Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Fiora se dirigió al ascensor acompañada de Raven volando a su lado. Mientras esperaba a que su transporte llegara, se paró frente a un espejo para alisar su electrificado pelo y se encontró frunciendo el ceño.

Agh… este uniforme no es práctico para pelear, pensó a la vez que tiraba de su absurdamente corta falda. Tal vez era hora de cambiar el armario. Sí. Al demonio con las reglas de vestuario.

Halló el camino hasta el almacén de uniformes, recogió una caja con diversos trajes del estilo gris oscuro ejecutivo y se la llevó a su suite personal. Eventualmente, después de muchas quejas delante del espejo del lavabo, logró ponerse un par de pantalones ejecutivos de color gris oscuro y unas botas que le llegaba hasta las pantorrillas. Después de considerarlo, decidió preservar su top de mujer original para halagar su nueva figura ahora que había dejado de ser solo huesos y piel. También conservó los guantes, aunque eligió unos que dejaran sus garras al descubierto para mostrar su belleza.

—¿Qué opinas? —preguntó a Raven, el cual estaba posado en el fregadero. El Noibat sacudió la cabeza. Aunque a Fiora le gustaba el nuevo aspecto, estaba de acuerdo con Raven. Faltaba algo. ¿Un cinturón? Sí.

Fiora excavó en la pila de uniformes hasta encontrar con un cinturón para hombres, el cual era enorme y se ladeaba en sus delgadas caderas. Luego de una pausa, extrajo un segundo cinturón idéntico al anterior y lo colocó transversalmente con el otro por debajo de su expuesto abdomen.

—¡Noi! —complació Raven. Fiora sonrió.

—Tienes razón. Me queda muy bien. —Dio una vuelta sobre sí misma, disfrutando de la libertad y la sensación de dureza que su nuevo traje le proporcionaba—. Lo único que falta son las Pokéball —bromeó ante su reflejo y sintió un nervioso revoloteo en el estómago. Esta vez no descartó la idea de ser una entrenadora.

¿Por qué no debería seguir su propio consejo? Si Misty podía avanzar en su carrera como entrenadora con un merger… ¿Por qué ella no? Siempre había deseado ser una entrenadora, después de todo. Todo lo que necesitaba eran unas cuantas Pokéball y una excusa para realizar trabajos de campo por un tiempo. O tal vez podía tener la custodia exclusiva de Raven. Tendría que preguntárselo al jefe, pero teniendo en cuenta su estado y todo el trabajo que había hecho…

Fiora escuchó la puerta de su habitación abrirse. No le hizo falta suponer quién era; Pierce era el único privilegiado al que le había entregado su código de acceso. Además, ese sonido de pasos rápidos y decididos solo podían ser suyos, los reconocería en cualquier parte.

—¿Fiora? ¿Estás aquí? —Su voz se escuchó detrás de ella y se cortó con una fuerte inhalación cuando su sombra alcanzó la puerta. Cuando Fiora se dio la vuelta, se topó con sus verdes ojos mirándola de arriba abajo—. Estás… estás rompiendo las normas de vestuario.

Fiora rio.

—Lo sé. ¿Te gusta?

Pierce asistió una vez. Una raya roja apareció en sus mejillas.

—Te queda bien.

—Raven y yo pensamos lo mismo. —Acarició la cabeza del pequeño Pokémon y empezó a doblar y guardar los uniformes que no le habían gustado—. Bueno, ¿cuál es el problema?

—¿Cómo dices?

—¿Por qué estás aquí?

—Ah, claro. —Pierce se aclaró la garganta, tomando un último vistazo de admiración cuando pensaba que Fiora no se daría cuenta antes de volver al trabajo—. Han estado volando rumores toda la tarde, pero quiero escucharlo personalmente de ti: ¿has aprendido a usar el movimiento Finta?

Fiora sonrió. Se concentró, apuntó y apareció detrás de él en un abrir y cerrar de ojos, apoyándose cerca de una de sus orejas.

—Pues sí.

Pierce se asustó y dio un paso adelante, girando sobre sí mismo para volverla a tener a la vista.

—¡Esto es increíble, Fiora! ¿Te das cuenta de lo que significa? ¿De lo que la humanidad puede hacer pudiendo acceder a las habilidades de los Pokémon? —Su voz estaba cargada de euforia e intriga—. ¿Qué otros movimientos sabes?

Fiora se encogió de hombros.

—Ni idea. Supongo que tendré que pelear para descubrirlo. —Miró a Pierce por si no captaba la indirecta.

—Pelea. Claro. Por supuesto. Iré a despejar y preparar la arena para ti y… —Pierce ya estaba de camino a la puerta.

—Voy detrás de ti —lea visó Fiora.

Parece que convertirse en un entrenador Pokémon va a tener que esperar un poco más. Por el bien de la ciencia. Tampoco es que fuera a protestar. Podía hacer ejercicio ahora que no estaba siempre postrada en la cama. Y le picaba la curiosidad de saber qué otras asombrosas habilidades de Absol tenía. ¿Cómo lo decía Misty? ¿Acostumbrarse a su nueva forma? Miró al espejo y se tocó el mechón blanco de su flequillo con las garras. Luego levantó la barbilla.

—Tal vez deberíamos invitar a la líder de gimnasio de ciudad Celeste para que vea este combate amistoso —dijo a Raven—. Así le daríamos… unas ideas positivas en su cabeza. ¿Qué opinas?

—¡Ba-bat! —chirrió el Pokémon.

Fiora sonrió. Siempre se había sentido orgullosa de su inteligencia, más cuando debía serlo debido a sus limitaciones físicas. Pero ahora… esos límites ya no existían. Había dejado de ser Fiora, el mayor error del Profesor Sycamore o la indefensa hija de cristal de su madre. Por fin podía ser la persona que siempre había deseado. Una persona sin debilidades.

—Mientras me queden ideas positivas por dar, creo que me haré llamar Fi a partir de ahora —decidió—. ¿Qué dices, Raven? Un nuevo nombre para un nuevo yo.

—Noi… —contestó Raven.

Entonces, con un bostezo, el Pokémon se puso a crear un nido en el viejo informe que todavía había en el fregadero. Fi lo levantó, acunando al pequeño Noibat entre sus brazos mientras se dirigía a la puerta e iba a la guardería. La arena no era un lugar para un Pokémon bebé. Y si iba a ser ella quien pelease, no podía permitirse ninguna distracción.

-0-

—¡Ala-kazam! —gritó el Alakazam mientras chocaba con la arena y se quedaba tumbado e inmóvil.

Fi aterrizó grácilmente unos cuantos metros más allá. Le temblaba el brazo por el impacto de su movimiento Cuchillada. Hasta aquella hora de la tarde, era el único movimiento que había logrado dominar aparte de la Finta. Por supuesto, no estaba segura de qué otras cosas era capaz de hacer si todos sus oponentes eran de un tipo al que ella era inmune.

Apoyándose sobre su rodilla junto a su enemigo derrotado, rápidamente aplicó un Revivir en el Pokémon psíquico.

—¿Estás bien, Alakazam? —preguntó cuando el Pokémon volvió en sí.

—Ala… —confirmó el Pokémon—. Sin resentimientos.

Pierce devolvió al Alakazam a su Pokéball un segundo después y sacudió la cabeza, decepcionado.

—Venga, Pierce —lo instó Fi—. Ponme un auténtico reto. Lo soportaré.

—Puede que esto no fuera una buena idea, después de todo. Todavía te estás recuperando de un proceso médico mayor y de un ataque Rayo, ¿recuerdas? —arguyó Pierce—. Y no conocemos todos los efectos del…

Fiora se cansó de escucharlo.

—Nunca voy a aprender el resto de mis movimientos si no me presentas un auténtico desafío. —Ejercitó los brazos y se peinó hacia atrás su pelo de dos colores—. Así que ¡deja de ser un gallina y ponme a prueba!

Pierce apretó la mandíbula, suspiró con fuerza y sacó otra Pokéball.

—Como quieras. ¡Pangoro, al ataque!

Fi se tensó mientras el enorme oso panda surgía frente a ella y le gruñía.

—¡Eso me gusta más! —bufó ella, su pulsó se aceleraba. Un Pokémon de tipo siniestro y lucha era ideal para llevarla al límite.

—¡Pangoro, usa Machada! —ordenó Pierce.

El oso obedeció y se movió pesadamente hacia adelante con su masiva zarpa reculada y cargada de energía. Fi retrocedió, esquivando el enorme puñetazo que cayó y rompió el suelo de la arena. Ahora le tocaba a ella. Había llegado el momento de comprobar lo que este grandullón podía soportar. Se concentró, apuntó, y se desvaneció y reapareció en la espalda del oso. Bajó los puños entre sus hombros y asestó una poderosa finta. Pero el ataque meramente sacudió sus brazos. El oso ni se había inmutado.

—¡Tiro vital! —gritó Pierce.

Fi sintió una zarpa extendiéndose detrás de ella y agarrándola por el tobillo. En un instante, fue levantada, sacudida varias veces y estampada contra el suelo de la arena de espaldas. Fi parpadeó sus aturdidos ojos y vio a su oponente reculando el brazo brillando con la finalidad de dar una segunda machada.

¡No!, su sangre se aceleró. Su pelo temblaba. Su instinto le gritaba para que reaccionara y actuara, para que hiciera algo. Fi levantó las manos mientras la pata del oso caía atravesando el pelaje y el sólido músculo.

—¿Pan? —preguntó su oponente.

Entonces Fio se dio cuenta de que la enorme zarpa no la estaba aplastando como una baya. De hecho, estaba empujándola, devolviéndola. ¡Ella, quien solo tenía la mitad de fuerza bruta! Respiró maravillada y se enfocó en el desconcertado Pokémon que la miraba hacia el techo cuando Fi creyó haber visto la imagen fantasma de una espada.

De un empujón, Fi desvió el poderoso puño del oso haciendo que impactara en el suelo de la arena. Volvió a concentrarse y apuntar, usando el movimiento Finta para apartarse a una distancia segura y regresar sobre sus pies.

—¡Pan! —gruñó Pangoro.

Fi respiró hondo, dejando que la imagen de espadas danzantes la llenara de poder. Entonces flexionó sus garras. Podía sentir la nueva energía en su interior. La fuerza de las espadas era su fuerza. ¡Y era genial!

—¡Machada! —ordenó Pierce.

Pero Fi apenas le escuchó. El momento en el que Pangoro se movió, ella corría, con las garras desnudas y un gruñido en sus labios.

—¡No voy a perder! —exclamó.

El sonido vibró a través de cada célula llenando su mente de un extraño zumbido mientras el temblor de su cabello se convertía en un profundo latido. La habitación de transformó ante sus ojos, su oponente cambiaba en otra persona. Ash. El chico estaba de pie al lado de Giovanni agitando su mano. Pero a su alrededor, las instalaciones, el único verdadero hogar que había tenido, se estaba derrumbando.

Fi hizo una desesperada estocada justo mientras una gran grieta dividió el piso bajo sus pies. Sus garras apuntaban al chico para destrozarlo, su enemigo, allá donde estaba en pie. Entonces algo sólido chocó con su estómago y la mandó por los aires, estrellándose bruscamente contra la pared y desplomándose sobre un sólido suelo de piedra. ¿Cómo había sucedido eso? Fi era vagamente consciente de las órdenes de Pierce. De sus apresurados pasos. De sus brazos levantándola, pidiéndola que lo mirara, que le dijera que estaba bien. Era su urgencia, o tal vez sus dedos en la mejilla, lo que finalmente hizo que volviera en sí y sus ojos lo vieran.

—¿Fiora?

—Estoy bien —jadeó ella, reclinándose. Examinó la sala de la arena. Todo era como debía ser. Nada había cambiado.

Pero entonces, ¿Qué es lo que he visto? Fi miró donde estaba completamente segura de que había visto a Ash de pie, pero el chico no estaba ahí. Solo Misty, observando el combate tal y como hacía después de recibir la invitación. Los ojos de la entrenadora de Pokémon de tipo agua estaban abiertos, no de terror, sino de asombro. ¿Cómo no iba a estarlo? Acababa de presenciar algo que nunca se había visto: un humano usando movimientos Pokémon. Y si no hubiera sido por… por lo que fuera aquella extraña visión, hubiera visto a un humano vencer a un Pokémon en igualdad de condiciones.

Fi se obligó a levantarse y a caminar hacia Misty tan firmemente como pudiera.

—¿Y bien? —preguntó—. ¿Qué opinas?

—Yo… — Misty se estrujó las manos. Sus labios se movieron, pero no dijo nada. Ella quería decir «Ha sido impresionante. ¡Apúntame para conseguir un merger ahora mismo!». Fi no podría explicar cómo lo sabía. ¿Una corazonada, tal vez? O quizá era capaz de leer el deseo de poder en los ojos de Misty. Pero algo la estaba reteniendo. ¿un pensamiento molesto? ¿O una advertencia que alguien le había dado y que no podía ignorar fácilmente?

Fiora gruñó para sus adentros. Ese maldito niño. Va a echarlo todo a perder. Será mejor que hable con el jefe al respectol. En cuanto a Misty, simplemente sonrió y preguntó:

—¿Qué ocurre? ¿Se te ha comido la lenga el Persian?

Misty rio levemente.

—Ha… ha sido espectacular. De verdad. Gracias por invitarme. Ahora tengo… algunas cosas en las que pensar.

—Por supuesto —asintió Fi—. Tómate todo el tiempo que necesites.

Misty se volvió y se fue, escoltada por algunos lacayos de vuelta a sus aposentos. Cuando salieron por la puerta, Fi sintió la mano de Pierce en su hombro.

—No has perdido el toque —le susurró, lo que causó que ella sonriera.

—Por favor, no fue más que un calentamiento. Brock será el verdadero reto. Igual que pelear contra un Onix.

—¿Estás segura de que estás preparada?

Fi se ajustó la mandíbula.

—Desde luego. Estoy bien, de verdad. Una hiperpoción y unas curas extra y estaré como nueva. —Su voz se quebró mientras una inquietante visión penetró en su mente en contra de su voluntad. ¿Sería por el agotamiento?

—Aun así —dijo Pierce, aparentemente leyendo su expresión igual que una entrada de la Pokédex—. ¿Por qué no dejas que me encargue? Solo por esta vez.

Pierce pasó el brazo por encima de los hombros y Fi se dejó apoyar en él sin que se sintiera tonto. No cuando su calor alejaba su mente de la pesadilla de las paredes derrumbándose y Ash, la principal causa.

No durará, se dijo a sí misma. Ya tenemos a sus Pokémon. Sin sus amigos no le quedará nada.

—Vale —aceptó—. Pero solo por esta vez.