Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen. Ya se saben el resto.
Antes de comenzar les explico que este capítulo está desde el punto de vista de Madara Uchiha, pido disculpas de antemano si me pasé un poquito con las malas palabras o su forma insensible de expresarse sobre algunas cosas. Ya sin más que añadir, continúen con la lectura, nos leemos al final.
Capítulo 9
MADARA
(Las apariencias engañan)
Hinata terminaba de hablar con Izumi cuando se cruzó con el tío de Sasuke, aquel que se llamaba Madara Uchiha. La Hyūga le dio una tímida sonrisa, el hombre se acercó a la muchacha y plantó un beso en cada mejilla.
— ¿Viniste sola o acompañas Sasuke?
—Sabes que casi nunca vengo sola. Ahora está reunido con Mikoto.
— ¿Está mi cuñado en casa? —La morena negó con la cabeza.
—Solo están tu sobrina y hermana. Aunque Izumi va de salida.
El hombre asintió y luego caminó con rumbo al ala izquierda de la casa.
—Así que mi sobrino está en uno de esos días… —murmuró más para sí que para su interlocutora—. Pueden pasar los años y no puede salir de las faldas de mi hermana, deprimente.
—No digas esas cosas, es que hoy ha sido un día duro.
Antes de que pudiera agregar algo más, Izumi entró a la salita de estar donde se hallaban su tío y cuñada. Ésta última le regaló una sonrisa tímida a la joven Uchiha.
—Hola tío Mada, ¿Qué tal tu día? Es una novedad verte a estas horas por aquí. ¿Tienes tu tarde de té con mamá? Si es así te informo que ahora atiende cualquiera que sea el nuevo problema de mi hermanito, pero seguro eso ya lo sabes, Hinata te tuvo que haber puesto al tanto.
—No, no hemos llegado hasta ese punto de la conversación. Apenas vengo llegando. Me dice que vas de salida.
—Sí, quedé de encontrarme con unas amigas, ya sabes ir de compras y esas cosas de mujeres. Invité a Hinata pero ella prefiere quedarse a esperar a mi hermano. Tendrán que hacerse compañía porque lo de Sasuke va para largo, ya saben lo dramático que se pone.
La Hyūga hizo una mueca, no le gustaba la acidez que Izumi usaba para referirse a los problemas de Sasuke, la muchacha siempre decía que él solo quería llamar la atención.
—Esta vez debe ser importante porque estos últimos días ha estado algo ausente. La verdad espero que hablar con su madre lo ayude.
—Tonterías, lo que tiene Sasuke es que mi hermana siempre lo ha tenido muy consentido, como el imbécil de Fugaku no fue capaz de soportarlo lo sobreprotegió demasiado y dio como resultado al hombre más extraño dentro de esta familia. A veces tengo mis dudas de que te cumpla como se debe. —Terminó el hombre con mordacidad.
La Hyūga se ruborizó al instante, mantuvo la cabeza gacha para ocultar su bochorno, se sentía avergonzada por las insinuaciones del tío de su prometido.
—Tío ten más consideración con la pobre Hinata, no ves que con tus comentarios le sacas los colores. —Dijo poniendo los ojos en blanco—. Bueno, ya me voy, no quiero hacer esperar a las chicas. Y tú contente, vas a hacer que la pobre salga corriendo. —Finalizó lanzando una mirada de advertencia hacia su tío.
Se despidió de la Hyüga en caso de que se hubiese ido cuando regresara.
—Papá me dijo que regresa pronto con Karin, así que no te preocupes que no tendrás demasiado tiempo junto al idiota del tío.
El aludido lanzó un resoplido al escuchar las estupideces de su sobrina, él era uno de los mejores anfitriones, y aunque no lo creyera, sabía tratar a la pequeña Hinata.
La muchacha se fue, y la morena por fin se sintió en más confianza al saber que no tendrían a nadie que los interrumpiera, lo bueno de las visitas de Sasuke era que eran largas y casi todo el tiempo lo pasaba encerrado en el despacho con su madre, ella aprovechaba para hablar con Izumi, o como en ese día, charlar con el tío de su prometido.
—Tengo tantas cosas que contarte. —Dijo tomando de las manos al hombre. Éste pasó una mano por el pelo de la muchacha a modo de caricia, ella solo acudía a él cuando sucedía algo muy grave.
— ¿Qué sucedió ahora pequeña? —Preguntó con tono preocupado.
—Es sobre Sasuke, como siempre. Hoy me dijo que qué vi en él para querer estar a su lado. No sabes lo mal que me hizo sentir. Creí que estaba queriendo echar por tierra estos ocho años juntos. Madara tuve tanto miedo.
El hombre la rodeó en un abrazo y ella se apoyó en el pecho de éste.
—Tonterías, mi sobrino no sería tan estúpido para dejar a una mujer tan hermosa como tú. Seguro son de nuevo esos pensamientos sobre el matrimonio, para los hombres es más difícil hacernos a la idea del 'para toda la vida'.
—Lo sé, pero esta vez sentí algo diferente, pensarás que estoy loca, pero por un momento creí que se trataba de otra mujer.
El Uchiha no pudo reprimir una estruendosa carcajada con las ocurrencias de la Hyūga, ésta lo miró molesta por su burla, lo decía en serio y él no la creía. El Uchiha continuaba burlándose de la absurda idea, Hinata comprendió que andaba especialmente simpático ese día, sería imposible tener una conversación decente.
Se giró en busca de la salida, ya hablarían después cuando no tomara a broma todo lo que decía.
Antes de salir el hombre la rodeó desde atrás por la cintura y la apegó hacia él.
— ¿Adónde crees que vas? —Dijo junto a su oído
—Por favor suéltame, alguien podía vernos. —Respondió temerosa la Hyūga, aquello era una imprudencia de su parte.
—Nadie nos va a ver, saben que odio ser molestado cuando vengo a casa.
—Pero igual, Sasuke y tu hermana podrían salir en cualquier momento. —Respondió alejándose de Madara—. No me gusta cuando te pones así.
—Cariño, pero si quien me busca eres tú. Aquí estoy para compensar los desaires de mi sobrino ¿No?
Hinata abrió los ojos como plato ante tal insinuación.
—Pero lo hago como amigo, sabes que te debo mucho por ayudarme con Sasuke. No quieras tergiversar las cosas.
Madara sonrió, le gustaba molestarla, recordarle que no era tan perfecta como todos pensaban. Se acercó de nuevo a ella, acarició suavemente su rostro y luego depositó un casto beso en sus labios.
—A los amigos no se les deja besarte en los labios, pequeña. —Murmuró junto a su cuello, depositando un beso allí donde le latía el pulso—. Ni tampoco que te acaricien así.
Hinata cerró los ojos y enterró sus dedos entre el espeso cabello del Uchiha.
—Ven conmigo. —tiró de ella y la condujo hacia el otro lado de la casa, el lugar que albergaba las habitaciones de huéspedes y que comúnmente siempre estaba vacío.
Madara abrió una de las puertas, al estar dentro de la recámara cerró con llave, la besó con fuerza y la arrastró hacia la cama. Quería estar con ella allí en ese momento.
—No, aquí no. —Murmuró la Hyūga entre jadeos.
Madara no le hizo caso, al contrario, continuó deshaciéndose de los botones de la blusa que llevaba.
—No es correcto. —Volvió a decir cuando éste ya comenzaba a deshacerse de su brasier.
— ¿Y cuándo lo ha sido? ¿Cuándo estás en mi casa y mi cama lejos de Sasuke?
La Hyūga cerró los ojos al sentir las manos del hombre acariciar uno de sus pechos por encima del sostén. Las caricias de Madara enviaron un corrientazo directo a su entrepierna.
—No quiero que nos descubran, hemos trabajado duro para que Sasuke por fin se fijara en mí, no lo quiero arruinar por un arrebato de pasión.
El moreno comenzó a repartir besos a lo largo de su cuello hasta el valle de sus senos. Sonrió al encontrarse con el par de pechos que se cargaba la Hyūga, su sobrino debía ser un marica para rechazar una mujer como aquella.
Desgarró la tela del sostén haciéndolo jirones y lanzándolo a un lado de la habitación, Hinata se sobresaltó con su acción, ¿Cómo se iría semidesnuda por ahí?
—Para ver si así por lo menos despiertas sus celos, pequeña.
Madara regresó a su boca y la devoró salvajemente, la verdad le gustaba demasiado tirarse a la mujercita de su sobrino, la princesita Hyūga, que de santa no tenía nada, él la conocía mejor que nadie.
Esa imagen que todos tenían de ella no era más que una máscara, la verdadera Hinata era una muchacha caprichosa y pretenciosa que sería capaz de vender su alma al mismísimo diablo con tal de obtener lo que quería.
Cuando la conoció enseguida notó su interés en su sobrino, pero este como de costumbre nunca mostró ningún interés en las muchachas de su edad, desde siempre creyó que algo debía andar mal con ese mocoso, porque ¿Quién rechazaba a una muchachita con las hormonas alborotadas como la Hyūga? Solo el anormal de su sobrino.
Conoció personalmente a Hinata cuando ésta tenía diecisiete años, siempre había visto a la heredera Hyūga desde la distancia como lo que aparentaba ser, la dulce princesita de mirada triste presa de los deseos de su familia, de noble corazón y sonrisa cálida.
Al principio fue uno de los que cayó en su trampa, a cualquiera era capaz de embaucar con esa falsa modestia y trato cálido, menos a Sasuke, el idiota no cayó en los juegos de la muchacha.
Vio la verdadera cara de la muchacha cuando por decisión propia se acercó a él en busca de ayuda. Lo sorprendió sobremanera el cambio de actitud, cualquiera pensaría que era otra persona, pero Madara sabía que eso era prácticamente imposible.
Mayor fue su sorpresa al descubrir sus intenciones con su sobrino, había algo de una deuda que los Hyūga habían adquirido con los Uchiha y que cada día aumentaba más y más los pasivos de ésta.
Su querido cuñado le había dado una opción a Hiashi para que se olvidaran de la deuda que empobrecía cada vez más a la familia de la muchacha, una unión entre las dos familias por medio de sus hijos mayores.
El patriarca de los Hyūga aceptó, a fin de cuentas su hija estaba lista para ser desposada con el mejor postor, y qué mejor que fuera un Uchiha. La idea era que en una fiesta celebrada en la mansión de su familia, sucediera el 'casual encuentro' donde presentarían a los primogénitos de ambos clanes, era lo planeado y todo debía salir bien, o al menos así fue hasta que la muy estúpida se vino a fijar en el más asexual de todos, Sasuke Uchiha, el segundo hijo de su hermana y Fugaku.
Su cuñado al saber los nuevos planes de la muchacha mandó todo a la mierda, que hicieran lo que les diera la gana, lo que quería era arreglar un buen matrimonio y que se le diera pronto un heredero, ya quería ver si el inútil de su hijo era capaz de dárselo.
Madara se divirtió de lo lindo verla fracasar intento tras otro, su sobrino parecía tener una coraza impenetrable. En un principio se imaginó que el pobre infeliz debía ser uno de esos afeminados que le interesaban los de su mismo sexo. Luego supo que no era así, estaba con mujeres y se desfogaba con ellas, pero no más de allí, simplemente al más joven del clan no le interesaba tener relación alguna con nadie.
Y lo comprendía, él mismo era así, nunca se había casado y novias no tenía, él prefería las amantes ocasionales y los rollos de una noche, no se complicaba la vida con una mujer histérica que lo celara y tratara de controlarlo, al final sería que en cierta parte eran iguales.
La mocosa al darse cuenta que todos los intentos eran inútiles le pidió que la ayudara diciéndole sobre los gustos e intereses de su sobrino, quería hacer un plan de conquista donde él viera que estaban hechos el uno para el otro, ya que las insinuaciones de ningún tipo surtía el efecto, para situaciones drásticas medidas drásticas.
Madara solo se burló de ella, una niñita desesperada por salvar a su familia, pero las cosas tampoco eran así, ella solo tenía un capricho con su sobrino, solo utilizó lo de la deuda para ablandar el corazón de Madara, pero eso simplemente no funcionó con él, a fin de cuentas si sus intereses no se veían afectados ¿Por qué ayudar a quien les debía dinero?
La muchacha era un hueso duro de roer, por más que se negaba a ayudarla ella seguía insistiendo, tal fue su desesperación que para quitársela de encima le dijo que la ayudaría, pero que tendría que darle algo a cambio. Claramente se refería a un favor de índole sexual, porque ¿Qué más le podía ofrecer una mocosa como aquella?
La razón por la que insinuó aquello fue para asustarla y que lo dejara en paz, no le gustaba meterse con las menores, él tenía treinta y tres años, era el hermano menor de Mikoto y el que siempre se metía en problemas de falda, no quería uno más.
Pensó que después de aquello la mocosa dejaría de fastidiarlo, pero como era costumbre con ella, una noche llegó a su apartamento con solo una gabardina cubriéndole el cuerpo completamente desnudo debajo de ésta.
¿Cómo consiguió su dirección? Fue lo primero que se preguntó al verla frente a su puerta, pero antes de que pudiera formular la pregunta, la morena de ojos perla abrió el cinturón de la chaqueta y le enseñó todo lo que tenía para ofrecerle.
Hasta él mismo sentía vergüenza de sí mismo por ser tan débil, pero es que la muy zorra estaba de muy buen ver, y él era un hombre que reaccionaba casi de inmediato frente a una mujer hermosa dispuesta a complacerlo.
Tiró de ella hacia el interior del apartamento y descargó su pasión en ella, él fue quien la volvió mujer, y él fue quien arrastró a su sobrino hasta los brazos del pequeño demonio Hyūga, pero eso ya era otra historia.
La verdad nadie se imaginaba lo que podía ocultar ese rostro angelical, con los años fue conociendo a la pequeña tirana que se escondía tras esa máscara, ella también se fue desinhibiendo ante él, se mostraba más fría y calculadora de lo que era, por eso llegaron a entenderse tan bien dentro y fuera de la alcoba.
En ese momento se aferraba con fuerza a su cuello con una de sus manos y con la otra libre arañaba su espalda por encima de la camisa. Le gustaría tener más tiempo para desnudarla por completo, pero su hermana y Sasuke podían salir en cualquier momento y éste último comenzar a buscarla.
No sería bueno que después de haber luchado tanto para conseguir casarse con él, todo se echara a perder al descubrir su pequeño secreto.
Por suerte llevaba falda, cosa que facilitaba mucho las cosas, buscó la tela de sus bragas e hizo lo mismo que con el sostén. Ella lanzó un gemido de frustración al ver que se tendría que ir semidesnuda, a él no le importaba.
Se desabrochó los pantalones y de un solo movimiento la penetró, arrancándole un gemido de placer.
—Pequeña zorra ¿Siempre estás tan mojada? —La Hyūga enterró la cabeza en el cuello masculino y luego mordió con fuerza el hombro de éste para acallar un gemido—. Te gusta cuando te hablo sucio, cuando te hablo como lo que eres, una puta que finge ser una dama.
La muchacha lo vio a los ojos, los de ella brillaban cargados de pasión.
—Cállate y bésame. —Le ordenó. Él gustoso la complació, siempre lo hacía.
Se escuchó a alguien por el pasillo, lo que detuvo los movimientos de los amantes. Hinata lo vio asustada, mientras Madara solo se puso a reír ante su nerviosismo de ser descubiertos.
El Uchiha la giró dejándola a horcajadas sobre él y obligándola a cabalgarlo. Ella hacía acopio de todo su autocontrol para no gemir, pero le estaba costando más de lo que creía.
Madara se sentó en la cama y la atrajo hacia su boca para acallarla con besos.
— ¿No crees que es excitante que puedan descubrirnos en cualquier momento? —Susurró junto a sus labios.
—No es divertido, terminemos esto rápido. —Respondió acompañando con más fuerza el vaivén de sus caderas.
No tardaron en llegar a la cúspide de su placer.
—Imbécil. —Murmuró la Hyūga al sentir su semilla derramarse en el interior, él simplemente sonrió—. Si no me estuviera cuidando sería capaz de matarte en este mismo instante por ser tan imprudente.
— ¿Y qué hay de malo en que salgas embarazada? ¿No fue eso lo que pidió mi cuñadito? Un nieto.
—Sabes perfectamente que el nieto ya lo tiene.
—Y en qué condiciones.
—Sí, pobre… pero también sabes que él quiere uno legítimo, nacido dentro del matrimonio como lo dictan las normas de la sociedad. —Hinata comenzaba a arreglarse el pelo alborotado frente al tocador y la ropa desarreglada por la actividad física de hacía un momento—. Y yo no me opongo a eso, tampoco es como si quisiera traer al mundo otro bastardo Uchiha… suficiente tenemos con el de Sakura. — Concluyó con malicia.
Ambos rieron con complicidad. En definitiva, ella era perversa y eso le gustaba. Madara le dio un beso antes de que saliera en busca de un baño para asearse, no sería bonito que su futuro marido la hallara apestando a sexo.
El hombre se quedó un rato más en la habitación pensando en silencio. A su mente vino su más insana obsesión, Sakura, era cuestión de tiempo para que dejara de lado el orgullo y fuera ante él, sabía dónde estaba su hijo, con quién, y la forma de que lo recuperara, pero solo se lo diría a cambio de lo de siempre, ella misma.
Si Hinata le gustó desde el primer momento que la probó, Sakura se volvió su más deseada fantasía precisamente por no haberla tenido.
La recordaba bien, era una combinación explosiva entre inocencia, pasión y sensualidad innata. Comprendió al conocerla por qué su sobrino Itachi se convirtió en un pelele por ella, era explosión pura.
Viajó a La Pequeña Blanca para ver cómo le iba a su sobrino en su venganza contra Tsunade Senju, nadie se burlaba de su hermana y pretendía salir ileso del asunto, Fugaku tenía sus razones, su bastardo muerto y que la muy zorra lo utilizó para fastidiar a su familia.
Desde aquello su hermana no volvió a ser la misma. Sonreía pero ya no había en su mirada ese brillo que reflejaba su felicidad. La maldita Senju debía pagar y qué mejor donde más dolía, su propia sangre.
Madara siempre fue la oveja negra de su familia, en secreto formaba parte de una importante organización criminal desde su juventud. Akatsuki, una facción de la Yakuza que se dedicaba al tráfico de armas militares, su hermana en cambio era el ángel, la que siempre abogaba por todos incluso él, su hermanito menor, aunque no lo mereciera.
Ella era el alma de la casa, todavía lo era, pero ya nada era como antes. Después de la traición de su marido se enclaustró en su dolor, y en vez de continuar siendo la luz del hogar luego de la muerte de su madre, se volvió más retraída y terminó refugiándose en sus hijos.
Él era muy joven por aquellos días, apenas se estaba iniciando en Akatsuki por lo que era normal que se viera envuelto en uno que otro problema, siempre contó con el apoyo de Mikoto, ella siempre intercedía por él ante sus padres y luego de lo que hizo el estúpido de Fugaku su hermana simplemente lo abandonó a su suerte, ni él ni los demás importaban.
Se sintió desechado, continuó haciendo cosas de dudosa procedencia por puro despecho hasta convertirse en un hombre con poder. Terminó gustándole esa vida, pero con el paso de los años vio que era mejor actuar desde la clandestinidad. No quería terminar sus días en la cárcel después de todo.
Cuando regresó al núcleo familiar su hermana estaba mejor, sus hijos ya estaban grandes y el mayor estaba entrando a la universidad, luego le siguieron los otros dos, entonces Mikoto encontró refugio en él, se volvió su confidente, no había nada que ella no le contara…
Fue cuando notó la enorme pena que la acarreaba, odiaba al infeliz de Fugaku, pero más odiaba a esa maldita mujer que le arrebató lo único bueno que le quedaba. No esperaba que su hermana estuviese tan rota como lo estaba, pero es que siempre fue tan frágil.
Itachi era su sobrino predilecto, era el listo y en quien la familia ponía toda su confianza para delegar en un futuro el timón del negocio familiar, durante un tiempo fueron muy unidos, tanto que Madara le enseñó parte del negocio con Akatsuki.
El muchacho era ambicioso y fue fácil que terminara ayudándolo a cambio de un poco más de dinero en su asignación mensual, durante las vacaciones el joven trabajaba en la empresa, para él fue fácil embaucar a la mujer que manejaba la contabilidad a fin de que 'limpiara' algo de dinero para ellos.
Veía en Itachi una copia de sí mismo, era buen muchacho, pero había en él cierta malicia a la que Madara supo sacar provecho.
Luego de eso, ya no quiso seguir colaborando con él, a fin de cuentas se había aburrido de la tal Shion. El mayor no le puso peros, era comprensible, él tampoco duraba demasiado tiempo con una misma mujer por muy beneficioso que fuera, o así lo fue hasta la Hyūga.
Pero entonces apareció ella e Itachi se lo contó. El muchacho sin duda heredó la vena maligna de su lado de la familia porque no lo reconoció cuando le dijo que había encontrado la forma perfecta de vengarse de Tsunade Senju.
El odio y la rabia que esa mujer despertaba en él era patente en cada una de sus palabras. Le gustó, le gustó demasiado la idea de mancillar la pureza de su pequeña hija, creía haberla visto junto al séquito de Dan Haruno en alguna ocasión, siempre al fondo como un corderito asustado entre tanto lobo.
Era bonita, lo más llamativo era ese cabello rosa tan patético e infantil.
Sí, quería acabar con ese aire angelical, que su sobrino la convirtiera en una zorra ante los ojos de todos, que perdieran el respeto ante la hija de la honorable señora Senju.
Lo que no imaginó fue que al verla por primera vez, ella lo viera con esos grandes y brillantes ojos a través de las largas y oscuras pestañas que le daban más profundidad al verde de sus irises.
La tímida sonrisa que le dio fue el detonante para mandar al diablo todo, la quería para él, quería probar la dulzura de sus labios y recorrer centímetro a centímetro la tersura de su piel.
La noche que la conoció su sobrino la había pasado al antro con un id falso, aún era menor de edad, llevaba un bonito vestido rojo que tapaba hasta medio muslo y acentuaba cada una de sus delicadas curvas.
No era tan voluptuosa como Hinata, pero tenía cada cosa en su lugar, además era más alta que su recién adquirida amante, y sus piernas eran largas, torneadas y daban la impresión de ser interminables sobre aquellos zapatos de tacón.
Era un hecho, la deseaba en su cama.
La muchacha se había pasado de tragos, era la primera vez que tomaba y aprovechó la ocasión para distraer a su sobrino con su acompañante de esa noche. Itachi no se molestaría si tomaba prestado un rato su juguete.
Cuando ésta se disculpó para ir al baño él ya se había alejado para seguirla, la encontró frente al lavabo lavándose la cara, sus miradas se cruzaron en el espejo, ella se sorprendió cuando lo vio y abrió aún más sus enormes ojos.
Madara le dio una sonrisa ladina, ella se giró hacia él, temerosa, porque su imponente presencia generaba eso en los más débiles. Se acercó a ella y la tomó del rostro con sumo cuidado, le preguntó si se encontraba bien a lo que ella respondió que sí con un leve asentimiento de cabeza.
Continuó acariciando la mejilla de la chica y luego guio sus dedos a delinear el grosor de sus labios, mismos que generaban pensamientos perversos en él. Dio un paso hacia ella haciéndola que ésta lo imitara tratando de mantener distancia pero chocó de espaldas con el lavamanos, se la veía aturdida, pero él sabía que era el efecto del alcohol.
La rodeó con fuerza de la cintura y la levantó en vilo sentándola sobre la porcelana de la estructura, obligándola a abrir las piernas para acomodarse entre ellas. Sakura trató de empujarlo, pero él era más grande y fuerte que ella, resultó fácil dominarla.
La besó feroz, como un lobo hambriento que por fin atrapa a su presa, ella lo arañaba y mordía como una gata salvaje, cosa que en vez de molestarlo lo encendió más todavía.
Casi le arrancó el vestido cuando desde atrás entró un colérico Itachi y arremetió contra él poseído por el mismísimo demonio. Su sobrino le dio la golpiza de su vida, entre cada nueva arremetida gritaba como loco que no se atreviera a tocarla de nuevo.
La palabra que más repetía era 'mía'. Madara no puso resistencia, lo dejó que defendiera el honor de quien se suponía debía estar manchando, todo aquel arrebato solo podía significar algo, el muy imbécil se había enamorado de la mocosa Senju.
Hizo todo lo que estuvo a su alcance por separarlos, fue hasta su odiado cuñado y le contó lo acontecido entre Itachi y la hija de esa mujer.
Tal como lo esperó su cuñado explotó en cólera y ordenó a Itachi presentarse ante él, el mocoso trató de enfrentarse a su padre y lo que recibió fue una amenaza de ser desheredado.
Solo le pidió tiempo a su padre, lo bueno era que el muy idiota ni se había dado cuenta de lo que realmente sentía por Sakura Haruno, lo cual daba tiempo para su próxima jugada.
Aunque todo se vino abajo cuando la mismísima Tsunade Senju se enfrentó a ellos y trajo la noticia del escandaloso embarazo de su primogénita, al mismo tiempo su sobrino estaba sumido en la mierda luego de que la mocosa terminara con él.
Muchas cosas no encajaban hasta que Tsunade fue clara y habló sobre lo que tuvo que hacer en complot con su hija menor, quien resultó ser nada más y nada menos que la hermana gemela de Sakura, misma que dejó hecho polvo a Itachi.
Las cosas no se podían tornar más interesantes. La Senju fue hasta ellos con un objetivo, decidir el futuro de ese bebé, ya había cometido el error una vez de desechar a Fugaku del derecho de decidir por su hijo, ahora se lo otorgaba por su nieto, no quería desatar la furia de los dioses nuevamente sobre ella.
Había dos opciones, el aborto que era la solución más rápida —y la más acertada según Madara—, o que el niño naciera y fuera dado en adopción. El sentimental de su cuñado escogió la segunda, pero que el bastardo fuera puesto bajo custodia de los Uchiha en cuanto naciera.
Y así ocurrió…
Varios años después se topó con la versión más adulta de Sakura, los años le sentaron bien, estaba más hermosa que nunca y quiso nuevamente intentar algo con ella, la infeliz con los años se había vuelto dura, trataba a sus enemigos como la escoria y disfrutaba humillándolos, y a él lo consideraba su enemigo.
Pero las cosas no iban a ser como antes, era él quien tenía la carta del triunfo. Así que le dejó caer el secreto que guardaban Fugaku, Tsunade y él: el paradero de su hijo perdido.
Creyó que sería fácil, pero nuevamente Sakurita lo sorprendió no cediendo a sus chantajes. Tenía casta de guerrera y no se dejaba doblegar por nada ni por nadie.
Varias oportunidades tuvo para tentarla, pero Sakura era un hueso duro de roer. Mientras tanto se divirtió con la otra mujer que sí le daba lo que quería, aunque más excitante era el reto que representaba la Haruno.
Un mensaje de texto lo sacó de sus pensamientos, era Hinata avisándole que Sasuke había terminado de hablar con su madre y ya se iban. Sonrió de medio lado, necesitaba más que nunca hablar con su hermanita.
Terminó de medio arreglarse la ropa y se fue directo a la sala de estar donde hacía minutos se despidieran Sasuke y la Hyūga.
—Hermanita. —Dijo en un tono amable, la aludida enseguida se lanzó a sus brazos y buscó consuelo en ellos, se le notaba afligida, ya descubriría la razón.
—Tengo tantas cosas que contarte Madara, es terrible todo lo que acontece en esta familia, debes ayudarme por favor, debemos evitar la catástrofe.
—Pero de qué hablas, ¿Qué ha ocurrido para que estés así?
—Sasuke, hermano, mi niño está a punto de caer en las garras de esa mala mujer y no quiere escuchar mi consejo. —Sollozó casi al borde de la histeria.
—Explícate mejor porque no entiendo nada.
—Mi Sasuke se siente atraído por la hija de la zorra de Tsunade, la que llegó de Uzu, la que le destrozó el corazón a Itachi.
—Te refieres a Sakura.
—Sí, me refiero a la desalmada sin corazón que quiso matar a mi nieto.
Madara sonrió incrédulo, su sobrino atraído por Sakura, ¿Qué tenía esa mujer con los hombres Uchiha?
—No lo mató.
—Pero lo intentó, es incluso peor que la madre.
—Lo importante es que el niño vive y está bajo nuestra protección. No debes preocuparte por nada.
— ¿Y si ella regresó porque descubrió su paradero? ¿Y si se arrepintió y ahora quiere quitárnoslo? No podemos permitirlo Madara, trata de hablar con Fugaku, que lo mande lejos, no sé, cualquier cosa que se te ocurra. Pero no permitas que ella sepa que está con nosotros.
Él la abrazó e intentó consolar su angustiado corazón, no le gustaba verla así, pero para sus planes necesitaba a su hermana en contra de Sakura. Mikoto sabía de la existencia del bastardo, pero no porque su esposo se lo comunicara, lo hizo después de una conversación que él mantenía con su cuñado.
Ella se encolerizó tanto que lo encaró pidiéndole respuestas sobre el hijo de Itachi. Para calmarla le contó una historia totalmente opuesta a la realidad, le dijo sobre el romance que los jóvenes tuvieron, luego cambió los hechos al decir que quien mintió sobre quien era fue Sakura, no mencionó nada de las intenciones de su hijo con todo esto.
Mikoto hasta ahora creía que quien había utilizado a su primogénito era la hija de esa maldita de Tsunade Senju y no al revés. Por eso cuando Madara le contó esa absurda historia del embarazo le dijo que al recibir la noticia la Haruno quiso deshacerse del bebé por medio de un aborto, pero que Fugaku la convenció para que les entregara el bebé a los Uchiha.
La mujer quedó horrorizada al creer que esa jovencita fuera capaz de tener el corazón tan negro, Madara se aprovechó de la ocasión para decirle que en efecto, era perversa y manipuladora, que no se podía esperar más de quien por sus venas corría la sangre de los Senju.
A espaldas de Fugaku la llevaba a ver a su nieto, el niño tenía una buena vida, pero por motivo de su enfermedad el chico siempre vivía en el claustro, alejado del mundo.
Fugaku tenía un nieto, pero para su desgracia era un lisiado, una carga al que un matrimonio del clan hacía la caridad de criar como a un hijo. Era un Uchiha, pero de los marginados, según su cuñado era mejor así, por más que fuera el hijo de Itachi, un inválido no tenía cabida dentro de su familia. En pocas palabras, el producto vino defectuoso de fábrica.
Madara disfrutó tanto cuando los sueños y planes que Fugaku tenía en el pequeño se fueron a pique, él como siempre no tardó en lanzar una que otra puya para molestarlo, recordando que tampoco había resultado nada bueno del desliz que tuvo con la mismísima Tsunade, a fin de cuentas su propio bastardo no vivió más de una semana.
«Simplemente estaban malditos», recordaba haberle dicho. Y entonces Fugaku decidió apartarlo para siempre de la familia principal, Itachi no sabía de su existencia, y la madre mucho menos, por lo menos el pobre infeliz tendría un techo, comida y unos padres.
Su hermana era la única que lo quería a pesar de ser un paralítico, a pesar de compartir sangre con Tsunade, a pesar de que el mundo entero lo repudiara, ella amaba a ese niño como a nadie. Solía decir: «Ya que ni su madre lo quiso, yo lo querré por las dos».
A pesar de amar a su hijo Mikoto Uchiha prefirió callar, ya suficiente tenía con lo que supuestamente le había hecho Sakura. Y Madara agradeció la decisión de su hermana, si le contaba sobre la existencia del bastardo era lógico que correría junto a ella y jugarían a la casita feliz.
Las cosas debían seguir tal y como estaban. Pero ahora estaba ese pequeño detalle del asexual de Sasuke. ¿Cómo que le gustaba su Sakura? Suficientes problemas ya tenía con Itachi de por medio como para también agregar al niño de mami.
— ¿Qué le hacen esas mujeres a los hombres de esta familia? ¿Por qué todas ellas quieren arruinar la paz de mi hogar? Primero la madre y ahora las hijas. ¿Qué hicimos para merecer tanta desgracia?
—Nada querida Mikoto, simplemente son cosas que pasan. Nadie nunca quiso que esto sucediera, pero pasó y hay que afrontar las consecuencias.
— ¿Sabes que esto me hizo odiar a mi propio hijo cuando supe la verdad? No, no lo sabes porque no eres padre, si lo fueras entenderías mi desasosiego.
—Ya, mejor cambiemos de conversación, sabes que las paredes tienen oídos y no queremos que Fugaku sepa que estás al tanto de todo. El imbécil se cree el jefe de todos y tiene al servicio comprado.
—Es su casa después de todo, es normal que quiera tener ojos y oídos en todas partes. —Ella lo observó mejor y luego frunció el ceño— ¿Por qué estás tan desaliñado? —Preguntó reparando en su despeinado cabello y traje desarreglado.
—Por nada, es que me topé con una vieja amiga y nos pusimos a jugar. —Dijo con una sonrisa traviesa
—No cambias, pasan los años y sigues igual de incorregible. —Sonrió por primera vez desde su llegada— No quiero pensar lo que pasó por la mente de la pobre Hinata cuando te recibió en la entrada. Tu aspecto grita recién follado por todos lados. —La mujer se tapó los labios después de tan escandalosa expresión, a fin de cuentas ella era una dama y no estaba acostumbrada a decir esas palabrotas.
— ¡Oh vaya! Me vengo a enterar que conoces el significado de la palabra follar. Este es el fin del mundo. —Dijo con fingida sorpresa, ella le dio un golpecito en el hombro para que dejara de burlarse de ella y él simplemente sonrió—. Y con lo que pensaría tu pequeña nuera, ya está bastante grandecita para saber lo que sucede entre un hombre y una mujer cuando los gana la pasión.
Mikoto puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, mientras él le daba una sonrisa perversa, imaginándose lo que pensaría su hermanita si supiera que quien lo dejó en ese estado fue nada más y nada menos que la dulce y tierna princesita Hyūga.
Era un hecho cien por ciento comprobado, las apariencias siempre engañan, solo había que saber ver a través de ellas.
N/A: Chachachachan... y hasta aquí el día de hoy, repito lo del principio, discúlpenme si fui un poquito (demasiado) dura en algunas partes como en la que hablaba del niño de Sakura, nunca me referiría así de una persona con necesidades especiales, pero quería que quedara acorde al personaje que protagonizaba el capítulo. Hoy descubrimos varias cosas, Hinata no es tan santa como creíamos, oye que es la amante del tío del novio we, la sacó del estadio la muy muy xD (ustedes tipo "pobrecita" y yo riéndome de mis maldades).
Vimos cuando Madara conoció a Sakura y se la quiso you know, pero Itachi como un súper héroe la salvó, aunque claro, desencadenó el huracán que vino después (lo sé, soy mala :v).
Que Mikoto es otra víctima más de los engaños. Ella tiene una imagen equivocada de la pobre Sakura por culpa de su hermanito, ahora entienden por qué se pone así con nuestra prota.
Y por último el pequeñajo está vivo y bajo la protección de los Uchiha, pero también vieron que está discapacitado, ya luego sabrán por qué es así, aunque con todo lo que sufrió la madre durante el embarazo se estarán haciendo una idea.
Mátenme, acribillenme si quieren, sé que hago sufrir demasiado, pero así mi hermana me ama, así que ustedes ámenme también xD. Nahh mentira lo más que me pueden lanzar es un tomatazo.
Ando algo vivaracha hoy jajaja es el efecto de la visita mensual (o el jugo con azúcar que me tomé, o uno o lo otro), ya en un rato en lo que pase el efecto voy a odiarlos a todos... :v
Bueno, hasta aquí nos trajo el río hoy, espero no tardar demasiado para actualizar.
Besito pa' ti, besito pa' mí, besito pa' todos... chau chau
Lis :D
