Disclaimer: Los personajes y todo el mundo de Naruto no me pertenecen. Estos son exclusivamente de Masashi Kishimoto.
Hola a todos. Esperando que se encuentren bien aquí les traigo un nuevo capitulo de Molestia Eterna.
Como siempre espero que me disculpen por la tardanza de los capítulos, la Universidad consume mucho tiempo y bueno, la vida en sí también. (Sin mencionar el bloqueo del escritor)
¡Estamos en la recta final! Espero que este capitulo les guste, háganlo saber si es así ❤
Les escribiría mucho pero lo dejaré para el capitulo final, saldrán todos mis sentimientos, ya verán. Muchas gracias por sus lindos reviews y su paciencia chicos, los adoro.
Besos enormes para todos ustedes.
Capitulo 10
Mientras esperaba que Sakura llegara a casa, Sasuke veía como Sarada jugaba sobre su regazo con el peluche en forma de oso que Naruto y Hinata le habían obsequiado para su reciente cumpleaños número dos. La pequeña lo movía con sus manitas y de vez en cuando se echaba una peluda oreja a la boca dejándola cubierta de saliva. Su padre sonriendo levemente, le apartaba la oreja del oso y la reprendía tiernamente con un suave ''No, Sarada'', pero la pequeña Uchiha no le hacía caso y repetía aquel juego.
Su semblante cambió cuando Sarada fijo sus orbes negros, la copia de los suyos, en él. Muchos recuerdos invadieron su mente.
Su espada atravesando estómagos.
El amaterasu quemando brazos.
La bola de fuego incinerando cuerpos enteros.
El vacío de su corazón.
El odio y la venganza.
Todos aquellos recuerdos jamás se borrarían. Viviría con ellos por el resto de su existencia. Ese era su castigo.
Había cambiado su forma de pensar, su forma de ver las cosas. Había decidido entrenar su mente y corazón para volver a sentir lo que significaba el amor. Y lo había logrado. Después de muchos años la felicidad llegó sin que él la buscara, sin pedirla y sin merecerla.
Primero había sido gracias a Naruto, su más grande y único amigo, su hermano. Quien nunca se dio por vencido con él. Luego el equipo siete, pero sobre todo aquella pelirosa que había sido su compañera de misiones. Oh sí, Sakura había sido la encargada de inyectar una buena dosis de amor en aquel corazón de piedra lleno de odio y maldad. Y finalmente estaba aquella criatura que tenía en sus brazos. Sus dos mujeres, sus Uchiha, su clan, su familia. Las amaba más que a nada en aquel mundo. Jamás pensó volver a sentir aquellas cosas, pero ahí estaba, con el corazón palpitando con fuerza cada vez que pensaba y que se encontraba con ellas.
Y fue en ese momento cuando se dio cuenta de lo peligroso que era todo aquello.
Las imágenes de las muertes de su pasado oscuro volvieron a penetrar en su cerebro, una por una. Recordó las palabras de uno que otro moribundo.
''Te buscaré Uchiha'' ''Estarás maldito por el resto de tu vida'' ''Pagarás caro por esto''
El temor comenzó a recorrer todo su cuerpo.
Aquellos hombres podían buscar venganza, podían atentar contra su familia y todo era por su culpa. Miró a Sarada, al mezcla perfecta entre él y su pelirosa y tuvo miedo. No quería pasar otra vez por lo mismo que cuando era niño, no quería ver a las personas que él amaba morir.
Tomó a Sarada con su brazo derecho con fuerza y se puso de pie. Caminó hasta su habitación y antes de depositarla con cuidado en su cuna la apegó a su pecho para abrazarla suavemente pero con fuerza. La pequeña tocó su rostro con una de sus pequeñas manitas y Sasuke sintió como si un kunai atravesara su corazón.
Cuando escuchó la puerta principal caminó nuevamente hacia la sala encontrándose con su esposa. La miro de pies a cabeza mientras ella dejaba su bolso y bata sobre la mesa y soltaba un suspiro de cansancio.
—Sasuke-kun, ¿Qué tal tu día? ¿Cómo esta Sara-...
La pelirosa no alcanzó a terminar la pregunta ya que su esposo estaba justo frente a ella abrazándola con fuerza, aferrándose a su cuerpo como un niño pequeño buscando consuelo.
Sakura sorprendida de la acción de Sasuke demoró unos segundos en reaccionar. El no era de demostrar afecto así como así. Se aferraba a ella como si no fuera a verla nunca más en la vida. Algo debía sucederle.
Preocupada y algo temerosa por las actitudes del Uchiha, la pelirosa alzó sus manos y acarició el cabello de su esposo en un intento para que volviera a la normalidad.
Sasuke comenzó a calmarse gracias al cálido tacto de Sakura y su respiración, anteriormente agitada, volvió a ser normal. El pelinegro ubicó su rostro en el cuello de su mujer e inhaló hondo, absorbiendo su delicioso y dulce aroma.
Un poco nerviosa por sus acciones, Sakura intentó ver el rostro de su esposo y preguntarle que le sucedía, pero cuando se aparto un poco de su anatomía, Sasuke susurró un profundo ''Te amo'' y la besó inesperadamente.
Sasuke sabía lo que ella preguntaría, por lo que cuando la pelirosa abrió su boca para hablar, aprovechó el momento para besarla.
La chica aún confundida, no dudó en devolverle aquella demostración de amor que era tan fuerte, pero escasa en ambos. Necesitaba saber que era lo que le ocurría a su pelinegro, lo que sucedía era muy anormal en él. Sin embargo cuando Sasuke tomó su cuerpo encaminándose a su habitación, se olvido de todo, pues sabía que aquella noche se amarían nuevamente.
—
—¿Que te de una misión? —le preguntó extrañado el séptimo Hokage al Uchiha.
—Necesito estar lejos de la aldea, el mayor tiempo posible.
Naruto no entendía absolutamente nada.
—Sasuke si es por lo que digan las personas...
—No, no es por eso, Naruto. Ya me he acostumbrado tanto a los rumores como a las buenas bienvenidas —suspiró un poco irritado. No quería que Naruto supiera el porqué de su decisión—. No tiene nada que ver. Solo hazme este favor.
—Sasuke, tu familia te necesita —sentenció serio y casi con enfado.
''Lo sé'' pensó.
Aquella petición era exactamente por su familia, para mantenerlas a salvo. Si él se mantenía lo más lejos posible de ellas, nadie se les acercaría. No sabrían de sus identidades. Pasarían desapercibido y nadie les haría daño por culpa de él.
Por el contrario, si se quedaba, eran presa fácil. Sabrían que eran del clan Uchiha y cualquiera se encargaría de usarlas como señuelo solo para acercarse a él, o peor; simplemente buscar venganza, matándolas a sangre fría. Como él había hecho en el pasado.
—Solo envíame a todas las misiones que puedas —dijo, finalizando la conversación.
Nadie tocaría a su familia, no otra vez.
Perdón por la redacción y faltas de ortografía ):
