Los personajes mencionados son propiedad de Masashi Kishimoto. Solamente la historia me pertenece.

Beta-reader: Lilia Sierralta.

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Delirios de un Pecador.

10.

Puntos finales.


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Y vendrán días, en los que el sol no salga, y las estrellas no brillen. Llegará el día, en el que solamente un hombre quede de pie, y no precisamente será el salvador.

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Deidara despertó con el sonido de las gotas de lluvia golpear contra la ventana. Eran pasadas las dos de la mañana según el reloj que reposaba en la mesa. Frunció el ceño al sentir una pesadez rodearlo. La mano de Sasori se apoyaba posesivamente alrededor de su cintura mientras éste dormía plácidamente sin problema alguno.

Observó el perfil del pelirrojo, Sasori no era una belleza excepcional, pero si tenía rasgos bien marcados y definidos. Y él había mentido, sí. Porque Sasori calzaba perfectamente con su tipo ideal, era un hombre reservado, con carácter de mierda, quizás, pero era tan profundo e interesante, que todas las campanitas de alerta que sonaban en su cabeza eran constantemente ignoradas.

—¿En dónde estabas? —Preguntó. Pero obviamente no obtuvo respuesta alguna. Suspiró mientras llevaba su mano izquierda a la cara del pelirrojo. Sasori tenía el ceño fruncido y se veía gracioso. —¿Estoy haciendo lo correcto? —Susurró con la voz apagada mientras se encargaba de hacer desaparecer aquellas líneas expresivas en la frente del pelirrojo. —Duermes tranquilamente. ¿Cómo puedes hacerlo? —Cuestionó mientras lo veía. Sasori simplemente escondió su rostro entre el cuello del rubio. —Eres un niño mimado. —Se burló para luego acomodarse de una forma más cómoda.

Todo está bien, Deidara. Pensó mientras veía nuevamente las gotas golpear contra la ventana. Él prometió que todo acabaría y vivirían tranquilos. Él lo cumplirá.

Pero inconscientemente se preguntaba que debía pasar para llegar hasta ese ansiado final feliz.

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Cuando Sasori despertó, eran pasada las nueve de la mañana. Deidara no se encontraba en la habitación. Se llevó las manos a la cara mientras bostezaba, su espalda dolía, y no le impresionaba, después de la caída que tuvo por culpa del forcejeo con Itachi, nada le quitaba de la mente que estaría con dolor por unos cuantos días más.

—¿Despertaste? —Preguntó Deidara mientras entraba en la habitación. Sasori asintió lentamente haciendo una mueca de dolor cuando se levantaba de la cama.

—¿Te duele algo? —Preguntó con preocupación al ver el gesto de dolor. Sasori se encogió de hombros restándole importancia.

—Me golpee en la espalda ayer en la noche. —Omitió completamente el motivo. Deidara asintió sin ganas de saber más sobre el asunto. —¿No tienes alguna crema que puedas aplicarme?

—Creo que sí. —Mencionó vagamente mientras avanzaba a la pequeña mesita de noche, de ésta sacó una crema humectante. —No sé si sirva. —Se encogió de hombros. —Pero ven, con un masaje debería doler menos. —Sasori asintió acercándose solo un poco al rubio. Deidara aplicó solo un poco de crema en la espalda del pelirrojo y este siseó al sentir el líquido frío.

—Es una tortura. —Susurró de repente. Deidara simplemente ignoró su comentario mientras se encargaba de desaparecer los nudos en la espalda de Sasori.

—Luego no te molestará. —Mencionó concentrado. — Sasori. —Llamó. El pelirrojo asintió dándole a entender que tenía toda su atención. —¿En dónde estabas anoche?

—Me fui de putas. —Mencionó entre risas. Deidara rodó los ojos.

—Yo también, de hecho, despedí al tío con el cual me involucré media hora antes de que llegaras.

—¿Sí? —Preguntó burlón el pelirrojo. —¿Lo llamaste por su nombre o fingiste que era yo? —Deidara se tensó y Sasori rompió en carcajadas.

—No es gracioso. —Susurró el rubio volviendo nuevamente a su labor.

—Pensé que lo era. —Sasori observó la pequeña habitación. Lo único que se veía de valor era la pequeña mesita en la cual Deidara había obtenido la crema. —¿Hiciste todo como te dije? —Preguntó. —¿Te aseguraste de que Braun encuentre un buen lugar en donde vivir?

—Sí. De hecho, creo que lo llevarán a la policía. —Sonrió. —¿No es irónico? El perro de un asesino ayudará a resolver crímenes.

—Supongo que es una de las tantas ironías. —Coincidió. —¿Conseguiste los pasaportes?

—Sí, eso también. —Mencionó. —Tu amigo se puso un poco raro al principio, pero me los dio sin problema alguno. —Susurró masajeando muy cerca del cuello. Sasori jadeó al percibir un pequeño corrientazo recorrerle la espina dorsal.

—Solo faltan los puntos finales. ¿No? —Mencionó tranquilamente mientras jugaba con la sabana. —Dios, Deidara, ¡tus manos son la gloria! —Exclamó bajito. Deidara rió ante el comentario.

—Estabas muy tenso, creo que ahora te sientes mejor. —Sasori se levantó rápidamente. Deidara lo observó en silencio mientras el pelirrojo jugaba con un mechón rubio que sobresalía del peinado que siempre llevaba. —¿Tendremos un final feliz, Sasori? —Cuestionó con dudas. —Después de hoy, ¿regresarás sano y salvo? —Sasori observó fijamente aquellos orbes azules que lo miraban con temor. Su mano dejó una efímera caricia en el rostro de Deidara antes de alejarse completamente.

—¿Confías en mí? —Preguntó seriamente. Deidara no dudó en ningún momento y asintió. Sasori sonrió levemente antes de observar algún punto vacío en la habitación. —Entonces solo quédate tranquilo. —Susurró.

—La última vez... —Susurró el rubio. —¿Recuerdas? —Sasori lo observó sin entender. —Estuvimos hablando, tú me dabas a elegir un número y yo... —Sasori llevó un dedo a su boca haciendo que callara.

—Ya pasó. —Le guiñó el ojo. —Tenías que aprovechar, Deidara. —Sonrió genuinamente. El rubio bufó indignado mientras se separaba y salía de la habitación.

—¿Por qué te molestas? —Gritó el pelirrojo siguiéndolo. Deidara se detuvo en la cocina mientras abría una bolsa de comida rápida. Sin preguntar tomó asiento en la pequeña mesa y se acercó a uno de los lonches. Deidara sonrió al verlo concentrado en comer.

—Pensé que éramos amigos. —Gruñó.

—¡Lo somos! —Exclamó. —Pero esa oferta era por tiempo limitado. —Rió en voz baja mientras mordía el sándwich de pollo y jamón. —¿Qué vas a hacer con este apartamento cuando nos vayamos? ¿Qué tanto sabe Ino?

—Para ella, estoy de viaje en Inglaterra. —Se encogió de hombros. —Según ella, la última vez que me vio, fue en el aeropuerto.

—¿Cuándo fue eso? —Preguntó con el ceño fruncido.

—Ayer nos vimos, ella me comentó que también se irá, regresa a Japón. —Mencionó vagamente. —Yo le dije que no trabajaba más para ti, incluso llamé a Sakura. —Susurró. Sasori escuchó atentamente. —Nos despedimos, pero luego la llamé diciéndole que me iba del país, ella pensó que era porque estaba huyendo de mi tío.

—O sea, ya no estás aquí ni tienes relación alguna conmigo según Ino.

—Exactamente. —Asintió el rubio. —Hasta hoy podemos quedarnos aquí. —Señaló. —Lo vendí con los pocos muebles que tiene, supongo que desde hoy ya no estaremos más aquí. ¿O me equivoco?

—Para nada. —Sonrió. —Después de hoy empezamos una nueva vida.

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Sasuke estaba nervioso, no sabía por qué, pero una extraña sensación de incertidumbre lo rodeaba y perseguía desde la noche pasada. Había llamado a Itachi más de seis veces y ninguna llamada había sido respondida, supuso que por la lluvia y la poca señal que había en aquel almacén, sería difícil para su hermano responder el teléfono.

Sarada caminaba lentamente por la sala llevando unos pequeños juguetes hacia él.

—Pa-pá. —Llamó la pequeña con su pequeña e infantil voz. Sasuke no pudo evitar sonreír cuando la pequeña pelinegra de diez meses, —casi once. — Le ofrecía un tomate de plástico.

—¿Eres cocinera, Sarada? —Preguntó. La pequeña hizo un gracioso mohín antes de mover su cabecita en forma afirmativa. Sasuke sabía que ella no le entendía en absoluto, pero era gracioso ver como daba pasos de aquí para allá jugando con sus ingredientes de plástico.

—¿A qué hora regresas hoy, Sasuke-kun? —La voz de Sakura lo sacó de su embrujo.

—No sé. —Mencionó sinceramente. —Es una redada, no sabemos que tanto pueda tomarnos.

Sakura no sabía nada sobre el plan de captura de Sasori, Sasuke se sintió mal al mentirle a su esposa, pero sabía que ella se negaría a dejarlo ir.

Lo siento Sakura, es por el bien de nuestra familia. Pensó viéndola sonreír mientras Sarada movía las zanahorias y las colocaba en la cara de su esposa.

—¿Qué te parece si nos vamos de viaje en unas semanas? —A Sakura le brillaron los ojos ante esa mención. No tardó mucho en lanzarse encima de su esposo y depositar miles de besos por toda su cara.

—¿A dónde quieres ir? —Preguntó ilusionada mientras sus ojos brillaban de emoción.

—Podemos ir a JeJu. En Corea. ¿No te parece bien? —Sakura lo meditó un momento antes de asentir.

—Quizás podemos pasar por Tokio. —Lo vio esperanzada. Sasuke asintió con una pequeña sonrisa mientras bajaba su mirada a los labios de su esposa.

Una súplica silenciosa que fue correspondida casi al instante.

—Te amo. —Susurró ella mientras sonreía en medio del beso. —Te amo, Sasuke-kun.

—Yo también te amo, Sakura. —Susurró mordiendo levemente el labio inferior de su esposa. —Todo lo que hago es por nosotros. Lo sabes, ¿verdad? —La vio fijamente. Sakura asintió mientras depositaba pequeños besos en los labios de su esposo.

—Hagas lo que hagas, solo prométeme que volverás. —Lo vio intensamente. Sasuke asintió dejándose llevar por el cariño de su esposa. Sarada siguió jugando en completo silencio en la sala de aquel apartamento.

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Naruto observó en silencio la lápida al frente de él.

Hinata Hyuga.

1992 –2017.

Oh, ¡Precioso ángel!

Que diste luz a quienes amaste, y volcaste tu desprecio para quienes fueron condescendientes contigo.

Descansa en el reino que tú mismo forjaste.

Suspira entre delirios.

Y perece entre las sombras del destino marchito que sembraste.

—¿Estarás feliz en donde quieras que estés? —Preguntó al vació mientras cambiaba las flores marchitas. —Hace unos días vi a Hanabi. —Sonrió. —Se parece un poco a ti. —Se encogió de hombros. —Lo está haciendo bien con todo lo que tú y Neji dejaron. —Susurró. —Es una buena administradora. —Suspiró pesadamente. —Hoy acaba todo, pero ya deberías saberlo. ¿verdad? —Sonrió. —Hoy por fin él desaparecerá de nuestras vidas, su reino de terror acabará y él podrá ir contigo. ¿No es eso bueno, Hinata? —Susurró viendo la lápida fijamente. —¿Lo amaste más a él que a mí? —Preguntó con la voz rota mientras arrancaba pequeños montecitos del suelo. — ¿Fuiste feliz conmigo? —Preguntó en un susurro. —Supongo que eso ya no importa, tú no estás más, no volverás a casa, pero quiero que sepas, que a pesar de todo; te sigo amando. —Confesó con la voz rota. —¡Y me odio! —exclamó con la voz rota. —Me odio por seguir teniendo este sentimiento vivo en mí. —Te amo, Hinata, y estoy cerrando este círculo vicioso. —Sonrió. —Te superaré, incluso si duele. —Mencionó levantándose. —Hoy se cierra el ciclo por fin.

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Frío.

Hacía frío en aquel lugar.

El azabache observó todo con miedo. La tierra mojada, sus manos apresadas. ¡Él estaba vivo! Trató de soltar sus manos, pero esta vez ya no había ningún hilo suelto del cual poder sacar ventaja, el cielo poco a poco empezaba a oscurecerse mientras que la brisa pegaba fuertemente contra él. Unos pasos se escucharon en el fondo, divisó a lo lejos a Sasori vestido completamente de negro, su cabello rojo estaba cubierto por un pasamontaña, su boca cubierta por una mascarilla negra y sus ojos fríamente marrones chocaron con los negros onix.

Vaya, al fin despiertas. —Susurró burlón. —Llegué a pensar que de verdad te había matado. —Mencionó despreocupadamente mientras arrastraba una silla y la ponía al frente de él. Itachi fue bruscamente volteado en el piso quedando boca arriba. El pelinegro intentó decir algo, pero su boca estaba seca. Sasori lo observó en silencio mientras tomaba asiento y reposaba sus piernas en el estómago del pelinegro. —No me veas así, en tu estado, esto es lo más útil que puedes hacer. —Sonrió burlón. —Deberías agradecerme por no matarte. ¿Sabes? Pero pensé, necesito un botín preciado para que no me maten en lo que entren por esa puerta. —señaló hacia el frente.

—Vas a morir. —Consiguió decir mientras veía al pelirrojo. Sasori no le tomó importancia a su comentario.

—Lo mismo pensaste tú ayer sobre ti, pero mírate, te veo vivo, no en tus cinco sentidos, pero por lo menos tu corazón sigue latiendo. ¿no? —Preguntó con desdén. —Además, ¿quién dice que no tengo un plan bien escondido bajo la manga? —Le guiñó el ojo divertido ante su comentario.

Se escucharon algunos pasos afuera, Itachi se tensó al escuchar la voz de Kakashi, Naruto y Sasuke. La puerta improvisada cayó al piso y con pasos fuertes los tres hombres entraron el almacén.

Sasori se relamió los labios, ansioso. Con una sonrisita cínica, presionó sus botas fuertemente en el estómago de Itachi haciendo chillar por el dolor.

—Sorpresa, y ¡Bienvenidos sean! —Exclamó eufórico. — ¿Estamos listos?

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Fin del capítulo n10.


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¡Llegué!

#Aleluya.

#RobandoInternet.

#ESTOVAATERMINAR.

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Bienvenidos sean a los dos últimos capítulos de la historia, tengo que decir que el capítulo final es el número 11 y el 12, es un epílogo.

Itachi no murió, Itachi estaba de parranda jajaja.

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¿Qué pasará ahora?

¿Quién ganará este encuentro?

¿Quién regresa a casa sano y salvo?

Eso lo sabrán en el capítulo 11.

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Muchas gracias por seguir la historia, por comentar y por el apoyo.

¡Muchisimas gracias por leer!

Lamento cualquier error, es una capítulo sin edición porque robé wifi y mi beta no estaba disponible :'c

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Si el capítulo les gustó, no se vayan sin dejar su reviews, los reviews alegran al autor.!

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Muchas gracias por leer x2

Nos leemos pronto.

—Rosse Schäfer.