ADOPCIÓN
Faltaban tres días para la boda y Draco no veía el momento en que todo pasara y se encontrara de nuevo, a solas con Hermione, en la paz de su casa. Los dos últimos meses habían sido una locura. Preparativos, preparativos y por último más preparativos; incluso había llegado a soñar en algunas ocasiones con que todo se torcía de una manera u otra y su madre, su suegra y Hermione le echaban la culpa de todo, gritándole delante de todos los invitados. Sentía como llegaba a su límite de paciencia y no quería pagarlo con nadie y, mucho menos, con Hermione que últimamente parecía tan estresada como él.
-Pero tranquilízate, Draco -le decía Harry mientra a ambos les hacían la prueba final de sus respectivas túnicas de gala-. Ya sabes cómo son estas cosas... sobre todo para ellas. Te vuelven la cabeza loca porque quieren que todo sea perfecto. Algunas se obsesionan demasiado. Pero tú no tienes motivos de queja, Hermione no se lo está tomando tan obsesivamente como lo hizo cuando se iba a casar con Ron. Tenías que haberla visto... parecía que se estaba preparando para los exámenes finales...
El tono bromista de Harry, hizo que Draco no pudiera evitar reírse con él. Era extraño, pero desde que estaba con Hermione y se había visto, en un principio, en la obligación de llevarse bien con Harry Potter, había descubierto que era muy fácil ser amigo suyo. Había comprobado que todas las cosas buenas que la gente decía sobre él eran ciertas; Harry Potter era una persona estupenda y un buen amigo, un amigo de verdad, algo que había corroborado en los últimos meses, en los que Harry había constituido un gran apoyo para él, evitando en ocasiones que se le fuera la pinza y cometiera alguna tontería fruto de sus nervios.
-Supongo que tienes razón -concedió Draco suspirando-. Pero es que... no sé. Creo que eso es lo que me tiene de los nervios -se sinceró poniéndose de nuevo serio-. Hermione es una excelente persona, una gran mujer. Y lo ha pasado muy mal con el asunto de tu amigo Weasley, creo que aún no lo ha superado del todo, ¿sabes? A veces, tengo la sensación de que tiene miedo a que la deje plantada como hizo él, y no sé cómo demostrarle que no será así. Que la amo con todo mi ser. Supongo, que quiero darle una boda perfecta, una boda que jamás olvide y que la haga muy feliz. Por eso he accedido a todos los caprichos de mis padres dejando que se convierta en una boda un poco menos sencilla de lo que planeaba.
-Ya. Seguro que tú no has tenido ninguna idea ostentosa -se burló Harry dándole una palmada en el brazo-. A mí no me engañas, amigo. La mayor parte de las cosas las has pensado tú, para ella. Todo tiene que ver con ella, Draco, y se nota tu toque en ello -dijo Harry encogiéndose de hombros mientras bajaba del atril.
Draco gruñó. En ocasiones podría matarlo. ¿Como podía conocerle tan bien como le conocía?
-Vale, de acuerdo, lo admito. Quizá... le he sugerido a mi madre algunas cosas. ¿Se nota mucho que he tenido todo que ver?
-Tranquilo, a lo mejor, con los nervios, Hermione no se ha dado cuenta -le dijo Harry-. Pero si es evidente para quienes te conocemos.
-Humm -Draco volvió a gruñir. No le estaba gustando lo que su amigo le decía. Su plan, desde el principio, había sido hacer una boda que girara en torno a Hermione, pero sin que nadie sospechase que él había tenido algo que ver. Siempre le había dicho a Hermione que prefería una boda sencilla, y en lo que se había ido transformando no era precisamente sencillo, en el más estricto sentido de la palabra, y de eso se había encargado él-. Espero que tengas razón, por que no creo que le haga mucha gracia saber que he intervenido, después de lo pesado que me puse con que fuera una boda sencilla.
Harry soltó una carcajada.
-Bueno, de todas formas, ahora está demasiado ocupada como para estrangularte. Todavía tienes unos días, antes de que te eche las manos al cuello -bromeó Harry.
-Si tú lo dices...
Draco esperaba de corazón que Hermione no se enterase, no quería enfrentarse a su ira unos días antes de la boda. Y, en todo caso, si se enteraba esperaba que no se enfadara demasiado como para desencadenar una bronca que los llevara de mal humor al altar. Se estremeció ante aquello, sus nervios no lo soportarían.
-Te queda de maravilla, hija -exclamó la madre de Hermione emocionada-. Es un vestido precioso. Pareces una reina... A Draco le encantará.
-Si, es perfecto -coincidió la madre de Draco, también emocionada-. Te resalta la figura y el color de la piel.
-Y hace juego con sus ojos -añadió la madre de Hermione.
Hermione no dijo nada. No tenía palabras. Se miraba al espejo y no lograba reconocerse. No sabía si sería por el vestido o si éste no tendría nada que ver, pero se veía diferente, muy diferente. Si no fuera porque sabía que era ella no se habría reconocido. La imagen que el espejo la devolvía, era la imagen de una joven hermosa, de cabello castaño y ojos de color miel, con la piel blanca y fina y una figura bien definida. Además, sus ojos reflejaban un brillo especial que hacía mucho tiempo que no tenía, pero que era mucho más intenso de lo que recordaba.
Sin poder evitarlo, Hermione se giró moviendo la cabeza para no perder la imagen del espejo, y una sonrisa de oreja a oreja se le dibujó en el rostro.
-Oh, mami... -exclamó, Cissy con admiración, mientras la miraba sentada en las rodillas de la madre de Hermione. Después alzó los brazos para que Hermione la cogiese en brazos.
-Ven, mi vida -dijo Hermione levantando a Cissy en brazos-. ¿Te gusta el vestido de mamá?
-Ci... quero uno -dijo riendo Cissy-.
-Oh, tú también tendrás uno, cariño. Uno muy bonito. Mañana vamos a ir a casa de la tía Ginny a recogerlo -dijo Hermione sonriendo a Cissy y volviéndose hacia el espejo-. ¿Qué te parece?
-Ben -la alegría de la niña se le contagió y rió con ella.
-Bueno, ¿crees que le gustará el vestido a papá? ¿Estamos guapas? -preguntó después de besar en la mejilla a Cissy.
-Ci. Mami, tas muy apa -contestó Cissy, abrazándose al cuello de Hermione.
-Igual que tú, dulzura mía -Hermione abrazó fuerte a Cissy y la beso el pelito.
Narcisa Malfoy y Jane Granger no dijeron nada. No habían visto a Hermione tan feliz en todo el tiempo, como lo estaba ahora, así que no querían estropear ese momento madre-hija, del que estaban disfrutando. Fue la modista quien interrumpió aquel momento.
-S-si, no la importa, señorita Granger... tengo que tomar... las últimas... medidas -dijo algo incómoda la mujer.
-Oh, por supuesto -contestó Hermione devolviendo a Cissy a los brazos de su madre-. Cissy, quedate con la abuelita otro ratito, mientras esta señora toma medidas a mami.
-Bueno, y ¿vais a hacer despedida de solteros? -preguntó la madre de Hermione, pillando a ésta por sorpresa.
-¿Despedi...? Humm, pues no sé... no había pensado en eso, la verdad -contestó Hermione con sinceridad y vacilación a partes iguales.
Era cierto, no habían hablado de despedidas de soltero ni nada por el estilo. Tendría que hablar con Draco al llegar a casa.
-Bueno, no es obligatorio, ya lo sabes -intervino la señora Malfoy-. Pero si no vais a hacer nada especial, podíais dar una cena conjunta con vuestros amigos.
-Si. Podríamos ayudaros a prepararla -terció la madre de Hermione.
-Incluso la podríais dar en vuestra casa, o aquí mismo -añadió emocionada la madre de Draco.
-Vale, vale. No os emocionéis antes de tiempo -se apresuró a advertir Hermione, al percatarse del entusiasmo de ambas madres-. Cuando llegue a casa hablaré con Draco, a ver qué me dice, ¿de acuerdo? Y entonces os podré decir algo.
-Está bien, cielo -concedió su madre, mientras la madre de Draco asentía, jugando con la mano de la pequeña Cissy.
Horas más tarde, Hermione y Cissy llegaron a casa. Las luces del despacho de Draco estaban encendidas, por lo que supuso que ya había llegado a casa.
-¡Ya estamos aquí! -casi gritó.
-Hola, ama Hermione -saludó la elfina, cogiendo a Cissy en brazos, que había llegado con su andar saltarín de la cocina-. El amo Draco, ya está en casa. La espera en el despacho.
-Gracias, Pinky. Por favor, cambia a Cissy, mientras yo hablo con Draco. Enseguida llegaré para darla de cenar -pidió Hermione de forma amable a la elfina, pero con cierto tono de inquietud.
Con curiosidad y algo de preocupación, Hermione se encaminó al despacho de Draco. "¿Qué podrá ser lo que quiera para hacerme ir a su despacho? Nunca me "manda llamar".
-¿Draco? -preguntó en el umbral de la puerta, cuando llegó al despacho.
-Entra, cariño. -dijo Draco, desde el sofá del despacho, en donde estaba sentado.
A Hermione se le pusieron los vellos del cuello de punta. Draco estaba sentado en el sofá, con las piernas cruzadas y un brazo por encima del cabezal del sofá. Estaba bastante serio y dejó caer en la mesa unos papeles que tenía en la mano. Con un movimiento de varita cerró la puerta con pestillo incluido, haciendo que Hermione se sobresaltara.
-Ven, siéntate. Tenemos que hablar -dijo todavía con el gesto serio y abriendo los brazos para que se sentara sobre sus piernas.
Hermione no lo dudó. Cruzó la sala como una bala y se sentó sobre las rodillas de Draco, abrazándole por el cuello, al tiempo que él hacía lo propio alrededor de su cintura.
-Me alegro de que quieras hablar -dijo tímidamente Hermione casi susurrando-. Yo también tengo algo que decirte. Bueno, más bien que consultarte -añadió Hermione.
-Está bien, pero deja que hable yo primero, ¿de a cuerdo? -dijo Draco sonriendo y besando el cuello de Hermione.
-Vale -concedió ella.
-Bien. El tema es éste. Faltan tres días para la boda, iba a decírtelo entonces, pero creo que es mejor hacerlo ahora -dijo Draco con seriedad-. Éstos papeles -movió la varita para atraer los papeles que momentos antes había dejado encima de la mesa, hacia él, y se los entregó a Hermione-, son los papeles para la adopción de mi hija.
Hermione estaba perpleja. No entendía qué quería decir Draco.
-Quiero que seas la madre legal de mi hija. Y quiero que se haga efectivo el mismo día de nuestra boda. Solo es necesaria tu firma -explicó Draco, observando el rostro perplejo de Hermione-, si es que aceptas serlo.
Hermione no sabía qué decir. Además, el nudo que se le había formado en la garganta, le impedía hablar. Ni siquiera miró los papeles que tenía en la mano, solamente miraba a Draco intentando ver algún indicio en su rostro de que estuviera tomándole el pelo. Pero lo único que pudo ver era sinceridad en el rostro serio, pero amable de Draco.
La emoción que sintió, llenó de lágrimas sus ojos, lagrimas que no tardaron en rodar por sus mejillas. Era cierto que se sentía como la madre de Cissy, sobre todo desde la primera vez que la niña la había llamado mamá. Pero nunca imaginó que Draco quisiese que fuera su madre legal.
Sin decir ni una palabra, bajó de las rodillas de Draco y se sentó en el sillón, para estar más cómoda. Apoyó los papeles en la mesa, y con la pluma que había encima de ésta, firmó en los huecos marcados con una X. Después se volvió a Draco y, cogiéndole la cara entre sus manos lo besó.
-Gracias -fue lo único que pudo decir, antes de que un emocionado Draco la tumbase en el sillón y la besara con una pasión desconocida para Hermione, hasta ese momento.
