N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...


CAPÍTULO 10: DESCUBRIMIENTO

Sebastian miró a Blaine con tristeza. El joven se había dormido poco después de llegar al orgasmo y parecía muy tranquilo en ese momento. El castaño no quería despertarlo porque prefería que se relajara, pero también sabía que los padres del moreno estarían preocupados si llegaba tarde. Decidió que lo mejor sería coger el móvil de su novio y mandarle un mensaje a la señora Anderson haciéndose pasar por él. No quería que ella se preocupara sin motivo ni tampoco quería que él se metiera en un lío.

Sin embargo, cuando tuvo el teléfono en su mano, se dio cuenta de que no sería tan fácil. ¿Qué excusa podía poner? ¿Cómo escribía para que no notara que no era su hijo? Después de unos minutos pensando, se dio cuenta de que sólo tenía que leer las anteriores excusas y elegir la que mejor le pareciera para ese momento.

Comenzó leyendo la más reciente y debía reconocer que era lo último que se esperaba.

"Sebastian me ha sorprendido con una cena. Luego iremos a su casa. Llegaré tarde"

Y no sólo eso, la respuesta de la madre era aun peor.

"Ya sabes lo que debes hacer. Pórtate bien y haz todo lo que te pida. Te quiero"

Siguió leyendo mensajes a pesar de que sabía que no debía hacerlo y en todos Blaine le decía que estaba con él. No sólo eso, en algunos mensajes se insinuaba que la mujer sabía que su hijo tenía sexo con él. Decidió buscar donde empezó todo, quería leer aquellos mensajes que le había mandado cuando fue a buscarlo por primera vez.

"Sebastian ha venido a buscarme, me va a llevar a su casa, no sé cuando iré ni si cenaré contigo"

Y la respuesta era de todo menos esperada.

"Estupendo"

"Me alegra que haya vuelto a ti"

"Espero que sigas siendo un buen chico"

"Ya sabes lo que tienes que hacer"

"Te quiero"

No entendía nada, no podía ser que... ¡No! Si la señora Anderson sabía que su hijo se acostaba con él y, no sólo eso, sino que lo animaba a hacerlo.

"Espero que sigas siendo un buen chico"

"Ya sabes lo que tienes que hacer"

Entonces se dio cuenta de algo... Él no había despedido a los Anderson pero el miedo a ser despedidos podría haber conseguido que desearan hacer algo... ¿Qué clase de padres podrían obligar a su hijo a hacer algo así? ¿Y qué motivación tenía Blaine? Si eso no fuera algo "malo", no se lo habrían ocultado, le habrían dicho que los Anderson sabían que estaban juntos y que tenían sexo, ¿no?

Sin embargo, había cosas que no tenían sentido... Decidió que quería comprobar algo antes de tomar una decisión. Escribió un mensaje, uno sólo, a ver que respondía la mujer.

"Ya he tenido sexo con Sebastian pero lo noto distante... ¿Algún consejo?"

Un mensaje directo y claro, sólo quedaba esperar la respuesta, que no tardó e llegar.

"Esfuérzate por retenerlo. Hay muchas cosas que puedes hacer... Piensa en algo que no hayáis hecho todavía... Prueba nuevas posturas o puedes ser su sumiso, seguro que le encantará"

Sebastian frunció el ceño. La señora Anderson aconsejaba a su hijo como mantenerlo a su lado... Eso casi confirmaba sus sospechas. Ella quería que Blaine lo tuviera "contento", como había dicho en algún mensaje. Eso no le gustaba nada. Se sentía traicionado, le habían manipulado y lo peor era que él había caído en la trampa y que no se habría enterado de no ser por su curiosidad.


Blaine se despertó y se dio cuenta de que estaba solo en la cama. Miró el reloj y se sorprendió porque eran las 4 de la mañana. Frunció el ceño porque era muy tarde para que Sebastian no estuviera con él. Buscó su móvil para responder a los mensajes que probablemente le había mandado su madre pero le sorprendió que no había ninguno.

Abrió la conversación con su madre para comprobar que era cierto que no había ningún mensaje y se asustó al ver un mensaje que él no había enviado y una respuesta que no dejaba mucho a la imaginación.

Salió de la habitación y buscó desesperadamente a su amado por toda la casa pero no estaba en ningún sitio. Se asustó, eso no podía estar pasando... Pero una gran bolsa con varias cosas suyas que se habían quedado en casa de Smythe hizo que volviera a la realidad. Cogió la nota que acompañaba sus cosas, con su corazón latiendo a toda velocidad.

"He descubierto vuestro plan. No voy a dejar que nadie me haga daño de esa manera. Ahí están todas tus cosas, las que no te lleves las tiraré. No quiero volver a verte. Nuestra relación acaba aquí. Ni siquiera puedo desearte que seas feliz porque sería mentir. Lo que realmente quiero es que sufras como yo estoy sufriendo en estos momentos."

Blaine temblaba de arriba a abajo después de leer la nota... No podía ser, en el mismo día había perdido a sus padres y a su novio. Ya no le quedaba nada, absolutamente nada. Tal vez Sebastian no lo sabía, pero Anderson era el que más iba a sufrir por la ruptura, aunque pareciera increíble.


Pam entraba junto a su marido a su trabajo realmente relajada. La noche anterior su hijo le había dado un buen susto cuando le había contado que pensaba que Sebastian se alejaba pero no había vuelto esa noche, por lo que dedujo que todo había salido bien.

Apenas había llegado a su despacho cuando Karen le avisó que el señor Smythe quería verla inmediatamente. Se encontró a su marido por el camino y empezó a temer que Blaine no había tenido tanto éxito.

– Buenos días señor Smythe. – Saludaron nada más verlos.

– Estáis despedidos. Tenéis media hora para recoger vuestras cosas.


Blaine había decidido no ir al colegio esa mañana. Estaba metiendo sus cosas en dos maletas, un bolso de viaje y una mochila, separando lo que iba a mantener de lo que iba a vender para conseguir dinero. Buscaría un lugar barato para vivir hasta que encontrara un trabajo. Sabía que no podía cargar con todo, por lo que tenía que ser muy cuidadoso.

No iba a quedarse en casa de sus padres ni un segundo más, ya no importaban sus sueños de la NYU, de ser actor o de casarse con Sebastian y formar una familia. Todo eso lo había perdido el día anterior y no podía volver atrás.

Había pasado parte de la noche recorriendo las calles de Nueva York, algo que había comprobado que no era muy seguro, aunque por fortuna estaba bien. No sabía qué iba a ser de él en el futuro, estaba solo y no podía confiar en nadie.

Estaba a punto de salir cuando se encontró con sus padres. Su cuerpo se congeló, eso sólo podía significar una cosa.

– ¡Tú! – James señaló a su hijo con la mirada llena de furia. – ¡Eres un idiota! ¡Ni siquiera vales para ser una puta! ¡Todo lo que tenías que hacer era abrirte de piernas!

Blaine no pudo evitar llorar, era mucho más complejo que todo eso pero no iba a debatir. No le importaba lo que pensaran sus padres, ya no. Por eso salió de la casa sin mirar atrás, alejándose de ellos para siempre.