Capítulo 10

La sospecha de Fleur

— ¿A caso es tu novia?... ¿Por eso la miras tanto? …Te estoy hablando ¿Eres sorda o qué?—preguntó Bella, levantando el mentón de Hermione con su dedo índice para mirarla a los ojos.

—Déjala en paz—habló Fleur, incorporándose con dificultad, comprobando que sólo había sido un fuerte golpe y afortunadamente no tenía nada roto—Y en definitiva… ¿A ti que te importa si soy la novia, su mujer o como quieras llamarle?—la enfrentó, irguiéndose por completo.

—A ti nadie te preguntó nada… ¡ASQUEROSO INTENTO DE VEELA!—gritó enardecida, empujando a Hermione a un lado, haciéndola caer sobre la mesita de noche, a un costado de la cama.

Se acercó a toda velocidad y tomó a Fleur por el cuello. La obligó a retroceder trastabillando y logró sin mucho esfuerzo impactar su espalda contra la pared más cercana. La arrinconó furiosa, presionando sin contenerse la delicada garganta de la rubia, que comenzó a toser y a tratar de zafarse, pegándole rodillazos con todas sus fuerzas, pero sin mucho éxito.

— ¡Déjala, Bellatrix!—imploró Hermione con todas las intenciones de ir a ayudar a su amiga.

— ¡Tú te quedas ahí!—bramó girando su rostro hacía ella, con una clara advertencia.

—Que irónico ¿No? La mortífaga más temida, mano derecha del que no debe ser nombrado, obsesionada con una niña a la que tú llamas sangre sucia—le susurró Fleur, para que solo ella pudiera escucharla, y luego jadeó sonoramente por la falta de aire en sus pulmones.

En un arranque de adrenalina, logró enterrarle por completo las uñas en el cuello y por una fracción de segundo, Bella aflojó el agarre. Al instante tomó una gran bocanada de aire y le sonrío de lado. "Había acertado" "El pequeño talón de Aquiles de la famosa asesina en masa, Bellatrix Lestrange, era lo que ella pensaba"

— ¡CALLATE ESTÚPIDA! ¡TÚ NO SABES NADA!—enloquecida empleó todas sus fuerzas para terminar con la vida de esa asquerosa entrometida.

Quería sentir cuando se le escapara el último aliento, respirarlo, consumirlo, absorberlo y luego dedicarle el tiempo que merecía a su verdadero objetivo, el cual la esperaba al otro lado de la habitación, con una hermosa carita de terror.

— ¡Claro que sé!—la desafió, tosiendo y sacudiéndose para recuperar un poco de aire.

Era la oportunidad, Fleur sospechó desde el comienzo que Bellatrix, de una manera muy retorcida, se había obsesionado con Hermione. Estaba segura que a pesar de todas las amenazas y torturas, "no la mataría". Perfectamente podría haberla matado hace un mes atrás, en la mansión Malfoy y por una loca razón la dejo ir, porque también estaba segura que cuando escaparon gracias a Dobby, la daga podría haber sido lanzada a ella y sin embargo no lo fue.

"Todo encajaba". Quería ver sufrir a su amiga, no quería matarla, se había ensañado con ella por una extraña y siniestra razón.

Había sacado sus propias conclusiones con el relato de Hermione, y sus sospechas habían terminado cuando la vio entrar por esa puerta, decidida a terminar lo que había empezado un mes atrás.

Ahora… si iba a morir, se lo escupiría y restregaría en la cara. No se perdería ésta oportunidad de humillarla con algo tan deshonroso para su supuesto noble y ancestral apellido Black.

— ¡Le doblas en edad! ¿¡No podrías ser un poco menos vieja verde!?

— ¡TE VOY A MATAR!—bramó Bella, pegándole un puñetazo en la cara, rajándole el labio— ¿CÓMO TE ATREVES A SUGERIR TAL DISPARATE? ¿A CASO ERES DEMENTE?

Fleur ya estaba prácticamente inconsciente, intentaba respirar, pero se le hacía imposible. Bellatrix la había sujetado con tal fuerza, que su rostro se estaba tornando de un color azulado intenso, por la falta de oxigeno.

Hermione se levantó como resorte, sosteniéndose de la cama. Y olvidándose de sus temores y dolores físicos, giró su cabeza buscado con desesperación su varita, la cual, Fleur, había guardado en algún lugar de esa habitación, pero la pregunta era "en dónde".

Bella le daba la espalda, por lo tanto tenía unos pocos segundos para actuar de manera eficiente, sino, su amiga, terminaría muerta por su culpa y eso sí que no se lo perdonaría nunca.

Sobre la mesita no estaba, tampoco sobre la cómoda, ni debajo de la almohada.

¿Dónde demonios está la condenada varita?, pensó.

Tenía que reaccionar rápido, no podía perder más tiempo, sino, Bella la escucharía y las mataría a las dos.

Tomó con cuidado la silla de madera, tratando de no hacer ni un minúsculo ruido, y con paso lento se acercó lo más que pudo.

— ¡Es una lástima! ¡Los de tú especie siempre fueron útiles! ¡Si hubieras sido un poco más cortés, te podría haber acomodado en las filas de mi señor!—habló lento y pausado, mirando extasiada, como de a poco, la vida de esa tonta Veela, se le escapaba por esos bonitos ojos azules, inyectados en sangre.

Un estruendo de madera resquebrajándose, mezclada con un fuerte quejido de dolor, llenó la pequeña alcoba.

— ¡La maté! ¿La maté?

Hermione se tapó la boca horrorizada, y soltó inmediatamente el diminuto trozo de madera de una de las patas de la silla que le había quedado en la mano, tras reventarle la espalda, haciendo añicos, el desgastado asiento.

— ¡Ayúdame!—pidió Fleur, recuperando el aire y tratando de sacarse de encima a una Bella más que inconsciente.

— ¿E...está muerta?—preguntó Hermione, agachándose enseguida, sosteniendo a Bellatrix por los hombros, intentando darla vuelta, para liberar a su amiga.

— ¡No! ¡Sólo está inconsciente!—la tranquilizó, zafándose por fin, dejando a Bella boca arriba, respirando acompasadamente.

— ¿Y ahora qué haremos? ¿No podemos dejarla aquí? Y tampoco matarla, o ¿sí?—por una extraña razón, el sólo pensar en matarla le hacía revolver las tripas.

"En el fondo sabía que no podría hacerlo".

Se detuvo un momento con su ceño fruncido y su vista fija, mientras que Fleur se levantaba con rapidez buscando en los cajones de la cómoda, seguramente las varitas que había escondido previamente.

Observó con detenimiento a esa mujer que ahora mismo estaba a sus pies, dormida, indefensa y hasta se podría decir(A pesar de su edad) con rasgos inocentes y delicados, y le costó un momento asimilarlo.

¿Era ella?… ¿era la misma? ¿La misma que le había torturado hasta el cansancio, la misma que le había robado el alma sin compasión?…, y entonces, si sabía que era ella ¿Por qué no sentía el odio natural que sus entrañas tendrían que sentir?

Ladeó la cabeza pensativa y por fin, con un gesto de pura tristeza, lo comprendió:

"Eres mi castigo, Bellatrix Lestrange y a pesar de todo no puedo odiarte", masculló, derramando una lagrima, sin poder dejar de mirarla.

— ¿Hermione?... ¿HERMIONE?—la sacudió Fleur por los hombros—. ¡Se acerca alguien por las escaleras! ¡Toma tu varita!—y poniéndose en guardia, esperaron unidas, conteniendo la respiración.

Los pasos se hacían más fuertes…, sea quien sea…estaba cerca. Y aunque se notaba que la persona que había irrumpido en la cabaña, intentaba ser lo más imperceptible posible, el silencio abrumador del amanecer, hacía que cualquier ruido, por más pequeño que fuera, se escuchara como una clara conversación desde la habitación de arriba, y eso era una mínima ventaja para Hermione y Fleur, que esperaban con el corazón en la boca, el siguiente ataque.

El último escalón de la escalera rechinó y una larga túnica negra se hizo visible.

— ¿Señor Malfoy?—Hermione no sabía si preocuparse o aliviarse, y por eso no dejó de apuntarlo ni por un segundo.

En definitiva, él no había hecho nada para ayudarla cuando la vio a punto de morir ¿Qué pretendía ahora?

"Es verdad que le habían llegado sus disculpas flotando como un susurro", o tal vez ¿se lo habría imaginado después de tantos golpes?

Para ser sincera con ella misma, "ya no estaba segura de nada y menos de él"

Lucius se detuvo en la entrada y sin dar ninguna explicación, comenzó a acercarse a su cuñada tendida en el suelo.

Con paso lento y sin dejar de mirar a las dos chicas frente a él, avanzó con cautela, tratando de no parecer amenazador, pero con la guardia alta por si lo atacaban.

Tenía que salir de ahí con Bella sin decir una palabra, Dumbledore así lo había ordenado. Albus y solo Albus, sería el que daría las explicaciones cuando todos estuvieran a salvo.

Caminó uno…dos…tres pasos sin dejar de mirarlas, hasta llegar a una Bellatrix completamente inconsciente, tendida en el piso. Se agachó a su lado con lentitud y tomándole la mano con firmeza, sin perder tiempo, desaparecieron ambos mortífagos de la pequeña habitación, en un remolino de bruma negra.

Luego el ruido de unos cuantos pasos acelerados, murmullos cada vez más cerca y una túnica color añil asomándose a toda velocidad por el umbral de la puerta, le dieron a los enloquecidos corazones de Hermione y Fleur, un bálsamo de alivio….

Todo había sucedido tan rápido, que sus confundidos cerebros recién estaban asimilando lo que sus ojos veían.

— ¿Profesor?—preguntó Hermione con cautela, sin atreverse todavía a alegrarse.

— ¡Descuide, señorita Granger! ¡Ya pueden bajar sus varitas!—habló Dumbledore con vos clara y tranquilizadora—. ¡Minerva si es tan amable!—pidió con cortesía.

La profesora se adelantó un paso y con una leve sonrisa estiró ambas manos para que Hermione y Fleur las tomaran.

"Gracias a Merlín", pensaron las dos a la misma vez…o mejor dicho, gracias a Dumbledore, Minerva a Remus y a Arthur, que las sacarían de allí, alejándolas del peligro.

Su pequeña guarida alejada ya no era segura, ni secreta y en ese momento, el lugar más seguro para estar, sin duda alguna, era donde probablemente se dirigirían…

"Las regresarían a Hogwarts", pero lo más importante, es que a partir de ahora, todos estarían unidos para enfrentar la inminente batalla.