Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, todos son de Rumiko Takahashi.

¡Vacaciones!:D

Por fin me podré dar el lujo de poder adelantar un poco los capítulos cada día de la bendita semana. El aire me huele a libertad y ya extrañaba pasar horas y horas en el Word buscando inspiración.

Siendo honestas, no me gusto mucho este capítulo. Pero la decisión es de ustedes. :)

Hay ciertas referencias a "Crepúsculo" en todo el capítulo. Si no has leído el libro; pero planeas hacerlo mejor no leas.

Superhéroes

— ¿Estás segura Yuka? ¿No es para la otra semana, o para el otro mes o para el otro año?— casi rogó la muchacha mientras iban camino a su templo.

—Estoy segurísima, Kagome. La señora Miyazawa dejó este trabajo desde hace más de un mes y mañana es la fecha de entrega. — explicó con hastío la pelinegra mientras trataba de hacer entrar en razón a la sacerdotisa.

—Pe..pero… ¡nadie me avisó!—gritó la adolescente con enojo y aguantando las ganas de arrancarse los pelos—¡No sѐ que hacer y la entrega es mañana! ¡La señora Miyazawa no acepta excusas y lo más probable es que me quede de año y tenga que repetir el curso, jamás me graduaré y…y terminaré trabajando en un WcDonalds!

—No seas tan dramática Kagome—la sermoneó Yuka mientras la zarandeaba por los hombros—Puedes usar como excusa ese golpe que te diste en la cabeza hace dos meses y por el cual tuviste que quedarte en tu casa mientras recuperabas la memoria.

— ¿Qué?—preguntó una confundida Kagome mientras llevaba una mano a su cabeza, buscando alguna anomalía en ella.

— ¿No recuerdas?, Tu abuelo nos dijo que habías tenido un serio accidente con las escaleras del templo y que te había ocasionado un trauma en el cráneo que te borró parte de la memoria. Quisimos verte pero tu abuelo no quiso, dijo que lo único que haríamos seria confundirte más. —Explicó la alta adolescente—Parece que aún no te has recuperado por completo.

—¡Oh sí, el accidente!—fingió Kagome con una risita nerviosa. ¿¡Por qué al abuelo no se le puede ocurrir algo normal!?

—Bueno, volviendo al tema. No tienes porque preocuparte amiga, las chicas y yo presentíamos que algo así iba a ocurrir. —le sonrió Yuka, ignorando el sonrojo de la otra—Nosotras haremos la presentación en grupo y, si quieres, tú también puedes unírtenos.

—En serio te lo agradezco Yuka. Pero aún así, no conozco el tema del trabajo ni como debe ser este. —murmuró la apesadumbrada muchacha—No seré más que un estorbo para ustedes.

— ¡No digas tonterías!—la regañó—El trabajo es muy sencillo y no hay nada de que preocuparse. Sólo tienes que realizar una presentación oral sobre aquella persona, personaje o artista que te inspire a ser mejor persona, alguien a quien admires.

— ¿Algo así como tu héroe?—preguntó Kagome mientras se abrazaba, pronto anochecería y el viento estaba empezando a enfriar.

Al ver a su amiga asentir, la miko se sumergió en sus pensamientos e ignoró todos aquellos mundanos ruidos que la rodeaban, se había hecho inconsciente de las personas que buscaban refugio de la frialdad que se avecinaba. Exprimió sus sesos tratando de encontrar su "héroe"; pero el muy maldito parecía estar huyendo de ella ya que por más que lo meditó no lo encontró por ninguna parte.

¿Podría ser su padre?

Mmm, no lo veía muy probable. No había tenido la oportunidad de convivir mucho con él y este había muerto cuando ella era muy pequeña. Había sido un buen hombre y un padre en extremo cariñoso; pero no había estado con ella en los momentos más importantes de su vida y no podría considerarlo su héroe. Tal vez un grato recuerdo; pero no eso.

¿El abuelo? ¿Su madre? ¿El artista de moda?

Había tantas opciones para elegir; pero ninguna parecía causarle ese "algo" que tanto andaba buscando.

—La oferta sigue en pie Kagome. —interrumpió Yuka sus pensamientos—Solo lee este libro y cualquier cosa me llamas. Nuestro héroe es el protagonista de la novela y estoy segura de que tú también lo amaras.

La chica miró confundida a su alrededor, percatándose de la oscuridad y el silencio que reinaba a su alrededor. Volteó y vio las imponentes escaleras, ¿tan pronto habían llegado al templo?

— ¿Eh?—preguntó mientras recibía el libro en sus manos. Miró la portada con curiosidad: unas pálidas manos le ofrecían una roja y jugosa manzana y arriba de ellas, escrito en letras rojas rezaba—¿Crepúsculo?—

—Sí, no sabes lo mucho que me costó lograr que Ayumi me lo prestara. Espero que lo leas y así puedas integrarte sin problemas al grupo. ¡Hasta mañana, Kagome-chan!—se despidió la chica mientras acomodaba la mochila sobre sus hombros y se alejaba a paso ligero del lugar.

Desganada por todo el trabajo que tenía pendiente, Kagome subió los escalones del templo y tiritó al sentir una ráfaga helada atravesándola. Si no entraba pronto, seguro y pescaría un horrible resfriado.

— ¡Estoy en casa!—saludó para luego ir y encerrarse en su habitación, saludando antes a su madre con un beso en la mejilla—Si quiero terminar pronto debo empezar ahora mismo.

Observó el libro entre sus manos con algo de curiosidad, tanto el título como la imagen le llamaban la atención. No obstante, el resumen en la parte trasera le aseguraba un relato lleno de miel y momentos dulzones entre los protagonistas…y parece que no se equivocaba.

Las horas habían pasado velozmente mientras ella leía, iluminada únicamente por el halo de luz espectral que entraba por la ventana. Solamente podía escuchar los ruiditos de las aves nocturnas que se apoderaban del templo durante las noches y la respiración acompasada de su familia. Kagome observó el reloj sobre su mesita y casi se cae para atrás al ver como este daba las once en punto.

— ¿!Cómo puede ser tan tarde!? ¡Ni siquiera he hecho el trabajo!—gimió la adolescente escondiendo el rostro entre las manos. Respiró profundo y se recostó en su cama, buscando algo de calma.

Observó el oscuro techo mientras pensaba en las opciones que tenía. Podría dejar de preocuparse y dejar el trabajo en manos de sus amigas, mientras ella solo hablaba de todas las virtudes del guapo protagonista: Edward Cullen. Pero esa idea no le gustaba y mucho menos el chico sobre el cual tendría que hablar.

La novela en general le había gustado, esta presentaba una buena dosis de acción y fantasía. Aunque el punto de vista de Bella le parecía un tanto aburrido, se notaba que la única cosa interesante en la vida de la chica había sido conocer a esa extraña familia de vampiros. De cierta manera, se sentía identificada con ella. Si no fuera por el Sengoku, su vida sería igual a la del resto de las chicas de su edad; interesado sólo en chicos, la escuela, compras y el resto de cosas en las que piensan las adolescentes normales.

En definitiva, ni ella ni Bella eran normales en ese sentido. También ambas habían caído en las redes de seres sobrenaturales, la sencilla muchacha en las de un vampiro encantador y la particular miko en las de un rudo mitad-bestia.

La única diferencia era que el sentimiento de la primera era correspondido, mientras que el de la otra…no.

—No seas tonta Kagome, no puedes estar celosa de alguien que no existe. Son sólo personajes de un libro, lo que cuentan sobre ellos no es verdad. —susurró la chica mientras abrazaba a su almohada y enterraba el rostro en ella.

Envidiaba el dulce amor que había entre los protagonistas. Sentía como su sangre hervía al leer como una chica tan simple, que bien podría ser ella misma, recibía los besos del vampiro. Su amor era algo casi celestial, algo único que parecía no tener comparación en aquél mundo ni en cualquier otro. Ellos dos eran Bella y Edward, como Romeo y Julieta.

¿Podría existir también un Inuyasha y Kagome? ¿Podría ella confesarle sus sentimientos al medio demonio algún día?

—Ojalá —suspiró Kagome antes de voltear y soltar unas silenciosas lagrimas.

Once y media marcaba el reloj y ella aún divagando sin control. Tenía que ponerse las pilas si quería tener aunque fueran cuatro horas de sueño

—Ya Kagome, no pienses en tonterías. El trabajo es más importante. —se regañó la muchacha mientras secaba sus lagrimas con algo de enojo.

Se levantó de su cómoda cama y se cambio el uniforme por un largo camisón, colocándose la bata de baño encima. Restregó sus manos en busca de calor y se sentó en el escritorio, tomó lápiz y papel y esperó a que su musa le ayudara. Encendió la lamparilla de mesa y parpadeó con rapidez cuando el fulminante rayo de luz impactó contra sus ojos, haciéndolos lagrimear un poco.

—Vamos, tiene que ocurrírseme algo. Cualquier cosa. —murmuró con cansancio mientras bostezaba, frunciendo el ceño de tal forma que el mismo Inuyasha se moriría de la envidia—¡Por Kama, solo debo describir a ese vampiro!

La pobre chica estaba considerablemente irritada. Si tan solo la profesora Miyazawa no fuera tan estricta respecto a la ortografía, Kagome tan solo hubiera escrito un par de líneas simples, sin brillo ni adornos. Sin embargo, la señora sentía un especial cariño por las obras de los grandes escritores del Japón y apreciaba con toda el alma aquellos escritos extensos y que removieran cada fibra de su alma, al describir con una gracia sublime los acontecimientos y emociones que hilaban la vida de los protagonistas.

Si el trabajo no le transmitía sentimiento alguno, la profesora no dudaría en colocarles a sus amigas y a ella un gran cero.

Kagome sujetó el lápiz y empezó:

"Edward Cullen no es un chico como todos los demás, él y su familia esconden un secreto que solo la humana Bella Swan logró averiguar. El secreto es que todos ellos eran…vampiros. Edward, el protagonista y nuestro héroe, tiene la apariencia de un muchacho de diecisiete años; aunque posee siglos viviendo entre los humanos. Posee una sonrisa de impacto, unos bellos ojos color topacio, un cuerpo de modelo, el cabello marrón con destellos ligeramente dorados y siempre desordenado, todas las chicas mueren por besar sus increíbles labios o estar a su lado. Yo lo admiro por qué…porqué…porqué"

¿Por qué lo admiraba? ¿Por su físico? ¿Por su inteligencia? ¿Por ser inmortal?

Ninguna de esas le parecían buenas razones. Exceptuando la inteligencia, claro esta. Releyó su escrito, notando que había algo mal; aunque no sabía que podría ser.

Edward era un perfecto caballero, un romántico a morir, un chico aplicado y con excelentes calificaciones. Era simplemente perfecto.

—No es muy realista—susurró Kagome con una sonrisita en el rostro. Pensando que ese tipo de chico era el que toda madre quería para su hija.

Podía tener todas las cualidades del mundo; pero no era un personaje digno de ser admirado. Lo único "heroico" que había hecho era salvar la vida de Bella y demostrarle su amor incondicional. Sabía que no debía juzgarlo tanto, pues de cuatro tomos de aquella saga ella tan solo había leído uno; pero es que no podía evitarlo.

No se sentía cómoda hablando sobre ese personaje, incluso se sentía algo tonta enumerando una y otra vez las razones de su perfección. ¡Nadie es perfecto! ¡Por mucho que tenga de sobrenatural, ningún ser sobre la faz de la tierra era perfecto!

Solo bastaba con ver a Sesshoumaru o a Inuyasha. Ambos eran fuertes y perseverantes, ninguno de los dos aceptaba un no por respuesta y siempre buscaban salirse con la suya. Tenían la sangre de youkais perros y una belleza típica de los de su raza. Sin embargo, ninguno llegaba a ser esplendoroso.

Inuyasha era un terco sin remedio, un cabeza dura e impaciente medio demonio con una increíble falta de tacto. No obstante, también tenía un lado protector e incluso sensible.

Sesshoumaru era demasiado callado y misterioso. Era muy intolerante con aquellos inferiores a él, todo humano y hanyou a su lado no era más que una plaga. Una maldita plaga a la que no lograba soportar. Kagome sabía que el deseo más grande del príncipe perro era acabar con todos y cada uno de "los malditos humanos" como solía llamarlos. Sin embargo, Kagome se esforzaba en pensar que tenía un lado dulce…un lado increíblemente pequeño, encerrado con cadenas y custodiado por fieras que asesinaban a todo aquél que se atrevía a acercársele. A todos menos a Rin.

Sus mejillas se encendieron y pequeñas mariposas empezaron a revolotear inquietas en su estomago. Tomó el lápiz con decisión y empezó a volcar sus pensamientos con emoción, la pluma parecía volar sobre el papel y una sonrisa bailaba en su cara. Al terminar la redacción, sujetó el libro de la jugosa manzana y lo guardó en su maleta, dispuesta a no participar con sus amigas.

Se acostó en la cama, decidida a pasar buena noche en la tierra de Morfeo. Mañana sería un largo día y necesitaría fuerzas para enfrentarse a él.

OoO

Una gran agitación reinaba en el aula. Los alumnos corrían de acá para allá: memorizando redacciones, pidiendo opiniones de último minuto, acomodando su material, dándose apoyo los unos a los otros y buscando a alguien que los ayudara con los errores de sus trabajos.

Kagome observaba todo aquello desde una esquina, sentada en su banca y botando el pie siguiendo el ritmo de una invisible melodía. Tanta agitación le estaba poniendo los nervios de punta; ya habían pasado diez minutos de la clase y no había ni rastro de la señora Miyazawa.

La chica volteó con lentitud al sentirse observada. Un escalofrió la recorrió al notar las miradas de sus amigas; frías, enojadas y decepcionadas. Kagome volteó nuevamente y fijo su mirada en el pizarrón, sintiéndose algo triste por la reacción de las chicas. Simplemente les había explicado sus razones para no participar del trabajo; les había dicho todo lo que le había gustado y lo que no le había convencido de la lectura.

Aún no comprendía porque habían reaccionado de aquella forma tan exagerada. Kagome volteó nuevamente y se dirigió donde sus amigas, dispuesta a que le devolvieran la palabra. Sin embargo, antes de que lograra dar siquiera un paso una aterciopelada voz se hizo presente.

—Buenos días clase—saludó su profesora mientras avanzaba con parsimonia, hasta depositar su inmensidad en una frágil silla.

—Buenos días profesora Miyazawa—recitaron al unísono, poniéndose de pie y haciendo una leve reverencia.

—Pueden sentarse queridos—murmuró la profesora, acomodando los pliegues de su faldón.

Aquella voz, tan suave y aterciopelada, desentonaba con el resto del cuerpo. La señora era de rostro redondo, labios pequeños y ligeramente fruncidos; ojos grandes, negros y chispeantes y poseía una cabellera negra con muchas canas. Siempre vestía faldones y camisas de diversos colores que ocultaban la grandeza de su cuerpo.

Aún así, a pesar de lo encantadora que sonaba su voz y de lo amable que la dama parecía. La mayor parte de la secundaria le tenía temor; pues ella era bien conocida por sus pasionales arrebatos en defensa de las letras y por su ira descomunal ante la más mínima falta ortográfica.

—Muy bien muchachos, ¿Quién quiere empezar?—les preguntó con una sonrisita, señalando el letrero que colgaba sobre el pizarrón. "Grandes Héroes de Ayer, Hoy y Siempre" rezaba el cartel con una estilizada caligrafía.

Al ver que nadie alzaba la mano, la profesora recorrió a cada uno. Kagome bajó la mirada y se escondió tras su desordenado flequillo. Se sabía su presentación de atrás para adelante; pero estar frente a tanta gente le destrozaba los nervios.

—Señorita Higurashi, pase adelante. —la llamó la mujer con una dulce sonrisa—Espero que sus problemas de salud no le hayan impedido realizar el trabajo.

Todas las miradas se fijaron en la muchacha, la cual se levantó lentamente del pupitre y caminó hacia el frente de la clase, tal y como lo haría un condenado a muerte. La sacerdotisa le entregó su redacción a la anciana mujer y se paró frente a sus compañeros, los cuales la observaban con expectación.

Kagome miró a los últimos puestos y observó a sus amigas. Estas seguían mirándola con dureza y volteaban a los lados, tratando de evitarla. ¡Cómo dolía que la trataran así!

Sin embargo, no iba a dejar que su actitud la afectara. Cerró los ojos y tomó un profundo respiro, dibujando en su mente al objeto de su inspiración.

—Mi héroe no es como todos los demás, si lo conocieran seguramente pensarían en él más como un antihéroe. Su nombre es Inuyasha y pertenece a la era del Japón Feudal, es hijo de un poderoso youkai perro y de la princesa humana Izayoi, lo que lo convierte en un hanyou. Es alto, de contextura atlética, ojos dorados como el sol, cabello largo de color plata y con orejas coronando su cabeza. —presentó resumidamente la chica, con el corazón latiéndole con rapidez.

—Al principio, por mucho que intenté llevar las cosas por el buen camino, él echaba todos mis intentos por tierra. Trate de ser amable con él; pero Inuyasha solamente me insultaba, me ignoraba y no hacia otra cosa más que decirme lo inútil que era…y eso dolía como no tienen idea—dijo la chica, escondiendo su brillante mirada tras su flequillo. Recordando sus primeros momentos con el hanyou que le había robado el corazón.

—Era incapaz de confiar en la gente; solo quería pelear y conseguir los fragmentos de la invaluable Perla de Shikon para convertirse en un demonio completo. Es un muchacho fuerte, terco, inmaduro, algo cabeza dura y con una increíble falta de tacto. También puede ser muy indiscreto y grosero con sus mayores; pero aún así es una buena persona—dijo la miko, dándole la cara a sus compañeros e ignorando la ventisca que había movido con fuerza el follaje de los arboles.

Todos los jóvenes la miraban curiosos y algunos otros burlones. Sólo a la loca sacerdotisa del templo se le ocurría hablar de algo tan anormal.

—Una vez que lo conoces, llegas a comprenderlo y a quererlo. Aunque las peleas con él sean algo imposible de evitar.—dijo la chica con una radiante sonrisa, ignorando el ruido que había fuera del plantel—Tal vez no sea perfecto; pero yo lo admiro por toda su tenacidad y esfuerzo, por enfrentarse al mundo y no permitir que nadie lo pisotee o lo subestime. Por todo esto y más me atrevo a afirmar que Inuyasha no es sólo mi héroe…es mí superhéroe. —finalizó Kagome con una expresión decidida y dulce en su rostro.

Sus mejillas estaban ligeramente rojas al pensar en todo lo que había confesado. Había decidido no hacer su presentación tal y como estaba en el papel, si no sacarla del alma y realizarla siguiendo a su corazón. Una vez los secos aplausos terminaron, Kagome volteó temerosa hacia la profesora mientras esperaba su veredicto final.

—Lo que usted dijo es diferente a lo que aparece aquí escrito. Puede ser lo mismo en esencia; pero no es igual—dijo con lentitud la señora, analizando el papel entre sus manos—Aún así, tengo que felicitarla por su particular forma de exposición. Ningún otro alumno ha expresado su admiración hacia los personajes como si los conocieran de primera mano. No obstante, usted lo ha hecho como si conociera al mismísimo Inuyasha y hubiera estado con él a lo largo de su vida.

—A pesar de las faltas que presenta su escrito, considero que esto no se puede dejar pasar. —dijo la gorda mujer con resolución—Felicidades, señorita Higurashi.

Kagome tomó el papel con manos temblorosas y le echó una mirada de reojo. Su corazón se detuvo por un minuto y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver el reluciente número plasmado en una de las esquinas.

—Un ocho, ¡gané un ocho!—jadeó la chica con excitación ante la atónita mirada de los demás. La adolescente soltó un grito y casi corrió hasta su puesto, mirando aún sin poder creerlo, al reluciente numerito.

—Si no quiere que lo reemplace por un seis, le recomiendo bajar la voz señorita. —la regañó la profesora, sin poder evitar sonreír ante la felicidad de su alumna.

Kagome se sonrojó y bajó la mirada, observando la hoja con una sonrisita en los labios—Todo te lo debo a ti…Inuyasha—murmuró con dulzura y alegría, sin percatarse de que todo aquello era escuchado por el hanyou que poblaba sus sueños.

Escondido entre las ramas de un árbol, Inuyasha había escuchado y observado todo. Desde sus defectos hasta las cosas que ella amaba de él y de las que se enorgullecía. Su pecho se había inflado de orgullo al oír como ella lo proclamaba su superhéroe. Pues mientras ella lo quisiera a su lado, él le demostraría su amor de aquella manera torpe y ruda; tan propia de su personalidad y la protegería contra todo mal. Una sonrisa torcida apareció en su cara al pensar en lo que estaría dispuesto a hacer con tal de proteger a Kagome.

Pues eso es lo que hacen los superhéroes, ¿verdad?

N/A

No sé si se haya entendido mucho. Espero sus reviews con su opinión respecto a este capitulo: críticas buenas, malas (que sean constructivas), etc.

A todas aquellas que sean mamás o en caso contrario, tengan una mami a la que agasajar:

¡Feliz día de las madres!

Glosario:

Hanyou: mitad humano-mitad bestia.

Miko: Sacerdotisa

Youkai: Demonio