Tras lo ocurrido con Ginny en la sala común de Gryffindor, los días pasaron y pasaron tremendamente lentos para Harry y cuando se quiso dar cuenta, el día de los exámenes se plantó en sus narices y por consiguiente, la cercanía del Baile de Otoño. Había estado tan ocupado todos esos días con los ensayos de la entrada especial y estudiar para los exámenes que no había tenido ni para rascarse, ni siquiera para pensar; sin embargo, una cosa tenia muy clara: era libre, si, libre como un águila recién salido de su jaula. Podía parecer egoísta, pero esa enorme losa y esas cadenas que había tenido que soportar encima ahora ya no estaban, liberándolo de la necesidad de ocultar la verdad, pero todavía le quedaba un grillete en sus tobillos. Ron Weasley, su mejor amigo, el novio de la mujer que amaba, el único impedimento que le hacia retroceder y no meter la mano en el fuego. Últimamente veía a Ron muy extraño, no hablaba mucho con él y lo miraba con cierto matiz de desconfianza y eso le preocupaba muchísimo, no entendía porque se comportaba así con él ni que le hubiera hecho nada. O eres tonto o eres tonto, Harry. ¿Y aún te preguntas por qué Ron está comportándose de esa manera contigo? ¿es que no tienes cerebro? está muy claro, protestó el realismo. ¿Podría ser posible que su amigo se hubiera dado cuenta de lo que sentía por Hermione? ¿tal vez su comportamiento se debía a sus reprimidos celos y su enfado con él por fijarse en su novia por derecho?, eran tantas cuestiones.

Su relación con Ginny, en cambio, se había apagado significativamente como era de esperar, solo coincidían en el comedor pero no se miraban y en los pasillos, apenas se veían y si cruzaban alguna mirada, sus ojos reflejaban comprensión y su sonrisa era ligera y triste.

- Hola, Harry -la voz de Luna resultó ser la cuerda salvadora para obligarlo a salir de sus pensamientos. Parpadeó y alzó la vista hacia atrás, vislumbrando la figura de la joven Ravenclaw.

- Hola -esbozó una media sonrisa.

- ¿Puedo sentarme? -señaló la roca que estaba a su lado.

- Por favor -asintió encantado de que estuviera allí. El lago negro se apreciaba desde donde estaban a esas horas de la tarde con los tímidos y débiles rayos de luz debido a las nubes del cielo.

- Pronto llegará el invierno

- Si… aunque primero deberán pasar los exámenes y... -suspiró, tamborileando los dedos en la dura superficie donde estaba sentado- el Baile de Otoño.

- Será un día muy bonito. O por lo menos eso es lo que espera los demás -opinó Luna con esa voz tan dulce y pausada.

- Si, supongo que si.

- ¿Cómo estás del brazo?

- Bien… aunque por la noche no me suele dejar dormir. Me duele un poco -admitió acariciando el lugar de las cicatrices por encima de la ropa- pero me estoy echando esa pomada que me dejó la enfermera.

- ¿Te importa si le doy un vistazo?

- Claro -accedió, levantándose la manga exponiendo las cicatrices a su vista. Luna las observó con detenimiento y deslizó un dedo sobre ellas, dibujándolas palmo a palmo y calculando su profundidad.

- ¿Qué haces? -preguntó con curiosidad, dejándole hacer.

- ¿Recuerdas cuando estuvimos investigando en la biblioteca sobre el caso de Christian?

- No sacamos mucha información que digamos. De lo que estamos seguros es que no utilizó ningún hechizo, tuvo que haber utilizado algún material puntiagudo, muy puntiagudo además. No me habría hecho tantas secuelas en el brazo.

- Si, eso es cierto, pero estas marcas no son normales. La profundidad de tus cicatrices… no es de ningún material que yo conozca, ni siquiera del mundo de los muggles.

- ¿Qué quieres decir, Luna?

- Puedo equivocarme, Harry pero me atrevería a decir que estas marcas solo las puede hacer un animal y además, uno grande y fuerte.

- ¿Un animal? -la miró desconcertado- un animal, ¿estás segura? pero si Christian es humano, es un mago como nosotros.

- Si, lo sé pero suponiendo que Christian lo hubiera hecho con un cuchillo, es imposible que las marcas fueran tan perfectas y que la del centro sea la más profunda, ¿no crees? -razonó con una sonrisa.

- Pues ahora que lo dices -rozó las marcas con verdadero interés.

- No sé como lo hizo ni nadie de nosotros lo sabe, pero de lo que estoy segura es que estas marcas sólo pueden ser hechas por un animal.

- Eso se complica -murmuró con expresión seria. La miró un momento- sabes muchas cosas de animales.

- Lo heredé de mi padre -sonrió satisfecha- de hecho cuando salga de Hogwarts, pienso ser investigadora profesional de animales fantásticos.

- Te veré en los periódicos entonces -soltó una risita y sus ojos se iluminaron. Luna lo observó con curiosidad.

- Te noto diferente -comentó entonces.

- ¿Diferente?

- No hemos hablado mucho pero tengo la sensación de que hay algo en ti que ha cambiado.

- Quizás… -se bajó la manga ocultando las cicatrices en actitud pensativa- estos últimos días se han vuelto muy locos.

- No hay que afanarse por el día de mañana. Cada día ya trae de por si su propio afán, ¿no?

- ¿Su propio afán? -murmuró reflexionando y luego le sonrió con agrado- ¿sabes? puede que tengas razón.

- No sé lo que te ha pasado recientemente, pero sea lo que sea -se levantó de la roca- me alegra ver ese brillo en tu mirada. Hacia tiempo que no lo veía, como si una oscuridad se lo hubiera tragado. Me alegro por ti, Harry-.

El joven rió suavemente mientras la veía alejarse, dejándolo tan perplejo como cada vez que hablaba con ella. Luna era una amiga excepcional, fiel, soñadora y sobre todo, muy sincera y en toda conversación que mantenía con ella siempre había algo productivo y útil que podía aplicarse a su vida. Era fascinante.

Los EXTASIS (Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas) solo podían ser realizados por aquellos alumnos que, habiendo cursado los TIMO, tuvieran una puntuación de "Supera las Expectativas" o "Extraordinario". Entre el alumnado, los seleccionados eran Harry Potter, Hermione Granger, Neville Longbottom, Luna Lovegood, Fred Weasley, George Weasley, Kylan Brown, Ron Weasley y Christian Evans. Realmente estos exámenes se realizaban a lo largo de todo el año pero los profesores habían decidido hacer un primer acercamiento y finalizar el curso mucho antes de lo normal, a finales de Marzo o principios de Abril. El 28 de Octubre se dedicó por entero a los exámenes y sólo se descansaba entre las comidas y un margen de media hora entre descanso y descanso, los chicos hablaban lo imprescindible entre ellos cuando podían sobre la materia y las prácticas de los exámenes, la que menos hablaba era Ginny pero escuchaba con mucha atención. Para ser un "calentamiento", resultó ser de lo mas agotador y por la noche, todos regresaron con las mentes saturadas deseando un sueño reparador donde recuperarse. En aquellos momentos, las camas se convirtieron en salvadoras para sus miembros cansados y necesitaban liberarse de tantas horas de tensión y concentración.

- Estoy que no doy mas de mi -se quejó Ron dejándose caer en la cama.

- Espero que tengas fuerzas suficientes para ducharte -apuntó Neville.

- Creo que ni para eso

- Vamos, Ron. Los entrenamientos de quidditch son mas duros -le revolvió el pelo Harry, despeinándolo.

- Eso es cierto -reconoció.

- Además han sido los primeros exámenes, aún queda curso por delante -se sentó en la cama y se deshizo de las botas, una a una- sino te duchas tú, lo hago yo primero.

- La ducha es toda tuya -le cedió el turno, frotándose la frente.

- Gracias, es todo un detalle -cogió de su armario una camiseta de manga larga térmica y unos pantalones con su correspondiente ropa interior y se metió en el baño. El agua del chorro no tardó en oírse en el cuarto, el agua estaba gratamente caliente y su cuerpo lo agradeció enormemente, cada vez hacia mas frío conforme el otoño caminaba dejándole paso al invierno. Mientras se relajaba y liberaba tensiones en la ducha, su mente empezó a cavilar sobre la manera de acercarse a Ginny, le había pedido ser su pareja en el baile pero ahora que ya no estaban juntos no podía dejarla tirada, todo el mundo sospecharía y Ron seria el primero, lo que menos deseaba era ser el centro de atención y menos por haber roto con ella. Sabia que su corazón estaba destrozado aunque lo ocultara tras esa serena mirada y esa ligera sonrisa sin emoción que a veces denotaba tristeza, sabia también que posiblemente no quisiera hablar con él pero quería acercarse para hablar del baile y así no dejarla sola. Podría parecer ser cruel pero ya le había hecho mucho daño como para dejarla sin acompañante en ese día tan especial e importante. Cerró el grifo y salió de la ducha, se secó, se lavó los dientes y se vistió antes de abrir la puerta del baño.

- Te toca Ron -lo llamó.

- Voy -refunfuñó incorporándose y buscando ropa limpia. Una hora más tarde, todos los chicos estaban en sus respectivas camas y el sueño los abrazó con mimo prometiendo un dulce descanso.

Hermione lanzó su bolso a su cama en cuanto piso el cuarto de las chicas y se pasó una mano por su pelo rizado en un largo suspiro. Ginny apareció detrás suya y oprimió su hombro con afecto.

- ¿Cansada? -susurró.

- Un poco si

- Ha sido un día largo -la comprendió- una ducha nos vendría bien antes de dormir.

- Me duché esta mañana pero creo que volveré a hacerlo. Me duele la cabeza.

- Dúchate primero entonces, puedo esperar

- Gracias, Ginny -sonrió agradecida. Buscó ropa limpia y entró en el baño. Ginny observó como se marchaba y fue su turno de suspirar mientras caminaba hacia la ventana. Se abrazó a si misma lentamente, repartiendo caricias por sus brazos y su mirada se perdió entre la cristalera. Había sido un día duro si, pero incluso con tantas distracciones su herido corazón seguía bombeando la desilusión y la tristeza por cada vena de su cuerpo, minando todo el amor que podría haber sentido por Harry y que todavía seguía sintiendo a su pesar. ¿Por qué las mujeres somos tan masoquistas? lo único que conseguimos es hacernos mas daño; Porque creemos en el amor, creemos que permanece y que no se rompe, que no desilusiona. Desilusionan las personas; Harry no tiene la culpa de haberse enamorado de Hermione, era algo que tarde o temprano pasaría…. Era mejor así, todo estaba en orden, prefería saber la verdad aunque doliera que vivir una mentira.

- Ginny, ¿estás bien? -la interrumpió la voz de Hermione, casi sobresaltándola.

- Me has asustado -murmuró virándose para mirarla.

- No era mi intención -se disculpó- parecías estar ausente.

- Últimamente hay muchas cosas en las que pensar

- ¿Por ejemplo?

- Bueno… siempre hay circunstancias en la vida de una persona que te hacen reflexionar.

- Hablas como si te hubiera pasado algo muy recientemente -comentó la castaña, sintiendo como la preocupación se encendía en su interior. La notaba distante, triste y quizás un poco perdida- ¿quieres hablarlo?

- Creo que no es el momento, Hermione, hay que recuperar fuerzas con unas buenas horas de sueño -esbozó una cansada sonrisa.

- No me importa perderlas si te pasa algo, Ginny, y lo sabes bien. Eres mi mejor amiga, ¿recuerdas?

- Y tú la mía -concordó enterneciendo su mirada. Puede que la perfección no existiera, pero Hermione era lo más cercano a ella que podía haber visto en una persona y no le guardaba rencor por haber atrapado el corazón de Harry sin que ella misma se diera cuenta. Era fiel, leal y siempre pensaba en los demás antes que en ella, a pesar de su orgullo y sus argumentos tan bien razonados a la hora de hablar que siempre acababan por darle la razón. Si, Hermione era así, y por esa misma razón ambas eran tan buenas amigas- quizás te lo cuente cuando esté preparada.

- ¿Tan malo ha sido?

- No insistas. Ha tenido que pasar lo que tenia que pasar, no hay que darle más vueltas.

- La preocupación me está carcomiendo

- Pues no lo hagas. Estoy bien -le aseguró pero vio la duda en los ojos de su amiga y suspiró- bueno, ¿un abrazo? me hace falta un buen abrazo de tu parte, ¿podrías?

- No tienes que pedirlo -musitó antes de acortar la distancia entre ellas y abrazarla con fuerza. Intentó transmitirle todo su apoyo, su cariño y su amistad en ese abrazo prometiendo que estaría siempre con ella pasara lo que pasase. El abrazo de Hermione la reconfortó muchísimo y esperaba que se diera cuenta de sus sentimientos por Harry y así pudieran estar juntos, Ron tendría k entenderlo, le gustara o no.

- Bueno… ahora si vamos a la cama

- De acuerdo -besó su mejilla y se separó suavemente de ella. Ginny se duchó y prepararon juntas sus camas y se introdujeron dentro bien abrigadas bajo las mantas- buenas noches, Ginny.

- Buenas noches, Hermione -susurró. Las luces se apagaron y la oscuridad se cernió sobre la habitación, señal de que era muy tarde a esas horas. Acomodó su cabeza en la almohada y estaba por cerrar los ojos cuando la puerta semiabierta de su armario le llamó la atención, un destello brilló débilmente en el interior y ella supo perfectamente qué era. El Baile de Otoño ya distaba mucho de ser importante en aquellas circunstancias…

El sueño no fue agradable aunque si reparador para el cuerpo y se levantó más temprano que las demás incluso que Hermione, se recogió el pelo en una coleta y se vistió mientras miraba el reloj, ¿sólo las seis y media de la mañana?. Necesitaba un momento para estar a solas y conocía el sitio perfecto, sin hacer ruido abandonó el dormitorio y la sala común de Gryffindor y bajó de puntillas las escaleras hasta el quinto piso. Caminó por el pasillo teñido por una tenue oscuridad y se dirigió a una puerta que parecía dar a un aula, abrió el cerrojo con un hechizo y entró dentro en silencio. La estancia era amplia dada la cuantía de todos los instrumentos que ocupaba en cada rincón, una pizarra se apreciaba a lo lejos en la pared, pergaminos, carteles con símbolos musicales, estanterías y otros materiales. Aquella aula de Música se había convertido en poco tiempo en una especie de santuario donde poder reflexionar y estar sola sin que la interrumpiesen, se sabia de memoria el horario del profesor de Encantamientos que impartía sus clases allí por lo que era imposible que pudiera coincidir con él alguna vez. El ambiente tranquilo, manso, sereno y tremendamente silencioso empezaron a hacer mella en su interior, amenazando con desbordar sus emociones tan bien ocultas y contenidas, su labio inferior y sus dedos empezaron a temblar y una lágrima se deslizó por sus ojos y luego otra y otra y otra… cuando se dio cuenta su llanto rompió el silencio de la sala.

Ciertas zonas de la construcción de Hogwarts se encontraban muy cerca del acantilado donde se ubicaba pero a Kylan no parecía importarle eso. Estaba sentado en la barandilla de una explanada exterior del tercer piso de la escuela con los pies colgando, expuestos a una inminente caída en cualquier momento. Realmente no se percibía tanta altura pero alguna parte del cuerpo saldría lastimada sin dudarlo y si además, añadimos el vértigo a las alturas hay doble problema. Kylan se sentía libre en ese momento y cerró los ojos, dejándose llevar por la fría brisa de aquella mañana. Sus sentidos se relajaron y percibió la dura superficie de la barandilla, el susurro de los arboles, el cantar de los pájaros, el tic tac de la torre del Gran Reloj, las pisadas de algunos profesores, el maullido de un gato, el aroma del desayuno que se estaba preparando… el llanto. Abrió los ojos entonces y ese sonido desapareció cuando perdió la concentración, giró la cabeza y entrecerró los ojos confuso, sus oídos se agitaron ligeramente atentos… y ese llanto vibró de nuevo en el aire. Alzó la cabeza siguiendo la dirección de donde provenía, se levantó sin importarle que ahora la gravedad estaba en su contra y que podía resbalarse y caer y buscó con la mirada algún saliente y una ventana que diera al cuarto piso; si su oído no le fallaba, que era muy poco probable, el llanto provenía del quinto piso. Se aseguró de que nadie lo miraba e impulsándose con las piernas, saltó ágilmente, enganchó una mano al saliente y giró su cuerpo rápidamente en dirección a la ventana, sujetando el marco con las manos y aterrizando de puntillas en el pasillo del cuarto piso. Oyó pasos, se deslizó hacia una columna y no se movió hasta que los pasos desaparecieron, encontró un atajo para llegar pronto al quinto piso y pronto se encontraba en el ala oeste del castillo. El llanto lo percibió con mayor intensidad y caminó lentamente mientras tanteaba la pared, guiándose por su oído, se detuvo en seco en una puerta y lentamente pegó la oreja a la madera. Sin duda alguna, detrás de esa puerta alguien estaba llorando, no era un llanto agónico ni ruidoso, era contenido y suave, tan suave que pasaba totalmente desapercibido… excepto para él. ¿Quién estaría llorando de esa manera? la puerta estaba cerrada y no iba a entrar a la fuerza en aquellas circunstancias, ¿qué podía hacer? ¿seguir escuchando aquel llanto?. De repente, el llanto cesó, se oyeron unos murmullos, una sonada y un movimiento de alguien levantándose lo alertaron y lo obligaron a separarse de la puerta y ocultarse en el tiempo justo cuando la puerta se abría. Sus ojos se abrieron como platos cuando reconoció su rostro y su melena rojiza, sus mejillas brillaban tenuemente por las lágrimas derramadas y observó como las disimulaba con un pañuelo. Cuando vio que ella se alejaba del aula, parpadeó varias veces recuperándose del shock de haberla visto y la siguió sigilosamente sin ser visto hasta el sexto piso, no le resultó difícil adivinar que habrían profesores rondando y se ocultó en una columna a tiempo. Sin embargo, observó que Ginny buscaba un poco nerviosa un lugar donde esconderse para no ser vista y los pasos se aproximaban cada vez más, sin pensarlo salió de su escondite, alcanzó su muñeca y tiró de ella con brusquedad, atrapándola entre su cuerpo y la pared. Taponó la boca de la joven y le indicó con un dedo en los labios que mantuviera silencio al ver su expresión confusa y asustada, su túnica verde oscura los ocultaba casi a la perfección por lo que era poco probable que los descubrieran, contuvo el aliento y buscó sus ojos para no tener que pensar en el martilleo que perforaba su pecho. Si en el encuentro del Bosque Prohibido la había sentido cerca, en aquel momento creía que iba a hiperventilar, su nariz enloqueció al percibir su delicado aroma a cereza y fresias, retiró suavemente la mano de su boca y observó detenidamente cada rasgo de ese rostro que tantas veces lo había perseguido en sueños, incluso con las huellas de su llanto, era dolorosamente hermosa. ¿Cómo podía una persona como ella hacerle sentir tantas cosas sólo con una mirada, sólo con contemplar su rostro? era fascinante…

Ginny tragó saliva lentamente cuando la mirada de Kylan analizó su rostro con tanta concentración. ¿Quién le iba a decir a ella que después de haber pasado su tiempo a solas en el aula de Música se encontraría con él y le ayudaría a librarse de una posible reprimenda? quizás nadie pero estar en aquella situación, en una columna, acorralada por su cuerpo distaba mucho de haberlo imaginado alguna vez. Nunca antes había percibido su presencia con tanta intensidad, era muy cálida, de gran fortaleza, determinante e incluso se atrevería a decir intimidante pero extrañamente no se sentía amenazada cerca suya, era como si cada terminación nerviosa de su cuerpo lo guiara inconscientemente hacia él, era algo que había notado desde que se habían vuelto a ver en el Bosque Prohibido. No me vayas a decir ahora que te sientes atraída por él, ¿verdad? es una completa estupidez, Ginevra Molly Weasley, estás completamente loca. ¡Es un Slytherin!. Un Slytherin que no le transmitía el orgullo, la tiranía, la envidia, el egocentrismo, el odio, la desconfianza y la enemistad sino todo lo contrario, confianza y seguridad.

Aquel momento fue cortado bruscamente cuando su mente le recordó la obligación. En contra de su voluntad, se contuvo y se separó suavemente de ella. De repente se sentía vacío y aquellos ojos castaños no se apartaron de él a pesar de la lejanía…

El Baile de Otoño llegó por fin en el día señalado y todos estaban ansiosos e inquietos. La hora del evento era a partir de las siete en el Gran Comedor, hubo dos clases por la mañana y el resto del día se dedicó a los últimos ensayos de la entrada especial y al vestuario. Christian fue sustituido por Miles Bretchley en los seleccionados de Slytherin desde que se le impuso su castigo por la actitud del polaco contra el joven Potter.

Harry había conseguido hablar con Ginny antes de la fecha y a pesar de las dificultades de la joven por aceptar su propuesta, él le hizo ver que era conveniente para los dos no meterse en problemas con el hermano de ésta y finalmente accedió a que la acompañase al baile. El castillo estaba reluciente de adentro hacia fuera a base de magia y sencillos artilugios adornaban el interior proporcionándole un poco mas de vida a la escuela.

En cambio a Ron, no le iban muy bien las cosas, Hermione aún seguía distante con él y a pesar de los consejos de su hermana para arreglarlo, estaba terriblemente nervioso.

- ¡Si hubiera sabido que ibas a ocupar el baño tanto tiempo, no te habría dejado entrar, Hermione! -se quejó Katie sentada en su cama.

- ¡Ya salgo! -exclamó en respuesta terminando de retocarse los labios y colocándose los pendientes.

- Tarda dos veces lo que nosotras -bromeó riéndose. Ginny sonrió suavemente. Ambas ya estaban vestidas y arregladas para la ocasión, y como bien habían acordado, iban a entrar juntas en el Gran Comedor donde las esperarían sus parejas. La puerta del baño las obligó a desviar su atención.

- ¡Wow! -exclamó Katie sin poder reprimirse- increíble...

- Estás preciosa, Hermione -comentó Ginny con total sinceridad.

- ¿Sólo preciosa? ¡estás increíble! -se levantó de la cama.

- ¿Lo decís en serio? -sonrió radiante la castaña.

- Muy en serio. A ver da una vuelta -le pidió ayudándola incluso- ¡perfecta! vamos a deslumbrar las tres en el baile.

- Sin duda alguna

- ¿Vamos entonces? -sugirió la pequeña Weasley situándose junto a ellas. Asintieron, cogieron sus bolsos y se dispusieron a salir del cuarto. Los pasillos estaban abarrotados de alumnos bien arreglados y vestidos, unos en pareja y otros sin ella y todos caminaban dirigiéndose al punto de encuentro. Entre risas y parloteos, las tres chicas se aproximaron al Gran Comedor y se detuvieron en seco justo en la entrada. Si en el baile de hace años atrás la sala quedó espectacular, este año lo habían bordado completamente. Las alargadas mesas habían desaparecido, provocando la sensación de que el comedor era mucho más enorme de lo que parecía, los suelos relucían como el oro más reluciente, las paredes, los arcos, los retratos y las lámparas colgantes brillaban de tal manera que se apreciaba el destello de sus diamantes incrustados, redondas mesas ocupaban los laterales de la sala y sobre ellas reposaban platos con aperitivos, tapas y entrantes para disfrutar de la velada.

- ¡Impresionante! -musitó Katie.

- ¡Es una preciosidad! es imposible no quedarse mirando los detalles.

- Se nota que se han preocupado porque fuera una noche memorable -comentó Ginny con suavidad y casi con apatía.

La gente entraba sin cesar, abarrotando la gran sala pero era tan grande que resultaba difícil creer que los miles de alumnos que componían la escuela cupieran en ese espacio. Al fondo del Gran Comedor, McGonagall se levantó de su asiento y esperó hasta que entró el último alumno y levantó las manos como señal para empezar a hablar:

- Bienvenidos a todos -habló con voz profunda y bien clara y una afable sonrisa. El barullo del gentío disminuyó considerablemente- bienvenidos al Baile de Otoño. Es un placer y un honor teneros aquí en este día tan especial. Y como es un día tan especial, ¿qué os parece si os obsequiamos con una gran bienvenida?-.

- Con vuestro permiso, chicas -se disculpó Katie, desapareciendo entre el gentio.

En ese momento, Madame Rolanda se incorporó y con las manos dio cuatro palmadas. A la señal, entraron volando Harry y Miles a la cabeza y Kylan detrás de ellos, maniobrando expertamente con sus escobas alrededor de la sala por encima de los presentes que aplaudieron eufóricos, unos minutos después entraron Cho y Katie, que ya no llevaba su vestido sino el traje de quidditch, y finalmente Grant, Zacharias y Summerby. Los ocho jugadores sobrevolaron con maestría la sala completa sin estorbarse, esquivándose mutuamente y chocando sus manos de vez en cuando, saludando a la gente, exhibiendo sus habilidades. Miles y Harry se miraron fugazmente en espera del siguiente paso, Kylan entendió esa mirada y cubrió su posición, ambos guardianes sacaron sus varitas uno al lado del otro y las chocaron formulando un hechizo, un brillante destello anaranjado y rojo estalló en la punta, Kylan recibió el destello en su varita y con la escoba, abrió su flanco extendiendo el hechizo hacia el resto de los jugadores ya con sus varitas al descubierto. Un magnifico fénix se formó entre las varitas de los jugadores que sin romper la formación, hicieron volar al espectro del pájaro de fuego en toda la sala. Los aplausos, los silbidos y el griterío del público se hizo notar en el Gran Comedor, encantadisimos con aquella entrada tan espectacular y tan bien elaborada, hasta los profesores observaban con verdadera admiración la buena coordinación entre ellos. Como número final, los jugadores se fueron aproximando cada vez más y más, cerrando algo parecido a un circulo, agitaron sus varitas y las unieron en un suave choque entre ellas. El fénix se alzó en un último vuelo y estalló en infinitos fuegos artificiales que cayeron suavemente en forma de lluvia, siendo recibidos por un acalorado y exuberante público que no dudo en aplaudir hasta que sus manos enrojecieron. Los chicos hicieron una reverencia en sus escobas como agradecimiento, sonriendo radiantes y satisfechos por su labor y seguidamente desaparecieron por una puerta en la que los esperaba Madame Rolanda con los ojos brillantes de satisfacción y orgullo.

- ¡Chicos, habéis estado alucinantes! -exclamó Neville cuando Katie y Harry regresaron a la baile ya vestidos y arreglados

- Eso es cierto -intervino Andrew y observó a Katie de arriba a abajo- si no os importa vengo a buscar a mi pareja.

- ¿Ansioso? -bromeó la joven cazadora con una pícara sonrisa. Su cuerpo estaba enfundado en un precioso vestido negro, ideal para aquella ocasión, en palabra de honor que le llegaba por encima de la rodilla.

- No puedo hacer esperar a semejante dama, ¿no crees? -le ofreció su mano.

- Por supuesto -la cogió- con vuestro permiso, me voy.

- Hola, Neville, Harry -intervino la dulce voz de Luna tras la espalda del ojiverde. Éste se giró y se quedó mirandola sorprendido.

- ¿Luna? -murmuró sin poder creerselo. La observó de arriba a abajo con detenimiento. Luna iba vestida con un elegante y sencillo vestido de color violeta oscuro, también en palabra de honor pero tan discreto que no lo parecía, la zona de la cintura estaba adornada por unos pequeños diamantes formando una V que guiaban hacia el vuelo del vestido cayendo libremente hasta sus pies, enfundados en unos tacones del mismo color. Su pelo estaba muy bien peinado, definiendo bien sus rizos, y brillante bajo las luces de la sala, adornado sutilmente por un utensilio plateado que recogía unos mechones rizados en su lado derecho, sus ojos estaban ligeramente decorados con un suave lápiz de ojos negro y una sombra de un suave color lavanda y sus labios pintados con un brillo rosado. No parecía la misma Luna de siempre, se había transformado completamente.

- ¡Guau! -exclamó Neville saliendo del shock.

- Luna, estás increíble -logró decir Harry con una amplia sonrisa.

- Gracias, Harry -dijo ella con una dulce sonrisa.

- Es que es una pasada. No eres la misma.

- No le des mucha importancia.

- Luna, ¿tienes pareja?

- Lo cierto es que no, pero tampoco me importa -se encogió de hombros- estoy bien así.

- Una mujer como tú así vestida, no estará mucho tiempo sola -le aseguró con una sonrisa.

- Si quieres yo puedo acompañarte en el baile -se ofreció Neville.

- Es muy amable por tu parte, Neville, pero no es necesario. Os dejo un rato solos.

- Oh, vaya... -murmuró decepcionado. Harry rió suavemente y al alzar la mirada entre el gentío, sintió como su corazón golpeaba con violencia su pecho queriendo salir despedido. Su mirada se perdió en la belleza de aquella mujer que estaba en lo más hondo de su corazón y que no pretendía que saliera por nada en el mundo, su vestido era lo más elegante y precioso que había visto en su vida y en su cuerpo le quedaba perfecto, azul eléctrico y con figuras abstractas plateadas que adornaban la tela con delicadeza y sencillez y unos zapatos plateados, un semirecogido decoraba su rubia melena rizada pudiéndose apreciar sus rasgos femeninos y delicados de una manera radiante, sus preciosos ojos castaños resaltaban con intensidad en el perfecto cuadro que formaba todo su rostro y sus labios, que ahora formaban una sonrisa, estaban pintados con un delicado tono rojo, casi imperceptible, que le proporcionaba mucha vida a su expresión. No supo cuanto tiempo estuvo observándola, deleitándose en su figura y en su rostro, lo único que sabia es que su corazón latía desbocado y el oxígeno difícilmente llegaba a sus pulmones. Se obligó a parpadear bruscamente cuando vio como Ron se acercaba a Hermione y a ella se le borraba la sonrisa de golpe, se acomodó la corbata recuperando el aliento y suspiró acaloradamente. Necesitaba distraerse, buscó con la mirada a Ginny y no tardó mucho en encontrarla, estaba hablando con una chica pero no era importante, era algo casual. Se abrió paso entre la gente aproximándose a ella, de cerca pudo apreciar lo guapa que estaba, no, guapa se quedaba muy corto, estaba preciosa, realmente preciosa.

- Ginny -la llamó suavemente. La joven alzó la mirada al escucharlo y sonrió levemente al verlo.

- Hola, Harry, has estado increíble en la entrada.

- Gracias, ¿cómo estás?

- Bien -asintió. Llevaba en la mano una copa de un suave licor de manzana.

- La gente está animándose a bailar, ¿te apetece salir a la pista? -la invitó ofreciendo su mano.

- No es buena idea, Harry -susurró Ginny tras pensarlo unos segundos

- Ya lo hemos hablado -le respondió en otro susurro- sólo por esta noche.

- Ron se dará cuenta tarde o temprano. Miralo con Hermione -le indicó con un gesto de la cabeza disimuladamente. Harry siguió su movimiento, la pareja seguía hablando y Ron hacia gestos un poco exagerados por algo que Hermione le había dicho- no han arreglado las cosas.

- Pero tampoco ha sido para tanto

- Es cierto. Pero tengo la sensación de que Hermione está harta.

- En tal caso, por favor, insisto en que bailes conmigo.

- ¿Para qué, Harry?

- Sólo uno -le indicó con el dedo- y no te molestaré el resto del baile, ¿de acuerdo?

- Está bien... -suspiró depositando la copa en una mesa y aceptando su mano- sólo uno.

- Gracias -tomó su mano y la llevó a la pista de baile.

- Ron, por favor, estamos en medio del baile, no hagas uno de tus números -le pidió una Hermione molesta.

- Sólo te estoy pidiendo una cosa, cariño, y no eres capaz de hacerlo por mi. ¿Acaso ya no te importo? -rogó el pelirrojo prácticamente temblando de los nervios.

- Ahora mismo no estás dejándome disfrutar de esta noche

- Intento arreglar el pequeño incidente de hace días y tú no me dejas

- Ron, ya está, este no es el momento ni el lugar adecuado para hablar de nuestros problemas.

- ¿Aceptarías aunque sea un baile conmigo? -intentó por última vez. Hermione lo miró fijamente unos intensos segundos, la mirada de su novio imploraba que le perdonara y que olvidara todo lo sucedido, sabia lo difícil que era para Ron disculparse sinceramente y cuando lo intentaba o salía muy mal o si era de verdad, volvía a cometer el mismo error. Pero estaban en medio del Baile de Otoño, no era ninguna tontería y no quería armar follones ni problemas. Suspiró largamente, resignada.

- De acuerdo... -dijo finalmente- bailaré contigo.

- Gracias -suspiró muy aliviado. Cogió su mano y la besó repetidas veces- gracias, mi amor. Eres un cielo.

- Vamos -le pidió. Ron asintió y se apresuró a obedecerla, guiándola junto a los bailarines. Hermione colocó una mano en su hombro, Ron tomó su otra mano y se movieron al compás de la música. En medio del baile, se encontraron con Harry y Ginny y no supo por qué, pero la castaña sintió una punzada en el pecho al verlos juntos y su traicionera mente se imaginó que era ella quien bailaba con Harry no con Ron. Éste, en cambio, se alegraba de que Harry estuviera lejos de Hermione, aún seguía esa espinilla traidora en su corazón en alerta por todo lo sucedido con los rumores. Atrajo más a Hermione en una actitud posesiva pero ella lo notó enseguida.

- ¿Qué te pasa?

- Sólo quiero tenerte cerca -susurró en su oído, en parte verdad, en parte mentira.

- Estás celoso -adivinó mirándolo a los ojos, desafiante- ¿de quién estás celoso, Ron? y no te atrevas a mentirme.

- No te estoy mintiendo -tragó saliva aparentando seriedad.

- ¿Estás seguro? porque yo creo k no -siseó con expresión seria y muy molesta.

- ¿No podemos disfrutar de este baile como una pareja normal? -le pidió intentando ser suave.

- ¿Pareja normal? con tu actitud lo único k estás haciendo es llamar la atención.

- Es por tu culpa, no eres nada comprensiva -contraatacó apretando la mandíbula- intento arreglar las cosas contigo y tú no cedes.

- Ahhh, ¿ahora resulta que yo soy el problema? veamos, Ron, ¿quieres que te recuerde quién es el inmaduro de esta relación?

- ¿Inmaduro?

- Ojalá fueras la mitad de maduro que Harry -soltó en un murmullo entonces sin darse cuenta. La ira empezó a hervir en el interior de Ron y sin darse cuenta, apretó el agarre en su cintura.

- ¿Qué has dicho? -masculló.

- Ron, me haces daño -se quejó levemente.

- Has nombrado a Harry, eso no es muy propio de ti.

- Fue una forma de hablar, suéltame.

- Entonces es cierto -murmuró sintiendo como el sabor amargo de la traición burbujeaba en su corazón. Una mano se puso en su hombro entonces, oprimiendo lo justo para detener su baile.

- Ron, suelta a Hermione -le pidió la voz calmosa de Harry.

- Harry, será mejor que me sueltes sino quieres salir herido -le advirtió con voz contenida. La sorpresa se vislumbró en el rostro del ojiverde pero no se apartó- Harry...

- Le estás haciendo daño -le dio a entender.

- Déjame en paz -dijo entonces Hermione logrando soltarse bruscamente del agarre posesivo de Ron. Éste se dio la vuelta y enfrentó a su mejor amigo... ¿o debería decir ex-mejor amigo?

- Espero que estés contento. Porque yo no lo estoy

- No sé de que me estás hablando, Ron, cálmate, todos nos están mirando

- Escúchame bien, Harry -lo señaló con el dedo, amenazante- tú y yo tenemos que hablar muy seriamente.

- Será mejor que te vayas. No estás bien.

- No tienes ni idea... -bufó con dignidad y se alejó a grandes pasos antes de explotar y darle una paliza.

- ¿Estás bien, Hermione? -preguntó el joven, preocupado.

- Si, no te preocupes

- ¿Por qué se ha puesto tan furioso de repente?

- Ni lo sé ni me importa sinceramente.

- Deberías arreglar las cosas con él

- ¿Para qué? ¿para qué vuelva a cometerlas? estoy cansada, Harry.

- Estás enfadada, es normal que lo veas todo negro

- O todo blanco... -murmuró y Harry no pudo mas que estremecerse ante sus palabras pero intentó no darles importancia- ¿quieres algo de beber? quizás te sienta bien algo.

- Es todo un detalle por tu parte

- Vamos entonces -la guió con una mano en la espalda.

El liquido del champán se deslizó con fluidez en los labios de Kylan y desapareció por su garganta disfrutando la dulzura de la bebida. Observó el ambiente con interés, todos parecían pasarlo bien, una sala enorme y maravillosa, una entrada espectacular, buena música y una pista de baile muy tentadora. Hubiera deseado tener pareja, pero la persona con la que habría deseado ir lamentablemente estaba ocupada, de hecho no la había visto en las dos horas que ya habían pasado y es que con tanta gente era difícil encontrarla. Miró de reojo a su derecha, Christian estaba entretenido con Pansy y otras chicas y parecía que no estaba atento a él, bien, era su oportunidad. Se terminó el champán, dejó la copa a un lado y desapareció entre el gentío, necesitaba verla, saber cómo estaba, cómo iba vestida, si estaba con su novio. La buscó con la mirada y a pesar de su altura, no fue capaz de detectarla, se detuvo un momento y cerró los ojos, sus sentidos se liberaron y se agudizaron enseguida y entre los distintos olores y las distintas voces, captó su perfume de fresias y cerezo y su inconfundible voz. Sonrió y reanudó la marcha, guiándose por su instinto, un destello rojizo no tardó en captar su atención y cuando la tuvo a varios metros, se quedó sin aliento completamente. Estaba sentada en una de las mesas con las piernas cruzadas, su codo izquierdo reposaba en la superficie del mantel y dos dedos descansaban en su rostro contemplando a los bailarines, su expresión era una mezcla entre soñadora, triste y melancólica. La observó de arriba a abajo embelesado con su belleza, ese pelo, esos ojos, ese rostro, esos zapatos, ese vestido... su vestido era de una seda muy bonita y extremadamente suave del color del bosque y la tira de su vestido que adornaba su hombro derecho era muy interesante, parecía estar hecha a mano formando una especie de trenza o una cadena de ADN de tonos verdes y plateados, eliminando la categoría de palabra de honor para el vestido. Su pelo rojizo había sido peinado minuciosamente, resaltando algunos bucles para que no fuera tan liso y una delicada diadema se apreciaba, bien colocada en el centro de su cabellera. Se acercó a ella por detrás despacio, conteniendo la respiración.

- Tenia entendido que los ángeles no existían -susurró con voz profunda, sobresaltándola y obligando a que su mirada se volteara en su dirección. Observó su expresión entre sorprendida, confusa y sonrojada, no sabia si por lo que le había dicho o por haberse acercado a ella.

- ¿Qué haces aquí? -soltó ella entonces transcurridos unos segundos.

- Bueno, según tengo entendido también estoy invitado a este baile.

- Sabes de lo que hablo

- Te buscaba

- ¿Para qué? -insistió sin dejar ese tono brusco y serio, intentando ignorar lo apuesto y atractivo que estaba en aquellos momentos.

- Queria verte... -murmuró con total sinceridad.

- Pues has hecho mal -replicó la joven, ignorando el vuelco que dio su corazón ante su respuesta.

- Lo siento, no pretendía molestarte. Sólo quería saber si estabas bien

- Estoy muy bien, gracias. Será mejor que te vayas, mi hermano puede venir en cualquier momento.

- Vi el numerito de antes

- Eso no es nada

- Sinceramente no me importa que tu hermano me vea contigo

- Eres un Slytherin

- Y tú una Gryffindor, ¿cuál es el problema?

- ¿Vamos a empezar con la misma charla?

- ¿Qué tiene de malo hacerte compañía? -se acuclilló en su costado derecho buscando su mirada- estás aquí sola, sin nadie que te acompañe.

- Harry está conmigo -repuso no muy convencida, sintiendo como esa intensa mirada de zafiro la penetraba.

- ¿Ni siquiera podrías aceptar bailar conmigo? -esbozó una cálida sonrisa- no hará daño a nadie.

- Kylan, por favor... no hagas esto

- ¿Por qué llorabas en esa aula? -cambió de tema casi con brusquedad pero con un tono de voz muy suave.

- ¿Cómo me encontraste? -contraatacó ella.

- Te escuché

- ¿En un quinto piso?

- Eso no importa, simplemente te escuche

- No lloraba por nada

- No me lo creo -replicó analizando sus ojos- los ojos te brillan, parece que vas a llorar en cualquier momento pero estás recordando la razón de tu llanto.

- Kylan... -susurró aguantando el dolor que ahora atenazaba en su corazón. Sintió entonces el roce cálido de sus dedos buscando los suyos.

- Sólo te pido un baile, y si lo deseas te dejaré en paz. Y no te preocupes por tu hermano, yo sé manejarme con ese tipo de personas. ¿Confías en mi? -le preguntó sin apartar la mirada de ella. Compartieron una mirada intensa y llena de preguntas que necesitaban respuesta, finalmente ella asintió con la cabeza y él sonrió antes de tomar su mano de verdad y levantarla del asiento suavemente. La atrajo hacia él con delicadeza, guió una mano de ella a su hombro, su mano derecha reposó en su cintura y la otra se entrelazó con la mano restante. Empezaron a moverse suavemente uniéndose a los demás bailarines pero enseguida Ginny sintió como las miradas se posaban en ellos, extrañados y la inquietud dominó a sus nervios.

- Ginny... -la llamó Kylan en un susurro- mírame

- Esto no ha sido buena idea

- Olvídate de ellos, no importan, sólo mírame a mi -le pidió mirándola a los ojos. Ella no supo cómo resistirse y cuando aquellos ojos azules se entrelazaron con sus ojos marrones, su mente se desconectó y se olvidó de todo por un instante, dejándose llevar por él.

La noche se cernió pronto sobre la escuela y, a pesar de las antorchas encendidas en determinados lugares del castillo, la oscuridad era palpable. Todo estaba en absoluto silencio, no había ni un alma debido a que todos estaban reunidos en el Baile de Otoño, la brisa nocturna se colaba por las ventanas susurrando de tal manera que cualquiera sentiría un desagradable escalofrío. Inesperadamente, una profunda respiración rompió el silencio, deslizándose entre los pasillos del ala este del castillo oculta entre las sombras, parecía buscar algo porque se dirigía al despacho de la directora. El sujeto se detuvo en el camino sin puente pero la pasarela no apareció delante de él, sólo podía activarse por la directora, alzó la cabeza hacia donde estaba la puerta de entrada de finos hilos de oro. Dobló las rodillas y saltó hacia arriba enganchándose a la pared como si fuera un mono y volvió a propulsarse con gran agilidad y en un abrir y cerrar de ojos estaba frente a la puerta. Otro problema se presentaba en sus narices por la dura superficie, un problema que tenia solución, sus manos empezaron a temblar ligeramente y unas garras hicieron su aparición y las clavó con energía en la puerta sin romperse siquiera, murmuró unas palabras en un idioma extraño y poco a poco el oro que adornaba la puerta fue fundiéndose poco a poco con la estructura desde los lados hacia el centro. En unos minutos, un agujero se había formado en la puerta lo suficientemente grande como para poder entrar, una vez en el interior buscó con la mirada su objetivo y en silencio, desordenó todo el despacho revolviendo, tirando, descolocando, abriendo cajones y todo sin éxito. Algo parecido a un gruñido brotó de su garganta, frustrado pero no se rindió, entonces algo le llamó la atención en la esquina más profunda del despacho: una caja negra enorme. Rompió el candado de un zarpazo y la abrió sin miramientos, miles y miles de pergaminos se abultaban entre ellos, los inspeccionó con detenimiento y encontró lo que buscaba cuando vio un pergamino doblado con un pequeño nudo dorado. Sonrió siniestramente y cerró la caja dejándola donde estaba, se incorporó dispuesto a irse cuando un chillido lo alertó, obligándolo a darse la vuelta y ver a un halcón aleteando furiosamente, ni se había percatado de su presencia cuando entró en el despacho. El ave rapaz volvió a chillar como si fuera una alarma y alzó el vuelo dirigiéndose a la salida ... pero a la velocidad del rayo, una garra se cernió sobre él, letal y sin fallos y el chillido del animal cesó de inmediato.

- ¿Estás mejor, Hermione?

- Si, muchas gracias, Harry -le sonrió tiernamente y lo miró con cariño. Estaba muy guapo con ese esmoquin, era todo un hombre con diecinueve años.

- Me alegro. Y por cierto... estás hermosa esta noche -susurró sonriendo cálidamente. Hermione no se alarmó cuando su corazón reaccionó ante sus palabras y un ligero rubor tiñó sus mejillas.

- Gracias, Harry, tú también estás muy guapo

- No te llego ni a la punta del tacón -bromeó y los dos se rieron relajados.

- Oye, ¿y Ginny? ¿has bailado con ella?

- Mmm... si, la he sacado a bailar. Supongo que ahora estará con sus amigas

- ¿No es ésa de allí? -señaló entonces la pista de baile. Harry reconoció el vestido verde de la joven Weasley y se quedó perplejo cuando vio con quien bailaba.

- Es Kylan Brown, de Slytherin

- ¿El golpeador de su equipo y el que participo en la entrada?

- Ése mismo. Pero ¿qué hace bailando Ginny con él? -se preguntó asombrado.

- No tengo ni idea, pero parece que lo conoce.

- Es la primera vez que los veo juntos -tragó saliva, inquieto.

- ¿Celoso, Harry? -lo miró con curiosidad y una ceja alzada pero en el fondo, sus posibles celos le hacían daño a ella también.

- No, celoso no, preocupado. Ron puede venir en cualquier momento y si ve a Ginny con él, se armará la de San Quintin de verdad.

- Tienes razón. Habrá que estar atentos -asintió sin darse cuenta de que Harry no reaccionaba ante la posibilidad de un engaño por parte de su novia.

- Se me ocurre una idea - desvió su rostro para mirarla a los ojos.

- ¿Cuál?

- Baila conmigo -le pidió sintiendo su corazón latir a toda velocidad de sólo pensarlo. La castaña se perdió en aquellos ojos verdes y no pudo más que sonreír, encantada con su petición.

- Será un placer -susurró con los ojos brillantes. Harry sonrió feliz, se colocó frente a ella e hizo una reverencia ante su mirada antes de ofrecerle su mano.

- Señorita, ¿me haría el honor de ser mi pareja de baile en esta noche? -susurró cortésmente. Ella rió suavemente y aceptó su mano con gusto.

- Por supuesto -se dejó guiar por el hacia el centro del baile. Se acercaron como si de imanes se tratase, sus miradas conectaron en un innegable lazo de complicidad y se fundieron con la música, dejandose llevar.

En ese momento, Ron entró en la sala y se abrió paso entre la gente. Era lo malo de estar en fiestas, había tantos alumnos que parecía imposible pasar entre ellos. Frustrado, consiguió alcanzar una mesa y tomar en sus manos una copa, la bebió de un trago sin ánimos de disfrutar la bebida y cuando se viró de frente para contemplar la pista de baile casi se atraganta al ver a Hermione bailar con Harry. Una punzada de dolor volvió a la carga en su corazón y supo que como no interviniera ahora mismo, podría perderla, dejó la copa con brusquedad en la mesa dispuesto a interrumpir su romántico baile pero nuevamente su atención fue desviada vertiginosamente por otra persona. Los ojos se le desorbitaron al distinguir a su hermana bailando... ¡con un Slytherin!, sintió como la sangre hervía en su interior, acelerando su circulación y obligando al corazón a ir más deprisa debido a tanta ira contenida. De un momento a otro iba a explotar seguro, aún sin entender por qué no lo había hecho, se olvidó por completo de Hermione por un segundo y a grandes pasos, esquivó a los demás bailarines e incluso empujó a una pareja un lado y apartó con violencia a Kylan de Ginny.

- ¡Apártate de mi hermana! -le amenazó sin ninguna educación.

- ¡Ron! -se sobresaltó Ginny despertando de aquel maravilloso baile que estaba disfrutando.

- Más te vale que tengas una explicación para esto

- Perdona pero no hay que alarmarse -intervino Kylan con suavidad- ella no tiene culpa de nada, yo la invité a bailar.

- ¿Con qué permiso? -lo miró furioso.

- No tenia entendido que debía pedirte permiso. Creo que Ginny es lo suficientemente mayor para decidir por ella misma.

- Mejor cierra tu lengua de serpiente si no quieres que te la corte

- Ron, te estás pasando -se mosqueó ella- no estábamos haciendo nada malo.

- ¿Bailar con un Slytherin no es malo? -le espetó echando humos.

- Creo que no nos hemos presentado como es debido -extendió su mano- me llamo Kylan Brown, tú debes de ser Ronald Weasley.

- ¡Quita esa mano de mi vista!

- Vete de aqui, Ron

- Tú vendrás conmigo.

- No -dijo ella con firmeza- no eres mi padre ni nada por el estilo para que me mandes de esa manera.

- Soy tu hermano mayor

- Disculpa -dijo Kylan muy despacio interponiéndose entre Ron y Ginny- no sé si eres sordo, pero ella te ha dicho que no quiere irse y debes respetarla.

- ¿Me estás amenazando? -masculló con el rostro deformado por la furia.

- Da igual de qué manera te lo diga, vas a pensar que son amenazas porque soy un Slytherin -se encogió de hombros- estoy acostumbrado al desprecio de la gente.

- Acostúmbrate al mio, te amargará toda la vida

- Kylan, vámonos de aqui -le pidió Ginny cansada de la actitud de su hermano.

- ¿Crees que vas a salir de aquí?

- ¿Qué es lo que pasa? -interrumpió la voz del profesor Jeshua colándose sutilmente en el centro del baile. Kylan y Ron no dejaron de mirarse mutuamente, uno en total calma y pasividad pero serio y firme y otro en peligro de erupción.

- Está todo en orden, profesor -habló el joven Slytherin primero- Ronald ya se iba.

- ¿Y por qué no te vas tú?

- Estamos en medio de un evento especial, y tú, Ronald, estás muy temperamental desde hace un rato. Yo que tú me calmaría -le aconsejó el profesor mirándolo seriamente.

El pelirrojo apretó la mandíbula y abrió la boca para hablar cuando de repente se oyó un estruendo de cristal que penetró en toda la sala...


-AUTORA-

Hola a todos! Muchas gracias por cada favorito, seguidor y comentario. Deseo que me sigáis aun y disfrutéis. Cualquier sugerencia, opinión o mejora, es bienvenida. Así que no os cortéis jeje.

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Dama Felina