El ajetreo del día ha sido una bienvenida distracción para Kyoko, porque cuando actúa, cuando está al servicio de otros, Kyoko no piensa, no piensa en la madre que la negó, no piensa en que Ren le mintió, no piensa en respuestas a preguntas no formuladas, no piensa en el significado de las camelias tatuadas en su piel. Pero ahora, cuando el día llega a su fin, regresa a su mente esa jungla de pensamientos que no la dejan, pero es la pregunta de Kanae la que resuena sobre todo lo demás, ¿qué vas a hacer ahora? Y sin darse cuenta vaga perdida con sus pensamientos por los pasillos de TBM. Un largo suspiro a algunos pasos de distancia logra hacerla consciente de sus alrededores, y el aliento se le atora en la garganta antes de retroceder un par de pasos y ocultarse de la vista en el pasillo del que venía caminando.
Es de nuevo como aquella vez, bueno, no exactamente. Se asoma y lo observa, parece estar mirando algo en su teléfono, sus ojos parecen brillar y una sonrisa se dibuja en sus labios para pronto ser reemplazados por algo que Kyoko solo puede identificar como añoranza, o quizás tristeza, y rompe su corazón de una manera que no creía posible. Él debería sonreír, reír más, permitirse ser, perdonarse, dejar de ser su más implacable juez y jurado.
Juez y jurado, las palabras retumban en su mente, eso era exactamente lo que ella había sido en estos últimos días, se da cuenta con horror. Estaba tan herida, tan sorprendida, que puso en tela de juicio todo, absolutamente todo. Él se equivocó, como todos, él lidió con sus acciones, con las consecuencias de sus actos como pudo y ella, ella sufrió un rasguño de los daños colaterales de sus decisiones. Dolió, dolía todavía, pero ahora entendía que ella no era víctima, ni carcelero, ni juez, ni jurado.
Lo ve fruncir el entrecejo sin apartar la mirada del teléfono y antes de saber qué hace o por qué, sale de su escondite y la palabra abandona su boca.
—¿Tentekomai?
Él levanta la cabeza con tanta rapidez y fuerza que Kyoko juraría que oyó algo crujir, la mira y cuando su mirada se cruza con la suya, ve un mar de emociones e interrogantes cruzar sus ojos y quiere huir, pero sus pies o quizás algo más se rehúsan a huir de este preciso momento y lugar.
—¿Qué dijiste? —pregunta poniéndose de pie.
—Y-Yo —respira profundo tratando de calmar el latir errático de su corazón, ¿qué estaba haciendo?—. Un amigo —dice y se pregunta si es correcto llamarlo un amigo, se seca las palmas sudorosas de las manos en el pantalón, pero se obliga a continuar—, una vez un amigo pensó —vuelve a respirar y lo mira directo a los ojos—, pensó que tentekomai era un tipo de baile tradicional.
Los ojos de Ren se agrandan y Kyoko sabe que le han alcanzado las implicaciones de aquellas palabras.
—Me reí tanto, tanto de él, a sus costillas —dice apartando la mirada y encontrando los detalles del piso de lo más entretenidos.
—Sí, lo hiciste —y ahora es el turno de Kyoko de levantar la cabeza de golpe al escuchar el tono risueño que impregna su respuesta—, incluso te revolcaste y golpeaste el piso.
El rostro de Kyoko se enciende.
—No era mi intención.
Ren la mira acusatoriamente y Kyoko finalmente cede.
—¡Era demasiado gracioso como para no hacerlo!
Para sorpresa de Kyoko, Ren ríe.
—Deberías hacerlo más seguido.
—¿Mmmm? —pregunta confundido.
—Reír, mmm, te luce.
Una ligera ligerísima sombra de rosado aparece en las mejillas de Ren.
—Gracias —responde rascándose tras la nuca—. ¿Has sido el pollo todo el tiempo?
Kyoko asintió.
—Así que, el miembro número 1 de la sección LoveMe fue el que me explicó lo que era estar enamorado, ¿no es eso curioso?
Curioso, curioso, las palabras se fueron perdiendo en la mente de Kyoko que a toda marcha empezaba a poner todas y cada una de las piezas en su lugar y en su mente tiene lugar una nueva versión del Big Bang. Cada indicio, cada pista que se había negado a ver colisiona, y su pequeño universo personal se expande, no deja de expandirse y ante ella se revela a la velocidad de la luz un universo totalmente nuevo ¡Es ella! ¡Siempre ha sido ella!
—¡Por todos los dioses! —exclama.
—¿Mogami-san?
Lo mira y abre y cierra la boca como pez fuera del agua.
—¿Estás bien?
Kyoko asiente incapaz de hablar.
—¿Estás segura? Parece como si hubieses descubierto el fuego —bromea él.
Lo mira, lo vuelve a mirar y la risa histérica se apodera de todo su cuerpo, de su ser.
—Quizás lo hice —confiesa doblándose de la risa sobre sí misma.
… …
Le pasa un vaso de agua cuando finalmente su ataque de risa ha pasado, lo tomó por sorpresa, de verdad que sí, pero cuándo no lo hacía Kyoko. Encontrarla ahí, que ella le hablara, que ella se riera con él, de él, que ella fuera Bou. Niega con la cabeza y se muerde labio tratando de no sonreír.
Había sido tan duro, tan increíblemente duro, no buscarla, no llamarla, no dejarla alejarse, y darle tiempo, su resolución flaqueaba con cada minuto que pasaba. Lory había tenido razón todo el tiempo, no había amado románticamente a nadie antes que ella, porque Ren se rehusaba a dejarla escapar de sus manos y cuando su resolución estaba al borde de quebrarse, ella había aparecido como por arte de magia. Y esos pasos pequeños, pero pasos al fin al cabo, le daban alas a su corazón, enardecen su espíritu.
Ella se levanta, con el vaso de papel aún en la mano, y su corazón parece más pesado de repente, temiendo que este momento de dicha haya llegado a su final.
Ella juguetea con el vaso vacío y Ren se pierde en ese juego, deseando que fueran sus manos entre las suyas.
No sabe cuánto tiempo permanecen así, debería hacer algo, de verdad que sí, desde esta mañana no hacía más que quedar como un idiota frente a Kyoko, pero todo esto es nuevo para él y parece que es terrible en este nuevo juego que se plantea frente a él.
—¿Ya comiste? —pregunta Kyoko, y Ren siente el corazón brincarle en el pecho al escuchar que lo tutea, tanto como para responder con un contundente 'no'. Y se acobarda tan pronto como la palabra sale de su boca, esperando que la presencia demoniaca de Unonodebesaltarselascomidas lo riña, pero tal regaño nunca llega, por el contrario, le llega un suave 'yo tampoco'.
Y Ren la observa, la observa por un largo minuto, hasta que se da una cachetada mental, ¿estaba Kyoko moviendo la primera pieza del tablero? ¿Sería posible? ¿Estaba soñando? Toma aire y clavando su mirada en la suya, finalmente da el salto de fe que debió haber dado hace mucho tiempo.
—¿Me permitirías invitarte a cenar? Solo los dos —aclara.
—Me encantaría —responde tan bajito, que es casi imperceptible, pero él lo oye, lo oye como si hubiese sido un grito de guerra y su corazón se salta un latido, al tiempo que sonríe, y ofrece un brazo que ella acepta.
