La alquimista y la aniquiladora
Harper Row era una alquimista.
Usaba sus grandiosos dotes para darle vida a la ciudad de Gotham, transformaba chatarra en artilugios que el mismísimo Batman podía envidiar, y convertía ese agujero infernal en un sustento para ella y su hermano.
Todo lo que Harper tocaba se convertía en oro.
Cassandra era una aniquiladora.
Todo lo que tocaba perecía. Aun cuando trataba de cambiar, su función seguía siendo la de un arma, un poco menos letal, pero un arma sin mas.
Y estaba bien, no es el arma, sino quien la usa. Lamentablemente eso no evitaba que los fantasmas de su pasado vinieran a atormentarla y no evitaba el odio de aquella fabulosa alquimista a la que ella tanto admiraba.
Y estaba bien, porque Cass no era un arma, sino un ser humano con sentimientos y responsabilidad por sus acciones.
Harper le pidió perdón a Cassandra. Ellas se abrazaron y Cass sonrió con esperanza.
Harper había tocado el corazón de Cass y lo había convertido en oro.
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