CAPÍTULO 10

Harry observó que Ron y Hermione estaban sentados charlando en unas sillas. Decidió ir a hablar con su amigo para saber qué tal iba la noche.

- ¿Me disculpas? – preguntó el chico a Ginny – Quiero hablar con Ron.

- Claro. Yo me quedo con Hermione.

Los dos se dirijieron donde sus amigos.

- Ron, ¿vienes a tomar algo? – le preguntó Harry.

- Ay, no sé Harry, no eres mi tipo... – rió el pelirrojo.

- ¡He dicho que vengas! – contestó serio.

- Uy, vale, vale, perdone usted.

Mientras Hermione y Ginny charlaban, los chicos se alejaron de ahí.

- Bueno, ¿qué tal la noche?

- Bien... – contestó el joven Weasley.

- ¿Le has dicho ya algo a Hermione?

- ¿Algo de qué?

- De lo que sientes por ella.

- ¿Q-qué? ¿C-cómo de lo que siento por ella? ¡Y-yo no siento nada por ella! – tartamudeó Ron.

- Oh, vamos, ¿te crees que soy tonto? ¡Tienes que decírselo Ron: es el momento perfecto!

- Uno: no tengo nada que decirle. Dos: ¿ponche?

- ¿Cómo puedes pensar en tomar algo ahora? – dijo furioso Harry.

De pronto se oyó al fondo:

- ¡Déjanos en paz!

Los dos amigos se giraron y vieron a Hermione y Ginny, que estaban discutiendo con Draco. No dudaron en ir a ver qué pasaba.

- ¡Eh, eh! ¿Qué pasa aquí? – preguntó Harry.

- Traquilízate, Potter, no le voy a hacer nada a tu novia – sonrió Malfoy maliciosamente. – tan sólo le recordaba a Granger que es una sangre sucia que no merece estar aquí. Quizás se le había olvidado después del verano.

Hermione salió corriendo y se metió al colegio.

- Eres un... – Ron iba a avalanzarse sobre él, pero Harry lo sujetó.

- Déjalo, lo que quiere es que le sigamos el rollo.

Ron dio media vuelta y comenzó a perseguir a Hermione.

- ¡Hermione! ¡HERMIONE! ¡Espera, por favor!

La chica se paró en seco y se sentó en el suelo apoyando su espalda contra la pared.

- Tiene razón... él tiene razón, soy una sangre sucia que no merece estar aquí... no soy una bruja... no tengo una familia de brujos...

- No digas eso – contestó su amigo sentándose junto a ella y secándole las lágrimas que corrían por su mejilla. – Sabes que eso no es así. Te mereces estar aquí más que muchísimas personas. ¿Vas a dejar que un idiota como Malfoy te estropee este día?

Hermione negó con la cabeza secándose las lágrimas y los dos volvieron a dirigirse al baile.

Al llegar, Draco seguía por ahí y cuando los vio no pudo evitar volver a burlarse de ellos:

- Vaya, si son Weasley-pis y Sangresucia... ¿Qué tal Sangresucia? ¿Estarás orgullosa de manchar el nombre de este colegio, verdad Sangresucia?

- ¡DÉJALA EN PAZ! – chilló Ron.

- Vaya, el temible Weasley desata su ira – ironizó el chico rubio. – Estarás orgullosa, ¿no, Sangresucia? Un amigo así no lo tiene cualquiera.

- ¡DEJA DE LLAMARLA ASÍ! – volvió a gritar el pelirrojo.

- No entiendo por qué a una Sangresucia, Weasley...

- ¡POR QUE LA QUIERO, ¿VALE?! ¡LA QUIERO!

De repente en el jardín se hizo un silencio sepulcral. Todos observaban con la boca abierta al pelirrojo, pero ninguna persona estaba tan asombrada como Hermione.

El silencio no tardó en romperse con las risas de Malfoy.