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Love You: Que bueno que te gustara ^^ Es gracioso porque se supone que Cassy debería ser el del lado oscuro y resultó un tierno xD Aunque él también tiene sus demonios en esta historia ;)


El pelirrojo caminaba con seguridad por los pasillos de Sweet Amoris, ignorando las miradas de todos los alumnos, aunque no iba a negar que las miradas coquetas de las chicas no le molestaban en lo más mínimo.

—¿Quién diría que detrás de todo ese pelambre había un rostro atractivo? —Castiel escuchó como Kim fingía susurrar lo que acababa de decir. Bufó divertido. Solo se hacía una cola de caballo y todas las mujeres ya querían quietarle la ropa. A veces no entendía al género femenino.

—Sí, creo que se ve bien, digo, no está mal—Dijo Violeta sonrojándose y tartamudeando. Castiel sonrió con sorna y las miró a ambas haciendo que Kim le regresara la misma sonrisa y que Violeta se sonrojara aún más.

—¿Se les perdió algo? —interrogó sonando cortante quitándole cualquier rastro de encanto. Kim rodeó los ojos fastidiada y Violeta suspiró desilusionada para luego irse las dos por su camino.

Castiel siguió su camino con su ego creciendo mientras se acercaba a su casillero. Abrió el casillero para sacar su cuaderno de matemáticas, el cual torpemente dejó sin recordar que sería el segundo examen del día. Notó por el rabillo del ojo como Melody cargaba una montaña de libros dirigiéndose a la sala de delegados. La chica dio un mal paso y casi cae al suelo junto con todos los libros, pero fue salvada por la mano tosca de Castiel.

—Lo siento—se detuvo por completo al ver el rostro de Castiel. Las mejillas de Melody se tintaron rápidamente de rojo—Yo, este, iba a…

—No deberías cargar tantos libros, preciosa—le susurró Castiel con voz seductora haciendo que Melody abriera de más los ojos y la boca. El pelirrojo se rio por lo bajo. De haber sabido que podría controlar a las mujeres con solo apartar el pelo de su rostro, lo hubiera hecho hace años.

—Melody ¿Estás bien? —Apareció Nathaniel atrás de ella con el doble de libros. Nathaniel se paró en seco al ver a Castiel. Al principio no lo reconoció pero las ropas negras y el pelo rojo delataron su identidad. Nathaniel hizo una mueca entre extrañeza y repulsión.

—Sí, estoy bien—murmuró Melody a la par que recogía algunos libros que se cayeron al suelo. Miró a Castiel con las mejillas aún rojas—. Este, gracias—dijo para después irse junto a Nathaniel a la sala de delegados.

El de ojos grises seguía sonriendo burlonamente hasta que distinguió una larga cabellera anaranjada cerca de las escaleras. Se mordió el labio aún sonriente, especulando cómo reaccionaría Nora al ver su apuesto rostro. Con pasos seguros se dirigió hacia la pelinaranja que ordenaba su casillero.

—Buenos días, desabrida—le saludó con voz provocativa y con una sonrisa mordaz. Nora se giró a ver a quien la saludó y se encontró con Castiel. Nora abrió un poco los ojos mirando detenidamente el rostro de él: Rostro perfectamente proporcionado, cejas espesas y perfiladas, mirada felina y penetrante, y labios levemente fibrosos. Era un rostro condenadamente apuesto.

Nora, sin darse cuenta, se mordió ligeramente el labio inferior para luego fijar toda su atención en su casillero.

—Buenos días, Castiel—le devolvió el saludo sin verse ni escucharse inmutada. Castiel resopló decepcionado, esperaba una reacción más explícita.

—Que aburrida—masculló el pelirrojo pegando su espalda a los demás casilleros. Nora lo miró sin entender.

—¿Quieres repasar antes del examen de biología? —le propuso la de ojos plateados a Castiel.

—Sí, ya qué—volvió a mascullar. Nora lo volvió a mirar con curiosidad y empezando a entender. La pelinaranja sonrió un poco y miró a Castiel.

—¿Sabes? —llamó la atención del pelirrojo— No te ves mal con el pelo recogido. Deberías usarlo más a menudo —Castiel le miró asombrado de que le haya hecho aquel cumplido.

—Sabía que no te resistirías—expresó Castiel egocéntricamente. Nora rodeó los ojos sacando un par de libros de biología y empezando a caminar hacia el pie de la escalera donde se sentó.

Castiel la siguió y se sentó a su lado para repasar antes del examen parcial. Nora le hacía varias preguntas a Castiel sobre todo lo que abarcaba biología y este le respondía correctamente. Ambos estaban en armonía hasta que escucharon el sonido que hacen los zapatos de tacón alto. Miraron hacia arriba y se encontraron con Amber y sus amigas que observaban a Castiel con la boca abierta.

Amber sonrió coqueta y en un rápido movimiento quitó a Nora de su puesto para colocarse ella misma al lado de Castiel.

—Hola Castiel—le sonrió con dulzura para después tocar el hombro de él—. Nunca te había visto con el pelo recogido—acarició la nuca de él, rozándole un poco el cabello—. Te queda muy bien—se mordió el labio juguetona y mirando los ojos grises de Castiel que la miraban con aversión.

—Disculpa—habló Nora tranquilamente—, pero Castiel y yo estábamos repasando y sería un gran gesto de tu parte el que nos dejaras a solas—Amber miró a Nora con fastidio.

—¿Por qué mejor no te vas tragar tus libros a otra parte, Nora la desabrida? —le espetó ponzoñosamente a la vez que se acercaba más al pelirrojo.

—Ya para, Amber—dijo Castiel quitándosela de encima causando que la rubia lo viera estupefacta.

—Castiel, ya estoy enterada de que esta—miró con desprecio a Nora—, es tu tutora, pero eso no quiere decir que debes estar todo el rato con ella—Castiel empezaba a enojarse—. Se te podría pegar lo insípido y sin gracia —Amber y sus amigas rieron. El pelirrojo la miró iracundo.

—Pues será mejor que me aleje de ti para que no se me pegue lo presumido y estúpido—los ojos de Amber se abrieron de más ¿Desde cuándo él defendía a aquella frívola?

—Castiel—Nora captó la atención de las cuatro personas—. El examen será dentro de unos minutos—los cuatro la miraron estupefactos sin entender que tenía que ver el examen con la conversación que se daba en esos momentos—. No deberías perder tu tiempo con…— miró a Amber con repulsión— Esta—Castiel sonrió emprendiendo el camino junto a Nora, dejando a Amber dolida y enojada. Nora la desabrida no sabía con quien se metía, pensó Amber.

Nora se mantenía serena y calmada, pero las ganas de hacerle ver su suerte a Amber eran inmensas. Esa niñita hueca y presumida se creía mejor que ella. La primera vez que la vio, Amber estaba caminando por los pasillos con Li y Charlotte, sus inseparables amigas, la tipa se le acercó con amenaza a querer quitarle el dinero de su almuerzo. Nora la miró con tal frialdad que estas se sintieron vacilar entre sí quitarle su dinero o seguir su camino. Inevitablemente, la rubia quiso hacerle notar a la pelinaranja quien mandaba en aquel instituto, ofendiéndola por su forma de vestir y por no contestar a ningunas de sus ofensas, como si Nora fuera una cobarde. Sin embargo, Nora supo ponerla en su lugar haciéndola quedar como la niñata presumida, hueca y petulante que era.

Después de aquella confrontación, Amber se había dado a la tarea de hacerle la vida imposible a Nora en el instituto, pero Nora siempre supo mantenerse firme y nunca se desmoronó en lágrimas de humillación como tanto quería la rubia.

—¿Qué tanto piensas? —interrogó Castiel a la pelinaranja sacándola de sus pensamientos. Nora notó como la maestra de biología se acercaba al salón de clases.

—Será mejor que vayan entrando, chicos—les habló la maestra sosteniendo una carpeta llena de papeles, los exámenes—. El examen va a empezar—dijo para luego entrar al salón de clases.

—Demonios, estos profesores no te dan un respiro—murmuró Castiel con fastidio aunque en realidad ocultaba su nerviosismo. Si bien eran los parciales, muy bien sabía que tenía que sacar una nota excelente o la Directora lo terminaría sacando del instituto, y por ende, se quedaría sin compensación económica por la orden del juez.

No se dio cuenta de que su nerviosismo era demasiado obvio, hasta que se sobresaltó al sentir una suave mano sobre la suya que sostenían unos libros de biología.

—No debes de preocuparte, Castiel—le habló con voz tranquila la pelinaranja.

Castiel ni siquiera hizo caso a lo que ella le había dicho, solo se concentraba en aquel tacto suave y frío sobre su mano. Parecía que el aire a su alrededor no era suficiente. Aquel gesto le había robado el aliento, había precipitado su corazón a golpear contra su pecho con fuerza.

Nora se veía sosegada cuando la realidad era que se sentía desfallecer al sentir su mano cálida y áspera bajo la suya. No entendía el porqué había hecho aquel movimiento, pero una parte muy escondida de ella no se arrepentía.

Ambos se miraron directamente a los ojos, estudiando con detenimiento las intenciones del otro, intentando saber lo que el otro pensaba o lo que el otro sentía.

Castiel se fue acercando más y más hacia el rostro de Nora, tal y como había hecho aquella noche en el mirador, sintiéndose fuertemente atraído hacia su boca.

—Lamento interrumpirlos—se disculpó Lysandro haciendo que Castiel se separa rápidamente de Nora—, pero la maestra Lombard me mandó a buscarlos. El examen está por empezar—Nora caminó hacia el salón sin siquiera mirar a Castiel.

El pelirrojo resopló con fastidio. Otra vez la había intentado besar y otra vez los interrumpía. Castiel no sabía que era peor, si el haber querido besarla sin razón aparente, o que los hayan interrumpido nuevamente.

—Deberías optar por un lugar más discreto para la próxima vez—dijo el albino. Castiel lo miró confundido—, así nadie los podrá interrumpir—Castiel se sonrojó de inmediato.

—Últimamente hablas muchas estupideces, Lysandro—dijo a la par que entraba al salón de clases. Pasó por el lado de Nora quien le respondía algunas dudas a Alexy y se sentó en su habitual silla al final del salón de clases.

—Muy bien, chicos—llamó la atención la maestra Lombard—. Solo quiero ver un lápiz sobre su escritorio—decía mientras pasaba los exámenes a los que estaban al frente para que ellos los pasaran a los de atrás sucesivamente—. Y no se quieran pasar de listos. Todos los exámenes son diferentes—la mayoría se quejó provocando que la mujer de pelos cobrizos sonriera con superioridad—.Si ya todos tienen su examen pueden empezar—Todos los alumnos empezaron a completar, bueno, algunos solo suspiraban dándose cuenta de que no lo lograrían pasar, sin embargo Castiel no fue uno de ellos. Lo que antes para él parecía un examen escrito en chino, incluso en lenguaje de otro planeta, cobraba sentido en esos momentos. Conocía todo lo que leía, sabía casi todas las respuestas.

Después del examen las clases se retomaron y dieron más tarde paso al receso. Castiel se levantó de su asiento para dirigirse hacia Nora pero esta estaba acompañada de los delegados. El pelirrojo se paró cerca de ellos mirando la escena frente a él. Los tres armonizaban tan bien entre sí, vestidos con pulcritud y hablando con educación. Ella se veía bien al lado de un tipo como el delegado, no de un tipo como él, pensó amargamente el pelirrojo.

—¿Qué nos miras? —le inquirió Nathaniel a Castiel que se encontraba a menos de un metro observando al trío.

—Solo vine a pedirle a Nora que me ayude a repasar matemáticas—dijo con voz tranquila.

—Pues tendrás que pedir ayuda a otra persona—le sonrió con fingida amabilidad el rubio. Castiel lo miró seriamente sin entender—. Nora estudiará con nosotros—se señaló a él mismo y Melody.

—Nathaniel, sabes que soy su tutora—habló Nora con voz sosegada—. Si él quiere repasar tengo que ayudarle—Nathaniel frunció el ceño y chasqueó la lengua fastidiado.

—Todo este tiempo has estado ayudándole a estudiar—empezó a decir colocándose frente a Nora—. No debería ya saber estudiar él solo ¿O acaso es tan tonto?—Castiel gruñó por lo bajo. Ese idiota sabía sacarlo de sus casillas.

—Entonces, tú que eres tan inteligente no deberías tener problema en estudiar solo—le respondió Castiel empezando a enojarse— ¿O acaso eres tan tonto para no hacerlo tú solo?

—No voy a perder mi tiempo discutiendo contigo—habló Nathaniel hastiado y recogiendo sus pertenencias—. Tú decides Nora ¿O vienes con nosotros o te vas con él? —Nora abrió un poco los ojos, sorprendida por la actitud de Nathaniel. No sabía que responder. Por un lado estaban ellos que eran como sus "amigos" y por el otro lado a él a quien le tenía aprecio.

—Podemos estudiar todos juntos—propuso Nora notando como Castiel y Nathaniel bufaban molestos al mismo tiempo.

—Vamos chicos—empezó a decir Melody—. Mientras más seamos mejor entenderemos las matemáticas.

—Pues yo no estoy dispuesto a estudiar con este—dijo el rubio recordando como Nora y Castiel se miraron en aquella mesa, como si se atrajeran o se gustaran. De solo pensar que volviera a ocurrir aquella escena frente a sus ojos se le revolvía el estómago.

—En eso te doy la razón, delegado—habló Castiel recordando como Nora y Nathaniel se tocaron con tanta confianza y como él se sonrojaba ante el tacto de ella. De solo pensar que el delegado volviera a tocar a Nora le producía dolor de cabeza.

—Por favor, no hay razón para ser tan hostiles—los dos chicos miraron a Melody con fastidio.

—Melody tiene razón —le secundó Nora.

—¿Sabes qué? —espetó el de ojos dorados ya cansado de aquel drama— Si no quieres estudiar con Melody y conmigo, y en cambio prefieres ayudar a este—señaló a Castiel que lo miraba iracundo—, no seré quien te lo impida—Nora lo miró sin ocultar su asombro. Nathaniel había cambiado tanto.

—Nathaniel, por favor... —empezó a hablar Melody pero se detuvo al notar como Nathaniel salía del salón de clases— Lo siento, Nora—se disculpó y se fue tras el delegado.

Nora y Castiel se quedaron a solas con el silencio llenando más y más el salón de clases.

—Si no quieres ayudarme no te obligaré—dijo Castiel con voz franca que tapaba el disgusto que sentía.

—Quiero ayudarte, Castiel—le dijo mirándolo a los ojos—, es solo que…—Nora se censuró a sí misma. A ella no debería de importarle cómo reaccionará Nathaniel. Las personas van y vienen y los amigos en realidad no existen, pensó Nora recordando algo que hace mucho no recordaba y que le roía de rabia y dolor por dentro.

Castiel la miró fijamente. Otra vez la mirada de ella se ensombrecía pero era una mirada diferente, no como si hubiera culpabilidad y vacio, sino más bien resentimiento ¿Qué tanto ocultaba Nora? Se preguntaba él.

—Está bien—dijo el pelirrojo captando la atención de Nora— ¿Quieres estudiar aquí o en el patio?

—En el patio suena bien—murmuró sacando a aquellas personas de su mente, ya que ellas no valían la pena. Solo una valió la pena y ella…

—Vamos entonces—Ambos salieron del salón de clases y se dirigieron al patio en donde se sentaron en el banco que siempre usaban para las tutorías.

Nora le enseñaba todo lo relacionado con las matemáticas a Castiel, pero una parte de ella estaba en otra parte. Detestaba recordar el pasado, no le gustaba volver a evocar el dolor y la culpabilidad que sentía con la muerte de su padre, y no soportaba recordar a aquellas personas que pensaba eran sus amigos. Tristeza y rabia impregnaban su alma desde hace mucho tiempo, pero ella siempre pudo mantenerse calmada y serena, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, desde que Castiel la bombardeó con preguntas el viernes, aquel pasado que la hacía sentir sola, triste y miserable volvía a ella con fuerza.

—Monomio es una expresión algebraica en la que se utilizan exponentes naturales de variables literales que constan de un solo término, un número llamado coeficiente ¿Cómo diablos recordaré esto? —se quejó Castiel alejando el libro de matemáticas.

—Sé que lo harás—pronunció con suavidad y franqueza aquellas palabras—. No debes de preocuparte, Castiel—el ya nombrado la miró con curiosidad.

—¿Eso fue lo que me dijiste antes del parcial de biología, no? —habló Castiel en voz baja y mirándola fijamente recordando lo que estuvo a punto de hacer después que ella dijera aquello.

—Sí, eso fue lo que dije—le respondió Nora también recordando cuando lo tocó y pronunció aquellas palabras.

—¿Cómo lo sabías? —murmuró mirándola penetrante.

—¿Cómo sabía qué? —le devolvió la pregunta mirándole de la misma manera.

—¿Cómo sabías… Qué lo haría bien? ¿Cómo sabías que no iba a olvidar todo? —Nora por un segundo pensó que estaba bromeando pero los ojos de él, a diferencia de los de ella misma, no sabían mentir, y en ellos se leían la duda. Nora le dedicó una grácil sonrisa.

—Por que sé que no eres ningún tonto—Castiel la miró asombrado—. Sé que todo lo que hemos estudiado se ha quedado ahí—señaló la sien de él con gesto divertido, pero cualquier rastro de diversión se fue al sentir como Castiel agarraba la mano que uso para señalar su sien. La de pelo anaranjado tragó en seco al volver sentir ese tacto rasposo apretar su mano.

Castiel sostenía la mano de ella y la apretaba suavemente, mirando sus ojos plateados e intentando entender el porqué se sentía así al tocarla, o a mirarla o simplemente saberla cerca. Era algo indescriptible, algo que estremecía su corazón y que lo empujaba a querer sentir su piel fría y a querer acercarse a su boca, tal y como hacía en esos momentos.

Nora respiraba un poco agitada mientras se quedaba inmóvil ¿Por qué no lo detenía? Intentó apartarse pero Castiel la haló de la mano que sostenía y al final solo terminaron más cerca. Sus labios a penas se rozaban y podían sentir el cálido aliento del otro.

Ambos seguían inmóviles y sin dejar de mirar los ojos del otro. Castiel recordó lo que Lysandro le dijo en la mañana y miró de reojo a su alrededor. No había nadie, todos los alumnos a excepción de ellos dos o estaban en la cafetería o deambulando por los pasillos.

Meditó lo que iba a hacer lamiéndose los labios y cuando ya sus labios rozaban, alguien llamó a Nora a lo lejos. Castiel se separó resoplando con fastidio ¿Acaso era el día de los inoportunos? Mientras Nora suspiraba superficialmente aliviada, por dentro se sentía extrañamente decepcionada.

—¡Nora, que bueno que te encuentro! —Gritaba Rosalya acercándose con Lysandro, Alexy, Armin y Kentin.

—¡Que la encontramos! —secundó Alexy con una sonrisa. Tanto Castiel como Nora miraron con extrañeza a sus compañeros.

—En que puedo ayudarles—habló Nora con voz tranquila.

—Necesitamos ayuda—empezó a hablar Rosalya—. No entendemos nada de matemáticas, sin embargo sabemos que tú eres buena en esa materia.

—En realidad es buena en todas—la corrigió Alexy.

—Les expliqué que eres la tutora de Castiel y que estabas ayudándolo a repasar, pero no me han puesto atención—Dijo Lysandro intuyendo que nuevamente interrumpió a Castiel.

—Sí, pero que sea su tutora no quiere decir que no nos pueda ayudar a nosotros también—opinó la chica de pelo blanco.

—Yo, bueno, no sé—Nora se sintió tonta al pronunciar aquellas palabras pero el ver a aquellas cinco personas frente a ella recordó algo que no debía.

—¡Vamos, Nora! —le rogó Alexy tomándola de las mano. Nora rápidamente se echó hacia atrás. Los recuerdos que no dejaban de acosarla y sentir aquel trato amistoso la hacían sentir con ganas de huir.

—Hermano, la estás asustando—murmuró Armin quitando su mirada un momento de su PSP. Alexy miró con confusión el rostro pálido de Nora.

—Creo que si ella no se siente cómoda con ayudarnos no podemos obligarla—expresó Kentin mirando con disculpa a la pelinaranja.

—Yo no tengo problemas en ayudarles a estudiar—habló Nora con voz firme. No podía dejar que las emociones ni los recuerdos la dominaran. Ella no era así.

—¿En serio? —preguntó Castiel que hasta el momento se había mantenido al margen de aquella conversación.

—¿Hay algún problema? —le interrogó Nora sosegadamente al pelirrojo. Castiel negó con la cabeza y mirando hacia otro lado.

—¡Genial! —exclamó Rosalya para después agarrar por el brazo a Nora y siendo seguida por los chicos se sentaron bajo del roble.

Nora rápidamente los hizo tomar apuntes de las definiciones que ella daba con total certeza; también hizo que todos abrieran sus libros de matemáticas en el tema que ella les ayudaba a entender. La chica rodeaba el improvisado círculo y se detenía en quien necesitara que les aclarara alguna duda. Se veía segura y firme, sin ningún rastro de sentimiento pero aún así hermosa.

—Nora es una chica hermosa—murmuró el albino sabiendo que Castiel lo escucharía. Castiel lo volteó a ver dándose cuenta de que él mismo estaba mirando a Nora desde hace un buen rato—, también es muy inteligente—Castiel miró a su amigo con una mezcla entre confusión y enojo ¿Por qué Lysandro hablaba de esa forma de ella? — Y a pesar de que no lo parezca, es alguien amable—concluyó viendo de reojo a Castiel que lo miraba como si le hubiera hablado en otro idioma.

—¿Y tú que tanto hablas así de ella? —le soltó en voz baja para que los demás no lo escucharan— ¿Acaso te gusta o qué? —aunque intentó decirlo en broma la pregunta salió de una manera casi amenazante.

—No realmente—le respondió Lysandro sin inmutarse ante el tono de amenaza que usó el de ojos grises—. Sólo intento verla desde una perspectiva cercana.

—¿Perspectiva cercana? —le preguntó aún más confundido. Lysandro sonrió un poco dándole a entender de a qué o mejor dicho, de a quién se refería. Castiel bufó empezando a sonrojarse al entender por donde iban las cavilaciones del victoriano.

—Oigan, ustedes—Rosalya llamó la atención de los dos chicos— ¿Qué tanto hablaban? —inquirió con gesto divertido fastidiando a Castiel.

—Parece que fue algo comprometedor —se unió Alexy a la conversación—, solo mira, Castiel Briand sonrojado—Castiel los miró a ambos con el ceño fruncido.

—De seguro hablaban de Nekogirls—Armin se unió a su hermano y a Rosalya— ¿O eran Maids? —Casi todos ahí lo miraron sin entender a que rayos se refería.

—Chicos, no es de buena educación inmiscuirse en las conversaciones de los demás—le expresó Lysandro alzando una ceja.

—¡Vamos, Lysandrito! —se acercó la peliblanca hacia su cuñado— Tú sabes algo que nosotros no ¿Verdad?

—Dinos, victoriano—se acercó también Armin— ¿Qué es lo que sabes? —Lysandro suspiró negando con la cabeza.

—¿¡Podrían callarse!? —Vociferó Castiel aún más rojo que antes— ¡Parecen viejas chismosas!

—¿Tan comprometedor era lo que hablaban? —preguntó el de pelo azul haciendo que Castiel lo mirara con más ira.

—Tal vez hablaban de una chica—opinó Kentin para luego arrepentirse al notar la mirada de furia que le dirigía Castiel. Al menos dio en el clavo, pensó el castaño.

Sin pensarlo, Castiel miró de reojo a Nora que lo miraba a él con curiosidad y palideció al instante.

—¿Una chica? —Rosalya preguntó extrañada— ¿Quién lo diría? A Castiel le gusta alguien que no es su propio reflejo—todos menos tres personas rieron de aquella broma de Rosalya.

—Chicos, si mal no recuerdo estábamos estudiando no cotilleando—habló Nora cortando aquel ambiente entre diversión y tensión que se había formado. Todos volvieron al estudio hasta que llegó la hora de volver a clases.

Las siguientes clases pasaron rápidamente, ya que como el examen de matemáticas sería a última hora, los profesores que impartían su clase les tuvieron algo de compasión a sus estudiantes y los dejaron repasar.

Eventualmente, la última hora llegó y sin titubear, el profesor de matemáticas le entregó su examen a cada alumno.

Castiel comenzaba a llenar su examen de matemáticas y nuevamente se sintió sorprendido al darse cuenta de que entendía la mayor parte de lo que veía en aquella hoja. Sin preverlo, recordó lo que le dijo Nora, sobre que él no era ningún tonto y también recordó todas las veces que había intentado besarla ¿Qué demonios le pasaba? Él no era un niñato que perdía la cordura de aquella forma por ninguna chica y menos por la desabrida de Nora, pero ¿Por qué lo intentó? ¿Por qué quiso besarla?

El pelirrojo la volteó a mirar y se quedó embelesado observando cómo Nora llenaba sin ninguna prisa y con mucha facilidad el examen. No tenía lógica. Hace un mes la detestaba, o al menos eso quería hacerse creer, pero entonces, en esos momentos la… No, él debería concentrarse en el examen no estar mirándola. Aún sin mirarla no dejaba de pensar en ella, en su sonrisa, en sus ojos, en la suavidad de su piel. Castiel soltó un improperio para sí mismo en voz alta, pero terminó llamando la atención de todos en el salón de clases, incluso de ella.

—Briand—el profesor llamó su atención—. Se entiende que usted no es muy bueno en matemáticas pero esa no es razón para soltar semejante grosería—algunos rieron.

—Yo—tragó en seco al sentir la mirada de Nora sobre él—, no lo volveré a hacer.

—Más le vale—le advirtió el profesor volviendo a revisar los exámenes de otras sesiones.

Todos volvieron a sus exámenes mientras Castiel se maldecía por imbécil. ¿Qué demonios le había hecho Nora? ¿Por qué no se la podía sacar de la cabeza?

Al final de cuentas, Castiel resultó ser el último en terminar su examen. El tener a cierta chica de pelo anaranjado en su mente no le permitía completar bien aquel examen y al final el profesor le terminó quitando de las manos el parcial. Al menos lo había completado, se confortó Castiel a sí mismo.

El pelirrojo miró todo el salón de clases dándose cuenta de que no había nadie más que él y la pelinaranja que se acercaba hacia donde él estaba.

—¿Todo bien? —preguntó Nora un tanto preocupada. El verlo tan turbado durante el examen la hizo pensar que tal vez no le estaba yendo muy bien que se diga.

—Sí ¿Por qué preguntas? —le formuló Castiel un poco nervioso.

—Noté que no te estaba yendo bien durante el examen—Castiel la miró confundido ¿En qué momento ella lo miró a él si él casi no dejó de mirarla?

—Pues te equivocas—le dedicó su típica sonrisa burlona—. Recordé todo lo que me enseñaste—Nora se sintió aliviada al instante sin saber el porqué le importaba tanto.

—Entonces no tenía de que preocuparme—murmuró bajo para que él no la escuchara pero el pelirrojo la escuchó perfectamente.

—¿Así que te preocupaste por mí, desabrida? —decía a la par que se levantaba de su asiento y se colocaba frente a ella.

—Lo normal—le respondió Nora tranquilamente—. Soy tu tutora, si fallas significa que yo fallé.

—Pues puedes estar segura de que no fallaste—le sonrió nuevamente—. De hecho, hiciste tan buen trabajo que debería compensarte.

—No es necesario, Castiel—se negó sin saber las verdaderas intenciones de él. De pronto sintió como este se le acercaba peligrosamente—¿Qué haces? —preguntó sintiéndolo demasiado cerca como para pensar claramente.

—Ya te dije—respondió socarronamente—, te compenso por tu buen trabajo—dicho eso la terminó de acorralar contra la pared. Nora lo miró un poco sorprendida al darse cuenta de que lo volvería a intentar.

Castiel le seguía sonriendo mordaz, estudiando las insignificantes reacciones que había causado en su impasible rostro. Acercó una de sus manos al pelo de ella y como si de oro se tratase, los deslizó con elegancia entre sus dedos. Al llegar a las puntas de aquel largo cabello, volvió acercar su mano hacia el rostro de ella, esta vez, estando serio.

Nora sentía sus rasposos dedos acariciar su mejilla y comenzó a sentir que le faltaba el aire. Miró el rostro de él, atractivo y extrañamente serio. Debía detenerlo, ya que sabía que lo más probable era que nadie los interrumpiera, pero no lo hacía, no lo detenía porque quería saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

Él pasaba sus dedos por las mejillas de ella para luego acercar su pulgar hasta la comisura de su rojiza boca. Se mordió el labio inferior mirando con deseo sus labios y como si ya no pudiera esperar más, se acercó con lentitud hasta la boca de Nora.

—No lo hagas—lo detuvo ella con su propio corazón latiendo muy rápido. No podía dejar que siguiera, no podía dejar que pasara lo de aquella vez. Castiel la escuchó perfectamente, sin embargo se quedó en la misma posición.

—No me digas que hacer—murmuró con voz grave para luego hacerlo.

Castiel besaba los labios de Nora con lentitud y con los ojos cerrados, muy al contrario de ella que estaba inmóvil y con los ojos más abiertos que nunca, sin poder creer lo que en esos momentos pasaba. Los corazones de ambos latían tan rápidos y fuertes que bien podrían morirse ahí mismo. Aquella energía que los golpeaba y les recorría el cuerpo cuando solo se tocaban, en esos momentos se vio intensificada, sintiéndose desfallecer y a la vez reanimados como si hubieran sido tocados con electricidad.

El pelirrojo se separó despacio de ella aún con los ojos cerrados, aún con el sabor de sus labios en los suyos. Abrió los ojos y se encontró con el rostro atónito de Nora que tenía además las mejillas rojas por completo. Sonrió un poco a la vez que le daba algo de espacio.

—¿Por qué hiciste eso? —inquirió Nora en voz baja a la par que ponía una mano sobre su propio pecho y sentía su corazón latiendo con tanta fuerza que la aturdía.

—Por que quería—le respondió sin titubear dando paso a un largo silencio mientras se lamía los labios—… Y aún quiero—Nora lo miró como quien hubiera escuchado la mayor locura, notando que él volvía a acercarse a ella.

—Espera…—intentó detenerlo pero le fue inútil ya que Castiel volvía a unir sus labios con los de ella a la par que la rodeaba por la cintura. Esta vez la pelinaranja no pudo evitar cerrar sus ojos al sentir como los labios de él se adueñaban de los de ella, sin embargo sus piernas flaquearon cuando descubrió la lengua de Castiel entrar en su boca y acariciar la suya. Estuvo a punto de desplomarse si no fuera porque Castiel la sostuvo de su estrecha cintura y la pegó a él aún besándola.

La lengua de ella no hacía gran cosa en comparación a la de él, que se movía con agilidad y traveseaba con la de ella. Mientras él demostraba su vasta experiencia, ella dejaba notar su falta de esta al corresponderle con torpeza y timidez frente a la habilidad que él poseía.

De pronto hacía demasiado calor para estar a principios de noviembre; parecía que el aire se hubiera calentado por sí solo, provocando que se sintieran al borde del desmayo, que se sintieran sofocados.

Castiel se separó un poco, pegando su frente a la de ella y aspirando todo el aire que podía. Por su parte Nora necesitaba espacio, espacio para respirar y para aclarar sus ideas. De pronto se separó de él y fue casi corriendo hasta su asiento y empezó a recoger sus cosas.

Él observaba como ella estaba recogiendo sus pertenencias para irse, pero mucho antes de Nora pudiera siquiera acercarse a la puerta, corrió hasta ella y la detuvo por su brazo. Castiel no podía dejar que se fuera así, tenía que aclarar aquel mal entendido.

Nora lo miraba con los ojos muy abiertos, dispuesta a echar a correr si fuera posible pero estaba inmóvil, mirando aquellos ojos grises que sentía que la incendiaban.

Ambos estuvieron inmóviles por varios segundos, mirándose a los ojos con temor o con deseo, bien podrían ser ambos, hasta que el pelirrojo no pudo más… Y la volvió a besar.

Él la besaba con vigor, con posesividad y por supuesto, con mucho deseo. Ella solo se dejaba llevar por aquella sensación que recorría todo su cuerpo y la estremecía por completo. El cuerpo de ella temblaba entre los brazos del pelirrojo como una hoja, tan quebradiza y débil. El sentirla tan frágil lo hacía sentir a él aún más fuerte, como si todo a su alrededor se destruyera menos él; como si el universo mismo se rompiera en mil pedazos y él seguiría manteniéndose firme solo por tenerla a ella, a Nora, entre sus brazos.

El pelirrojo la hizo caminar hacia atrás hasta haberla sentado en el escritorio de los profesores. Nora iba a cerrar sus piernas pero Castiel rápidamente se coloco entre ellas, aún sosteniéndola de la cintura.

El beso se intensificaba; cada vez había más pasión, más deseo, más ganas de explorarse. Aquellas ganas de llegar más lejos hicieron que Castiel colocara su mano en la rodilla desnuda de Nora y con atormentadora lentitud la fuera subiendo hasta palpar la tersa piel de sus muslos. Un escalofrió entre toda esa marea de calor vino sobre Nora, pero se vio intensificado aquel efecto cuando la mano de Castiel, aún en su pierna, se metió bajo el vestido rosa de lunares.

Un torbellino de sensaciones y emociones iban y venían en las mentes y cuerpos de aquellos jóvenes que nunca se hubieran imaginado que compartiéndose de aquella manera sentirían tal placer. Sin embargo se detuvieron al escuchar un sonido seco y alguien maldecir por lo bajo. Se separaron mirando hacia la puerta que extrañamente estaba entre abierta y no encontraron a nadie.

Ambos se había quedados estáticos mirando hacia la entrada del salón, pensando con mucho temor en quien los pudo haber visto en aquella situación. De repente Nora se separó de Castiel y antes de que este la detuviera, ya había echado a correr fuera de aquel lugar.

Nora corría por los pasillos como nunca se imaginó hacerlo hasta llegar al baño de las chicas y mirarse al espejo. Pelo ligeramente despeinado, labios hinchados y rojos al igual que su rostro. Rápidamente abrió el grifo del agua y empezó a echarse toda esa agua en la cara. Una, dos, cinco, quince veces se enjuagó el rostro con tal de "lavar" cualquier rastro de su vergüenza. Su rostro ya había recuperado su tonalidad normal pero aún la sensación seguía, la sensación de los labios de él apoderarse de los suyos con lentitud y después con rapidez. Negó con la cabeza, debía ser un error, Castiel Briand no la pudo haber besado. Se miró al espejo notando que temblaba ligeramente y al querer bufar ante aquello, salió un suspiro entrecortado ¿Qué le había hecho? Ella no podía perder los papeles por aquello, aquello que pensaba nunca volver a repetir, pues, su primer beso fue forzado por un idiota que no entendía un no por respuesta. Recordó lo mal que se sintió cuando aquel imbécil la beso a la fuerza en medio del pasillo concurrido. El asco que la invadió no fue poco, y justo eso quería evitar con Castiel… Pero… Fue lo contrario a lo de aquella vez. Con él no sintió ni por asomo la repulsión, al contrario, le gustó… Y bastante. La pelinaranja se colocó la mano en la frente con gesto atónito ¿A ella le gustó besarse con Castiel? Negó repetidamente aún sin poder creer lo que pasó hace unos momentos en el salón de clases.

Lysandro miraba a su mejor amigo como sostenía la guitarra del lado equivocado y veía hacia la nada. Al ser tan observador e intuitivo, el albino se imaginó que por fin aquellos dos no fueron interrumpidos.

Castiel recordaba una y otra y otra vez lo que pasó ¿Él besó a Nora? No, debía ser algún tipo de pesadilla… Una pesadilla que se sintió muy bien. Suspiró sonoramente y mirando hacia el techo del sótano rememoró aquellos carnosos labios que nunca se imaginó querer probar una vez más, mejor dicho, muchas veces más.

—Castiel—le llamó por enésima vez Lysandro al pelirrojo. Castiel lo miró con confusión y con súplica, como si el victoriano tuviera la respuesta a sus dudas—. No te noto muy bien ¿Quieres seguir mañana? —le propuso sabiendo o al menos presintiendo que dentro de la cabeza del guitarrista se libraba un gran caos.

—¿Qué? —Aunque oyó lo que dijo era como si aquellas palabras no cobraran ningún sentido dentro de su mente desordenada.

—Te dije que mejor seguimos practicando mañana—le repitió el albino sin perder ni un poco de su paciencia—. No te ves muy concentrado—Castiel apretó el puente de su nariz. Él no era así, había besado a muchas chicas, chicas muy tontas pero muy guapas, y jamás había sentido ni siquiera una pizca de lo que sintió al besar a Nora.

—Sí, creo que es lo mejor—musitó guardando torpemente su guitarra en el estuche para luego salir del sótano sin siquiera despedirse de su amigo.

El chico de ojos grises caminaba por las calles con la mente hecha un enredo.

Nora, tan simple, tan fría, tan insípida… ¡Y lo estaba volviendo loco! ¿¡Por qué no podía sacarla de su mente!? Qué idiota fue al besarla. No lo iba a negar, tenía curiosidad de saber que se sentiría besarla ¿Y por qué no? También se sentía de cierta forma atraído, pero si hubiera sabido que después de besarla quedaría mil veces peor no lo hubiera hecho… ¿A quién engañaba? … La hubiera besado de todas formas. Lo que sintió al saborear sus labios, al tocarla… Fue intenso, fue sorprendente y a la vez arrebatador, como si aquellas sensaciones solo pudiera sentirlas con ella, sensaciones que valían la pena repetir.

Castiel llegó a su casa más rápido de lo usual ya que tomó aquel atajo que lo llevaba cerca de su edificio. Al entrar Demonio lo recibió con entusiasmo, pero el pelirrojo estaba tan absorto que solo le dio una leve caricia en la cabeza para luego entrar a su habitación.

Nora intentaba olvidar lo que pasó obligándose a limpiar cada rincón de la casa perfectamente. Cuando hubo terminado se tiró en el sofá, aún sintiendo esos labios posesivos besar los suyos. Cerró los ojos con fuerza a la vez que se frotaba las sienes tratando de tomar aquel tentador recuerdo y arrojarlo a lo más recóndito de su mente, pero no podía, él seguía ahí, con su sonrisa burlona, con su voz seductora, con sus besos… No podía, le era imposible. No solo lo tenía grabado en su mente sino también en su boca y en su piel. Tendría que morir y volver a nacer para olvidar semejante encuentro.

Castiel miró el reloj despertador dándose cuenta de que eran las veintidós horas de la noche. Desde que salió del instituto no había dejado de pensar en ella. Que absurdo, pensaba a la par que se daba la vuelta en la cama. Ella, la chica que hace unos meses atrás no soportaba, la chica que hace más de un mes le jugó aquella venganza y lo controló como a un títere; la chica con la que empezó a llevarse mejor desde hace un mes… La chica que no podía salir de su cabeza, la que lo trastornaba, la que con sus miradas lo hacían sentir débil, que con sus diminutas sonrisas lo hacía sentir aturdido… Que imbécil, permitir que una chica sin nada en especial como ella provocara tanto caos en su interior, era propio de un imbécil.

Nora se acostó en su cama mirando hacia el techo de su habitación. Él aún seguía en su mente, le era imposible sacarlo de ahí. Aún sentía su boca besarla con tanta pasión, aún sentía sus fuertes manos sostenerla de la cintura y tocarla como si fuera suya ¿Por qué quería volver a repetirlo? Ella no era así, sin embargo era la verdad. No podía sacarlo de su mente ni de su sistema, lo sentía en cada poro de su piel como si aún estuviera ahí.

Ya era la séptima vuelta que daba sobre su cama y ya eran las veintitrés de la noche. Suspiró hastiado y enojado consigo mismo. Se repetía una y otra vez que aquellos besos no tuvieron nada de especial, que no significaron nada para él ¡Pero al diablo! Eran mentiras, mentiras tan banales que no ocultaban ni un poco de la gran verdad que él mismo intentaba no desenterrar.

Suspiró mirando el techo y pensando en Nora, en cómo se veía tan bella con sus mejillas sonrojadas, con aquella expresión de asombro, con sus labios levemente hinchados por los besos que él mismo le dio. Imbécil, se repetía a sí mismo cada vez que invocaba el rostro de ella.

Se mordió el labio con frustración. Queriendo dormirse y olvidar lo ocurrido, queriendo no pensar en Nora, pero sobretodo, queriendo besarla nuevamente y al besarla volver a sentirse tan débil y a la vez tan poderoso y sentirla a ella, estremecida, aferrada a él.

Volvió a dar la vuelta intentando pensar en lo que sea, menos en ella, pero le era imposible.

Miró hacia el reloj despertador sintiéndose estúpida por seguir pensando en él hasta las doce de la mañana ¿Por qué no podía sacarlo de su mente? No podía seguir así. Se sintió tan sumisa ante él, como si de repente aquella coraza hubiera caído al suelo y se quebrara en mil pedazos dejando ver su dócil interior. Que estúpida se debió haber visto, sonrojándose y con las piernas temblorosas ¡Ella era Nora Jude! Ella controlaba todo y a todos. Mantenía bajo control sus emociones, sus recuerdos, sus sentimientos; ella controlaba su propio tiempo, todo tenía un momento, un lugar y un tiempo, todo estaba fríamente calculado, incluso podía controlar a su voluntad a otros como le diera su gana… Pero entonces venía él y la besaba de aquella forma, la tocaba haciéndola sentir tan… Suya, y perdía el control de su propio corazón, de su propia cordura ¡Tonterías! No volvería a permitir que aquello sucediera, no dejaría que las cosas se salieran de control. Tenía que poner las cosas en claro. Ella era Nora Jude y no dejaría que aquel asunto se le fuera de las manos.


¡Oh, holly shit! ¡Se besaron! :o Pero que intensidad hay entre estos dos. Él sintiéndose tan vigoroso y ella tan sumisa, cosa que al parecer no le gustó, pues ella es una chica fría y firme y dejarse dominar por los sentimientos no es propio de ella :/ ¿Cómo seguirá su extraña amistad después de esto? ¿Acaso podrán ignorar los sentimientos que cada vez se hacen más y más notorios? ¿Y como actuará Nora con Castiel después de esos besos tan inolvidables? Tal vez el próximo capitulo nos lo diga, pues nuestra reina de hielo puede que se vuelva más fría que nunca :3

¡Y ese fue el capitulo! Espero que les haya gustado ^^ ¡Nos vemos en dos semanas!