Capítulo 10
SÍ, NEGOCIOS - confirmó Riza tranquilamente. - Tú y yo no tenemos ningún negocio sobre el que discutir.
En eso es en lo que te equivocas - aseguró Riza -. Tal y como te apresuraste tú a señalar ayer, mi casa está al borde de la bancarrota. Yo solo me casé contigo porque imaginé que mi banquero me daría crédito en cuanto le explicara los términos del testamento, pero... se negó - Roy la observó con fascinación bajo sus espesas pestañas de ébano -. Así que no solo no voy a poder volver a contratar al personal de casa, sino que incluso puedo perderla en el plazo de estos seis meses.
- Una pregunta - la interrumpió Roy -. ¿Se te ocurrió mencionarle mi nombre a tu banquero?
- ¿Y para qué iba a mencionarle tu nombre?- contestó Riza impaciente -. Le conté que me había casado y que mi marido no tenía nada que ver con mis propiedades.
- Tu sinceridad es encomiable, pero no siempre resulta inteligente - recalcó Roy reflexivo -. Dudo mucho que tengas que preocuparte de un desalojo. Es poco probable si solo vas un tanto atrasada en los pagos de la hipoteca.
- No estoy de acuerdo contigo, últimamente he recibido unas cuantas cartas terribles. ¡Cielos, si hasta me da miedo abrir el buzón! - admitió Riza.
- Y dime, ¿no será que estás tratando de pedirme un préstamo del modo más intrincado y enrevesado que se te ha ocurrido?
- ¿De dónde diablos te has sacado esa idea? ¡No tocaría ni un Cen tuyo por nada del mundo! - replicó ella indignada -. No obstante necesito volver a casa para ir a visitar al resto de las instituciones financieras del lugar. Necesito encontrar a alguien que quiera ayudarme y que esté dispuesto a invertir en la casa Hawkeye.
- Eso lo dices en broma, ¿verdad? - inquirió Roy observándola incrédulo.
- ¡Por supuesto que no! ¿Por qué iba a bromear tratándose de algo tan serio?
Roy se incorporó sentándose sobre la cama y dejando que la sábana resbalara por su torso desnudo.
- ¿Pero es que te has vuelto loca? - gruñó agresivo, acobardándola -. Yo soy un Mustang. ¿Acaso pretendes arrastrar mi nombre por el fango suplicando un préstamo? ¿Es que quieres convertirme en el hazmerreír de todos? ¡Inaceptable...! - juró Roy tirando de la sábana para salir de la cama y mirarla con dureza -. ¡Ya veo que me he hecho con un enemigo digno de mí! ¡Eres una arpía astuta! ¡Como te atrevas a poner un pie en una de esas instituciones financieras te arrojo fuera de mi vida de inmediato!
¿Una enemiga digna de él? Aquel era un cumplido que no se había ganado, pero llamarla arpía... ¡que descaro! reflexionó Riza abstraída en la contemplación del cuerpo de Roy mientras caminaba de un lado a otro. Era verdaderamente atractivo. Cabello negro, maravillosos y vibrantes ojos, anchos hombros, poderoso pecho, caderas estrechas y largas piernas. Pura masculinidad.
Riza apartó la vista ruborizada, avergonzada. Estaba tan excitada que ni siquiera podía concentrarse en discutir con él. Aquello era irritante.
- Está bien - continuó Roy respondiendo a su silencio como si fuera una provocación -. Voy a hacer un trato contigo. Yo me haré cargo temporalmente de tus facturas.
Irritada ante tan inesperada e incómoda sugerencia, Riza se volvió hacia él.
- ¡De ningún modo! ¿Por qué ibas a hacerlo?
- No es que quiera... pero lo prefiero a abrir una cuenta bancaria y ponerla a tu disposición. ¡Maldita sea! ¡Aún no se han enfriado las sábanas y ya estás robándome otra vez!
La mente de Roy era compleja, reflexionó Riza sorprendida ante la lógica de sus razonamientos. Era terriblemente suspicaz. Creía sinceramente que había tratado de hacerle un chantaje.
- No quiero tu asqueroso dinero... ya te lo he dicho. –la mirada de la rubia era determinante e hizo vacilar a Roy, después de todo la valentía con la que Riza no se dejaba vencer era una de las cosas que más admiraba en ella.
- Dios mío... ¡pues no vas a ir a pedirlo a ninguna otra parte!
- Eso no es justo - protestó Riza.
- ¿Y quién te ha dicho que iba a ser justo? - Tú... - respondió Riza en voz baja.
Roy se quedó helado. Un silencio eléctrico reinó en la habitación.
- De pronto siento una terrible necesidad de paz, de la paz que se respira en la oficina - contestó por fin Roy entrando en el baño y dando un portazo. De modo que Roy tenía temperamento. De pronto la puerta volvió a abrirse -. ¿Es que no puedes pensar en otra cosa que no sea esa maldita casa, incluso en la cama?
La puerta volvió a cerrarse de golpe. Riza estaba asombrada. Roy se mostraba tremendamente apasionado cuando por fin se hacía añicos su fría fachada. ¡Hasta daba portazos! Pero sabía que ella le había ganado la partida, reflexionó comenzando a esbozar una sonrisa.
¿Pero qué le ocurría? ¿Por qué tenía aquellas locas ideas? ¿Por qué la atemorizaba la idea de que Roy quisiera abandonarla? ¿Cómo era que no la hacía feliz? Riza miró la silla sobre la que había dejado su ropa el día anterior. Estaba vacía. Frunció el ceño y observó que había desaparecido también la maleta. Se dirigió al vestidor y abrió las puertas. Estaba repleto de ropa masculina. De frente había otro armario lleno de ropa femenina desconocida. Se puso el camisón y llamó a la puerta del baño. No hubo respuesta. Abrió. Roy estaba en la ducha.
- ¿Dónde está mi ropa?
El grifo de la ducha se cerró. Roy abrió las puertas de la mampara.
- Me he deshecho de ella - anunció poniéndose la toalla y pasándose una mano nerviosa por el pelo.
- ¿Cómo que te has deshecho de ella?
- Una decisión drástica, lo sé, pero no ha sido un gran sacrificio, ¿no crees? - inquirió Roy mirándola expectante -. Porque desde luego necesitas clases sobre cómo vestirte. ¡Por favor Riza! - exclamó observando el rostro enfurecido de ella -. Ya sé, ha sido una falta de tacto, pero pensé que lo más fácil era presentarte un vestuario nuevo completo. Tu ropa está en el vestidor, no tienes ni que ir de compras.
Los ojos de Riza se humedecieron por las lágrimas. Nunca se había sentido tan mortificada. Un miembro del sexo opuesto le estaba diciendo que estaba horrible con su ropa y que no sabía vestirse.
- ¿Cómo puedes hacerme una cosa así?
- Pero si era una sorpresa... un regalo... ¡cualquier mujer estaría encantada!
- ¡Cerdo insensible! - Riza se arrojó sobre la cama, no quería verlo.
El colchón cedió al peso de Roy sentándose junto a ella.
- Tienes un bello rostro y una exquisita y esbelta figura... pero te vistes muy mal - explicó Roy respirando entrecortadamente.
Riza se sintió humillada y rabiosa, levantó una mano para abofetearle.
- No...muchas...mujeres... - musitó Roy sin aliento, como si estuviera aprendiendo una dura lección.
Luego se tocó la huella de la bofetada sobre la mejilla. Riza se sintió culpable, ella no reaccionaba así, prefería ser educada, pero ese hombre siempre conseguía ponerla furiosa.
- Lo siento... no debería de haber hecho eso - musitó ella con voz rota -. Pero me provocaste, lo estabas pidiendo a gritos... ¡Vete!
- No te comprendo...
- Te odio... ¿comprendes eso?
Riza se apartó de él. Se sentía tan dolorida que hubiera deseado poder gritar. Cruzó los brazos sobre el pecho y se retorció apartándose de Roy cuando este fue a poner una mano sobre su hombro. Él hizo un último intento por tomarla de la mano y ella se alejó.
- ¡Y pensar que me gustabas antes de saber quién eras! - gritó disgustada -. ¡Confiaba en ti! ¡Dios, qué gusto tengo con los hombres!
- ¿Pero es que no has conseguido lo que querías de mí? - inquirió Roy. Su rostro reflejaba que estaba molesto consigo mismo, su falta de tacto había ocasionado que Riza llorara. Se pasó una mano por el rostro, ¿acaso no era eso precisamente lo que buscaba? Todo el tiempo que tardó en encontrarla, ¿no era exactamente la recompensa el vengarse y hacerla sufrir?... que demonios estaba pasando con él. - Te he prometido mi apoyo financiero durante nuestro matrimonio, se acabaron tus problemas.
Riza lo contempló con amargura.
- Yo no soy un objeto que tú puedas comprar con dinero.
- Y si no lo eres... ¿qué estás haciendo en mi cama?
Para aquella pregunta no había respuesta. No podía explicárselo ni siquiera a sí misma, y mucho menos a él. Pero el hecho de que Roy le arrojara su rendición sexual a la cara la hacía retorcerse de rabia.
Riza lo escuchó en completo silencio mientras se vestía. Roy se hizo notar de nuevo acercándose y deteniéndose a unos pasos de la cama. Vestido con un elegante traje gris estaba espléndido, pero también frío y remoto... parecía capaz de comerse a sus deudores de cinco en cinco. Sin embargo Riza sabía que su pelo era como la seda entre los dedos, que su sonrisa era como el calor del sol después del invierno, que su voz era como la miel fundiendo su cuerpo.
- No es así como esperaba que fueran las cosas entre nosotros. Yo… soy una persona civilizada... muy civilizada - afirmó Roy -. Se supone que en este momento apenas prestamos atención a las cosas, que nos lo estamos pasando muy bien en la cama. Dime quién compró el Adorata y acabemos con esa complicación. Si lo haces es posible que aún haya paz.
- Ya te he dicho que no robé ese anillo - susurró Riza.
- No soporto que me mientas una y otra vez, seguimos estando en un punto muerto.
- No puedo creer que seas el mismo hombre al que conocí hace tres años... no puedo creer que riéramos y bailáramos y que fueras tan romántico y cálido y…
- ¿Y tan estúpido? ¿Tan ridículo? Después de todo no fui capaz de protegerme de una pequeña ladrona como tú.
Riza se estremeció, pero trató de ponerse en el lugar de Roy y de pensar en cómo había debido de sentirse. Y por primera vez comprendió su amargura al descubrir que la mujer a la que había llevado a su cama le había robado. Roy era orgulloso, y aquello lo había herido donde más dolía.
-Roy... yo...
- Tú fuiste muy inteligente, pero no lo suficiente - murmuró él -. Yo tenía veintiocho años, y nunca había sentido gran cosa por ninguna mujer. Pero contigo sentí…- hubo silencio - algo especial...
- ¿Al... algo especial?
- Hubieras podido obtener mucho más de mí si te hubieras quedado.
- No lo creo, esa noche yo jugué a ser Cenicienta - señaló Riza.
- Cenicienta se dejó el zapato, no abrió la caja fuerte. - Pero no fue real... me refiero al tiempo que pasamos juntos - continuó Riza esperanzada por sus palabras -. Tú dijiste lo que había que decir, y yo sucumbí... Bueno, quizá algo más que sucumbir. Sí, supongo que fui más activa que eso, pero tú no tenías intención de volver a verme... - se encogió de hombros, incapaz de sostener su mirada - Quiero decir… es evidente que no tenías ninguna intención de aparecer por el Puente de la Guerra al día siguiente.
- ¿Aún lo recuerdas? - preguntó Roy sorprendido.
Riza había esperado en el puente durante horas, hubiera podido echarse a llorar solo de pensarlo. Si alguna vez había existido la posibilidad de que Roy acudiera se había desvanecido al descubrir el robo del anillo. Así que todo era culpa de él. Todo su sufrimiento había sido por causa de Roy. - ¿Pero por qué se le ocurría pensar eso? Era imposible que él la encontrara hermosa, por mucho que aquella noche le hubiera dicho que lo era.
- Mi cabello es de un amarillo chillante - señaló Riza con calma.
- Es difícil que una cosa así me pase desapercibida, pero no es amarillo, es una melena rubia en tonos claros que hacen un matiz perfecto hasta tonos dorados. Hubiera preferido verla más a menudo.
- Pero por lo menos tienes que haberte dado cuenta de que tengo la nariz demasiado... chata.
- La palabra exacta es retroussé. Es poco corriente, le proporciona distinción a tu cara... es perfecta, es pequeña y respingada para ese rostro fino y elegante. Como dije antes, tienes una figura exquisita y esbelta, tu piel es hermosa, das la sensación de una muñeca de porc... ¿Pero por qué estoy hablando de esto contigo? - preguntó Roy caminando a grandes pasos hacia la puerta -. Hasta luego.
La habitación le resultó vacía y aburrida sin la enervante presencia de Roy, pero Riza no se movió. Roy llamaba esbelta a la figura que los demás calificaban de escuálida, esos demás eran sin duda su madrastra y su hermanastra. Su marido tenía un gusto extraño. Pero no se lo iba a decir. De modo que Roy, que para ella era lo más parecido a una fantasía de perfección masculina, se excitaba con ella.
Roy no le había hecho el amor para vengarse. No, había deseado verdaderamente hacerle el amor. No había nada de falso en su deseo, y todo lo que había dicho en la cama debía de ser cierto... pero, ¿lo sería también aquello de que ninguna mujer había conseguido satisfacerlo?
Algo especial... ¿por qué de pronto se sentía tan generosa a la hora de perdonar? ¿Por qué su mente permanecía como en un mar de niebla? Riza recordó el odioso anillo robado. Solucionado ese problema, ¿cómo se comportaría Roy con ella? ¿Y cómo se sentiría si supiera que Su era suya?
Aún era pronto. En seis meses podían ocurrir muchas cosas. Contarle que aquella noche había concebido una hija podía ser como un puñetazo, y no deseaba utilizar a Su como arma arrojadiza en una pelea. En realidad no tenía intención de contarle que Su era suya a menos que su matrimonio comenzara a funcionar. ¿Para qué? Tenía problemas más urgentes que considerar: La casa de su familia. ¿Se vería finalmente obligada a vender alguna de las piezas del mobiliario de estilo Tudor?
Una hora más tarde, vestida con un hermoso traje ajustado en color coral, zapatos de tacón, un ligero maquillaje y el cabello suelto solo atado del lado izquierdo con un exquisito pasador, Riza se inclinó para levantar a Su en brazos y sintió la llegada de la inspiración. Había sobre la silla una revista de gente importante de central, de esas que entrevistan a las familias adineradas…. ¿Acaso no se pagaban grandes sumas por reportajes sobre la vida de esas personas? ¿Cuánto podían valer el reportaje y las fotos de la esposa de Roy Mustang? Riza vaciló. Roy había dicho que la infidelidad y el abandono eran causa de divorcio, pero no había mencionado absolutamente nada de la publicidad...
Roy no llegaría hasta pasado las seis o tal vez mas tarde, era demasiado comprometido con su trabajo. Aprovechó que Su dormía su siesta, fue hasta la privacidad de su habitación, tomó el teléfono y marcó el número de esa revista. Quedó sorprendida, inmediatamente la pasaron a otra extensión y le hicieron algunas preguntas. La cita era prontísimo, ¡Santo Cielo! Roy si que era importante. De pronto sintió culpa, y pensó que debía abandonar esa locura, pero la casa que en la que habían recuerdos de su familia, de su madre… simplemente no podía perderla.
Estaba decidida, pero había un problema, ¿Cómo saldría de esa mansión sin ser vista? Caminaba por el amplio pasillo que daba hasta la puerta principal, pasando por extensos y lujosos salones. Cuando escuchó voces se puso nerviosa y suspiró resignada, no podía salir otra vez por la ventana. Entonces una voz la sacó de sus pensamientos sobre su capacidad para fugarse. - El señor me ha dado órdenes para que la lleve a donde usted quiera ir Señora Elizabeth- el chofer la había descubierto. -Oh… bueno… yo solo quería…
- Por fin te conozco, Maes me ha hablado de ti, pero quería saludarte- una de las voces que había escuchado antes se estaba dirigiendo a ella. Volvió la cabeza y Elena se acercaba acompañada. Riza miró confundida aquellos ojos verdes, pero esa cara risueña y cálida no la hicieron sentirse temerosa ni mucho menos, al contrario, solo le inspiró devolver el gesto.
-Usted es…- Soy Gracia Hughes. Respondió la mujer castaña.- Elena se acercó a Riza y la tomó de los hombros en un ligero abrazo –Ella es la esposa del mejor amigo de Roy-. Volvió el rostro hacia Gracia – Es muy bella la señora Mustang, pero es un poco callada, aun no se siente en confianza, ha llegado apenas ayer. Señora Hughes, ¿consideraría usted acompañarla a dar un paseo por la ciudad? Gracia asintió y esbozó un rostro de complicidad –Por supuesto, me he traído el auto-.
Elena se despidió de Riza y le dijo al oído –escuché a donde vas exactamente muchacha, y con lo que Gracia me contó creo darme una idea de lo que pretendes, ahora vayan, cuando seamos descubiertas ya tramaremos algo para seguir vivas-.
Gracia tomó de la mano a Riza y salieron juntas. En el auto, Gracia le contó que Elena la había llamado y le había pedido que la distrajera un poco. – Está preocupada por ti y por Roy. ¿Sabes?... Maes me ha contado sobre tu situación- Riza se tensó -¿Qué te ha contado? – Que no está de acuerdo con lo que ha hecho Roy, y lo de tu casa, por eso voy a ayudarte con lo de la revista-. Al ver la cara sorprendida de Riza, Gracia sonrió – Elena es bruja, sabe todo, no me preguntes cómo pero escuchó tu conversación por teléfono. Mi amiga es la editora, así que no te preocupes, será un reportaje excelente y cuidarán todos los detalles. - ¿por qué haces esto por mi?... no me conoces.- dijo Riza mirandola fijamente. - Por qué a pesar de cómo se han dado las cosas, Maes dice que eres la indicada para Roy, desde que te conoce es más humano. Además, lo ha pillado mirando una foto tuya en más de una ocasión. Riza sonrió – de verdad gracias-.
En la revista todos la trataban como a una reina, la maquillista hizo un trabajo excelente, resaltó los hermosos y dorados ojos de Riza. Debido a que ella había pedido verse lo más natural posible todos se apegaron a que así fuera. Gracia le ayudó a elegir el vestuario, todo era de diseñador. El fotógrafo dijo que aquello se le daba natural a Riza, y halagó las hermosas facciones de su rostro, con ese vestido parecía una diosa griega - Era de esperarse, es la esposa de un Mustang- dijo mientras daba indicaciones a su equipo de trabajo.
Cuando miró el reloj de Gracia se puso pálida – ¡Santo cielo! Roy debe estar por llegar, además dejé a Su sola en casa- Gracia aceleró y miró a Riza –Tranquila Señora Mustang… o debo decir ¿Diosa griega? Si Roy lo hubiera escuchado le parte la cara ahí mismo - exclamó la esposa de Maes soltando una carcajada.
La rubia la miró con desaprobación – ¿podríamos olvidar eso? – tienes razón, debo llevarte al Palacio antes que Roy llegue. Musitó Gracia. Hubo silencio y Riza notó que esos ojos verdes intentaban decir algo pero no se atrevían del todo.
- Riza, yo no tengo muchas amigas, en este medio las personas son hipócritas y solo juzgan por las apariencias pero siento que tú eres honesta y distinta… de ninguna manera tú… - No, yo no robé el Adorata- la interrumpió Riza con voz pesada y el silencio se posó entre las dos.
…..o…..
Capitulo 10 arriba chicas, ya estamos cerca del desenlace de esta historia. Gracias por leer y muchas gracias por dejar su comentario. Nos leemos pronto.
Andyhaikufma Poco a poco se irá aclarando el embrollo, y recuerda que Riza es una mujer orgullosa, por eso se siente frustrada por sucumbir ante él. Gracias por dejarme tus comentarios en verdad son muy importantes. Nos leemos pronto besos
wendy P R En los próximos capítulos se descubrirá que pasó o quien tiene el anillo robado. Gracias por leer y dejar comentarios. Un abrazo :)
