Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero me tomé el atrevimiento de jugar un rato con ellos y agregar otros personajes de mi imaginación.

Puede haber escenas subidas de tono, así que si eres menor de 18 "NO" te recomiendo seguir leyendo. No me hago responsable.

Quiero agradecer a todas las que leen, y a las chicas que me tienen entre sus favoritos y alertas.

Melania, pera l.t. Eglee, Doc, gracias por leer, comentar y seguir apoyando esta locura. Eso me llena de ánimos para continuar.

Gracias a mi pre lectora y beta Wanda.

Sin más cháchara, aquí el penúltimo capi… En el próximo terminamos.


Ya no estarás sola

Capítulo 9

Síndrome de Couvade

"Tomar la decisión de tener un hijo es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo". Elisabeth Stone

POV Edward.

Me seguía sintiendo enfermo, tendría que llamar a Jake y decirle que me hiciera un chequeo, estaba de nuevo con náuseas y mareos, algo me había caído mal o estaba incubando algún virus, ya tenía dos semanas en ese estado, pero le había dado largas pensando en que en un par de días se me pasaría.

Me decidí y lo llamé a su móvil, lo tenía apagado. Ya había marcado su número cinco veces saltando siempre a la contestadora, no tuve opción y le dejé un mensaje…

—¡Joder!, puedes dejar de tener tus dedos metidos en algún coño y contestar el puto teléfono—Colgué.

A la media hora sonó mi móvil, era Jake.

—Hola, ya era hora.

—Se puede saber ¿Por qué te expresas así? Edward ¡Joder! es mi trabajo soy ginecólogo y obstetra, solo te pido un poco de respeto para mi profesión—Resoplaba, estaba cabreado.

—Haber cuéntame ¿Cuántas pacientes has tenido hoy?

—Catorce.

—Jake, son las cinco de la tarde ¿Y tú has visto catorce coños?, y yo tengo dos semanas si oler ni uno, eres un puto suertudo—Solté la carcajada.

A él le molestaba y yo no podía dejar de bromear sobre el asunto, Jake vería más coños en su vida, que todos los hombres del mundo juntos.

—Sabes que no es para nada gracioso, no entiendo como puedes estar tan risueño ¿Eso significa que ya estás bien? ¿Ya pudiste resolver todo?

—Ni lo uno, ni lo otro, veo que, Alice te puso al tanto del asunto. Lo que pasa es que me divierto molestándote, aunque no quiera tengo que tratar de mantenerme sereno, porque de lo contrario, te aseguro que colapsaría, estoy haciendo lo posible por comunicarme con Isabella. Aun no lo entiendo Jake, pero si ella se fue y no quiere más nada conmigo pues ni modo, en cuanto cure mis heridas saldré de nuevo al ruedo de eso estoy completamente seguro.

—A ver, ha pasado solo una semana ¿Ya te das por vencido?

—No, aun tengo esperanzas, sabes que no me doy por vencido tan fácilmente, más que estoy muy claro en lo que deseo con Bella, pero la situación de que haya desaparecido, no quiera hablar conmigo, prácticamente este renuente a recibir mis llamadas y escuchar explicaciones, me tiene muy cabreado, dolido y angustiado en partes iguales. No quiero que la situación me supere.

—Te entiendo bro, pero tendrás que darle un tiempo, Isabella también debe estar muy molesta y dolida, igual que tu, por como sucedió todo ¿No crees?

—Sí, obviamente tenemos muchas cosas que explicarnos, en fin, pero el motivo real de mi llamada es porque he estado sintiéndome mal.

—¿Qué tan mal?

—Mareos, nauseas, dolor de cabeza y dolor abdominal, creo que tengo algún virus.

—¿Dónde estás metiendo tu polla?

—¿Qué me quieres decir con eso?

—¡Nada idiota! ¿Nos vemos luego para tomarnos algo?, así podemos continuar esta conversación, me quedan algunas pacientes por atender.

Mientras hablaba con Jake, escuché el pitido de llamada en espera, me aparte el móvil de la oreja para ver quién era, Alice, al terminar con Jake le devolvería la llamada.

—La verdad prefiero quedarme en casa, como te dije no me siento bien.

—Te veo mañana a las siete, ven en ayunas par.a hacerte unos análisis.

—Vale nos vemos mañana—Colgué.

.

.

Mi ego estaba mal trecho y no tenía ganas de hacer nada, aunque Jake me había invitado a tomar algo, le dije que no, así que decidí marcharme a casa.

¿Que había malo conmigo?, no es que yo hubiese sido un santo, pero primero soy traicionado por Heidy, luego Ángela se enamora y ahora Isabella desaparecía. Mañana sería mi cumpleaños y la pasaría solo.

¡Jodida mierda!, y yo que pensaba pasármela de lujo todo el fin de semana en mi casa regodeándome con mi mujer y sobre todo que mi familia la llenara de atenciones.

Martha estaba literalmente enamorada de Bella, desde hace un par de meses, mi nana, me dejaba en casa Pie de manzana para el fin de semana, con una notita "Para Isabella" o le preparaba tarta de fresas, su preferida. Hasta me daban celos. Yo también quería una, pero de chocolate. Y Alice estaba encantada. Iba tan absorto en mis pensamientos que en un instante estaba bajándome de mi auto ya estacionado.

Pulsé en mi móvil para llamar a mi monstro personal.

—Hola, Edward.

—Hola, monstro ¿Cómo estás?

—Perfecta ¿Estás en casa?

—Sí.

—Bien voy para allá, Edward.

—¿En cuánto estas aquí?

—Veinte minutos ¿Por qué?

—Quiero ir a comprar algo.

—¿Tienes hambre, que quieres que te lleve?

—No, solo quiero helado.

—Ok, a mi me puedes comprar uno de Creme Bruleé ¿Por favor?—Rogó emocionada.

—Sin problema, nos vemos luego.

Colgué, guardé mi móvil en el bolsillo de mi vaquero y salí.

Entré al supermercado, fui directo a las neveras de helado, tenía ganas de chocolate, ¡Joder!, mucho chocolate. Puse un envase grande de chocolate y otro de Creme Bruleé para Alice, me fui al área de galletas y agarré dos paquetes de Oreo, al pagar, del estante adjunto a la caja, agarré dos Snikers y un Toblerone.

Mierda de seguro luego tendría un empache estomacal. Y el diagnostico que me daría Jake, sería que tendría lombrices.

Al regresar al edificio ya Alice entraba al estacionamiento.

—Espérame aquí, aparco y regreso—Gritó por la ventanilla.

Venía con una sonrisa de comercial de dentífrico.

—Hola, hermanito—Me abrazo y me dio un beso.

—¿Recién follada, Alice?

—¡Respeta, serás ordinario! ¿Acaso una no puede estar feliz?

—Claro que si, vamos andando y me cuentas que es lo que te tiene así.

—Simplemente que hoy he conocido a Isabella, la futura madre de tus hijos.

Mi quijada llegó al suelo.

—¿Qué coño me estás diciendo?

—Lo que acabas de escuchar. Pero vamos que el cuento es largo, me quiero sentar a comer ese helado—Decía y señalaba la bolsa que tenía en mis manos—Tengo la boca echa agua.

Subimos y al entrar al departamento nos sentamos directamente en las bancas de la cocina, Alice sacaba los helados de la bolsa mientras yo rebuscaba en la gaveta por unas cucharas y dos tazones.

—Desembucha—Le dije mientras le lanzaba un par de galletas a mi helado y comenzaba a comer.

—Bueno, recuerdas que Emmett nos dijo que, Rose e Isabella, hoy tendrían un día de chicas ¿Cierto?

Asentí.

—Pues yo me colé.

—Explícate.

—Me fui temprano, me estacioné afuera de su casa, esperé a que salieran y las seguí.

—Estás loca, Alice—¿Por qué coño no se me había ocurrido eso a mí? —¿Quiere decir que Isabella si está con ellos?

—No, ella llegó a pie y después las vi salir a ambas en un auto. Bueno, el asunto es que las seguí hasta una inmobiliaria, luego fueron a ver varios locales—Hablaba entre bocados, mientras disfrutaba de su helado.

—¿Eso es todo?

—Espérate que ahora viene lo mejor. Se fueron al centro comercial y entraron a una tienda de ropa prenatal. Obviamente yo me puse a escoger unas cositas para mi hermosura, disimulando y acercándome a ellas para entablar una conversación.

—¿Rose está embarazada?

—No, bueno la cosa es que me desmayé.

—¿Te desmayaste y lo dices tan tranquila?

—Me desmayé de mentiras, Edward. Les dije que solo necesitaba algo dulce y me fui con ellas a comer, ahora somos amigas, le voy a alquilar el estudio que tengo para que Bella ponga su academia.

—Espera, espera, vas muy rápido. ¿Son amigas dices? ¿Bella va a montar una academia en tu estudio?

—Edward, ¿Por qué coño repites lo que te digo, eres idiota?

Si definitivamente tenía mi mejor cara de idiota, Alice la había visto, la había encontrado para mí, me paré, la abracé y comencé a llenarla de besos. ¿Cómo no se me había ocurrido eso?, era de lógica, pero claro yo había quedado con Emmett.

—Alice, gracias, gracias, gracias. ¿Cómo está? ¿Qué te pareció? ¿Verdad que es hermosa? ¿Cuándo la vez de nuevo?

—¡Vamos con calma vaquero!, yo la vi perfectamente bien, me pareció una chica fantástica y si, es hermosa, tengo que hablar con Jenkins para que redacte el contrato de arrendamiento y quedamos la próxima semana, ya vio el local y le gustó, lo mejor es que esta cerca de C&M—Suspiró—Tus hijos van a ser hermosos, Edward—Dijo eso y volvió a suspirar.

—¡Vas a seguir con la vaina de los hijos!, ella no quiere saber nada de mí. Ya sabía yo que esta era una jodida mala idea. Espero que no le hayas hablado a Bella de bebés ni de matrimonio, ni nada por el estilo— ¡Joder!, ahora estaba más preocupado—¿Cómo se tomó el hecho de que eres mi hermana?

—Ella no sabe que soy tu hermana, Edward. Confía en mí, sé lo que te digo. Y por primera vez en mi jodida vida me alegro de llamarme Marie y haber adoptado mi apellido de casada. Bueno me voy, estoy realmente agotada, aun me falta pasar por Nella, nos vemos mañana.

—Sigo pensando que esta es una mala idea, Alice pero lo importante es que ella está bien ¿No?, no me puedes dejar así—Le decía mientras veía como lavaba sus manos y disponía irse.

—Pues confórmate que todo va a mejorar, ya quita esa cara de preocupación, confía en mí. Edward eres mi hermano, estoy tan orgullosa de ti, todo va a estar bien, créeme. Déjate el jodido cabello que vas a quedar calvo.

—Gracias, yo mañana voy donde Jake, a primera hora, no creo que pase por la oficina, así que por favor cualquier cosa me llamas al móvil.

—¿Y eso?

—Me van a realizar unos análisis de rutina. Me sigo sintiendo mal y quiero saber qué es lo que está pasando conmigo.

—No te preocupes que eso te debe pasar en un par de meses—Dijo dándome unas palmaditas en la espalda, me besó y se fue a la sala.

—Si claro ¿Ahora también eres médico?—Le grité.

—Confía en mí. Termínate el helado y acuéstate, seguro que mañana lo dejas todo en el wáter—Y sin más salió por la puerta.

Me quedé con una sonrisa permanente en mis labios mientras terminaba mi helado con trocitos de galletas, intercalándolo con mordiscos a mi Toblerone.

¡Dios la tendría más cerca de lo que hubiese imaginado!, ahora lo que tenía que hacer era convencerla de vernos y hablar. Isabella se había instalado en New York, no podía creer como cambiaban los hilos del destino. Sin duda, todo mejoraría, ahora estaba completamente seguro de ello.

Esa noche dormí como no lo había hecho en una semana.

.

.

Me levanté más temprano que de costumbre, dejando mi delicioso helado en el wáter, definitivamente Alice era medio bruja. Me di una ducha, me puse unos vaqueros cómodos y una camiseta, era mi cumpleaños, hoy no iría a trabajar, la verdad no estaba de ánimos para felicitaciones, sin embargo, mi humor había cambiado considerablemente.

Me iba directo al consultorio de Jake, aunque su especialidad era la ginecología y la obstetricia, era mi médico, mi mejor amigo, tenía mucha confianza en él y cualquier anomalía simplemente me remitiría al especialista indicado. Decidí irme en taxi, así mareado como andaba últimamente no quería manejar. En treinta minutos estaba en la puerta del Memorial Hospital de NY.

Subí al segundo piso al consultorio del Dr. Jacob Black, saludé a Eyrim su asistente. La sala de espera estaba llena de parejas, hombres sonrientes y unas mujeres en avanzado estado de gestación.

—Buenos días, Eyrim.

—Buenos días señor Cullen, el doctor lo va a atender en veinte minutos aproximadamente, ahora está con una paciente. Pero puede subir al piso tres, tome el pasillo de la derecha y al final se encuentra el laboratorio, esta orden es para que le extraigan una muestra de sangre así vamos adelantando—Me dijo entregándome unos papeles—Luego regrese para que el doctor lo chequee.

—Perfecto, voy y vuelvo—Los tomé y me dirigí a las escaleras.

Todas las parejas me veían, mientras Eyrim sonreía ¿Qué estarían pensando? ¿Quizás que era la pareja de Jake? Sonreí por mi chiste privado. Le comentaría que sus pacientes pensaban que él era gay.

Luego de que tomaran mi muestra bajé nuevamente y media hora después, Eyrim me hizo pasar.

—Creo que tus pacientes creen que eres gay—Le dije sonriendo y tendiendo su mano—Se quedaron viéndome muy sonrientes cuando entré. Deben creer que soy tu pareja.

—¡Claro idiota y tu eres la mujer!, seguramente piensan que te estás haciendo pruebas de fertilidad. A ver quítate la camiseta. Espera, antes de que lo hagas, feliz cumpleaños—Dijo abrazándome y dándome unas palmadas en la espalda.

—Guevón ¿Temes que entre tu secretaria y te vea abrazándome y yo sin camisa? —Solté una enorme carcajada.

—Ya basta, Edward ¿Ahora puedes hacerme el favor de comportarte de una jodida vez? —Decía mientras comenzaba a chequearme—Te conozco y sé que esas idioteces son para protegerte, a mi no me engañas. Siempre que estas mal tratas de disimular y poner tu coraza de aparente felicidad.

Qué bien me conocía, por algo era mi mejor amigo.

—Lo sé, contigo no tengo que disimular, ni aparentar que estoy bien, pero tampoco voy a estar todo el jodido día lamentándome ¿No crees?

—Abre la boca. Si te entiendo, pero también veo lo afectado que estas.

—Aaaawwwww—Abrí la boca como me indicaba.

—¿Desde cuándo te sientes así? —Preguntaba mientras revisaba mis ojos, mis oídos y chequeaba mis signos vitales.

—Hace un par de semanas más o menos. Y los gemelos ¿Cómo están? ¿Y Em?

—Respira profundo. Ellos están excelentes, cada día estoy más enamorado de mis hijos, son geniales, apartando los pañales, las pocas horas de sueño, el llanto ¡Joder!, a veces parece que se ponen de acuerdo para llorar a la vez, pero del resto, Em y yo nos estamos apañando bien.

—Me alegro mucho, bro.

Después de chequearme y tomar varias anotaciones llamó al laboratorio para pedir los resultados de la muestra de sangre.

—Edward, tus valores están dentro de los parámetros normales, las plaquetas están en el nivel correcto, quiere decir que lo que tienes no es viral, tu presión arterial está perfecta y pupilas, oídos y garganta sin ninguna anomalía visible. Ahora, en referencia a tus dolores de cabeza, me dices que ha sido solo un par de veces, así que lo puedo atribuir al grado de estrés en el que te has visto involucrado esta semana. Por último, las nauseas, son las que provocan tu dolor abdominal, el cual pude palpar que está algo inflamado.

—Entonces ¿Qué es lo que tengo?

—Síndrome de Couvade.

—¿Qué coño es eso?

—Que estas preñado—Diciendo esto se partió en carcajadas.

—No te burles de mi, Jake. No es nada gracioso lo que me estás diciendo.

Después de calmarse continúo hablando.

—Acuérdate de que soy obstetra y tú no serias el primer caso que haya visto. Un treinta por ciento de los padres sufren el síndrome de Couvade, sintiendo que ellos también están embarazados. Se manifiesta en el hombre con la aparición de los síntomas del embarazo propios de su mujer ¿Tus nauseas se presenta solo en las mañanas?

—Si—Le dije recordando la desagradable situación que había tenido esa misma mañana antes de salir de casa.

—¿Antojos de comer algo en particular?

—Quería comer helado de chocolate, con galletas de chocolate y para completar trocitos de Snikers y Toblerone.

—Guevon, menos mal que lo vomitas, porque después de esto estarás como una vaca—Continuaba riéndose—Anoche me llamó Alice, así que ya tenía un posible diagnostico, sin embargo, quería chequearte para salir de dudas.

¡Y yo estaba en shock! ¿Sería posible?, no podía salir de mi asombro y recordé el comentario de Alice: "Se fueron al centro comercial y entraron a una tienda de ropa prenatal"

¡Por todo lo sagrado!

Pasé las manos por mi cabello.

¡Mierda!

—¿Voy a ser papá?, no es posible, Alice lo sabía y no me dijo nada anoche —Susurré.

—Pues eso creo, si no se han protegido, es lo más probable, bro ¿Por qué no crees que sea eso posible?

—Isabella, se estaba protegiendo. Desde un principio dejé eso en sus manos, luego no volvimos a tocar el tema. La sensibilidad no es la misma con preservativos, lo sabes, así que me confié.

—Bueno pudo fallar en la píldora, si era eso lo que ella estaba usando—Continuaba riéndose.

—¿Pero esto es real? es decir ¿De verdad los hombres nos podemos sentir así por un embarazo? no es que esté dudando de tus conocimientos y de tus capacidades, pero ¿No me estas jodiendo?, yo creo que es una indigestión.

—Aquí el médico ¿Eres tu o soy yo? Edward, te estoy hablando muy en serio, esta indigestión durara un par de meses, lamentablemente para esos malestares no tenemos una cura, lo que te puedo decir es que irán pasando poco a poco. Sin embargo, te voy a recetar algo para las nauseas matutinas—Me hablaba y continuaba escribiendo—Recuerdas mis constantes dolores de muelas ¡Joder!, no hay nada peor que eso, te lo puedo asegurar.

Me despedí de Jake y me regresé a casa, llamaría a Alice, tenía que encontrar una manera de hablar con Bella.

.

.

Al llegar a casa encontré a Heidy parada en mi puerta ¡Joder esta mujer no tenia amor propio!

—Hola, cielo vine a darte tu feliz cumpleaños.

—¿Cómo sabias que estaría aquí?

—Llamé a tu secretaria y le dije que tenía que entregarte unos documentos urgentes.

¡Joder!, tendría que hablar muy seriamente con Carmen. No podía estarle dando mis coordenadas a todo el mundo y menos a Heidy.

—¿Ahora qué quieres?

—No seas grosero, vamos a divertirnos, Eddy como en los viejos tiempos ¿Te acuerdas?

—No, la verdad es que tengo recuerdos recientes más agradables, te lo aseguro.

—No lo dices en serio, además veo que se repite la historia, Edward.

—¿Qué quieres decir?

—Vamos no te hagas el tonto. La tal Isabella, está esperando un hijo y no es tuyo ¿O me equivoco?

—¿Qué sabes tú de eso?, no creo que tengas la moral suficiente para criticarla, Isabella no es como tú, no te voy a permitir que hables mal de ella—Me estaba cabreando.

¡Maldición! ¿Cómo Heidy sabía de su embarazo?, ella la había visto y yo no podía ubicarla.

—Pues que te dejó por otro, se enamoró de otro hombre, eso es lo único que sé y que está esperando un hijo, por eso se alejó de ti.

—No puedes asegurarlo ¿A dónde la viste?

—Estaba a dos cuadras de mi casa.

— No sabes lo que estás diciendo, Heidy, ten un poco de amor propio, déjame en paz, ya me cansé de ti ¿Sabes qué?, es mejor que ya te alejes definitivamente o voy a tener que denunciarte, que te impongan una orden de alejamiento—Ahora sí que estaba cabreado— Quien sabe por cuánto tiempo me engañaste y aun sigues insistiendo. La verdad que poca vergüenza tienes—Dije mientras abría la puerta de mi departamento y la cerraba frente a sus narices.

—Edward, abre la jodida puerta, no me puedes tratar así, Eddy yo te amo—Continuo gritando y golpeando la puerta por un rato hasta que se cansó y se fue.

¡Jodida loca!

Entré, fui directo a la nevera por una botella de agua, sentándome al lado del ventanal de la cocina y encendiendo un cigarro. Me puse los cascos de mi Ipod y active la música en forma aleatoria.

¿Cómo Isabella podía estar embarazada si ella no quería familia?, estaba confundido, aun recordaba la conversación que tuvimos hace meses: "yo no quiero tener a más nadie a mi lado al que ame y muera, no lo soportaría". Estaba teniendo una epifanía, yo la había mal interpretado, ella si quería familia pero tenía miedo a perderlos, eso significaría volver a sentir ese dolor.

Tanto tiempo desperdiciado, creyendo que ella no quería tener familia, que si le hablaba de amor saldría huyendo, pero ¿Por qué alejarse?, si ahora es que deberíamos estar más unidos, no entendía nada.

¡Claro me vio con Angy!

Heidy dijo que Isabella me dejó por otro, "se enamoró de otro hombre, eso es lo único que sé y que está esperando un hijo, por eso se alejó de ti". Que carajos podría saber ella, aun después de tantos años y seguía intentando dañar cualquier relación que tuviese con alguna mujer ¿Esa sería la razón por la que desapareció? No podía creer que Isabella me hiciera eso, no ella.

Tenía que verla así tuviese que acampar fuera de la casa de Rose toda una jodida semana o el resto que me quedara de vida. Heidy la había visto, quiere decir que si no vivía con Rose, vivía cerca, podría asegurar que Bella vivía en Upper East Side.

Ayer, después de comer con Emmett, le había comprado un regalo y le envié un ramo de rosas azules a la casa de Rose, a nombre de "Mi Hermosa Swan" seguramente ya le habrían avisado. El regalo se lo daría personalmente.

Hoy le enviaría otro. La llenaría de rosas hasta que aceptara hablar conmigo. Llamé a la floristería y ordené otro más grande que el de ayer pero de rosas rojas, "Mi Hermosa Swan, te extraño, devuélveme mi vida" y pedí que agregaran un adicional. Esperaba no meter la pata.

Después de hacer mi pedido fui hasta el mini-bar, me serví un trago, eran las doce del medio día, que importaba era mi cumpleaños.

¡Joder!, la botella estaba casi vacía, tendría que bajar a comprar.

—Para luego es tarde—Tomé las llaves de mi departamento y salí, tendría que abastecerme para este fin de semana con unas botellas y unos paquetes de Marlboro. Tenía motivos para celebrar, no solo era mi cumpleaños, celebraría que iba ser papá.


POV Bella

Había pasado una semana y mi tristeza no menguaba, hoy había quedado con Rose para salir un rato y ver algunos locales para ubicar la academia, luego nos iríamos de compas, tal vez distrayendo mi mente olvidaría por un momento todo por lo que estaba pasando.

Salimos directo a una inmobiliaria y de allí vimos cuatro locales. Uno era muy grande, otro muy pequeño, el tercero que era el que más me había gustado, había que realizar una gran inversión en remodelarlo y el último demasiado costoso por la zona exclusiva donde se encontraba. Esto se estaba poniendo un poco tedioso.

—Vámonos al centro comercial, la próxima semana saldremos de nuevo—Me dijo Rose con una enorme sonrisa—Igual, tenemos tiempo de sobra, ahora que me di un año sabático.

—¿De verdad te vas a dar un año?, pensé que estabas bromeando.

—Tal vez, no sea un año como tal. Creo que por ahora estamos bien así, Emmett tiene demasiadas practicas en este momento, me dice que llega muy cansado y necesita mimos—Decía con una enorme sonrisa en sus labios—Además desde que me gradué no he tenido un descanso, así que éste es muy merecido, tendré tiempo suficiente para ayudarte con lo de la academia.

—Creí que considerarías la propuesta que Edward te hizo hace un par de meses.

—Si definitivamente es la mejor propuesta que podría hacerme, pero le pedí unos meses antes de decidirme. Aunque ahora no sé si sería buena idea tenerlo tan cerca.

—Por mí no te preocupes, Rose lo sabes.

—Bien ahora compremos algo lindo para mi sobrino o sobrina.

Llegamos al centro comercial y fuimos directamente a una tienda prenatal. Dios, habían cosas tan hermosas, pero en principio me decidiría por cositas unisex, ya que aun no sabía el sexo de mi bebé. Compré unas camisetas pre-mamá para mí, ya mi ropa me estaba quedando realmente ajustada. Rose se empeñó en comprar una cunita toda blanca, alegando que serviría fuese el sexo que fuese.

También tenía que encontrar un obstetra. Llamaría a Emily la próxima semana para que me recomendara alguno conocido.

Estaba viendo unas sabanitas cuando sentí que alguien me tropezaba.

—Disculpa, estoy algo mareada—Le escuché decir cuando me voltee para encararla. Era una chica y se le notaba una pequeña barriguita más grande que la mía.

—Cuidado te vas a caer—Diciéndole esto la sostuve, se veía mal— ¿Te sientes mal? ¡Rose! —Grité, mi amiga se había quedado viendo unos coches.

—Estoy mareada.

—¿Qué sucede? —Preguntó Rose asustada.

—La chica, esta mareada. Vamos a que te sientes un rato.

—Gracias, no se preocupen, como algo dulce y se me pasa, aun no he almorzado—Decía mientras la ayudábamos a sentarse en una silla.

—Nosotras tampoco, ya estoy muerta de hambre ¿Bella que te parece si vamos a comer algo?, luego regresamos.

—Sí, me parece bien.

—¿Puedo acompañarlas?, disculpen mi indiscreción, pero no me gusta comer sola—Decía apenada—Mi esposo quedó en que me acompañaría, pero se le presentó algo de última hora en el trabajo.

—Claro, no hay problema, tendremos una nueva amiga. Mi nombre es Rose y ella es mi amiga Bella.

—Mucho gusto, Marie.

—Un placer, Marie ¿De cuánto tiempo estas?

—Estoy en dieciocho semanas y ¿tú?

Me quedé sorprendida a mí a penas se me notaba.

—¿Cómo sabes?

—Bueno, no es tan difícil darse cuenta, por la cara que tenias cuando estabas comprando, además de cómo acariciabas tu barriguita de vez en cuando. Discúlpame soy un poco observadora, no lo pude evitar, es hermoso verle la cara a las madres ¿Es el primero?

—Así es. Y estoy sobre las diez semanas.

—Este es mi segundo, es varón. Y tengo una princesa que va a cumplir seis el próximo mes. Mi esposo está feliz—Decía mientras caminábamos hasta la feria de comida—Imagino que el tuyo estará igual

—Soy madre soltera—Le dije con tristeza, no sé porque esta chica me inspiraba tanta confianza.

—Dios, no me digas que es de esos que no se hacen responsables, cuanto lo siento.

—No, en realidad él aun no lo sabe.

—Y que estas esperando para contarle, tienes que decirle, estoy segura que sería un gran padre.

—Yo también estoy segura de eso—Dijo Rose que iba caminando a mi lado, de repente se me había olvidado que ella andaba con nosotras.

Voltee a mirarla y su expresión era de tristeza. Recordaría para preguntarle luego, qué le pasaba.

Comimos conversando de todo un poco, Marie nos dio la bienvenida a su selva de concreto, cuando le contamos que nos habíamos trasladado recientemente desde Nashville, era una chica muy divertida y habladora, sus hermosos ojos verdes me hacían recordar los de Edward.

Rose y yo no nos quedábamos atrás, fue una charla muy amena, mi mayor sorpresa es cuando comenzamos hablar de nuestros trabajos. Rose le comentó sobre sus merecidas vacaciones, y yo del local que estaba buscando, Marie se ofreció en mostrarnos uno, diciendo que era su estudio, estaba desocupado desde que se había trasladado a trabajar en la empresa familiar. Así que después de comer, regresamos a la tienda a retirar y pagar nuestras compras, nos fuimos con Marie a ver su estudio. La cuna me la enviarían a casa.

Quedé enamorada del lugar en cuanto lo vi, como si hubiese estado esperando por mí, estaba muy emocionada, primero por la excelente ubicación donde se encontraba, incluso el precio era acorde al hermoso estudio, segundo y lo mejor de todo, las remodelaciones serian insignificantes. Así que quedamos en que nos veríamos la próxima semana, mientras redactaban el contrato de arrendamiento.

¡Dios!, las cosas comenzaban a tomar su rumbo.

.

.

Al llegar a casa estaba realmente agotada, después de jugar un rato con Sony, tomé una ducha y me acosté.

Mañana sería el cumpleaños de Edward, me hubiese gustado tanto celebrarlo con él y darle la noticia, decirle que tendríamos un hijo en menos de siete meses ¿Cómo hubiese reaccionado?, se pondría feliz, angustiado, molesto; nunca lo sabría.

Me desperté muy temprano, extrañamente no me dieron nauseas, me levanté me aseé y después de comerme un tazón de cereal con leche, bajé un rato a pasear a Sony, me agradaba mucho este lugar, siempre había gente caminando o corriendo por los alrededores ejercitándose. Caminé unos quince minutos y decidí regresar a casa.

A lo lejos vi alguien que me pareció conocida ¡Mierda! , era nada más y nada menos que la nudista de Heidy, se acercaba trotando a mi encuentro.

Inconscientemente posé una mano en mi vientre y ella lo notó de inmediato, levantando una delineada y perfecta ceja. Yo era muy delgada de cintura y vientre plano, así que cualquiera que fuese detallista, podía notar mi bultito con facilidad.

—Pero mira quien se ha perdido por aquí—Dijo irónicamente.

¡Zorra!, yo sabía que era una hipócrita.

—Hola, Heidy.

—Cuéntame algo, ya Edward se deshizo de ti ¿Cierto? te hizo lo mismo que a mí—Hablaba un tanto entrecortado por el esfuerzo que venía realizando.

—No sé de qué me estás hablando.

Tomó unas cuantas respiraciones.

—Obviamente de tu embarazo ¿Sabias qué yo iba a tener un hijo de Edward?, cuando se enteró me echó de su casa, diciendo que no estaba preparado para tener familia, que si quería continuar viviendo con él, me tenía que deshacer del mismo. Igual al mes perdí mi bebé como castigo de Dios, supongo, quedé realmente devastada y eso afectó mucho nuestra relación, luego Edward me dejó cuando Ángela se interpuso en nuestra relación. Pero yo sé que él aun me ama. A la final sé que terminaremos juntos, yo he sido la única con que ha mantenido una relación seria, sabes: vivir juntos, tener planes a futuro y eso es difícil de olvidar.

¿Ésta loca pensaba que me iba a creer todas sus jodidas mentiras?, no respiraba, parecía una hurraca. Tendría un botón ¿Dónde se apagaba? ¿Cómo Edward aun la soportaba?

—Estas enferma, crees que yo no sé toda la verdad de esto, tu estas mintiendo, le fuiste infiel y crees que todas somos unas zorras como tú, si tanto te ama ¿Por qué no está contigo? Y si Edward te echó de su vida ¿Por qué sigues insistiendo?

—No te estoy mintiendo, esta mañana lo llamé, quedamos en su casa, ya sabes para recordar viejos tiempos y celebrar su cumpleaños, hoy no fue a trabajar, me está esperando en su departamento. Por fin vamos a estar juntos después de tanto tiempo. Edward es un hombre que no puede estar solo, eso deberías saberlo.

—Eres una jodida loca. Edward no me ha dejado, no sé de donde te hiciste ese cuento en tu cabeza teñida, tanto aclarante debe haber afectado tus pocas neuronas, una mujer tiene que saber retirarse cuando sabe que no la aman, cuando te vas a dar cuenta de eso. Deja de dar lastima de una buena vez y quiérete un poquito.

—Piensa lo que quieras, ten presente que Edward no quiere tener familia y mucho menos hijos, no te extrañe que te ordene una prueba de paternidad, por eso es que su falsa relación con Ángela le funcionó por tanto tiempo, solo les gusta el sexo sin compromisos, pero esta noche la que se va a quedar en su departamento soy yo, espero que lo recuerdes—Diciendo eso dio la vuelta, se colocó los cascos de su Ipod y continúo con su trote mañanero.

¡Eso si yo te dejo idiota!, pensé. Caminé hasta mi casa, esta jodida demente me había arruinado mi perfecta mañana.

No podía quitarme esa angustia del cuerpo, luego de un par de horas y dar vueltas dentro del departamento cual fiera enjaulada, marqué el número de la casa de Edward, sonaba y no atendían ¡Joder!, no estaba en casa. Colgué, estaba cabreada, no puede ser que me estaba sintiendo insegura, esa zorra había sembrado la duda en mí.

Él no me estaba haciendo esto. ¡Pero si fui yo quien le dejé!, es más, ni siquiera por ella yo dejaría a Edward, pero la modelo era otro asunto, no tenía la más remota idea de que había pasado con su relación, o si hubiese posibilidades de reconciliación.

Estaba como decía mi madre, cada vez que Mike quería jugar con mi X-BOX, yo no jugaba pero tampoco se lo prestaba: "Ni lavas, ni prestas la batea, Bella"

¡Edward era mío!

No salía de mi asombro, aun tenía el teléfono en mi regazo, perdida en mis pensamientos, cuando éste sonó ¡Carajo!, brinqué del susto.

—Diga.

—Hola bruja ¿Cómo anda todo?

—Hola cielo, me has dado un susto de mierda.

—Lo siento ¿Sucede algo?

—Hace unas horas bajé a pasear a Sony y me tropecé con Heidy. Al parecer es nuestra vecina.

—¿La psicópata nudista?

—La misma.

—Y por que el susto ¿Te dijo algo?

—Nada de importancia, el susto en realidad es porque acababa de colgar y ha sonado el teléfono por tu llamada.

—Bueno que te parece si vienes a casa y comes con nosotros, Emmett ha decidido cocinar para nosotras hoy. Y quiero que veas algo.

—Vale, en media hora estoy con ustedes—Colgué, y me fui directo a darme una ducha.

Me sentía extraña, amaba a Edward y no soportaría que estuviese con otra, no había leído ninguno de sus Whatsaap, los había borrado antes de leerlos, tampoco había escuchado ninguno de los mensajes de voz. No quería escucharlo mintiéndome, me sentía traicionada, solo había pasado una semana, pero por cuánto tiempo continuaría en esta situación sin que me lo encontrara en algún lugar y que tuviese que enfrentarlo. Ya Rose me había contado su conversación con Edward, y no sabía si creerle o no.

¡Dios no sabía qué hacer! Y ya la idiota de Heidy había activado todas mis alarmas. Si Edward no estaba con Ángela, mucho menos estaría con Heidy.

¡Porque él era mío!

Llegué a casa de Rose y después de ponerle al día de mi desagradable encuentro con la peli-teñida, nos fuimos a la cocina, ahí estaba Emmett con un delantal de ¿Oso?, madre mía, este par estaban locos de remate, pero lo que más me sorprendió fue el inmenso ramo de rosas azules que estaban encima de la mesa y que me recordaron de inmediato a mi cobrizo.

—Hola, Belly herrrmooooosaaa ¿Cómo está mi embarazada preferida hoy? —Decía con su enorme sonrisa mientras se acercaba y me besaba en ambas mejillas.

—Hola Oso, muy lindo tu delantal. Ummm la preferida ¿Es que acaso tienes otra?

—Sí, la verdad es que hay otra que me gusta mucho. No sé cuando Rose se va a decidir a darme unos ositos, así que mientras iré adoptando embarazadas por ahí.

—Emmett, cariño ya hablamos del tema. Un año oso, solo te pido un año más. Además de que te quejas si todo el tiempo practicamos—La muy bruja reía y ambos terminamos uniéndonos a ella.

—Esas rosas son tuyas, antes de que preguntes. "Hermosa Swan" —Dijo Emmett al ver que no quitaba mi mirada del hermoso ramo.

Mi corazón se saltó dos latidos. Me acerqué y tomé la tarjetica en mis manos, "Mi Hermosa Swan"

—Creo que deberías escucharlo, Bella—Me decía Emmett con una sonrisa—Recuerdas hace dos años ¿Cuándo me quisieron implicar con una menor de edad? —Su cara giraba de mi mirada a la de Rose, mientras picaba unos tomates—Te puedo asegurar que si Rose no hubiese estado allí, junto a mí, me hubiera mandado a comer mierda. Osita dime la verdad ¿Tu hubieras creído todo lo que decía la prensa?

—Emmett, cariño estas cocinando. La verdad es que me hubiese molestado mucho, pero sé el daño que la prensa puede hacer. Es difícil mantener tu privacidad cuanto eres una imagen pública. Tienes que aprender a vivir con eso, pero sé que tú haces el mejor esfuerzo de no darles pie a las habladurías.

—¿Qué me quieren decir?, veo que están de parte de Edward ahora—Se me estaba formando un nudo en la garganta.

—No es eso, Bella no estamos de su parte, no te molestes. Edward vino hace dos noches a buscarte. Y ayer yo fui a comer con él. Lo único que te digo es que le des una oportunidad de explicarse, dale el beneficio de la duda. Él está tan afectado como tú, créeme.

—Bella creo que ahora más que nunca deberías hablar con Edward—Decía Rose seriamente—Considero que él tiene el derecho de enterarse que tendrás un hijo suyo, independientemente de que estén juntos o no.

—Igual ya debe saberlo osita.

—¿Le contaste, Emmett? —Pregunté.

—No, pero según lo que hemos comentado Rose y yo, pensamos que Marie es la hermana de Edward. Ella lo acompaño hasta aquí hace dos días y la descripción de sus rasgos concuerdan a la perfección, menos por su nombre. Recuerda, Rose y yo no tenemos secretos cuando se refiere a tu bienestar.

—Sus ojos son idénticos, incluso el color del cabello es parecido—Susurré.

Sonó el timbre y Rose se fue a abrir la puerta.

Después de un minuto regresó a la cocina, venía detrás de un repartidor que portaba otro ramo de rosas más grande que el anterior y una cajita transparente que contenía un sonajero para bebé. No pude leer la tarjeta, las lágrimas me lo impedían, las pequeñas gotas comenzaron a bajar sin mucho esfuerzo por mis mejillas.


Gracias por leer mis amores, besos de a dos y hasta el próximo lunes.

Cleo