CAPÍTULO 9
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Ya, era corto el capítulo u_u. Creo que hay otro par más así de corto, pero ya más adelante. En general, los capítulos son de extensión parecida a los capítulos anteriores. Y sobre el nombre y apellido falso, ciertamente, sí se los podía haber inventado, pero también tiene razón en que tardarían más en dar con ella si va con la identidad de una mujer casada. No es que vayan a tardar mucho ^_^º, pero algo más de tiempo sí les da.
SlayArmisa: Pues sí, a mí me gustó la idea de hacer que Soujiro fuese económicamente independiente. Le quita presiones a sus decisiones porque en verdad puede hacer lo que quiera. Si quiere viajar, viaja, y si quiere marcharse a su casa, lo hace. Y sobre cuando se entere Misao... bueno, ya lo verás ^_^º
Rogue85: ¡Hola! Me alegra verte :-D. Pues aquí me ves con este fic que lleva años sin dejarme tranquila. A ver si lo termino. No es la pareja convencional, pero me gusta. Y me alegra saber que no soy la única ^o^. Ya me dirás qué te parece ;-D.
Gracias por los comentarios. Os dejo con el siguiente capítulo. Espero que os guste ;-D
CAPÍTULO 9
La respuesta al telegrama llegó sorprendentemente temprano; el primer indicio de que los Yoshida habían llegado, a última hora de la tarde. Habían preguntado en la recepción del hospital por una mujer llamada Misao Makimachi con una lesión en la pierna; pero allí se les informó de que no había llegado ninguna mujer atendiendo a ese nombre ni aquejada de esa dolencia.
No había errado en su suposición. Los Yoshida daban por hecho que estaba imposibilitada a causa de la herida que le habían provocado, de modo que la estaban buscando en los hospitales y clínicas. Que se percataran de que le habían cambiado el apellido no tardaría mucho. En cuanto vieran que no la localizaban por el pueblo, ahondarían más en las falsas identidades, de modo que había sido una sabia decisión hacerla pasar por mujer casada.
En cuanto a Misao, no se despertó hasta cuatro días después. Aunque desorientada por el lugar, tenía la mirada más clara que cuando la llevó allí. La tenían drogada para evitarle el dolor, pero respondió con coherencia cuando habló con ella.
—¿Cómo te encuentras? —Misao frunció el ceño cuando intentó incorporarse y no pudo.
—Me duele el hombro —contestó.
—Tendría que dolerte mucho más. Han tenido que retirarte piel muerta. Lo tienes vendado y en carne viva. Te va a quedar una buena cicatriz por tu insensatez.
Misao se quejó, recostándose de nuevo en la cama y contra el almohadón que tenía detrás de la espalda para mantenerla de costado.
—Sigues estando serio.
—Llevo cuatro días esperando a ver si te mueres o no.
Misao suspiró. Quizás no estaba sonriente como de costumbre, pero su habitual falta de tacto seguía presente.
—¿No vas a darle tregua a una convaleciente?
—No —respondió sin ninguna pena.
—Se ha despertado —dijo animada una enfermera desde la puerta—. Venía a revisar que estuviera bien recostada, señora Seta. Voy a buscar al médico.
Misao se quedó con los ojos clavados en la puerta vacía y luego miró interrogante a Soujiro.
—Contaba con que los Yoshida vinieran —comentó a modo de explicación.
Y en realidad explicaba muchas cosas, en opinión de Misao.
—Has enviado el telegrama. —Soujiro asintió.
Estaba a punto de sacar el papel del bolsillo cuando el médico entró seguido de la enfermera.
—Me alegra verla despierta, señora Seta.
—Gracias —contestó incómoda. Era raro escuchar que se refirieran a ella por el apellido de un hombre cuando llevaba años asimilando que eso no pasaría.
—Le dio un buen susto a su marido.
—Eh… sí… —dudó—. Me lo puedo imaginar —dijo ella en tono culpable.
—Debería haber informado a su marido de su estado —la recriminó el doctor suspicaz.
—No quería molestarle —replicó ella nerviosa.
—¿Cree que para él el ocio es más importante que su salud?
Soujiro se fijó en el doctor con más atención. Parecía estar interrogándola sobre su matrimonio más que preocupándose por su salud. Dando un paso adelante, se acercó a Misao y le cogió la mano, intentando mostrar una escena más cercana entre ellos ante esos dos desconocidos.
—Por supuesto que no —contestó él—. Misao es lo primero para mí —afirmó aferrándose más a su mano. Misao le devolvió el apretón sin saber muy bien qué decir a la pregunta del médico—. Pero a veces se le mete en la cabeza que hay cosas más importantes que su bienestar —le dijo con sus ojos otra vez fijos en ella y sabiendo que captaría la verdadera reprimenda.
—Lo siento —murmuró sobrecogida.
—Más te vale. Me has dado un susto tremendo. Casi no puedo creerme que estés despierta. —La enfermera dio un paso atrás incómoda cuando a Misao le empezó a temblar el labio por el tono de Soujiro. Estaba tropezando con una faceta de él que ni esperaba ni le gustaba—. Todos pensábamos que no lo contarías.
—Perdóname… —susurró Misao a punto de echarse a llorar. Se sentía muy sensible y lo último que quería era que la reprendieran. Y menos, alguien supuestamente tan impasible como Soujiro.
—Señor Seta… —intervino la enfermera.
—¿Van a hacerle alguna cura? —les preguntó a los dos. La enfermera negó, pero el doctor no.
—Quiero revisar su estado ahora que está despierta.
—Entonces, hágalo sin entretenerse —exigió Soujiro de forma brusca—. Me gustaría poder hablar con mi mujer cuanto antes. Justo acababa de despertarse cuando llegó ella —dijo señalando con la cabeza a la enfermera—. Y aún tengo mucho por lo que regañarla.
El doctor se irguió por la reprimenda que le había lanzado a él, de modo que se limitó a preguntarle sobre cómo sentía el hombro. Soujiro le fulminó en todo momento con la idea clara de detener cualquier cosa que intentara hacer el doctor. Cuando terminó, tras echarles una última mirada, salió de la habitación con la enfermera.
Notó que Misao le daba un apretón para llamar su atención.
—No quiero que te enfades —dijo con la voz temblorosa y sentida—. No me gusta verte así.
Soujiro se sentó a su lado en la cama y le sonrió. A Misao la desconcertó por completo, pero casi se deshizo de alivio al verle por fin sonreír. Nunca habría pensado que echaría de menos su eterna sonrisa.
—Tranquila, hace varios días estaba muy enfadado contigo. Hoy también sigo así, pero en realidad, creo que empieza a ganar la alegría de verte despierta.
Misao le miró con el ceño fruncido ante tan extraña forma de valorar su estado anímico.
—Acabas de echarme la bronca… y al médico también —se quejó débilmente, no muy convencida de si estaba en terreno seguro como para poder recriminarle.
—Creo que intenta averiguar si somos un matrimonio de verdad. No sólo el estado en el que llegaste es sospechoso, sino que no soy capaz de aparentar la aflicción que un marido a punto de perder a su esposa debería mostrar —argumentó él, e hizo una breve pausa antes de continuar—. Me he enterado de que han preguntado por ti en recepción. No debes fiarte de nadie, así que cíñete a esta cuartada —la avisó. Misao asintió—. No creo que dure mucho, pero vas a estar aquí varias semanas. Cuanto más tiempo tarden en darse cuenta, ese tiempo que ganamos.
Misao sintió que el corazón le daba un vuelco ante sus palabras. Había hablado como si fuesen un equipo; una unidad. El peligro del que tanto llevaba hablando lo tenía al otro lado de la puerta y Soujiro había decidido quedarse con ella y protegerla.
—Gracias —dijo emocionada mirando sus manos unidas.
—No hay de qué —contestó él.
Misao le observó desde su postura echada en la cama. Soujiro parecía ahora más animado que antes, si lo comparaba a cómo le había hablado cuando estaba el médico. Y entonces, se dio cuenta de que había cambiado su forma de dirigirse a ella.
—¿Me vas a tutear incluso estando solos? —preguntó con humor.
—¿Te molesta? —tanteó él, aunque no debería hacerlo teniendo en cuenta que le había insistido varias veces para que dejara de utilizar un trato formal con ella.
—No, para nada. Ya ves que yo lo hago contigo.
—He pensado que, si quiero aparentar ser tu marido, debería hablarte de forma más cercana. Y era mejor no tener que andar pensando si estoy solo o acompañado.
Ser su marido, pensó con desconcierto Misao. Qué extraña era esa idea para ella. De hecho, llevaba cinco años huyendo de esa posibilidad; cinco años protegiéndose de que ningún hombre se le acercara siquiera. Y esperaba que esos cinco años continuaran prolongándose hasta que se hiciera vieja y ya no fuese interesante para nadie. Estaba más que harta del tema.
Suspiró, con cierta angustia en su pecho. Cada vez que pensaba en ello se le generaba un nudo que le hacía difícil respirar. El tiempo pasaba demasiado deprisa. Otros dos meses más… Negó con la cabeza desechando esos turbios pensamientos. Le daba igual lo que le dijera todo el mundo. Nada cambiaría. Otra vez sería lo mismo, estaba segura, se dijo con convicción. No cabía otra opción. Estaba siendo estúpida por preocuparse. Porque los cinco años se convertirían en seis, y los seis en siete años, y luego serían ocho, y luego nueve… Seguiría siendo así, porque ¿quién podría superar a Aoshi? Era el mejor. No podía aceptar otra cosa.
—¿Estás bien? —se preocupó Soujiro.
—Sí, ¿por qué?
—Estás bastante medicada —comentó él—. Me ha parecido que te habías ido.
—No, tranquilo —le corrigió sonriendo. Porque aquello no tenía nada que ver con la medicación y todo con sus circunstancias personales—. Estoy bien.
—Perfecto, porque quería enseñarte algo —le dijo al tiempo que sacaba un papel de su bolsillo—. Esto es lo que me enviaron del Aoiya. Está firmada por Aoshi Shinomori.
Era algo que en parte le había tranquilizado. Conocía a Aoshi y sabía que era un Oniwaban-shu. Si la hubiera remitido otra persona, no habría sabido cuán fiable era la respuesta, incluso trayendo una contestación sobre la tal Asuka. Aun así, el contenido no tenía nada comprometido.
Misao empezó a leer la nota y frunció el ceño.
—¿Por qué las frases están tan completas?
—Porque las mías lo estaban. —Misao le miró sin comprender—. Era absurdo intentar hacerme pasar por ti, así que prefería que estuviera todo explicado.
Misao siguió leyendo sin contestar a eso. En términos generales, no decía gran cosa. Sólo que iban a mandar a alguien a Tokio y que se moviera de donde estaba en cuanto recibiera el mensaje.
—No les has dicho que estoy herida —supuso ella con acierto.
—No, pero se daba a entender leyendo entre líneas. Si lo hubiera escrito explícitamente, los Yoshida habrían venido directos aquí. Tampoco es que tardaran mucho, pero mantenía la esperanza de que pensaran que te habrías largado en cuanto recibiste el mensaje. No sé si tu gente lo llegó a entender, pero está claro que los Yoshida sí.
—No te preocupes. Para Aoshi ha sido evidente que no he escrito yo el mensaje, por eso ha respondido de esta manera. Así que tiene que saber que me ha pasado algo grave.
—Supongo…
—El problema es que no sé quién va a pagar los gastos médicos. Dudo que manden a alguien sin saber que estoy sin dinero —se preocupó ella.
—Ya te dije que lo haría yo.
—Pero no tienes dinero.
—Tenía algo encima. —En realidad, tenía más que «algo encima», pues había sido suficiente para pagar todo, aunque sí que era cierto que por ese infortunio había tenido que solicitar más.
—¿Para pagar todo?
—Es mejor que no preguntes —le advirtió él con tono funesto.
Misao se mordió el labio inferior indecisa, y con eso supo que estaba haciéndose todo tipo de suposiciones sobre robos y demás situaciones comprometedoras. Ese pensamiento mejoró el ánimo de Soujiro. Le divertía que no pudiera hacerse a la simple idea de que tenía dinero para costearse los gastos que tuviera.
Misao retomó la lectura tras un largo silencio, aunque lo hizo para quedarse con los ojos como platos.
—¡¿Cómo sabías esto?!
—¿Te refieres a lo de Asuka? —preguntó con una sonrisa complacida—. Siento decírtelo, Misao, pero al parecer, eres bastante sincera cuando deliras.
—No puede ser… —murmuró incrédula.
—Siento que tenga una torcedura, pero parece que se recupera.
—No la tiene, es sólo el código para saber si lo interceptan. Si se está recuperando, es porque todo está bien.
Soujiro se rio.
—¿Y por qué usáis un código como ése? —preguntó con curiosidad.
—Si alguien intercepta el mensaje y quisiera responder por su destinatario, si ve una pregunta sobre cómo está alguien, lo normal es que conteste que está bien o mal en función de si pretende hacer salir a esa persona o hacer que se quede más tranquila y se descuide. Pero es raro que alguien se pare a dar detalles sobre la recuperación de una enfermedad o accidente, básicamente, porque no se le ocurriría que le ha pasado algo ni qué.
—Eso es un poco retorcido, ¿no crees? —rio él.
—Puede… Pero es efectivo.
Dos golpes sonaron en la puerta y un chico apareció con una caja alargada.
—Me han indicado que encontraría al señor Seta en esta habitación.
—¡Mi paquete! —exclamó entusiasmado en cuanto vio al chico en la puerta—. Me preguntaba cuándo llegaría.
Soujiro se levantó de inmediato y se acercó al chico que le dejó la caja y con las mismas se marchó. La dejó encima de la mesa y la abrió, contando que estuviera todo lo que había pedido. Sonrió satisfecho cuando lo comprobó. Cogió su bolsa y fue pasando los distintos artículos dentro, dejando el único que no entraba en la caja.
—¿Qué te han traído? —inquirió con curiosidad Misao, que no conseguía ver el contenido porque Soujiro se encontraba a su espalda.
—Algunas cosas que me guarda un amigo. —Cogió la caja y la llevó hacia el lado en el que estaba girada Misao—. Pero ésta es la que más nos interesa en estos momentos.
—¿Eso es una espada de madera? —preguntó entre sorprendida y decepcionada. Le había sorprendido ver que Soujiro se había hecho con un arma, pero esa sorpresa había menguado cuando vio que era de madera.
—No —respondió divertido—. Parece de madera, pero no lo es. —Soujiro cogió la empuñadura y desenvainó la hoja casi un palmo. El metal brilló con la luz que entraba de la ventana—. ¿Lo ves?
—¡Vaya…! —exclamó Misao encantada. Tanto el mango como la funda tenían la apariencia de ser de madera, pero sólo era una imitación—. ¿De dónde la has sacado?
—Me la regalaron —contestó sin más.
En realidad, la había mandado hacer para llevarla en sus viajes, pero acabó por dejarla en casa cuando entendió que era raro que se involucrara en peleas y, mucho menos, de las que hicieran falta armas. Al final, sólo mandaba que se la enviaran cuando quería entrenar una temporada con ella. Era la primera vez que la había pedido para protegerse.
—¿Fue Shishio?
—Él no solía ser tan sutil. No le importaba que las armas se vieran.
Se formó un incómodo silencio en la habitación. Misao miraba con cierta consternación la espada.
—La cosa pinta mal, ¿no? —preguntó seria cambiando de tema.
—Hay bastantes hombres por la zona —le informó. Era absurdo intentar adornarlo—. No he salido de esta habitación en todos estos días desde que volví de la oficina de telégrafos, y sólo observando a través de la ventana he visto a bastantes hombres con la misma indumentaria que los que te perseguían cuando te encontré. No es que estén ocultándose, precisamente.
—¿Cuántos crees que hay?
—¿Sólo por el pueblo? Alrededor de una docena. —Misao cerró los ojos afligida—. Imagino que habrá más por los alrededores buscándote, pero no creo que se atrevan a entrar aquí aunque te descubrieran. Y si lo hacen, no podrían entrar en grupo porque llamarían demasiado la atención. Como mucho, intentarían hacerlo de forma individual, pero entonces se encontrarían conmigo —terminó diciendo con una amplia sonrisa.
—Siento haberte metido en este lío —dijo con voz emocionada.
—No importa.
—Sí que importa. Estás poniendo en peligro tu vida por mí.
Soujiro supo que Misao estaba a punto de echarse a llorar. Siendo una mujer que había dejado bien clara su fortaleza, era extraño verla así. Pero Misao tenía que ser consciente de su completa debilidad y vulnerabilidad, lo que debía estar haciéndola muy susceptible a lo que acontecía. Acababa de despertar después de varios días de convalecencia y se encontraba postrada en la cama sin poder moverse, con su vida en las manos de un antiguo enemigo.
Se sentó en la cama, igual que había hecho cuando el médico salió de la habitación, y volvió a cogerla de la mano. Sonrió.
—Aunque no lo creas, no es tan fácil dar con alguien que pueda poner mi vida en peligro. Al parecer, soy muy bueno con una espada.
Cuando Misao entendió la intención de sus palabras, el nudo que se le estaba formando en el pecho se fue aflojando.
—¿Has hecho una broma? —preguntó más animada—. Me dijeron que le pusiste las cosas difíciles a Himura. Tienes que ser consciente de que eres muy bueno. —No le gustaba verla abatida. Soujiro sonrió más al verla emocionarse por momentos—. ¡Has bromeado! Eso quiere decir que sí tienes sentido del humor… aunque esté escondido, ¡pero lo tienes! No eres un caso perdido.
—¿Era un caso perdido?
—Por supuesto. Tus habilidades sociales son malísimas. Tienes que trabajar en ellas… mucho.
—Voy aprendiendo poco a poco.
—Y tan poco… Pero no me extraña, si te pasas el tiempo vagando por ahí solo. Necesitas relacionarte más con la gente, si no, no vas a aprender nunca.
Soujiro no estaba tan seguro de eso. En sus viajes siempre trataba con otras personas, y en su casa, convivía con algunas. Por eso empezaba a pensar que la cantidad e intensidad de las emociones dependía bastante de la compañía. Tampoco le parecía rara esa idea. Era evidente que algo era lo que hacía que las personas prefirieran la compañía de otra en concreto.
—Lo cierto es que tú ayudas mucho en ello.
—¿De verdad?
—Eres muy expresiva, al contrario que yo. Es algo que me gusta de ti.
Misao se sonrojó un poco ante ese halago, lo que hizo que recuperara un color que no tenía en el rostro.
—Gracias —le dijo apretando un poco su mano.
Soujiro se la quedó mirando con atención. Era sorprendente el cambio producido en ella. No hacía ni dos minutos que estaba casi echándose a llorar y ahora parecía feliz; con una gran sonrisa, los ojos brillantes y con un rosado en el rostro que desvanecía el enfermizo de hacía unos momentos.
Era increíble para él verla pasar de un estado a otro de esa forma.
— * —
Fin del Capítulo 9
10 Diciembre 2017
Notas: Qué mona... y qué ignorante XD. No puedo evitarlo: cada vez que leo esta última parte pienso: «No, Misao, créeme, no quieres que Soujiro saque su retorcido sentido del humor a relucir» ^o^. Pobre ingenua... Muajaja.
¡Saludos!
