A/N: ¡Estoy tan feliz que Crónicas Xiaolin se haya estrenado después de esperar casi un año! ¡Por fin! ¡por fin! Y que a Cartoon Network se le prendió el bombillo y parece que decidió pasar no solamente esta serie en la mañana, si no en la tarde los días miércoles en su sección de Héroes. Estoy tan contenta que decidí actualizar. En cierta forma me beneficia el horario, porque tengo que hacer "un trabajo" y mi "jefa" me permitió venir justo después que terminase Crónicas Xiaolin, ¿a que no es linda? Ah, y sin contar que mi promedio de este lapso fue de 19,36 (¡que alguien cuente las décimas para llegar al 20, nota perfecta! ¡CUÉNTENLAS!).Y ni si diga del doblaje, solo quiero resaltar un diálogo que me llamó la atención:

Sombra: ¿Cómo hiciste para entrar en un templo y estar rodeada de tantos chicos? ¿quién te gusta de los chicos?

Kimiko: Nadie, todos son amigos.

Yo: Eso no te lo cree ni el Pato Lucas. Está bien, está bien, te lo voy a dejar pasar porque estamos comenzando ¡pero tú me tienes que prometer que para el final, esa opinión haya cambiado! ¿OKEY?

Hurricane

-X capítulo: No es cierto-

Raimundo dejó a Kimiko en el baño, le pidió estar sola unos minutos hasta que el dolor en sus caderas disminuyera. Sabía que eso no desaparecería de sopetón. Salió del baño y cerró la puerta, se reunió en la sala con Chase y compañía para disculparse, no iba a quedarse ya que tenía trabajo de sobra de oficina y estaba tan solo de paso. Sombra lamentó que se fuera (a contraste de Chase quien mantuvo las apariencias). Con un apretón de manos se despidió y Sombra, gentilmente, lo acompañó hasta la salida. Kimiko difícilmente podría ponerse de pie y caminar, él le había dado con todo lo que tenía. Cuando regresó a la sala, se había ido. Qué lástima, él se fue y sin despedirse de mí, se encogió de hombros. Después de mantener relaciones intensas con Raimundo, no contaba con muchos denuedos de recorrer la casa. Se sentó en el sofá junto a Chase y cara a cara con Sombra a conversar y a "adular" a Kimiko, le ofrecieron de beber un té frío de durazno. La chica sentía cómo su corazón galopaba en la caja torácica rítmicamente e ignoraba todo a su entorno, nunca antes había tan cerca de Chase ni tan cerca de tomar su mano, pero tampoco fue capaz de mirarlo en la cara (había tenido sexo con Raimundo hace media hora en su propio baño, no podía sostener la cara de vergüenza por más tiempo) y Chase percibió su incomodidad. Pasó a invitar a admirar y a explorar los alrededores. Elogió su hogar: Hermosa, elegante y espaciosa. Ojalá le gustaría comprarse una casa así. Chase le sonrió.

-Kimiko, no sé por qué, empero he presentido que desde que llegó su amigo no me ves a la cara ¿dije algo que te ofendiera?

-¿Qué? No, no te preocupes. Todo marcha bien –Kimiko intercambió miradas con él.

Le enseñó que algunos de los cuadros, los adquirió en una subasta. En la cocina, reconoció a la gatita blanca de la otra vez bebiendo de un tazón de leche. Sombra se repuso.

-A ella ya la conocía. Estaba presente cuando Chase la recogió en el huracán, le dijo que le recordaba a una gata blanca que había tenido hace mucho.

-¿La gata blanca? Ah sí, ya recordé, ¿y qué te ha contado de ella?

-Cómo la encontró y ocultaron durante todo este tiempo de sus padres. Murió de vieja.

Chase se unió a ellas subsiguientemente. Kimiko se volteó, le agradó conocer su casa, pero debía irse. Se ofreció en llevarla. Sombra cargó a la gatita en sus brazos, tomando su patita, "las dos la despidieron". Eso sí, la protagonista no se fijó lo que rezaba la cadena de la gata: KIMIKO*. La vida para Kimiko se transformó en un dilema, apenas llegó a casa. Lanzó los tacones al aire, quedándose descalza y tendió su cuerpo en el sofá bocabajo. No tenía ganas de hacer absolutamente nada. Debería estar feliz. Visitó la casa de Chase, ya lo podía tutear y lo salvó de las locuras de Raimundo, había dado un gran paso en su relación, pero todavía seguía sometida a sus órdenes. Hundida en sus sentimientos se quedó dormida hasta tarde, cuando tenía su sesión de entrenamiento con Rocco en el gimnasio. Dejó salir a un quejido y cubrió su cabeza con un cojín. Sus huesos crujirían de tanto agotamiento físico al dormir.

El cierre de un trimestre, terminar de corregir las pruebas e implicó la entrega de notas a sus alumnos consentidos y al departamento de control y evaluación, estaban presionándola por ser la última de los profesores quien faltaba para organizar y hacer el promedio de cada uno de los alumnos. Vendrían los consejos técnicos en los que tendría que asistir para evaluar el desempeño de los estudiantes de segundo en este trimestre. Le atañería venirse el viernes. La información le llegó tanto del correo como de boca de Chase, después de dar las notas a cada sección (que terminó de calcular, sumar y pasar a bolígrafo azul anoche a las uno de la madrugada) se acercó a preguntarle si había recibido la información. Esa misma semana, la hermana de Kimiko decidió romper el silencio y le refirió que la renta del alquiler en abril subió, el propietario le otorgó un plazo de dos semanas y se habían cumplido esas semanas, con el salario de este mes alcanzaría a cubrir el monto. Sólo aspiraba que fuera suficiente o si no... Kimiko no le increpó que estuvieran enfrentando una crisis económica, pero sí que se lo ocultara. De haber sabido antes, no le hubiera permitido esa fiesta de cumpleaños.

-Sin embargo, te lo merecías. No quise mortificarte con estas tonterías, por eso no dije nada y me lo callé; en todo caso, pediré horas extras. No hay que ser negativos ahora.

-O si no, tendré que buscar empleo desde ya.

Era eso o pedírselo amablemente a Raimundo, sí era cierto que daría todo por ella. Kimiko sacudió la cabeza, no se humillaría a tal nivel y menos quería vivir a cuenta de ese animal rastrero. No le gustaba endeudarse con las personas. Los parciales, las pasantías, las deudas y su pacto con Raimundo; son muchas cosas a la vez. Kimiko se estremeció de pensarlo. Se extrañó el por qué no había muerto de tanta coacción. Para el comienzo de los alumnos de octavo grado en Saint Hui del último trimestre en la semana, para Kimiko sería una semana terrible de parciales y trasnocho. Kimiko pasó la noche en la universidad, en la biblioteca, con unos compañeros de clase estudiando para el día siguiente (o si no en la mesa con una taza de café al lado y una lamparita iluminando). Los ojos pegados a los libros y cuadernos. Oyendo las grabaciones de las clases. Aunque le era fácil estudiar porque amaba la historia (y eso le facilitaba a la hora de asimilar los conocimientos) y dominaba el contenido de lo que iba en los parciales (después de memorizarse los puntos clave e interpretar y explicarlo con sus propias palabras), estaba demasiado nerviosa. Se avecinaba la semana santa y eso, para ella, era una semana de descanso antes de entrar una lucha sin tregua. La última. Pese de todo, pudo ejecutar cada una de las pruebas. Ahora a aguardar los resultados.

-Saldrás bien. Eres inteligente, te vas a graduar de sumacunlaude y darás el discurso cuando todos nos graduemos, ya verás –le confortó Keiko.

También recibió otro obsequio de Raimundo. Debe de ser por aquello de "mientras más te sometas, obtendré placer y mayor satisfacción". Abrió la caja y echó un vistazo, esperando lo peor. La tapa de la caja se cayó al piso cuando descubrió ropa de lencería: ¡Una picardía! Un pequeño camisón de tul transparente de un vivo color rojo con un borde negro, de tiras y adornado con encajes, con una abertura a la mitad para dejar a la vista su abdomen plano, un brassier y una tanga y unas medias pantis de nylon rojas. Kimiko soltó un grito ahogado. Incrédula. Las picardías propiamente causan un impacto seductor y atrevido que resalta la belleza y las zonas erógenas de la mujer. Malvada sea Raimundo, gruñó Kimiko. No podía imaginarse con esa lancería puesta encima. Cerró la caja y la escondió. En la universidad nadie podría saber de esto. Quiso comunicarse con Raimundo inmediatamente, pero sonaba la contestadora. Pensó que debía estar apagado. Enumerando las razones por las que no iba a atender su llamada: Está en clases, está en el trabajo o no quiere discutir con ella. Kimiko bajó el teléfono, se comunicaría más tarde con él. Miró el reloj, habría siendo momento de que entrara a clases. Kimiko metió en su bolso la caja, lo guindó en su hombro derecho y al igual que una flecha se fue corriendo a la facultad. Raimundo estuvo incomunicado durante el almuerzo y el resto de la tarde, ¿qué estaría haciendo que no lograba atender el teléfono?

Eran las seis aproximadamente cuando recibió una llamada. Ella tenía el celular a su mano, creyendo que sería él (dejó varios mensajes en la contestadora, quería que le devolviera la llamada apenas oyera su voz) y resultó ser Tomoko. Ésta llamaba desde el trabajo en su pequeño descanso, hoy pretendía ir al telecajero que estaba cerca de su trabajo a hacer un depósito para pagar la renta de una vez por todas antes de irse a su casa, empero, olvidó el dinero en la computadora y se preguntaba si podía traérselo.

-Seguro –contestó Kimiko- como no tengo más nada interesante que hacer en la noche.

-Te lo agradezco mucho. Está en un sobre blanco.

-Voy saliendo.

Kimiko se levantó. Se limpió la boca con una servilleta, llevó los platos a la cocina. Luego los lavaría cuando regresara. Encontró el sobre, sobre el escritorio. Iría rápido en el coche y sabía que era importante para su hermana (e igualmente para ella a final de cuentas) pagar el alquiler, se llevó las llaves y se fue hacia los estudios de televisión. De aquí hasta allá se tardaría cuarenta y cinco minutos si no hay tráfico entorpeciendo. Su celular sonó, tenía una llamada. Alargó el brazo. Cogió la llamada.

-Hola nena, llamé a tu casa, pero no estabas allí. ¿Qué pasa?

-No estoy ahí porque voy hacia el estudio de televisión de mi hermana. Vaya, hasta que por fin me atiendes, estabas fuera de conexión –señaló- ¿qué hacías para que no contestaras mis llamadas?

-No eres la única que tiene parciales. ¿Debería celebrar? Es la primera vez que te veo muy ansiosa por hablar conmigo, intuyo que tiene algo que ver con el regalo que te mandé esta mañana. Cuéntame, ¿te gustó?

-¡No te comas el cuento de que voy a ponerme esa cosa, Raimundo Pedrosa!

-Yo no te pregunté si no querías ponértelo porque estás obligada a usarlo, no se te olvide. Lo que quiero saber es si te gustó, en el maniquí se veía espectacular y supe que era para ti porque el rojo es tu color favorito, ¿no? Y además que tu tono de piel es clave y terso, se te verá sexy y atrevido. Hacía falta en tu armario una lencería verdaderamente sexy. No hay necesidad de que me des las gracias.

-¿Agradecerte? –bufó Kimiko.

-Claro, porque ese conjunto lo usarás en nuestro próximo encuentro. Tengo preparado una velada apasionada e inolvidable para complacernos a ti y a mí, así que... ¿te gustó?

-P-pues sí ¡no me cambies el tema de conversación! Tú no puedes obligarme, estoy cansada de que controles mi vida que, de verdad, no me importa si le cuentas a Chase o al decano de la carta porque mi paciencia ha llegado a un límite... ¡Oh cielos! –de la nada, en medio de la oscuridad creyó haber visto algo que se atravesó en la vía, los focos de luz incandescente de una camioneta blindada la cegó momentáneamente. Empujó hacia adentro el freno, pero no respondieron. Presionó otra vez desesperada. Raimundo oía el chasquido de los neumáticos, el claxon y otros ruidos.

-¿Kimiko? ¿Kimiko, qué ocurre?

-¡Maldición, maldición! –drásticamente giró el volante. Se desvió del curso de la camioneta pero no pudo salvarse de estrellarse contra un roble fuerte. El vehículo chocó, quebrándose el vidrio, su cabeza se golpeó con el volante. El impacto hizo que perdiera la consciencia, el sonido del claxon salió disparado indefinido.

-¡¿Kimiko, estás ahí?! ¡¿Kimiko?! ¡¿Kimiko?! ¡por favor respóndeme! ¡mi amor! ¡KIM!

Nadie atendía, Kimiko no respondía a sus gritos, la conexión entre ellos se rompió. Alcanzó a escuchar el aparatoso ruido del choque, estaba segurísimo que Kimiko corría peligro. No hay tiempo para elucidaciones. Se llevó el celular y se levantó de su escritorio, salió a paso apretado. Debía salir con urgencia. Ella dijo que estaba camino hacia XiaolinTV, esperaba conseguírsela (sana y salva). En su Mercedes Benz se arrojó en una carrera contrarreloj en su busca. Era muy tarde, no contaba que se encontraría con mucho tráfico. Estas calles son solas. Aceleró sobreexcediendo el límite. Kimiko... quería pensar que estaba bien y tan solo era paranoia, pero tenía la premonición de que no era así. Dobló una esquina. En plena calle solitaria de doble sentido, Raimundo acertó el coche que le había regalado estrellado contra un árbol. Su corazón se paralizó, horrorizado, y gritó su nombre, con la esperanza de que estuviera consciente. Tenía razón por desventura. Frenó de golpe y se bajó, corrió lanzado hacia el automóvil.

-¡KIMIKO! ¡KIMIKO! –reunió una enorme cantidad de fuerza y jaló la puerta, abriéndola. Allí estaba, inconsciente y sangrando, la herida que se había hecho en la frente era bastante profunda; Raimundo se tambaleó del shock- ¡¿mi amor?! –su voz había perdido fuerza, solo se escuchaba un zumbido ahogado de un leve sollozo, se acercó, todavía respiraba apenas-. Resiste Kim, pediré ayuda.

No se atrevió a sacarla de allí pues que empeoraría las cosas: Podría dislocarle un hueso del cuello y jamás se perdonaría ser autor de una desgracia. Raimundo notificó a la ambulancia y rogó por ayuda mientras se quedaba acompañando a Kimiko. Cuando escuchó a la sirena, hizo unas señas para llamar su atención. Los paramédicos bajaron una camilla, trasladaron el cuerpo inconsciente de la chica adentro y partieron al hospital. Raimundo se fue con ellos en su coche, estaba consciente que el vehículo debía ser remolcado por una grúa y la policía también debería ser informada y tomar nota de lo sucedido, no estaría de más que explicara lo que más o menos sucedió (aparte de la inconsciente), pero en estos instantes: Kimiko era su única prioridad. Ya hablaría con la policía ulteriormente. De ser por él, entraría con ella y sostendría su mano, pero por normas de protocolo. Tenía que aguardar afuera. Impaciente y aterrado, el joven empresario caminaba de un lado a otro, esperando noticias buenas. Eran las ocho cuando el médico (digno de confianza de Raimundo) le comunicó que Kimiko iba a recuperarse: Tenía unas lesiones, una leve contusión en la cabeza producto del golpe que se dio contra el volante y lo más grave, era una fractura en el cuello (obligatoriamente tenía que usar collarín); fuera de eso, Kimiko estaba bien y sanaría rápido si guardaba reposo, en otras palabras, no moriría a mitad de este fic. Raimundo suspiró aliviado.

-No sabe la alegría que me causa escucharle decir esas palabras. ¿Podría pasar a verla?

Kimiko yacía inconsciente sobre la cama con los ojos cerrados, ambas manos al lado de su cuerpo. Su hermoso pelo caía sobre sus hombros. Desde el ángulo que la estaba viendo, ella parecía frágil, nunca pensó que sería capaz de verla en un estado tan crítico, pero a pesar de todo, su cuerpo regocijado de vitalidad resistía. "Vulnerable" no era uno de los calificativos para describir a Kimiko Tohomiko. Algo en su pecho saltó como si estuviera feliz de verla fuera de peligro, el aire se escapó de sus pulmones y no supo qué hacer. Era la primera vez que la veía dormida. Jadeó un poco tratando de recuperar el aliento, cuando volvió a tomar consciencia se dio cuenta de lo mucho que sencillamente quería en esta mujer. Sus pies lo arrastraron por arte de magia hasta ella, se sentó y cogió su mano. Acariciándola. Le dedicó una sonrisa tierna y extendió el brazo, acariciándola, casi podría reventar a llorar del susto.

-¿Lo ves? Prometí que no te pasaría nada y estás aquí... conmigo.

-¿Es su novia?

-Desearía que fuera así, me haría el hombre más feliz de este mundo, pero no... somos unos simples amigos. Voy a quedarme con ella unos minutos más, doc –le dijo.

El médico los dejó a solas. Raimundo se estremeció ligeramente, unos minutos atrás se veía a sí mismo corriendo y gritando el nombre de Kimiko. Su cara contraería una expresión de espanto entremezclada con angustia, sumergido en un fondo de sentimientos perturbadores y emociones intensas al imaginarse el horror de vivir en un mundo sin Kimiko. No podría ni vivir, sería un cuchillo que atravesara su corazón. Se sorprendía de sí mismo, que ni era capaz explicarlo. Permaneció al lado de Kimiko, apretando su mano, acariciando su cabello y velando sus dulces sueños, cómo le gustaba verla dormir. Su hermana estaría preocupada, pensó al rato. Debía de avisarle, pero no quería ser el portavoz de la noticia. El hospital se haría cargo de ello. Les entregó su número de celular y mientras la esperaban, Raimundo se quedó cuidando de la chica hasta que su hermana viniera. Tomoko entró en pánico y salió rápidamente de XiaolinTV a resguardar a su hermana, asustada (¡¿un choque?!). Raimundo sabría que Kimiko no quería que se cruzaran y debía de marcharse. Aprovecharía en acudir con la policía y asegurarse de que al coche se le realizaran los ajustes correspondientes en las manos de un mecánico competente (y de su confianza), pues que Raimundo quería saber si el vehículo estaba en perfectas condiciones cuando Kimiko estaba manejando. Ya que le parecía un tanto equívoco que saliera defectuoso cuando anteriormente nunca había tenido problemas (es más, lo mandó a revisar por si acaso antes de obsequiárselo a Kimiko). Vio venir el coche de Tomoko y era la señal para abandonar la sala. Raimundo quería quedarse hasta que al menos despertara, empero, se conformó con inclinarse y plantar un beso en su frente. Salió del cuarto, se escondió detrás de una pared al reconocer a Tomoko cruzar el pasillo e ingresar a toda velocidad al cuarto donde se hospedaba su hermana menor, se le veía destrozada. Por fortuna, dejó la puerta entreabierta y Raimundo pudo acercarse a oír.

Su corazón se le cayó a los pies cuando vio a su hermana inconsciente y con un collarín, se entregó a la aflicción y abrazó su cuerpo. El médico vino segundos después, a pesar de que le dijo que su hermana no corría de un peligro mortal (y que pudo haber sido mucho peor) y tendría una pronta recuperación si descansaba mucho. Ella se sentía enormemente culpable del accidente de su hermana.

-Es mi culpa, todo es mi culpa de lo que está sucediendo, en esta habitación yo soy la única responsable de lo ocurrido a mi hermana. Si yo hubiera buscado ese dinero para pagar ese maldito alquiler aunque me tardara lo que fuera, ¡Kim no estaría aquí! ¡me dejé llevar por la desesperación! ¡Kim, Kimiko perdóname, te he hecho algo terrible! ¡esto me debió haber pasado a mí, no a ti, tú no tienes la culpa de mis acciones! ¡Kimiko perdóname! ¡lo siento! ¡perdóname! ¡perdóname! –Tomoko lloraba desconsolada.

-¿El dinero del alquiler? –repitió Raimundo. En el fondo se sentía muy mal por ambas. Una estaba en cama con una fractura en el cuello, inconsciente, y la otra lloraba desgarrada por su hermana. Raimundo se marchó y llamó a Clay, quería que investigara una cosa sobre el apartamento de las hermanas Tohomiko, por lo que había escuchado no parecían dueñas del condominio en el que vivían como había pensando. Clay obedeció. Mientras tanto iría a la zona donde aconteció el accidente. Les dijo a los policías lo poco que sabía de cómo pasó y entre las cosas que hallaron era el bolso de la mujer herida: En el que se incluía un sobre de color blanco con dinero. Raimundo relacionó que era el dinero al que se refería Tomoko.

Así que Kimiko llevaba el dinero del alquiler olvidado a su hermana, él llamó y entonces se estrelló contra el árbol. Una cadena de sucesos extraña. Les dijo que Kimiko estaba recluida en un hospital, aún inconsciente, asistida de su hermana Tomoko y era a ella a quien debían de darle el dinero y las pertenencias de la chica. Raimundo se despidió de los policías y fue con la grúa a transportar al auto al taller de un mecánico conocido. Al segundo día, Tomoko llamó a Jack, en busca de un "apoyo moral". Éste llegó tan veloz como pudo, enterado del accidente de Kimiko. Se reunieron en el hospital. Jack sintió un escalofrío subir su dorso y se acarició la nuca, lo primero que hizo fue consolar a Tomoko.

-...Y no sabía a quién llamar, pensé en ti y por eso... por eso...

-Cálmate Tomoko, cálmate. Tensa, no podrás pensar bien las cosas. Hiciste bien, pero deja de estar culpándote por algo que no hiciste, tú no le dijiste a Kimiko que fuera en automóvil hasta los estudios de televisión y... es más, me explicaste que fue un accidente de tránsito, pero ¿cómo fue que sucedió? Me has dicho que ella no tiene un auto, ¿acaso iba en taxi? ¿y dónde está el conductor? Si Kimiko sufrió una lesión como esa, también debe estar herido.

-Eso no lo sé, me dijeron que Kimiko estaba internada aquí y el médico me informó que la incorporaban desde un accidente de tránsito a ella nada más, pero ahora que lo dices tiene sentido… ¿cómo se explica que mi hermana tiene un accidente en un vehículo si ni siquiera tiene uno? ¿pidió prestado? ¿a quién? –Kimiko tendría que esclarecer diversos puntos. Pero sería luego de que se repusiera... o abriera los ojos.

Tomoko y Jack se turnaban para acompañar a Kimiko, esperando el momento que abrieran los ojos. Tomoko en la noche, al final de un pesado trabajo en el noticiero de XiaolinTV (a pesar que Tomoko quería pedir un permiso para estar con su hermana las veinticuatro horas del día, Jack le recordó que no podía descuidar su trabajo más que nunca con tantas deudas por pagar y se ofreció en ayudar a cuidar a Kimiko, hasta pagarlas aunque fuera a la mitad, pero Tomoko se opuso). Jack al final de la tarde, mientras aguardaba a Tomoko, de regreso de la corporación. Y Raimundo en el día, cuando ni la hermana ni el amigo de la infancia de su sumisa estaban cerca, el magnate hacía un espacio en su horario para ir a verla. Cerca de su mansión, adquiría un ramo para llevárselo y duraba unas horas haciéndola compañía. Al segundo día de la internación de Kimiko en el hospital, Clay notificó a su Amo el informe de su investigación: Las hermanas vivían alquiladas realmente, el alquiler de este mes había subido y el dueño amenazaba con que debían pagarle, debido a unos problemas financieros anteriores presentaron dificultades serias para cumplir con su renta mensual. Ahora con ese accidente, la tendrían bien complicada en relación a los gastos médicos que correrían. Clay le avisó que envió los registros de las deudas a su correo por si quería comprobarlo.

Raimundo apartó su oreja del auricular un momento, vislumbró a una Kimiko inconsciente. Sin un techo donde vivir, sin un médico que pudiera atenderla. No podía permitir eso.

-¿Por qué no me dijiste nada, cabecita hueca?

-¿Señor, me dijo algo?

-Nada Clay, excelente. Estoy seguro que Tomoko habrá pagado con el dinero de la renta la estancia de su hermana en el hospital y le habrá pedido un plazo al tipejo ese, posiblemente no le dé la oportunidad, pero no importa, yo las ayudaré... Voy a encargarme de pagar hasta la última moneda, haré un retiro y me entrevistaré con el dueño, y tú me llevarás a ambos lugares así que quiero ver tu trasero aquí cuando salga, ¿sí?

-Como usted diga, mi señor –acto seguido, le cortó la llamada. Se quedó mirando a Kimiko unos minutos más, no solamente eso sino en todo lo que necesitaba. Mientras estuviera a su lado, procuraría que nada le faltara. Al tercer día, el alquiler ya estaba pagado, un problema menos; el propio dueño le participaría a Tomoko Tohomiko que alguien bastante generoso se ofreció a pagar el alquiler. Las reparaciones del coche implicarían un cobro de factura, no obstante, estaba asegurado. Y si necesitaba algo para su tratamiento, estaría dispuesto a ayudarla. En horas de la madrugada, entraba desapercibido al cuarto de Kimiko para ver si había evolucionado. Nada. Se mantiene igual. Raimundo se tiraba al sofá, esperando que la chica despertara. Llegamos al cuarto día.

Raimundo recostó su espalda del respaldo de su asiento. Acarició el puente de la nariz con el dedo índice y el pulgar. Sus ojos descansaban sobre el cuerpo de la chica, es el cuarto día y aun permanece inconsciente. El color rosa de sus mejillas y sus labios no han desparecido y eso era una buena señal. Sus pestañas rizadas, su cabello brillante y lacio, la belleza se ha prendado de ella. Suspiró, pasaría una eternidad viendo como duerme. Escuchó que alguien entraba. Temió que fuera Jack o Tomoko, pero era un muchacho de catorce años cargando un ramo de tulipanes y una pancarta. Dirigió su mirada a Raimundo y luego a la inválida.

-¡Srta. Tohomiko! Oh, no sabía que habría otra persona aquí, lamento irrumpir –el pequeño niño chino se inclinó hacia adelante, saludándolo- ¿quién es usted? Si puedo preguntar.

-¿Yo? Soy... su novio –mintió- ¿debo pensar que eres uno de los alumnos a los que Kimiko da clases en Saint Hui?

-Eso es correcto, mi buen señor. Vengo desde allá mismo, en representación de los alumnos de segundo año, estoy aquí para dar nuestros mejores deseos de recuperación a la profesora, apenas supimos que sufrió un accidente decidimos ir a visitarla, pero no nos dejaron pasar a todos. No sabía que la Srta. Tohomiko tenía un novio, ella nunca ha hablado de usted.

-La vida privada de los docentes no debe mezclarse con las relaciones laborales, niño.

-Lo sé, pero hemos compartido tanto... –el muchacho dejó inconclusa la frase, la rodeó y se colocó al lado, notó el collarín- ¿cuánto tiempo ha estado así?

-Cuatro días y medio, aun no despierta –musitó Raimundo, el chico se estremeció.

-¿Ah, y ya probó besarla?

-¿Cómo?

-¡Sí, usted debería saber! Como en el cuento de "la bella durmiente", no abre los ojos hasta que el príncipe viene. No existe fuerza más poderosa que el amor verdadero, si su amor es sincero debería despertar.

-¿No crees que estás muy grandecito para creer en esas cosas infantiles, niño?

-¡No soy un niño! Nunca es malo imaginar algunas veces, mi padre dice que debo enumerar siete cosas imposibles antes de comenzar el día, ¿qué pierde con intentarlo? ¿no la quiere?

-Bueno en eso sí te doy la razón. Lo haré, pero no porque insistes –aclaró, el chico rodó los ojos.

El muchacho retrocedió. Raimundo levantó las manos y plantó una a cada lado de su rostro, sobre la almohada. Inclinó la cabeza, cerró los párpados, sus labios pastorearon los suyos y presionó sus labios con confianza y suavidad cuando el momento era perfecto, permaneció en esa misma postura, abrazándose al calor que transmitía en un dulce beso. De repente, sus anteriores recuerdos fueron arrastrados hacia un remolino siendo reprimidos por Kimiko. Se olvidó de pronto que el mundo existía, en este espacio no había lugar más que para ellos. Lo único que importa, lo único que existía era ella aquí y ahora. Ella comenzó a moverse. Entonces poco a poco fue abriendo los ojos, parpadeó un par de veces y despertó. Empujó a Raimundo, rompiendo su beso.

-¡Se lo dije, cuando el amor es verdadero, se impone sobre todas las cosas y no es un cuento chino! –exclamó.

-¿Por qué tú estabas bes...? –cubrió su boca, tapando un grito ahogado. Raimundo envolvió sus fuertes brazos en torno a la chica, presionando sus cuerpos.

-Me tenías preocupado, mi amor, estoy contento que hayas despertado –susurró a su oído.

-¡Señorita Tohomiko, señorita Tohomiko!

-¡¿Omi?! ¿qué haces aquí? ¿y Raimundo? ¿se conocen?

-Sí, nos acabamos de conocer. Le estaba contando a su novio lo maravilloso que es tenerla como profesora, de parte mía y de ambas secciones, contando con el permiso del querido director Young, hemos escrito en esta cartulina nuestros mejores deseos de la misma forma cada uno compró un tulipán e hicimos un arreglo floral, ¡tome! ¡queremos que vuelva a dar clases pronto! –Kimiko recogió el ramo y desplegó la cartulina. En marcadores de todos los colores, los alumnos escribieron mensajes. Sin dejar siquiera un espacio en blanco. Kimiko sonrió ante el gesto amable, Raimundo miró por encima de la cabeza de su novia lo escrito por los alumnos.

-Siempre estuve consciente que eres una excelente profesora.

-Es muy lindo, Omi, dile a todos tus compañeros muchas gracias y deben de tener en cuenta que siempre los llevaré en mi corazón, o tal vez... Lo escribiré en el grupo de facelook –si, hasta tenía agregado el facelook de los alumnos de octavo grado- cuando tenga mi PDA. Te prometo que me repondré e iré a Saint Hui lo más pronto posible. Pero me siento mal de que estés perdiendo clases en mi culpa; anda, Omi, no hagas esperar a tus compañeros y ve con ellos.

-¡Si usted inhibe, hasta pronto señorita Tohomiko, hasta pronto novio!

-Es insiste, ¡adiós Omi!

-¡Eso también!

Kimiko se rió entre dientes. El muchacho cerró la puerta, dejando a "los novios" a solas. El joven magnate se dirigió a la protagonista.

-Tal vez tenga el cuerpo de un adolescente, pero su madurez es la de un niño, ¿en serio no te sientes un poco mal de haberle mentido a un muchacho, Raimundo, novia eh?

-Creo que podré sobrellevarlo. Él está muy encantado contigo como profesora.

-Oh por amor a Cristo, Raimundo, ¿no estarás celoso de uno de mis alumnos? ¡tiene catorce años y yo veintidós, entre nosotros sólo existe un vínculo de profesora y estudiante!

-Las profesoras son muchas veces el objeto de pasiones de los alumnos que quieren crecer y ser hombres, en especial si son tan irresistiblemente sexys como tú –Kimiko puso los ojos en blanco, cruzó los brazos bajo el pecho, luego llevó la mano a su nuca, adolorida. Arrugó la cara- ¿te duele? –preguntó serio.

-Sí, algo. No recuerdo que ocurrió con claridad esa noche, tú me llamaste y de pronto vi esa camioneta blindada, quise frenar, pero los frenos no me respondieron y fue cuando apareció ese maldito árbol, me golpeé con el volante y de ahí no me acuerdo, ¿cuánto tiempo estuve inconsciente?

-Cuatro días, tu hermana y Jack han estado muy preocupados –Kimiko puso una mueca y se cubrió la cara, horrorizada.

-Oh Tomoko, no soy capaz de imaginar su cara. Totalmente asustada, ¡y Jack! Maldita sea, un accidente de tránsito, me harán preguntas al respecto ¿qué les diré?… ¡la universidad, oh no! ¡el alquiler! ¡el hospital! ¡el coche, Raimundo lo siento demasiado! –quiso incorporarse, pero consiguió lastimarse a sí misma. Él la empujó a la cama suavemente, impidiéndole que se moviera. En los dientes de la chica se enredó un bramido.

-No te preocupes por esas cosas, nena, en el transcurso de estos días he tenido tiempo para pensar en qué le dirás a tu hermana: Vas a decirle que un amigo de la universidad fue quien te prestó a causa de que era un asunto muy urgente, me aseguré de conseguirte una coartada y encargarme de cualquier pequeñez, y créeme, Tomoko no tendrá otra opción que creerte. En cuanto a la universidad, hablé con Keiko y me ha dado los apuntes de estos últimos días asimismo hablé con el decano para explicarle de tu situación, por suerte ya has salido de los parciales primero que yo. Será fuerte el regreso por los días que has perdido, pero es lo único que he podido hacer por ti –explicó sosteniendo su hombro derecho, Kimiko ladeó la cabeza- Tomoko ha pagado con el dinero del alquiler tus gastos en salud y aunque haya hablado con el Sr. Tubbimura para otorgarle un plazo, me aseguré de pagar el alquiler, no le debes nada a nadie y en el caso del coche, la menor de tus mortificaciones, estaba asegurado, me ocupé de llevarlo con un mecánico experto; la última vez que hablé con él por teléfono, me dijo que estaba atareado, pero podría tenérmelo listo antes de que terminara el mes, ¿mejor?

-Oh Raimundo, yo... ahora me siento peor, pienso que te debo demasiado. No quiero que te ocupes de mis problemas, quiero resolverlos yo sola –rezongó Kimiko. Raimundo le sonrió con dulzura y se sentó en la cama.

-Me imaginé que por eso no quisiste decirme tus problemas financieros, pero Kimi... ¿acaso olvidaste nuestro trato? Mientras seas mi sumisa, yo haré todo lo que tú me pidas y también te ayudaré en todo lo que necesitas, aun si no quieras: ¿quieres un carro? Te lo compro, ¿te apetece comer en el restaurante de la esquina? Te llevo, ¿sufres de un accidente? Asumiré todos y cada uno de los gastos que cobre el hospital, para eso yo estoy, no solamente para quedarme mudo y guardar tus secretos. Si quieres pagarme cada una de esas deudas, hazme muy feliz en nuestra próxima hora loca –le sonrió con picardía.

-Sin embargo, no puedo, con este collarín no puedo ni ingresar a la universidad –repuso- tú no habrás... –Kimiko dirigía su mano hacia sus caderas cuando Raimundo la frenó.

-Tranquila, no te he follado si eso piensas –dijo- ya lo sé, te daré el descanso que necesites, pospondré nuestro encuentro hasta nuevo aviso. Kimiko, nunca está mal pedir ayuda de vez en cuando, todos lo requeriremos en algún momento así que deja de estar reprochándome un miserable besito –extendió el brazo, cogiendo uno de los tulipanes y dio unos golpecitos cariñosos en la nariz de Kimiko, ella sonrió. Él también. Se quedaron viendo a los ojos, sin nada que decirse. La protagonista vaciló y desvió la mirada.

-Raimundo... después de esto ya no sé ni qué decir. Sufrí un accidente, corriste a ayudarme, te trasnochaste esperando que despertara y me has ayudado demasiado cargando con gastos que me concernían a mí. En serio, muchas gracias, pero te agradecería que no volvieras a repetirlo: Tal vez no seas tan malo como creí, tomando en cuenta que lo haces por interés.

-¿Tal vez no sea tan qué? ¿podrías repetir? No escuché.

-¡No! No volveré a repetirlo... –lo golpeó en el hombro amistosamente. Ambos se echaron a reír, entonces Raimundo se levantó y tomó su chaqueta- ¿ya te vas?

-Sí, tengo trabajo qué hacer en la oficina ¿o quieres que me quede?

-No, no, tienes razón. Vete a tu oficina –desvió la mirada.

-Me mantienes informado si esos médicos te tratan bien, me preocupo mucho por mi Kim –dijo- hasta la vista nena –se despidió con su habitual tono sensual y cerró la puerta. Kimiko suspiró, cogió la cartelera y leyó con más detenimiento los mensajes de sus estudiantes.

Esa misma noche, su hermana mayor regresó como las anteriores noches para encontrarse con la noticia de que Kimiko recuperó la conciencia. Tomoko corrió a su cuarto y la abrazó, aliviada y contenta. Daría la impresión que Kimiko estuvo al borde de la muerte, y en los primeros minutos así parecía. Le disertó que tanto ella como Jack se aterrorizaron cuando supieron del accidente y durante estas noches seguidas, han estado turnándose para cuidarla hasta que despertara. De inmediato, ella quería saber más detalles de la noche en que sufrió el accidente. En unas palabras sutiles, le estaba exigiendo explicaciones. Kimiko repitió lo acordado con Raimundo, llamó a un amigo de la universidad para que le prestara el coche en una situación de emergencia, advirtió una camioneta blindada y en un acto reflejo, giró para prevenir un choque. La salvó de la camioneta, nomás de un árbol. Si con presentarlos la dejaría más tranquila, lo haría en cuanto se repusiera. Tomoko no quiso seguir insistiendo y estuvo conforme a la explicación, pasaron a otro tema. Esa tarde, el Sr. Tubbimura, dueño del apartamento, la llamó para decirles que alguien pagó el alquiler, ¿no le parecía raro? Es como si recibieran ayuda del cielo. Tenía la ligera proclividad que era Jack, quería llamarle, pero debía de estar tan afanado como para interceptar su llamada. Kimiko le mostró el ramo de tulipanes y la cartulina de sus alumnos (no le gustaba el rumbo que tomaba esa charla), y fue cuando Tomoko recordó que Chase mañana iría a visitarla. No había tenido tiempo por el trabajo, pero ha estado llamando constantemente preguntando por ella. Se pondría feliz al verla. Si continuaba así, podrían darle de alta mañana mismo o eso había dicho el médico.

-Oh sí, por favor.

-¿Te gustaría que te trajera tu ropa mañana?

-Si no es mucha molestia te lo agradecería bastante –Kimiko odiaba pasar más tiempo aquí.

Al día siguiente, Kimiko recibió la visita del director Young. Se sonrojó, no le gustaba que la viera tan poco atractiva. Paliducha y con ese horrible collarín. Chase se sentó en la cama y al igual que Tomoko le preguntó cómo fue que ocurrió el accidente. Lo que es bueno para la pava, también es bueno para el pavo. Repitió la misma historia. Antes de terminar, Chase le confesó el susto que vivió cuando se enteró del accidente, reconoció que desde entonces ha estado comunicándose con su hermana, preguntando por ella. Temía lo peor. Si bien era consciente que Kimiko se caracterizaba por su fortaleza impenetrable, no ocultó su miedo de pensar por un instante que corría un peligro mortal. Textualmente de la boca del director de Saint Hui:

-Durante toda mi vida, desde que mis padres murieron, he intentado vivir al margen de cualquier tipo de emociones intensas, sin embargo, desde que el destino te puso en mi camino me provocas sentimientos que me son ajenos y difíciles de controlar, es muy perturbador, Kimiko, contigo todo lo que yo creía conocer de mí simplemente se evapora: Señorita Tohomiko, a su lado siento que mi vida tiene otro sentido... Tú me das esperanza.

Kimiko tenía los ojos abiertos como platos y sin palabras. Nunca nadie se había atrevido a hablarle de esa manera. Jamás creyó oír eso de la boca de Chase Young. Iba a responder, en ese momento Jack abrió la puerta y se unió a ellos, les dijo que Tomoko fue a casa a buscar ropa para Kimiko ¡porque hoy era el último día en que permanecía en el hospital! La chica y el director aplaudieron. A Sombra le hubiera encantado venir a verla, pero debía atender a sus obligaciones como modelo así que él estaba en representación de los dos (para la suerte de Kimiko). Tomoko empujó la puerta del apartamento, dejó las llaves en la mesa y entró al cuarto de su hermana. Sobre la cama dejó una mochila para guardar la ropa, bajó el primer cierre. Abrió las gavetas de su cómoda, inspeccionó: Sacó unos pantalones vaqueros grises y una blusa verde pino de estampados de panda. Las metió en la mochila. Revisó el armario ya que allí enumeraba en filas su calzado. Kimiko tenía que descansar de los tacones, estiró el brazo y sacó un par de zapatos deportivos al mismo tiempo que sacaba una caja. Tomoko arrastró la caja hacia ella.

-Esto no es un buen lugar para guardar ropa. Ay Kim, ¿qué hay aquí? –levantó la tapa y se quedó en shock cuando encontró una picardía roja adentro-: ¡¿pero qué...?! No sabía que mi hermana le gustaran estas cosas hasta donde tenía entendido las repudiaba –levantó la ropa interior, un conjunto bastante atrevido y sensual- ¡vaya! Aunque... por aquí debe haber algo más –chequeó las ropas de su hermana. Pasó desapercibido las camisas, minifaldas, botas, tacones, zapatillas, pantalones ajustados y demás conjuntos (por ser normales para el punto de vista de Tomoko) que compró con el dinero de Raimundo hasta dar con el camisón para dormir, lujoso. Estaba extrañadísima, ¿cuándo y cómo Kimiko adquirió estas cosas? Jamás encontró la pulsera porque no registró la joyería, pero localizó las pastillas anticonceptivas y ¡un lubricador! (casi descubre la laptop). Tomoko se estremeció, después de ver este tipo de cosas concluyó que su hermana inició su vida sexual, ¡¿cuándo si Kimiko es virgen o ya no lo era?! ¡¿había tenido relaciones sexuales con el director?! ¡¿o si no con quién?! Detalló el camisón, miró las iniciales grabadas. Tomoko cayó en cuenta y gritó.

-¡No puede ser...! Kimiko ha estado mintiéndome. La dieta, el ejercicio físico, el lubricante, la ropa sensual, los anticonceptivos... ¡y yo como estúpida! Pero... oh no, ¡esto no puede ser cierto! ¡no otra vez! ¡NO PUEDE SER! –lloró Tomoko, bajando la cabeza.

Entretanto, Clay se estacionó frente del taller mecánico en el que su Amo dejó el coche de Kimiko. Alrededor de las seis de la mañana, el mecánico contactó con el joven empresario y afirmó que revisó el coche, encontró el fallo, pero quería decírselo en persona. Raimundo haría una parada antes de irse a la universidad. Le ordenó a Clay esperar. Se bajó del coche, asistió con el mecánico. La causa de que los frenos no respondieran era debido a la bomba de freno, la tuerca se aflojó a tal punto que las ligas se han salido, impidiendo el correcto funcionamiento; sin embargo, la última vez que revisó este vehículo, cuando comprobó esa bomba de frenos estaba en perfecto estado. Es decir, que alguien malintencionado saboteó los frenos adrede para que el conductor de este auto sufriera un accidente que podría acabar con su vida, interpretó él. Cómo amante de la velocidad y los coches, tenía conocimientos de las piezas de los mismos. Se devolvió hacia su Mercedes Benz.

-¿Y bien, alguna pequeña idea del desperfecto del vehículo?

-Fue sabotaje, fue un intento de homicidio.

-¡¿Asesinato?! ¡¿quién tendría motivos tan perversos para matar a una chica tan dulce como la señorita Kimiko Tohomiko?!

-¿No lo entiendes, Clay? No es por Kimiko, es por mí, alguien me quiere asesinar.

-¿Podría conectar esos puntos por mí, señor? No entiendo.

-Ese coche estuvo a mi nombre: O la persona que intentó asesinarme pensó que todavía era de mi propiedad o conoce mi relación con Kimiko y atacándola, sería una amenaza directa a mí y un golpe bastante bajo.

-¿Quién tendría una mente tan maquiavélica para querer hacer eso?

-No sé, si bien es seguro que Kimiko me reprochará, pero debo asegurarme que permanezca con vida cueste lo que cueste. Acelera, vámonos a la uni –ordenó. Clay vaciló, prosiguió su curso normal, sin dejar de pensar lo que le había indicado el Amo.


*Lo más lógico del mundo, si te gusta alguien, cómprate una mascota del sexo opuesto y ponle su nombre LOL (en homenaje al episodio 10 de Crónicas Xiaolin).

A/N: *Cantando*

¿Qué gran bondad se esconde allí?
Aunque al principio rudo y malo lo creí
Ahora sé... que no es así
Y me pregunto por qué antes no lo vi

Miró hacia acá, me pareció
Y cuando nos tocamos no me rechazó
No puede ser, lo ignoraré
Mas sin embargo nunca me ha mirado así

Seguro todos ustedes se vieron la película de Disney: La Bella y la Bestia, me pareció apropiado cantar este pedazo de "Hay algo ahí", quién sabe por qué. Luego de leer el capítulo de hoy, esas palabras de parte de Raimundo y Chase, yo sé que todas estarán pensando: ¿Por qué no llueven los novios así? ¡quiero uno! Y yo les pregunto a ustedes ¿con quién quiere que se quede Kimiko? ¿con Chase? ¿con Raimundo? ¿o ninguno? Ah, por allá alguien me dice que la canción del inicio se debe porque Kimiko cambió su manera de pensar hacia Raimundo. Bueno yo no tengo las respuestas, le ayudó a pagar el alquiler, mandó a pagar los daños del coche, los gastos en medicina (¿sí? ¿no? ¿lo hará?), movió sus influencias y habló con el decano, le consiguió los apuntes de las clases, se quedó con ella día y noche, sin contar que fue él quien llamó al hospital. Sí, no podemos ignorar que Kimiko sabe que Raimundo lo hace por interés porque es su sumisa, pero hay algo ahí que es diferente. Y luego sale Chase con ese discurso intenso en la que uno queda: Jesucristo. Y para como de los colmos, Tomoko sospecha de que Kimiko le está ocultando algo. No sé ustedes, pero una de las cosas que me gustan del fic es que no hay ningún personaje tonto para ganarse mi odio (sobretodo Jack que le dio esa pista a Tomoko): Parece que en los fics, en las películas, en las telenovelas, en las novelas tiene que existir un personaje estúpido para que haya trama. Malvaviscos asados, yo todo lo hago por una razón, todo es parte de mi maquiavélico plan, aquí la única villana soy yo: ¿Por qué escribía tanto que Kimiko necesitaba de un vehículo? Para que Raimundo le diera el suyo y luego que venga este accidente, que cambiara la manera de pensar de Kimiko del mencionado. ¿Cómo me benefició este accidente? Para que Tomoko sospechara de la relación entre Kimiko y Raimundo, yo les dije que es un personaje muy importante. ¿Lo ven? Yo soy la única antagonista de este cuento. Nada es que se me ocurrió ayer, todo está calculado fríamente. ¡Ups, alguien quiere asesinar a Raimundo! ¿qué beneficios tendrá? ¿quién será? Pobrecita Kimiko, ese fue un terrible accidente, los maté del suspenso seguramente. ¡¿Se dieron cuenta de mis detallitos?! Tuvieron que darse cuenta del detalle porque si no están ciegos. Y bueno, Omi hizo un pequeño cameo para complacer a los fans con su cuento de la bella durmiente (aquí es un personaje secundario porque en Mamma Mia, es quien se lleva todo el crédito) ¡un aplauso a la bola de queso! ¿Qué pasó? ¿por qué tienen esas caras de asustados? Ya sé, ahora van a prestar atención excesiva a cada detalle: Kimiko se comió una caja de azúcar, Alice saldrá después con que sufre de coma diabético. Aquí la única que debe estar nerviosa soy yo, yo soy una persona nerviosa. En el capítulo que viene nos vamos a poner cursis. Prepárense, porque el fic todavía no acaba. ¡Nos leemos en el siguiente y no se olviden que solamente hay que creer en Dios y esperar a la semana que viene! ¡ciao, cuídense!

Mensaje para anonima mex: ¡Un saludo, malvavisca asada! ¿Qué esta historia se está poniendo como? ¿excitante sería la palabra que buscas? De Raimundo nos debemos esperar cualquier cosa, es capaz de eso y muchas cosas más. Kimiko, si en el anterior capítulo se compadecían de ella, en este que tiene collarín, ya me veo las oleadas... ¿Gustarle? No estaría segura de apostar eso, ¿por qué lo dices? Que no te escuche Kimiko porque se podría...

-¡YO NO LE ESTOY AGARRANDO EL GUSTO A NADA, MI ACTITUD SE DEBE A LAS ARTIMAÑAS DE ESTA TIRANA MANIPULADORA QUE ME OBLIGA A TENER ESCENAS PORNO CON PEDROSA!

...enfadar. Kimiko, estuvo demás lo manipuladora. Sí, hay muchas escenas lemmon e intriga, ¿romance? Será el de Kimiko y Chase, porque la veo lejos de enamorarse de Raimundo a no ser que ocurra algo drásticamente. ¡Y lo que falta! Ah sí, decidí no continuar con esa historia porque las ganas se me quedaron en octubre por culpa de mis estudios, si vuelvo a tenerlas. Lo vuelvo a subir. Ni idea que leías esa historia. Eso sí, tengo preparado un fic (sin lemmon) cuyo protagonista es Omi y sus antagonistas son Wuya y Hannibal, con Jack de antihéroe al lado de Omi en el reparto. ¡Mamma mia! Pero por ahora, quiero terminar este fic para comenzar con el otro. Ya tengo el primer capítulo hecho, ¡ara chuparse los dedos! Aquí tienes la respuesta a tu pregunta ¡nos leemos! ¡espero que te haya gustado, hasta entonces!