Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.


Avanzar


#8. Aproximación.


Naruto, por más que intentaba mover la caminadora, no podía, pesaba demasiado. Fastidiado, soltó un suspiro, y se dejó caer sobre el suelo.

—¿Difícil? —preguntó Misao, mientras le lanzaba una manzana—, hora de la comida.

Él asintió.

—Hace calor.

—Sí —ella se abanicó con la mano—. ¿Quieres ir a comer? Yo invito.

Por un momento, iba a decir que sí, pero los recuerdos aquella noche en la que Hinata se sintió insegura, le llegaron rápidamente.

¿No era correcto, verdad? No debía salir con otras mujeres, si estaba casado, aunque seguía sin verle lo malo, no es como que fuera a dejar de amar a Hinata o algo así, pero, aun así, por la tranquilidad de ella, se negó.

—Está bien, hoy traje un bentō —sonrió—. Te puedo compartir.

Misao le devolvió la sonrisa, tratando de evitar su decepción ante el rechazo de su invitación.

—Con que bentō, ¿eh? —se sentó a un lado de Naruto, en el suelo—. Has de ser buen cocinero.

Él soltó una carcajada.

—Para nada, soy el peor, de hecho. Pero ella sí es buena cocinera, ¡su comida es la mejor! De veras —dijo emocionado.

—¿Ella? —parpadeó confundida—, ¿tienes una hermana?

Naruto arqueó una ceja, divertido.

—No —soltó una risa—, soy hijo único, me refería a mi esposa —entonces alzó la mano izquierda, mostrando delgada sortija de oro, siendo la prueba de lo que decía.

No le contestó, primero sintió cómo se le bajaba la sangre al piso, y luego de la sorpresa inicial, su corazón empezó a latir acelerado. Por un breve instante, Misao creyó que escuchó mal, pero al observar al rubio, que sonreía abiertamente, mientras observaba la argolla en su mano, entendió que decía la verdad.

—¿Ca-casado? —tragó fuerte—, p-pero, ¿no tienes veinte años?

—Sí —el chico se rascó la nuca, avergonzado—, en realidad, tenemos poco tiempo de que nos casamos, larga historia.

—Ah… —fue lo único que dijo.

¿Por qué se sentía tan decepcionada?

Sabía la respuesta, pero no quería indagar mucho. Llevaba dos semanas trabajando con Naruto, y todo había sido genial. Él era un chico lindo, amable y tan positivo, que te lo contagiaba.

Misao nunca se había divertido tanto, como en esos últimos días. No fue difícil que el Uzumaki le gustara. Por momentos, llegó a pensar que él le coqueteaba, pero ahora que lo pensaba, se daba cuenta que todo fue amabilidad.

Reírse con alguien, contarle cosas de tu vida, o compartir una comida, no significaba nada.

—Lamento no haberte dicho antes, pero Hinata, creía que podía causarme problemas en el trabajo —suspiró.

Oh, la susodicha se llamaba Hinata.

—No te preocupes —le dio un trago a su botella de agua—. Y, cuéntame de tu esposa, eh, Hinata, ¿verdad?

Tal vez si escuchaba más de ella, se le quitaría esa incomodidad que le recorría el cuerpo.

—Sí. Ella es genial —Naruto sonrió para sí mismo, mientras un leve rubor le cubría las mejillas. Parecía un niño pequeño, hablando de una película que le gustaba mucho—. Somos amigos desde la infancia, nuestros padres se conocían desde la Universidad. Desde los ocho jugábamos juntos. Siempre pensé que era una niña muy bonita, pero callada —el recordar a la pequeña Hinata de cabello negro, y ojos asustadizos, le dio ternura—. Crecimos, y cuando teníamos doce, dejamos de vernos, por problemas —se encogió de hombros—, y después pasaron tres años, y no supimos nada del otro. Pero entonces, quedamos en la misma escuela, pero ya no hablábamos, Hinata creía que la odiaba, y yo pensé que ella me odiaba a mí, todo era un malentendido. Al final, arreglamos todo, y nos hicimos amigos.

Misao escuchaba atentamente.

—Parece una historia de telenovela.

—Tienes razón —sonrió—. Cuando cumplimos dieciséis, nos hicimos novios, y desde ahí, estamos juntos. Ha sido un largo, largo, tiempo.

Era como se sueño, pensaba la muchacha. La historia de amor que cualquier chica desearía.

—¿Y cómo es ella? ¿Algún día la traerás? —preguntó curiosa. Quería conocer a la persona que Naruto amaba.

—Es demasiado buena, de veras —la Kurosawa arqueó una ceja ante estas palabras, divertida—, no te miento. La gente le toma el pelo fácilmente, y su apariencia no le ayuda. Pero, siempre es sincera —su mirada se opacó—. Sabes, Hinata siempre me quiso, y yo tardé mucho en darme cuenta. Hasta ahora, nunca me he arrepentido de todas las decisiones que he tomado por estar a su lado, y no lo haré, estar con ella ha sido lo más genial que me ha pasado. Se quedó junto a mí, cuando nadie más lo hizo —entonces, el recuerdo de la muerte de su abuelo lo llenó de golpe.

Hinata había estado ahí, a su lado, con un paraguas, abrazándolo, y dándole apoyo. Esa era una de las cosas por las cuales siempre le estaría agradecido. Naruto entendió mucho tiempo después, que ella estuvo horas oculta, esperando el momento adecuado para acercársele, y darle el pésame.

Ante esas palabras, Misao sonrió dulcemente. Los ojos del rubio brillaban más, cuando hablaba de esa chica.

—¡Necesito conocerla! Debes traerla pronto, y presentársela a mis abuelos, ¿de acuerdo?

Naruto asintió.

—¿Debería?

—Claro —la castaña sonrió—. Bien, deberías comer tu bentō. Iré a comprar algo al seven, ¿sí?

—Bien.

Justo antes de salir, Naruto la llamó.

—Hey.

—¿Sí? —volteó a verlo.

—Ese peinado te queda bien —el rubio alzó el pulgar.

Fue lo único que la chica necesitó para ruborizarse, y sin saber muy bien cómo reaccionar, salió corriendo.

Una vez que fuera del hotel, se llevó una mano a su cabello, y se quedó pensando. Su peinado consistía en una simple coleta, con los rizos cayendo suavemente sobre su espalda.

Tal vez lucía diferente, porque casi siempre traía el pelo suelto.

Se tocó suavemente las mejillas, y éstas aún se sentían calientes. Frustrada, suspiró.

—Despierta, Misao, eso no puede ser —se dijo a sí misma.

Y una vez que se tranquilizó, caminó hacia la tienda, en busca de algo de comer.


Hinata intentó leer, pero al ver que estaba en el mismo párrafo desde hacía media hora, cerró el libro.

¿Cómo era posible que estuviera tan aburrida? Los días eran tan monótonos. Esas últimas dos semanas en las que Naruto trabajaba, y ella se quedaba en casa, eran larguísimas.

Aunque nunca se quejaría.

Tejió, bordó, cocinó, limpió la casa, salió a caminar, puso masetas en las ventanas del apartamento, en fin, realizó todo aquello que podía distraerla, pero simplemente, le sobraba tiempo.

Observó el reloj que estaba en la pared, apenas eran las cuatro de la tarde, su esposo llegaba a las nueve, quedaban cinco largas horas, ¿qué iba a hacer?

Entonces, recordó algo importante.

Dos días antes, mientras daba un recorrido por el barrio, se había topado con una pastelería que solicitaba ayudante de repostería. No es como realmente necesitaba trabajar, tenía bien guardado el dinero que Kiba le había dado por la venta del collar (cosa que aún no le decía a Naruto).

Sin contar que el Uzumaki recibía un buen sueldo semanal. Así que últimamente no estaban tan quebrados como al principio.

Pero, ¿sería malo un dinero extra? Hinata adoraba cocinar, era probablemente lo que mejor hacía, aparte de estudiar. Pero disfrutaba tanto el preparar comidas, probar ingredientes, mejorar los platillos.

Y no es que quisiera sonar egocéntrica, pero los postres era lo que mejor le salía.

Decidida, tomó su bolso de la mesa, se puso sus zapatos, y salió del departamento, directamente a la pastelería. Conseguiría ese trabajo.

Porque para avanzar, necesitaba dar ella el primer paso.


Esa era la situación más rara que había atravesado en su vida, si le preguntaban a Sasuke.

Ni en mil años se imaginó estar sentado frente a Hanabi Hyūga, quien lo miraba fríamente. Por dios, esa niña sólo tenía quince años, pero lucía y actuaba como un adulto.

Daba escalofríos.

No es que la Hyūga y él tuvieran una relación cercana, o algo así, de hecho, era todo lo contrario. Eran contadas las veces que la había visto, casi siempre a las sombras de su padre, y su hermana.

Pero, tres meses atrás, mientras visitaba la empresa de Hiashi, por un encargo de Fugaku, se la topó.

Lucía exactamente como él cuando era joven: centrada, inteligente y con esa mirada llena de resentimiento. Sasuke no era amable, no brindaba la mano como Sakura o Naruto lo hacían, se consideraba una persona que sabía manejar a los demás para que las cosas salieran como le convenían, y al ver a Hanabi, se vio a sí mismo.

Por eso, en aquel momento, le dio una tarjeta para que lo contactara si era necesario. Como una corazonada extraña.

Y la otra razón, tal vez la más noble, y aunque no lo admitiría, fue que lo hizo para ayudar a Hinata Hyūga, con quien simpatizaba bastante. Antes de casarse, Naruto, entrado en copas, le contó que su prometida estaba dispuesta a huir con él, pero su único arrepentimiento, era que iba a dejar a su hermana sola.

Sasuke lo había escuchado en silencio, como siempre. Pero aquellas palabras se grabaron en su mente, porque sabía lo que significaba tener un hermano mayor que un día a otro desaparecía. Itachi lo había hecho, incapaz de seguir el camino de corrupción y sangre, que su padre, Fugaku, un político adinerado, había labrado.

No es como que las personas eligieran a sus familias, y el Uchiha lo entendía. Siempre fue el segundo heredero, quien vivía tranquilamente, ya que las esperanzas de sus padres siempre fueron puestas en Itachi, pero cuando éste desertó, negándose a entrar en ese mundo tan sucio, todas las expectativas cayeron en él. De ahí, todo empeoró.

A dos años de graduarse en leyes, e inmiscuirse en la política, tal como todos esperaban, la vida ya no lo podía sorprender. Pero entonces, Naruto y Hinata, le mostraron lo contrario, que las cosas pueden seguir un rumbo diferente.

El destino no está forjado sobre hierro, todo puede cambiar de acuerdo a las decisiones que uno toma.

Siempre había admirado eso del idiota de su mejor amigo, esa habilidad que tenía para salir adelante, avanzar, sin mirar dos veces atrás, una cualidad de la que Sasuke carecía. Sin embargo, para eso estaba Sakura a su lado, para darle la mano cuando todo era muy oscuro.

Estaba agradecido, aunque no se los diría.

—¿Por qué me llamaste? —preguntó tosco. Hanabi arqueó una ceja.

—Sasuke-san fue quien me dijo que lo llamara si necesitaba algo.

—Bueno, en ese caso, ¿cuál es la urgencia?

La chica frunció el ceño, ¿qué pensaba cuando buscó la ayuda de ese tipo? No entendía por qué todas las mujeres se volvían locas ante su presencia, ¿tal vez porque era hijo del senador Fugaku?

Hanabi conocía de antemano la relación laboral de años entre los Hyūga y los Uchiha, compartían varios negocios, además de que Fugaku y Hiashi eran amigos de años.

¿Estaba bien confiar en Sasuke? Tardó mucho en tomar la decisión de llamarlo, porque no lo conocía bien, aunque por otra parte, su hermana siempre decía que era buena persona.

Soltó un suspiro.

—Si acudo a ti, es porque eres mi última opción —le tendió su celular, con la fotografía a la carta de su madre, que había tomado en el despacho de Hiashi.

Sasuke tomó el teléfono sin entender.

—¿Y esto qué? —frunció el ceño—. Explícate, niña.

Hanabi chasqueó la lengua.

—Necesito encontrar a Kushina Uzumaki —tomó su teléfono de vuelta.

—¿Y crees que yo te lo diré? —río sarcástico—. Ves todo con demasiada inocencia.

—No, sé que me lo dirás, si sabes lo que te conviene.

La miró sin entender.

—¿A qué te refieres?

—Sasuke-san juega a dos bandos. Aunque trates de ocultarlo —se acomodó tranquilamente un mechón de cabello, detrás de la oreja—. Tu relación con Sakura, la amistad con Naruto, el hecho que conoces el paradero de mi hermana, todo eso lo sé, aunque creo que tu padre no, ¿verdad?

No obtuvo una respuesta. Hanabi continuó:

—No es una amenaza. Supongo que estás de lado de Naruto, ¿no? Así como yo del de mi hermana.

—Ve al punto —Sasuke frunció el ceño, esa niña le estaba colmando la paciencia.

—Creo que mi padre está planeando algo en contra de los Uzumaki, y quiere lastimar a mi hermana, hace días lo escuché hablando con una persona en su oficina, y les pidió que dieran con su paradero. A decir verdad, lo que le pase a Naruto no me importa, pero onee-sama también está en peligro, necesito impedir que eso ocurra —tomó una bocanada de aire—. Aún si les avisamos, y huyen, mi padre los va a encontrar.

El pelinegro se cruzó de brazos, mientras analizaba las palabras de la chica, quien lucía bastante sincera.

¿Cuál era el propósito de Hiashi Hyūga para hacer un movimiento ahora? Pudo evitar la boda de su hija, o encontrarla antes, ¿por qué hacerlo tres meses después?

—¿Qué tiene qué ver Kushina en esto? En ese caso, deberías de hablar con Minato, sería el más adecuado.

—No —Hanabi lo interrumpió—. Es lo que trato de decirte, creo que mi madre tuvo algo que ver con todo lo que está pasando.

—Tiene sentido, si lo pones así. No sé si lo sepas, pero mis padres, los de Naruto, y los tuyos, eran muy buenos amigos en la Universidad. Estamos más conectados de lo que crees, niña —recordó la foto que su madre guardó durante muchos años en un cajón, junto con Hana y Kushina.

La castaña levantó la mirada, sorprendida. Eso no lo sabía.

—Entonces, ¿podría hablar con tu padre? —preguntó, ansiosa.

Sasuke negó rápidamente.

—Él está del lado de Hiashi. Y mi madre, aunque estuviera viva, no creo que te ayudaría mucho, dejó de ver a tu mamá, después de casarse.

Todo era un maldito embrollo.

Mikoto, Hana, Kushina, Hiashi, Fugaku, Minato, todos fueron buenos amigos, compartieron grandes cosas juntos, y al final, cada uno tomó un camino diferente. Algunos vivían, pero míseramente, otros estaban muertos, con secretos que se llevaron a la tumba, así como los que tenían riqueza, y los que perdieron todo.

Parecía una cadena interminable de odio y rencor, que los arrastraba a ellos, sus hijos. Si sus padres hubieran tomado las decisiones adecuadas, tal vez todo sería diferente.

—Definitivamente tengo qué ver a Kushina, ¿me ayudarás? —se mordió los labios—. Eres mi última esperanza, Sasuke-san.

—¿Sabes lo que estás a punto de hacer?

Hanabi asintió.

—Es necesario, creo que ella sabe algo de mi madre, que nadie más. Y si puedo descubrir qué es, tal vez pueda ayudar a mi hermana.

Sasuke no respondió, en cambio, le pidió una pluma a la Hyūga. Entonces, agarró una servilleta de la mesa, y anotó la dirección de los Uzumaki.

Sabía que de alguna manera estaba traicionando a Naruto y Sakura, pero sinceramente, tenía mucha curiosidad de ver cómo acabaría todo eso.

El mundo siempre seguiría dando vueltas, arrastrado a todos con él.

—Gracias —tomó la servilleta—. Prometo no decir que estás relacionado con Sakura.

El Uchiha río cínicamente.

—Eso no me da miedo —se cruzó de brazos—. Probablemente estás más en problemas tú que yo, ¿qué dirá Hiashi cuando sepa que su querida hija lo está traicionando?

Hanabi lo miró fríamente.

—¿De verdad crees que él tiene derecho de exigirme algo? —se puso de pie, lista para irse—. El rumbo de mi vida, lo elijo yo.

Y sin decir más, hizo una reverencia, y se fue, dejando a un Sasuke lleno de curiosidad.

—Quiero ver cómo lidiarás con esto, Naruto —dijo, pensativo, mientras le daba un sorbo a su taza de café.


—Puedes empezar desde mañana, Uzumaki-san.

Hinata abrió los ojos sorprendida, sin poder creérselo.

—¿D-de verdad? —las manos le sudaban.

—Sí —la dueña le sonrió ampliamente—. Se ve que tienes muchas ganas de trabajar, y el pastel que hiciste, tiene muy buen sabor. Espero que nos llevemos bien.

Había ido a la pastelería, para ver lo de la solicitud de trabajo. A pesar de que cumplía con todos los requisitos, decidieron ponerla a prueba, por lo que le pidieron que hiciera un postre. Hinata, nerviosa, había hecho un simple pastel de chocolate, cubierto de almendras.

No esperaba que les fascinara.

—Gracias, Koizumi-san —hizo una reverencia—. Me quedo a su cuidado.

La mujer de cabello negro, que tenía alrededor de unos cincuenta años, asintió.

—No te preocupes, entonces, ¿te veo aquí mañana?

—Por supuesto.

Hablaron un poco más, sobre los horarios, y la paga.

Hinata no esperaba un gran sueldo, porque, ¿qué más podía pedir? Iba a trabajar en lo que le gustaba, y además, podía ayudar a Naruto con un poco de dinero extra a la casa.

Observó a su alrededor, el local era pequeño, por fuera, con grandes letras, se leía el nombre del lugar, y en el aparador se mostraban deliciosos pasteles. Cuando entrabas, había un fuerte olor a azúcar. Todo estaba pintado en un suave rosa pastel, que iba a de acuerdo con la temática de la pastelería.

No podía dejar de sentirse feliz.

Una vez que se despidió de la dueña, caminó tranquilamente hacia su casa. Eran alrededor de las seis, y el sol ya empezaba a esconderse.

Pensó mucho en su vida, en cómo en los últimos tres meses todo había cambiado. La antigua Hinata estaba desapareciendo, siendo sustituida por su nuevo yo, quien se sentía libre y en paz.

Nunca hubiera tenido la oportunidad de caminar así, sola, por la ciudad. De elegir lo que quería, porque siempre terminaba haciendo lo que los demás esperaban. Siempre escuchó que las personas odiaban la adultez, porque estaban llenos de responsabilidades, y no tenían tiempo libre, ¿cómo podían siquiera pensar eso? A diferencia de cuando era una Hyūga, ahora tenía más libertad, no creía que vivir como un adulto fuera algo malo.

Además, estaba consciente de que todo eso se lo debía a Naruto.

Por eso lo amaba.

Caminaba distraída, cuando su teléfono empezó a sonar, interrumpiendo sus pensamientos.

Cuando observó la pantalla del celular, notó que era un número desconocido, así que dudó en contestar, sin embargo, de último minuto, se decidió por atender la llamada.

—¿Bueno?

Pasaron alrededor de quince segundos, y nadie le contestó. Tal vez se habían equivocado de número.

Iba a colgar, cuando al escuchar una voz conocida, se detuvo.

—Tanto tiempo, hija —le habló Hiashi, al otro lado del teléfono.

Hinata sintió que se congelaba.

No era posible. Se lo repetía una y otra vez. Con manos temblorosas colgó la llamada, y de lo nerviosa que estaba, su celular se le cayó, estrellándosele la pantalla al chocar contra el suelo.

Pero ella no se movía, sentía como la sangre se le iba a los pies, y el corazón latía apresurado.

¿Por qué su padre tenía su número de teléfono? Ella lo había cambiado justo antes de escapar de su casa, para que no pudiera encontrarla.

Los recuerdos de su infancia la invadieron, el sentimiento de sentirse una basura, el ser usada, el sufrimiento, presión y lágrimas. Todo se repetía una y otra vez en su cabeza.

Estaba ahí, a media calle, en shock, la gente que pasaba la miraba con preocupación.

—¿Está bien señorita? —se acercó un joven.

La pelinegra asintió, cubierta de lágrimas.

—S-sí —susurró.

Entonces, tomó su teléfono del suelo, y salió corriendo, rumbo a su casa.

Sabía lo que significaba esa llamada, no era tan tonta. Si Hiashi se había atrevido a hablarle, no fue para saludarla, si no para advertirla, porque si ya tenía su número telefónico, no tardaría en encontrarla.

Necesitaba hallar una solución pronto, por lo menos antes de que su padre hiciera su movimiento. Primero, era advertir a Naruto, y juntos, pensar en algo. Porque no podían huir, y dejar lo poco que estaban construyendo atrás.

Aturdida, e incapaz de seguir caminando, se sentó en una banca, y se puso a llorar.

¿Por qué era incapaz de ser feliz?


Se le estrujaba el corazón al ver a su esposa en esas condiciones.

Dejó la bandeja de comida sobre el peinador, mientras se acercaba a la mujer, quien tenía la mirada perdida.

—¿Cuánto tiempo vas a seguir así? —preguntó, sentándose a su lado.

Kushina no se movió ni un poco.

—No lo entiendes. Nadie lo entiende.

—Trato, Kushina, estoy tratando de entenderte.

No hubo respuesta.

—Sé que todos estos años has vivido atormentada, pero ya no sé cómo ayudarte —suspiró, cansado de toda la situación.—. ¿De qué te va a servir vivir culpándote? Hana no va a volver, ni Naruto tampoco. El hecho que te encontraras a Nao, no cambia nada.

Finalmente, ella volteó a verlo, con los ojos hinchados gracias a las lágrimas que derramó desde el día que se encontró con Nao.

—¡Cállate, Minato! ¡No sabes lo que dices! —lo tomó de los hombros, con desesperación—. Pude ver en los ojos de Nao, que está viviendo el mismo infierno que yo, ¿sabes lo que eso significa? ¿Lo entiendes? Incluso le dije que se alejara de aquí, porque si él lo encontraba, se desataría el infierno, pero sólo me dijo que no pasaba nada, que estaba esperando su castigo.

Minato negó rápidamente.

—Tú eres la que no sabe lo que dice. ¿Cuál fue tu pecado, Kushina? ¿Apoyar a la persona que querías? Todo esto que está pasando, sólo es consecuencia de las acciones que Hana tomó en su vida, no tú.

—Yo la apoyé, no la detuve.

—Ya era un adulto, sabía lo que hacía.

—Era mi amiga Minato, estuvimos juntas desde que éramos unos bebés. Cuando murieron mis padres, su mamá fue quien me acogió. Hana y yo crecimos como hermanas, ¿cómo me dices que no fue mi culpa? Debí hacerla cambiar de opinión, era mi deber.

El hombre la miró con pena, mientras la tomaba de las manos.

—Independientemente si la detuviste o no, todo lo que hiciste fue de buena fe. Lo que pasó fue una desgracia, Kushina, nadie se lo esperaba.

Ella negó.

—El cielo ya nos está rindiendo cuentas, Hana pagó con su vida. ¿Cómo nos castigarán a Nao y a mí? Yo sólo espero, que ni a ti, ni a Naruto les pase algo. Si yo debo implorar por perdón, lo haré.

—Deja eso ya —dijo Minato—. Si realmente quieres pedir perdón, deberías empezar por Hinata, esa niña a quien tanto despreciaste, y su único error, fue enamorarse del atolondrado de nuestro hijo.

No respondió inmediatamente, mientras procesaba las palabras de su marido. Era cierto, esa chica, nunca le hizo nada realmente, su odio hacia ella, era una proyección del terror que le tenía a Hiashi, y el remordimiento por la muerte de Hana.

—Lo sé —afirmó—. Sé que no debí decirle todas esas cosas, tampoco debí alejar a Naruto así. Debí apoyarlos… lo sé, ¿pero qué querías que hiciera? Aún recuerdo lo que pasó hace cuatro años, cuando nuestro hijo se presentó tomado de la mano de esa chica, diciendo que eran novios, no terminaba de entenderlo, pero lo acepté, en ese entonces pensaba que romperían pronto, después de todo eran muy diferentes. ¿Cómo diablos iba a saber yo que seguirían juntos por tantos años, y además se casarían?

Minato sonrió.

—Yo siempre lo supe.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué lo dices?!

—Bueno, cuando íbamos a casa de Hiashi, ella se escondía detrás de Hana, y todo el tiempo observaba a Naruto —río con nostalgia—. Era bastante obvio que le interesaba, pero a esa edad los niños no piensan en esas cosas. Sé que tú preferías a Sakura, pero ya ves, el mundo da vueltas.

—Sakura-chan siempre ha sido buena chica, y conoce a Naruto desde que estaban en el jardín de niños.

—Pues ya ves —dijo el rubio—, las cosas no siempre terminan como uno cree.

—Está bien —Kushina lo abrazó—, haré lo que dices, y trataré de no pensar más en lo de Hana. Cuando llegue el momento, hablaré con Naruto y le pediré perdón.

El hombre le correspondió el abrazo, mientras sonreía complacido, su esposa, esa pelirroja de carácter voluble, tenía un buen corazón, aunque la gente pensara lo contrario.

—Está bien.


A veces, cuando estaba en la oscuridad de su recámara, y dejaba las preocupaciones a un lado, recordaba el pasado.

Ese tiempo en que tenía una familia: su esposa, e hijas. Sin embargo, ahora, ya no quedaba nada.

Hana estaba muerta, Hinata había huído, y Hanabi le temía.

Soltó una risa irónica. ¿En qué momento las cosas se tornaron tan turbias? Hiashi sabía que para los demás, era el villano del cuento.

Pero no. En realidad, sólo estaba cobrando cuentas pendientes.

Abrió el cajón de la mesita de noche, y tomó un viejo cuaderno de pasta de cuero, algo gastado. Ahí se encontraba toda la verdad, aquello que tanto dolor de cabeza le había causado.

Era un recordatorio constante de cómo fue utilizado y traicionado.

Hojeó el diario, y se detuvo como a la mitad, se topó con un texto, que, ocho años antes, cuando lo leyó por primera vez, le había afectado mucho. Ahora que lo releía, no causaba ningún sentimiento en él.

«13 de febrero del 2004.

Hoy observé a mis pequeñas, y no puedo dejar de pensar en lo diferentes que son. Hinata, es mi viva imagen, ya tiene nueve años, siempre está callada… no he logrado que hable mucho, y cuando lo hace, tartamudea, me pregunto qué le asusta.

En cambio, Hanabi, se parece a su padre, aunque todavía es muy pequeña, lo puedo ver: la mirada orgullosa, y mucha seguridad en sí misma. Creo que está destinada a cosas grandes, y, a decir verdad, eso me asusta.

Las dos son como agua y aceite. Me pregunto, ¿se llevarán bien en el futuro?

Hiashi no deja de decirme que Hinata será la heredera de todo el Grupo Hyūga, que nació siendo muy inteligente, por lo cual le será fácil aprender. Yo me mantengo callada cuando escucho esas palabras provenientes de mi esposo, porque, ¿realmente eso es lo que quiero para mi hija? Cuando la observo sentada en el jardín, estudiando, siento pena, y me entran ganas de llorar. Las niñas deberían jugar a las muñecas, correr por ahí, sin embargo, mi pequeña está perdiendo su niñez.

Una vez le pregunté si era feliz, y ella me respondió que mientras su padre estuviera contento, todo estaba bien.

Lo he pensado mucho últimamente, ¿por qué debo vivir bajo el yugo de un montón de reglas que nunca he aprobado? ¿Por qué una de mis hijas debe pagar las consecuencias? Me he mantenido al margen todos estos años, he apoyado a Hiashi-san hasta el cansancio, pero… ya no puedo más, no quiero que Hinata siga mi camino de sumisión.

La idea de llevármela lejos de aquí, ronda por mi cabeza. Ella no está destinada a ser la heredera de esa familia, no va a poder. Y lo sé, porque es mi hija, mi sangre, es mi reflejo, es lo mismo que yo viví.

Sólo me falta el valor.

Si tomo a Hinata, ¿qué será de Hanabi? Creo que si la llevo conmigo, no será feliz. Ella está más adaptada para vivir en un ambiente como este, y sé que Hiashi-san la quiere, siempre la consiente y le da todo lo que pide. Me da gusto que por lo menos una de mis hijas viva feliz… aunque apenas tiene cuatro años, sé que no le faltará nada.

Al final, no me atrevo a actuar, sólo son un montón de pensamientos tontos que me rondan por la cabeza.

Nunca tendré el valor de llevarme a Hinata, y dejar a Hanabi, porque si yo hiciera eso, ¿qué clase de madre sería? ¿Quién me asegura que si me llevo a la mayor, la más pequeña no tendrá que tomar su lugar?

Si tan solo mi esposo fuera diferente y no quisiera imponer sus tontas reglas.

Mis hijas y yo estamos atrapadas en esta gran casa, como aves enjauladas, incapaces de poder emprender el vuelo.

¿Algún día eso cambiará?

Hana H. »

Cerró el diario de golpe, sintiendo el mismo amargo sabor de boca de siempre.

Hana Hyūga fue su perdición.

Cuando la vio por primera vez en la Universidad, sonriente y amable, no pudo evitar quedar encantado, a pesar de que era cuatro años menor que él.

A veces, sólo a veces, extrañaba aquellas épocas. Minato, Fugaku y él, solían pasar el tiempo haciendo tonterías, como los buenos amigos que eran, después, llegó Kushina, Hana y Mikoto. La vida les sonreía, mientras el tiempo pasaba lento y ameno.

Ahora, no quedaba rastro de eso.

Cada uno de ellos se fue corrompiendo, al final, la traición y mentiras se instalaron como anclas.

Ya ni siquiera podía considerar a Fugaku, como su amigo. El senador sólo estaba a su lado porque le convenía, pero no era nada raro, así eran los Uchihas, aprovechaban cualquier oportunidad.

En algún momento, todos soñaron con un futuro alegre, lleno de risas, y satisfacción, ahora no quedaba nada. Tanto Hana, como Mikoto, estaban muertas, mientras que Kushina y Minato eran un par de cobardes.

Sonrió con amargura.

Hana no estaba tan equivocada, Hanabi era idéntica a él, mientras que Hinata lucía a ella, igual de débil y perdedora.

Se lo había demostrado ese día, cuando le habló por teléfono, sabía que le tenía miedo, y estaba dispuesto a utilizar eso en su favor. Iba a traer a su hija de vuelta, y le iba a enseñar que nadie debía darle la espalda a su familia.

Se recostó en la gran cama, dispuesto a dormir, mientras, en lo recóndito de su memoria, se repetían una y otra vez las falsas palabras de aquella que fue su esposa.


Hola, ¿qué tal?

Les debo confesar que escribir este capítulo, fue una odisea. Quería poner más situaciones entre los personajes, pero creo que se iba a saturar por los cambios de escena.

Nunca pensé que usaría a tantos personajes, creo que eso se me salió un poco de las manos. El asunto de Hana, nació después de que publiqué el fanfic, como en el tercer capítulo, cuando estaba planteándome qué iba a hacer con la historia, porque tenía buen recibimiento. Originalmente la historia iba a estar centrada más en el día a día de Naruto y Hinata, pero ya ven, las ideas e inspiración cambian constante. La verdad detrás de la mamá de Hinata está cerca, por eso el capítulo se llama "aproximación". La que quiere descubrir todo, es Hanabi. Por otra parte, como se dieron cuenta, el diario lo tiene Hiashi.

Me dio gusto leer sus teorías locas sobre lo de Hana, algunas medio acertaron, y otras fueron muy originales. Siento que en este capítulo dejé más pistas sobre lo qué paso, me gustaría escuchar sus nuevas opiniones.

¿Alguien en algún momento llegó a pensar que Sasuke y Hanabi llegarían a interactuar? Jajajaja, fue súper raro imaginarme la escena. Pero como expliqué en el capítulo, lo hizo porque Hanabi le recuerda a él mismo, y también como favor hacia Hinata, porque le cae bien, y sabía que a ésta le dolía irse sin su hermana.

Sasuke es alguien muy abstracto para mí, porque aquí juega dos personalidades: el chico frío y calculador, destinado a la política, como su padre. Y alguien sereno y tranquilo, que es novio de Sakura, y mejor amigo de Naruto. ¿De qué lado se quedará?

Kushina está teniendo crisis nerviosas debido a la culpa, y su rencuentro con Nao empeoró todo. También ya se dio cuenta que ha estado actuando mal, y que lo peor que pudo haber hecho fue darle la espalda a Naruto.

Bueno, no quiero alargar más la nota de autor, sólo quería decirles que finalmente nos estamos acercando al verdadero drama de la historia, intentaré acelerar un poquito más las cosas.

Les invito a darle like a mi página de facebook, me pueden buscar como Lollipoop, tengo una imagen de perfil de la silueta de Naruto y Hinata, también, les comento que tengo un nuevo fanfic en proceso llamado "La brecha en el olvido", estaría encantada si se dan una vuelta por allá.

Muchas gracias por sus reviews, favorios y follow, los aprecio un montón, son los mejores *inserte corazoncito*, les mando un fuerte abrazo, y nos leemos pronto, espero.

Lolli.

25.02.16