¡¡ Por fin la actualización!!, Se que me he retrasado bastante y por eso pido perdón, pero en compensación este capítulo es muchísimo más largo de lo habitual. Me ha costado lo que no está escrito dejarlo decentemente. Espero que no os defraude después de una espera tan larga, y que lo disfrutéis...

Y ahora vamos con los reviews:

Ale-chan: ¿ Sabes?. A mi también me fascina la mitología, y también me gusta el personaje de Argos, creo que por eso lo añadí en mi fic. En cuanto a lo demás, tranquila que Afrodita se las va ha saber arreglar el solito... Creo... XD. Por cierto aquí también sale tu querido Milo, aunque aún tiene mucha actuación por delante.

Elena: Si yo también creo que de ese modo la acción se entiende mejor. En cuanto a lo de las faltas de ortografía lo lamento, quería publicar el capítulo lo antes posible y me despisté al respecto. Intentaré que no vuelva ha suceder...

Giosseppe¡¡ Eso si que es un review de proporciones kilométricas!!. Bueno en primer lugar, me alegra que te gustase el capítulo, espero que este no te defraude. En segundo te diré que no me gusta que menosprecien a algunos santos sólo por que sus ideales fuesen distintos o por que perdiesen contra los bronceados. Que les venciesen los chicos de bronces, los cuales contaban con el apoyo de Atenea, no los hace menos fuertes, al fin y al cabo son "dorados", en algo se tiene que notar. De ahí que a "mi" Afrodita lo haya enfocado de ese modo. En tercero¡¡¡ Arriba los Géminis!!!, tenemos ese toque tan especial que nos identifica por sobre todos los demás signos¿ no crees?. ( Sin ánimo de ofender a nadie XD). Por cierto gracias por felicitarme, y aunque yo voy con bastante retraso, felicidades a ti también. A ver que más... a sí, también voy a sacar, o al menos intentarlo, las técnicas de SS episodio G. En cuanto a lo de por que Saga hace la Galaxian Explosion, en lugar de la Another Dimension, creo que fue más pora pavonearse delante de Alex... Prácticamente me amenazó para ello... Este Saga... Qué más, qué más... mmmm ¡¡ aahh si!!. Aún no tengo muy claro cuando, donde y en que circunstancias saldrán los aprendices de géminis, pero como te habrás supuesto, son gemelos. Eso seguro. En cuanto a Aldebarán, de momento no tengo pensado matarle, es más, ese personaje me cae muy bien, y aunque en este capítulo no sale, te aseguro que tendrá su momento de gloria, al igual que el resto... Al menos esa es la idea.

Layla-kyoyama: Efectivamente ya va ha salir la Aprendiza de Escorpio, que en realidad en un principio iba a ser chico, pero cambié de idea en el último momento... Y por cierto, es verdad que a Kiki le dieron duro, pero na' en comparación con lo que se le viene encima en este capítulo...

Adivinen que... Los personajes de Saint Seiya siguen siendo propiedad de M. Kurumada y Shueishia. No hago esto con ánimo de lucro y bla, bla , bla, bla... ¡¡ Qué comience la historia!!...

Párrafos en cursiva: Pensamientos de Kiki

------------------: Cambio de escena

Texto entre comas : Hablar cósmicamente

Enemigo al Descubierto

Era bella, no cabía duda al respecto. Su belleza no tenía parangón. Su delicado rostro parecía estar hecho de porcelana pura, sus labios carnosos, de un intenso rojo, invitaban a ser devorados, sus ojos azules habían atrapado en ellos el brillo de las estrellas, su pelo de seda caía sobre su espalda en graciosos bucles, su esbelta figura acentuaba aún más su hermosura... Retiró de nuevo la vista del espejo con enojo, sí, era hermosa, cualquier hombre, o dios, daría lo que fuese por estar con ella, pero en cambio, aquel que por derecho y ley era su marido, no hacia más que despreciarla. Incluso sus hijos eran víctimas de la indiferencia de su padre, que sólo vivía, o se desvivía, por el resto de su extensa progenie, sobretodo por "ella".

¡ Oh, cuanto la odiaba!...

Regresó de nuevo la vista al espejo, contemplándose una vez más. Sí, era hermosa, pero toda esa belleza que poseía no se podía comparar con su maldad... Ella, la diosa protectora de la familia y del matrimonio, y por ende, del fruto de la unión de estos, los niños, había ordenado masacrar a todo aquel que aspirase a una armadura ateniense... ¡ Y como disfrutaba deleitándose en sus gritos de agonía!... Atenea pagaría por deshonrar a su hijo... Ares sería vengado...

- Mi Señora, todo va según lo planeado.- Dijo una voz ronca a sus espaldas.- Esos ineptos caballeritos no tienen ni idea de lo que sucede en realidad. Están siendo exterminados.- Zanjó.

- Bien, eso me complace.- Dijo con una sonrisa torva.- ¡ Urian, qué preparen mi carruaje, voy hacerle una visita a mi "querida hijastra".-

- Como ordenéis, Mi Señora.- La hermosa mujer caminó con elegancia hasta el interior del templo perdiéndose entre sus oscuros pasillos...


Aquel reguero de sangre sólo podía significar una cosa, las estirges habían disfrutado de otro banquete. El caballero encendió su cosmos enfurecido. ¿ Cuantos de esos bichos había eliminado?.

Había perdido la cuenta, pero, por muchos que matará, su número no menguaba. Giró en la bifurcación del camino, llegando a un llano arenoso donde, como bien había supuesto, un par de niños, de no más de diez años, permanecían sobre el suelo, en un charco de su propia sangre. Con cuidado se acercó a ellos, colocando esperanzado los dedos sobre sus cuellos... era inútil, estaban muertos. Examinó los cuerpos.

Ambos eran niños.

Curiosamente se sintió ligeramente aliviado. No es que no lamentase las perdidas de aquellos niños, pero desde que aquel pequeño le habló de su amiga, sintió la necesidad urgente de encontrarla. Y el hecho de que ninguno de los dos fuese una niña le daba esperanzas de hallarla aún con vida... Con ademán cansado se aproximó a un lugar resguardado y lanzó uno de sus ataques, creando un gran agujero en el terreno. Depositó con suavidad los cuerpos inertes de los pequeño y procedió a enterrarlos. Sus cuerpos ya habían sido suficientemente injuriados como para dejarlos allí a merced de los lobos. El santo elevó una plegaria por sus almas...

Milo volteó dispuesto seguir con su labor de exterminador cuando algo llamó su atención. Cerca de donde había encontrado a los pequeños, halló unos surcos en la tierra, señales de lucha sin duda, lo cual en esas circunstancias no era curioso en sí, pero si el hecho de que por la posición en la que encontró a ese par de aprendices, que ahora se encontraban de camino a los Campos Elisios, era físicamente imposible que hubiesen sido ellos los causantes de dichas marcas, pues, era obvio que, si apenas habían tenido tiempo de reaccionar, mucho menos de plantar cara a sus enemigos... ¿ Así qué, sino habían sido ellos, quién había estado luchando allí, tratando sin duda de salvarlos?... Milo se frotó el mentón pensativo examinando la zona con detenimiento. Menos mal que siempre fue un buen rastreador, gracias a lo cual, no tardó en localizar un sendero de sangre cerca de los surcos, que parecía alejarse de la zona del conflicto. Era evidente que quien fuese el que había estado allí, había logrado escapar, aunque por las manchas de sangre que marcaban su huida, Milo dudaba que hubiese llegado muy lejos. La herida debía ser profunda para dejar aquel rastro de líquido carmesí...

- Supongo que tendré que ir en su ayuda. No puedo dejarlo morir de esa manera.- Milo se encaminó hacia el corazón del Santuario, pues ese parecía ser el objetivo del misterioso guerrero...


Afrodita estaba conmocionado. Su enemigo declarado no era ni más ni menos que Argos, uno de los titanes más famosos de la mitología, y uno de los más fieles servidores de Hera. No por nada, a su muerte, la diosa colocó los ojos del gigante en las plumas del pavo real, símbolo que siempre se ha identificado con Hera... El joven tardó unos segundos en asimilar toda la información que le otorgaba conocer la identidad de su atacante. Muy a pesar suyo sonrió¡ al menos esta vez no sería el último en enterarse!. Clavó la mirada en la máscara caída para luego pasarla al rostro del titán, tratando se asegurarse que no eran visiones lo que estaba viendo. Parpadeó tres veces antes de suspirar resignado. ¡ Si eran alucinaciones suyas, eran las más reales que había tenido nunca!. Afrodita volvió a lanzar un largo suspiro.

Argos permanecía expectante a cualquier reacción del joven, como si estuviese analizando su actitud. Un incómodo silencio se adueño del lugar. Ambos adversarios se medían con la mirada, estudiando cada detalle del otro... La tensión se respiraba en el ambiente.

Afrodita, hastiado, decidió romper el silencio finalmente...

- Vaya, así que Argos ¿ eh?.- Comentó más como afirmación que como pregunta. El otro no movió ni un músculo.- Y dime, Argos.- Dijo puntualizando enfáticamente el nombre.- ¿ Como es que regresaste del Tártaro¿ acaso Hera se decidió al fin a rescatar de las garras de la muerte a su fiel y leal perro?.-

Los cincuenta ojos de Argos que permanecían despiertos, fulminaron con desprecio a la enclenque figura que se alzaba frente a ellos. Afrodita se agitó incomodo, era sabido por todos que no le desagradaba ser el centro de atención de la miradas del Santuario, pero el hecho de que fuesen los cincuenta ojos de una misma persona los que le observaban lo inquietaba mucho. Era una sensación desagradable.

- ¿ Te intriga saber si tus pesquisas te están llevando a las deducciones acertadas, caballero?.- Habló el titán con voz ronca y pesada, consiguiendo incluso que la tierra temblase con cada palabra que pronunciaba.- Tendrás que averiguarlo tu mismo.- Argos entrecerró los ojos peligrosamente y, sin dar opción al santo, cercenó el aire con su hacha rozando aventuradamente la cabellera del joven, que tuvo que saltar hacia un lado para eludir el golpe.

- ¡ Genial, ya empieza el segundo asalto!.- Se dijo mentalmente el caballero. Con rápidos movimientos Afrodita rechazó otros dos hachazos más mientras su cabeza maquinaba un plan. ¿ Como se las iba a ingeniar para acabar con alguien que por muchos golpes que recibiese siempre se acababa levantando?. Frunció el ceño con disgusto. El santo cimbreó las rodillas y se impulsó hacía el firmamento estrellado. Mientras ascendía convocó a su cosmos, que lo cubrió con una brillante luz dorada. Con una velocidad propia de su rango, lanzó de nuevo su ataque sobre el enemigo.- ¡ Piranha Rose!.- Cientos de rosas negras se abalanzaron sobre Argos que al verse libre de su máscara, pudo ver cada una de las rosas piraña que le lanzaba el caballero. Con una velocidad inaudita en alguien de su tamaño, fue esquivando todas y cada una de las rosas. Afrodita lo miró asombrado.

- ¡ Ja, ja, ja, ja!. ¿ Qué te pasa, Caballero¿ eso es todo lo que sabes hacer?. ¡ Qué decepcionante!.- Se burló el gigante. Afrodita arrugó el rostro y cerró los puños iracundo.- Veamos cuanta diversión me ofreces.- Dijo el titán devolviéndole al santo sus anteriores palabras.

Afrodita no era un santo feliz.

No tenía ni la más remota idea de como deshacerse de ese tipejo que osaba burlarse de él, pero de seguro le haría pagar por ello. No era uno de los santos más sanguinarios por nada... aunque tenía que admitir, muy a disgusto suyo, que de momento no sabía como hacerlo. Ni siquiera lanzando cientos de sus rosas lograba nada. ¡ Argos las esquivaba todas con una efectividad pasmosa!. Pero claro, con cincuenta ojos observando sus movimientos quien no... Un segundo... ¿ y si...?. Afrodita acababa de tener una idea bastante buena. El joven Santo de Piscis sonrió con engreimiento... ¡ Muy bien que Argos se burlase de él!. Como se solía decir en esos casos, quien ríe el último, ríe mejor. Y él, estaba dispuesto a demostrarlo.


Pequeñas volutas de humo negro ascendían lentamente hacia la bóveda celeste. El olor a carne y piel quemada contaminaba el aire haciendo casi irrespirable el ambiente. Los restos mortales de aquellas aves que se habían atrevido a ponerse en su camino crepitaban bajo las llamas que los consumían lenta e inexorablemente. Dokho contemplaba el espectáculo atónito. Aunque más que la visión dantesca que se desplegaba ante él, lo que le dejaba más desconcertado, era el pequeño que permanecía quieto a su lado como si aquello fuese lo más normal del mundo. El rejuvenecido maestro se pasó una mano por el cabello revuelto sin aceptar aún lo que sus ojos le mostraban. Después de casi un minuto analizando la situación se decidió ha hablar:

- ¿ Co... como has hecho eso?. Se supone que tu signo es de aire, no de... de...-

- Como ya le dije, Maestro.- Interrumpió el chico.- Es mi naturaleza.- Aseveró tajante. El sorprendido Santo de Libra no lograba comprender a lo que, su recién acogido alumno, quería referirse. El caballero arqueó una ceja pensativo. En verdad, a penas sabía nada de este nuevo alumno que tenía a su cargo, lo único que sabía era lo que le contó Sunrey, y dicha fuese la verdad, no es que fuese gran cosa. La joven solo pudo contarle las habladurías que corrían por el pueblo acerca del origen del extraño muchacho, que si él y su madre habían caído del cielo envueltos en llamas, que hablaban una lengua desconocida por todos, que eran demonios de ojos ambarinos, que si el orfanato que lo acogió tras la extraña muerte de su madre había ardido misteriosamente en llamas..., en fin, un montón de verborrea infundada, típica de gente de pueblo supersticiosa y, temerosa de todo aquello que no entraba dentro de los cánones de "normalidad" por ellos establecidos. Aunque después de lo que acababa de ver se preguntó cuanto de todo eso era verdad y cuanto supercherías...

Dokho avanzaba raudo por los yermos pasadizos que recorrían el Santuario de punta a punta, haciendo caso omiso de las cruentas batallas que se desarrollaban en los terrenos aledaños. Blake lo seguía muy de cerca, con los ojos fijos en algún punto en la lejanía. Llegaron al final de aquel corredor, que se abría formando una amplia planicie. Allí, maestro y alumno, se detuvieron unos segundos inspeccionando la zona. Dokho recorrió los tres pasos que le faltaban para encontrarse en el centro de la explanada. No sabía que era, pero algo le daba mala espina, algo que no debía estar allí...

Tomó aire con calma tratando de averiguar que era... mmm... el aire tenía un rico olor a dulce, era una fragancia que embelesaba los sentidos. Dokho se frotó el mentón con la mano... ¿ por qué olía tan dulce el ambiente?... ¡ Qué demonios¡. ¡Eso era lo que sobraba allí!. Ese olor no debía estar en medio de una batalla sangrienta.

En ese preciso instante el caballero abrió los ojos, que hasta ese momento había mantenido cerrados, y saltó hacia delante eludiendo de ese modo el lastimoso picotazo de una estirge. Suspiró aliviado cuando comprobó que sólo le había desgarrado un poco la camisa. Recorrió con la mirada los alrededores, cerciorando con amargura, que estaba sitiado. Un escalofrío se adueño de su columna vertebral hasta su nuca. ¡ Se había olvidado de Blake!. Fijó la mirada a unos metros de distancia de él. Respiró sosegado cuando vio que su alumno seguía en pie y encarando a la estige que se había interpuesto en su camino.

- Por lo menos sigue vivo.- Pensó el rejuvenecido santo. Volvió a clavar la vista en las aves, que parecían haberles tendido una trampa. Fue entonces cuando ese olorcillo dulzón volvió hacer acto de presencia. Dokho empezó a comprenderlo. Sabía que algunos animales segregaban feromonas que usaban para atraer a sus posibles víctimas. y eso precisamente estaban haciendo las estirges, estaban excretando feromonas que al contacto con el aire, producían esa esencia tan dulce que aturdía los sentidos. Así era como atrapaban a sus víctimas sin que estos pudiesen defenderse... El santo se golpeó mentalmente para no caer otra vez ante aquella fragancia... Al menos algo si que tenía que reconocerles a esos bichos, eran listos, demasiado listos...

De pronto las bestias comenzaron a graznar y ha agitarse. El Santo de Libra se vio obligado a contorsionarse para esquivar un ataque mal intencionado de una de las aves. Saltó hacía las bestias, giró sobre sus pies y se arrojó hacía un lado, evitando así varios picotazos. El caballero afianzó los pies en tierra y comenzó ha agitar los brazos en una acompasada y hermosa danza. Las estirges se lanzaron contra él enfurecidas, pero el rejuvenecido maestro las evitó con una grácil acrobacia que lo impulso hacia la estratosfera. Una vez allí, y mientras caía, arrojó su ataque. - ¡ Rozan Sho Ryu Ha!.- Un dragón azulado cruzó veloz el oscuro cielo de la noche, graznando con fervor ante el inexorable destino que les deparaba a sus víctimas. La estela azulada se estrello en el centro de la explanada arrasando su paso a todas las bestias que se encontraba. Dokho cayó ágilmente sobre el suelo y contemplo satisfecho. Ni una sola de las aves había sobrevivido a su ataque.

- Bien, continuemos Blake.- El maestro se giró en busca de su discípulo, pero lo único que encontró fue la mochila que este cargaba a la espalda.- ¿ Pero qué...?. Hace un momento estaba aquí.- El Santo de Libra no encontró rastro alguno del muchacho, tan sólo unas huellas que se alejaban adentrándose en el Santuario...


La muerte era lo único que parecía reinar en aquella noche aciaga de caos y destrucción. Campos sembrados de cadáveres mutilados por las estirges se podían observar desde cualquier lugar del Santuario. El caballero sacó el puño del cuerpo desidioso de la última ave a la que había aniquilado, arrastrado con él, el corazón aún palpitante de la bestia. Alzó el puño hasta sus ojos y contempló impávido los últimos latidos del órgano. Dirigió la vista hacia el terreno atestado de cadáveres en putrefacción. ¡ Era curioso lo rápido que se descomponían los cuerpos de aquellos seres!. Saga regresó la vista a su puño, donde el corazón de la estirge se deshacía en un viscoso líquido negruzco, que amenazaba con corroer su armadura.- Incluso después de muertos, estos bichos siguen siendo peligrosos.- Pensó el santo al tiempo que hacía un mohín de repugnancia lanzando al suelo los restos del corazón arrancado.

- Vaya, al fin encuentro algo que te provoque repulsión.- Comentó una fémina voz a sus espaldas.

- Hay muchas cosas que me desagradan, Alex.- Sonrió con arrogancia.- Pero tendrás que descubrirlas tu misma.- Flirteo altanero el caballero. Alex apretó los puños con ira. ¿ Como hacía para molestar verbalmente a alguien al que no le hacía mella nada?. Era enervarte. Saga no pudo evitar sonreír.

- ¡ Vamos Amazona de Sagitta!. El Santuario nos necesita, y aún quedan niños a los que rescatar.- Y diciendo esto cargó en sus brazos a un niño de cabellos castaños.

Ambos santos echaron a correr a lo largo del campo de batalla, evitando si quiera rozar la sangre ponzoñosa allí derramada. De súbito, una estela plateada atravesó el oscuro cielo estrellado, como si de un cometa se tratase, pero algo en él indicaba lo contrario, pues un intenso cosmos, tan brillante y poderoso como el de la misma Diosa Atenea, parecía provenir de él. Además, por increíble que fuese¡ el cometa se dirigía al Templo de Atenea!. Saga sintió una desagradable opresión en el pecho, casi impidiéndole respirar. Sin dudarlo un segundo depositó al pequeño en el suelo y concentró su cosmos, el cual se arremolinó en su puño, desprendiendo un penetrante destello púrpura. El santo clavó la mirada en el extraño astro calculando la distancia, y lanzó su ataque con tanta potencia, que iluminó por completo el cielo del Santuario, dando la impresión de que el Astro Rey regresaba de su descanso nocturno.

Alex sólo pudo cubrir a los pequeños antes de que el golpe de Saga alcanzase su objetivo... Pero este nunca llegó a producirse, ya que otra onda, de igual intensidad que la lanzada por el caballero, repelió el ataque, con lo que la estela plateada arribó triunfante sobre la Colina Sagrada, al tiempo que una aureola violácea descendía hacia ellos a gran velocidad, deteniéndose a escasos centímetros del suelo. La aureola comenzó a aumentar de tamaño. Saga miraba analizante la extraña forma que se alzaba frente a él, hasta que al fin, pudo distinguir una silueta antropomórfica que avanzaba tranquila hasta el caballero. El destello desapareció finalmente, dejando a la vista a un hombre que portaba una curiosa armadura de paladio. Saga frunció el ceño con disgusto...

- ¡¡ Tú!!, insignificante mortal, como osas atacar a mi hermosa señora con tus despreciables poderes.- Dijo el hombre, el cual, debía ser más a menos de la estatura de Saga, aunque sus músculos estaban mucho más desarrollados. - Incluso me atrevería a decir que demasiado desarrollados.- Pensó Alex con desagrado.

- Es que soy un admirador de toda belleza femenina. Por eso le hice esa "amable" invitación para bajar. ¡ Nunca pierdo oportunidad para disfrutar de la compañía de una hermosa dama!.- Contestó sarcástico Saga sin tener idea de a quien se refería el soldado. Alex entornó los ojos bajo la máscara en un gesto de exasperación. El par de aprendices observaban temerosos al guerrero recién surgido casi sin parpadear, pues, algo en su aura, indicaba que era peligroso, muy peligroso.

- ¡¡ Maldito bastardo!!. Pagarás por tu osadía.- Amenazó el extraño guerrero. Saga comenzó a convocar su cosmos, que no tardó en concentrarse en sus manos. La Amazona de Sagitta se dispuso para atacar...

- No. no. no, Alex. Eso no esta bien...- Aseguró el peliazul.- Además, esta escena es sólo para "mayores".- Dijo guiñándoles un ojo a los pequeños. La joven amazona lo miró sin comprender, al menos, hasta que sintió como el cosmos del santo iba en aumento, creando a sus pies un inmenso agujero negro que los tragó a los tres. La Another Dimesion los llevaría lejos de lo que, el perspicaz santo, supuso una cruenta batalla...

- ¡¡ Saga ni se te ocu...-

- Como ya te he dicho, amazona, esta escena queda vedada para menores de veintiocho. ¡ Adiós!.- Interrumpió Saga a la joven antes de desaparecer por el portal dimensional...

El caballero se giró finalmente para encararse con el amenazante guerrero de extraña armadura...

- Bueno, amigo, ha llegado el momento de que aclaremos como he de "cortejar" a las damas.- Dijo con sorna. El otro entrecerró los ojos peligrosamente.


Correr. ¿ Por qué algo en apariencia tan sencillo se me hacía tan pesado?…

Mis piernas corrían por la inercia, sin recibir orden alguna de mi cerebro. Una vez más, di gracias a Atenea por las benditas leyes de la física...

Me encontraba cansado, agotado y herido. La vista se me nublaba a cada paso que daba debido a la perdida reciente de sangre. Giré la cabeza a ambos lados para observar a mis compañeros. Era posible que ellos no estuviesen heridos, pero su aspecto no era mucho mejor que el mío. Solté un largo y prolongado suspiro. Si salía de esa de una sola pieza, ¡ no volvería a comer "pollo frito" en la vida!. Así de cansado estaba de las dichosas aves...

Las estirges no dejaban de hostigarnos una y otra vez, como si estuviesen intentando medir nuestra resistencia. Esas bestias eran astutas... y el hecho de pensar que esos monstruos sanguinarios tuviesen capacidad de raciocinio, hizo que un sudor frío me recorriese la nuca. No quería ni imaginar que fuesen tan listas como para intentar emboscarnos. Era una idea nada alentadora... Aunque en esas circunstancias ya nada me sorprendería ... ¡ Qué equivocado estaba!


Los graznidos de las bestias eran arrastrados por el viento, en un constante recuerdo de que la muerte rondaba con paso seguro aquella noche. Los cadáveres drenados, huella irrefutable de su presencia, acechaban en el campo ensangrentado, como fantasmas expectantes, a la espera de recibir digna sepultura... Pero, por desgracia, aún no era hora de honrar a los muertos. Y así lo dejaban claro las tres furtivas figuras que corrían por sus vidas...

Era curioso como las distancias parecían alargarse cuando uno llevaba prisa. Era capaz de realizar aquel recorrido con los ojos cerrados y nunca tardaba más de veinte minutos..., pero, aquella noche tenía la sensación de que jamás llegaría a su destino. Nunca hasta ese momento se le había hecho el camino tan largo al joven lemuriano. Los senderos zigzagueaban por todo el lugar, atravesando los encrespados terrenos que conformaban el Santuario. Detuvieron su marcha uno instantes cuando percibieron en el cielo algo que los dejo atónitos. ¡¡ el Sol resurgía en plena noche, iluminando el campo de batalla!!. Ayame parpadeó perplejo, y Teiya se quedó paralizada al sentir aquel cosmos. Kiki hizo un gesto de disgusto, pues, a diferencia de sus compañeros, el sí reconoció aquella explosión, la cual no tardó mucho en relacionar con el Caballero de Géminis, y si él había lanzado un ataque de esa magnitud, la situación bien era preocupante...

- ¿ Qué fue eso?.- Preguntó con asombro el albino a sus compañeros, cuando la luz se extinguió tan rápido como había surgido, volviendo al espectro luminoso normal.

- No lo se.- Reconoció la niña.- Pero mejor no quedarse aquí ha averiguarlo.- Sugirió de inmediato sintiendo la presencia amenazadora de las estirges que no se tardarían en aparecer en su campo visual. Sus dos compañeros asintieron con la cabeza y continuaron la marcha. Los tres aprendices a dorado, alcanzaron la cima de un promontorio, desde el que se vislumbraba el coliseo. Kiki fijó la vista en aquel punto del recorrido... Desde aquel recinto llegaban los ruidos del clamor de la batalla. Gritos de agonía y olor a sangre fresca. El joven lemuriano apretó los puños de impotencia. ¿ Como ayudar a sus compañeros, si les era difícil ayudarse a ellos mismos?... Unas sombras veloces a sus espaldas interrumpieron sus pensamientos. Teiya saltó desde el montículo hasta el suelo resguardándose de las estirges tras unos matorrales que la arañaron los brazos. Ayame se tiró al suelo en el preciso instante en que una ave hacía una rasante sobre él. Por el contrario Kiki flexionó las rodillas y se propulsó hacia arriba con un gran salto, cayendo ágilmente unos metros más alejados de sus dos compañeros, se giró sobre sus talones dirigiéndose con paso firme hacia una gran roca que usó para parapetarse, hincó el pié en la superficie pulida por la erosión, y flexionó las piernas con fuerza. En una fracción de segundo se vio impulsado nuevamente hacia el cielo. Realizó una cabriola y calló hábilmente sobre la espalda de una de las estirges cercanas.

- ¡ Qué potra tiene el carnero!.- Se oyó exclamar con asombró a Ayame, pero por desgracia su compañera estaba demasiado ocupada como para prestarle atención. Teiya saltó hacia atrás evitando un violento picotazo que le hubiese atravesado de lado a lado. Se contorsionó apoyando la espalda contra el suelo y proyecto las piernas hacía arriba en un mismo movimiento, alcanzando a una estirge en una rápida rasante, lo que la desestabilizó yendo a chocar contra la estirge en la que se encontraba Kiki montado. Este se vió obligado a saltar a otra ave antes de que la bestia pateada por Teiya, atravesase la piel acorazada de su compañera de cacería.

- Mmmm...- el lemuriano alzó uno de sus lunares interesado...

Mientras, por su parte, Teiya seguía luchando contra un par de estirges que la acosaban, se llevó la mano a la cadera y aferró con firmeza el rosario allí sujeto. De un rápido empellón lo liberó y comenzó a agitar los brazos en una danza mortal, golpeando con fuerza todo aquello que se aproximase a ella. De repente un curioso olor dulzón le llegó desde detrás de su máscara...

- ¡ Maldición, ya vuelven a usar ese truco!.- Gritó furiosa la niña.- ¡ Chicos, tened cuidado de no sucumbir a su olor!.- Advirtió a sus compañeros. Estos sólo atinaron a sacudir la cabeza afirmativamente, pues ya sabían de las consecuencias de aquel hedor dulzón, gracias a que hacía unos minutos las aves ya habían intentado distraerlos con él, cosa que de no haber evitado Teiya, que gracias a su máscara no sufrió las consecuencias de aquel olor que desprendían las bestias, pudo evitar que sus dos compañeros terminasen ensartados.

Ayame comprobando que ninguno de sus dos compañeros le prestaba atención, se encogió de hombros y se dispuso a encarar al primer enemigo que entró en su campo visual. Corrió hacia un lado atrayendo la mirada de la estirge, que no dudó en abalanzarse sobre él. Rodó por el suelo esquivando el desgarrador pico de la bestia, apoyó las manos en el suelo y se impulsó hacía arriba en el justo momento que el pájaro se giraba en el aire para poder alcanzarle. Con movimientos muy precisos el joven albino fue concentrando su cosmos paulatinamente hasta que sus puños fueron dos esferas azuladas. Escaneó el lugar buscando su objetivo, que se acechaba velozmente y entonces liberó su cosmos sobre él...

- ¡ Glacial Snap! (1).- Un frío antinatural anegó el lugar, una intensa ráfaga azulada de hielo y escarcha surcó el espacio que había entre Ayame y la estirge, congelando el mismo aire. El golpe llegó rápido y certero, chocando violentamente contra el ave, en cuya piel aparecieron rastros de escarcha que inmovilizaron a la bestia. El pájaro fue cayendo hacía el suelo inexorablemente. Pero antes de que llegase a estrellarse, una repentina explosión surgió del interior de su cuerpo... Donde antes había una estirge ahora se hallaba una gigantesca estrella de hielo blanco, que despedazó desde el interior el maltrecho cuerpo de su víctima. Trozos de carne y borbotones de sangre se diseminaron por el lugar... Ayame cayó al suelo agotado tomando grandes bocanas de aire...

Aquel ataque lo dejaba exhausto...

Kiki, que aún usaba de montura a una estirge, miró atónito al albino chico. ¡¡ Nunca había visto un ataque de hielo de ese tipo!!.

- ...Interesante...-. Pensó. El pelirrojo se agarró con fuerza a los pliegues rugosos de la piel del ave, cuando está trató de sacudírselo de encima. Un sonoro graznido amenazó con romper los tímpanos de los tres aprendices que tuvieron que taparse los oídos ante aquel sonido tan estridente. Kiki a duras penas pudo fijar la vista al frente, debido a las lágrimas que se agolpaban en sus retinas... lo que vió no le gustó nada. Todas las aves se habían detenido en el aire y tenían la mirada clavada en él.

- ¡¡ Upss!!. Esto va ha ser doloroso...- Sin darle tregua al joven lemuriano, las aves se precipitaron contra él y la estirge que usaba de montura. El lemuriano se vió obligado a aumentar su agarre para no caer y, con una fuerza desconocida incluso por él, obligó a la bestia a replegarse.

- ¡¡¡ KIKI!!.- Gritó desesperada la niña cuando notó que su compañero se encaminaba a un precipicio cercano perseguido y acosado por una bandada de aves...

- ¡¡ HUID!!.- Atinó a gritar Kiki desde su posición en las alturas mientras se alejaba. Ayame agarró por la muñeca a la joven amazona, pero esta se negó a marcharse. ¡¡ No podía abandonar a su amigo!!. De un empellón se liberó del agarre del albino y se dirigió en dirección a las aves que se alejaban, pero, no hubo dado ni tres pasos, cuando de entre las sombras surgieron varias aves más. ¡ Tan enfrascada estaba en intentar salvar a Kiki que no había notado su presencia!... Teiya no tenía escapatoria...


Las estirges se lanzaron hambrientas sobre su próxima cena... En la distancia resonó un grito.

- ¡¡ Blazing Rising Dragoon!! (2).- De súbito un inmenso, grandioso y flamante dragón llameante, surcó el cielo enrojecido a causa de aquella estela de fuego que lo cruzaba, carbonizando y desintegrando a todo enemigo que se interpusiese en su camino. Las aves graznaban de dolor al ser presas de las llamas que consumían sus cuerpos. Ayame corrió hacía la niña y creó un pequeño escudo de hielo que los protegió a ambos de las llamas del dragón enfurecido, después, este se desintegró en una colosal explosión. Los dos niños se levantaron agotados del suelo y fijaron la vista en la pequeña sombra de "ojos ambarinos" que los observaba desde un montículo cercano... Blake había llegado.

Las estirges habían desaparecido de su vista con rapidez, aunque Stacia no dudaba que no tardarían en volver... como siempre. Entornó los ojos con fastidio. Miró los cuerpos inertes de sus compañeros y se maldijo en voz baja por no haber podido llegar antes. Desde que se separó del grupo en un intento desesperado, y casi suicida, para darles tiempo a refugiarse, se había enfrentado ya a una docena de estirges, a las que, milagrosamente, había sobrevivido, logrando que huyeran. Pero ya se estaba cansando de ese jueguecito. Ella nunca había sido una persona paciente, cosa, que de hecho, traía de cabeza a su maestro, que no hacía más que reprenderla por ello. Se pasó la mano por la frente tratando de secar el sudor que la recorría, pero al hacerlo se encontró con la superficie fría y bien pulida de su máscara.

- Dégoûtant morceau de métal (3).- Gruñó con frustración, después de casi tres años llevando esa cosa que la impedía respirar con normalidad seguía sin acostumbrase a ella.

- Y creo que nunca lo haré.- Dijo para si.

Se refugió al amparó de una gran roca y apoyó la espalda dejándose arrastrar hasta el suelo. Le dolía la pierna, aquella maldita estirge había sido más rápida que ella, cosa de por sí bastante difícil, pues según su maestro ella debía ser la aprendiza más veloz del Santuario, alcanzándola con sus garras en la pierna, desgarrándosela dolorosamente. ¡ Gracias a Atenea, Zeus, Hermes, o cuales quiera que fuesen los dioses que estuviesen en ese momento observando, y que la salvaron de acabar como un colador bajo las estirges!. Se pasó la mano por la herida vendada chascando la lengua con fastidio.

- Si no fuese por esta herida habría llegado hace rato a los templos...-. Dijo con desespero. Se giró de repente al oír un ruido procedente de detrás de la roca, se asomó con cautela y examinó la zona... Un par de ratones habían salido de su refugio y recorrían la zona para encontrar comida.

- ¡ Ufff!. Ya me asusto hasta de los roedores...- Suspiró con alivio mientras regresaba a su sitio... - ¡¡ Aaaaahhh!!.- Un grito desgarrador salió de la garganta de la niña. Saltó hacía un lado ayudándose de las manos y esquivó a la estirge que había surgido de repente. La aprendiza escaneó la zona y comprobó que había al menos tres pájaros más... Desde luego una cosa sí que había que otorgarles a las aves: eran perseverantes.

La bandada de pajarracos se precipitaron hacía la niña deseosas de sangre, la pequeña se lanzó al suelo, contorsiono la cintura y extendió las piernas golpeando en el vientre a una de las aves. Se dobló sobre su espalda volviéndose a poner de pié a escasos metros de la refriega. Cayó de rodillas cuando una de las aves pasó volando cerca de ella clavando sus ponzoñosas garras sobre la espalda. Un dolor intenso, y que nubló los ojos Stacia por las lágrimas, se apoderó de ella. Un gruñido de dolor se escapó de su garganta.

- No me dais ningún miedo.- Aseguró con los ojos aún llenos de lágrimas.- ¡ Vais a pagar todo el mal que habéis hecho a mis amigos!.- Bufó con enejo.- Ya estoy harta de huir.- Aseveró con un amenazante destello rojizo en sus ojos lavanda, que, por desgracia, no se pudo apreciar por su máscara.- Son, en momentos como estos, en los que odio que mon masque(4) oculte mon yeux(5).-Pensó frustrada, mientras con movimientos lentos, pero seguros volvía a ponerse en pié obstinadamente.

Una oculta figura observaba con atención el proceder de la pequeña...

La joven aprendiz se encaró de nuevo a las estirges con los puños apretados y haciendo caso omiso de las fuertes descargas de dolor que recorrían su espalda. Las voraces aves comenzaron a emitir aquel olor dulzón para distraer a la joven víctima, pero esta, lejos de sucumbir a su ataque, fue concentrando su cosmo paulatinamente consiguiendo que su cuerpo desprendiera una brillante aureola que la recorría entera. Con una velocidad y destreza asombrosas se colocó frente a una de las estirge, antes de que esta lograse captar sus movimientos, agitó los brazos acompasadamente y lanzó su ataque.

- ¡ Piqûre du Scorpion (6)!.- Una súbita nube de arena rojiza anegó el lugar haciendo el ambiente irrespirable. La arena avanzó sobre las estirges introduciéndose por cada uno de sus poro, abrasando desde el interior todo órgano que tocasen, así como coagulando la sangre de las desdichadas bestias, que convulsionaban enloquecidas ante la falta de circulación sanguínea. Un espantoso graznido dió por finalizada aquella visión de muerte y dolor... Stacia respiró con cansancio tratando de recuperar el oxigeno.

- Bueno, cuatro menos...- Dijo agotada.

- Vaya, desde luego hay que reconocer que haces honor a tu nombre, Stacia. Nunca dejas de levantarte.(7).- Intervino una voz a sus espalda sobresaltando a la pequeña amazona. Esta se giró con una velocidad prodigiosa quedando frente a frente con su inesperado interlocutor. Clavó los ojos en la figura alta y bien fornida del hombre frente a ella, y no pudo evitar pensar que, los ojos azules de él, parecían sonreír con picardía. El joven avanzó hasta ella con paso decidido saliendo de entre la penumbra y dejando a la vista una hermosa armadura dorada...


Hacía rato que Shion había presentido la presencia de aquel poderoso cosmos que se acercaba raudo hacia el Santuario. No había tardado en ordenar que todos los guardias del recinto se alejasen de allí y fuesen a prestar ayuda a algún otro lado. En realidad su intención era evitar otro inútil derramamiento de sangre. ¡ Ya se ocuparía él mismo del descarado que osase perturbar la paz de aquel templo sagrado!, estaba preparado para ello... pero, para lo que no estaba preparado era para "eso"... En el momento en que la vio aparecer, envuelta en misticismo, tras aquel cometa, el cual descendió hasta el jardín que custodiaba la entrada del Templo Principal, supuso que aquel encuentro no iba a resultar agradable... y no se equivocó mucho...

Aquella mujer de esbelta figura y mirada severa atravesó la máscara del rejuvenecido santo haciéndole flaquear en su determinación. Shion observó como el raso de su túnica caía tentadoramente sobre sus piernas bien torneadas... Era una visión que embelesaba la mente. No obstante, lo que más atraía la vista del patriarca, era la exquisita ornamentación de la que hacía gala el vestido. Aquel bello y, elegante, plumaje verde plagado de ojos azules que se abrían en su espalda y, que lo observaban todo con calma... La mujer sonrió. Shion se estremeció ante esa sonrisa tan hermosa como terrorífica, tanto que podría doblegar al soldado más aguerrido... Tragó saliva llevándose la mano a la máscara roja, para apartarla de su rostro y, permitir mejor acceso al oxígeno que tanta falta le hacía...

Debido a su larga existencia, Shion, había vivido muchas cosas, y conocido a muchas personas, y dioses, Atenea, Hades, Apolo, Afrodita, un encuentro que, en otras circunstancias, no le importaría repetir¡ incluso llegó a conocer a Zeus, Padre de los Dioses!, pero nunca, jamás, la había conocido a ella. Ella jamás se dignó a descender al mundo de los mortales. Sin embargo hela allí, frente a él y con intenciones de llegar hasta la joven Atenea. Shion hizo un mohín de disgusto, la situación se le estaba escapando de las manos... Tener que medirse con una diosa casi tan poderosa como Zeus y tan mucho más peligrosa que Hades no era algo que estuviese en sus planes más inmediatos...

Enfrentarse a Hera no era muy prometedor...

- Tú, descarado y simple mortal¿ te atreves a enfrentarte con la Divina Hera?.- Su voz, melodiosa y potente, resonó por la amplia sala acolumnada. El Sumo Sacerdote observó a la hermosa mujer, sintiéndose casi culpable por contemplar tanta belleza, e interponiéndose entre ella y su amada diosa en un intento, casi profano, de frenar su avance hasta las estancias privadas de la diosa adolescente refugiada tras aquellas puertas labradas. Hera frunció el ceño en un horrible gesto de ira.

- ¿ Esa es tu respuesta?.- Preguntó ante la actitud desafiante del patriarca.- Se es así, esta será tu tumba.- Dijo con tono amenazante mientras un intenso cosmos se iba concentrando a su alrededor.

- Soy Shion, antiguo Caballero de Aries y actual Patriarca de este Santuario¡ devoto de Atenea! y, si mi destino es morir en su defensa, que así sea.- Pronuncio con calma y seguro mientras su dorado cosmos hacía acto de presencia concentrándose rápidamente.

- Hump, insolente.- Hera agitó los brazos. aún sin moverse de su lugar, mientras apuntaba contra Shion. De súbito el cosmos de la diosa fue en aumento inundando toda la sala, las columnas comenzaron a quebrarse debido a la presión ejercida sobre ellas, el techo crujió amenazadoramente y el brillo del cosmos divino desbordó el recinto escapándose por las ventanas. El lemuriano reaccionó al segundo creando una Crystal Wall para, si no detener, al menos si refrenar algo su avance hacia los aposentos privados de la joven diosa. Al comprender que el cosmos que impedía que se teletransportase no era otro que el de aquella diosa enfurecida, se colocó frente a Hera con una velocidad sorprendente, elevó su cosmo hasta el infinito y lanzó su ataque...

- ¡¡ Stardust Revolucion!!.- Una ráfaga de meteoritos se precipitaron contra el cuerpo de la mujer allí presente. Está elevó igualmente su cosmos, concentrándolo en sus puños. El templo se quejó y amenazó con derrumbarse ante tal despliegue de poderes...

- ¡¡ Peacock's Unfolding(8)!!.- Bramó la mujer. El rejuvenecido santo tuvo la sensación de que el tiempo se paraba momentáneamente, todo sucedía a cámara lenta. Noto como perdía sus fuerzas haciéndosele trabajoso el solo hecho de respirar. Un estruendo tras la diosa llamó su atención, logrando que involuntariamente levantase la vista hasta ella. Lo que vio lo dejó sorprendido. Tras la diosa se veía claramente la figura de un hermoso pavo real que agitaba sus plumas altaneramente, haciendo que un extraño polvillo dorado anegase el salón. Shion oyó que se escapaba un grito de su garganta convulsionando de dolor, pero nunca llegó a saber cuando le alcanzó el golpe quebrando sus defensas. Intentó hablar pero de sus cuerdas vocales no emitieron sonido alguno. Entonces lo comprendió. El ataque de Hera anulaba los sentidos de su adversario... El Patriarca se levantó de nuevo desafiante.

- Insignificante mortal¿ Aún te opones a mí con tus despreciables poderes?. No seas ridículo.- Se burló Hera.- Nunca podrás vencerme. ¡¡ Ninguno de ustedes podrá!!.- Gritó con los ojos enrojecidos por la furia...

- Ellos no, Hera, pero tal vez yo ...- Una hermosa voz interrumpió a la diosa. Shion giró la cabeza rápidamente al reconocer la voz y un sudor frió recorrió su nuca. De entre las penumbras del templo se vislumbró una delicada figura femenina iluminada por la tenue luz de las candelas... Atenea apareció frente a ellos portando su armadura y su égida...

- Te doy la bienvenida a mi Santuario Hera, esposa de Zeus.- Un horrible mohín se dibujó en el semblante de la furiosa diosa.- Compruebo que al fin mi enemigo se descubre ante mi...-


La tierra se quebraba bajo sus pies con cada patada que lanzaban, los puñetazos cortaban el aire con virulencia, las colinas próximas se derrumbaban a su paso levantado una densa nube de arena, haciendo del lugar irrespirable. Todo se encontraba arrasado... La lucha era cada vez más sangrienta, y en medio de tanta destrucción dos figuras permanecían allí combatiendo, como si nada a su alrededor ocurriese... Ambos guerreros habían desplegado todo su poder en un combate sin parangón, en el que, únicamente uno de los dos, podría sobrevivir...

Patada, puñetazo, pirueta... Saga se movía por instinto, sin saber con certeza que movimiento sería el siguiente de su adversario. Urian, que así decía llamarse el guerrero, no tardó en precipitarse contra él, haciendo gala de un poder que rivalizaba con el de cualquier Caballero Dorado. El Santo de Géminis tampoco se quedó atrás y lo encaró al momento, dando comienzo un rifirrafe de ataques y contraataques que amenazaban con destruir lo poco que aún quedaba en pié en el perímetro. Incluso las estirges, presintiendo el peligro inminente, se había alejado de las cercanías. Ambos guerreros eran diestros en el manejo de sus cosmos y ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder terreno al otro...

El Santo de Géminis elevó la vista hasta la de su adversario y un escalofrío le recorrió la espalda cuando vio que su mirada estaba tan vacía de todo sentimiento que bien podría pasar por un muerto... Un grito, más bien un rugido, atronador desgarró la garganta de Urian que con una fuerza casi titánica arremetió contra Saga. Este, viendo que no tenía espacio para maniobrar afianzó los pies en tierra dispuesto a encajar el golpe lo mejor posible. Sintió como su hombro se desencajaba debido a la violencia del golpe, y como su boca se llenaba de sangre que se vio obligado a escupir a borbotones. Los pulmones se quedaron sin aire y tuvo que hacer un esfuerzo para no caer al suelo.

- Que fuerza tan brutal.- Pensó.- Ha sido como si me estrellase de cabeza contra el Muro de los Lamentos.- Urian sonrió con malicia, sonrisa que no se reflejó en sus ojos...

- Muy bien "risitas", ahora es mi turno.- Amenazó el caballero una vez que recuperó el aliento.- ¡ Veamos que te parece esto!... ¡¡Another Dimension!!.- Saga bramó enfurecido mientras un gigantesco agujero dimensional se abría tras su enemigo arrastrándolo hacia su interior. Urian no tardó en reaccionar y aumentó su cosmos hasta tal punto que daba la sensación de que desbordaría la dimensión creada por Saga, mientras que con la vista fija entre algún punto en el terreno lanzó su ataque.

-¡¡ Ocaso de la Humanidad!!.- Una gran explosión, como si cientos de planetas se desintegrasen al unísono, surgió de sus puños enrojecidos por la sangre. El ataque del santo se vio ensombrecido por el de su adversario, que con su golpe anegaba el portal dimensional, pero, por el contrario, el caballeros no se desesperó, sino que incrementó aún más su energía, ensanchando la abertura a otra dimensión, para lograr de ese modo absorber por completo la explosión de Urian que amenazaba con pulverizar el Santuario. El hombro de Saga se quejó por el esfuerzo enviando dolorosas punzadas a su cerebro.

El caballero maldijo en silencio.

- Vas a necesitar más que eso para vencerme, caballero.- Escupió colérico el caballero de paladio. Cerró momentáneamente los ojos mientras conseguía escapar poco a poco de la trampa dimensional del Santo, al tiempo que unas extrañas sombras salían de su armadura rozando la silueta de Saga.- Ahora estas atado a mí.- Aseguró cuando las sombras parecían atar el cuerpo del peliazul.- Si yo caigo tu caerás conmigo, ja, ja, ja...-

- Bastardo.- Saga chasqueó la lengua con frustración, concentrando toda la energía que podía para retener al guerrero el tiempo suficiente para ser absorbido por el agujero, y no ser arrastrado con él...

- Ja, ja, ja... ¿ Acaso necesitas ayuda para vencerme?...-Se burló Urian. Saga lo fulminó con la mirada. Su hombro volvió a darle una dolorosa descarga.

Súbitamente un tremendo golpe llegó desde atrás del joven santo, dando de lleno en el pecho de Urian. Este cayó de rodillas al piso debido aquel golpe tan inesperado, mientras maldecía en todos los idiomas que conocía al desgraciado que lo había atacado.

- Deberías lavarte la boca con jabón.- Contestaron burlonamente.- Aquí hay niños que no deberían oír esas cosas.- Urian giró la cabeza hacia la procedencia de aquella voz que se le hacía muy conocida, pero que era imposible que fuese "él".

- ¿Que dem...?. ¿ Cuando has llegado allí, si estás atado a mi armadura?.- El aludido sonrió ampliamente.

- Ese ha sido tu primer error.- Sentenció Saga socarronamente.- Lo que está sujeto a tus sombras no es más que una mera ilusión creada por mí. Estabas tan inmerso en la lucha que no te diste cuenta de que en el momento que cerraste los ojos, creé una ilusión de mi mismo luchando, mientras yo me alejaba rápidamente.- Aclaró mientras con un leve chasquido de dedos deshacía la ilusión. Las sombras de Urian se vieron entonces sujetando una gran "nada".- Urian frunció el ceño iracundo.

- Muy bien he cometido un error al confiar en mis sentidos, pero eso no te concede la victoria.- Dijo el guerrero.- Aún puedo vencerte.-

- Ahí está tu segundo error.- Aseveró con una calma glacial Saga.- Me subestimaste en combate. ¡¡ Nunca menosprecies a un géminis!!. Ese es un error fatal.- Amenazó con los ojos enrojecidos de furia.- Es hora de dar un paseo.- Sonrió con malicia. De pronto el cosmos de caballero explosionó con furia y movió sus brazos con habilidad. Concentró su energía en los puños lanzándose contra el guerrero aún aprisionado en su "otra dimensión".

El golpe llegó rápido, certero y letal. Urian sintió como debido al golpe en su pecho era arrastrado por la fuerza gravitatoria de la dimensión de Saga. Trató de sujetarse, de no perder el equilibrio. Pero aquel ataque le había pillado con las defensas bajas y no tardó en ser engullido por el agujero, que se cerraba con celeridad. El Caballero de Paladio gruño furioso.

- Esto aún no ha acabado, Santo de Atenea. Nos volveremos a encontrar.- Fue todo lo que dijo antes de que el espacio dimensional se cerrase completamente dejando al otro lado a un Saga agitado y exhausto tratando de normalizar su respiración...

- Te estaré esperando...-


Obscuridad, eso era todo lo que había a mi alrededor, obscuridad. Intenté abrir los ojos por enésima vez pero era como si mis órdenes y mi cerebro se encontrasen en medio de una acalorada discusión y ninguno de los dos me quisiese hacer caso. Quería levantarme¡ necesitaba levantarme!, sentir que aún podía mover las piernas. No podía quedarme allí tirado esperando a ser la cena de algún pájaro... Nada, no había manera.

- ¡ Malditas neuronas desobedientes!.- Grité en mi mente. Chasqueé la lengua con frustración y me quede tendido en la extraña superficie rugosa y áspera de donde me encontraba.

Después de casi cinco minutos haciendo entrar en razón a mi cuerpo de que debíamos movernos, pude abrir los ojos con algo de esfuerzo, y lo que vi me dejó petrificado... Aunque gracias a eso tuve una brillante idea, tal vez una de las mejores que había tenido en todo el día. Sólo rece para que no me castigasen por desobedecer órdenes... Lástima que no fuese un castigo lo que se me avecinaba...


Dos musarañas discutían muy entretenidas sobre el papel que la madre naturaleza les había otorgado en el mundo. El pequeño lemuriano escuchaba atentamente cada palabra mientras la fría brisa nocturna mecía sus cabellos acunándolo delicadamente...

- ¿ Y nosotros?.-

- ¿ Qué dices?.-

- Digo¿ y nosotros?.-

- No comprendo.-

- ¿Cuál es nuestro papel en este asunto?.-

- ¿Nuestro papel?.-

- Tómate tiempo.-

- ¿Nuestro papel?. El de suplicante.-

- ¿Hasta este extremo hemos llegado?.-

- ¿El señor tiene exigencias que hacer valer?.-

- ¿Ya no tenemos derechos?.-

El pelirrojo alzó un lunar atónito. La verdad era que estaba muy intrigado, y sobretodo "alucinado", de por que dos musarañas discutían sobre su lugar en el mundo.

Era algo que lo perturbaba sobremanera.

También, el hecho de que una de las musarañas tuviesen el pelo violeta y la otra verde, y ambas tuviesen dos curiosos lunares en la frente, no ayudaba demasiado al niño ha hacerse una idea de lo que ocurría. Kiki se rascó el mentón meditabundo. Esas musarañas le recordaban a alguien..., pero, aún con todo eso, había algo que lo intrigaba aún más... y era el, ¡¿ por qué carajo estaban dos musarañas discutiendo el por que de su existencia, y recitando un texto de "Esperando a Godot" (9)?!...

Kiki se levantó agitado y adolorido del suelo ensangrentado. No había ni una sola parte de su cuerpo que no se quejase, y para desgracia del pobre chico, lo hacían todas a la vez. A su cerebro aún le costaba arrancar del todo, aún se sentía atrapado en ese extraño sueño de las musarañas filosóficas... Notó que la coleta en la que llevaba recogido el pelo se había soltado y, ahora todo su cabello le caía libremente por la espalda y los hombros. Agitó la cabeza tratando de despajarla y olvidar la alucinación. Definitivamente tendría que devolverle pronto ese libro a Yliana, ¡¡ mira las cosas que soñaba por su culpa!!, y encima en medio de una batalla.

Kiki resopló con resignación y trató de ponerse en pié. Un fuerte dolor recorrió su muslo hasta la parte baja de su espalda. bajó la mirada y resopló con hastío cuando vio el feo desgarrón de su pierna. Se arrancó un trozo de tela de su pantalón y se vendó la herida. Una vez que comprobó que podía andar examinó por fin su entorno.

Debía encontrarse a unos cincuenta metros de profundidad en una fosa estrecha y encrespada. el lugar era oscuro y muy húmedo... y ¿ viscoso...?. El pelirrojo sintió una quemazón en la mano cuando, palpando a ciegas, rozó algo con ella. Apartó rápidamente la mano y trató de inspeccionarla en la oscuridad. Tenia una quemadura muy extraña, como si algo hubiese estado a punto de corroerla. Se limpió el resto de aquel viscoso líquido y se volvió a contemplar que era lo que había provocado aquella herida. Lo que vio lo dejo helado...

Kiki se encontraba sentado sobre una estirge que había sido atravesada por el pico de otra, lo que provocó que perdieran el equilibrio y cayesen a la sima, arrastrando consigo al muchacho. Este, observó la escena y a punto estuvo de vomitar la frugal comida de aquel día. El olor a putrefacción era insoportable. Los cuerpos macilentos de las estirges se deshacían con celeridad, arrinconando al pelirrojo que no tenía forma de salir de allí, pues, por algún motivo desconocido, aún seguía sin poder teletransportarse. Hecho un rápido vistazo al terreno buscando algún punto por donde escalar, pero las paredes eran tan empinadas que necesitaría algo para ayudarse en su escalada... Un segundo... ¡ Ya lo tenía!... Se volvió hacía las estirges muertas, se acercó hasta sus largos picos y colocó las manos sobre ellos, evitando rozar la ácida sangre que manaba de los cuerpos. Acumuló su cosmos y tiró de la extremidad queratinosa del ave con fuerza. Al principio parecía que sus intentos eran en vano, pero después del tercer empellón, supo que pronto obtendría lo que quería. Kiki tomó aire con calma. Afianzó los pies entre el pecho y el cuello de la bestia y tiró hacia él con fuerza. Un chasquido sordo le dijo que lo había conseguido. Había arrancado de cuajo el pico del pájaro antes de que se viese afectado por la corrosión...

Sin pensarlo mucho, el lemuriano se arrancó varias tiras de la pernera del pantalón y se ató los picos a las botas con ellas. Luego usó las mangas arrancadas de su camiseta para vendarse las manos y comenzar el ascenso del acantilado, ayudado por las extremidades arrancadas de la estirge, que se clavaban en las paredes de piedra ofreciéndole un punto de apoyo. Según ascendía su inquieta mente pensaba en varias formas de sacar mayor partido a aquellos picos, y varias ideas cruzaron por ella. Esas estirges se iban arrepentir de haber invadido la Ciudad Sagrada...

Había descubierto como combatirlas con efectividad...


- ...Debemos aniquilar a las estirges si deseamos acabar con la invasión. Ellas son el verdadero enemigo.- Explicó, con toda la calma de la que fue capaz, la Amazona del Águila.- Las aves se alimentan de nuestros niños, y al estar conectadas de alguna forma con los gigantes, lo que hacen es sanar sus heridas impidiéndonos vencerlos, y, estos a su vez, nos mantienen alejados de las aves para que se sigan alimentando...-.

El caballero recordó las palabras que, treinta minutos antes, había pronunciado Marin. ¡ Como había sido posible que ninguno se diese cuenta de la trampa antes!. El joven agitó su violácea cabellera con resignación y aceleró el paso. El sonido de sus pisadas se veía ensordecido por el constante chapotear de la sangre bajo sus pies. El viento arrastraba consigo una opresora sensación de angustia, la misma que se había convertido en marca inconfundible del Santuario. La brisa nocturna se volvía más violenta con cada paso que daba, golpeando insistentemente sobre su rostro. Mu se paso la mano por el pelo para apartarlo de su ojos, y se agachó para examinar la escena con mayor detalle.

No había duda de que aquellas estirges, que se encontraban agonizando, habían sido congeladas, o al menos, esa había sido la intención de su atacante. aunque sin muy buen resultado. Teniendo eso presente, era muy improbable que hubiese sido Camus, sus ataques habrían acabado al instante con las aves, por lo que la única posibilidad, era Ayame, el aprendiz de Acuario. Por lo que sabía, el chico estaba cumpliendo un castigo cuando se inició el combate, por lo que no era descabellado pensar que había sido él. Eso al menos explicaba lo del hielo. Se aproximó a otra de las bestias y le sorprendió lo que vio. ¡ El pájaro parecía momificado!. Daba la impresión de que le habían arrebatado su energía, drenándolo completamente hasta dejarlo solo en huesos y pellejos. El caballero alzó un lunar curioso. Sin duda alguna el causante de eso había sido Teiya, pues aquello se asemejaba mucho a su Wind Vampire que le había descrito Shaka... pero... ¿ quién había carbonizado al resto de estirges?...

Se mesó el mentón pensativo... Aquella escena era cada vez más "extraña"...

Mu echó un rápido vistazo a las otras aves en busca de algo más, pero no encontró nada que lo aliviase un poco. Kiki no había participado en aquella batalla, y eso no lo tranquilizaba demasiado... Según palabras de Aiora, él había dejado a Kiki y a Teiya juntos, pero en la escena allí presente no se hallaba presencia alguna de su protegido. Miró en dirección a su templo y, un largo y pausado suspiro se escapó de sus labios. Estuviese donde estuviese, su pequeño aprendiz no iba en aquella dirección...

- El del fuego sin duda ha sido mi alumno.- Dijo de pronto una voz conocida tras él.

- Maestro Dokho, bienvenido de nuevo.- Saludó el Santo de Aries pasando por alto el comentario del ancestral maestro.

- Hump... Gracias, Mu.- Tomo aire y continuo.- Creo que he llegado en el momento apropiado. Parece que nuestro enemigo a decidido atacarnos de frente al fin.- Mu cabeceo afirmativamente. Se reprendió a si mismo por no tener toda su atención en su obligación primordial: exterminar enemigos. Pero era algo que el resultaba difícil... Con paso renuente se giró para continuar con su labor. El librano analizó metódicamente todos los movimientos de su joven compañero...

- Mu¿ qué te ocurre?. Tú no sueles ser así. Siempre permaneces sereno ante todo, pero hoy parece que algo perturba tu mente.-

- Nos están atacando, Maestro. ¿ Qué más puede ser?.- Acotó el lemuriano, haciendo caso omiso al doble sentido de las palabras del maestro,

- Ese no es el motivo de tu turbación... y lo sabes.- Respondió Dokho. Un leve suspiro llenó el incomodo silencio que se apoderó de ambos. El lemuriano regresó involuntariamente los ojos a las estirges agonizantes.

- Ya entiendo.- Comentó el moreno atrayendo la atención del pelivioleta.- Dime Mu¿ acaso no confias en las habilidades de Kiki para sobrevivir?.-

- Confío en Kiki, Maestro. Pero el niño que me han presentado como mi anterior aprendiz no es él.- Interrumpió la perorata del librano.- Es un completo desconocido para mí...- Una sombra de tristeza abordó sus rasgados ojos.-

- Kiki se encuentra vagando en un oscuro mar, perdido y desorientado. Necesita un faro que lo guie hasta buen puerto, y ese debes ser tú.- Aleccionó sabiamente Dokho.

- ¡ Pero no deja que le ayude!. Me aleja de él...- Protestó medio enfurecido Mu.- Es tan...tan... ¡ enervarte!.-

-Es lo malo que tiene convivir con niños. Suelen ser un incordio.- Bromeó despreocupado Dokho. Mu solo arrugó más la frente y aceleró sus movimientos.

- Kiki ha sufrido mucho más que muchos de los niños del Santuario.- Añadió de pronto el venerable maestro.- Ha perdido a su padres, a su familia... a su raza. Medio Santuario lo desprecia por ser lemuriano, y la otra mitad lo teme. Sólo unos pocos, los que aún conservan el sentido común en buen estado, lo aprecian de verdad ...- Tomó aire y pensó detenidamente en sus siguientes palabras.- Y, además, durante más de dos años tuvo que sufrir la ausencia de la única persona que jamás lo prejuzgo, que prácticamente lo crió como a un hijo, el único al que consideró como a un padre, el único que lo hizo sentir parte de una familia... Te perdió a ti, Mu. Eso cambia a cualquier niño, incluso al más travieso...- Concluyó el santo.

- Sí, cierto... y por eso mismo, en su infantil mente, soy el único al que no puede perdonar.- Dokho lo observó sin comprender.- ... Y todo por lo que pasó la última vez.- Mu levantó la cabeza para observar con aire ausente las estrellas. No tardó en localizar a Aries, y allí, brillando tímidamente, se encontraban sus tres astros más importantes, Hamal, la estrella más importante de Aries y la cual se encontraba unida a Shion, Sharatan ,que le representaba a él mismo, y, por último, Botein, la estrella guardiana de Kiki...

Ahí estaba escrita la prueba de que su pupilo sufría. Botein era una estrella pequeña que apenas brillaba, pero sin embargo, en ese momento, su perfil se dibujaba con claridad sobre la Bóveda Celeste… ¡¡ Cuanta razón llevaba su maestro al decir que en los astros siempre se hallaba la respuesta!!. La suave voz de Mu se elevó humildemente al cielo:

- Kiki, déjame ayudarte...- Botein parpadeó un par de veces en muda respuesta a su demanda...


Argos enarboló el hacha por encima de su cabeza y la lanzó con fuerza, cercenando el aire, peligrosamente cerca del rostro del santo. Afrodita dio una voltereta hacía atrás esquivando un temible pisotón del titán, al tiempo que se preparaba para lanzar de nuevo sus rosas. Estaba convencido de que su plan estaba dando buen resultado, aunque le iba a llevar más tiempo del previsto. Se alegró interiormente de ser un buen conocedor de la mitología griega, pues de ese modo podía jugar con ventaja sobre su enemigo. una sonrisa iracunda brilló en su rostro.

Argos arrugó la frente en un escalofriante mohín. El combate con aquel extraño caballero lo estaba empezando a hastiar. ¿ Por qué estaba sonriendo con tanta seguridad, si era él el que llevaba ventaja?... Otro hachazo sobrevoló la cabeza del caballero cortando varios de sus cabellos. La actitud del joven lo enfurecía sobremanera. ¡¡ Ya lo escarmentaría cuando lo atrapase!!... Aunque el maldito chico era muy ágil. Un gruñido de frustración se escapó de los labios del gigante.

- Pareces estar muy seguro de tu victoria. ¿Acaso ya has olvidado que tus ataques no me hieren?, ja, ja, ja...- Rió estruendosamente.- Es hora de que los dioses regresen a este mundo. ¡¡ Es nuestro tiempo!!.- Bramó. Afrodita sonrió quedamente.

- ¿ Hump¿ de qué te ríes?.- Demando Argos.

- De lo muy confundido que estás.- Una mueca hiriente iluminó su rostro.- Vuestro tiempo concluyó hace siglos. Ahora tan solo servís como cuentos para dormir a los críos por la noche.- Se burló Afrodita.- Este ya no es vuestro tiempo. ¡ Los dioses no tienen nada que hacer aquí!.-

- Si es así¿ entonces por qué luchas por una diosa?.-

- Por la belleza.- Contestó tajante el santo ante la mirada atónita de Argos.- Yo admiro la belleza, en cualquiera de sus formas. Siempre he luchado por que no hay mayor belleza que la victoria en un combate... y por eso estoy aquí... Mi diosa me concedió el perdón. Aún con todo lo que hice me perdonó. Me demostró, con su poder y su proceder, que no hay mayor belleza que el luchar por y para ella... Por eso combato por Atenea. Esta es la forma de redimir mis pecados.- Concluyó.

- Tus razones son ridículas, igual que este Santuario y su obstinación por negarse a sucumbir ante los dioses. Sois un insulto a mi diosa y por eso debéis desaparecer.- Amenazó enarbolando de nuevo su pesada hacha y descendiéndola en perpendicular con intención de partir en dos al molesto caballero. Este giró sobre sus talones, dando una vuelta completa, evitando de ese modo el golpe y preparándose el mismo para contraatacar. Concentró su cosmos, entrecerró los ojos y movió los brazos acompasadamente.

- ¡ Royal Demon Rose!.- Gritó. Un aluvión de rosas envolvió el cuerpo del gigante que se agitaba frenéticamente tratando de alejar aquellas flores que aturdían sus sentidos. Afrodita sonrió con malicia.

Argos se sentía aturdido. Gruño con frustración cuando notó como sus sentidos se embutían progresivamente. El Caballero de Piscis intensificó la lluvia de rosas. El gigante agitaba con furia su hacha pulverizando todo aquello que quedaba a su alcance. El joven corrió hasta el titán y lanzó su segundo ataque.

- ¡ Bloody Rose!.- Una hermosa rosa del blanco más puro salió disparada de las manos del caballero. Argos, a pesar de que se encontraba con la vista nublada a causa de las rosas de Afrodita, consiguió esquivar la hermosa flor, que se clavó con firmeza en la corteza de un alejado árbol. El gigante sonrió con engreimiento..

- ¿ Eso era todo lo que tenías planeado?, ja, ja, ja, pues me temo que te ha salido ma...¡ Aaahhhgg!!.- Un chorreón de sangre inundó su boca haciendo que algunas gotas cayesen estrepitosamente sobre el suelo.- No es posible...- Protestó incrédulo.- Había esquivado el ataque...- Afrodita se acerco con parsimonia hacia él.

- Efectivamente, has esquivado el primero, pero no así el segundo.- Dijo señalando triunfante hacia el enorme pecho del titán, donde un par de rosas blancas, que iban enrojeciendo paulatinamente, se encontraban profundamente clavadas.- Te has confiado al pensar que tus "ojazos" te iba a librar de mis ataques.- Argos cayó de rodillas al suelo haciendo que el este temblase. El titán trató de levantarse pero las piernas le fallaron.- Veo que aún sigues sin comprender como lo he logrado.- Comentó Afrodita ante la cara de estupor de su adversario.

- Verás, en realidad es muy sencillo.- El santo se paseo con elegancia delante del gigante moribundo hasta sentarse sobre una de las pocas lápidas que aún seguían en pie.- Si no hubiese sido por que tu máscara fue dañada en uno de mis ataques aún estaría tratando de vencerte.- Argos daba grandes bocanadas de aire mientras escuchaba al santo.- Siempre he sido un buen conocedor de la mitología griega, de ahí que ingeniase un plan para vencerte.- Hizo una pausa, sólo para asegurarse de que el titán lo escuchaba, y continuó.- Según la mitología, Hermes te venció gracias a que sus aburridas historias consiguieron dormirte por completo, y una vez dormido, te cortó la cabeza.- Argos reprimió un gruñido de ira al recordar tan avergonzarte realidad.- Yo no tengo ni la paciencia ni en tiempo suficiente como para liarme a narran historias, por eso tuve que hacer uso de otras… artimañas.- Aclaró.- Te he ido lanzando mis hermosas "Royal Demon Rose" para que, ataque tras ataque, fueran mermando tus sentidos, en especial la vista, que es tu mayor ventaja en combate. De ese modo, al igual que Hermes en la antigüedad, he logrado que tu vista te fallase. Antes de que te dieses cuenta de cual era mi plan, he lanzado la primera Bloody Rose únicamente para confundirte, por lo que, mientras tu vigilabas ese primer golpe, yo aprovechaba para lanzarte otras dos rosas. Pero tus ojos estaban demasiado cansados, y demasiado pendientes de la primera flor, como para ver que otros dos ataques se aproximaban a ti. ¡¡ Y así es como hemos llegada hasta aquí!!.- Expuso con todo lujo de detalles el joven satisfecho.

Argos estaba fuera de sí, se agitó con violencia para intentar levantarse o arrancarse del pecho aquellas molestas rosas, lo que primero sucediese. Pero para desesperación del titán, ninguna de las dos sucedió. El Santo de los Peces se acercó a él.

- Todo intento por zafarte de mis rosas será inútil, nunca caerán de tu pecho a menos que así lo deseé yo, y me temo que eso no va ha suceder.- Dijo con un deje de maldad en su voz.- Y no piensen ni por un segundo que tus "mascotas".- Señaló al cielo por donde sobrevolaban las estirges.- Van a salvarte de nuevo, pues mis rosas seguirán ahí clavadas eternamente mientras toman toda gota de sangre que corra por tus venas.- Terminó de decir justo en el instante en que Argos era víctima de una fuerte sacudida que recorrió todo su cuerpo. Un lánguido suspiró fue lo último que salió de sus labios...

- ¡ Bravo, "Afro"!. ¡ Bien hecho!.- Se oyó decir a alguien mientras aplaudía con evidente sarcasmo. El desconocido salio de su escondite presentándose frente al santo.- Empezaba a creer que tendría que librarme de él yo mismo.- Se pudo notar un deje de mordacidad en las palabras.

- ¿ Desde cuando llevas ahí. "M.M."?. El aludido frunció el ceño con fastidio.

- Te tengo dicho que no me llames así.- Gruño.

- Y yo te tengo dicho, Máscara, que no me llames "Afro".- Replicó el santo de lo duodécima casa.

- ¡ Bah!, para ser tan afeminado eres de lo más gruñón.-

- ¿ Y eso que tiene que ver?, ¡ y no me cambies el tema!.- Protestó indignado.- ¿ Cuando has llegado?.-

- Hace un buen rato. Pero te vi tan entretenido con tu amiguito que no quise molestar.- Contestó burlón el canceriano divertido.- Ya sabes que no me gusta intervenir en peleas ajenas.- Su tono rimbombante desmentía el fallido aspecto inocente que trataba de aparentar.

- ¿ A sí?, ¿ desde cuando?.- Máscara de la Muerte hizo un gesto de fingida indignación.- Eres insoportable.- Afirmó el pisciniano mientras estiraba los brazos tratando de alejar el cansancio que se apoderaba de él. El joven Santo de Cáncer sonrió con malicia mientras asestaba un puntapié al caído titán.

- Vamos, aún queda mucho por hacer, y no me querría perder la diversión.- Un ligero brillo iluminó los ojos del sádico santo.


El coliseo se encontraba rebosante de vida, y de muerte, los aprendices que habían tenido la fortuna de escapar a las estirges en las extensas arenas del Santuario, se veían ahora acorralados en aquel recinto. Pensaron que al estar cerca de los templos tendrían más ayuda de los adultos, pero estos se encontraban dispersos por todo el perímetro de la ciudad, por lo que se encontraban atrapados como ratas, hostigados sin descanso por las malditas aves. Aunque al menos estando en grupos tan numerosos podían hacer frente a las bestias. La cuestión era por cuanto tiempo... Todos los aprendices ayudaban de un modo u otro al resto de compañeros. Los mayores protegían a los pequeños, y estos curaban como podían las heridas de sus defensores. En esos momentos no existía rivalidad entre ellos, todos eran compañeros que se ayudaban entre si...

- Lástima que sólo en momentos de extrema necesidad los humanos saquen a relucir su buena voluntad.- Comentó la joven amazona dando grandes bocanadas de aire bajo su máscara en un intento de recuperarse de la extenuante carrera, con la que tanto le había costado llegar hasta allí.

- Vaya, mirad lo que trajo la marea. Si es la " Lisiada Dorada".- Al momento de oír aquello Ayame y Blake se volvieron hacia Teiya que los "observaba" con una imperturbable calma y el ceño fruncido bajo la fría placa de metal que cubría su rostro. Los chicos no sabían quien era aquel desconocido, pero por su tono de voz y la actitud de su compañera no les costó mucho adivinar que era persona "no grata" para la amazona...

- Por lo que veo siempre hay excepciones.- Comentó Ayame iracundo.

- Achille, ¿ de verdad crees que este es momento para tus tonterías?.- Respondió Teiya con toda la paciencia y autocontrol del que era capaz, mientras su dos compañeros no comprendían del todo la situación.

- ¡ Oh, vamos!, no te pongas así. ¿ Es que se te ha subido tanto el rango que has perdido tus modales?.- Dijo burlón el chico.- Eso debe ser cuando incluso has sustituido al engendro de tu amiguito por este par de bichos raros.- Los aludidos encresparon las cejas amenazadoramente. Era mala idea provocar a un aprendiz de dorado, pero mucho provocar a tres...

- ¡¡ Uhhuuu!!. ¡¡ Qué miedo!!. Los bichos raros se están enfadando...- La temperatura ambiental comenzó a descender rápidamente.- Sólo espero que " el lemuriano" haya sucumbido bajo las estirges. Se lo tiene bien merecido por engreído.- Dijo con tono hiriente. El grupo de niños que siempre iban con Achille rompieron a reír con estrépito. Teiya incrementó inconscientemente su cosmos que empezó a desprender ligeros destellos dorados. Aquello había sido demasiado para el carácter sosegado de la amazona, la cual aún se culpaba por haber dejado atrás a su pelirrojo amigo...

- No creo que este sea ni el momento ni el lugar indicado para discutir esto, pero, te aseguro Achille, que cuando esto termine, ¡¡ te mandaré a todos los infiernos habidos y por haber de todas y cada una de las religiones existentes de este planeta!!.- Bramó encolerizada conteniéndose a duras penas las ganas de arrancarle los ojos al chico. Este, asustado por la repentina explosión de carácter de la niña, retrocedió unos pasos hasta que chocó, más bien atropelló, al sequito que siempre lo acompañaba a todos lados y que en esos momentos, recordando la "paliza" que les propino la niña no hacía mucho, discutían por ver quien se alegaba de allí primero.

- La lealtad entre estos sujetos es de lo más interesante.- Comentó con un ligero toque de mordacidad Blake.

- Te vas ha ...- Una voz suave y muy dulce interrumpió a Achille.

- ¡ Hermano! tenemos que salir de aquí. Nos están cazando como a ratas.- La voz pertenecía a una amazona de pelo rosado, la cual debía tener más o menos la edad de Teiya, y observaba tras su máscara dorada a su hermano. El albino la observó con detenimiento.

- Ya acabaremos esto más tarde.- Sentenció Achille mientras se alejaba del grupo aferrando por la muñeca a la amazona pelirrosada.

- Teiya, recuérdame que jamás¡ jamás!, me meta con Kiki cuando estés tu delante.- Comentó divertido Ayame. La aludida alzó el mentón con orgullo. - Creo que este sitio va ha ser más entretenido de lo que creí en un principio.- Sonrió con picardía el albino. Blake soltó un largo suspiro de cansancio, esas cosas lo hastiaban...

Los tres chicos, después del pequeño intercambio de opiniones con Achille y su sequito, fueron conscientes por fin de la situación a su alrededor. Habían llegado allí casi agotados por el continuo hostigamiento de las bestias. Lo que hizo se les cayera el alma a los pies cuando comprobaron que la situación no era mucho mejor allí que en terreno descubierto. Al recinto habían llegado una docena de caballeros de bronce que trataban de evitar que los infantes terminasen como escurridera, pero era una situación que se les escapaba de las manos...

Aquel olor dulzón embriagó los sentidos de los allí presentes. Blake alzó la vista al cielo y un gruñido gutural salió de su garganta. El trío tuvo apenas tiempo para saltar hacia los lados eludiendo el envite de la bandadas de bestias.

- Me parece que están impacientes por hincarnos el diente.- Dijo Teiya.

- ¡ Yo por mi parte no se lo voy a poner fácil!.- Exclamó furioso Ayame.

- Hump...- Esa fue la escueta respuesta del tercer miembro del grupo. Los chicos no tardaron ni un segundo en salir disparados al frente para encararse con el primer grupo de estirges que les salió al paso...


Un nudo en su estómago fue indicio suficiente para el joven caballero. Algo iba a suceder. Clavó la vista al frente y pudo observar como un buen número de estirges se dirigían raudas hacia el coliseo. Un mohín de disgusto adornó su cara. Sintió como una ráfaga de aire pasaba a su lado veloz. No necesitó preguntarse que había sido, ya lo sabía: Dokho, Caballero de Libra, se encamina con presteza hacia el lugar. Mu se sintió culpable por tener que abandonar la búsqueda de su alumno, pero algo más apremiante necesitaba de su ayuda. No tardó en alcanzar al venerable santo dirigiéndose ambos al Coliseo de Atenea...

El aire del ambiente se enrareció rápidamente según avanzaban hasta el lugar de la contienda. Dohko observó que varios cadáveres, ya en putrefacción, de las aves habían sido degolladas, o acuchilladas con violencia con algo que parecía ser sus propios picos...

- Que curioso...- Pensó antes de continuar hacia el coliseo, lugar del que parecía provenir aquella extraña sensación de ansiedad que lo invadía...

Algo iba a suceder allí...

Kiki agitó los brazos con fuerza mientras sus improvisados puñales desgarraban el vientre de la última estirge que le plantó cara. Desde que había logrado salir del acantilado en el que se había estrellado, ya se había enfrentado a más de una docena de aves.

- ¡¿ Cuantos de estos malditos bichos hay?!.- Se preguntó con hastío por enésima vez en la noche.

Un grito en la lejanía atrajo su atención... Sin pensar mucho en lo que estaba haciendo corrió hacia donde provenía el grito mientras sus manos y piernas se movían por impulso. Patada, giro, codazo... todo era una sucesión de movimientos que ni el mismo creía saber conocer. Se ajustó nuevamente las cuerdas que sujetaban el desmembrado pico del ave a sus brazos y, ejecutó varios movimientos que lograron herir a una estirge que pasó muy cerca de su cabeza en una aventurada rasante. Su hombro maltrecho le envió una inoportuna descarga de dolor que atribuló su cerebro. Kiki sacudió la cabeza para alejar el embotamiento...

Estaba a escasos metros de alcanzar, de una vez, el coliseo. Nunca en la vida le había costado tanto trabajo llegar hasta aquel recinto que se levantaba al resguardo de las colinas del Santuario. Un pensamiento llegó raudo a su agitada mente. ¡¡ Ojala que aquel grito no fuese de su amiga!!. Saltó por encima de un montículo y cayó a escasos centímetros del inicio de las gradas que circundaban el coliseo. Sus ojos escanearon ansiosos la arena en busca de... de... ¡ de lo que fuese!. Ni siquiera estaba seguro de que buscaba. Demasiadas cosas habían sucedido como para tener un sólo pensamiento coherente en ese momento.

Sus ojos finalmente se detuvieron en una figura próxima a él, que se agitaba cansada y furiosa frente a varias aves mientras la figura detrás suyo pedía, a voz en grito, que alguien ayudase a su hermano...

Kiki ni siquiera lo dudo...


Un grito desgarrador resonó por el coliseo atrayendo la atención de todos los presentes. Teiya captó como un chico se encaraba contra una estirge para salvar a la niña que tenía detrás... Delante suyo los cuerpos de dos de sus compañeros yacían inertes a sus pies, mientras que a los otros tres parecían habérseles clavados los pies a la tierra. Achille gruñó como un animal herido y se precipitó contra el ave... ¡ Nadie tocaría a su hermana!

Una estirge se sobrevolaba por encima se precipitó contra él. Pero de pronto una sombra que desprendía destellos rojizos cayó encima de ella y clavó con furia lo que parecían unos puñales muy rústicos, abriéndola en canal. El ave se estrello en el suelo aparatosamente. Achille fijó la mirada en la curiosa sombra, y sus ojos por poco se salieron de sus órbitas cuando vio quien lo salvó. Su larga melena pelirroja azotada por el viento la delataba. Kiki se giró sonriente...

- ¡¡ T... tú!!.- Achille tartamudeaba incrédulo.- ¡¿ Pe.. pero... qu... que haces tú aquí?!.- Los ojos estaban a punto de salírsele de las órbitas al ver en frente suyo a la única persona que nunca se imagino ayudándolo. Se frotó los ojos con asombro creyendo estar bajo algún tipo de alucinógeno. Kiki rodó los ojos con tedio.

- Tranquilo " lagartija"(10). No te vaya a dar un síncope.- Aseveró con mordacidad.- No estoy aquí por ti, sino por ella.- Kiki hizo un ademán con la cabeza señalando a la amazona que se resguardaba tras la espalda de su hermano.- La nombrada chica se agitó nerviosa tras Achille.

- ¡¿ Y tú que tienes que ver con mi hermana?!.- Preguntó irritado el chico. Kiki iba a responderle pero la niña se le adelantó, saliendo en su defensa:

- Déjale tranquilo, hermano. El nos ha salvado. Deberías ser más amable con Kiki.- Dijo tímidamente la joven amazona. Achille abría y cerraba la boca como pez fuera de agua, balbuceando palabras sin sentido mientras un curioso "tic" se apoderaba de su ojo izquierdo... El lemuriano sonrió con malicia.

Adara, que así se llamaba la niña, salió del resguardo de su hermano y se encaminó feliz hacía el pelirrojo, que en ese momento examinaba los cuerpos caídos de los chicos en busca de signos vitales. Soltó un suspiro de alivio al comprobar que aún vivían, gravemente heridos si, pero vivos al fin y al cabo...

Varias sombras aladas se reflejaron en el suelo a sus pies. Un repentino graznido resonó por el recinto. Kiki giró ágilmente por el suelo mientras una de las ave protestaba enfurecida por fallar en su captura. Se puso de pié impulsándose con las manos, mientras se ajustaba las cuerdas que mantenían sujetas a sus muñecas el miembro arrancado de la estirge. Por otro lado, Achille se agachó a tiempo de evitar terminar ensartado por otro de los pájaros. Concentró su cosmos en el puño y lo soltó de golpe y de una sala vez:

- ¡ Espolón del Lagarto!.- El ataque dio de llenó sobre la bestia. el muchacho sonrió con orgullo...

- ¡¡ Hermano!!.- Achille se volvió hacia Adara al tiempo de ver como una estirge se abalanzaba sobre ella presta a devorarla. La niña estaba petrificada, las piernas le temblaban y sus pies parecían haberse clavado al suelo. Era imposible para ella huir o atacar, estaba aterrada. Casi sin dudarlo, el aprendiz a plateado corrió hacia ella con urgencia, pero antes de alcanzar su objetivo se vio obligado a recular para evitar que una estirge le desgarrase la cara. La bestia maniobró en le aire y cayó en picado sobre Adara, que seguía clavada en el sitio. Achille se agitó desesperado por no poder llegar hasta ella, pero de pronto, una veloz sombra se lanzó sobre la niña obligándola a permanecer contra el suelo, mientras que. con rápidos y certeros movimientos de sus brazos, desgarraba la panza del ave. La estirge cayó en un charco de su propia sangre... Achille respiro aliviado.

- G...Gra... Gracias.- Dijo la pelirrosa apenada. Kiki la sonrió alegre. El niño se levantó del suelo con agilidad, para luego ayudar a la chica hacer lo propio. El lemuriano se relajó apenas unos minutos, por lo que no vio acercarse a un par de aves que se lanzaron contra ellos sedientos de sangre. Kiki Intentó esquivarlas pero las bestias estaban demasiado cerca... Una figura que se precipitó contra el carnero se interpuso en su trayectoria. Grandes gotas de un líquido carmesí salpicaron sobre su rostro y ropa. El pelirrojo fijó la mirada sobre lo que había provocado aquel derramamiento de sangre. Su cerebro fue incapaz de registrar lo sucedido hasta que captó a duras penas el sonido desgarrador de la amazona a su lado...

-¡¡¡ HERMANOOO!!!.- Efectivamente, Achille se encontraba entre él y las sedientas estirges, con un inmenso agujero en su estómago que lo atravesaba de lado a lado, mientras todos sus fluidos se escapaban por el... Adara lloraba histérica tras su máscara, gritando desconsoladamente. La sangre que había salpicado sobre cuello y ropa, se veía diluida por las lágrimas descontroladas de la niña que trataba desesperadamente de parar la mortal hemorragia de su hermano.

- ¡¿ Por qué?!.- Gritó Kiki desesperado mientras sostenía en brazos al muchacho malherido.- ¡¿ Por qué me has salvado?!.- Inconscientemente las lágrimas acudieron a sus ojos.- ¿ Por qué?!!.-

- T... tú... has sal... salvado a ... mi hermana...- La sangre acumulada en su boca le dificultaba hablar.- Te... te lo deb... debía...- El chico tuvo un terrible arranque de tos, salpicando de sangre nuevamente el desencajado rostro del lemuriano.- Por favor... salva... a mi hermana...- Achille empezó a toser y a convulsionar con fuerza, ante los ojos lacrimógenos de los dos aprendices, que veían impotentes como la vida se escapaba del muchacho. Adara instintivamente se abrazó a él.

- No... no... no... ¡¡ NOOOO!!.- Kiki chilló con desespero atrayendo la atención de todos en el recinto. Teiya que hasta ese momento no había visto el regreso de su amigo se alegró interiormente de verle, pero esa alegría duró poco al ver el estado en el que se encontraba el chico tendido en la arena...

- ¡¡ No te voy a dejar morir!!.- Gritó mientras, que en un inesperado movimiento, se cortó las muñecas con las extremidades que le había arrancado a la estirge. Entonó un extraño cántico que comenzó a resonar por los alrededores al tiempo que Kiki derramaba grandes cantidades de su propia sangre sobre Achille...

- ¡¡ Kiki!! ¿ Qué estás haciendo?. ¡¡ Te vas a desangrar!!.- Le advirtió la virgoniana.- ¡¡ Ya no puedes hacer nada por él!!.- Dijo apenada la amazona.

- ¡¡ NOOO!!.- Bramó encolerizado.- No voy a dejar que nadie más muera por mi culpa.- Su rostro se vía desencajado por el llanto.- Si puedo revivir armaduras¡¡¿ Porqué no puedo hacer lo mismo con él?!!.- Todo el coliseo enmudeció ante las palabras desesperadas del lemuriano, que continuaba derramando su sangre sobre el cuerpo ya inerte de Achille...


En el preciso momento en el que el pequeño pelirrojo pronunciaba aquellas desgarradoras palabras, al coliseo arribaron varios caballeros que habían corrido hasta allí en auxilio de los niños, y entre los cuales se hallaba Mu de Aries, acompañado de Dohko de Libra. Al lemuriano se le desencajaron los ojos y palideció de súbito cuando vio el deplorable y desmejorado aspecto de su protegido. Una repentina furia, muy impropia de él, se apoderó de su mente, haciendo que el joven santo, en un acto irreflexivo, concentrase su dorado cosmos lanzando un ataque que desintegró a más de un veintenar de aves. El rejuvenecido maestro tuvo que sacudir su hombro varias veces para devolverle a la realidad.

- Cálmate muchacho. Lo primero es rescatar a los niños, después vendrá lo demás.- Las palabras sosegadas del Santo de Libra lograron apaciguar al lemuriano.- Además, debes hacer algo o tu pequeño aprendiz acabará desangrándose el solo.- Aquello terminó de calmar al joven, el cual fijó los ojos en su joven alumno. Este continuaba tratando de revivir al muchacho que permanecía en el suelo, mientras un lívido color se apoderaba de sus mejillas...

- Perdóneme Maestro.- Se disculpó el santo .- Tiene razón.- En ese instante, Mu avanzó hasta las gradas que descendían hasta la arena y gritó con fuerza:

- ¡¡ Kiki detente!!. Ninguno de nosotros tiene el poder de revivir a los muertos. ¡¡ Paraaaa!!.- El Caballero de Aries rezó por que sus palabras hubiesen llegado hasta el chico... En ese momento, más que en ningún otro, lamentó el que aquella fuerza misteriosa y descomunal le impidiese teletransportarse...


Kiki canturreaba sonidos extraños mientras su sangre seguía vertiéndose sobre Achille. Su cabeza comenzó a darle vueltas y una desagradable sensación de mareo asaltó su cuerpo. Escuchó como su maestro gritaba desde las gradas y alzó la vista. Sus ojos apenas podían distinguir su figura en la lejanía. Meneó la cabeza en un intento de seguir concentrándose en su labor, pero unas suaves manos rozaron tímidamente las suyas, regresando su atención a la arena del coliseo. Adara estaba parada frente a él, presionando con fuerza sobre sus muñecas para detener la perdida del vital líquido. El chico alzó sus extraños ojos, que oscilaban entre el azul cobalto y el lila, y observó a la amazona. Esta en un repentino arranque desprendió la tela de sus mangas y vendó los cortes del chico...

- Déjalo ya Kiki. Mi hermano no volverá por mucho que tu hagas.- La chica hablabas casi en susurros.

El lemuriano notó como, tras aquella máscara manchada de carmesí, la niña sollozaba. Aquello hizo que algo en su interior explotase. Volvió de nuevo la vista al aprendiz muerto y su ira fue en aumento. Sus sentidos parecían haberse agudizado. Oyó los gritos de los guerreros, de los aprendices que luchaban con ahínco por sus vidas, oyó los reclamos libidinosos de las estirges que aullaban por más sangre. Pero por encima de todo, llegaban a él los llantos de sus compañeros moribundos. Entonces sucedió. Su cuerpo se levantó como si un resorte lo hubiese empujado. Un furioso viento surgió de la nada golpeando con virulencia a todos los congregados allí. La larga melena pelirroja del chico, que caía suelta por su espalda, era azotada insistentemente por la súbita ráfaga de aire... Kiki avanzó con paso trémulo hacia el centro del recinto...

Mu, Dohko, Teiya, Ayame, Blake, Adara... Todos miraban expectantes al joven lemuriano sin imaginarse que iba a suceder. Una repentina sacudida se adueño del pelirrojo, todo su cuerpo temblaba, sus ojos se abrieron en exceso, completamente blancos, al tiempo que un aura dorada le rodeaba intensamente.

- ¿ Que demonios le esta ocurriendo?.- Preguntó preocupado Dohko. Mu no supo que responder...

- Vosotras, aves del infierno, habéis traído la destrucción y la muerte a estas tierras ya de por si manchadas de sangre. Habéis saciado vuestra hambre con nuestros cuerpos... Habéis matado a nuestros amigos y familiares...- la voz de Kiki sonaba grave y soberbia.- ¡¡ Habéis destruido nuestro hogar!!, y por eso debéis pagar...- El joven carnero estaba en completo trance.- ¡¡ Vais a pagarlo con vuestras vidaaasss!!.- Su irá se plasmó en sus palabras.- ¡¡¡ Os matareeeeeeé!!!.-

El cuerpo de Kiki comenzó desprender grandes radiaciones de energía, y, tan pronto ocurrió esto, un inmenso cosmos dorado cubrió todo el coliseo. El chico alzó los brazos al cielo y una inmensa, colosal y dorada energía que explosionó, arrasando con ello a cuanto enemigo estuviese cerca. La onda expansiva ocasionada por el sorpresivo estallido de energía crecía rápidamente, albergando paulatinamente todo el Santuario, el cual se sacudió con virulencia ante esta demostración de poder por parte del joven aprendiz de Aries. Mu en un acto reflejo, corrió hasta Kiki, el cual seguía sumido en aquel trance, mientras su explosión cósmica, pues no había mejor manera de definir aquello, masacraba a toda estirge y gigante que alcanzaba, destrozándolo todo a su paso, aunque, por extraño que pareciese, nadie perteneciente a la Orden Ateniense sufrió mayor perjuicio que un violento vendaval... Después. como si de pronto se hubiese quedado sin pilas, la energía desapareció y Kiki se giró torpemente hacia su maestro que había logrado llegar hasta él.

- ¿ Kiki estás b...?- La pregunta de Mu murió en su garganta al ser interrumpido por su aprendiz.

- Intente salvarle maestro.- Su voz sonaba hueca.- Juro que intente salvarle.- Las lágrimas volvieron a brotar.- Intenté salvarle. ¡¡ Quería salvarle!!.- Kiki sollozaba descontroladamente.- Pero no pude hacerlo. Le vi morir. ¡¡ Le vi morir en mis propios brazos!!.- El llanto del chico ya era más que evidente, y su rostro era una mezcla de sangre y lágrimas.- Intente salvarle...-

- Lo se Kiki. Todo el mundo ha visto que has hecho todo lo humanamente posible por salvarle.- El Caballero de Aries trataba de consolar a su discípulo.- Pero hay algo que debes asumir. Por mucho que nuestro puños destrocen montañas, y nuestras patadas desgarren la tierra, no somos más que mortales. No podemos ir en contra de las leyes naturales. No podemos regresarle la vida a los muertos.- El chico asintió con la cabeza mientras caminaba cabizbajo de regreso a su templo... Lo último que notó fue su cuerpo cayendo con premura en la arena...

Sus oídos sólo captaron una última cosa antes de caer inconsciente en la arena...

- ¡¡¡ Kiki!!!...


Aclaraciones:

(1) Glacial Snap: Estallido Glacial.

(2) Blazing Rising Dragoon: Dragón Llameante Ascendente

(3) Dégoûtant morceau de métal: Asqueroso pedazo de metal.

(4) Mon masque: Mi máscara.

(5) Mon yeux: Mis ojos.

(6) Piqûre du Scorpion: Picadura del Escorpión.

(7) Como ya explique en el anterior capítulo, Stacia significa "uno quién se levantará otra vez". Estas

frases hacen referencia al significado del nombre de la niña.

(8) Peacock's Unfolding: Revelación del Pavo Real.

(9) Esperando a GodotEs una obra perteneciente al Teatro del absurdo, de Samuel Beckett. Escrita a finales de los años 40 y publicada en 1952.

(10) Como se aclaró en capítulos anteriores, Achille es el aprendiz de la Armadura del Lagarto.

Por cierto "Adara" significa en griego "Belleza".

N/A: Ya se acabo la invasión del santuario. Menos mal por que estaba de estirges hasta el gorro. Bueno ¿ qué os ha parecido?. Si ya sé que este capítulo me quedó medio raro con lo de " las musarañas" y todo eso, pero trataré de explicarlo más adelante. O eso espero... Por cierto los nombres de las estrellas de la constelación de Aries son los reales. Dejad reviews!!!