poco de tensión con el resto de sus compañeros e incluso con sus amigos, ya que el resto de Serpientes no veía con agrado que la madre de Alex fuera una muggle, pero la castaña casi no advirtió ese disgusto porque engullía voraz la comida que ciertamente, era más de la habitual que solían servir. Acabándose su tercer postre, el profesor Dumbledore se puso de pie y se hizo el silencio.
— Damas y caballeros, dentro de cinco minutos les pediré que vayamos todos hacia el campo de quidditch para presenciar la tercera y última prueba del Torneo. En cuanto a los campeones, les ruego que tengan la bondad de seguir ya al señor Bagman hasta el estadio.
La joven bruja se levantó, se despidió de su familia, recibió algunos "Tú puedes, campeona", "Hazlos trizas" de sus amigos, aplausos de los chicos de su casa (aunque mucho menos de lo habitual) y se fue junto con Cedric, Harry, Delacour y Krum. Cuando llegaron al campo de quidditch, se veía totalmente diferente, era irreconocible: un seto de seis metros de altura lo bordeaba. Había un hueco justo delante de ellos: era la entrada al enorme laberinto. El camino que había dentro parecía oscuro y terrorífico.
Cinco minutos después empezaron a ocuparse las tribunas. El aire se llenó de voces excitadas y del ruido de pisadas de cientos de alumnos que se dirigían a sus sitios. Sus contrincantes parecían bastante tranquilos, o al menos más que Alex. Si bien, ella no se había esforzado en nada desde la prueba pasada, no sabía hechizos ni contra-hechizos... no tenía pensado ganar, pero igual no quería morir ahí.
— Estaremos haciendo una ronda por la parte exterior del laberinto —dijo la profesora McGonagall a los campeones—. Si tienen dificultades y quieren que los rescaten, echen al aire chispas rojas, y uno de nosotros irá a salvarlos, ¿entendido?
"Reconfortante, si estoy por morir por mi incompetencia, me podrán sacar a salvo de ahí... nada podría ser más humillante" se dijo a sí misma la bruja americana.
— ¡Damas y caballeros, va a dar comienzo la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos! Los primeros en entrar serán Cedric Diggory y Harry Potter, tras ellos entrarán Alexandra Russo y Viktor Krum, al final irá Fleur Delacour. Cuando suene el...
"¡PUM!" sonó el cañonazo y la prueba empezó.
Cedric y Harry corrieron al interior del laberinto y se perdieron en la oscuridad.
"¡PUM!" sonó otra vez, indicando el turno de Alex y Krum. Imitando a los dos anteriores, corrieron adentrándose en los caminos y sin que el de Durmstrang se diera cuenta, la Russo se desvió por otro camino en la primer bifurcación en que se halló. Una vez sola recorriendo esos caminos de setos, como estaba completamente oscuro, usó el hechizo "Fireta" e hizo aparecer una bola de fuego incandescente, que transportaba como si fuera una antorcha.
Teniendo pésimo sentido de orientación y nada de conocimiento de hechizos que le pudieran ayudar, avanzaba prácticamente a ciegas entre los pasillos rodeados de enormes paredes de plantas poco amigables. Incluso había olvidado las tan mencionadas trampas, cuando escuchó algo acercándose tras sus espaldas.
Volteó pero nada parecía haber allí. Optó por correr lo más rápido que le fuera posible para alejarse de lo que sea que anduviera vagando; giraba en los caminos sin rumbo alguno: izquierda, izquierda, derecha, izquierda... sin salida. Regresaba, derecha, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha... sin salida.
Agotada de tanto correr, se puso en cuclillas para descansar un poco, no llevaba ni un minuto en dicha posición cuando el sonido de pasos aproximándose la hizo estar alerta. No le quedaba duda de que eran pasos de una persona, esperaba que fuera alguno de sus contrincantes pero tenía un mal presentimiento, una neblina provenía justo del lado donde escuchaba avanzar a alguien... y lo vio. Una figura humana cubierta por una enorme capucha negra apareció rodeada por la bruma gris, no veía rostro alguno pero sentía la pesadez de sus ojos posados sobre ella. La silueta se deslizó en dirección a la bruja, instintivamente, ella se puso de pie y volvió a correr con todas las fuerzas que sus agotadas rodillas le permitían; por su mente cruzaba la idea de lanzarle un hechizo al ser pero sentía emanar de él un poder muy oscuro.
Tras correr varios minutos y sentirse alejada de lo que sea que haya sido lo que vio, paró y recargó su espalda en una de las altas paredes verdes del laberinto. Aún con la respiración muy agitada escuchó un ruido nuevamente a poca distancia de su paradero. Se preparó con su varita en mano y redujo la luz de su bola de fuego. El sonido de algo aproximándose se volvía más claro y fuerte, en pocos segundos estaría frente a ella seguramente. "Espero que sea un escrou... escre...gaupto de Hagrid y no el sujeto de hace rato...". No era ninguna bestia, con todo y la oscuridad, se podía vislumbrar el contorno de una persona.
— ¿Alexandra? ¿Estás bien? — preguntó Cedric al encontrar agotada y en guardia a la Russo.
El chico llevaba parte de su ropa quemada y rasguños en sus brazos.
— Sí, sólo estoy cansada... — respondió jalando aire con dificultad.
— Alex... te pido perdón... — le decía mientras tomaba la mano de la castaña con ternura — lo de hace un mes... no quise incomodarte con ese beso, fui demasiado impulsivo...
— No me incomodaste, Cedric — admitió la bruja apenada. Diggory le atraía bastante.
— ¿En verdad? — se dibujó una enorme sonrisa en el rostro del castaño — Saliendo de aquí, te gustaría...
Luces amarillentas pasaron sobre sus cabezas y explotaron al chocar con los setos. Los dos jóvenes voltearon al lugar de donde provenían dichas luces, estaba Krum parado ahí apuntando con su varita.
— Tranquilo, somos nosotros — anunció el Hufflepuff al estudiante de Durmstrang.
A Krum no parecía importarle. Apuntó su varita a Cedric mientras daba pasos hacia él.
— ¿Qué vas a hacer? — gritaba la voz de Cedric — ¿Qué demonios pretendes hacer?
— ¡Crucio! — lanzó Krum.
El aire se llenó de repente con los gritos de Cedric. Se retorcía y sacudía en el suelo, Alex tomó su varita y lanzó un par de hechizos para desarmar a Viktor y una bombarda pero éste esquivó todos. El búlgaro levantó su varita dispuesto ahora a atacar a la americana cuando de la nada apareció Harry Potter a espaldas del grandulón.
— ¡Desmaius! — gritó Harry dejando aturdido a Krum — ¿Qué fue lo que pasó?
— Krum nos atacó... usó un maleficio contra Cedric, ¡¿Por qué lo hizo?!
— Difícil de creerlo, me parecía un tipo legal — respondió Harry mirándolo tendido en el suelo.
— Deberíamos dejarlo aquí a que se lo coma un escreguto... — dijo con recelo el castaño ojigris, sin embargo apuntó con su varita al cielo e hizo salir chispas rojas, para indicar la posición del chico aturdido.
Abriéndose repentinamente los setos y zarzales, formaron un nuevo camino frente a ellos, al final del camino había una luz brillante. La Copa de los tres magos brillaba sobre un pedestal a menos de cien metros de distancia. Harry, Cedric y Alex corrieron al instante por el nuevo sendero para llegar a la copa. Del suelo, bravas raíces con formas de manos en las extremidades salían a la superficie e intentaban arrastrar a los campeones. Cedric iba a la cabeza, seguido por los otros dos menores. Una raíz más grande que las anteriores surgió del suelo y se enredó en el tobillo de Potter haciéndolo caer, como la Russo iba a poca distancia detrás de él, chocó con su cuerpo y cayó, siendo totalmente atrapada y contenida en el piso. Lanzó un rayo en dirección a la raíz que sujetaba a Harry y logró liberarlo pero ya no podía mover más su mano para lanzar otro hechizo más. Cedric paró en seco y volvió con los dos chicos en apuros y desde distancia murmuró un conjuro hacia las raíces que oprimían a la castaña, las quemó y ella por fin quedó ha salvo. Potter y Alex se pusieron de pie y los tres se miraron entre sí.
— Harry, tómala, te la mereces — rompió el silencio Diggory mirando al suelo.
— No, deberías ser tú, o Alex, me ha ayudado a pesar de estar en una peor situación que yo.
— No, Potter, te correspondería a ti o a Cedric, volvió a ayudar a pesar de que tenía el camino libre para ganar...
— Nos corresponde a los tres, tomemosla al mismo tiempo — propuso el elegido — victoria triple para Hogwarts.
— ¿Es... estás seguro? — preguntó incrédula la castaña.
— Sí — afirmó Harry — Sí... Nos hemos ayudado a pesar de ser contrincantes, ¿no? Los tres hemos llegado hasta aquí. Tenemos que tomarla juntos.
— Adelante, pues — dijo el castaño sonriendo con camaradería — Vamos.
— A la de tres, ¿vale? — propuso Harry — Uno... dos... tres...
Diggory, Potter y Russo agarraron las asas de la Copa. Al instante, sus pies despegaron del suelo. No podían aflojar sus manos que sostenían la Copa de los tres magos, la copa los llevaba dentro de un torbellino de colores, a los tres.
