X. En la batalla
- Ya está todo listo, Harry.- le dijo un auror. Mientras Harry mantenía la mirada al frente, muy concentrado.
Estaban en el bosque prohibido y era de noche. Draco había avisado a Harry de que la reunión de los mortífagos se produciría ese día, en ese lugar y en poco más de media hora. Harry había organizado una misión donde colaboraban aurores ingleses, que habían trabajado con Harry y aurores que estaban a las órdenes de Harry actualmente. La misión principal era capturar a todos los mortífagos e incluso acabar con ellos si oponían resistencia. También tendrían que proteger a Draco ja que él estaba en la reunión por ser un supuesto mortífago.
Graeves estaba con él en el escondite, ahora él era el jefe de aurores del Ministerio. Se lo habían ofrecido a Ron, pero él lo había rechazado ya que quería pasar tiempo con la familia que estaba formando. Harry sintió una punzada de dolor cuando escuchó eso de la boca de Greaves. Habían pasado casi dos meses desde que abandonó todo para ir a trabajar allí y, a pesar, de la distancia y el tiempo, recordar a Hermione le hacía daño. Harry se había volcado completamente en el trabajo, apenas conocía París ni salía con amigos. Tampoco había conocido a ninguna chica, no podía ni quería.
- El operativo comienza en veinte minutos ¿están todos listos?- preguntó Harry intentando no pensar en el pasado y centrarse en la misión.
- Sí, Harry.- respondió Greaves.- Con un poco de suerte esto se acabará esta noche y podremos dormir tranquilos.- añadió Greaves.
- Ojalá se acabe todo esta noche.- comentó Harry con un suspiro.
- Además mañana tenemos que ir a la boda de Ron y tenemos que estar frescos.- dijo Greaves con humor sonriendo. Harry, en cambio, se volvió a hundir al escuchar eso. Sabía que Ron se casaba al día siguiente, pero no quería pensar en ello.
- Ahora vuelvo.- se despidió Harry dirigiéndose a un grupo de aurores franceses para, en teoría, darles instrucciones. Aunque en el fondo quería alejarse de todo que oliese a Londres.
Estaba cansado de todo ¿Es qué no podía ser feliz? Creía que al vencer a Voldemort podría ser feliz, que podía hacer cosas que nunca había hecho por ser quien era. No obstante, ahora resultaba, que la felicidad se la había robado su mejor amigo. No lo hubiese imaginado nunca. Eso era una pesadilla. Prefería tener en frente a Voldemort otra vez que vivir lo que estaba viviendo. Al menos, cuando su vida peligraba por Voldemort no tenía tiempo para enamorarse. Claro que había salido con Ginny y él la había querido mucho, pero ahora sabía lo que era enamorarse verdaderamente. Sufrir así por amor solo pasa cuando te enamoras y él sufría mucho.
- Ahí llegan.- susurró un auror haciendo que Harry saliese de sus pensamientos.
Ese era el momento, Harry contaría hasta tres y saldrían. Harry estaba preparado para la batalla, no tenía miedo a nada, si se había enfrentado a Voldemort podía enfrentarse a sus secuaces, aunque sabía que irían a por él y tendría que estar alerta. Pero, tampoco le inquietaba la idea de morir allí luchando, sería una muerte digna, además no tenía familia, ni esperaba tener nunca. Así que como dice el refrán "mejor morir de pie, que vivir siempre arrodillado", no obstante, no se dejaría morir. Solo que en ese momento de su vida no temía a la muerte.
Dio la señal y salieron. Enseguida el bosque se convirtió en un campo de batalla. El objetivo principal era detenerles, pero Harry sabía que opondrían resistencia y tendrían que actuar duro con muchos de ellos ya que ellos irían a por todas. El primer objetivo para Harry era poner a salvo a Draco que estaba allí en medio de todo. Después intentaría defenderse y acabar de una vez por toas con los mortífagos. No obstante, no era tan fácil, era un espacio muy reducido para tanta gente y esquivar los rayos de un lado y de otro era casi imposible. Harry dejaba ver su gran destreza con la varita y demostró todo su arsenal de hechizos. No quería matar a ningún mortífago, solo detenerlos, aunque ellos intentarían matarlos.
De repente vio como una maldición imperdonable se dirigía directamente a Greaves, Harry en un acto reflejo empujó a Greaves para salvarlo y se tiró por un acantilado para evitar el impacto del hechizo, aunque de todas formas le esperaba una muerte segura en ese acantilado. No sabía por qué se había sacrificado por Graeves, seguramente era porque Greaves era un buen chico y su vida sería más provechosa que la suya. Greaves tenía un hijo de apenas dos años y, según sabía Harry, estaba a punto de casarse con su pareja. Así que su vida valía más la pena que la suya, pensaba Harry.
Finalmente, Harry se golpeó la cabeza con una roca y perdió el conocimiento inmerso en un profundo dolor, pero no solo físico sino también psicológico.
