Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Bueno como había dicho acá estoy subiendo un nuevo capítulo. Y por supuesto quería agradecerles por leer mi historia. Y si no es mucho molestia me encantaría saber qué les parece. En fin, muchisimas gracias!

Nos estamos leyendo...

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De distanciamientos y cuidados

Caminó decidida por la desierta calle. La niebla, impropia de la primavera, le dificultaba la vista. Sabía que James se volvería loco en cuanto encontrase la nota que le había dejado en su casa, pero no podía no hacerlo. No importaba cuantos le hubiesen aconsejado que no lo hiciera, era su hermana y no podía no visitarla. No importaba si Petunia había dejado de hablarle nuevamente, si no había asistido a su boda o si inclusive no la había invitado a la suya. No importaba. Petunia estaba, al igual que ella, embarazada y nada más importaba.

Tomó el papel con su dirección anotada y se aseguró de estar parada frente a la casa correcta. En efecto allí era. Prive Drive 4. Una linda casa, un lindo vecindario, todo lo que Petunia siempre había querido. Estaba feliz por su hermana, aún cuando no conociese a su marido, y cuando ésta pareciese no querer saber nada con ella, Lily sabía que las cosas no eran así. Ya no podía seguir diciendo que los tiempos estaban cambiando, pues ya lo habían hecho. Ahora, con cada día que pasaba, las cosas solo se ponían peor y peor, la oscuridad iba cubriendo todo y el temor era tangible.

Tocó el timbre y esperó a que alguien le abriese. Había considerado aparecerse dentro para más seguridad, pero lo encontró demasiado grosero, sin mencionar que el aparecerse le daba demasiadas nauseas a causa de su estado. También había considerado llegar con la capa para volverse invisible de James, pero seguía siendo grosero. Después de todo, no era nada nuevo la negación que su hermana tenía por la magia, era simplemente mejor no hacer uso de ella.

-¿Quién es? –Preguntó su hermana al otro lado de la puerta, aunque probablemente ya la hubiese visto por la mirilla de la misma.

-¡Vamos Tuny! –Le reprochó -¡Soy yo, abreme!

-¿Quién es yo? –Sin embargo, la puerta se abrió y una mujer pálida y con un muy abultado vientre apareció frente a Lily –Date prisa –Le dijo obligándola a entrar.

La sala era acogedora y, de lo que Lily asumió era la cocina, salía un aroma exquisito, brownies. Una sonrisa surcó el rostro de la bruja y quitándose la túnica de viaje reveló su también abultado vientre. Petunia la contempló por unos segundos, no sabía que su hermana estaba embarazada, quizás porque le había prohibido a sus padres hablar de ella. No me interesa, mamá –Decía cada vez que ésta le quería contar algo sobre Lily. Y ahora que la veía se arrepentía un poco, pero no podía, en tiempos como los que estaban viviendo había que permanecer unidos a la familia, y ahora su familia eran su hijo y su marido.

-Te ves gorda –Le dijo mientras caminaba hacía el sillón que había y se sentaba en él, Lily la siguió.

-Tú también –Una sonrisa en sus labios, no importaba que tan ruda fuese Petunia, ella la conocía -¿Qué sucede? –Preguntó seria, sus ojos clavados en el anillo de su hermana.

-Nada, qué quieres que suceda –Había querido sonar indiferente y cortante, pero el miedo había sido notorio en su voz, y el que sus manos se moviesen constantemente no reflejaba otra cosa que el nerviosismo.

-¿Estás bien? –Preguntó Lily.

-Estamos bien –Responió acariciando su vientre –Vernon regresará en media hora, -Comenzó a decir –así que si no tienes nada más que decir puedes irte.

-¿Él sabe? –Preguntó clavando sus ojos verdes en los de su hermana -¿Sabe lo que soy?

-Sí, y a pesar de saber que tengo una hermana anormal me quiere –Y quizás tendría que haberle dolido, pero no fue así –No le importa que seas una... Una fenómeno siempre que no tengamos que soportarte, así que... –Y lo había dicho, entre lineas y muy fino, pero eso era todo lo que ella había querido escuchar.

-¿Y tú lo amas? –Preguntó Lily, y su voz sonó como la de una niña que busca a su principe azul.

-Por supuesto –Dijo con una sonrisa –Si no fuese así no me hubiese casado –Lily asintió y tras un largo silencio Petunia volvió a hablar –Te sienta bien –Comentó sin mirarla -¿De cuánto tiempo estás?

-Siete meses –Dijo sonriendo –Es un varón, espero que sea igual a James –Los ojos le brillaron tan solo nombrarlo y es que aún después de tanto tiempo seguía amándolo como el primer día, más incluso –Mamá me dijo que esperas para dentro de dos meses, ¿qué es?

-Un niño, Vernon no quiere saber el sexo así que solo yo lo se, bueno y ahora tú –Un par de miradas traviesas y viejas sonrisas se dibujaron en el rostro de las hermanas, hacía demasiado tiempo que no se veían –Tienes que irte, no quiero que llegue y que te encuentre aquí –Dijo poniéndose seria –Estos días han sido horribles y no quiero sumarle más preocupaciones.

-De acuerdo, envíame una carta cuando nazca, quiero conocerlo –Petunia asintió –Cuidate, no salgas a menos que sea sumamente necesario y cuida a Vernon –Le suplicó.

-Tú haz lo mismo –Le dijo intentando sonar indiferente pero nuevamente la voz la traicionó –No deberías haber venido, las cosas están...

-Sí, lo sé –Y sin decir más abrazó a Petunia, o al menos lo hizo como pudo pues sus estados no les permitían acercarse mucho. Y tras dedicarle una última mirada, salió por la puerta y desapareció con un fuerte ¡Plaf!

La sensación de afixia la atrapó rápidamente y antes de que pudiese detenerse se encontraba en el cesped de su patio vomitando el almuerzo de ese día. James sostenía sus cabellos al mismo tiempo que le reprochaba una y otra vez su actuar. Sí, lo había sabido, había estado en lo cierto al pensar que a James no le haría gracia su visita a Petunia, pero simplemente no había podido seguir suspendiendo esa reunión. Y ahora, ahora estaba tranquila.

Su relación con Petunia había cambiado totalmente desde el momento en que ella recibió su carta de Hogwarts. Con apenas once años había comprendido que nada sería igual. Las discusiones siempre habían ido en aumento hasta que finalmente no se habían hablado más. Y luego, luego fue James y como siempre, todo lo que él tocaba se volvía mágico. Y sin saber cómo, él había logrado lo que sus padres y ella misma no habían podido. Petunia había vuelto a hablarle. Y por un verano, por unas semanas, habían sido inseparables. Y luego, luego llegó Vernon.

Y Lily dejó de recibir sus cartas, dejó de saber sobre ella. Su madre ya no quería contarle mucho y supo, simplemente lo supo, que era por él. Y comprendió que su hermana estaba haciendo lo que ella había hecho hacía ya mucho tiempo. Su propia vida, una nueva, alejándose de la hermosa casa que una vez había sido su castillo de juegos, para ser una adulta. Y había encontrado a un hombre, a alguien que como James a ella, la completaba. Y comprendía que si Petunia debía alejarse para cuidar a ese hombre, a ese hombre que ese mismo día le había asegurado que amaba, estaba bien. Era lo necesario y debería hacerlo. Cuidar a su familia, que como bien había dicho eran ellos dos. Su hijo y su esposo. Así como Lily cuidaba a James y a su bebé.

-No vuelvas a irte así –Le pidió james ya recostados en la cama.

-Lo siento –Se disculpó ella –Está hermosa... Y Harry tendrá un primo –Dijo feliz mientras acariciaba su vientre.

-Solo no vulevas a irte –Le pidió él y Lily lo observó y lo supo, ese no había sido un buen día.

-¿Qué sucedió? –Prgeuntó con el corazón en la boca.

-Gregory desapareció, no sabemos nada de él y se suponía que debía presentarse hoy en el cuartel –Lily cerró los ojos –Aún tenemos esperanzas de que se este esconiendo por algún motivo pero...

-No digas más –Le pidió con lágrimas deslizándose por sus mejillas.

-Solo no te vuelvas a ir de ese modo, ¿si? –Le pidió él y ella asintió.

Y James podía quedarse tranquilo porque Lily solo vivía por él y por Harry, su bebé, a quien deseaba poder cargar pronto.


El próximo capítulo lo subiré el domingo...

Un beso y muchas gracias.

Lu