Disclaimer: Los personajes son de la asombrosa
Suzanne Collins, yo solo me encargué de inventar
una historia completamente loca.
La historia es M por aparición de drogas, alcohol y
futuros Trastornos de Alimentación.
No digan que no fueron advertidas.
Capítulo 9.
"Ahí dentro no le he dejado morir del todo, y dormimos juntos, así, con nuestro pacto secreto. Y es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero yo no lloro, ¿lloras tú?". – Pájaro Azul. Charles Bukowski.
Primrose mintió cuando dijo que podía conocer a quien la estaba volviendo una completa idiota romántica, ella no estaba ahí el día del auto lavado. Al menos hubo una parte buena, Peeta y yo estábamos bastante bien en nuestra extraña manera, no me quedaba a dormir en su apartamento, y él tampoco dormía en mi habitación, pero supongo que era porque quería darme mi espacio.
Entonces aquí estaba, viéndome completamente inocente frente al espejo porque Prim había insistido que debía verme linda y todo eso para conocerla a ella. No sé cuál era mi problema porque se supone que no hay nada malo con los pantalones claros, ¿verdad? Ay, mierda. Me sentía como una imagen de una iglesia o algo así. Tomé mi bolso y salí, ya iba tarde.
-Hola, soy Rue. – Wow, si había algo que Primrose tenía era buen gusto, eran tan malditamente adorables, solo querías verlas susurrándose cosas al oído o tomándose de la mano. Mierda, ya me estaban poniéndome toda estúpida.
-Hola, Rue. Cualquier cosa que te hayan dicho de mí, eso es lo que no soy. – Ella sonrió y tenía unos hoyuelos que obviamente no pasaban desapercibidos para Prim.
-Muy mal, porque dijeron que eras hermosa, y sí lo eres. – ¿Era eso un cumplido? Hacía tiempo que no escuchaba un cumplido sincero. Sí, por mí podían casarse ya.
Estábamos solo hablando y tomando cócteles sin alcohol porque Primrose había insistido, algo sobre que me estaba comportando como una alcohólica. ¿Cuál es la gracia de tomar Piña Colada sin alcohol? Es una bebida dulce, la diversión la pone el Ron.
Rue estaba preguntándome cosas que yo no quería responder. Dios, odiaba hablar. Además ella tenía un acento que me daba ganas de reír, y no podía concentrarme en nada. Estaba estudiando con detenimiento el asesinarme con el aluminio que mantiene las servilletas dobladas cuando apareció Peeta.
-No estoy suficientemente borracha para esta mierda. – Al parecer eso había sido poco amable por mi parte, pero él me ignoró. Primrose no escatimó en la mirada reprobatoria, y Rue ni siquiera lo escuchó.
Prim, Rue y Peeta no dejaban de hablar ni un segundo, ni mientras tomaban ni cuando trajeron nuestra comida. Peeta tomó su tenedor con su mano derecha y puso la izquierda en mi muslo, era un toque inocente hasta que comenzó a subir. Si hubiese sido yo la que quitaba la mano de la mesa, me hubiesen acusado de algo terrible –pero probablemente cierto-, aún así, como era Peeta el que escondía sus manos debajo del mantel, nadie se preocupó.
Rue tenía un hermano que se llamaba Tresh, era británica, y un montón más de información inútil sobre ella. No me malentiendan, me agradaba la chica, pero tenía miedo de que pudiese lastimar a Prim. Sinceramente no participaba en la conversación porque la mano de Peeta me distraía. Subió aún más su mano y sus dedos jugaban con mi sexo por encima de la tela. En mi defensa, quería decir algo, pero no podía por su culpa. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Ah, sí, que me ahogara con la ensalada o que me subiera a él para coger frente a todo el restaurante.
Yo lo miraba con incredulidad y él me daba sonrisas pícaras y continuaba con la conversación. No estaba acostumbrada a que jugaran así con mi sentido común, obviamente era yo quien jugaba con los demás. Mi cerebro gritaba "¡aléjalo!", y mi vagina traidora gritaba "¡pide más!". Nunca confíen en sus vaginas, les gusta manipular las cosas para su beneficio. Cuando nosotras estábamos pidiendo el postre, Peeta se levantó.
-Fue un placer conocerte, Rue. Prim tenía razón sobre ti, eres genial. – No sé qué mierda le estaba diciendo ella, pero yo creo que estaba teniendo un pequeño ataque de pánico.
-Espera, ¿te vas? – Mi voz sonó extraña, interrumpiendo cualquier conversación que estuviesen sosteniendo. Primrose arqueó una ceja.
-Sí, tengo otras cosas que hacer. Te veré luego. – Quería maldecir mil veces, insultarlo a él, a toda su ascendencia y a su descendencia. Me había dejado ahí, toda caliente, y estaba segura de que lo hizo a propósito.
Igual no lo necesitaba. Mis días eran lo que yo quisiera que fueran, conocía cada lugar y quién lo habitaba. Conozco en realidad la mitad de lo que él necesitaba. Magia. Mis días eran de luna. Mis noches eran de alguno o de ninguno, no de Peeta. Iba a emborracharme, porque si él quería irse de pronto, yo no iba a sentarme a esperarlo. Quizás estaba muy obsesionada con esto, pero es que aún no podía creerlo. Saber de mí se haría difícil, y no me volvería a ver ni con trucos de magia.
El tardío almuerzo al fin terminó, así que corrí a cambiarme porque no había manera de que nadie pudiese verme con esta ropa sin que yo le partiera la cara. No sé qué coño me puse, sé que era algo corto. Tomé muchos analgésicos del gabinete de emergencia, los guardé en el bolsillo de mi abrigo y salí hacia la calle.
Había mucha gente en el pequeño bar al cual entré, no presté atención a nadie y me senté en la barra. El chico que estaba a mi lado comentaba algo sobre política, la chica que lo acompañaba me dirigió una mirada aburrida, se habían sumergido en la monotonía.
Tomé los analgésicos que tenía guardados con cuidado de que alguien pudiera verlos, entre ellas estaba una píldora morada, otra azul, y unas cuantas más de colores aburridos. Pedí un trago tan aburrido como los temas de conversación de todos en ese pequeño lugar, y con él pasé las píldoras. Probablemente no fue una buena idea tomármelas todas de una sola vez.
Comencé a ver hadas en el hombro de todos, los mordían porque eso es lo que hacen las hadas. Estúpidas alucinaciones, yo sí las he visto, pero son todo un misterio. Venían a contarme cada pequeño secreto de los que estaban dentro del bar, ríe ahora y dime ¿quién espía en la ventana?
No pude quedarme ahí sentada, tomé mucho más y luego me fui. Caminé, di vueltas por todas las calles oscuras, viendo como las hadas desordenaban la ciudad. ¿Nunca te han hablado de la línea de las hadas? Es que cuando creces las olvidas, pero todos lo hemos hecho, todos nos fuimos con ellas. Todos realizamos un viaje a las estrellas. Las calles estaban vacías y sé que si no hubiese estado con ellas, me hubiese asustado. Me reí de quienes caminaban solos, como yo.
-¿Cómo llegaste aquí? – preguntó él.
-No lo sé. – Me pegué a su cuerpo, que estaba tibio, y él no me rechazó. Preguntó un par de cosas más, pero yo no sabía contestar.
-¿Qué tomaste? – él besaba mis mejillas cada tanto.
-Cualquier cosa, pensé que era ibuprofeno. – Mi lengua se enredaba cuando quería hablar y él sabía que nada de lo que le decía era verdad.
-Katniss, despierta. – No sabía dónde estaba ni si todo estaba en su lugar, pero definitivamente mi cabeza estaba ahí, porque me dolía como una mierda. – Vamos al lago.
-No me quiero levantar. ¿Cuándo vine? ¿Me secuestraste?
-No lo hice, viniste por voluntad propia a mitad de la noche hablando de bosques de colores y mierdas así. – Estaba confundida y me temblaban las manos. – Vamos al lago. – repitió él.
-Sí, lo que sea, iré si me dejas lavarme la cara y no me haces caminar ni un paso. – Me ayudó a levantarme y me dejó hacer cualquier cosa en su apartamento. Al menos confiaba en mí.
Realmente no me dejó caminar, hice el corto camino hacia la orilla en su espalda. No sabía cuánto había dormido, pero no había mucho sol, quizás porque el otoño estaba por comenzar. Lo que fuese, estuvimos allí un rato, él parecía estar pensando en cualquier cosa.
-¿Quieres intentarlo? – Aquí íbamos otra vez. Decidí ser honesta de una vez por todas.
-Mi corazón se balancea en cosas que no conozco. – sonaba insegura, y Peeta intentaba encontrar alguna mentira entre lo que yo quería decir. Intenté sonreírle. – Mira, puedes darme tu mano y trataremos de salir ilesos de las primeras pruebas de confianza. No me des tu corazón enseguida porque solo lo dejaré caer. Pero puedes prestarme tus ojos, cambiaré tu manera de ver las cosas. – Él devolvió mi sonrisa porque sabía que no le estaba pidiendo que confiara en mí, sin embargo, estaba dispuesta a darnos una oportunidad. No teníamos nada que perder. - ¿Ves eso allá?
-Es solo el agua. – Era definitivo que no entendía bien lo que yo estaba señalando.
-No, Peeta, mira bien, es el agua, que sigue queriendo besar la orilla, no importa cuántas veces esta sea enviada muy lejos. – Él me besó luego de eso, éramos patéticos, intentando ser algo. – Tendrás que darte cuenta de que me gusta tomar café sola y me gusta leer sola. Me gusta tomar el bus sola y caminar a casa sola. Esas pequeñas cosas me dan tiempo para pensar y dejar volar mi mente. A veces me gusta comer sola, y escuchar música sola. Pero en estos últimos días me he dado cuenta de que aunque me gusta estar sola, no me gusta sentir que la soledad me atrapa. Mira el cielo, es hermoso, pero yo estoy triste la mayoría del tiempo. Solo necesito a alguien que no se vaya.
-No te preocupes, Kat, esto es por ti. Yo no me iré.
Deberían leer completo el poema del principio, es muy bueno.
Pueden escuchar Awake My Soul de Mumford & Sons. Y La Línea de Las Hadas - Carlos Sadness con Muffy.
Yo sé que no es de Dios que me haya tardado tanto en escribir y que sea tan corto. Lo siento :( Im a Girly Lady,si es que no ha cambiado su nombrecito.
Nos vemos cuando mi cerebro decida funcionar completamente :)
¡SALGAN A VOTAR EL 7O, VENEZOLANOS! ¡Algo bueno está pasando!
Amanda *lluvia de corazones*
