CANCION DE CUNA

CAPITULO 08

DESPIERTA

Nueva York Junio 1926…

Era un lugar oscuro y frío aquel por el que caminaba sola, Al principio no le miraba la forma, después se dio cuenta de que era un lúgubre callejón sin salida, de pronto todo había dejado de existir, escucho risas y empujo una puerta en una de las paredes, de pronto todo se ilumino y para su gran alegría, del otro lado de la puerta, estaba Charles con su pequeña hijita, Si estaban a salvo, ambos, Charles jugaba con la niña y la levantaba en vilo. Ninguno de los dos advertía la presencia femenina, Quiso acercarse a ellos para hacerle saber que estaba allí, sin embargo un repentino y fuerte viento la empujo por donde había entrado y la puerta se cerro tras de si, impidiéndole ver a su esposo e hija. De nuevo ese sentimiento desolador.

Fue que escucho uno voz por ella conocida, una voz fuerte y varonil, que le hacia saber que no estaba sola.

-Candy despierta – Decía la voz y entonces sintió que alguien tocaba su brazo, con calidez. Abrió los ojos. Terrence le sonrió con ternura.

Las cosas pasaron muy deprisa

Y los recuerdos tan despacio

Son tan breves tus sonrisas

Y tanto tiempo el que he esperado

-¿Terry? ¿Eres tu? – Candy lo miro con los ojos bien abiertos en verdad sorprendida por el hecho de estar tan cerca de el.

Para mi jamás te fuiste

Porque el mundo se quedo parado

Aunque ha sido un poco raro…

Ahora, viéndote de nuevo,

Una enfermera se acerco a ella logrando hacer que Terrence se pusiera de pie para permitirle el paso y retroceder unos centímetros. Candy no dejaba de verlo. Esto debía ser un sueño. La enfermera la reviso y entonces anuncio que la paciente estaba libre de fiebre.

Me doy cuenta de que te eche de menos

Ahora se que no soy dueño

De mis sentimientos que no importan los problemas

Porque al decirme que te quedas..

-¿Fiebre? – Pregunto Candy tocándose la cabeza. Recordando repentinamente lo que había ocurrido.

-Te sientes bien? – Pregunto Terrence mirando a la sonrojada rubia que lo miraba como si viera un fantasma – Tienes dos días y tres noche dormida, con fiebre. – Explico el – Te desmayaste frente a mi auto.

-¿Eras tu? ¿Pensé que había soñado contigo? – Candy lo miro seriamente y Terrence se mantuvo a distancia.

Se me olvido que me jure olvidarte para siempre

Se me olvido

Que prometí por una vez ser fuerte

Y es que ya ni me acordaba corazón

Que me gusta tu mirada tanto amor

En realidad no sabía como reaccionar ante ella hacia más de 9 años que no la miraba, que ni siquiera sabia de ella.

-Es una gran bendición que te hayas topado precisamente conmigo - Dijo el acercándose un poco.

Que sigue habiendo algo fuerte entre nosotros dos

Y ahora que te tengo enfrente

Nada es diferente

Me hace tan feliz que vuelvas

La enfermera salio de la habitación para llamar al doctor. La muchacha se toco el pecho en señal de emoción y el miro gustoso como ella le sonreía de a poco.

Nunca quise que te fueras

De que vale tanto orgullo

Tanta estupidad peleas y perder en un segundo

Lo que has buscado una vida entera

-Estuve muy preocupado por ti estos dos días – Dijo el tratando de controlar sus emociones. Pero la mirada de ella no hacia las cosas fáciles.

La muchacha le indico que se sentara junto a ella y de un instante a otro, Candy abrió los brazos y el se abalanzo sobre ella aprensándola en un fuerte abrazo. Allí en la intimidad de la alcoba los antiguos enamorados se abrazaron fuertemente reconociéndose de nuevo después de tanto tiempo.

Candy apenas si podía respirar, para ella había sido una enorme sorpresa, verlo de nuevo, y aun cuando al principio no sabía como reaccionar, pronto volvió a reconocer los brazos que la sostenían.

Terrence seguía siendo el mismo hombre que había conocido en su primera juventud.

Terry el muchacho dulce y amargo,

Terry el chico misterioso,

Terry el muchacho que había ocupado su corazón por tanto tiempo.

Ahora estaba allí, entre sus brazos, Candy entonces sintió el cuerpo del hombre viril convulsionarse levemente y lo supo, Terrence lloraba.

Se me olvido

Que no he dejado nunca de quererte

Se me olvido

Que en el amor no vale ser valiente

Terry – pensó Candy – El muchacho que me ama, el muchacho que me amo, llora, Terry esta llorando. Los antiguos recuerdos también trajeron ternura.

Y es que ya ni me acordaba corazón

Que me gusta tu mirada tanto amor

Que sigue habiendo algo fuerte entre nosotros dos

Y ahora que te tengo enfrente nada es diferente

Candy no atino a hacer otra cosa que acariciar la cabeza de su amigo con ternura, hablándole con palabras suaves y dulces. Mientras el repetía cuanto había sufrido al pensarla perdida para siempre. Ella no entendía muy bien a lo que el se refería. Creyó que el hacia alusión a su distanciamiento por tantos años. De manera que no hizo ningún comentario. Estuvieron así por mucho rato. El doctor entro pero al verlos con tanta intimidad prefirió volver después.

-Terry gracias por todo – El muchacho se volvió para verla, al tiempo que tomaba su rostro con sus manos.

-No tienes nada de que agradecer, tu me salvaste de muchas maneras en el pasado y lo que ahora hago por ti, es solo cosecha de lo que tu sembraste – El le sonrió.

-Se que tienes tus propios problemas – Candy lo miro dudando – Yo también tengo problemas ¿Sabes? Veras me case hace poco más de 7 años.

Terry la miro fijamente sabia lo que ella diría, pero no iba a interrumpirla

Tuve una niña pequeña, tiene 6 años, casi 7. Pero esta perdida – Los ojos de la rubia se aguaron y las lagrimas emperezaron a correr por sus mejillas, mientras Terrence las limpiaba con sus manos y Candy luchaba por controlarse, estoy desesperada – Ahora fue el turno de Candy para llorar.

Candy…. – Terrence hizo una pausa – Becky esta bien. Candy lo miro fijamente. Ella no le había dicho el nombre de la niña.

¿Cómo sabes que su nombre es Becky? – Terrence se sentó junto a ella en la cama y tomo sus manos entre las suyas. Suspiro.

Empezare por el principio – Dijo Terry. Y entonces le relato todo lo sucedido desde el día en que había pisado El orfanato San Patricio. Candy lo interrumpió.

Un momento – Yo leí en el periódico que peleabas la custodia de tu hija tras tu divorcio.

En realidad peleaba a tu hija

Por eso estabas tan contrariado, pensabas que yo había muerto – De pronto Candy se dio cuenta de toda la verdad. Y recordó porque había amado a ese hombre tanto en el pasado. Comenzó a sentir como ese amor volvía renacer en su pecho. Era un sentimiento calido y reconfortador.

Becky esta bien, Candy – Terry le sonrió y sin esperar otra cosa Candy se abalanzo a el besándolo como nunca había besado a nadie en la vida. Y aunque esa maravillosa muestra de agradecimiento lo tomo por sorpresa, Terrence pudo pronto recuperarse del impacto y corresponder a la demostración de Candy. Cuando se separaron lentamente, Candy no podía ni siquiera mirarlo a los ojos, aquello era prueba de que ella se había dejado llevar por sus emociones. Terrence sonrió, aun provocaba en ella lo que ella provocaba en el.

Y dime – dijo después de un momento - ¿Ganaste la custodia?

No – Terrence se sintió repentinamente avergonzado – Lo lamento. Iba a apelar, pero te he encontrado y eso no será necesario. Tú eres su madre y la niña fue victima de un secuestro, así que tendrán que devolverte la patria potestad de Rebeca.

¡Quiero verla ya! – Candy se puso de pie. Terrence la tomo del brazo.

-Lo siento débil haberte traido a Rebeca, hubiera sido una maravillosa sorpresa verdad? Pero estuviste en verdad enferma y yo no quería despegarme de ti, no después de recuperarte de nuevo, estas víva Candy he llamado a Susana pero no toma mis llamadas,

-has estado conmigo todo este tiempo? Pregunto Candy estupefacta – el asintió, tenia miedo que si te dejaba sola, algo sucedería y te perdería de nuevo asi que me he quedado contigo hasta que despertaras, Rebeca sigue con Susana, sin embargo ella esta bien. Ahora solo tiene que checarte el medico, no querrás que Rebeca vea a su madre enferma y débil, que no pueda ni sostenerla. –

ella asintió con la cabeza y Terrence salio a buscar al medico. Mientras ella sentía como su rompecabezas iba formándose poco a poco.

Becky miraba por la ventana de su habitación el cielo azul de esa tarde de junio. El clima aun no era del todo caluroso pero el frió había pasado ya. Era el clima ideal de Nueva York sin mucho frío y sin mucho calor. Pero para Becky todo aquello pasaba inadvertido.

Hacia una semana que no miraba al señor Grandchester y la verdad era que ya no quería vivir con Susana. Rebeca quería encontrar a su mami eh ir con ella a vivir. Estaba visto que nadie iba a ayudarla después de todo. El señor Grandchester se había ido de la casa hacia casi un mes Y la abuela Eleanor estaba de gira, Susana estaba ocupada con el señor Rudy.

No iba a ver otro camino. Rebeca tomo varias sabanas de su closet y comenzó a atarlas entre si, formando una larga y suave cuerda que pronto deslizo por su ventana. Nadie en la casa se dio cuenta que la niña había salido. Y nadie la vio cruzar el gran portón de la propiedad.

-Puede irse – Dijo el doctor después de revisar a su paciente. - Solo cuídese de salir bien abrigada. Es verdad que ya no hace tanto frío, pero el cambio de clima también perjudica – Señalo el doctor seriamente.

Cuando Candy salio de la habitación encontró a Terrence en recepción pagando la cuenta. De pronto se sintió completamente fuera de lugar. La única persona que había pagado sus cuentas siempre, había sido Charles, su difunto esposo. Sintió un nudo en la garganta.

Terrence firmo algunos papeles relacionados con la hospitalización de la rubia y luego miro fijamente a la mujer que lo esperaba a una distancia de el. Se sintió inmensamente feliz. La vida por fin le mostraba su buen rostro.

Ella se quedo parada mirándolo fijamente a cierta distancia, y entonces el le ofreció su mano, que ella acepto gustosa, era muy extraño, apenas unas horas atrás se habían visto después de tantos años, tomo solo un par de minutos para que los sentimientos renacieran, incluso se había atrevido a besarlo. Pronto empezó a sentir miedo. Miedo a estar emocionándose inútilmente. Terrence era hombre y tal vez el ya la había olvidado ¿Para que entonces emocionarse y dejar desbocar el corazón? Empezó a sentirse incomoda.

Al llegar al estacionamiento, Terry le abrió la portezuela de su carro ultimo modelo y Candy se sintió mas rara que nunca. Hacia 10 años que vivía sin lujos y 7 que no subía a un carro tan elegante. Miro sus manos maltratadas por el trabajo y se sintió repentinamente incomoda, mientras Terry la miraba extrañado y expectante.

Terry le sonrió y ella decidió abordar por fin el auto. Terrence trataba de hablar con ella, pero el remolino de sus pensamientos no le dejaban pensar con claridad y mucho menos entablar una buena conversación. Candy decidió mantener el silencio.

Pronto avistaron una gran casa en uno de los suburbios más exclusivos de New York. Terrence le indico que habían llegado y el corazón de Candice salto. Por fin después de tanto tiempo de sufrimiento vería a su niña, a su pequeña Becky. El último tramo de carretera le pareció eterno. Todo le parecía como en cámara lenta, quería llegar ya, quería estar con Becky ya.

Becky en cambio, había tomado la carretera una hora antes, había preguntado donde estaba la estación del tren, tenía un poco de dinero que había ahorrado producto de las visitas del Señor Grandchester, que le gustaba malgastar en la niña, y le dejaba un dólar para que ella ahorrara y aprendiera la importancia de cuidar el dinero. La niña ponía todo en una alcancía que el mismo le había obsequiado. Lejos estaba Becky de imaginarse lo mucho que le pesaría al hombre el haberle hecho el regalo.

Mientras tanto el bultito rubio envuelto en un saco azul, caminaba por la calle arrastrando una mochila, llamando a su paso, la atención de los transeúntes que la miraban divertidos.

¡Era una caminata suicida! La estación de trenes no estaba ni remotamente cerca. A ese paso jamás llegaría. Se dijo Becky mientras avanzaba lentamente a medida que la noche caía sobre la ciudad. Pronto un cachorrito vagando entre la basura de un callejón llamo su atención, la niña dejo su recorrido para después, mientras tomaba al cachorro en brazos y se sentaba en una banca desolada mirando a la gente caminar al frenético ritmo de New York. Pronto se puso de nuevo en marcha, pero ya era de noche. El perrito comenzó a seguirla mientras movía la cola y se metía entre sus pequeñas piernas.

Susana hablaba amenamente con Rudy. Hablaban de cosas sin importancia pero La mujer estaba realmente emocionada. Hacia mucho tiempo que no se sentía así, saberse querida, era una sensación halagadora y la ternura que este hombre le demostraba era toda una bendición. Susana hablaba amenamente sobre cosas que el no entendía pero que escuchaba con atención a la vez que hacia sugerencias y comentarios con el con mismo animo.

Rudolf estaba genuinamente enamorado de la Marlowe y sentía la necesidad e protegerla, ella ya había sufrido bastante en el pasado, la colmaría pues de bienestar ahora que estaba en sus manos hacerlo. Ella jamás volvería a sufrir.

El rechinar de las llantas de un auto, captaron su atención. Susana empujo su silla de ruedas y se asomo por la ventana, era Terrence.

-¿Y ahora que quiere? - Miro a Rudy - ¿Es que no puede entender que no le daré la niña? - Dejo la ventana y se acerco a su companero– Rudy tienes que ayudarme yo sola no puedo con el.

-Susana bien sabes lo que pienso del asunto – Dijo el no muy convencido de enfrentarse a Terry y pelearle, lo que el llamaba derecho divino.

-Rudy no quiero tener esta discusión, no ahora que seguramente Terry entrara echo una furia Dijo ella preocupada. Rudy iba a decir algo, pero la voz fuerte de Terrence que exigían ver ala señora a pesar que la criada trataba de detenerlo se hicieron audibles, eh impidieron que el dijera lo que sea que iba a decir…

Terrence echo hecho una tromba, y para sorpresa de Susana, Candy entro tras el. La joven exesposa casi se desmaya del asombro, al principio creyó ver un fantasma, pero después de darse cuenta que Terry y Rudy la escuchaban se dio cuenta que el fantasma era muy real.

-Susana donde esta Becky, su madre ha venido por ella. – Susana quedo muda mirando a Terry y luego a Candy intercaladamente.

-Susana – Hablo Candy - ¿Me recuerdas? - ¡¿Cómo olvidarla?! – Susana asintió con la cabeza, pero estaba muda de la impresión. - Susana vengo por mi hija, Becky fue secuestrada hace 6 meses y he estado buscándola desde entonces, se que te dijeron que yo había muerto, pero como puedes ver no es así. Por favor Susana, necesito ver a mi hija. - Al fin Susana Salío de su ensueño

-Esta arriba, en su habitación - Señalo con su mano aun temblorosa.

Candy miro a Terry

-Donde topa la escalera a la segunda puerta -

Candy entonces no espero más subió a toda carrera las escaleras de la casa. Susana miro a Terry esperando una explicación. Rudy entendió entonces quien era la mujer que acompañaba a Terrence y lo que estaba pasando. Susana estaba por perder a la niña. Ahora al ver a la madre de Becky se daba cuenta del porque Terry estaba tan enamorado de ella. La mujer era simplemente hermosa.

Mientras Terry les contaba a Susana y Rudy los nuevos acontecimientos, la rubia entro a la habitación esperando encontrar a su ángel dormido. Abrió la puerta y lo primero que vio fue un bultito arropado de pies a cabeza, sus lagrimas empezaron a aflorar, se acerco a la cama, despacio como si estuviera en un anhelado sueño, se sentó junto a ella y cuando poso sus manos sobre el bulto, se dio cuenta que el sueño se había transformado en pesadilla y esta, apenas empezaba.

-No esta - Grito Candy. Sintiendo como se disolvía su cordura en el mar de la locura. Terrence subió corriendo hasta ella.

-¿Cómo que no esta? - Dirigió su mirada a la ventana y encontró la respuesta.

Una sabana blanca atada a modo de cuerda, colgaba de la ventana de Rebeca. No era la primera vez que la niña lo hacia. Así que sin duda supo que Becky había escapado.

-

-Oh no, Dios mío ¡Porque? – Candy cubrió su rostro con sus manos – Estuve tan cerca. Rudolf llego arriba con Susana en brazos.

-Oh por Dios, tal vez, Becky aun este en la casa –

Terrence había desaparecido ya, pronto reunió a todos los empleados de la casa dando la orden de buscar a la niña en cada rincón. El y Candy la buscarían en las calles, no podían perder tiempo. También Rudy se unió a la búsqueda mientras Susana se quedaba en casa por si la niña decidía regresar. Lo cual era casi imposible.

-Si tú fueras Rebeca – Le pregunto Terrence - ¿A dónde irías?

-Bueno, supongo que buscaría la manera de volver a Chicago – Se miraron en silencio.

-La estación de tren – Comentaron al unísono

-Pero en Nueva York hay dos estaciones – Indico Rudolf – La nueva y la vieja

-Tu iras a la vieja estación – Dijo Terrence – hay menos gente ahí, Candy y yo iremos a la nueva.

Cuando abordaron el auto Terrence le tomo una de sus manos.

-Estará bien Candy - Candy agradeció el gesto en silencio. Realmente necesitaba apoyo moral en tas difíciles momentos.

Pronto ambos automóviles tomaron camino por diferentes direcciones. Necesitaban encontrar a Becky antes de que hubiera algo que lamentar…

Continuara…