Capítulo 9: Resoluciones.

Desde el Final del Trophee de France hasta el día en que Otabek y Yuuri partieron a Japón pasaron exactamente 5 días y medio. Días en los que el rubio volvió a ser exactamente en el inicio en que simplemente odiaba todo lo que el Héroe de Kazajistán hacía e incluso peor, el rubio ignoraba por completo la presencia del otro en la casa, al menos antes podía decirse que tenía una reacción, actualmente parecía evitarlo a toda costa, hasta declinaba de comer con ellos durante la cena aunque eso implicara que Victor lo regañara después, esos días parecía que nada le importaba a Yuri más que entrenar, dormir y beber chocolate caliente. Por otra parte el kazajo dejaba al otro ser, pues cada vez que se acercaba con la intención de hablar la reacción del contraría era de como si le tuviera miedo a lo que fuese a decir, a veces no tenía intenciones de hablar del tema pero Yuri no hacía más que alejarse.

Mila le pidió que lo ignorara, que aunque recibiera una negativa le hablara, pero no siguió su consejo, básicamente porque siguiendo los consejos de su amiga pelirroja es que Yuri entró en pánico por quien sabe qué cosa y se terminó alejando. No la culpaba en todo caso, Mila es una gran amiga, solo que cuando metía el tema otra vez en alguna de sus conversaciones lo cambiaba abruptamente, después del segundo día ella se rindió, al menos con el chico de la motocicleta.

Cuando dejaron Rusia Yuuri se quedó preocupado por qué diablos iban a comer los otros dos integrantes de la familia sin ellos en casa por lo que amablemente le pidió a Mila que fuera a chequearlos por algunos días hasta que pudieran acostumbrarse a vivir solos. O al menos evitar que coman tanta pizza o comida thai durante todo el tiempo que estarían fuera. De igual manera todos los días hablaba con Victor por facetime durante la noche para saber si estaban bien.

— ¿Están bien, Victor? —Era la pregunta que hacía el japonés apenas comenzaba la llamada.

— Yuuri, estamos bien, aún nadie quema la cocina así que vamos por buen camino. De todos modos me siento solo — Su carita de perro triste, Yuuri podría ir corriendo a Rusia solo para besar sus mejillas— Yurio aún está un poco raro, pero al menos va a entrenar y dejó de comer tanto chocolate, Mila está intentando ver qué le pasa. Yuuri ¿Y si fue porque lo regañé? ¿Qué pasa si rompí a nuestro bebé?

—Yuri no es un muñeco, Victor… —Suspiró— Estoy seguro que estará bien de aquí al Grand Prix, Mila es buena solucionando problemas, deja que hable con él, pero estoy seguro que no fue porque lo regañaste, debías hacerlo.

— ¿Ese que va pasando por atrás es Beka? ¡Hola Beka! A ti también te extraño ¿Por qué usas vendas en las rodillas? ¿Te lastimaste? —Otabek solo saludó con la mano y una leve sonrisa, luego siguió caminando a otro lugar del Onsen— Creo que él no me extraña.

— Él es así cuando está muy concentrado, no es personal, las vendas son por precaución, no queremos que se lastime las rodillas antes de competir.

— Oh, entiendo… Ya deben ser como las una de la mañana por allá ¿No? Deberías ir a dormir, te extraño

—También te extraño, descansa también… Te amo, hablamos mañana —Yuuri cortó la llamada y dejó la computadora a un lado, Otabek pasó por donde mismo en la otra dirección— Otabek ¿Podemos hablar? Siéntate — el moreno se acercó a su entrenador y se sentó frente a él con evidente cara de "Oh, diablos"— No te voy a regañar, tranquilo. Pero me gustaría saber si hay algo que te molesta, no me gusta meterme, lo sabes, pero creo que es muy extraño que tú y Yuri se hayan puesto raros después de ir a Francia.

— Si crees que…

— No estoy insinuando nada, solo que me preocupa el cómo estás — Interrumpió el japonés — Ya no te lo estoy diciendo como entrenador porque no ha afectado el cómo entrenas, pero me preocupa tu ánimo, te conozco.

— Creo que estaría mejor si supiera qué fue lo que hice… Yuri dejó de hablarme de un día para el otro después de gritarme y no tengo idea de qué fue lo que hice — Frustrado, el menor se desvaneció sobre la mesa, después de unos segundos se escuchó un suspiro frustrado. Otabek tuvo que madurar de golpe cuando decidió dejar su país para entrenar, pero aún a sus 18 años quedaban vestigios de lo que fue ese adolescente que nunca pudo ser.

— Entiendo… No sé realmente como ayudar si estamos en Japón, tampoco es como si Yurio me fuera a decir las cosas con facilidad, pero si quieres puedo prepararte un chocolate caliente antes de dormir.

— Eso estaría bien— Respondió, aún con la cara estampada en la madera. La verdad es que el chocolate caliente no iba a ayudar en nada pero Yuuri hace lo que puede, y nunca es mal momento para tomar algo dulce antes de dormir

— Entonces, te gusta Yurio y por eso estás así —El japonés dijo como si nada una vez volvió con su taza, la cual dejó frente al más joven, quien ante las palabras dichas por su entrenador abrió los ojos con sorpresa y por esta misma razón es que casi queda mudo

— Espera, Yuuri, yo no… —El pelinegro le envió esa mirada, aquella que dice claramente que sabe absolutamente todo y que mentir es una decisión inútil, porque ya estaba la verdad completamente expuesta— Bueno, sí — Otra vez esa mirada— Bueno, mucho.

— ¿Desde cuándo?

— Uhm… Como cinco años.

— Espera, espera, creo que hay un par de cosas que aun no entiendo, yo pensé que esto comenzó cuando nos mudamos, y que por alguna razón te gustan las personas que te tratan mal, venía preparado para esa clase de conversación.

— Bien, esto tomará tiempo…

Yuuri terminó tomando una taza de chocolate mientras escuchaba la historia de cómo Otabek había quedado prendado del rubio hace tantos años durante el campamento de Yakov, una vez terminó la historia contando lo que Yuri le gritó en el camarín el japonés se dio cuenta de muchas cosas. La primera de todas es que nunca antes había visto a Otabek tan desanimado, ni siquiera cuando vivió esa época en la que sentía mucha nostalgia de su ciudad, fue una gran diferencia en su semblante cuando hablaba de la primera vez que vio a Yuri y cuando habló de la última vez que hablaron. Con el tiempo aprendió a conocer al patinador y sabe perfectamente que la única solución que encontrará al problema es encerrarse en una burbuja impenetrable intentando parecer fuerte y no está dispuesto a que él se rindiera sin luchar antes, le mostraría finalmente que no está mal ponerse así, y debía levantarse y luchar.

— Bueno, hasta donde yo sé Yurio no te ha hecho ninguna negativa, probablemente algo le pasa y por eso actuó así, pero yo creo que lo mejor que puedes hacer es decirle directamente cómo te sientes, así dejas de sufrir a base de supuestos. No estoy diciendo que sea ahora, lo mejor es que se lo digas cara a cara, pero tenemos hasta el Grand Prix para trabajar en lo que le quieres decir. Bueno, aparte de eso tenemos que mejorar el Quad Axel.

— ¿Qué pasa si esta vez recibo un rechazo directo? ¿Cómo voy a poder seguir viviendo con ustedes?

—Bueno, para eso soy tu entrenador y también tu amigo, solucionaremos eso si pasa, pero no antes. A mí me tomó una borrachera y una petición de matrimonio darme cuenta que no hay que tomar decisiones apresuradas ¿Bien?

— Bien —Otabek se siente afortunado de haber aceptado a Yuuri como su entrenador, ya que ningún otro se había preocupado tanto por él, de hecho es el primero y el único con el que ha sentido la confianza como para seguirlo a Rusia. Por eso es que no iba a analizar su consejo, sino que lo aplicaría directamente, la final sería en Marsella y tenía hasta entonces para encontrar las palabras, después de todo Otabek nunca antes se había declarado a una persona — Sinceramente no sé cómo devolver todo lo que has hecho por mí, Yuuri.

—Solo no dejes que afeite mi cabeza el día de mi boda, creo tener más probabilidades de hacerlo que J.J.

De vuelta en Rusia las cosas tampoco seguían su curso natural. Victor no tenía idea que hacer con Plisetsky, después de que ambos asiáticos de fueran a Japón para entrenar este se volvió como una fortaleza que no tenía siquiera intenciones de gritarle a la gente, solo vivía para entrenar, comer y alimentar a su gata. Acababan de cenar con Mila y el adolescente estaba regado en el sofá, viendo televisión con Potya recostada en su estómago y Makacchin bajo sus piernas.

— Mila, no sé qué hacer… Le pregunto qué le pasa y me dice que nada… —Victor preguntó muy afligido a la pelirroja, obviamente en un tono de voz bajo para que el menor en la sala no fuese capaz de escuchar la conversación— ¿Tú sabes algo? ¿Es porque lo regañé?

— Victor, nos regañas todo el tiempo, si nos pusiéramos así cada vez que nos regañan ya te habríamos dejado… Además nunca te hacemos caso —En parte eso es totalmente cierto, sin contar los consejos de patinaje y ordenes dentro de la pista de patinaje, nadie le hacía caso a sus consejos (Palabra de Chris, los consejos de vida de Victor son pésimos) — Yo creo saber qué pasa, déjamelo a mí — Ella le guiñó el ojo — Lava los trastes, yo iré hablar con nuestro joven en problemas ¿Tengo permiso para taclearlo?

— Tienes permiso para cualquier cosa, solo quiero que deje de estar así ¡Ni siquiera me grita, Mila! Algo está mal.

—Tranquilo, si no logro que todo esto se solucione al menor creo poder lograr que vuelva a gritar— La pelirroja dejó la cocina y caminó hasta la sala donde Yuri estaba haciendo absolutamente nada, tomo con fuerza uno de sus delgados brazos y tiró hasta que el contrario se puso de pie— Bien, chico problema, tú y yo tenemos que hablar— Para sorpresa de Mila, el rubio no le gritó y se dejó llevar por ella hasta su habitación— Okay, vas a decirme por qué diablos estás así y qué fue lo que pasó, porque Victor está a punto de lanzarse del balcón porque no hablas con él.

— No me pasa nada —Dijo en tono neutro, evidente mentira.

— Basura, Plisetsky, no me iré de aquí hasta que digas que demonios hay en tu cabeza, y sabes que hablo en serio —Ella se sentó en el suelo a modo de protesta, el rubio se lanzó a la cama lleno de frustración ¿Cómo diablos explicar lo que le pasa cuando ni él sabe cómo definir lo que estaba sintiendo?

— Sinceramente… No sé cómo me siento, ni cómo debería sentirme —Confesó, a la vez que se cubría el rostro con un cojín.

— Comprendo… Vamos lento… ¿Esto tiene que ver con Otabek?

— Tiene todo que ver con él.

— Bueno ¿Es por lo que pasó en Francia?

— Sí, no, no sé… Un poco —Bueno, ya que Yuri cooperaba Mila tiene mucho más de donde encontrar la raíz del problema inicial— ¡Es que no sé por qué me enojó tanto que esa tipa se le colgara! —Las cosas salieron de manera más simple de lo que imaginó, el mismo Yurio terminó confesando una de sus molestias.

— ¿Pensaste en algo en específico cuando viste que Tammi se había colgado a Otabek? — Paren el tiempo ya, con todo lo que ha hecho para ayudar a sus compañeros podría dejar de estudiar ahora mismo y que le dieran de inmediato el título de psicóloga.

— ¿Por qué demonios le dijo Beka? Eso pensé que lo hacía solo gente de confianza ¡Ni yo le he dicho así! Además, quería que le dedicara el triunfo ¿Quién demonios se cree? Que se gane sus propios premios, depender de los triunfos de otros es ridículo ¡Y Otabek no le dijo nada! Es como si le gustara tener a esa estúpida colgada a él — No hizo falta de mucho tiempo para que la pelirroja encontrara la raíz del problema, definitivamente la extrama rabieta de Yuri en Francia fue un ataque de celos, ahora quedaba conseguir que admitiera la razón que gatilló dicho ataque de celos.

— Entonces ¿Por qué no es mejor estar lejos de Otabek? Digo, sin él aquí no puedes ver nada de eso, el problema no está —Claro que no habla en serio, pero con la gente como Yuri es obvio que las cosas no van a salir con solo preguntarlas, había que presionar sutilmente para que admitiera ciertas cosas— Creo que deberías dejar las cosas como están — Tres segundos fueron los que bastaron para que Yuri se quitara de inmediato la almohada de la cara y la tirara al suelo completamente indignado.

— ¡Claro que no es mejor estar lejos no te das cuenta que precisamente lo que quiero es estar cerca de él! Cómo no te das cuenta que realmente me dio vergüenza actuar así frente a él porque probablemente pensó que solo quiero joderle la vida ¡Me desespera no poder controlarme cuando estoy con él! Y oh Dios mío eso lo dijiste apropósito — La sonrisa que Mila tenía ese momento era impagable, para que Yuri expresara su verdadera preocupación solo hizo falta un poquito de psicología inversa. Jamás en la vida había visto a Yuri tan rojo, era un espectáculo simplemente hermoso— Muérete, Mila, no te quiero ver más.

— ¡Pero ya sabemos por dónde empezar! Es obvio que Otabek pasó de caerte muy mal a gustarte y por favor no me interrumpas ahora — Creo que lo que deberías hacer es decirle cómo te sientes y ¿Quién sabe? Puedes sacar algo realmente positivo de todo esto.

— No hay manera en que pueda hacer eso ahora.

— ¡Nadie te dice que lo hagas ahora! Pero el tiempo pasa, quizás Otabek se aleje pensando que volviste a odiarlo o algo por el estilo ¿No que planeaba mudarse cuando Yuuri y Victor se casaran? El tiempo corre.

— ¡No me presiones!

— No te estoy presionando, solo digo que al menos debes tener claro qué le vas a decir para el Grand Prix Final, como mínimo, después de eso quien sabe qué pase… Tammi me dijo que quería apoyar a Otabek desde las gradas.

— ¡Bien, en la final le digo, aunque no tenga ni puta idea de lo que le voy a decir! Ahora ¡Sal de mi maldita habitación, vieja bruja! — A punta de almohadazos el rubio comenzó a sacar a la pelirroja de su habitación, en respuesta a eso Mila le devolvió los almohadazos y corrió a la planta baja donde Victor estaba lavando los trastes, la cual era su única labor desde que Mila cocina para ellos.

— Mila, a veces creo que eres un ángel caído del cielo, luego recuerdo que mi prometido es un ángel y me doy cuenta que eres una simple mortal ¡Pero eres la mejor mortal de todas! — ¿Eso debería tomarlo como un cumplido o qué? Victor tenía una especialidad en decir cosas de ese estilo — ¡Me devolviste a mi gato gruñón! Como pago te dejaré comer chocolate aunque estés a dieta por el entrenamiento, pero no te pases ¿Si? O te voy a quitar el derecho.

— A veces no sé si estás siendo amable o cruel conmigo.

— ¡Obviamente te estoy halagando! Ahora ¿Quieres ayudarme a elegir un lindo color para los manteles de la boda? Pensaba en un dorado fuerte, pero de seguro Yuri pensará que es muy exagerado, ya que los cubiertos también serán dorados.

—Victor no le hagas eso a tu boda. — Mila se sentó junto a Victor en la mesa de comedor, dispuesta a ayudar para que Yuuri Katsuki no sufra un paro cardiaco al ver lo que ha hecho Victor con la organización de la boda— Mantenlo simple, a Yuuri le gusta así.

— A todo esto ¿Qué era lo que tenía Yurio?

— Ya sabes, aún es joven y estaba sobrepasado por sus sentimientos — Mila se alzó de hombros, tampoco es que fuera a contarle con detalles a Victor, eso era decisión exclusiva de Yuri, tomó un resaltador y comenzó a ver revistas de boda, tratando de no morir de risa ante tantas páginas marcada y post it utilizados para distintos propósitos— Victor, eres como las novias de las películas americanas ¿Es necesario marcar tantas páginas? — Después de esa pregunta la pelirroja tuvo que escuchar un discurso de varios minutos sobre la importancia de cada detalle el día más importante de su vida, afortunadamente Victor dejó de preguntar por Yuri.

El rubio no hizo mucho después de echar a su amiga de la habitación, solo puso un poco de música y se quedó en la cama mirando el techo. Decir a Otabek como se siente ¿Cómo demonios iba a lograr eso? Él nunca jamás en la vida había abierto sus sentimientos a otra persona que no fuese su abuelo, ni siquiera a Victor le ha dicho que en realidad no lo odia tanto, Yuri suele expresar sus sentimientos a través de la ira y la negación, y no muchos comprenden eso, la verdad es que cree fervientemente que solo Mila puede leer con exactitud sus acciones ¿Cómo acercarse a Otabek después de que le gritara tanta cosa después de que ganara la medalla? Dios, ni siquiera recuerda si le felicitó por el triunfo. Es que ver a esa horrible (Bueno, solo su personalidad era horrible) chica colgada de él como si le perteneciera le llenó la cabeza de ira verdadera ¿Eso es lo que llaman celos? Entonces ¿Cómo demonios le explica a Otabek los celos? Dios, San Peterburgo y Hasetsu estaban a más de siete mil kilómetros de distancia y aun así la ansiedad la sentía como si estuviese frente a frente con el kazajo a punto de decirle todo.

Dos semanas y esa distancia se volvería casi cero, ya que volverían a encontrarse para jugarse la Final del Grand Prix, hace un tiempo había jurado que destruiría al contrario en esa competencia pero ahora ¿Es tan importante? La verdad es que su motivación sigue siendo la misma, daría todo en el hielo independiente las circunstancias, pero estaba en duda el hecho de querer restregarle en la cara el oro al moreno, es más, de la única cosa que estaba seguro es que Otabek ya no le cae tan mal como lo era hace un tiempo. El tiempo corre, y cada vez había menos tiempo para ordenar sus pensamientos y decidir qué demonios le iba a decir a Otabek Altin.

A las cinco de la mañana en Japón ya había movimiento en el Ice Caste, Otabek llevaba su intento número 100 (más o menos) de su Quad Axel y Yuri no para de dar ideas de posibles variantes para lograr el salto, más aún no podía lograrlo, todo terminaba en un flojo salto o en un Triple Axel.

— Creo que ya no podemos arriesgarnos, Otabek, debemos rescatar puntos… Mejoraste mucho tus otros saltos ¿Por qué no mejor dejamos el Quad para el Cuatro Continentes?

— Solo una vez más… —Rogó el patinador, dejando que varias gotas de sudor cayeran en el hielo— Si no puedo hacerlo esta vez juro que lo dejamos hasta aquí.

—Bien, última vez, no quiero que te hagas daño.

Otabek comenzó a dar vueltas practicando su impulso, mentalizándose para hacer el salto que nunca nadie ha logrado, ni siquiera los más grandes del deporte, él quería lograrlo, por Kazajistán, por su familia…

Por Yuri, demostrarle que es suficiente, si bien no puede poner sus sentimientos en palabras, algo que sí podía hacer era demostrarlo a través del deporte que a ambos les apasiona.

Respiro profundo, el impulso necesario, rodillas en posición y saltó, sin tener nada más en la cabeza que el rostro del joven ruso en su memoria, no había más física ni aerodinámica en su cerebro, siendo así de racional sobre su salto obviamente no resultaría. Una, dos… Tres… Esperó el impacto en el hielo que generalmente venía en lugar de la cuarta rotación pero no llegó, hizo perfectamente la rotación y media que faltaba y aterrizó con éxito, cuando se dio cuenta de qué diablos hasta que Yuuri tiró todo lo que tenía al suelo.

— Oh mierda — Se escuchó musitar al japonés.

— Oh mierda.

— ¡Lo lograste! Oh mierda, esto es genial, primero fuiste como ¡Woa! Y aterrizaste como ¡Fuaa! Oh Dios, buscaré comida, comeremos algo e intentaremos que salga durante la rutina ¡Hidrátate! —Ordenó y salió de la pista, probablemente a pedir a Yuuko comida, el kazajo por su parte aún seguía en shock

Logró el salto, y lo logró mientras pensaba en Yuri.

Ahora ya no puede esperar para que llegue el Grand Prix final.

Notas de la autora

Intenté traerles el capítulo el viernes a medio día, pero fue un fin de semana movido y todo se arrastró para hoy, de todos modos me queda una semana de vacaciones así que tendremos el final para esta semana.

Sí, yo tampoco pensé que llegaría hasta este punto, jaja.

Aún no decido a quien poner en el Grand Prix además de Yuri y Beka, los amo demasiado a todos y un pedacito de mi corazón muere cuando pienso en sacar a uno.

Mila y Yuuri son dos maravillosos seres de luz.

Hoy no hay tantas preguntas, sigo en shock por el capítulo de Game of Thrones.

Muchas gracias y nos leemos más tarde, Bye!