LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SON DE J. K. ROWLING.
Patrick658: Me alegra que te haya gustado, y gracias a ti por tomarte el tiempo en leerlo y la molestia en dejar un review. Bueno, nadie dijo que la vida fuera fácil.
Gracias a los reviews, a los followers, a los favoritos y a esos lectores fantasma, que aunque no se dejan ver, siempre están ahí.
Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?- Jacinto Benavente.
Esa noche Hermione optó por dejarse el pelo suelto, un poco más ondulado de lo que habitualmente lo tenía. Parecía una auténtica melena de león y le daba un toque exóticamente salvaje. Eligió un vestido de un rojo pasión, demasiado provocador, que nunca se hubiese atrevido a ponerse de no ser porque Pansy iba también a la fiesta. Sí, Hermione Granger, había dejado de ser la inocente alumna para convertirse en toda una femme fatal. Los zapatón con tacón, le redefinían el músculo de la pierna, de una forma sensual y la ajustada tela de su atuendo enmarcaba perfectamente todas las curvas que había escondido durante tantos años tras el uniforme una talla más grande de Hogwarts.
Pero a pesar de todo su cambio físico, Hermione Granger era la misma estudiante brillante, amiga fiel y por desgracia, seguía con su inseguridad. Así que asomó la cabeza por las escaleras que bajaban desde el dormitorio de las chicas hasta la sala principal de Gryffindor. Vio a Harry, vestido con su elegante túnica y una graciosa pajarita en el cuello, y a Ginny, que con el vestido color champán, resplandecía a la danza de las llamas de la chimenea. Resopló un par de veces antes de apoyar su pié izquierdo en el primer escalón. Al sonido del tacón golpeando la madera, sus dos amigos giraron a contemplarla.
Harry se recolocó sus gafas, como si estuviera viendo mal y la menor de los Weasley abrió tremendamente sus ojos a la par que le sonreía de oreja a oreja a su amiga.
-Está guapísima.-dijo Harry, más para sí que para las chicas.
Ya no eran sólo un par de ojos los que seguían el camino descendente de Hermione, sino que todos los presentes la observaban, muchos con la boca abierta de incredulidad. Entre ellos Ron, que se la comía con la vista. Hermione rió nerviosa y sus mejillas se tornaron de un fuerte carmesí. Le dio dos besos a Ginny, y uno a Harry. Casi inconscientemente se escondió detrás de ellos para dejar de ser el centro de atención.
-¿Podemos marcharnos ya?- suplicó inquieta.
-Hermione.- la llamó Ron detrás suyo.- Eres la mujer más hermosa que he visto jamás.
Ginny rió y le pegó un codazo a Harry, que a su lado, esperaba ansioso una respuesta de la castaña. Hermione miró con cariño a su amigo pelirrojo y le dedicó una de sus mejores sonrisas de agradecimiento.
-Al final resulta que sí que voy a ser una chica.- resolvió airosa la Gryffindor, poniéndole un toque de humor.
-Deberíamos ir, se nos va a hacer tarde.- comentó Harry con un carraspeo.
Las dos chicas se posicionaron a ambos lados del chico moreno y asiéndole del brazo, los tres emprendieron la marcha hacia el salón de baile. La castaña le agarraba fuertemente del brazo, clavándole las finas uñas a través de la delgada tela, porque a cada paso su intranquilidad iba en aumento. Por los murmuros que a su pasar resonaban en los pasillos de piedra, por la propia expectación de ver a Pansy y de su reacción al verla vestida así.
Se toparon con Neville fuera del portón de entrada, vestido con pantalones negros de pinza y una chaquetilla blanca y unos guantes a juego. El chico no levantó la vista hacia sus tres compañeros de casa y como un autómata les pidió amablemente la invitación.
-Oh, hola Harry, Ginny, Her…- Volvió a leer el trozo de papel incrédulo. - Hermione.
-Hola Neville.- saludaron los tres al unísono.
-Veo que te las has ingeniado para estar en la fiesta.- comentó Harry, guiñándole un ojo.
-En realidad es un trabajo extraescolar para subir nota en Pociones.- dijo desganado el chico.
-Ya sabes que cuando quieras, te ayudo.- respondió Hermione afable.
-Lo sé, es que estabas muy estresada y no quería molestarte…- explicó el chico.
-Para la próxima, sólo dímelo.- dijo con dulzura.
-Por cierto Neville, el traje de pingüino te queda como un guante.- halagó Ginny.- Seguro que hoy vuelves acompañado.
El chico se sonrojó, les deseó que se lo pasaran bien y con un gesto de su mano, les convidó a pasar. Ninguno de los Gryffindors esperaba lo que había detrás de esa puerta. Una estancia rematadamente distinguida, con las paredes talladas con ángeles y con una bóveda central de la que colgaba una imperiosa lámpara de araña. Justo debajo una mesa redonda, más pequeña de lo que intuían, en la que apenas había sitio para ocho comensales.
-¿Y esto es la fiesta de las eminencias?- resopló Ginny desilusionada.
Encima de cada plato un cartel escrito, con letra estilosa, los nombres de los asistentes. Hermione recorrió el círculo perfecto de la mesa, murmurando cada comensal. Había una silla más ornamentada que las otras, que evidentemente pertenecía al profesor Slughorn, desde su derecha hasta su izquierda.
-Cormac McLaggen. Ugh. Ginny. Yo. Harry. Parkinson. Luna y Marcus Belby...- finalizó la castaña con una mueca.
-Sin duda alguna el profesor quiere tenerte cerca, estás enfrente de él. Gracias a Merlín que me ha tocado enfrente Luna, así por lo menos podemos charlar.- resopló Ginny.- ¿Y a ti quién te ha tocado enfrente Herms?
-Pansy…Parkinson.- contestó, mirando detrás de su amiga pelirroja y de Harry, porque allí en todo su esplendor acababa de hacer aparición la chica Slytherin.
Majestuosa. Casi divina, casi celestial. Como una bella ilusión de un oasis en medio del desierto. Altanera, con la barbilla alzada con solemne gesto de misteriosa frialdad. Sublime reina del hielo. Con sombras negras realzando el verde vivo de sus ojos, que como dos faros alumbraban la sala. Sin su pintalabios, aún sus labios eran de un rojo tenue, dándole una pincelada de naturalidad. Su vestido del mismo color que sus orbes, aunque en un tono muy oscuro, como el bosque en la noche, pegado como una segunda piel, la hacía parecer una auténtica serpiente. A su manera hermosa, a su manera mortal. Algunas plumas negras adornaban el relieve del escote, y a Hermione le recordó al cisne negro. Grandiosa, e igual que hermosa, mentirosa. Llevaba en su mano derecha una copa de Champagne, que llevó a sus labios de una manera delicada y un pequeño sorbo de la bebida espumosa se perdió más allá ellos.
Fue Ginny, quién la sacó de ese trance, sacudiéndola ligeramente.
-He de reconocer que está guapa.- dijo la pelirroja, agarrando de la cintura a Hermione, acercando su boca al oído de la castaña.
Gesto que no pasó desapercibido por la Slytherin, que en las sombras camuflada, no quitaba la vista de Hermione. De la perfección en sus rasgos, de lo atractiva que estaba. De su figura, bien detallada, de su escote incitativo, de sus piernas que parecían no tener fin. De su sonrisa innata, de sus ojos relumbrantes, de su piel exultante. De esa risa espontánea, de ese gesto despreocupado acariciando el brazo de sus amigos. Y deseó ser ella quien estuviera en el lugar de ellos y poder contemplarla en toda su gloria.
Cuando el anfitrión hizo aparición, se sentaron cada uno en su lugar. Puestos perfectos, casi hechos a medida. Y las dos chicas, enfrentadas cara a cara, resistiéndose a la tentación. Y es que para Hermione, Pansy Parkinson era una obra de arte digna de analizar a todas horas. Esa distinción, incluso comiendo, la hacían parecer de verdad una reina. Sus ademanes, ya conocidos por la castaña, eran tan insinuantes. Esa forma de envolver el tenedor entre sus labios, sacando la punta de la lengua para recibir el cubierto; ese movimiento perfecto de cabeza, apartando de su cara el lacio pelo; ese levantamiento de párpados a cámara lenta para después clavar sus orbes como dos puñales.
Saca su pitillera plateada, con un escudo grabado y un encendedor con el mismo relieve. Posa un cigarrillo en su boca y con habilidad lo enciende. Deja salir despacio el humo, que en poco tiempo torna el aire con formas blancas e invade la sala de un fuerte olor a cereza.
-Señorita Parkinson, está prohibido fumar aquí.- dijo Slughorn, que durante la cena se ha dedicado a hacer un interrogatorio a los comensales.- Por favor, apáguelo.
-Profesor Slughorn, siempre organizando fiestas para disimular el vacío.- se inclinó hacia delante, posando sus codos en el mantel blanco.- Un fiesta es para celebrar, para disfrutar.
Aún así lo apaga, estrellándolo contra su plato, ejerciendo más fuerza de la necesaria., dejando un manchón de cenizas en la cara porcelana. Sonríe a toda la mesa falsamente y parece que va a hacer algo más, pero no, se queda en su sitio expectante a la reacción de los demás.
-Espero que algún día logréis grandes méritos. Se espera mucho de vosotros.- dijo el profesor amablemente.- A lo largo de mi vida como profesor he conocido a alumnos como vosotros, triunfadores natos, que con esfuerzo y empeño han llegado a lo más alto. Y para finalizar, como bien dice la señorita Parkinson, esto es una fiesta. He invitado a más estudiantes para que se unan, ahora a las doce, al baile. Gozar del inicio de las vacaciones navideñas.
Efectivamente, a medianoche, empiezan a llegar más gente, hasta que casi se llena por completo la estancia. Ahora transformada, en una pista de baile, con escenario incluido, donde tocan "Las Brujas de Macbeth". Algunos Hufflepuff llevan whiskey de fuego, que echan al recipiente del ponche.
Hermione lleva cuatro vasos de esa bebida, sin saber que ha sido adulterada. Se nota algo mareada, pero culpa a las vueltas que le hace dar Ginny al sonar su canción favorita. Está tan sofocada que parece un foco más. Va al baño, dejando a la pelirroja, a Luna y a Harry bailoteando. Se mira al espejo y vuelve a reír tontamente, a través de él ve entrar a la chica Slytherin, que porta un semblante serio.
-¿T e lo estás pasando bien?- suelta, intentando mantener los celos a raya.
-La verdad es que sí.- se acerca con paso tambaleante y se cuelga de su cuello.
La morena, en plenas facultades, la arrastra hasta el cubículo más alejado de la puerta. Conjura un Fermaporta e insonoriza el pequeño espacio.
-Estás borracha.- afirma la morena, resoplando.
-¿Y?- le contesta Hermione descarada.
-Pensé que esta era nuestra noche.- le dice algo decepcionada.
-¿Y quién dice que no lo vaya a ser?- suelta coqueta.
Se acerca a Pansy y la empuja, hasta que las nalgas de la morena hacen contacto con la tapa del retrete. Se abalanza sobre sus labios, que la reciben con sorpresa pero le responden con la misma pasión. Hermione se sienta encima de Pansy, haciendo que su vestido se suba tanto que casi se le ve la ropa interior. La Slytherin la acerca hacia ella, agarrándola del trasero, mientras cuela su lengua en la boca de la castaña. Lame su contraria, invitándola a jugar. Gimen labio contra labio. La castaña no suelta la melena negra, no queriéndose separar de su nueva adicción. La primera en temblar es Hermione, porque Pansy le muerde el lóbulo de la oreja con una mezcla de brío y delicadeza que hace que un escalofrío recorra toda la espina dorsal de la Gryffindor.
La leona desatada, araña superficialmente la espalda descubierta de su amante, dejando rosadas marcas en la nívea piel. Sujeta a la morena de su marcada mandíbula y choca sus bocas con violencia. La fina línea del dolor y del placer. Le muerde el labio inferior y tira de él, hasta que escurridizo se escapa de entre sus dientes. Lo lame con la punta de la lengua, curándolo. Y Pansy, igual de inquieta, atrapa la juguetona lengua y la succiona dentro de su boca. Se miran un instante, tan profundamente que temen perderse más allá del espejo del alma. Y las dos, lo intuyen, lo saben, ya no hay vuelta atrás.
