Se que es un poco corto, pero espero que os guste. Gracias a todos.
El principio del fin
Sam siempre había pensado que era diferente a los demás, lo atribuía a que su madre había bebido lo suficiente en el embarazo y por eso ella estaba un poco loca. El día en el que supo con seguridad que algo no andaba bien con ella fue a principios de marzo.
Pasar tiempo (no discutiendo demasiado) con Freddie era cada vez más una adicción. Eso debería haber sido el primer indicido de que algo no andaba bien. Pero Sam tenía la mala costumbre de seguir más el instinto que la razón, además se enorgullecía de no temer a nada. Así que no dio ni un paso atrás.
Ni siquiera recuerda sobre que iban discutiendo esa vez, pero no estaba enfada. Nunca se había enfadado de verdad con Freddie, nunca lo había odiado. Y cada vez más, los dos sabían que era solo...un juego.
Y de pronto ella lo estaba empujando y viéndolo caer. Intentó pararlo pero ya no podía. Y su cabaza dió directamente contra la boca de riego. Y la sangre empezó a salir de uno de sus oido manchando el pelo oscuro.
Todo perdía sentido en ese momento, como si estuviera borracha. Había gente y colores, el ruido de una ambulancia y la mirada herida de Freddie en medio de paredes blancas de hospital.
Cuando se despertó, estaba amaneciendo. Le dolía la espalda de dormir en el sillón de al lado de la cama de Freddie. Le estaba agarrando la mano. Se levantó con cuidado pero no funcionó del todo.
"Sam?" Murmuró Freddie medio despierto. "¿Que haces?"
"Yo..umm...Me voy a casa..porque son algo así como las seis de la mañana y... ummm...no quería despertarte."
Casi podía ver como los engranajes en la cabeza de Freddie empezaban a funcionar y las piezas se unían en su cerebro. Lo vió entrecerrar lo ojos y miró nerviosamente sus converse gastadas.
"He perdido algo de audición en la oreja izquierda" escuchó decir con rabia. "Sam. Me lanzaste contra una boca de riego y no voy a volver a oír bien nunca más" ahora estba levantando la voz "¿Y te vas!"
"Freddie..."
"Claro que te vas. No te preocupa nada ¿verdad?"
"Si me preocupa, claro que me preocupa! Me he pasado toda la noche aquí porque estaba preocupada por ti" ahora tambien ella estaba empezando a emfadarse, y le daba igual despertar a todo el hospital "¡No quería hacerte daño!"
"Sam, baja la voz..."
"¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO MUCHÍSIMO!" gritó de forma desesperada antes de echar a correr. Mientras oía como Freddie gritaba su nombre.
Sintió como el miedo corría por sus venas. La gente como Sam no funciona bien si está asustada. Los vuelve violentos y venenosos. Nadie es imbencible.
Se3 había disculpado con Freddie. Había dormido preocupada a su lado. Tenía que estar definitivamente mal de la cabeza.
Puedo ver las grietas en sus barreras. De pronto vió con claridad que estaba perdiendo el juego. Y ya no podía retirarse, porque habían juegado demasiado tiempo, desde que se conociron a los doce años. Tal vez tenía la esperanza de que el juego no tendría fin. Pero lleva ya demasiado tiempo agotándose. Está llegando a su final y Sam, que solo juega si está segura de ganar, está perdiendo.
Registra todos los signos que la llevan avisando desde hace tiempo. Su corazón acelerado, la forma en que parece estar un poco mareada si le sonríe, el calor que nace dónde sus pieles se tocan...pero naturalmente, Sam tenía que ser de las que no se fijan en las señales y siguen al instinto. Y ahora está demasiado lejos para abandonar. Siente que ella misma ha encendido la chispa que hará saltar por los aires los explosivos, rompiéndola en mil pedazos.
Solo a ella. Porque parece que Freddie aún puede seguir el juego. Freddie nunca podría sentirse así por Sam.
Y saber eso también la rompe un poco.
Sigue corriendo. Empujando a la gente a su paso con el pánico circulando en su sangre.
Sólo cuando llega a su destino se da cuenta de dónde está. Enfrente de la consulta del Doctor Dickman que naturalmente está cerrada a esas horas de la mañana.
De todas formas no lo necesita. Porque en cuanto deja de correr todos los pensamientos se paran tambien en su cabeza. Y lo entiende. Y es cómo si alguién le hubiera dado un puñetazo.
Poner tu corazón sobre el tablero de juego no es muy inteligente.
