Holiii! hoy traigo capi KALIJAH porque no me interesa nada! los shippearé hasta la muerte!


Capítulo 10: Te Veo

Elijah

Hotel Plaza, New York

Ella aún estaba durmiendo, quizá iba a dormir hasta media tarde… quizá. ¿Ya cuántas veces se había acercado a cerciorarse que así era? Pues desde que amaneció más de 8 veces. Y ya era poco más del mediodía y Katherine seguía durmiendo en la habitación principal de la suite. Tampoco es que tuviera la intención de estar pendiente todo el tiempo de ella, es que lo hacía prácticamente sin querer. Entendía que no despertara, después de todo había sido una noche muy loca para Katherine, le había resultado hasta un poco difícil seguirle los pasos y asegurarse que en medio de su enojo por lo que hizo nada le pasara. Ella era muy astuta, estuvo pendiente de todo… hasta cierto punto. Hasta que se embriagó claro, hasta que se embriagó tanto que se olvidó de asegurarse si alguien la seguía o de cualquier otra cosa y simplemente se dejó llevar hasta que cayó dormida en ese antro. Y claro, él no iba a dejarla sola ahí, abandonada a su suerte.

Porque después de todo había sido su culpa. Ella sólo había querido divertirse y él tuvo que rememorar el pasado, tuvo que arruinarlo todo con eso de los sentimientos. ¿Acaso no se lo había dicho Klaus? Esa basura de los sentimientos son la peor debilidad de un vampiro. Pero es que no pudo evitarlo, de verdad que no pudo. Cuando la sintió tan pegada a su cuerpo como nunca antes, cuando su cuerpo entró en contacto con el suyo y Katherine empezó a moverse de esa manera tan sensual simplemente creyó que iba a perder el control de sí mismo. Peor aún cuando lo tomó por sorpresa y sus labios se unieron en un beso tan ardiente como el infierno. Habían pasado siglos desde que no tenía el placer de besar sus dulces labios, y los besos de antes… llenos de timidez, ternura y a veces hasta cierta culpa, eran completamente diferentes a los de anoche. Mientras la besaba sentía que no quería parar nunca, que quería expresarle de alguna manera lo que sentía ahí… en lo más profundo de su ser, eso que estaba tan escondido que aún no se atrevía a pensarlo siquiera. Y cielos, por más que se estuviera muriendo por tenerla, por poseer su cuerpo de mil maneras, de hundirse en ella una y otra vez… por más que el deseo hubiera estado a punto de ganar, él tuvo que meter a los sentimientos otra vez. Y recordarle con ese gesto lo que fueron, lo que no volverían a ser.

Si ella había huido asustada y molesta, estaba bien. Porque eso también era su culpa. Si Katherine era una chica fría y calculadora era también culpa suya. Nada de lo que hicieron con ella fue justo, le arruinaron la vida. Le quitaron las esperanzas, le quitaron todo. Y él no pudo oponerse, simplemente dejó que pasara. Todo era su culpa, si Katherine había hecho daño era por que él no fue lo suficientemente valiente para mandar a Klaus al demonio y decirle de que le iba a salvar la vida a la doble durante el sacrificio, si quizá la hubiera defendido cuando ella escapó… quizá se pudieron haber evitado muchas cosas, especialmente que ella se separara para siempre de su lado. Había que ser tonto para creer que cabía una segunda oportunidad entre ambos, habían 500 años de resentimiento de por medio que no se iban a superar de la noche a la mañana. Y Katherine no era ya la chica de antes que creía en él, que era capaz de amar y perdonar, que creía en el amor real. No, esa Katherine lo iba a mandar al demonio cuando despertara. Obra y gracia de él de paso.

Ya no quería penar en eso, lo único que importaba era que ella dormía y que él estaba parado en el umbral de la puerta quien sabe hace cuánto tiempo. Mirándola, viéndola dormir como si no hubiera problemas, como un ángel. Su ángel. Que no daría para que cuando Kath abriera los ojos le sonriera y lo mirara de una manera diferente, no con la mirada fiera que esperaba recibir justamente. No era justo lo que hacía con ella, no era justo querer rememorar el pasado, abrir viejas heridas y hacerla sentirse mal. Ya suficiente había hecho con arrastrarla a todo aquello, ya su vida tenía suficientes problemas como para que llegue él a ser un nuevo dolor de cabeza, a ponerla en el ojo de la tormenta. Katherine tenía derecho a vivir su vida, a intentar ser feliz… a sonreír como lo había hecho aquella tarde en el Central Park cuando la vio. Una vida lejos de los Mikaelson, de Mystic Falls, de todo aquello que la atormentaba.

Así que con el dolor de su alma iba a tener que dejarla ira. Ese era el último favor que le hacía, la última vez que la atormentaba con su presencia, la última vez que la incomodaba. Esperaría a que despierte, conversaría un poco con ella y luego adiós. Esas horas a su lado le habían servido para darse cuenta de que no quería lastimarla más, quería hacerla feliz. Y si Kath era feliz lejos de él lo iba a aceptar. ¿Pero acaso no era ese un nuevo acto de cobardía? ¿Acaso no estaba renunciando a una nueva oportunidad sin intentarlo otra vez? De verdad quería intentarlo? Bueno, al menos quería arreglar todo con ella, no quería que siga resentida con él porque estaba seguro que lo estaba. Pero de que ella quisiera una nueva oportunidad… no, claro que no. Lo mandaría a volar, y claro… eso también lo tendría bien merecido.

Por eso la miraba así, como si fuera la última vez. Que importaba que fuera sólo una doble, para él Katherine era única. Su Katerina… con su personalidad tan arrebatadora, con ese lindo brillo en sus ojos, con sus ideales, con esa forma tan especial de sonreír que tenían. Los años le habían quitado la inocencia, pero él aún creía ver en ella a su chica. Ella aún estaba ahí, dormida, silenciosa, luchando por salir. Su frágil y tierna Katerina, claro que seguía siendo ella. Era ella misma pero con algo más que la hacía encantadora, era la misma Katerina que ahora usaba más su sensualidad, que se había vuelto más firme y fuerte, pero era ella. ¿Y acaso él seguía siendo el mismo que ella quiso? Todos esos años se había esforzado porque así sea. Todo ese tiempo había trato de ser el mismo, de no caer en la crueldad, de no perder su esencia. Y creía haberlo logrado… creía. De alguna manera era el mismo, pero también habían heridas de por medio, traiciones, soledad, mentiras… habían tantas cosas que no le sorprendería que ella también piense que su Elijah había cambiado mucho aunque él no lo percibiera del todo.

Katherine pestañeó. Abrió los ojos despacio y volvió a cerrarlos, la habitación estaba a oscuras pero quizá aún tenía ganas de dormir. Pero abrió los ojos pronto, quizá asustada porque lo último que recordaba era un club y música. Buscó a su alrededor y entonces lo vio a los ojos. Fue casi como en el parque. Una especie de electricidad recorrió todo su cuerpo cuando se miraron, sintió que la espera había valido la pena. Puede que sólo fuera un instante, pero ese instante lo llenó todo. Katherine volvió a cerrar los ojos y se incorporó. No resistió la tentación de acercarse y sentarse a su lado en la cama, quizá porque esa podía ser la última vez que la tuviera al frente… y quería estar lo más cerca posible. Ella volvió a mirarlo y se llevó una mano a la cabeza, claro… había sido una noche agitada.

- ¿Dónde estamos? – preguntó al fin en medio de su confusión.

- En la Suite Presidencial del Hotel Plaza – respondió tranquilo pero sin dejar de mirarla. Aún así, con los cabellos desordenados y con una terrible resaca encima, aún así se veía encantadora – buenas tardes.

- ¿Tardes? – dijo un poco sorprendida – tanto he dormido? – él asintió. Katherine apartó las mantas pero parecía que aún se sentía muy perezosa incluso para ponerse de pie – como… - no lo había estaba mirando, pero pronto buscó sus ojos y le habló mientras lo miraba – c¿ómo me encontraste?

- Nunca te dejé – Katherine pareció sorprenderse con esa respuesta, hasta él mismo se sorprendió con lo que dijo – quiero decir… nunca dejé de seguirte – ella asintió y volvió a apartar la mirada. Apoyó su espalda contra la cabecera de la cama y suspiró sonoramente.

- Es como si me hubiera pasado un camión encima – comentó – un camión que llevaba un contenedor – exageró y casi sin querer le sonrió. Ella también correspondió la sonrisa – ¿de dónde me recogiste?

- No lo sé… sólo sé que todo se veía muy rojo.

- "Luz Roja" – dijo ella con una media sonrisa – esa porquería de antro…

- Si que lo era… - volvieron a sonreír. Ahora con complicidad, como si tratara de una joven pareja conversando un poco. Elijha hasta pensó que eso que se le vino a la mente sobre dejarla ir era simplemente una ridiculez. Cómo iba a dejarla ir si sólo lograba sentirse vivo a su lado? El silencio de la habitación fue interrumpido pues se abrió la puerta de la habitación y se escucharon suaves pasos andando hacia ellos. La puerta de la habitación estaba semiabierta y dejó ver la cabeza de un hombre asomándose.

- Buenas tardes señor Mikaelson… señorita… - dijo amablemente. Era el mayordomo de la habitación.

- Puedes pasar – indicó Elijah. El tipo llevaba una fuente con dos tazas y una pequeña cafetera – déjalo ahí, yo lo sirvo.

- Como usted diga – Katherine miraba al tipo mientras este dejaba la fuente en una de las mesas de la habitación – ¿desea que abra las cortinas?

- Si, me parece que es una buena idea – Katherine estuvo a punto de protestar, pero no dijo nada. Aunque le dolió un poco la vista al principio y apartó la mirada por tanta luz, pero luego se fue acostumbrando.

- Excelente vista esta tarde, ¿verdad señor? – comentó el mayordomo y fue eso lo que animó a Katherine a mirar hacia la ventana.

- Si, preciosa en verdad. Puedes retirarte Henry, te avisaré si te necesito.

- Como diga, señor – y tan silencioso como llegó, se fue. Katherine se había quedado mirando por la ventana. Desde ahí se veía todo el Central Park en su esplendor. Los verdes árboles, los edificios de los alrededores… todo. Era como si ahí no llegara el ruido de esa Cosmopolita ciudad, pero tenían el privilegio de tener lo mejor ante sus ojos.

- Si, se ve muy bien desde aquí – aseguró Katherine con la vista perdida en el parque. Él se puso de pie y sirvió las dos tazas de café. Cuando el olor empezó a invadir toda la habitación Katherine aspiró hondo y en su rostro se dibujó una sonrisa maravillosa – cielos… que bien huele.

- El mejor café del mundo – dijo alcanzándole una taza. Ella la tomó y aspiró el aroma más de cerca.

- Eso aún está por verse, tengo que probarlo – y bebió un poco, lo saboreó despacio y con cuidado como si fuera una catadora. Luego volvió a tomar un poco más y lo miró con una sonrisa – tienes razón, el mejor café del mundo. Déjame adivinar… ¿Juan Valdez?

- Lo destronaron hace un par de años… aunque si, este café proviene de Sudamérica.

- ¿Brasil? – negó con la cabeza – ¿entonces?

- Chanchamayo, Junín. Perú. El mejor café del mundo, muy pocos saben que lleva más de 3 años llevándose todos los premios de catadores. Y de verdad es que no se equivocan.

- Tienes razón – dijo Katherine mientras bebía un poco más – es delicioso… ¿cómo lo conseguiste tan rápido?

- Este departamento de conserjería es maravilloso. Lo pedí esta mañana y no sé como lo hicieron… creo que se fueron hasta la embajada.

- Es demasiado – repitió Katherine mientras daba otro sorbo – gracias por el descubrimiento, buscaré donde lo venden y será mi nueva adicción – la miraba sin dejar de sonreír. No entendía bien como eran las cosas entre ellos. Si acaso iban a vivir fingiendo que no habían problemas, que todo estaba bien y conversarían tranquilos sobre cosas como el café para que luego cualquier cosa, por más simple que fuera, les recuerde el pasado y uno de ellos explote alejándose, como había sucedido por la noche. "Así no duele", se había dicho el día anterior. ¿Pero en verdad quería seguir evitando todo? ¿Quería vivir con esa incomodidad de no decir lo que no tenía que haber dicho? Quería seguir con ella… ¿arriesgándola a que Klaus quiera cobrar su venganza o que otra vez se vea arrastrada a la desgracia? ¿O quería que fuera la chica sonriente de ese momento para siempre? Claro que era eso lo que quería. Así él no estuviera en su vida lo único que quería para Katherine era lo mejor del mundo.

- Katherine… - dije él. Ella dejó la taza de café a un lado aunque casi ya lo había terminado y se quedó mirándolo – sobre anoche…

- Olvídalo, no pasó nada – contestó restándole importancia.

- Si no quieres saber de eso es otra cosa, porque si pasó – ella apartó la mirada, quizá incómoda, quizá pensando que no quería volver a tocar ese tema en su vida. Pero habría que hacerlo – y lo siento – agregó – no debí hacerlo… no debí incomodarte. Tú sólo querías divertir y yo arruiné tu noche.

- No arruinaste nada… - respondió en voz baja y mirándolo apenas.

- Claro que lo hice. Lo arruiné todo.

- Ya te dije que no importa… - volvió a contestar en voz baja. Era como si ella pusiera cualquier excusa para evitar el tema, para no tener que enfrentar la realidad.

- Si importa – dijo él con firmeza y buscó su mirada con insistencia. Si tenía que hacer algo tenía que hacerlo pronto – yo no quiero ser una molestia para ti, no quiero arruinar tus planes… cualquiera que estos sean. No es justo para ti que después de todo lo que has pasado esté yo ahí… incomodándote y haciéndote sentir mal – mientras hablaba Katherine lo miraba fijamente. Parecía absorta de sus palabras, como si no pudiera creer que de pronto tuviera ese arranque de sinceridad con ella – así que… - y esa era la parte dura –si no quieres volver a verme, si crees que te molesto y que es lo mejor… pues lo entenderé – silencio total. Katherine bajó la mirada. Para esa chica fuerte en la que se había convertido iba ser duro aceptar una debilidad, pero esperaba una respuesta. En el fondo deseaba con todas sus fuerzas que ella decida ignorar ese último comentario. Pero tenía que aceptar las cosas como son. Él le incomodaba, la hacía sentir débil, la molestaba. Los años habían pasado y eso era lo que sucedía ahora entre ellos. Era la pura verdad.

- Pero… - dijo ella casi en un susurro – yo no quiero dejar de verte – ¿qué? Eso le sorprendió de verdad. ¿Acaso era un sueño? ¿Acaso de verdad se estaban cumpliendo sus deseos secretos? – creo que nos estamos llevando bien – agregó con una media sonrisa – a pesar de… - dudo en decirlo y volvió a apartar la mirada. Katherine podía ser fuerte, pero todo lo que pasó era igual doloroso – bueno… a pesar de toda la mierda de por medio, si me entiendes.

- Te entiendo – contestó tranquilo. Tranquilo era una forma que no expresaba lo que en verdad sentía. Debería estar sonriendo o riendo o algo así – entonces… ¿no te incomodo?

- Me incomoda que me hagas tantas preguntas – le dijo sin dejar de sonreír – siempre me caíste bien, no sé que te ha hecho pensar lo contrario.

- Bueno, quizá los últimos años… - mejor no tocar el tema. Se daba cuenta, eso era lo que en verdad incomodaba a Katherine. Hablar del pasado. Con ella, si quería seguir adelante con lo que sea que estaba pasando, debía de ser "borrón y cuenta nueva" – nada, olvídalo.

- Mejor así – contestó apartando las mantas y parándose al fin de la cama – creo que tomaré una ducha. No soy tan rencorosa como dicen por ahí… - mentía. Pero qué importaba? Había aceptado seguir viéndolo. Quería seguir viéndolo. Y cielos, él también quería hacer borrón y cuenta nueva – gracias por todo y… - dudó unos segundos. Se quedó en silencio mientras buscaba unas toallas – no sé porque confías en mi.

- ¿Debería desconfiar? – ¿por qué Katherine le preguntaba eso? ¿Acaso estaba planeando algo? Pero si lo estuviera planeando entonces no hubiera hecho esa pregunta. Quizá sólo la hizo porque en fin.

- ¿Debería?

- A estas alturas Elijah…. – suspiró – creo que ya sabes quien soy.

Nunca me conocerás del todo, pero yo te veo, pero yo te veo…

- ¿Debo desconfiar entonces?

- Eso es cosa tuya. Pero que quede claro que hasta ahora sólo he dicho la verdad. Después no sé – dijo sonriendo de lo más relajada. Él también sonrió. Esa Katherine le encantaba, estaba llena de sorpresas.

- De lo que si estoy seguro que no has mentido es en lo del café.

- Vamos bien – dijo mientras abría la puerta del baño y la cerraba tras de sí. Pasaron unos segundos, Elijah se quedó mirando la puerta. Bueno… al menos todo parecía ir bien, bien de verdad. Y entonces ella volvió a abrirla y sacó sólo su cabeza – tampoco en lo que me caes bien y que quiero seguir viéndote.

- Kath… - cerró la puerta otra vez, dejándolo con la palabra en la boca. Cerró los ojos y sonrió mientras escuchaba el agua de la ducha. Iban bien, al menos eso parecía. Al menos eso quería creer.