Yu-Gi-Oh! Y Death Note son propiedad exclusiva de sus respectivos creadores.

¡Buenas, mis amores! Espero que se encuentren muy bien. La verdad, este capítulo será editado más tarde por manías mías de escritora. No lo subiría sino hasta mucho tiempo después, pero me sentía demasiado triste, y como sus comentarios alegran mi existencia opté por publicarlo.

Ya hemos visto demasiados aspectos característicos de Death Note, ahora es el turno de aderezar un poco de YGO. ¡O no sería un buen Crossover!

¡MILLONES, BILLONES, TRILLONES DE GRACIAS POR LEER/VOTAR/COMENTAR!

¡LES AMO!


Capítulo 8: Duelo


Seto Kaiba y Yura Sutori eran los sospechosos en potencia durante su primera observación del caso. Si la balanza se inclinaba hacia Yura, Seto ocuparía un lugar infranqueable: nadie— incluso él, L— osaría fijarle un porcentaje de culpabilidad en consideración a sus sentimientos por Kisara. Por no señalar el respeto que la moral exigía dispensar al dolor ajeno de esa índole. Lo que se podría traducir en que, en anexión con el asesino, Seto era el mejor beneficiado con la posición desventajosa de Yura.

En un comienzo, él había disminuido credibilidad al impacto que la noticia tuvo en Yura partiendo de que fingir un mareo era, con creces, más fácil que fingir dos años de noviazgo, además de convalidar la afectación narrada por Aizawa. Sin embargo, el médico legista registró que los vómitos y desmayos recurrentes eran consecuencia secundaria de nueve aspirinas fundidas en el jugo gástrico, minuta que bajo la excusa de un dolor insoportable de cabeza bien pudo ayudarle a exagerar su reacción a la tragedia.

En el mismo orden, Seto Kaiba era el propietario e único visitante asiduo en la hemeroteca, el lugar de los hechos, de modo que hallar sus huellas dactilares esparcidas en todo el recinto era un suceso tan normal y razonable que obstruía precipitar una miga de recelo hacia él.

El susodicho también era un genio de la informática. Conocía de hito en hito su propio sistema de seguridad, así que solo él sabía los mejores métodos para burlarlo. Existía la posibilidad de que este último rasgo fuera un truco destinado a inculpar a Seto Kaiba, pero en caso de ser él mismo el verdadero asesino, hacía una clara referencia a la pregunta clave que englobaba el caso: «¿Qué asesino apuntaría hacia sí mismo?».

Al mismo tiempo que componía la famosa dualidad que le había contrariado, ya que, en primera instancia, Seto Kaiba no apuntó hacia sí mismo, sino hacia Yura. Luego, en la actualidad, apuntó hacia sí mismo. Buscando con ello atrofiar la buena puntería de sus deducciones.

El asesino daba muestras de querer formar una dualidad en cada trazo.

Caso BB versus Caso Sutori.

Suicidio versus homicidio.

Seto Kaiba versus Yura Sutori.

Día 10 versus día 12.

Octubre versus diciembre.

K versus L.

De allí que el mismísimo Seto Kaiba y Jōnouchi Katsuya, Yura y Kisara Sutori o, en términos familiares, las cuatro personas esenciales para solucionar el caso compartieran de par en par el mismo día de nacimiento.

No obstante, ninguno de los aciertos anteriores le había obsequiado la convicción de que Seto Kaiba era el verdadero asesino como el favoritismo dirigido hacia la fecha de Kisara.

L se había preguntado— y a su vez interrogado a Yura— bajo qué ideal el asesino victimizó a Kisara, qué le hacía especial. Y la respuesta fue contundente: las iniciales de su nombre.

Seto Kaiba y Kisara Sutori.

S. K y K. S.

Otra dualidad.

En el abecedario incluyente a la Ch y la Ll, la letra "S" era el número 22. En conjunción, las letras K.K a su vez eran las iniciales del autor del libro favorito de Kisara cuyo igual número de páginas poseía el libro de Cálculo en el cual fue hallado el mensaje, y un duplo de la letra que en el mismo abecedario era el número 12.

Empero, aunque todo hilo argumental parecía ensartado en su respectivo lugar, existía una pregunta capaz de mandar por el caño su fantástica deducción: ¿Por qué Seto Kaiba asesinaría a su pareja, con quien llevaba dos años de relación? En el hipotético caso de que su objetivo fuese disfrutar el espectáculo de ver sufrir a Yura, ¿qué mal tan irremediable había fraguado contra él la melliza para rebasar esos extremos?

L estaba allí, parado frente a Seto, dispuesto a perseguir aquellas respuestas.

— ¿Puedo llamarte? — Interrogó el castaño, acentuando la pregunta con una ceja enarcada—. Me invitas a suponer que no es ese tu verdadero nombre.

«Sorprendente. Apenas cruzamos palabras y ha interpretado el significado implícito en "puede llamarme". El intelecto de Seto Kaiba es, sin reparos, dado a competir con el de B y el mío».

— Oh, entonces le ofrezco una disculpa. No era tal mi deseo— rascó los pelos en su nuca, guardando las apariencias—. Es tan sólo un modo educado de exhortarlo a que pueda llamarme como bien le plazca.

Kaiba no arrojó mucho crédito a la especificación. Lo midió con la mirada, así dando al traste con que su piel aportaba semejante palidez que por sesgos parecía transparentar, y que a lo mejor no había presentado una reverencia comedida, pues todo el tiempo que transcurría de pie lo hacía encorvado. Entonces recordó no haberle ofrecido asiento.

— Puede sentarse.

— Muchas gracias.

Si las características anteriores habían escandalizado su percepción de la normalidad, la postura que el tal Ryuzaki adoptó al sentarse colocó la cereza en el pastel: retiró los tenis, una vez descalzo abordó la silla en cuclillas, con las rodillas topándole al pecho. Pero a juicio de Seto era un aspecto que no merecía cuidado prominente, y la importancia que le restó a ese hecho se la sumó a Kisara.

— ¿Qué tiene usted por adjuntar con relación a mi prometida? — Separó la paja yendo directo al grano. El muchacho de cabellos alborotados saturó el aire con la intriga que suponía no hallar rastros de su pensamiento en los contornos de su semblante.

— Soy un enviado de L… —Ryuzaki hubiera continuado de Seto no haber expedido unas carcajadas timbradas en cinismo.

— ¡No me digas! — Ironizó, luego de recuperar el aliento gastado en la risa—. ¿Y supones que por eso debo interiorizar cada oración que salga de tu boca como si fuese un mandamiento? — Volcó sarcasmo—. "L" no es más que la fachada con que el gobierno, en complicidad con las Organizaciones Mundiales de Inteligencia Criminal como la CIA, el Interpol, FBI; pretende amedrentar a los delincuentes e incitarlos a no infringir la ley. Aún si se tratase de un ser confiable, no amerito sus servicios para materializar mis propósitos. Soy autosuficiente, motivo por el cual su visita me parece absurda en todo el abordaje de la palabra.

Ryuzaki no alteró su figura.

— En efecto, Señor Kaiba. — Cedió la razón, pues había concluido que la mejor estrategia para hacerse una obertura en las prioridades de Seto Kaiba era no rebatir sus guiones—. Quizás no tengo a mi disposición argumentos razonables que le induzcan a creer mis palabras, por eso he recurrido a un mediador.

Tan pronto como el extraño hubo añadido el punto final a la proposición, el sistema holográfico alertó la interconexión de una video-llamada. La «L» de caligrafía gótica se proyectó ante sí a mayor velocidad que los tecleos vertiginosos.

Lamento sobremanera haber interferido en su red, Señor Kaiba.

— Pero qué demonios…

Soy L.

Por supuesto que aquella voz sintetizada no pertenecía a L, sino a Watari, a quien el detective había dejado escrito con su puño y letra todo cuanto habría de manifestar en su encuentro con Seto Kaiba. De esa forma su verdadera identidad no sólo estaría a salvo, sino que además haría juego con la táctica de B: presentarse como un detective privado tal cual él lo llevó a efecto con Naomi Misora.

Formando con ello una dualidad de las que gustaba el asesino.

En adición, nadie podía certificar su identidad, él nunca se había entregado al favor público. Ningún ser humano estaba en condición de jactarse por traslucir el misterio detrás de aquella letra con caligrafía gótica. El único en conocer un aspecto en sumo grado irrisorio, era Aizawa, y se originó porque el susodicho cuestionó a Watari sobre los dotes del detective para vislumbrar detalles invisibles al ojo común. El senil, mezclando el humor con la realidad en un jovial tono de voz, respondió alegando que "L tenía las pupilas bien dilatadas". Y por eso cuando el agente rindió cuentas acerca del estado de Seto Kaiba dijo que éste tenía "las pupilas tan dilatadas como las suyas" (1).

Así esperaba L— allí Ryuzaki— obtener una reacción que pudiese tomar como punto de referencia para tejer sus deducciones. Mas Kaiba no le brindó indicios tendientes a incrementar u disminuir sus sospechas.

— Escúcheme bien, L, la paciencia no es un rasgo que caracteriza mi personalidad ni perder el tiempo en disparates como éste figura entre mis pasatiempos favoritos. — Cerró los ojos mientras enunciaba cada término, los párpados le temblaban como a quien se esforzaba por contener la furia haciéndole burbujas en el estómago—. He puesto las cartas sobre la mesa con su discípulo, de manera que…

Señor Kaibaintercedió Watari a nombre de L—, comprendo su renuencia a confiar en mí, yo tampoco me fiaría de unaletra con fuente al estilo gótico. Es al preciso aquel miramiento lo que me ha empujado a enviar mi aprendiz. Tal vez yo no sea más que un programa bañado en códigos binarios al servicio de la Dieta Nacional (2), pero Ryuzaki es real. Un ser de carne y hueso que usted puede palpar. Eso es una prueba contundente de mi compromiso para con el caso de su prometida.

Por un momento tan efímero como la duración de un parpadeo, y en específico cuando la voz sintética hizo mención de los códigos binarios, Seto creyó haberse oído diciéndole lo mismo a Yura, considerando que era el único punto en que la melliza y él habían coincidido.

¿Acaso L contactó a Yura en primer lugar y ella le había puesto al tanto con respecto a su opinión sobre el detective? Aisló tal pensamiento para escrudiñar a Ruyzaki, sin cambios en su expresión salvo por el dedo pulgar que oprimía con sus labios. Parecía un niño disfrutando ensimismado de una película animada, expectante a lo que podría suceder en la escena siguiente.

Quizás por esa razón, Seto concentró todo su enojo en un puño.

— ¡No he solicitado que realice tal cosa ni necesito de usted para cumplir mis objetivos!

Tal vez no, pero sí de las pruebas que tengo en mi custodia para confirmar que Kisara Sutori fue asesinada.

El semblante iracundo del castaño alcanzó tal suavidad que pareció haber sido refrescado por un chubasco de agua fría. Al mismo tiempo en que sus hombros convinieron desentumirse como si dos manos invisibles los hubiese palmeado.

— Si es la situación imperante, ¿qué le mueve a requerir mi colaboración? Ya posee la fórmula que le ha de limar el camino, una intercesión de mi parte se hace innecesaria.

Arraiga usted una porción de la verdad, Señor Kaiba. Pero la evidencia no es más que papel a color sin algo material que le avalúe. Traído a nuestro contexto significa que usted es un punto crucial para sumar valor a las pruebas y así dar con el paradero del asesino. Su inteligencia y estrechez con relación a Kisara predisponen una trampa letal para él. Por favor, evite pensar que pretendo sacar provecho de su posición cual si fuera una ficha de ajedrez. Cuando dije que usted poseía una porción de la verdad no me refería en este ámbito con exclusividad: "L" es sólo un gestor. La cabeza del cuerpo. La policía y demás organismos castrenses son el resto de las extremidades, uno pierde su razón de ser sin el soporte del otro.

Kaiba meditó que, si el auténtico mirar de aquella palabrería era transmitir su importancia en el caso dada su relación de asiduidad con Kisara, entonces L no poseía ni un cuarto del prodigioso intelecto que la sociedad se forzaba en gratificar. La sangre redoblaba el peso del agua, por lo cual Yura Sutori era la candidata idónea. No por nada se izó entre los acudientes al rito luctuoso como la única imagen a color.

Ese paso en falso, para él ya un craso error, le infundió el augurio de que L a lo mejor sí fuese un mengano de carne y hueso, pues la característica principal del ser humano yacía en su destreza para cometer errores. No obstante, la experiencia había amaestrado el instinto de Seto con un rigor admirable, que no le permitió atenerse a la prédica sin formular primero una estrategia cuya ejecución le llevara a resolver si debía o no premiarlo con el beneficio de la duda.

¿Quién le podía garantizar que platicaba con el verdadero "L" cuando ningún individuo estaba en condición de jactarse por traslucir el misterio detrás de aquella letra con caligrafía gótica? El detective bien podría estar sugiriendo ese error a posta para obtener su aprobación, convenciéndolo al fin de que era un ser humano y no un programa bañado en códigos binarios como tantas veces había remarcado. O bien podría tratarse de un impostor jugando con fuego. Mas infiltrar su red y los relatos sin dueño de las penosas consecuencias que traía consigo apropiarse de aquella letra del abecedario— debido a la influencia global que ostentaba, una, por cierto, muy similar a la suya— le inducían a razonar desde otra perspectiva.

Aquella tecnología sonora hizo énfasis en una costura tan delicada como lo eran las pruebas de un asesinato, idealizaba con cierta suspicacia que un usurpador se atreviese a vagabundear con algo tan peligroso como un arma de fuego en manos inexpertas. Todo conexo a su oportunidad de obtener tales documentos a la mayor brevedad posible.

Seto condujo sus pensamientos a sintetizar un método capaz de finar todas esas dudas con un solo disparo. Buscando inspiración entornó la mirada hacia Ryuzaki, quien por lo visto no tenía el hábito de pestañar.

Entonces su cerebro fue iluminado con la generosa luz de la lógica.

— Bien, L, estimaré minucioso su propuesta— cruzó los brazos a la altura de sus costados, resuelto a imponer que la decisión no era motivo de contento—. Le haré saber mi resolución final vía su discípulo.

Se lo agradezco mucho, Señor Kaiba. Hasta entonces.

Inmediato al puntito de luz que dio la conexión por finalizada, Kaiba presionó un compartimiento de su escritorio que liberó al exterior un maletín labrado en acero.

— ¿Señor Kaiba?

— Tendremos un duelo.

«Este Ryuzaki es el único elemento real en la ecuación. Cuando me pronuncie ganador, la derrota le hará sentir en débito conmigo. Todo perdedor debe entregar algo a cambio o su título no tendría sentido. Así le podré sonsacar la información que amerito si quiero encajar las piezas de este rompecabezas retorcido. Asimismo, me será factible poner a prueba sus habilidades, puesto que, si es capaz de abatirme a duelo, lo será también para solucionar este caso».

— Me agradaría consentir su afirmación, Señor Kaiba— adujo el invitado, sin apartar el dedo pulgar presionando los labios mientras él cercioraba el número de cartas en su Deck—. Pero, por desgracia, no tengo baraja.

— ¿Conoces las reglas del juego?

— Sí, los videos promocionales de Yugi Mutou son muy explícitos.

Seto viró el maletín para que Ryuzaki pudiese admirar la cantidad de cartas ordenadas en él, cuyos colores llamativos hipnotizaban al espectador.

— Puedes armar un Deck con las cartas de tu preferencia, pero no debes exceder las 40. Salvándose las que pertenecen al Extra Deck (3). — Dicho esto se puso en pie con su Deck a mano, dirigiendo sus pasos hacia el ventanal. Allí apreció su reflejo investido de negro—. Tienes diez minutos.

— Gracias, es usted muy gentil.

— Te sugiero no confundir estrategia con generosidad— moduló sin darse la vuelta.

—No lo he mencionado en ese contexto, me refiero a que ha optado por cederme privacidad para desconocer mi selección, de ese modo no sabrá a qué tipo de estrategia hará frente, tornando el duelo mucho más interesante. Además de ser una medida justa.

Seto respondió con un resoplido apenas audible. La peculiaridad que más le hostigaba de Ryuzaki lo constituía su semblante inexpresivo, unas facciones que no se dejaban atribular por ninguna emoción y unos ojos brunos que escondían los pensamientos tras una cortina de humo tan ennegrecido como las pupilas en exceso dilatadas, cual si pudiesen traspasar la piel y escanear el alma. Por lo pronto le redituaba no verbalizar sus apuntes, directriz que le impelió a centrar sus meditaciones en el duelo.

«Es un secreto a voces que el Dragón Blanco de Ojos Azules es mi monstruo insignia, hasta un niño cursando primaria ha de saberlo. A percepción de Ruyzaki ese conocimiento debe significar un punto a favor, lo que sin duda le motivará a planificar una estrategia cuya temática principal sea impedirme convocar a mi Dragón Vaya sorpresa que te llevarás por ello».

— Listo, Señor Kaiba.

— Bien.

Seto divagó tan empedernido en sus elucubraciones que no reparó en que su visitante había estructurado el Deck en un tiempo record de cinco minutos. Enseguida, puso en marcha su retorno al escritorio a fin de devolver el maletín a su escondrijo.

— Sígueme. — Aguardó reticente a que Ruyzaki se calzara, una vez lo hubo hecho emprendieron camino hacia el ascensor con él a su flanco izquierdo.

— Señor Kaiba, espero que con este duelo sus exigencias queden satisfechas.

— Este caso es como un duelo— aludió impasible, mientras el ascensor iba marcando los pisos—. El asesino es el oponente, con el campo minado de cartas bocabajo para entrampar a quien le persiga y proteger sus Life Points. Ahora está en la Fase de Espera (4), a la expectativa del siguiente movimiento por parte de su adversario con miras a formular una contrajugada sujeto a las cartas que tiene a mano u activar una de las que yacen bocabajo. En resumidas cuentas, si eres capaz de vencerme, demuestras aptitud para vencer al asesino, lo que por partida doble te hará digno de recibir mis aplausos.

— Alabable modus operandi (5), Señor Kaiba.

«Está mintiendo. Su verdadera intención no es probar si merezco o no su visto bueno, él quiere vencerme para que yo me sienta compelido a entregarle algo a cambio. "Todo perdedor debe entregar algo a cambio o su título no tendría sentido." Esa es su filosofía. En consecuencia, la meta final de este duelo es sonsacarme información y obtener las pruebas que L anunció tutelar. Sin embargo, sea que gane o pierda no corrobora su identidad ni es una prueba irrebatible. Lógico es que así lo plasme, dado que su posición es el inverso a la de Yura: conforme haya más pericias que le señalen como inocente recrudece su culpabilidad».

El ascensor se detuvo cuando el número seis permaneció en rojo, abriendo las puertas a la visión del Campo de Duelo antecesor a los Discos diseñados por la K.C, la plataforma que vio pasar a toda una generación de duelistas en ascendencia.

Seto ocupó el púlpito movible y al estilo funicular en color azul, evitándole a Ryuzaki oscilar en su decisión. Instalados en su respectivo lugar, el mecanismo electrónico desplazó ambos equipos hasta encarar el uno con el otro. Kaiba encimó su Deck en el sensor digital a la par de Ryuzaki, sincronía que programó los Contadores de Life Points a 4000.

La forma en que su contrincante iba tomando las cartas, como si estuviera deshojando los pétalos de una rosa, hizo a Seto cuestionarse si Ryuzaki no padecería alguna enfermedad congénita. Inquietud carente de interés al momento de agarrar la carta número cinco.

Azul y negro se enfrascaron en una colisión que tornó el duelo de monstruos venidero en uno de miradas.

Un duelo donde la experiencia rivalizaría con la inteligencia.

— ¡Duelo!


(1)Extracto del capítulo 2: Deja Vu.

(2)Es la asamblea u órgano máximo de poder del estado de Japón de acuerdo con la Constitución Nipona.

(3)Es un Deck donde losMonstruos de Fusión,Monstruos de Sincronía,Monstruos XyzyMonstruos de Enlacese almacenan durante los duelos, separado delDeck Principal.

(4)Abreviada como "SP"en algunos videojuegos, es la segunda Fase, reservada para esperar la activación o resolución de efectos. Solo la carta "Libro de Leyes de Salomón" puede saltarse esta Fase. No es posible repetirla. P.D. Les recuerdo que esta historia se ambienta en el año 2012. Por lo tanto, aunque ya para esa fecha existían un sinfín de invocaciones, solo hare referencia al modo de duelo de la primera generación (DM).

(5)La expresión se refiere en general a la manera de proceder de una persona o de un grupo de personas.


¡Ya si se puso la cosa color de hormiga! ¿A quién le van? ¿A Kaiba? ¿A L? ¡Yo le voy a Jōnouchi!

Jōnouchi: Pero si ni siquiera voy a duelear. :'D

Katsura: Es que te am

Yura: ¡Deja de asediar a mi hombre! ¡Búscate uno!

Katsura: "Esa cosa ni sentimientos tiene"... TT