La historia es mía y es alternativa.

No permito que la tomen sin mi autorización.

Recomendación: Escuchar ''Friendly fire'' de Sean Lennon.


Ya estaba atardeciendo, las luces del parque ya estaban encendidas, hasta parecía correr aquél mismo viento que la tocaba y le trajo a George. Estaba sentada en las mismas escaleras de la misma iglesia que lo conoció. Después de su repentina partida, no quiso hablar con nadie, no quiso llorar, no quiso que nadie la buscara. Se quedó sentada observando el parque donde se celebraban aquellas fiestas. No podía evitarlo. Quería que George volviera, a pesar de todo, jamás pensó realmente en todo el tiempo en que pasó con él, lo veía prácticamente todos los días y ella sentía que había sido tan poco tiempo. Y ahora ya no estaba, se había ido y quién sabe cuándo lo volvería a ver. Quiso suspirar pero el nudo que había estado conteniendo desde antes de llegar al aeropuerto, quería salir desesperadamente. Se mordió el labio… Y agradeció después haberlo hecho.

-Has estado aquí bastante tiempo, Adabelle…- Escuchó la chica decir detrás de ella, pero ella sabía perfectamente quién era y no pudo evitar estremecerse un poco.

Hubo un pequeño silencio.

-¿Me has estado siguiendo o solo sintiendo?- Preguntó la rubia sin quitar la mirada de enfrente. Alucard sonrió.

-Es inevitable con tales gritos que se escuchan en tu paso…- Contestó el azabache en un susurro pero audible para ella.

-¿Puedes leer mis pensamientos?- Preguntó de nuevo Adabelle con el mismo temple.

-En efecto… pero no lo hago- Contestó con parsimonia Alucard.

La escuchó suspirar, de frustración podría decirse, la miraba sentada dándole la espalda con la mirada perdida. Él simplemente prefirió quedarse detrás recargándose en un pilar que estaba cerca con sus brazos cruzados. Adabelle recordó aquella noche que lo vio fuera de su casa y aquella frase que le golpeó la cabeza en ese momento.

-¿Qué pasó esa noche?- Demandó saber Adabelle sabiendo que él la entendería. Y lo escuchó reír por lo bajo.

-Eso es algo que yo no podré explicarte ahora, sólo sé que vendrás a mí después…- Le contestó con simpleza el hombre.

Adabelle negó con la cabeza tratando de eliminar tal confusión en su mente, prefirió ya no saber nada sobre él de esa forma. Era demasiado. Hasta sentía ganas de vomitar de tanto que sentía en su interior, sólo se masajeó el puente de su nariz.

-Adabelle…- La nombró con aquella grave voz haciéndola detener su respiración y lo escuchó continuar.- Hay algo que quiero decirte sobre él…- Adabelle frunció el ceño confundida y volteó a verlo sin decir nada, esperando una explicación. Alucard le sonrió.

-Me refiero a mi amo, George…- Le soltó haciendo que ella diera un pequeño respingo que trató de disimular.- Estaba infestado de ti, tu imagen parecía ir a lado de él todo el tiempo…- Le confesó Alucard mientras caminaba un poco hacia ella con sus brazos cruzados aún.

Adabelle se volteó hacia enfrente de nuevo muy bruscamente, como si estuviera enojada con tal confesión. El azabache sólo sonrió maliciosamente mostrando levemente sus colmillos.

-Es así como te conocí…- Continuó él quedándose detrás de ella muy cerca.

-¿A qué quieres llegar diciéndome esto?- Exigió en pregunta Adabelle.

-El tiempo, Adabelle… es sólo un parpadeo- Dijo Alucard con un tono de voz diferente, casi melancólico. Y ella se quedó tensa.

-Es sólo cuestión de abrir rápidamente los ojos, si parpadeas y los dejas cerrados… ya no verás nada… ni a nadie- Dejó en un eco el hombre haciendo que ella sintiera menos frío en su espalda.

Ella supo que él había desaparecido en ese momento, era una conexión muy extraña que no entendía por qué le causaba una sensación tan familiar. Sin embargo; entendió lo que él quiso decir. Pudo detectar un enorme grado de consuelo con esas palabras, incluso se sentía un poco más liviana sobre George, habían quedado las cosas tan tensas con ellos que se sentía con remordimientos grandes pero la confesión de Alucard, la había consolado en un sentido muy diferente al que alguien más pudo haberle brindado. Sonrió levemente sin saber por qué. Ya era de noche y ella tenía desde el mediodía ahí sentada. Incluso le entró un poco de hambre, se levantó como si le hubiesen quitado pesas de sus hombros y camino pensando recuperarse de todo aquello algún día y comenzó a dirigirse a casa… con el nombre de George hecho pedazos.


Burton se encontraba en su oficina, con sólo la luz de su escritorio encendida y la luz de la luna de su gran ventanal. Estaba acomodando sus últimos reportes, listo para irse a cenar y descansar, cuando tocaron su puerta.

-Adelante- Concentrado medio gritó sin dejar de acomodar papeles. Escuchó la puerta abrirse esperando encontrarse con su mayordomo.

-Buenas noches…- Escuchó Burton una voz que conocía muy bien y volteó a verlo deteniéndose de acomodar sus papeles.

-Richard ¿Qué haces aquí?- Preguntó Burton bastante extrañado, después del incidente no pudo evitar extrañarse al verlo ahí.

-Bueno, supe que tu muchacho se fue de Londres…- Contestó el Hellsing caminando hacia el escritorio de Burton. A lo que él suspiro volviendo a darle atención a sus papeles.

-Sí, se fue hoy al medio día- Le informó Burton guardando sus papeles para sentarse con bastante cansancio.

-Lo sé, no quise ir después de bueno… tú sabes, el incidente que pasó- Comentó con cuidado Richard mientras se sentaba enfrente de él. Burton sólo lo miro con aquellos ojos malhumorados que solía llevar.

-Entiendo… debo admitir que tenías razón- Soltó Burton mientras se acomodaba mejor en su silla.- Hablé con esa chiquilla ayer, es de esas mocosas que andan en fiestas de tan baja clase, sin duda debe ser una ladronzuela después de lo que me dijiste- Trató de afirmar Burton tranquilo pero Richard estaba todo lo contrario a estar tranquilo.

-Sí, lo sé, debo decirte que te lo dije, esa chica es un peligro, deberíamos deshacernos de ella- Trató de hacer que el Catwright fuera su cómplice pero él sólo levantó una ceja.

-Entiendo que te robó y esas cosas, pero ¿Matarla, Richard? Eso mancharía tu nombre y no sólo el tuyo, el mío también, puesto que estaremos trabajando juntos, es muy riesgoso y un poco exagerado, he de decirte- Opinó Burton con simpleza.

-Nadie tiene por qué enterarse y esa chiquilla tendría su merecido- Siguió intentando Richard esperando a que estuviera de acuerdo.

-Lo máximo que podrías hacer es que esté en la cárcel de menores, Richard, no matarla- Empezó a extrañarse Burton por la insistencia del Hellsing, a lo que él sólo se mordió la lengua.

-Sí, supongo que eso estaría bien…- Acordó Richard entre dientes.

-Además, ya no volverá, la única razón por la que andaba en nuestros lares era por George, pero él ya se fue, por lo tanto, ella también- Terminó Burton firme de decir mientras cerraba todos sus cajones.

Richard comenzó a respirar fuertemente pero evitando que Burton lo notara, tenía que deshacerse de ella de alguna forma, esto ya se estaba poniendo peligroso. Si cualquiera se llegara a enterar de que Arthur tuvo una hija, sería el fin para él y su organización, iría directamente a manos de ella y no planeaba permitirlo. La única solución era la muerte de Integra Hellsing.

-''Que así sea…''- Pensó en sus adentros el Hellsing.

Sin notar cómo bailaba salvajemente una sombra carmín arriba de él.


Al día siguiente, en el medio día, las cosas parecían seguir igual que siempre, era un día soleado pero aun así el viento estaba helado. Una pareja caminaba por las calles transitadas de Londres, pasando un buen rato.

-No sabía que tu padre trabajaba donde mismo que yo- Dijo una rubia quién se acomodaba su bufanda mientras caminaba a lado del joven francés quién tomaba un refresco.

-Lo sé ¿Qué pequeño el mundo, no?- Comentó Pip riendo un poco a lo que Seras le respondió también con una pequeña sonrisa.

-Y que lo digas…- Concordó Seras metiendo sus manos en sus bolsillos mientras seguían caminando.

-¡Adabelle!- Escuchó exclamar a Pip, haciéndola voltear a donde había llamado ese nombre, viendo a una muchacha que era un poco más alta que ella, muy delgada y de tez canela. Llevaba su cabello en un medio recogido flojo, un abrigo negro y una falda larga del mismo color, llevaba unos guantes negros cortos también y sus ojos azules resaltaban bastante. ''Pero qué guapa…''pensó Seras casi inconsciente.

-¿Qué andas haciendo por aquí, Bernandotte?- Saludó amigablemente con burla Adabelle con una pequeña sonrisa mientras cruzaba un poco sus brazos.

-De paseo con una gran amiga- Contestó Pip mientras jalaba a Seras hacia la otra rubia.- Adabelle, te presento a Seras- Presentó el joven francés con una sonrisa.

-M-mucho gusto… Me llamo Seras Victoria- Se presentó la rubia de cabellos cortos dándole la mano un poco intimidada por la presencia de la otra rubia, por alguna razón le causaba una sensación de autoridad.

-El gusto es mío, Seras…- Resaltó su nombre de una manera muy peculiar, lo que llamó la atención de la vampiro. Sólo se sonrojó.

-¿Tú a dónde vas?- Preguntó amistoso Pip a Adabelle.

-Iré a comprar lo que hizo falta del mandado de ayer, tu padre no vendrá a casa este día, así que me tocará cocinar- Contestó Adabelle con reproche fingido pero aun medio sonriendo. Seras se extrañó.

-Oh vaya, me tocará limpiar de nuevo- Se quejó Pip ya prediciendo el cansancio.

-Y ojalá lo hagas- Se burló la rubia de nuevo mientras se daba la vuelta para marcharse.- Nos vemos, que se diviertan- Se despidió ya alejándose.

Pip no pudo evitar verla y suspirar un poco preocupado. Actuaba tan normal después de lo que pasó con ese chico George, hasta parecía que se iba a ir a ver con él. Pip sabía que Adabelle siempre había sido muy reservada y no le gustaba contar nada personal, por lo que trataba de relajarse, pero él sabía que algo la afligía, era casi su hermana después de todo.

Seras observó la expresión de Pip al verla marchar y no pudo evitar bajar un poco la mirada.


Adabelle se encontraba ya dentro del mercado con una pequeña canasta en su antebrazo, no iba a comprar mucho después de todo. Se dirigió a la sección de verduras y comenzó a elegir con bastante agilidad y echar en su pequeña canasta como sabiendo exactamente qué estaba bueno y que no. Sin darse cuenta que un hombre ya mayor estaba al lado de ella observándola un poco asombrado mientras tomaba algunos tomates y los guardaba también en su canasta de antebrazo sin dejar de verla.

-Hace esto muy seguido ¿no?- Escuchó la rubia decir a su lado haciéndola voltear, se encontró con un señor de unos 50 y tantos años, quien vestía un chaleco azul muy elegante y tenía un monóculo del lado izquierdo y el cabello largo negro con algunas canas, recogido elegantemente hacia atrás. La miraba con una sonrisa tranquila.

-Realmente no, Señor- Contestó honestamente Adabelle volviendo su atención a la verdura.

-Entonces debe ser muy lista, yo tardé bastante tiempo en esto- Se rió un poco el señor mientras cerraba una bolsa de plástico con tomates dentro. Adabelle sonrió y lo volteó a ver un momento para volver a lo suyo.

-Debe ser instinto- Le respondió Adabelle sin importancia.

-¿Y tu instinto dice que debería quedarme con este aguacate o este otro?- Preguntó el señor mientras sostenía en sus dos manos un aguacate en cada una. Adabelle solo rió por lo ridícula que se sentía en esa situación.

-Usted diga ¿Escogería algo que se siente firme o abollado?- Le respondió con otra pregunta Adabelle mientras cerraba una bolsa de plástico.

-Firme, por supuesto- Contestó bastante divertido el señor mientras la observaba.

-Exacto, debería seguir su instinto también, lo lleva correcto- Bromeó la rubia mientras se alejaba de esa sección, dejando al hombre bastante curioso pero con una sonrisa.

Adabelle se dirigió directamente a encontrar un té que le ayudara a relajar sus nervios y su depresión, tenía que manejar lo de George y además toda la confusión que le dejaba Alucard, pero jamás había tomado un té que ella recordara, pero el padre de Pip le había recomendado que un té sería bueno para cualquier cosa. Así que se dedicó a buscar y tomó una cajita de té de manzanilla y otro de tila, debatiéndose cual escoger hasta que escuchó una voz que reconoció.

-Si usted escoge el de manzanilla, le garantizo un sueño inmediato, si escoge el de tila, le garantizo un enorme descanso de su mente y sus nervios, aunque usted está muy joven para sufrir de nervios- Adabelle quién lo volteaba a ver un poco sorprendida, decidió escoger sin dudar el de tila, dejando el de manzanilla.

-Un descanso de mente me caería bien, aun así- Comentó Adabelle mientras guardaba la caja en su canasta y caminaba con el señor que se había encontrado en la sección de verduras.

-Sin duda, todos deberíamos tomarnos un descanso cada cierto tiempo- Concordó el hombre haciendo que la rubia asintiera mientras caminaba junto a ella a la caja.

Al llegar a la caja, comenzaron a vaciar sus canastas en la banda negra para esperar a que se los marcaran.

-Veo que usted sabe mucho sobre el té- Comentó la rubia con la misma intención que la que él tuvo al principio.

-Son casi mi especialidad- Le guiñó el mayor amigablemente sacando su cartera. Y la rubia sonrió.

-Adabelle- Se presentó de repente la ojiazul sin saber por qué, a lo que el mayor volteó a verla de nuevo.

Se presentó también él mientras le daba la mano con la misma sabia sonrisa.

-Walter Dornez-


Antes que nada, quiero agradecerles todos sus reviews.

Me encanta que comenten, sus dudas, sus gustos y disgustos, la verdad es que es muy inspirador para mí. La verdad que me pudo mucho de una lectora que se me fue pero la entiendo y si lees esto, te mando un gran abrazo también!

Ahora, sé que lo de George fue repentino, pero es exactamente eso lo que tenía que ser y aquí revelé por qué Alucard la seguía de cierta forma, la conocía por George y Burton se la presentó formalmente, hahaha. Pero, sigan leyendo, ya verán por qué se interesó en ella más a fondo.

Sé que los capitulos son cortos, prometo hacer más largos en vacaciones de semana santa, pero por ahora para no abandonar tanto tiempo, los haré de esta forma, a menos que tenga que ser una excepción por lo que sea.

Muchas gracias por sus reviews! Espero más, díganme que les pareció este capitulo, yo pienso que es más tranquilo con algunas partes reveladoras, pero ustedes qué piensan, díganme. Ya saben que lo que sea es bienvenido.

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