Crepúsculo no me pertenece, aunque me gustaría...
El día que Bella se casó
Nunca hubiera creído que el día que me casará estaría tan nerviosa e histérica, tan volada como realmente lo estaba, para mí nunca había sido nada del otro mundo. Un solo papel firmado y un vestido blanco, por lo demás que diferencia había entre el día antes y el día después. Pero había llegado el día e iba a casarme… por fin mi corazón se había estabilizado, después de tantas idas y venidas, después de tantas relaciones rotas y tantos intentos frustrados, había encontrado el amor y sería para siempre. Lo amaba con locura, él era mi puerto seguro, mi tabla de salvación; mi sonrisa, mi corazón y mi felicidad estaban donde estaba él… me sentía tan radiante y dichosa que ni siquiera la más que potencial lluvia de Forks me preocupaba lo más mínimo. Para sorpresa y alegría mía aquel día no llovería, lo habían dicho los hombres del tiempo, y ellos nunca mienten. Además para asegurarnos Alice lo había comprobado hasta en cinco paginas de Internet y en otras tantas cadenas televisivas. Todas aseguraban que no iba a llover: día soleado, con nubes y claros, posibles chubascos pero al finalizar el día, vamos un poco de todo. Nada relevante, me casaba a la una de la tarde, para cuando se hiciera de noche todas las actividades planeadas para el exterior ya habrían finalizado, así que nos conformaríamos con los nubles y claros…
Nadie me previno que la tormenta no llegó procedente de las condiciones meteorológicas como todos esperaban…
– Hola cariño – dijo Esme entrando en la habitación y sorprendiéndose al verme por primera vez con el vestido de novia. – supongo que no soy la primera en decirte lo guapa que estás ¿verdad? – me dijo mientras de reojo vi como sonreía a mi madre que en ese momento abandonaba la habitación y escondía una lágrima entre sus dedos. – Aún no me puedo creer que te vayas a casar. Primero Rose, ahora tú y pronto os seguirá Alice.
– Lo se yo tampoco lo creo – Le dije un poco incrédula, de verdad que nunca lo hubiera imaginado.
– Estaba buscando a Alice, – me explicó mientras miraba alrededor de la habitación.
– Acaba de salir… sonó el teléfono y salió corriendo –. le expliqué divertida, alargando mi mano para recoger la que ella me tendía.
– Bella, ahora que estamos solas…– me dijo emocionada mientras uníamos nuestras manos en un sentido apretón y me daba una de sus mejores sonrisas, aquellas que marcaban los genes de la familia y que sus hijos habían heredado y utilizaban a discreción – Quiero aprovechar para decirte que te quiero como a una hija, eres una excelente persona, una mujer maravillosa, buena, inteligente, simpática… la clase de chica que toda madre desea para su hijo… por eso se que lo vas a hacer muy feliz. Solo espero y pido que él sea capaz de hacerte al menos la mitad de feliz que tú te mereces. – añadió dándome un sentido y suave abrazo para no estropear el tocado, el conjunto y el maquillaje que con tanto esfuerzo y trabajo Alice había dejado perfectos; mientras yo tomaba aire profundamente evitando llorar.
– Gracias Esme por tus palabras, sabes que te quiero como a una madre y eso nunca cambiará entre nosotras –. Conseguí decirle a duras penas.
– Bella es Edward – gritó Alice desde la puerta ni siquiera me había dado cuenta que había regresado a la habitación.
– ¿Edward? – repetí sorprendida y un poco inquieta.
– Dice que quiere hablar contigo, que es urgente –. Explicó encogiéndose de hombros.
– Dile que… de verdad que es urgente… ¿no puede esperar?
– Dice que es urgente… que no puede esperar.
– Y no te lo puede decir a ti… pero de verdad que no puede esperar… si nos vamos a ver en… cuestión de minutos. – le dije buscando alguna señal o indicio de lo que estaba pasando en su cara. Esme miraba a su hija con la misma cara atónita que yo.
– Insiste en hablar contigo.
– Ok, dile que… que lo llamo en cinco minutos. Voy al baño por última vez y salgo. – grité mientras me dirigía al urinario, ya había ido cinco veces desde que había desayunado y dos desde que me había puesto el vestido. Estar nerviosa e ir constantemente al baño era todo uno.
– Ok, ya le digo. Bella cielo, nosotras ya nos vamos a la iglesia – exclamó desde la otra habitación saliendo como un vendaval.
– Espera, espera… – me pidió Esme cuando salí del baño apretando cariñosamente mi mano para volver a situarme a su lado – aun nos quedan dos minutos antes de que venga tu padre a buscarte y te quería dar nuestro regalo, de Carlisle y mío.
– No teníais porque, con vuestra presencia… – conseguí decirle antes de que depositara su dedo en mi boca silenciándome.
– Déjame hablar cariño, las cuatro mujeres más importantes de tu vida nos hemos dividido el trabajo – me empezó a decir con una sonrisa y la mirada perdida. – No se si te lo habrán explicado pero fue idea de Alice.
– ¿De quién si no?
– Tienes razón… ella planeó todos los detalles de tu boda y nos mangoneó a todos incluso en los regalos que te teníamos que dar. Por suerte con nosotros acertó. – añadió en una voz muy bajita como dando gracias al cielo y al demonio de su hija.
– Por orden suya es como Rose se tenía que encargar de algo azul.
– La liga – le dije riéndome mientras sensualmente subía el vestido de satén blanco y le enseñaba la pieza de lencería y encaje azul que mi amiga me había dado media hora antes.
– Es preciosa… seguro que le va a encantar – me susurró sacándome la lengua en un gesto inesperado. – Alice, iba a ser la encargada de dejarte algo prestado.
– Si, el velo – le dije mientras giraba la cabeza para que viera el recogido que Alice me había hecho utilizando un fino velo de encaje. Me había dicho que había pertenecido a su familia desde hacía generaciones y que todas las mujeres de ésta lo habían llevado el día de su boda.
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– Mi madre lo llevo el día que se caso con mi padre, y me lo regaló el día que me comprometí con Jasper – me contó la historia mientras orquilla a orquilla recogía los mechones de mi pelo en un recogido romántico. – Y ahora que es mío quiero que tú lo lleves … te quedará precioso.
– Pero Alice – le dije emocionada – yo soy Swan…
– No seas boba, tú eres como de la familia, eres mi hermana con más derechos que Emmett o Edward así que lo llevarás y punto. Ellos me tocaron en suerte, a ti te elegí en la calle.
– Supongo que recordarás mi boda, yo también lo llevé. – interrumpió Rose mientras acababa de pintarme las uñas en un tono semitransparente.
– Yo se lo presté.
– Pero…
– Pero nada… además ya está puesto. – Me dijo Alice mientras me tendía un espejo de mano para verme por detrás. – Si eres capaz de quitarlo tú sola sin dañarlo, hazlo.
– No, me encanta, es precioso y te estoy muy agradecida. – le dije antes de darle un beso a ella y a Rose justo antes de dejarlas salir por la puerta. Eran las damas de honor y tenían que llegar antes que yo al lugar de la ceremonia. Nos estábamos dando un último abrazo grupal cuando Alice salió corriendo de la habitación gritándole a su móvil que insistentemente sonaba en su bolso.
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– Si, ese velo es precioso, y te queda genial con el vestido, me trae tan buenos recuerdos – dijo Esme emocionada. El vestido me lo habían regalado mis padres y ahora entendía la frase de mi madre mientras me lo probaba cuando respondió mis agradecimientos con un llano "ya que nos había tocado lo nuevo pues… aprovechamos".
– Bueno, pues yo también tuve mi encargo. Como te dijeron antes las chicas y cómo supondrás porque es lo que falta, a mi me toco darte algo viejo. Bueno, me hubiera tocado o no, te lo iba a dar igual.
– Esme no tenías porque…
– Como que no… no me ofendas, ¡eh! – me regañó socarronamente mientras me tendía una caja de terciopelo azul oscuro.
– Pero… ¡oh dios mío…! son preciosos – ante mi había un conjunto de pendientes de oro blanco y unas perlas en un diseño clásico y elegante, a juego les acompañaba una pulsera.
– ¿Te gusta?
– Por supuesto – le dije sinceramente, mientras me los colocaba.
– Son para ti – me dijo orgullosa mientras me echaba hacia atrás un mechón del cabello.
– En serio, pero se ven muy antiguos y caros y…
– Eran de mi madre. – interrumpió tajantemente.
– Esme no puedo… seguro que Alice… ella es tu hija… deben ser para ella – balbucí impresionada.
– Bella, sabes perfectamente que este diseño no le pega para nada a mi hija. Para ella tengo reservado un conjunto de esmeraldas y oro blanco que le van mucho más que estos – me explico colocándome el cierre de la pulsera–. Y antes que me digas nada también te advierto que le regalé un conjunto de coral y oro rojo a Rose y ella lo aceptó a la primera y no se quejó nada.
– Pero yo… yo no puedo… y además Rose.
– Rose nada… ya te dije que te quiero como a una hija y te voy a tratar como a tal. Además siempre supe que este conjunto sería para ti y siempre soñé en dártelo el día de tu boda, pensé y adiviné que te quedarían perfectos. Venga, te acompaño abajo, para ayudarte con la cola en las escaleras. – se ofreció caminando hacia la puerta.
– Gracias Esme, tú si que me entiendes… – le sonreí agradecida. Me habían conmovido mucho sus palabras – Nunca me has dejado sola y te lo agradezco infinitamente. Sabes que adoro a mi madre pero tú también ocupas un lugar muy importante en mi corazón.
– Lo se cielo, lo se… yo… sabes… todo lo que te he dicho antes es verdad… así lo siento, siempre, desde que eras una pequeñaja y entrabas en casa, te he querido y tenido por hija y eso nunca, óyeme bien, nunca va a cambiar – manifestó antes de darme la espalda para de nuevo disimular sus lágrimas.
– Esme, no llores por favor –. Le murmuré abrazándola por detrás.
– Si, claro… no te preocupes… son tonterías mías. – explicó mientras se giraba y me cogía de la mano para tirar de mi.
– Hey… – le dije deteniendo su avance– ya sabes que no hay nada que no me puedas decir…
– Es una tontería.
– Esme… por favor, –rogué preocupada – prefiero que me lo digas, sino pensaré que es más grave de lo que realmente puede ser.
– Bueno… es que… se trata de Edward.
– Edward – exhalé un suspiro atragantado. – ¿Ha pasado algo con él? porque si es así lo tengo que saber, hoy no puedo… – se me había olvidado que había llamado a Alice porque quería hablar conmigo y ahora que Esme sacaba el tema me había puesto un poco más ansiosa de lo normal.
– No se está nervioso, inquieto. No, –me intentó tranquilizar– no tiene nada que ver con tu boda, se trata de unas cuestiones de trabajo que lo tienen preocupado.
– No me dijo nada – negué un poco inquieta.
– Bueno ya lo conoces sería para no preocuparte, seguro que te lo cuenta.
– Gracias Esme, de verdad que son preciosos – repetí señalando a los pendientes y haciendo sonar la pulsera a la vez, en un intentó de robarle una sonrisa – Así que soñabas con el día de mi boda.
– Si, – me reconoció – y estás tan guapa como yo había pensado. La única diferencia es que…
– Es … – la invité a continuar al ver que se mordía nerviosamente el labio.
– Es … nada, cielo… tonterías de vieja… yo siempre creí que tú y mi…
– Esme yo… – le interrumpí imaginando por su cara lo que ella quería decir pero no se atrevía. Como le iba a reconocer que durante muchos años yo también compartí ese sueño . – Me sentiría mejor si te los devolviera después de la boda – le dije refiriéndome a las joyas.
– No cielo, aunque no sea mi hijo el que te espere en el altar… estos pendientes te pertenecen.
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Intuyo que este es el capítulo que todas estábais esperando... que os ha parecido? Se confirman sospechas? Se resuelven dudas? Supongo que alguna sí, aunque todavía queda mucho por contar ;)
