Disclaimer: Los títulos mencionados aquí no me pertenecen, tienen sus respectivos autores y no hago lucro con esto (o sea que sigo siendo pobre aunque escriba el fic).

Películas: El origen de los Guardianes (Rise of the Guardians). Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon). Valiente (Brave). Enredados (Tangled). Los Croods (The Croods). Hotel Transilvania. ParaNorman. El Reino Secreto (Epic).

Disfruten del capítulo.


Capítulo Nueve

Pitch Black


"Uno puede encontrar la felicidad aún en los tiempos más oscuros, si tan sólo se recuerda de encender la luz".

—Albus Dumbledore.


Sus sueños no habían sido tranquilos desde que entrara a Hogwarts. Primero no se había preocupado por ello, hasta que pasó noches tratando de salir del castillo. Creyó que era cuestión de encontrar una solución por su cuenta, de no estresarse pensando demasiado en ello. Al final, su decisión había causado el peor resultado posible.

Sus amigos habían sido capturados.

Él no había podido hacer nada para ayudarlos. Había sido invadido por un miedo atroz. Por una apabullante necesidad de huir… y se le hacía tan familiar, tan conocida, que pedazos de memorias que desconocía se entrecruzaban con el contenido de sus sueños. No estaba ni el caballo ni la arena negra, sino un hombre. Un hombre alto de piel enfermiza y ojos amarillos. Él era su enemigo, a quien debía derrotar.

"¿Quién eres tú?".

Era una nueva voz, como de niño, igual de familiar que la otra, pero era más amable y Jackson sintió melancolía.

—¡Despierta, Frost!

Mérida había conseguido que abriera los ojos. El sonido de una bofetada le hizo percatarse que había estado intentándolo hasta llegar a los golpes. Cuando él la detuvo de otro intento, Mérida suspiró de alivio.

—¿Firefly? —inquirió.

Ella estaba sentada a su lado. Todavía estaba vestida con su ropa de cama, sucia por haber corrido del bosque.

—¿Q-Qué pasó con todos? —preguntó Jackson intentando levantarse. Sentía el cuerpo entumecido, adolorido. No era inusual. El día anterior lo había alcanzado un rayo y en la noche había peleado contra… ¿contra quién exactamente?

—Frost —lo llamó Mérida para que la viera con atención. Hasta ese momento, Jackson nunca había presenciado una ocasión en que ella estuviera tan seria—, algo pasó y tienes que escucharme bien. ¿Recuerdas que habíamos prometido decirle a McGonagall en cierto punto de nuestra investigación? Pues parece que ella sospechaba sobre muchas cosas.

—¿Cómo…?

—No me interrumpas —replicó—. Esto no va a ser fácil de entender. Yo tampoco lo asimilé rápido. Pero es verdad. Cada palabra. McGonagall sabía que estaba sucediendo algo muy extraño. Cuando regresamos de vacaciones, y todo pareció volver a la normalidad, ella dudó y continuó con sus averiguaciones. Parece ser que nos vigilaba de cerca, sólo que no nos lo hacía saber. Aquella vez que Blaise y Luna nos encontraron en el bosque, le informaron a McGonagall sobre lo que vieron y sobre nosotros. No me dijo porqué no nos ha castigado o algo, sólo que ha estado trabajando con muchas personas sobre este problema. Al parecer, lo de Pitch Black es más real de lo que creíamos.

»Hay algo realmente ambiguo, que no se considera parte de la historia de los magos y brujas como tal, sino sólo como un mito, algo que se cuenta como un cuento para niños pequeños. McGonagall pensó en la posibilidad de que se tratara de un hecho real. Basándose en ese supuesto, investigó más, obviamente lo que encontró fueron más cuentos, más fabulas, más historias ambiguas. Parecería que no encontraría una respuesta hasta que… hasta que interceptó una carta. No me dijo a quién iba dirigida o quien era el remitente, sólo que eso le dio una pista fundamental y que sus suposiciones podrían tener sentido si hablaba contigo.

—¿Conmigo?

—La carta te menciona —aclaró—, y describía casos parecidos al tuyo… ¿por qué nunca nos dijiste que aún tenías pesadillas? Creí que teníamos confianza entre nosotros. Fuimos al Bosque Prohibido pensando que algo malo te había obligado a ir y recién me entero que podría ser porque estuviste expuesto a la influencia de Pitch Black. Si no hubiera sido por esos centauros que nos trajeron de vuelta… algunos de ellos también fueron atrapados. Las criaturas del bosque han huido a otros sitios por ahora. McGonagall ha enviado a Blaise y a Luna a hacerse cargo, y ha tenido que aceptar que un grupo de aurores venga para localizar a los estudiantes perdidos.

—Yo no esperaba que esto se saliera de control —declaró llevándose las manos al rostro. No quería que Mérida viera su debilidad—. De verdad quería decirle a McGonagall sobre Quimera. De verdad quería decirles a ustedes sobre mis sueños.

—Oh, no me mientas —le dio un manotazo para apartarle los brazos de la cara—. Mírame a los ojos, Frost, y dime la verdad. Detesto a los mentirosos.

Por un momento Jackson se cohibió por la mirada de Mérida.

—No lo habría hecho —admitió, sintiéndose avergonzado—. Por algún motivo, lo postergaba para asegurarme de no tocar el tema.

—Y eso provocó todo esto —sentenció—. Es tu culpa, Frost, pero también de nosotros. Procrastinamos, como diría Blaster. No nos tomamos en serio lo que hacíamos y éstas son las consecuencias.

Jackson quiso arrojarse de la torre más alta del castillo, pero eso no serviría para traer de regreso a sus amigos. Se aferró a la esperanza, a la diminuta posibilidad que estuvieran vivos allá en el bosque. Dos manos se aferraron del cuello de su ropa y tiraron de él.

—¡No, Hiccup! —amonestó Rapunzel. Jackson apenas se dio cuenta que ella y Haddock estaban con ellos en la enfermería.

Hiccup lo sostuvo hasta que sus caras quedaron de frente. Jackson tuvo que enfrentarse a la furia de Haddock. Nunca había visto esa expresión en su rostro, esa rabia fluyendo en cada gesto. Le sorprendió lo fuerte que lo estaba agarrando.

Por primera vez, Hiccup no le parecía el niñito nerd del que solía burlarse.

—Eres un imbécil, Overland —bramó, zarandeándolo. Había sido difícil despertar y darse cuenta que lo que había sucedido era real. Que había perdido a dos buenos amigos por la culpa de un niño egoísta, y que no había podido hacer nada al respecto. Estaba enojado con Jackson, pero también consigo mismo. Sin embargo, era más fácil expresar su odio hacia el otro. Después de todo, Jackson era el culpable de todo—. Te advertí que esto era algo que no podían resolver por sí solos, que debían decirle a los profesores y dejárselo a ellos, pero me ignoraste.

Hiccup no solía enfurecer con regularidad. La lógica lo guiaba ante todo, y procuraba mantener la mente fría para resolver los problemas. Pero Jackson Overland simplemente lo había sacado de sus casillas como nadie lo había hecho antes.

—¡Tus malditos problemas nos metieron a nosotros en un problema mayor! ¿Estás consciente de lo que tu arrogancia causó? Desaparecieron doce niños. McGonagall ha tenido que informar a sus padres y ahora un grupo de aurores viene en camino, sólo porque tú creíste que esto era un juego de niños.

Jackson también se hartó. La cabeza empezaba a punzarle, empeorando su estado físico. El agarre de Hiccup era intolerable. Puso una mano sobre las que los sostenía, queriendo quitarlas.

—¿Qué puedes saber tú sobre mí, Haddock? —espetó con desagrado—. ¿Qué puedes saber tú de mí, de nosotros…?

—¡Sé que sólo son niños, Overland! Niños que no deberían exponerse a peligros por su cuenta, que deberían confiar en el juicio de los adultos a su alrededor. Pusiste en riesgo la vida de tus amigos. Dime, pedazo de cretino, ¿pensaste en ellos cuando liberaste esa cosa? Porque fue tu magia lo que rompió la magia que protegía ese pozo.

—¿Cómo iba a saberlo? —cuestiónó—. ¿Cómo iba a saber que dentro estaba Pitch Black? No sabes nada, Haddock, tener pesadillas… saber que alguien más parece controlar tu existencia, que puede dañar a tus amigos.

—Pues uno pide ayuda en esos casos —exclamó—, no se queda a esperar lo mejor.

—Gran consejo, luego de que Babcock te haya ayudado a ti, supongo que has encontrado esa reflexión —dijo—. Oh, Haddock, no quieras dártelas de chico grande y responsable cuando todos sabemos que fuiste al bosque para quedar bien ante Guy y Heather, para que no pensarán que eres un aguafiestas.

Hiccup le estampó su puño en la cara. Jackson quedó tendido en la cama por el golpe y gimió de dolor. Hiccup aprovechó para descargarse, sin importarle los gritos de Rapunzel y los intentos de Mérida por separarlo de Jackson. Pero Jackson no tardó en reaccionar y devolverle los golpes, cada uno con más fuerza que él. Hiccup estaba tan enojado que no sintió dolor y sólo pensaba en hacer papilla al otro.

El odio era mutuo, profundo y oscuro, apoderándose de sus cuerpos como un virus. La violencia parecía la solución adecuada para darle rienda a sus deseos primitivos. Si Hiccup lograba conectar a la mandíbula de Jack, éste respondía dándole en la nariz.

Pero Hiccup le dio un golpe más letal, uno que derrumbó la esperanza de Jackson en un instante.

—¡Ellos pueden estar muertos ahora, por tu culpa!

Jackson dejó caer sus brazos como un títere al que le hubieran cortado las cuerdas. Hiccup le propino un puñetazo que tuvo la dualidad de aturdirlo y aclararle todo. Si él hubiera sido más honesto y menos orgulloso y desconfiado, esto no habría pasado. Quizás, si hubiera confiado más en los demás, ahora estarían en el Gran Comedor hablando sobre otra fantástica aventura.

McGonagall ingresó la enfermería justo en ese momento. La acompañaban Bunnymund y Flitwick. En cuanto observó que habían peleado, los puso en orden. Mérida ayudó a Jackson a acomodarse en la cama. Él se percató que McGonagall lo miraba severamente, tal vez pensando que debía expulsarlo por lo que había ocasionado.

—No te apresure a sacar conclusiones, Overland —le dijo la directora. Ella no necesitaba leer la mente para saber lo que un alumno podía pensar estando en esa situación—. Lo que sucedió es grave. El colegio enfrenta una crisis otra vez.

—Lo sé —dijo Overland, sintiendo la garganta seca. Se esforzó en hablar—, si sólo yo…

—Eso no sirve ahora —cortó—. Hay estudiantes desaparecidos y posiblemente nos estemos enfrentando a una amenaza de la que sabemos muy poco y todo por leyendas y cuentos. Esto no va a resolverse con una disculpa. Hay muchas cosas que quiero tratar contigo, Overland, pero será para después. Tú y tus compañeros permanecerán en la enfermería hasta que esto esté solucionado.

—¿Pitch Black va a atacar Hogwarts? —preguntó Rapunzel.

—No lo sabemos, como dije, es algo que desconocemos por completo excepto lo que ustedes nos han contado. Si es un mago, un ser oscuro o un espíritu, es algo que tenemos que averiguar ahora.

—Directora, yo… —dijo Jackson, pero fue interrumpido por el ruido de las puertas abriéndose de golpe.

Jackson sintió que el tiempo se detenía. Conocía bien a las personas que habían entrado. Era amigo de sus hijos, lo habían acogido en su hogar, habían compartido la sal y el pan con él. Lo habían apoyado, pese a las circunstancias. No tuvo el valor para verles. Se sentía una mierda por haber faltado a su juramento. Por eso mantuvo la cabeza baja para no ver a Draco y Astoria. Si hubiera vencido su vergüenza, se habría percatado del ligero nerviosismo en sus rostros, del anhelo en sus ojos por encontrar en esa habitación lo que les habían arrebatado.

Pero Tuffnut y Ruffnut no estaban allí.

Jackson se aventuró a levantar el rostro. Lo que vio se quedaría impregnado para siempre en su memoria. Astoria lucía devastada, incluso cuando su postura no flaqueó. Sus ojos verdes tenían ese toque triste de quienes han perdido lo más valioso en su vida.

—Así que es cierto —musitó Astoria, como queriendo negarse a sí misma a aceptarlo. Draco permanecía a su lado, una estatua que no dejaba ver nada de lo que sentía.

Habría querido ser más expresivo, demostrar lo que esto les producía, pero la guerra había hecho estragos en él. Ser insensible lo había salvado de caer en la locura. Crearse un muro entre él y el mundo había sido la única opción para sobrevivir el tener que interactuar con tipos como Fenrir Greyback o su trastornada tía Bellatrix. Sus sentimientos estaban a salvo, siempre y cuando los mantuviera ocultos. Luego de la guerra, había sido difícil lidiar con el mundo, pero gracias a Astoria y a sus amigos había conseguido salir adelante.

No podía ser abierto con sus emociones, pero al menos tomó la mano de su esposa para que supiera que él también estaba sufriendo. Draco pudo enfocarse en hacer preguntas, en entender qué era lo que había pasado. Se mantenía calmado, pensando en las múltiples maneras en que mataría al cabrón que se atrevió a dañar a sus hijos. Cuando McGonagall les dijo sobre Pitch Black, Draco echó un vistazo hacia Jackson haciendo que el niño se encogiera en su lugar, sin escapatoria.

Pero Draco no le dirigió ni una palabra. Y eso fue más duro para Jackson. Había estado dispuesto a escuchar una reprimenda, un insulto, se lo merecía.

Pansy entró a la enfermería, anunciando que el grupo de aurores había llegado. McGonagall asintió, le pidió a los Malfoy que la siguieran y a ellos que se quedaran.

—¿Qué rayos haces, Overland? —preguntó Hiccup cuando Jackson tomó la ropa que había al lado de su cama y se cambió—. No me ignores, cretino, no hagas algo de lo que puedas arrepentirte.

—Ya hice algo de lo que me arrepiento, Haddock —espetó limpiándose la sangre de la cortada en su labio que los golpes le habían hecho—, y ahora me haré responsable de mis actos, ¿no es eso lo que me reprochas?

—No quieras dártelas de mártir. Ni siquiera tienes un plan.

—Lo tengo —afirmó—, pero necesito encontrar mi vara.

—Se quedó en el bosque —contestó Mérida—, cuando nos trajeron no vi que las llevaras.

—Eso complica un poco las cosas, pero no cambia nada.

—¿Qué harás, Frost? —preguntó ella.

—Creo que puedo remediarlo, Firefly, mi magia es lo que ocasionó todo esto. Si ustedes hubieran tratado de romper el hechizo del pozo, no lo habrían logrado. Pitch Black, o lo que sea que estuviera allí, me necesitaba. Los hechizos comunes no le afectaron tanto como los míos, por lo que puedo ser de ayuda para el escuadrón de aurores. Sé que no me dejarán ir tan fácil, pero si recuperó mi vara y les demuestro que puedo ser útil, o al menos advertirles que magia común no funcionará, habré hecho algo.

Mérida se le quedó mirando unos segundos. Entonces, luego de meditarlo, ella también empezó a cambiarse de ropa con la muda que le habían dejado en la cama.

—¿Irás con él? —preguntó Hiccup, desconcertado.

—El único defecto de los adultos es que han dejado de ser niños —respondió—. No lo escucharán a menos que alguien más vaya con él para apoyarlo. Así son ellos, han olvidado que los niños también tienen opiniones.

—No se los permitiré. Ya han ocasionado muchos problemas.

—No pondré a nadie más en riesgo —dijo Jackson—, los aurores necesitan saber más sobre su enemigo o no podrán enfrentarlo. ¿Crees que sean capaces de hacerlo? El miedo nos paralizó allá, Haddock, y recuerda las pesadillas. Durante meses, ese bastardo nos provocó pesadillas. Ahora que está suelto no sabemos de lo que es capaz de hacer.

—Se supone que los aurores están capacitados para solucionar esta clase de emergencia.

—Y he ahí la cuestión —insistió—, si de verdad pensaras que ellos van a solucionarlo no te habrías expresado de ellos en forma de duda. No crees que vayan a lograrlo. Te odio, Haddock, pero eres listo.

—No trates de ganarte mi confianza con halagos.

—No trato de hacerlo —replicó—, pero las cosas son así. Eres listo, y si deduzco bien, has estado investigando a Pitch Black tú también. No importa si es mentira, verdad o una exageración lo que se sabe sobre él. Si Pitch es real, existe la posibilidad de que su poder sea insuperable.

Hiccup guardó silencio, mirando a Jackson como si quisiera descubrir algo en sus palabras.

—Yo también iré —anunció Rapunzel—. Vi a Pitch ese día en el bosque, al menos una parte de él en forma de animal. Eep fue capturada por mi culpa, así que no puedo deslindarme de esto. Te apoyaré, Overland, para asegurarme de que Eep regrese a salvo y que Pascal vuelva a ser el mismo. La magia de Pitch lo afectó demasiado.

El pequeño animalito se había puesto de un pálido tono grisáceo. Hagrid había tenido que llevarlo a su cabaña para darle los primeros auxilios, mantenerlo cálido. Rapunzel apreciaba a Pascal por haber estado con ella en sus peores momentos.

—Con un demonio —Hiccup se llevó una mano a la frente y masajeó la zona—, ¿sólo vamos a hablar con los aurores, nada más?

—Por supuesto —dijo Jackson.

Hiccup no le creyó y estaba seguro que el otro tampoco lo creía. Bien, por lo menos se aseguraría de hacer algo para detenerlos. Hiccup también se cambió de ropa. Los cuatro salieron de la enfermería, notando enseguida el clima ambiental del castillo. Los estudiantes se miraban entre sí con sospecha, como si algo pronto fuera a suceder. La noticia de la desaparición de estudiantes y la llegada de los aurores había corrido por todo el lugar como fuego valyrio.

—Si McGonagall recibió a los aurores, deben estar en el Gran Comedor —dijo Hiccup. Así que hacia allá se dirigieron, pasando desapercibidas por los demás.

Cuando llegaron a la enorme puerta doble, se detuvieron al escuchar sonidos fuertes. Estaban discutiendo, pero no parecía normal. Se acercaron para escuchar más, cuidando de no recargarse demasiado para no abrir la puerta. Adentro del Gran Comedor estaban la directora McGonagall, Bunnymund, Flitwick y los Malfoy junto al escuadrón de aurores. Un mago pelirrojo estaba insistiendo en que sus órdenes eran recuperar a los niños capturados y detener al causante, además de arrestar a Draco Malfoy por romper una de los puntos de su libertad condicional.

—Avisé al Ministerio de Magia sobre esto, Weasley —dijo Draco—. No cometí ninguna infracción.

—No notificaste a nadie, al menos eso es lo que indica el registro —comentó Ron Weasley con una sonrisa satisfecha, como si lo hubiera acorralado.

—Aunque así lo fuera —intervino Astoria—, mi esposo y yo venimos por una situación que compromete a nuestros hijos. Recientemente aprobaron que si hay causas de fuerza mayor, como lo es esta ocasión, se puede justificar un error así.

—Yo sólo sigo órdenes, no me corresponde a mí aclararlo. Por lo tanto, Draco Malfoy está bajo arresto. Yo que tú, Malfoy, no me resistía. Lo podrías empeorar, sabes, y los que terminarían pagando los platos rotos son esos niños que proteges tanto.

Jackson pudo notar un ligero cambio en Draco. No sabía si era molestia o frustración. Había presenciado directamente el amor que los Malfoy profesaban por los gemelos, así que tal vez fuera más lo segundo, porque Draco permitió que dos aurores se colocaran a su lado. Entregó su varita a Weasley, que parecía muy pagado de sí mismo.

—Creo que es el momento adecuado para entrar —dijo Mérida—, antes de que se vayan al bosque.

Pero en cuanto iban a moverse, un ruido similar al de una explosión los detuvo. Había tenido un volumen atroz, que les hizo pensar que de alguna manera había sido dentro del castillo. Los aurores se movilizaron, abriendo la puerta de golpe y empujándolos a ellos. McGonagall, Flitwick y Bunnymund tampoco los vieron. Los Malfoy se quedaron adentro bajo custodia.

—Sigámoslo —pronunció Jackson.

Justo al doblar un pasillo los profesores y los aurores se toparon con Lavender, que estaba muy alterada.

—¡Algo está pasando! —dijo con su voz chillona—. Las nubes se han puesto negras y todos los alumnos han salido a ver y…

—¿Y por qué no les has ordenado que vuelvan a sus habitaciones? —preguntó McGonagall—. Oh, olvídalo, no hay tiempo para esto. ¿Dónde están los demás profesores?

—Cerca de la cabaña de Hagrid, en el límite del bosque.

—¡Directora McGonagall! —exclamó Pansy viniendo de la misma dirección hacia donde muchos alumnos se dirigían. Detrás de ella, estaba Neville que parecía alterado.

—¿Qué ha pasado ahora?

—Arena negra, Minerva —contestó Pansy—. Está saliendo del Bosque Prohibido y cubriendo el castillo. Sandman, Norte, Slughorn y Toothiana están tratando de mantenerla alejada, pero los hechizos no le afectan. Pronto nos cubrirá.

Cuando salieron al patio que conectaba con el Bosque Prohibido. Como había informado Pansy, los profesores habían creado una línea defensiva, pero sus mejores esfuerzos eran superados. Los alumnos señalaban hacia el bosque. La oscura arena se movía rápidamente.

—¿Qué rayos es eso? —señaló Oswald hacia el cielo. La arena se estaba elevando como su fuera un muro

—Siento que algo malo va a pasar —dijo Rachel con una mano sobre el pecho, acongojada.

—¡Vuelvan a sus habitaciones! —pedía un prefecto de Hufflepuff inútilmente.

Ron ordenó a su equipo colocar hechizos de protección alrededor del castillo. Por lo que sabía la arena actuaba como un arma ofensiva y defensiva. No sabía qué ocurría si te tocaba, pero no estaba dispuesto a averiguarlo. Lo primordial era asegurar un perímetro. Empezó a gritar que todos los estudiantes regresaran al castillo. Algunos reconocieron quien era, pero se quedaron embelesados en lugar de moverse. Ron admitía que la fama era desventajosa en ocasiones como ésta.

—La arena… —gritó Ferret—… ¡se está cerrando!

Ron miró hacia arriba. Efectivamente, la arena oscura estaba formando una especie de domo. Lo que fuera que la estuviera controlando, quería sitiar a Hogwarts. La poca luz que el sol de la tarde pudiera dar fue bloqueada, y quedaron dentro como ratones en una trampa. Varias varitas con Lumos en la punta fueron alzadas para alumbrar, pues habían quedado sumergidos en la oscuridad total. Ron también lo hizo, pero pronto se dio cuenta que no importaba cuánto magia usara, el hechizo iluminador no era suficiente.

Por unos segundos, no se escuchó nada. Era como si todo, incluso el sonido de sus respiraciones, hubiera sido sofocado.

Y lo que sucedió después quedaría grabado en su memoria por el resto de sus vidas. Fue como recibir una marca de hierro caliente sobre la piel.

La ligera incertidumbre en el ambiente se transformó de golpe en una abrumadora sensación de vértigo. Como si cayeran hacía un abismo oscuro, sin fin. Un descenso directo hacia un pozo lleno de sus peores temores y oscuros deseos. El incontrolable pánico que se apoderó de sus corazones los llevó a presenciarlos en directo, fuera de toda lógica.

Elena Craig fue una de las primeras que gritó. Fue un sonido chirriante, escalofriante. Como si fuera el augurio de una tragedia.

Y lo fue.

Una multitud de voces se unieron en una balada siniestra. Gritos que desgarraban gargantas se apoderaron de la atmosfera. El miedo se sirvió de sus víctimas y les mostró lo que no querían ver. Pero no era un boggart, como desgraciadamente descubrió Seline Hopkers cuando intentó usar riddikulus para alejar al hombre lobo que pretendía encajarle los colmillos. Estaba recién integrada al escuadrón de Ron, pero no había podido hacer nada ante la visión.

—¡No, no me toquen! —exclamó Faith a los cientos de saltamontes que trepaban por su cuerpo.

Cada quien trataba de defenderse o de huir de lo que más temía. Mariska de los gritos y peleas entre sus padres. Isaac le temía a los perros, y Marius a los espacios cerrados. Manny se aferró a Ferret cuando el piso se alejó de sus pies, quedando a orillas de una caída mortal. Ferret imploraba que nadie lo ignorara, que le prestaran atención, temía a ser olvidado. A Rebeca bastaba con mostrarle un camino sin salida; una vida sin opciones. Astrid quedó atónita ante la figura de su padre, que le dijo que estaba decepcionado de ella. Reid temía ser diminuto frente a los demás. Fishlegs se puso pálido, ante la mezcla de cientos de miedos presentándose al mismo tiempo, todas sus inseguridades. Adrian miró a su otro yo, su misma imagen, un yo subyugado por la ideología de Marcus Flint, un yo que lo miraba con ojos muertos.

Ron permanecía incrédulo frente al cadáver de Hermione. Se veía tan real, se sentía tan real… no pudo moverse. Hagrid revivió el día en que creyó que Harry Potter estaba muerto, cuando él mismo había cargado su cuerpo. Bunnymund intentó escapar de una jauría de galgos. Lavender tuvo que enfrentar el apestoso aliento de Fenrir Greyback otra vez.

Hiccup tenía que soportar la decepción de Stoick, el no poder ser como los demás para poder ser digno del amor de su padre. Mérida se veía a sí misma convertida en su madre, sin nada que pudiera diferenciarla, como si fuera sólo una copia. Rapunzel se había hecho bolita, oyendo otra vez las palabras crueles de la bruja que la había retenido durante casi dos años. En el Gran Comedor, Astoria rogaba que nadie se llevara a sus hijos. Draco peleaba contra una Bellatrix falsa, que quería torturar y asesinar a su familia.

Las mentes de todos quedaron atrapadas en una pesadilla eterna. Era una escena atroz, agobiante.

Teddy no entendía por qué él era el único que no sufría ese efecto. El miedo, o lo que fuera, no lo controlaba. Por supuesto, lo sentía, pero era controlable.

Teddy había intentado contactar con Jackson. Los rumores se habían extendido, por lo que quería saber de la boca del propio Jackson lo que había ocurrido. Pero entonces habían sido atrapados en esa cúpula oscura, donde todos habían empezado a actuar como si estuvieran viendo algo horrible. Algunos aventaban hechizos, y en la oscuridad, ya habían cobrado a sus primeras víctimas. Teddy tuvo mucho cuidado al moverse para buscar a Jackson.

Había sido inteligente no llevar la capa de invisibilidad de Harry (se la había pedido luego de que le explicara lo que estaba pasando, y aunque al principio creyó que su padrino no se la cedería, se sorprendió cuando una mañana una lechuza se la trajo con una nota). La capa no serviría por ahora, pero Harry le había enviado otra cosa que seguramente sería muy útil.

Se movió entre la multitud, sorteando los hechizos y petrificando o aturdiendo a quien se le ponía enfrente. Era mejor estar inconsciente, que estar despierto y ser un peligro para los demás. Le costó dar con Jackson.

El niño estaba a mitad de las escaleras de piedra, tan perdido como los demás. Teddy se percató que escarcha blanca lo rodeaba, como si fuera una barrera.

Incendio —dijo Teddy derritiendo la capa y llegando a Jackson por fin. Le dio un par de bofetadas, pero no tuvo efecto. No podía aturdirlo sin más, lo necesitaba despierto.

¿Qué podía hacer? Ni él mismo sabía lo que lo había hecho inmune.

Notó que algo brillante sobresalía de su bolsillo izquierdo. Teddy metió la mano y sacó un collar tipo ópera con un dije en forma de colmillo. Lo había encontrado en el campo de quidditch, justo después del partido (Teddy tenía el hábito de pasearse por allí después de cada juego). Vio el collar sobre el césped y se le hizo familiar, y pensó que tal vez pertenecía a una de las chicas que habían jugado. No había reconocido el material del que estaba hecho, pero fuera lo que fuera, lo había hecho virtualmente invulnerable a la arena negra. El colmillo emitía una luz azul, que no se debilitaba como el Lumos.

—Ojalá sirva —pronunció hincándose al lado de Jackson y colocando el colgante sobre su pecho. Los segundos siguientes fueron tensos. Teddy llegó a pensar que no iba a funcionar. Entonces, Jackson dejó de temblar y sus ojos le miraron—. Gracias a Merlín. Juro que me iba a rendir si no funcionaba esto.

—¿Lupin? ¿Q-Qué está pasando? Iba con Firefly y luego…

Teddy le indicó que guardara silencio. Jackson se calló, y así él pudo explicarle qué había pasado. Con cada palabra, Overland se sentía más culpable. Había liberado a Pitch Black y él había atacado a todo el colegio. Era un imbécil, como Haddock bien lo había dicho. Un maldito imbécil. Tenía ganas de arrojarse de la torre más alta y ni así podría pagar por lo que hizo.

—Deja de lamentarte —dijo Teddy—. Por alguna razón, todo esto parece girar en torno a ti, ya sea rumor o no, de eso estoy seguro. No puedes quedarte aquí sin hacer nada.

—Ni siquiera sé cómo es que… espera, ¿cómo lograste volverme a la normalidad?

—Con esto —respondió mostrándole el collar brillante.

—Ah, es de Thor —dijo Jackson reconociéndolo—. Quill tiene uno igual, ¿cómo conseguiste éste?

—Así que es de Ruffnut… lo encontré en el campo de quidditch. Posiblemente se le cayó cuando jugaba, sus maniobras eran sorprendentes. De no ser por esto habría sido paralizado como los demás.

—¿Qué es esto? —inquirió Jackson—, que yo sepa, ellos nunca dijeron nada sobre una cualidad secreta de sus collares, sólo que los consiguieron en Sortilegios Weasley cuando el dueño se los regaló por estar defectuosos.

—No creo que George se los hubiera dado si tenían un poder como éste —indicó Teddy—, aunque eso no es lo importante por ahora. ¿Tenías un plan antes de que esto sucediera?

Jackson asintió y le contó lo que había planeado hacer.

—Bueno, eso no va a servir de mucho ahora —dijo Teddy—. ¿Tienes algo más?

—Una idea, algo loca.

—Lo loco usualmente sirve más que lo racional. Dime tu idea.

—Salir de este domo e ir hacia el bosque directo a la guarida de Pitch. Mi magia le afecta más que cualquier hechizo, pero mi vara cayó en un punto del bosque y aunque puedo llamarla para recuperarla, no quiero hacerlo estando aquí y quitar la ventaja de la sorpresa.

—Es un plan suicida y carece de detalles. ¿Cómo sabes que no saldrá mal? ¿Por qué no usamos este collar con los aurores?

—Todo plan tiene sus errores. Además, los aurores hicieron bien poco contra la arena. En todo caso, sería lo mismo si nosotros vamos. Mi plan es para debilitar a Pitch. Antes sólo nos provocaba pesadillas cuando dormíamos, pero ahora pudo hacerlo directamente. Se hizo más fuerte, y quizás sea porque está usando una fuente externa. Quizás use la energía de mis amigos para fortalecerse. En ese sentido, rescatarlos es una prioridad.

—Mmm —meditó Teddy—, sigue siendo absurdo y suicida, pero entiendo tu punto así que iré contigo.

—¿En serio?

—Sí, así que cállate y no hagas que lo piense mejor porque me voy a arrepentir de ayudarte, ¿entendido?

—Vale, lo primero que tenemos que hacer es conseguir ayuda. Los aurores no conocen tan bien el terreno y no aceptaran que un niño de once les diga qué hacer, así que tendremos que llevar a quienes sí estén dispuestos a cooperar.

Teddy no se sorprendió que Jackson buscara a Mérida para despertarla. Después de todo, esos dos se llevaban muy bien. Lo que sí fue sorpresivo fue que escogiera a Hicup y a Rapunzel. En cuanto los tres niños se recuperaron, Teddy notó que el brillo del colmillo había disminuido.

Jackson les explicó el plan a los tres. El primero en negarse fue Hiccup, obviamente.

—Es estúpido, Overland, y es suicidio. Viste lo que esa cosa hizo con toda una escuela. ¿Cómo pretendes hacerle frente a eso?

—Como ya te había dicho, mi magia funcionó mejor que cualquier hechizo. Quizás no pueda derrotarlo, pero podemos sacar a nuestros amigos…

—Si acaso están vivos —interrumpió Hiccup.

—… a nuestros amigos que están vivos —enfatizó—. Escucha, Haddock, sé que no te agrado y que quieres hacer las cosas a tu manera. Pero tengo un presentimiento acerca de esto. Si Pitch insistió en que yo lo liberara, es porque sólo está interesado en mí. Cualquier otra persona que quiera acercarse no podrá hacerlo. Si voy yo y lo distraigo, al menos les daré tiempo para que se lleven a los demás. Mi vida a cambio de las de todos ellos, es un trato justo, ¿no?

Hiccup tuvo que admitir que lo era, y que tenía razón. Le tomó unos segundos decidirse. Se paró frente a él, la diferencia de alturas era mucha, pues Hiccup era muy pequeño, aun así no dejó de mirarlo directo a los ojos.

—Te ayudaré, pero sólo porque creo que hay una posibilidad de recuperar a Guy y Heather.

Jackson asintió y le preguntó lo mismo a Rapunzel. Ella se veía muy debilitada. El miedo aún no se iba del rostro.

—Iré —dijo, dudosa—. Tengo que ser fuerte por Eep.

—Déjame ver el collar —pidió Hiccup. Cuando lo tuvo a mano, lo estudió detenidamente.

—¿Qué ves en él? —preguntó Rapunzel.

—Harry me envió muchos libros de distintos temas cuando le mencioné que deseaba ampliar mis conocimientos más allá de lo que Hogwarts puede ofrecer. No he leído todos debido a mis entrenamientos de quidditch, pero Legs sí. Estoy casi seguro que esta cosa es una especie de emisor de magia. Tenemos que buscar a Fishlegs, él sabrá cómo sacarle provecho.

Encontraron a Fishlegs no muy lejos de donde había estado Hiccup. Su gordo amigo estaba en posición fetal, sudando y repitiéndose que lo que veía no era real. Cuando Hiccup puso el colmillo cerca de su pecho, Fishlegs volvió en sí, pero les costó varios minutos y una cachetada serenarse.

—¿Mejor?

—¿Cómo está la situación? Imposible.

—Necesito que le eches el ojo a algo, Legs —dijo, sabiendo que la mejor manera de tranquilizarlo era distraerlo—. Toma, aquí.

—Oh, esto es… cuarzo blanco sin duda. Pero no del común. Verán, hay características en éste que lo diferencian. Los diseños tallados son lo que intensifican su poder, por eso puede canalizar una gran cantidad de energía pura a pesar del tamaño que tiene. Vi estos collares en Sortilegios Weasley, pero no eran iguales a éste. Es muy poderoso. Considerando que neutralizó una magia que paralizó a muchas personas, quien se lo haya dado a los Thorston no fue por casualidad. Quería protegerlos.

—Pero su brillo ha disminuido —señaló Jackson.

—Es porque tiene un límite —contestó Fishlegs—. Si van a utilizarlo, que sea como último recurso. Es nuestra arma más valiosa hasta ahora.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Teddy.

—Seguir el plan, qué más —dijo Mérida.

—Pero no podemos simplemente salir atravesando la barrera —intervino Rapunzel—. Pitch debe creer que todos en el castillo están bajo su hechizo. Intentar salir por el frente, lo hará ponerse alerta.

—¿No tenían un mapa? —cuestionó Hiccup a Mérida.

—La última persona que lo tuvo a mano fue Rider y a él lo capturaron. Probablemente Pitch haya usado el mapa y cerrado los pasadizos secretos que podíamos usar para llegar al bosque.

—No todos —acotó Lupin. Los demás lo miraron con interrogación. Él sacó de su túnica un pergamino viejo, sacó su varita y recitó—. Juro que mis intenciones no son buenas.

Fue como si el Mapa de los Cuatro Grandes se completara por primera vez. Sólo que este mapa era diferente. Este mapa se notaba más complejo que el que hicieran, pero suponían que lo habían hecho personas más preparadas que ellos.

—Hay pasadizos aquí que fueron sellados cuando Snape y los Carrow estaban a cargo de Hogwarts —dijo Teddy—, así que me figuro que Pitch no les habrá prestado atención. Es cuestión de abrirlos de nuevo.

—Hay pasadizos que no están en nuestro mapa —dijo Jackson, muy impresionado—, y ya vi de donde sacaste tu apodo. Moony es uno de los que crearon este mapa.

—Moony era mi padre. Era el seudónimo que utilizaban sus amigos de cariño. Me parece apropiado usarlo ahora, cuando estoy tratando de redimirme. Aunque esa historia para luego, hay un sitio cerca del corredor del ala oeste que sale hacia el Bosque Prohibido y que atraviesa la barrera de arena negra.

—¿En serio vamos a hacerlo? —preguntó Fishlegs, inseguro—. ¡Es un suicidio!

Pero nadie le hizo caso. Con el plan en mente, se dirigieron hacia el pasadizo. Fishlegs se quedó parado un momento. Miró hacia donde la mayoría continuaba sucumbiendo antes sus miedos y luego hacía la otra dirección. La decisión no fue difícil.

—Genial. Voy a morir y sin haber cenado.


Rapunzel nunca pensó que regresaría al Bosque Prohibido. Pero eso se lo había dicho una vez antes y aquí estaba de nuevo. Aquello era peligroso, demasiado. Sus padres no aprobarían que fuera hacia un lugar tan oscuro como ése, pero Rapunzel no podía dejar que otros salvaran a Eep. Si hubiera ido con los profesores, Eep estaría a salvo. El arrepentimiento era una causa potente para la acción. Sin embargo, no todo era por eso. Eep se había convertido en su mejor amiga, a la única persona en Hogwarts a la que le confiara su trágico pasado. Le debía mucho.

Rapunzel siguió al grupo sin tropezarse ni una sola vez. El pasadizo que acababan de recorrer había estado lleno de polvo, telarañas y nargles. Teddy lo había abierto a punta de Bombarda. Ahora estaban caminando por el áspero terreno del bosque. Jackson había recuperado su vara luego de invocarla en cuanto estuvieron fuera y caminaba al frente del grupo.

—Bueno, Moony, ha quedado claro que estás más que capacitado para venir con nosotros —dijo Jackson—. Cuando salgamos de ésta, te unirás formalmente.

Rapunzel habría querido ser tan optimista como Overland. Se veía lleno de confianza…

—Pues ya se estaban tardando —dijo Teddy. Llevaba el collar en el cuello, su luz alumbraba mejor que cualquier hechizo iluminador—. También podré devolverle esto a su dueña. No quiero que crea que se lo robe.

—Pareces muy atento con los Thorston —evidenció Mérida—, pero lo haces porque descubriste que son familia.

—Quiero conocerla más —admitió—, es mi prima.

—Ah, pero es curioso, ¿sabes? Cada vez que mencionó a los dos, te interesa más Ruffnut.

La simple lógica de Mérida ocasionó que a Teddy se le pintaran de rojo las mejillas y el cabello. Carraspeó. No había querido dar esa impresión a los demás. Tuffnut también era su primo y quería ser cercano a él.

—En verdad todas las criaturas se fueron —dijo Jackson dándole la oportunidad a Lupin de cambiar el tema—. Recuerdo que por aquí había un nido de augurey, pero se ha ido.

—La arena negra no distingue a humanos de animales —dedujo Hiccup—, el miedo es natural en todos, sea por instinto o por herencia cultural. Pitch puede usar a ambos para fortalecerse.

—Entonces, agradezcamos que no hay criaturas aquí —pronunció Fishlegs, muy atemorizado—, así ya no podrá hacerse más fuerte.

—¿Iremos por la misma ruta que antes? —inquirió Mérida—, él podría estar esperando un enemigo o yo que sé.

—Tienes razón —dijo Jackson deteniéndose un momento y mirando a su alrededor—. Creo que por aquí había una entrada de cueva que conectaba con todo un sistema de cavernas debajo del bosque. Podríamos usarlas para acercarnos.

—Pero sólo los Thorston conocen bien ese sistema —dijo Mérida.

—Por eso les pedí que dejaran marcas, Firefly, por si los demás tenían que usar esas rutas —indicó—, es cuestión de encontrar una entrada. Síganme.

Lanzaba hechizos helados sobre el camino para verificar que estuvieran yendo por terreno seguro. Mérida iba a su lado y Teddy detrás. Fishlegs no se apartada de Lupin, principalmente por era el mayor de todos y le trasmitía seguridad. Hiccup y Rapunzel eran los más rezagados.

—¿Estás bien? —susurró él a ella.

—Lo estoy. Es sólo que aún no puedo recuperarme por completo del efecto.

—No creo que nadie pueda recuperarse rápido —y pensó en lo que había visto. Su boca tenía un regusto amargo—, supongo que nadie está exento de tener miedo.

—Pienso lo mismo.

Jackson les pidió que se agacharan en ese momento. Cuando se ocultaron entre las raíces de un espino, Hiccup se asomó lo suficiente para ver a una manada de caballos negros. Su galope era potente, como si rocas gigantes se estrellaran al suelo.

—Esas cosas nos van a detectar —dijo Jackson, manteniendo oculta su vara. Hiccup se preguntó cómo era que sabía eso—. Muévanse lo más silenciosamente que puedan.

Teddy y Mérida tenían práctica en eso. Hiccup y Rapunzel no, pero se las arreglaban para no hacer ruido. Sin embargo, Fishlegs era muy torpe. El sigilo no era una de sus cualidades. Tropezó generando tanto ruido que sus compañeros le miraron con reproche.

—¡Lo siento! —gimió.

Mérida le puso una mano en la boca para callarle, pero era tarde. La manada de monstruoso equinos se giró hacia ellos. Los chicos no tuvieron más opción que correr.

¡Everte Statum! —dijo Hiccup—. ¡Apunten a sus patas! Si no podemos derrotarlos, al menos conseguiremos que caigan.

Rapunzel usó Flipendo, enseguida derrumbando a uno, pero no se percató que otro había logrado alcanzarle y estaba dispuesto a derribarla. Ella cerró los parpados cuando al fin lo notó y esperó un fuerte golpe que no llegó.

Abrió lentamente los ojos.

El equino parecía asustado. Se había detenido por completo. ¿Qué era lo que sucedía? Pero rápidamente se dio cuenta que ella misma se había defendido de manera inconsciente. Su cabello brillaba como si fuera el sol mismo.

—¡Wow, no sabía que podías hacer eso! —dijo Mérida detrás de ella. Los chicos estaban impresionados.

Y nadie debía saberlo. Rapunzel lo había ocultado de todos —excepto de Eep—, pues desconocía qué podría pasar si supieran sobre su particular habilidad mágica. Decidió que lo mejor era no hacer ningún comentario y les gritó que empezaran a correr de nuevo. Jackson había tenido razón al decir que había una entrada muy cerca. Mérida fue la primera que cayó dentro. Los demás la siguieron enseguida, desparramándose sobre ella.

—Auch, quítense de encima. ¡Me están aplastando!

—Con razón sentía el piso tan suavecito. Era tu cabello —comentó Teddy.

—De nada, vivo para ser su almohada, ya sabes —dijo con sarcasmo. Tenía la cara cubierta de polvo y unos feos raspones en las rodillas.

Había caído en un agujero bastante profundo, polvoso, con unas cuantas raíces colgando del techo y las paredes.

—Creo que Tuffnut la nombró como Agujero Mortal de la Locura —dijo Jackson.

—¿Cómo es que toda esta red de túneles no está documentada? —se cuestionó Hiccup.

—Bueno, para empezar no muchos se meterían a un bosque cuyo nombre tiene la palabra "prohibido". Hay documentos sobre las criaturas y seres que lo habitan, pero nadie se aventuraría a meterse a cavernas aquí —dijo Lupin.

—Los Thorston parecían muy felices de hacerlo —comentó Mérida—, eran expertos en escabullirse.

—Miren el collar —señaló Rapunzel. El colmillo de cuarzo blanco parpadeaba en su brillo. Teddy lo movió y se dio cuenta que su brillo fluctuaba dependiendo de la dirección que tomara—. Creo que está reaccionando, puede que haya detectado el otro collar que tiene su hermano.

—Eso significa que estos túneles pueden llevarnos directamente a Pitch, y no sólo acercarnos —dijo Jackson.

—Tendremos que usarlo para guiarnos, entonces —dijo Hiccup.

—Préstame el collar, Moony —pidió Overland—. Sé que quieres entregárselo a Thor, pero estas cuevas son engañosas. Hay agujeros que no se ven a simple vista. Una caída en uno de esos y pueden terminar en lugar muy feo. Lo digo por experiencia.

Caminaron por túneles largos y húmedos, que se estrechaban más a cada paso. Tuvieron que gatear para pasar y torcerse para no atorarse.

—Creo que ya casi llegamos —dijo Jackson después de un rato.

—¿Cómo que casi, Overland? —pronunció Hiccup al que no le gustaba estar en un sitio así.

—Ya te dijimos que los Thorston son quienes conocen mejor estas cavernas —espetó.

—Gracias a Circe, mis piernas empezaban a acalambrarse —dijo Rapunzel.

—Las mías ya se acalambraron —se quejó Fishlegs.

Salieron por un agujero que conectaba a una cueva. Jackson y Mérida no reconocieron el lugar. Los Thorston les habrían dicho si lo hubieran hallado, así que debía ser una parte que no había estado disponible hasta ahora. Era muy extraño. Las piedras eran lisas, cuadradas como si alguien las hubiese acomodado. El techo estaba a una altura considerable y de éste colgaban jaulas negras. No había rastro de Pitch, de la arena negra o de los caballos.

—Creo que hay personas dentro de las jaulas —dijo Teddy—. Miren ahí, algo está brillando.

—En esa jaula debe estar Quill —comentó Mérida—, tenemos que sacarlo ya.

—La sostiene una cadena —indicó Teddy apuntando con su varita para realizar el hechizo seccionador para romper la cadena. Antes de que la jaula cayera, volvió a agitar su varita—: Arresto Momentum.

La velocidad con la que caía la jaula disminuyó considerablemente, hasta finalmente tocar el suelo. Se apresuraron a abrirla. Fishlegs, Rapunzel y Jackson hicieron guardia. Adentro de la jaula estaba Tuffnut. Su collar brillaba intensamente.

—Quill —dijo Mérida, tomándole por el hombre—. Quill, despierta.

Tuvo que darle cuatro bofetadas para hacerlo reaccionar. Él parpadeó lánguidamente. No se veía mal, sólo algo golpeado. Probablemente sólo había perdido el conocimiento, pues el collar le habría salvado del efecto de la arena negra.

—¿D-Dónde estoy? —preguntó con voz gangosa, quizás por haber gritado tanto—. Argh, mi cabeza… ¿q-qué está pasando?

—No tenemos mucho tiempo para explicarlo, Quill —dijo Mérida—, tenemos que sacar a los demás y salir de aquí.

—La arena negra… Pitch… —la mirada de Tuffnut vagó por todo el lugar hasta detenerse en Jackson—. Esto no era lo que iba a pasar…

—Lo sé y quiero que sepas que lo lamen…

—Tus disculpas son innecesarias, Frost —cortó Tuffnut levantándose mientras se sostenía la cabeza—. Sé quién es el culpable y no eres tú, sino quien envió esa arena negra a capturarnos.

Jackson lo miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza, y como si esa segunda cabeza hubiera dicho algo muy sorprendente.

—¿Por qué pones esa cara? —inquirió Tuffnut al ver su expresión—. Tal vez sea un tonto, aunque no tanto como Ruffnut, pero entiendo quién es malo y quien no, y tú, Frost, tienes de malo lo que Fastidiccup de guapo.

Hiccup le lanzó una mirada de disgusto que Quill simplemente ignoró.

—Diantres, Quill, ¿desde cuando eres tan maduro? —preguntó Jackson.

—Quien sabe, pero no creas que saldrás bien parado de ésta. Hawk, Knuckles y mi hermana te golpearán en cuanto los saques de las jaulas.

—Y yo recibiré cada golpe con gusto —afirmó.

—Debemos sacar a los demás —recordó Teddy—. Hemos tenido suerte, así que no hay que abusar de eso, ¿entendido?

Jaula por jaula, sacaron a cada uno de sus amigos para colocarles los collares en el pecho. Como Fishlegs había predicho, la magia era ilimitada. Los collares dejaron de servir cuando sacaron a Eugene.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Jackson.

—Fue sumergido en una cosa que trajo a mí mis miedos más profundos sin filtros, ¿cómo esperas que me sienta?

—Fue una pregunta estúpida —aceptó—. Lo siento, hermano. Debí haber hecho las cosas de otra manera.

—Efectivamente, como sea, creo que debes leer esto —sacó la carta de Draco—. No dice gran cosa realmente, sólo que ante cualquier oscuridad lo mejor es prender una luz.

—Esperen, ¿le pidieron ayuda a Draco? —preguntó Tuffnut, conmocionado.

Jackson y Eugene se miraron mutuamente. No entendían el motivo por el que Tuffnut estuviera tan alterado. El gemelo se pasó una mano por la frente, como discutiendo dentro de sí si debía contarles. Al final, decidió que tenía que hablar.

—Nuestra adopción no fue… fácil. Las condiciones que el Ministerio de Magia colocó a los Malfoy son muy estrictas. Tienen que registrar cada carta, cada movimiento, cada cosa que hagan. Todo por… por nosotros. No es como si Draco pudiera enviar una carta a cualquier estudiante sin permiso.

—¿Esto tiene que ver con el caso de los Gemelos del Diablo? —cuestionó Alicia una vez pudo recuperarse.

Tuffnut tragó con dificultad.

—¿Y Ruffnut? —preguntó Mavis de repente—. Ella fue capturada con nosotros, ¿dónde está?

Todos miraron hacia su alrededor. Guy localizó una jaula que no habían visto. Se encontraba en la punta de una pila de rocas cuadradas, lejos de donde ellos habían estado.

—Overland y yo iremos a ver. Ustedes quédense aquí —ordenó Teddy.

—Súbete, Lupin —indicó Jackson dándole espacio en su vara. Teddy no tuvo problemas en acomodarse. Era prácticamente como usar una escoba.

Pero en cuanto tomaron altura, la arena negra apareció. Los atacó velozmente, empujándolos contra una pared.

—¡Jackson! —gritó Eugene.

—¡Muévete, Rider! —exclamó Courtney—. ¡Esa cosa viene por nosotros otra vez!

—¡Corran! —dijo Snotlout.

La arena se escurrió como una serpiente peligrosa. Tomó la forma de lianas, largas y rápidas, que comenzaron a cazarlos. Iban a ser capturados de nuevo y no podían defenderse…

¡Flipendo! —exclamó Mérida soltando un rayo blanco de una magnitud tan potente que pudo soltarse. No sirvió para detener el avance, pero había sido impresionante. Mérida se alzó con su varita en alto, inquebrantable y valiente—. ¡No voy a dejar que lastimes a mis amigos otra vez!

Entonces se percataron que no era como antes. El miedo no los paralizó, seguía presente, pero era tolerable. Podían combatirlo, enfrentarlo. No debían dejarse manipular por sus temores. Jackson observó a sus amigos combatir. A su lado, Teddy se limpiaba la sangre que manaba de un corte en la frente.

—¡No pierdas el tiempo, Overland! —exclamó Courtney—. ¡Nosotros estaremos bien! ¡Necesitas ir por ella!

—Pero ustedes…

—¡Nada de peros, niño! —rugió—. ¡Nosotros haremos lo posible por mantener la arena ocupada, sáquenla de allí!

—¡Ve, hermano! —gritó Eugene.

Jackson y Teddy volvieron a subir sobre su vara, siendo más cuidadosos esta vez. Sus amigos hacían lo posible por abrirles camino. Tardaron varios minutos para que pudieran llegar a la jaula. Jackson y Teddy bajaron, y mientras Teddy se encargaría de sacarla, Jackson cubriría la retaguardia.

Teddy abrió la verja.

Brillantes ojos amarillos resaltaban en el interior ensombrecido. A Teddy le costó hallarle forma con tan poca luz. Pero cuando lo logró, quedó impactado. Ella estaba ahí, sentada, quieta y con una sonrisa que le heló la sangre.

—Buu —susurró Ruffnut, su voz mezclada con la de alguien más. Arena negra brotó de sus manos con la que golpeó en el estómago a Lupin, aventándolo hacia atrás.

—¿Qué está pasan…? —quiso preguntar Jackson, pero también lo golpearon a él. Su cuerpo protestó por ser receptáculo de tantos maltratos en tan poco tiempo. Jackson no tuvo suficiente tiempo para recuperarse de todas su heridas antes.

La jaula que "retenía" a Ruffnut se deshizo. También era arena negra. Ella se levantó, aún llevaba puesta la ropa de cama y el cabello lo tenía suelto y despeinado. Su piel tenía un tono extraño.

—Finalmente, después de once años, nos volvemos a ver —dijo Ruffnut, o al menos la persona que estaba frente a todos.

—Esa voz… —musitó Jackson, atónito.

Ruffnut ladeó la cabeza, como si hubiera esperado otra respuesta.

—¿Qué le has hecho a Ruffnut? —exigió Courtney, pero fue ignorada.

—No me digas que has perdido tu sentido del humor—continuó, bajando de la pila de rocas con la arena asegurando cada uno de sus pasos—. No algo que vaya a lamentar, eso te lo aseguro. Los dioses saben cuántos siglos sufrí de tus patéticas bromas.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Jackson apuntando con su vara hacia él—. Eres Pitch Black, ¿verdad? Tú nos provocaste esas pesadillas durante meses. Eras ese maldito caballo y quien me ha estado fregando la vida desde que llegué a Hogwarts.

Ruffnut había dejado de sonreír y se había detenido. Miró a su alrededor con detenimiento, la arena aplacándose por un instante, como buscando una respuesta. Se enfocó en Jackson, que se sobrecogió por sus ojos amarillos.

—Eres un humano —por la forma en que lo pronunció parecía que eso fuera un hecho imposible—, pero tú eras… ¿qué es lo que hiciste, Jokul?

—¿Jokul? Ése no es mi nombre. Yo soy Jackson Overland.

Repentinamente, la mirada de Ruffnut cambió. Jackson había percibido desdén, engreimiento y cólera, pero ahora no había nada de eso, sino decepción e indignación.

—Todo tu poder, todos tus deseos, todos los planes dejados de lado por… ¿por qué exactamente? —cerró los parpados. La arena vibró—. No sé si es porque aún estoy débil o porque has interferido, pero no puedo percibir donde están. Los has ocultado, ¿verdad? Y te escondes tú en esa coraza humana, sin poder y sin memorias. Te consideré mi rival por tanto tiempo. Tres siglos enteros, ¿y qué gané a cambio de mi secreto? Traición. Eres un maldito bastardo traidor.

—No puedes acusarme cuando no sé de qué demonios estás hablando —espetó Jackson—, pero algo que sí sé es que tú eres Pitch Black, y que no permitiré que uses a Ruffnut a tu antojo.

—¿Esta niña? No es nadie importante, sólo una marioneta mientras reúno poder. Si fueras el de antes, sabrías que no es fácil obtener fuerza del miedo. Las personas hacen hasta lo imposible por engañarse en todo, y en las cosas que temen ocurre lo mismo. Aquel tipo despreciable, ese mestizo que temía tanto a la muerte. Recuerdo que tenía gran des ambiciones, pero que su corazón y su alma eran tan débiles que realmente cualquiera lo suficientemente listo lo habría acabado pronto. Ah, pero tú no lo recuerdas. Solías gastarle bromas por su falta de nariz.

Ruffnut empezó a caminar de nuevo, recorriendo todo el lugar. Sus amigos se pusieron en guardia, pero eso no pareció cambiar el ánimo de Pitch. Debía encontrar la forma de sacarlo de ella.

—Tengo planes que llevar a cabo y ahora que el sello con el que me encerraste hace once años está roto, nada va a detenerme. No sé qué es lo que haya hecho que te inclinarás por convertirte en un humano, o el método que empleaste para lograrlo, sólo sé que no eres una amenaza más para mí. Me encargaré de que no vuelvas a interferir. El linaje que he procurado durante milenios, lo encontraré.

Jackson intuyó que la lucha estaba por comenzar. La verdadera lucha. Apretó su cayado con fuerza. Ruffnut se plantó frente a él.

—Ya que has perdido tus memorias, me parece apropiado presentarme de nuevo. Para quitar toda duda sobre mí —la arena negra se sacudió a su alrededor, tomando formas amenazantes, alcanzando alturas que rozaban el techo—. Nací del miedo primitivo a lo desconocido. Soy la oscuridad que engulle a la luz. Los sueños los convierto en pesadillas. Soy el terror, el más grande los misterios —alas negras de arena se agitaron a su espalda—, soy la sombra…

La arena cubrió cada rincón de la cueva. Pitch parecía un dios oscuro a punto de provocar el apocalipsis.

—Yo soy Pitch Black —finalizó con voz oscura, con los ojos amarillos brillando intensamente.

La avalancha de su poder fue inclemente. Jackson no pudo pararla al inicio. Pitch se rio de sus intentos de detenerlo, lanzando ataque tras ataque de arena negra y de miedo. Sus amigos que habían estado tan pendientes de su conversación, fueron tomados con la guardia baja

—¿Quieres escuchar algo interesante? —preguntó Pitch sonriendo torcidamente cada vez que Jackson terminaba en el suelo por sus golpes—. Escogí a esta niña porque fue la primera que vio a una de mis Pesadillas. Realmente no esperaba que sus miedos fueran tan profundos, pero en cuanto pude echarle un vistazo a su mente vi que su mayor miedo es concentrarse tanto que termine matando a alguien —chasqueó los dedos. Varios de los amigos de Jackson fueron seleccionados y puestos cerca de Pitch, como si fueran parte de una exhibición. Había escogido a Rapunzel, Hiccup, Mérida, Eep y Tuffnut—. Esta niña tiene un miedo terrible al mundo, pero no es lo que uno normalmente pensaría. Verás, teme más a que sus expectativas del mundo fallen porque equivocarse la pondría en una situación de decisiones terrible.

»Éste de aquí —dijo de Hiccup—, teme al rechazo de su padre, pero tampoco desea seguir sus pasos. Prefiere hacer las cosas a su manera y que su padre las apruebe porque sí, sin importar si están erradas o no. Vaya paradoja. —colocó a Mérida frente a Jackson—. Esta niña pelirroja tiene miedo a no ser diferente de su madre. Teme tanto perder su esencia, que no sabe realmente lo que quiere o cómo conseguirlo. Ah, parece que ésta también tiene problemas con su padre —dijo por Eep—. Sabes, teme estancarse, ser conformista, terminar sin sueños o asustada del mundo como su padre. Y por último, pero no menos importante —mostró a Tuffnut—, este niño, tan similar a su hermana en apariencia y magia, es tan diferente en lo que teme. Tiene miedo a perder a su familia que podría hacer cualquier locura con tal de mantenerlos unidos, incluso dar su vida a cambio.

—¡Déjalos en paz, Pitch! —gruñó Jackson iracundo—. ¡Cualquier cosa que quieras arreglar, hazlo conmigo solamente! Yo fue quien te liberó, ¿no es así?

—Mis asuntos contigo se han acabado, así como esta conversación. Adiós, Jackson Overland.

La arena negra se convirtió en decenas de Pesadillas enormes, cuyas patas percutieron en las rocas lisas de la cueva. Sus relinchos ensordecieron los gritos de pánico de los niños. Al ver a Jackson gritar también, Pitch comprobó que sólo era un humano… aunque había algunas cosas que aún no le convencían.

—¡Detente! —pidió Jackson, desesperado—. ¡Detente ya!

Pitch podía sentir la intensa energía de sus miedos conjugados pasando hacía él. Pronto podría desechar ese cuerpo humano, pues había cumplido su propósito.

Jackson era presa de la desesperación. Tenía que hacer algo pronto, pero el miedo era incontrolable de nuevo. Se sentía incompetente. No podía fallarles de nuevo.

"¿Quién eres tú?".

"¿Vas a bajar de ese árbol ya?".

Eran los ecos de dos voces distintas. Dos voces que, estaba seguro, nunca había oído, pero que le eran muy conocidas. Casi si fuera ordinario. Fue algo extraño. Su corazón experimentó una paz inigualable. La oscuridad no le pareció aterradora. Se aferró a su cayado. Una chispa se produjo entre la madera y sus manos.

"No puedo rendirme. No puedo rendirme. ¡No puedo rendirme!", se repitió con vehemencia.

—No me rendiré —dijo en voz baja. Levantó la mirada para enfrentarse a Pitch Black—. ¡No me rendiré!

Una poderosa carga de magia de hielo salió de su vara. Congeló la arena que envolvía a sus amigos y a numerosas Pesadillas. Pitch rugió en descontento. Invocó más arena negra, más Pesadillas. Overland no se intimidó con nada.

—Yo… yo tampoco me daré por vencida —dijo Mérida, animada por la valentía de Jackson. Logró romper la arenisca congelada alrededor de ella, liberando su mano con su varita—. ¡Bombarda Maxima!

Era un hechizo que había aprendido de Tuffnut, quien tenía una habilidad sorprendente para aprender encantamientos peligrosos. El conjuro de Mérida quebró todo el hielo que se había formado, ayudando a liberar a sus amigos.

—¿Estás bien, Firefly? —preguntó MK. La mano de Mérida había quedado comprometida por hacer este hechizo.

—¡Estoy bien! —respondió volviendo a blandir su varita—, esto no me detendrá.

DunBroch ayudó a sus compañeros. Lanzó un Depulso que facilitó a Eugene zafarse de la Pesadilla que lo había agarrado con su hocico de su ropa. Eugene también era un buen mago, que lanzó maleficio tras maleficio.

¡Relashio! —pronunció Courtney apuntando hacia una de las jaulas que aún pendían del techo. El objeto cayó sobre varias Pesadillas regresándolas a su estado terregoso.

¡Impedimenta! —exclamó Fishlegs, peleando espalda contra espalda con Alicia y Thomas.

—Oye, Croods, ¿crees que podrías lanzarme hacía allá? —preguntó Teddy. La herida en su frente ya no sangraba y su cabello ardía en un furioso tono rojo—. Jorgenson necesita apoyo.

—Por supuesto que puedo —afirmó Eep, muy orgullosa de su fuerza física—. Ven acá.

Y sin decir agua va, tomó a Teddy del cuello de su ropa y lo arrojó. Teddy planeó por los aires, y aprovechando su agilidad, no se rompió ningún hueso al caer. Sacó su varita y arremetió contra las Pesadillas que había acorralado a Snotlout. Una se encabritó y se les fue encima. Teddy no supo cómo lo hizo, pero logró montarse sobre ella. La Pesadilla se agitó salvajemente para sacárselo de encima. Teddy se aferró con todas sus fuerzas.

—¡Dale, Moony! —aulló Tuffnut con una sonrisa tan retorcida como la de su hermana—. ¡Eres mi héroe!

Teddy estaba lejos de querer ser un héroe en ese momento. El movimiento del equino lo estaba mareando. Su cabello y su piel se pusieron verdes. Estaba a punto de vomitar. Tuffnut no se quería quedar atrás con la diversión. Escaló algunas piedras altas, brincando sobre una Pesadilla justo a tiempo o él habría caído de cara al suelo. Tuffnut aulló más, ¡montar una de esas cosas era más divertido que aterrador!

Pitch estaba atónito. Su furia sirvió para enfocarse. El miedo había disminuido considerablemente, así que tuvo que recurrir a la magia de su contenedor. Pitch usó la varita de Ruffnut y apuntó hacia Guy.

¡Expelliarmus! —gritó Heather desarmándola.

Pitch reunió todas las fuerzas que había acumulado en un último ataque. Una cantidad ridículamente grande de arena se aglomeró en la caverna.

—¡Necesitamos detenerla! —chilló Snotlout.

—¡No podemos herirla! —pronunció Mavis, preocupada.

—¡Por si no lo has notado, está a punto de hacer su ataque final! ¡Todos saben que van a perder cuando el jefe final hace eso en un videojuego!

—¡Deja de decir tonterías, pedazo de burro! —dijo Courtney—. ¡Ruffnut es nuestra amiga!

—Tiene que haber una manera de ayudarla sin lastimarla —comentó Eep cuyo cabello se había esponjado más.

Rapunzel vio a su amiga. Eep siempre se preocupaba por las personas que eran cercanas a ella. Nunca las abandonaría mientras pudiera hacer algo para salvarlas. Rapunzel pensó en sus padres, que le habían dicho que mantuviera en secreto tantas cosas. Luego pensó en Blaise, en el mago moreno que se había reído cuando lo sentenciaron. Eep y Blaise eran valientes, y Rapunzel creyó que era momento de que ella lo fuera también.

—Tengo un plan —les dijo a todos, especialmente a Jackson—. Puedo ayudar a Thorston, sólo necesito que me apoyen.

—¿Qué es lo que has pensado, Soleil? —dijo Courtney, adelantándose a todos para que no empezaran a preguntar nada.

Rapunzel contó lo esencial en su plan obteniendo algunas miradas incrédulas, pero le bastó ver a Jackson, Mavis y Courtney para saber que contaba con su aprobación. Esperaba que funcionara o estarían perdidos. La única manera de saberlo era arriesgándose en esta apuesta. Jackson se encargó de llevarla sobre su vara, mientras los demás intentaban mantener a raya a la arena.

Cuando despejaron, Rapunzel se aferró a Jackson. Notó que él quería acabar con esto de una vez por todas.

—¡Escúchame, Thor, sé que estás ahí dentro! —exclamó.

—¿Preocupado por esta niña? —se mofó Pitch—. Eso no te queda, Jokul.

Hiccup y Mérida demostraron ser un dúo imbatible. Su destreza y coordinación fue la mejor defensiva que pudieron armar. Pitch intuyó que algo iba mal. La niña que llevaba Overland sobre su vara parecía muy determinada en alcanzarlo. Pero no se lo permitiría. Concentró arena negra hasta construir una cuchilla. Colocó el largo filo cerca del cuello.

—Si continúan con su plan, su amiga morirá —sentenció, rasgando la piel para demostrar que iba en serio—. Yo no puedo morir, pero ella sí.

Pero nadie se detuvo. Jackson dio la señal. Pitch había estado tan concentrado en ellos que olvidó por unos segundos que no debía bajar la guardia. Eep tomó gran roca, que lanzó hacia la mano que sostenía el arma. El cuerpo humano de Ruffnut reaccionó como se esperaba. Soltó la cuchilla.

Y entonces, Jackson y Rapunzel se le fueron encima. Tomaron a Pitch y lo presionaron sobre el suelo. Mavis, Courtney, Hiccup y Mérida sujetaron cada extremidad de Ruffnut, que luchaba fuertemente para liberarse. Si Pitch había estado usando sus reservas de energías, significaba que estaría agotado de momento. La oportunidad perfecta para vencerlo.

—¿Qué me harás, niña? —cuestionó Pitch cuando Rapunzel se deshizo de su trenza, revelando el largo total de su cabellera—. ¿Trenzarme el cabello?

—Haré algo más que eso, Pitch.

Colocó largos mechones para atar las extremidades de Ruffnut. El resto quedó esparcido alrededor.

—No dejen que se mueva —les pidió y recargó sus manos sobre sus piernas flexionadas. Habían pasado muchos años desde que tuviera que utilizar su cabello—. Flor que da fulgor con tu brillo fiel, vuelve el tiempo atrás volviendo a lo que fue…

Un brilló dorado coronó la punta de su cabeza rubia, descendió conforme la canción era entonada por el largo cabello rubio. Era un espectáculo bellísimo y sublime. Pero Pitch no estaba dispuesto a dejarla llegar al final. No había esperado que un poder así existiera, así que se encargaría de esa niña de una vez por todas. Consiguió juntar más poder para invocar más arena negra, con la que atacó sin piedad a los que lo mantenían presos. Mérida le soltó la mano sin querer. Pitch la usó para estrangular a Rapunzel.

—Te mataré, niña —dijo.

Pero Jackson congeló la arena negra mientras que Mérida quitaba la mano de Ruffnut de la garganta de Rapunzel. La niña rubia tosió ruidosamente.

—¡Punz! —le gritó Eep cuando se dio cuenta que su amiga tenía los ojos vidriosos—. ¡No te rindas! ¡Tú puedes hacerlo! ¡No dejes que gané!

Rapunzel hizo un esfuerzo por olvidar sus miedos. Tenía que ser fuerte, tenía que ser valiente. Empezó a cantar otra vez, en un volumen más alto. Su cabello brilló intensamente, disminuyendo el miedo y llenando la cueva con una sensación cálida y confortante.

—Quita enfermedad y el destino cruel. Trae lo que perdí, volviendo lo que fue a lo que fue.

El brillo se volvió intenso, los cegó durante unos segundos. Las Pesadillas desaparecieron ante la luz. La arena negra dejó de moverse. El miedo se fue, como lluvia entre los dedos. Cuando el brilló se acabó, todos miraron hacía donde Rapunzel estaba. Era increíble lo que había hecho. Ella había asegurado que tenía un plan, pero no que tenía una habilidad tan poderosa. Sin embargo, era entendible que lo mantuviera en secreto.

—Eres asombrosa, Soleil —dijo Jackson sonriéndole con sinceridad.

Rapunzel suspiró con alivio y empezó a reírse sin ningún motivo. Se sentía tan bien ya no estar llena de miedo, que necesitaba hacer algo para aligerar la tensión. Los demás también se rieron. Después de tanto problemas al fin estaban a salvo. Pitch se había ido.

—Mjmm —se quejó Ruffnut. Todos miraron a la chica en el suelo. Ella ya no tenía la apariencia anterior, su piel había vuelto a la normalidad y sus ojos volvían a ser azules—. ¿Qué está…?

—¡Ruffnut! —exclamaron Mavis y Courtney, apresurándose a llegar donde ella estaba. Nadie fue tan rápido como Tuffnut, que se abalanzó sobre su hermana.

—Auu, Tuffnut, eso duele —dijo, pero no lo alejó. Sea lo que sea que Pitch le había mostrado para romperla y controlarla, aún podía verse rastro de la agonía.

Nadie interrumpió el momento de los gemelos. Courtney y Mavis aguardaron su turno. Jackson miró a cada uno de sus compañeros. Sin duda, no habían salido tan bien librados como se supondría. Tenían moretones, raspones y la ropa rasgada. Las Pesadillas habían sido resistentes a los encantamientos y maleficios. No habían logrado hacerles daño, sólo mantenerlas al margen.

Afortunadamente, todo había terminado.

—Esto sí que fue una aventura —dijo Mérida—. Nada mal para nuestro primer año.

—Con esto basta para toda mi vida, DunBroch —espetó Fishlegs recuperando el aliento—. Creo que mi expectativa de vida unos cincuenta años.

—Es agotador salir con ustedes, chicos —dijo Teddy—, pero pienso que vale la pena.

—Dilo por ti, Lupin —dijo Hiccup, que estaba tan mallugado que apenas podía moverse—. Para mí las aventuras acabaron para siempre.

—No estés de amargado, Haddock —dijo Eugene—. Oh, relájate. Acabamos de pelear contra Pitch Black, y resulta que eres más que un comelibros. No creí que fueras tan hábil con los hechizos.

—Pues lo soy, qué gusto que al fin se hayan dado cuenta —dijo él con sarcasmo—. Pero lo que importa es saber qué era exactamente Pitch Black.

—¿A qué te refieres, Haddock? ¿No se supone qué es el Coco o algo así? —inquirió Courtney.

—Eso es sólo un cuento para asustar a los niños, Babcock, aunque sabemos que tiene algo de cierto con eso de que puede identificar los miedos de las personas —señaló—. ¿Pero qué hay de todo lo demás? Lo que dijo en su conversación con Overland…

—Hiccup tiene razón —acotó Guy—, Pitch no sólo puede ser un cuento para niños. ¿Sabes de lo que estaba hablando, Frost?

—Si supiera algo, se los habría dicho —notó las miradas de escepticismo de todos—. Está bien, sé que oculté cosas, pero no lo hubiera hecho si hubiera sabido que Pitch era tan peligroso. No tengo idea de lo que era ese tipo.

Se levantó con cuidado. Se sentía adolorido y estaba cansado mentalmente. No quería pensar acerca de lo que había sucedido por el momento, aunque tenía la certeza que algo importante había sucedido.

—Bueno, son cosas que podemos dejar para después —les dijo—, estamos heridos y necesitamos regresar al castillo.

Por bajar la guardia durante un instante, nadie vio a Ruffnut estremecerse de forma violenta. Una sombra de gran tamaño brotó de su cuerpo. Su poder era tal que cuando salió, dejó inconscientes a todos. La sombra dio una vuelta en la caverna, giró y arremetió contra el único que había quedado de pie. Jackson fue atravesado. Pitch pasó a través de él. Lo último que escuchó antes de perder el conocimiento fue la voz de Pitch.

—Los dejaré en paz por esta vez, pero volveré. Nadie podrá escapar del miedo, ahora que soy libre nadie podrá detenerme. Han ganado una batalla, pero la guerra es mía. Hasta luego, Jokul.


La palabra sueño se originó etimológicamente en Grecia; el término hypnos equivale a "dormir, soñar", del cual derivó el vocablo latino somnus que puede traducirse como "sueño", y que ha permanecido hasta nuestros días. Los sueños han tenido un papel importante en la historia de los seres humanos.

Los faraones egipcios consideraban a los sueños como como formas de expresión y conexión con los dioses. En el Antiguo Japón se practicaba la incubación de sueños en templos budistas y en templos de los Shintos. En múltiples culturas, tienen una función premonitoria. Los sueños están llenos de significados y de secretos. Aquel que sueña tiene a su disposición un mundo que le pertenece, pero no puede controlar.

Jackson no tiene claro porque su sueño le muestra escenarios que no ha visto jamás en su vida. Está riéndose. Se siente tan feliz y libre que no le importa demasiado lo demás. Hay unos niños con él, pero no logra verles los rostros. Entonces, despierta.

Lo primero que siente es el frío suelo de la caverna congelándole la mejilla. Se levanta con dificultad. La cabeza le da vueltas. Sus amigos están en el suelo, sabe que están vivos. Pitch no tenía suficiente poder para matarlos antes de irse. Miró hacia un lado. Ruffnut estaba cerca de él. Ahora ya tiene la seguridad de que Pitch está fuera de ella.

Pero no lo habían acabado como creyeron. Sería duro informárselos a los demás.

La cueva ya no está a oscuras. Alzó la mirada, notando una gran grieta sobre sus cabezas. Está amaneciendo. ¿Cuántas horas habrían transcurrido?

—Uhm —oyó el quejido de Ruffnut. Ella está despertándose.

—Thor —se apresura a levantarla. Nota los signos de cansancio, las ojeras profundas. Pitch había estado usando la magia de Ruffnut sin ninguna consideración hacia su cuerpo

—¿Frost?

—No te muevas. Has pasado por una experiencia desagradable. ¿Recuerdas algo? —ella negó—. ¿Quieres que te lo cuente?

Ruffnut asintió. Jackson no tardó mucho en contar lo que había sucedido. Fue extraño resumir todo… casi como no hubiera ocurrido.

—¿Cómo sabes que Pitch ya no está en mí? —preguntó Ruffnut.

—Salió de ti porque ya no tenía fuerzas para controlarte por completo —dijo Jackson—. Te lo aseguro, Thor, él no podrá manipularte de nuevo.

Ruffnut temía que Pitch pudiera hacerles daño a los demás usándola a ella. No recordaba demasiado lo que había ocurrido entonces, sólo… sensaciones. Dolor y frustración, e imágenes de su familia y sus amigas asesinadas por su culpa.

—Pitch ya no está dentro de ti —dijo Jackson colocando una mano sobre su hombro. Ella le miró—. Lo prometo, él no volverá a lastimarte.

Ruffnut tuvo que confiar en su palabra. Si seguía pensando en eso, Pitch ganaría. Ella no iba a dejar que él afectara de nuevo su vida.

—Deberían besarse para romper la tensión —comentó Snotlout, rompiendo el ambiente.

Jackson y Ruffnut giraron tan rápido su cabeza que fue una suerte que no se rompieran sus cuellos. Se encontraron con las miradas curiosas y burlonas de los demás. No se habían percatado que todos habían despertado.

—¡Chicos! —dijo Jackson, alejándose un poco de Ruffnut—. ¿E-Están bien?

—Oh, estamos bien, no tanto como ustedes, pero sobreviviremos —dijo MK.

—Sigan con lo suyo —comentó Heather—, que no los interrumpa nuestra presencia.

—¡Sólo estábamos hablando! —exclamó Jackson.

—Sí, claro —bufó Eugene—, sólo hablando.

Un tic apareció en ojo derecho de Jackson.

—Que no te dé pena, Frost —pronunció Snotlout con desgana—, que te guste la hermana de uno de tus amigos es lo más normal del mundo. Claro que ella me prefiere a mí.

Un puñetazo le cerró la boca. Al parecer, Ruffnut había recuperado fuerza para tumbarlo hacia atrás.

—Tenemos que regresar —dijo Mavis—. Si Pitch ya no está…

—No se fue, Zing —pronunció Jackson—. No nos deshicimos de él.

Y les explicó lo último que Pitch le dijo. Las expresiones que pusieron fueron de incredulidad, molestia y espanto.

—Bueno, supongo que pensar que ganamos así de fácil fue infantil —indicó Thomas—. No creo que debamos preocuparnos por eso de momento. Pitch está libre y eso es un hecho que no podemos ignorar. Hay que pensar a futuro, pero por ahora hay que regresar a Hogwarts.

—Cierto, ya nada podemos hacer hoy —comentó Eep, y se sobó el estómago—. No sé ustedes, chicos, pero yo tengo hambre y quiero descansar.

—Estoy de acuerdo contigo, Croods —dijo Courtney cuya apariencia era un completo desastre—, pero antes de eso hay algo que tengo que hacer.

—¿Qué es, Hawk? —preguntó Guy.

Courtney avanzó hasta ponerse frente a Jackson. Ante su mirada confusa, ella simplemente estiró sus brazos para destensarse, respiró muy profundo y antes de que pudieran detenerla, cerró su mano en un puño y lo estampó con fuerza en la cara de Jackson.

—Estás perdonado —dijo ella sacudiéndose las manos y alisándose la túnica—. Espero que entiendas que puedes confiar en nosotros más. Sé que hay cosas que no quieres compartir, pero tienes que pensar que esto ahora que estamos metidos en esto.

—Está bien, Hawk, ya no más secretos… por lo menos no los que vayan a involucrarlos a ustedes en peligros desconocidos.

Ahora tenían que salir de allí. Regresar por los túneles sería tedioso y molesto con las heridas que tenían, así que saldrían por la fisura del techo. Teddy sacó su varita y apuntó hacia arriba.

Ascendio —pronunció. Como impulsado por un resorte, subió hasta salir. El aterrizaje no fue perfecto, y se lastimó el hombro—. Auch, esto dolió.

Se levantó y notó que el Bosque Prohibido volvía a tener ese ambiente peligroso, pero no tan atemorizante como cuando las sombras de Pitch lo invadieron.

—¡Que no se te olvide que todavía estamos aquí abajo! —gritó Snotlout.

—¡Ah, sí! No puedo subirlos a todos a la vez, tendrá que ser uno por uno. Así que tienen que ser pacientes —movió su varita—. ¡Levicorpus!

Levitó hasta la superficie a cada uno. Para el final, cuando sacó a Hiccup, Teddy estaba agotado. Caminaron de regreso al castillo. Ruffnut y Tuffnut eran flanqueados por Mavis y Courtney. Alicia hablaba en voz baja con Thomas y Guy. Teddy, Jackson y Eugene lideraban la marcha, usando el Mapa de los Cuatro Grandes para guiarse. Eep, MK y Heather ayudaban a Rapunzel a cargar su cabello.

—Jamás creía que tuvieras un poder tan increíble —dijo MK—. Fue capaz de ahuyentar a Pitch, ¿tú lo sabías?

—No, fue una apuesta —confesó—. Sólo puedo curar heridas con mi cabello, pero pensé que quizás funcionaría de otra manera. No me agrada llamarlo intuición, aunque es todo lo que viene a mi cabeza.

—¿Cómo la obtuviste? —preguntó Heather—. Esto no es magia que cualquier mago o bruja use normalmente.

—Mi madre tuvo problemas cuando estuvo embarazada de mí. Recurrieron a la medimaga Daphne Zabini para encontrar una solución. Ella propuso hacer una poción con una flor que descubrió su esposo. Era una flor especial, que brillaba cuando se entonaba un hechizo y curaba heridas leves —explicó—. La poción facilitó mi nacimiento y creo que de alguna manera absorbí las propiedades de la flor. Como sea, soy capaz de curar heridas, sin importar lo grave que sean.

—Gracias a ti estamos a salvo —dijo Heather. El glamour en su cabello había acabado, por lo que su tono rubio quedó al descubierto.

—No es la gran cosa —comentó, apenada.

—Con razón lo mantenías en secreto. Una habilidad como ésta llamaría la atención de muchas personas. Pero no todas serían buenas. Supongo que no quieres que nadie más lo sepa.

—Es ingenuo de mi parte pensarlo —admitió—. Si Pitch ha sido liberado y está dispuesto a hacer todo para llevar a cabo sus planes, mi poder puede marcar una diferencia. Estoy dispuesta a contarlo al mundo, que sepan que hay esperanza.

—Tenemos muchas cosas que contar cuando regresemos —suspiró Hiccup—. Ya que el grupo de aurores fue neutralizado, requerirán más refuerzos. Es probable que Harry venga a Hogwarts.

—¿Te refieres a Harry Potter? —dijo Alicia—. No pensé que conocieras a alguien tan famoso, Haddock.

—Es mi padrino —dijo, encogiéndose de hombros—. Si él viene a Hogwarts, quizás tengamos la oportunidad de hablar directamente con él para evitar filtraciones. Seguramente McGonagall habrá contactado con él, por lo que podemos tener la certeza de que querrán saber todo.

Salieron del bosque unas horas después, por el área donde se encontraba la cabaña de Hagrid. Los chicos notaron que había un gran alboroto cerca del castillo. Aurores, profesores, prefectos y un montón de estudiantes que estaban en las escaleras y unos más asomándose por las ventanas. El efecto de los poderes de Pitch se había acabado, y al parecer, estaban por dirigirse hacia el bosque. Daphne y Cho atendían a los afectados por los encantamientos y maleficios que lanzaron los que entraron en pánico. McGonagall mantenía a raya a los padres de familia que recién llegaban. Blaise y Luna conversaban con Pansy y los Malfoy, quizás para unirse a las brigadas de búsqueda de los aurores.

Tuffnut y Ruffnut jadearon cuando vieron a Draco y Astoria. Sin pensarlo demasiado echaron a correr a gran velocidad hacia ellos. Un auror se percató de su presencia y señaló al grupo de niños que salían del Bosque Prohibido. Una gran conmoción se desató. Los aurores se apresuraron a ir con ellos. Hubo gritos y exclamaciones por igual, todo se volvió un caos.

Draco y Astoria notaron enseguida a sus hijos. Los vieron correr hacía ellos. Ignoraron las restricciones, los protocolos, las apariencias. Les importó bien poco las miradas irritadas de las personas. Ambos se apresuraron a llegar con Tuffnut y Ruffnut.

—Detengan a Malfoy —ordenó Ron a un grupo de aurores—, no puede escapar.

Por supuesto, él no había notado que corrían para encontrarse con sus hijos. En cuanto los aurores dieron un paso, dos personas se interpusieron en su camino. Eran Blaise y Pansy, que discretamente les apuntaban con su varita. Pansy les sonrió de manera encantadora, pero ella había sido una aurora con una reputación formidable que conocía más maldiciones que muchos aurores veteranos. En cuanto a Blaise, había algo peligroso dejando ver en sus ojos borgoñas. Una sutil amenaza que escondía una mente perturbada y curiosa. Los aurores se sintieron intimidados. No desobedecieron la orden de Ron, pero procuraron ralentizar sus pasos para darle a los Malfoy la distancia necesaria.

—¡Papá! ¡Mamá! —gritó Ruffnut con una desesperación notable en su voz. Su hermano la miró sorprendido durante unos segundos, para después decidirse por imitarla.

—¡Papá! ¡Mamá!

Era la primera vez que se dirigían así a ellos. Era la primera vez que entendían que, sin importar su condición de huérfanos adoptados, Draco y Astoria eran y siempre serían su padre y su madre. Se lanzaron a sus brazos abiertos que los estrecharon con fuerza y amor. Los Thorston se aferraron a la calidez y confortabilidad que desprendían los cuerpos de sus padres. Los Malfoy habían tenido miedo de perderlos, pero estaban allí, con ellos y a salvo. Astoria lloró de felicidad. Draco sentía que su mundo volvía a estar equilibrado.

Cuando los aurores escoltaron al resto de los chicos, Jackson miró con satisfacción el encuentro de una familia. Había muchas cosas por hacer, asuntos que aclarar, pero ahora tenía la certeza de que, fuera lo que decidiera, tenía que proteger a los que más le importaban.


Les contesto sus review.

Kisaki Yazmin Motou: Jack es quien tiene un poco más de poder que los otros, sí, pero recuerda que es humano y un niño. Creo que te había dicho que Toothless aparecería a su debido tiempo, su lugar en la trama ya está decidido. En serio, es esencial que Hiccup permanezca sin Toothless por un tiempo. En el siguiente fic, habrá más escenas de Harry con Hiccup, porque me faltó profundizar su relación aquí. Saludos.

Tilicia: ¡Exacto! ¡Eso es lo que pretendo con Hiccup! Si bien es considerado un prodigio no quiero quitarle ese aire de mala suerte y poco prestigio que tiene en los libros y las películas. Además, tiene que competir contra el encanto de Jack que no es poco; es este tipo de relación lo que hará del encuentro con Toothless algo más allá de una simple amistad (venga, que hasta en la película Hiccup prefiere a su dragón en lugar de las personas).

Fenrir Kholer: Aunque creo que Jack estuvo en una situación difícil debió confiar más en sus amigos (no sólo en Eugene), después de todo, les concernía de igual forma el asunto de Pitch. ¿Hiccup y Courtney siendo buenos amigos? Mmmm, puede que sí, con eso de que los madrazos que da ella son terapéuticos y ayudarían mucho a Hiccup.

¡Sí, te estoy tentando! La verdad nació espontáneamente, pero como buena shippeadora crack no pude dejar pasar la oportunidad.

Hickunzel… mmm, estoy en guerra con ello porque los veo más como mejores amigos/hermanos, pero creo que si llegó a escribir escenitas románticas de ellos podré ampliar mi perspectiva. Sí, no me muero por intentarlo.

Contestando a tus preguntas: Sí, ya lucharon con Pitch xD; obvio se enfrentaron a sus miedos, y los miedos que me faltaron mencionar aparecerán luego; mmm, creo que con esto te refieres a los one-shot y te diré que sí y no; los planes de Pitch son dominar al mundo a través del miedo, eso no lo cambie porque no lo creía necesario; pues… de momento, la amistad de Hiccup y Jack no se podrá y se queda en rivalidad, y creo que se agarraran de las greñas por una chica o por varias (lol).

No me molesta que comenten mucho. De hecho, me hace muy feliz.

Sayuki Nakamura: ¡No odies más que acá está la actualización! Pues habrá más de Rapunzel y posibles ships con ella en el siguiente fic. Por cierto, la palabra apologética en un sinónimo sencillo significaría defensa de, pero en el contexto en que lo utilicé (y de acuerdo al Diccionario Viviente de mi salón), puede usarse como disculpa o resignación o indolencia.

LaRojas09: Mmm, no diré más sobre Toothless. En serio, quiero escribirlo, pero no va aparecer pronto. Lo lamento, pero eso es algo que no cambiaré. La trama ya está decidida u.u.

Bueno, eso es todo por el momento.

Agradece su atención,

Abel Lacie Kiryû.